Hola, ¿qué tal?
Y viendo la tardanza, subo un nuevo capítulo después de Halloween. He estado muy ocupado en la facultad, pero por fin he terminado el siguiente capítulo. Espero que lo disfrutéis.
Ahora voy a poner canciones en determinadas escenas para acompañar. Pero como no sé poner enlaces sin que desaparezcan, aparecerán los títulos. Así que simplemente buscada en internet.
Ahora la respuesta a la anterior pregunta:
Los de la saga "Crepúsculo". ¿Dónde se ha visto un vampiro que brille como un hada? Con unos actores que parecen incapaces de expresar emociones con la cara, como si se aburrieran con el trabajo.
*Círculo polar ártico, 1803*
Una gruesa capa de hielo cubría kilómetros de mar. Parte de esa capa llevaba ciento de años así, sin sufrir cambio alguno. Pero había algo debajo de sus superficie que no quería darse por enterado.
Comenzaron a formarse grietas a gran velocidad, y una de las placas estallo, dejando ver un bulto negro, con una especie de escotilla encima. Este mecanismo se abrió, y comenzaron a salir varias personas con ropas invernales. Siete sujetos en total. Uno de ellos se destapó la cara, y se pudo ver el rostro de un hombre anciano.
-Parece que la tormenta ha amainado. Gracias de nuevo por el viaje.-dijo el anciano a un octavo hombre que se asomaba por la escotilla.
-Les doy 10 horas. Después de ese tiempo, dudo mucho que sean capaces de sobrevivir aquí.
-Algunos somos más resistentes que otros.-dijo un hombre bajito y algo chepudo.
-Ignorele. Nos vemos pronto, capitán Nemo.-dijo otro hombre destapándose el rostro, que resulto ser Van Helsing.
Fueron alejándose hasta introducirse en un bosque, donde pudieron destaparse con más calma. Allí se encontraban Ernest Frankenstein, Abraham Van Helsing, Gabriel Van Helsin, Solomon Kane, Griffin, Akasha Bloodriver y...
-¿Cómo decía que era su nombre?-preguntó la pelirrosa al sujeto encorvado.
-Edward Hyde. No se crea tan superior como para olvidarse de mi nombre.-dijo mientras se adelantaba al resto.
Hyde comenzó a escalar un árbol con tanta agilidad con un mono, ya que poseía la apariencia. Akasha le observaba fijamente mientras ascendía.
-Ignorele. Trata así a todo el mundo.-le dijo Griffin, pareciendo un hombre sin cabeza.
-No, es solo que me parece curioso. El Dr. Jekyll parece un hombre tan amable y correcto. Mientras que por dentro.
-Henry siempre dice que él y Hyde tienen poco que ver. Lo compara con dos inquilinos viviendo en la misma casa. Y sigue investigándolo. ¿Se imagina poder mudar a una persona de un cuerpo a otro?
Griffin bromeaba. Pero Akasha seguía observando al hombre mono mientras descendía, intrigada por lo que el hombre invisible acababa de contarle.
-Hay un rastro de humo hacía el norte. A dos kilómetros como mucho.-dijo Edward al grupo.
-Bien. Gabriel, Solomon, vosotros primero.-dijo Abraham mientras los mencionados preparaban sus rifles y sus espadas.-Hyde, Griffin, vosotros rodead el perímetro, y estad atentos a intervenir a mi orden. Joven Ernest, señorita Bloodriver, quédense atrás conmigo.
Fueron avanzado entre lo que les parecía que era una tormenta eléctrica, porque a pesar de no vislumbrar ningún relámpago, podían escuchar los truenos. Solomon y Gabriel iban delante, mientras que Griffin y Hyde caminaban algo alejados por la derecha y por la izquierda. Akasha caminaba junto al anciano, con Ernest Frankenstein algo adelantado. Esta miraba a Abraham confusa. No entendía como alguien tan anciano como él había insistido en venir a una expedición como esta. Podía notar como le costaba respirar e incluso caminar debido al frío y la nieve.
-Recuerda cual es su papel en todo esto, ¿no?-le preguntó Van Helsing con voz agrietada.
Akasha solo suspiró.
-Solo espero que no nos veamos obligados a tomar una decisión drástica.-dijo ella.
-Yo tampoco. Pero el joven Ernest parece muy decidido. No le culpo por querer vengarse, pero he caminado por ese sendero y sé a lo que conduce.-el viejo suspiró.
-Quiere ayudar a ambos, a la criatura y al chico, apartándolos de ese camino, ¿no?-le dijo ella con seriedad.
-Sí.-contestó con pesar.-Bajo mi punto de vista, la criatura es tan víctima de los hechos como cualquiera. Pero me temo que lo único que podamos hacer por ayudarle, sea acabar con su sufrimiento.
Antes de que Akasha pudiera contestarle, vieron como varios árboles comenzaban a caer derribados. Rápidamente agarró a Abraham y a Ernest para apartarlos de la trayectoria del objeto que iba hacía ellos. Segundos después de moverse, algo impactó donde estaban ellos. Akasha miró a adelante para confirmar que Solomon y Gabriel se habían apartado a tiempo.
-¿Se encuentra bien?-le preguntó a Abraham.
-Sí, tranquila.-dijo el anciano revolviéndose en la nieve intentando levantarse.
Dentro de un hoyo de nieve y tierra, pudieron verle. El ser al que estaban buscando. Ninguno de ellos pudo evitar impresionarse por su aspecto, y su tamaño.
-¿Más de vosotros?-dijo poniéndose de pie.-¿De parte de quien venís? ¿De los cazadores o de otra organización supremacista yokai?
Solomon y Gabriel prepararon sus armas esperando ser atacados.
-No, no. No venimos de ninguna de esas facciones.-le dijo Abraham, antes de que ninguno de ellos decidiera atacarle.
-Entonces, venís a matarme, ¿no?
-¿Qué te hace pensar eso?-le preguntó Akasha colocándose delante de Abraham.
La criatura alzó el brazo señalando a Ernest.
-Has pensado bien.
De inmediato sacó un arma de pólvora, que nadie sabía quien se la había dado, para disparar a la criatura. Pero Abraham le movió el brazo.
¡BAM!
El proyectil impactó contra el pecho de la criatura, pero él ni se inmutó.
-Si venís a matarme con balas y espadas, perdéis el tiempo. No lograreis nada.
-Matarte es la última alternativa. Si podemos queremos ayudarte.-le dijo Griffin.
-¿Ayudarme?-dijo sin sorprenderse por la capacidad del mencionado.-¿Ayudarme?
Estalló en carcajadas, destrozando su cubierta fría, helando la sangre con el tono de su voz a todos. Excepto Akasha, que casi parecí mirarlo con lástima.
-Ayudarme.-dijo secándose las lágrimas de la risa.-Solo hay una cosa que alguien podría hacer por ayudarme. Y vosotros no seriáis capaces de hacerlo.
Luego hecho la vista atrás.
-Pero alguien como el que acaba de lanzarme quizás sí.
-¿Lanzarte?-preguntó Akasha.-¿Quién te ha lanzado?
-Creo que era un vampiro. Solo ellos son capaces de golpearme de esa manera.
Luego la miró de reojo.
-¿Tú eres una vampira, verdad?
-Sí. ¿Porqué necesitas saberlo?-le preguntó ella con calma, mientras los demás parecían algo tensos con la situación.
-Solo que si eres poderosa, puedas ayudarme con mi problema, y al mismo tiempo, solventar cualquier otro incidente que los demás tengan conmigo.-dijo mirando a Ernest.
-Estaré encantada de ayudarte en lo que quieras.-dijo viendo solventado su dilema interno.
-... Mátame.
En la misma habitación de la mansión en la que las chicas se rencontraron con Tsukune, estas y él hablaban. Abraham les había dejado algo de intimidad mientras convocaba a los otros.
-Tsukune, ¿dónde habías estado? ¡Nos tenías muy preocupadas!-le decía Kurumu cual niña pequeña mientras Mizore la sujetaba del cuello de la camisa.
-Siento haberlas preocupado, chicas. Pero ellos insistieron en que era arriesgado que me pusiera en contacto con ustedes.-dijo Tsukune algo más relajado.
-¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Porqué desapareciste?-le preguntó de forma directa Moka, sin ocultar muy bien su preocupación.
-Ellos nos dijeron que te habían secuestrado.-dijo Mizore.
-Sí, la verdad es que...-se puso serio un momento.-Me cogieron de camino a la parada del autobús. No les noté acercarse porqué carecían de youki, y ahora sé, por lo que me dijeron ellos, que eran humanos.
Las chicas podían notar a Tsukune bajo de ánimo.
-Usaban unas armas muy extrañas, y uno de ellos vestía una armadura que parecía sacada de una historia de ciencia ficción. Lo siguiente que recuerdo es despertarme atado a algo, y ver a dos hombres hablando frente a mi. Uno de pelo blanco, y otro gordo y calvo. Y por último, me encontré aquí.
-¿Te dijeron como te encontraron, o para que te querían?-le preguntó Moka.
-Solo quienes eran los que me atacaron, lo de su mensaje en la televisión, y lo de la academia.
De golpe se puso de pie preocupado.
-¡Ah! ¿Y los demás donde están?
-Nos ocultamos en el hostal de Marin y Sun. El conductor del autobús nos llevó hasta allí.-dijo Mizore.
-Solo vinimos nosotras a verte.-dijo Kurumu, para luego mirar a los lados.-Tsukune, hay algo raro en esta gente. No deberíamos fiarnos de ellos.-en voz baja.
-¿Eh? ¿Porqué piensas eso, Kurumu? Desde que estoy aquí me han tratado bastante bien.
-Cuando estábamos intentando encontrarte, una de ellos nos atacó. La motorista.-dijo Moka.
-¿Alejandra? No he tenido tiempo de conocerlos muy bien, pero no se me ocurre porque querrían hacer eso. Bueno, aunque ella intentara prenderme fuego en un malentendido.-dijo con una sonrisa incómoda.
-¡¿Qué?! ¡¿Te han atacado, Tsukune?! Sabía que no podían tener buenas intenciones. Seguramente estén tratando de manipularnos para usarnos en su beneficio.-dijo Kurumu alzando la voz.-Ese viejo llamado Abraham tiene una pinta muy siniestra.
-¿Y que le hace pensar eso del viejo Abraham, joven?
Kurumu se quedó helada, al igual que todos, al ver al anciano hombre parado en la puerta. Todas giraron la vista para verle sujetando una bandeja con té.
-Pensé que estaría bien beber algo mientras hablábamos. Y, bueno, os explicaba a que se debe todo este alboroto.-dijo poniendo las tazas encima de la mesa, tratando de hacer como que no acababa de oír nada, ante una avergonzada Kurumu.-A Tsukune ya tuvimos la oportunidad de explicárselo.
-¿De que conoce usted a mi padre?-le preguntó Moka inquisitiva.
-Conozco a tu padre, y conocí a tu madre. Lamento lo que le ocurrió, la verdad.
Todos bajaron la cabeza un poco apenados al recordar lo ocurrido hace 10 meses.
-La sociedad a la que pertenezco siempre se ha llevado bien con tu familia. ¿Qué necesitáis saber exactamente?-dijo el anciano sonriendo amablemente.
-¿Quienes son exactamente los que invadieron nuestra academia?-preguntó Mizore con las picas de hielo que salían de sus mangas.
-¿Y quienes son ustedes exactamente?-preguntaba Kurumu desconfiada.
-Je. La verdad, es que ambas cuestiones están intrínsecamente relacionadas. Pero sería muy largo de contar.
-Tenemos tiempo. Queremos saberlo todo.-le dijo Moka con seriedad.
Abraham dio un sorbo a su taza, y luego suspiró.
-En fin, se trata de una historia larga, pero bastante simple de entender. Siempre existen dualidades y formas opuestas, ¿sabeís? Luz y oscuridad, humanos y yokais. Oriente... y occidente.
"Most Emotional OSTs Ever: City Of Sadness"
*480 A.C., península griega, durante las guerras médicas.*
"¿Alguna vez os habéis preguntado porque algunos imperios lograron una expansión tan rápida?"
Un trono cargado por esclavos llevaba sentado en él a un general persa, rodeado de su ejército, mientras un tercer ojo en su frente se habría.
"Eso es porque contaban con algunos servidores con capacidades especiales."
Los esclavos dejaron el trono en el suelo. El general en el trono se bajó, y se acercó a una manada de animales yokai, que se encontraban rodeando a una formación de soldados atenienses y espartanos. El capitán de esa formación, vio como el general se colocaba frente a ellos, después de que sus criaturas le dejaran pasar.
"Pero a todos les ocurre lo mismo. Se confían, y muestran sus cartas de triunfo muy pronto."
De detrás del capitán, salió, inesperadamente, una lanza que se clavó en su pecho, haciendo caer al suelo el sello de invocación que llevaba en la mano. De repente las criaturas entraron en estampida, mientras los soldados griegos las empujaban hacía las filas de soldados persas, que retrocedían. El yasha pudo ver al capitán humano colocándose de pie sobre él, mientras seguía moribundo en el suelo.
"Y así, como muchas otras historias reales, comienzan a tomarse por simples leyendas."
El capitán tenía clavada la cabeza del genera enemigo en su lanza, con los tres ojos abiertos, y sin la mandíbula inferior. Sus soldados le vitoreaban, pero el se limitaba a observar con atención y preocupación las criaturas asesinadas, y el estado de los persas devorados por ellas.
*331 A.C., Babilonia, durante la conquista de Alejandro Magno.*
"Realmente, los líderes de los cazadores en la oscuridad, están compuestos en su mayoría por linajes muy antiguos."
El rey macedonio entraba en la ciudad a caballo seguido de su ejército, mientras los presentes le vitoreaban y le lanzaban pétalos de flores. Él les sonreía, pero no dejaba de apretar el colgante en su cuello. Con el símbolo de la calavera de tres ojos atravesada.
"Porque, ¿qué mejor forma hay de transmitir el conocimiento, que mediante el legado familiar?"
Alejandro entraba en una habitación subterránea pasando por encima del enorme cuerpo de un cíclope. Sus soldados no habían acabado de quemar y deshacerse de los cadáveres enemigos. Pero lo que a él le llamaba la atención, era el mural que rodeaba la habitación donde se encontraban. Con pinturas y descripciones de especies desconocidas de yokais, en tierras de las que ni siquiera se sabía de su existencia.
"Con la misma rapidez que se extiende una enfermedad, no tardaron en llevar su campaña lo más lejos posible."
*36 A.C., Dzhambul, asentamiento de la legión perdida.*
El general Gan Yanshou se encuentra con una fortificación de madera bien defendida, con un estandarte en el que se podía ver un cráneo de tres ojos atravesado.
"Y según aprendían sobre sus enemigos..."
*747 D.C., Japón*
Un grupo de hombres rodeaba a una mujer semidesnuda en la nieve, alzando sus espadas, dispuestos a teñir la nieve de rojo.
"... hallaban sus debilidades..."
*1692 D.C., Salem, Nueva Inglaterra.*
Los habitantes del pueblo rodeaban piras en las que se encontraban varias mujeres, que lloraban de miedo según se acercaban las llamas. Alejados de la multitud, unos hombres quebraban y lanzaban varitas a una pequeña fogata, bajo la atenta mirada de un juez.
"... y mejoraban sus métodos."
*1942 D.C., Polonia, campo de concentración desconocido.*
Un jerarca nazi, con el pequeño símbolo en la gorra, observaba el humo de una chimenea mientras fumaba. Luego giró la vista para ver como los soldados obligaban a entrar en el edifico de la cámara de gas a decenas de yokais, tanto en forma humana, como en la natural. De la fila, un hombre lagarto salió rugiendo hacía él dispuesto a matarlo, mientras el hombre solo observaba con calma como se acercaba.
A tan solo unos metros, cayó muerto al suelo, con la espalda llena de agujeros de bala. El oficial se agachó, y apagó el pitillo aplastándolo contra la frente del muerto.
Abraham giraba la cucharilla en su taza, con las jóvenes ahí presentes sorprendidas y asustadas por lo que les acababa de desvelar el anciano, mientras Tsukune se limitaba a mirar al suelo apenado.
-Comprenderéis ahora, porque especies como las súcubos, y las mujeres de las nieves...-señalando a Kurumu y Mizore.-... se encuentran ahora mismo en peligro de extinción.
-O sea que, ¿estas personas llevan siglos persiguiéndonos y cazandonos como animales?-le preguntó Moka impactada.
-¿Cómo crees que se descubrió la capacidad de los rosarios para bloquear los poderes de un vampiro?-le contestó él.-El único motivo por el que la raza humana consiguió hacerse con el control del mundo fue por su mano invisible detrás.
-Pero, ¿no debería haber yokais demasiado poderosos para ser sometidos por ellos?-preguntó Mizore.
-A esa parte llegaremos después. Creía que queríais saber quienes eramos.-dijo el hombre con tono afable.
-Sí. También que relación tienen con mi familia.-dijo Moka.
-Veréis, como os dije antes, ambas historias están relacionadas.
En la academia yokai, Ravage caminaba por un pasillo típico de una cárcel. Era el antiguo cuartel del comité de seguridad pública de la escuela. El edificio había permanecido cerrado desde que el club de periodismo derrotó a Kuyou. Pero ahora el comandante de los cazadores en la oscuridad lo usaba para mantener encerrados a sus propios prisioneros.
Primero se detuvo frente a la celda de Kalhua. Habían quitado los barrotes, y puesto un muro de cristal en su lugar. El interior, estaba lleno de una neblina blanquecina, y unas pequeñas tuberías que recorrían el techo y la parte alta de las paredes. Kalhua permanecía sentada en una esquina, mientras pequeñas descargas eléctricas le causaban algunos espasmos de vez en cuando.
-No te pongas así. Solo es un poco de vapor de agua.-dijo Ravage.
Luego sacó el móvil para, con un gesto de pulgar, hacer que dejara de salir vapor de las tuberías.
-Lamento no haber podido venir hasta ahora. He estado muy ocupado con mis asuntos.
La vampiresa ni siquiera se volteó a mirarle.
-Sabes, tu amigo Kuyou y tú, no fuisteis los únicos a los que sacamos de allí. Vuestro perro andaba por ahí. No queríamos tener que sacrificar al pobre animal sin motivo, así que le trajimos aquí.
Kalhua alzó la cabeza.
-¿Earl Grey?
-¿Así se llama? Bien. Deberíais estar orgullosos, os es un perro muy leal. En todo el tiempo que lleva aquí, no hemos logrado domesticarlo. Sigue gruñendo cada vez que nos acercamos al poste donde le tenemos atado. Solo nos deja acercarnos cuando vamos a cambiarle el agua y la comida. No parece que vaya a ceder, a romperse.
Luego observó como le evitaba la mirada mientras lloraba.
-Pero veo que contigo no es necesaria presión alguna. Es como si... tú ya estuvieras rota de antes. Fue algo reciente, ¿cierto?
Kalhua se limitaba a intentar ignorarlo.
-Veo que es innecesario intentarlo contigo. No sabes nada sobre los planes de Fairy Tale. Te tenían como brazo ejecutor, no como líder.
Seguía sin obtener respuesta.
-No, veo que no. Esa no es la mirada de un líder. Es una mirada llena de... arrepentimiento. Algo que lamentas desde lo más hondo de tu corazón. Pero nada de eso importa ahora. En fin.
Volvió a mover el pulgar sobre el teléfono, y el vapor lleno de nuevo la celda. Luego se giró hacia el oficial al cargo de los prisioneros.
-¿Ha conseguido sacarle algo, señor?-le preguntó.
-No. No creo que sepa nada. Para todo lo que quisiéramos saber sobre Fairy Tale, no es completamente inútil.
-Entonces, le diré a mis hombres que se deshagan de ella.
Ravage le agarró del brazo, y clavó su mirada en él. Seria capaz de hacer temblar a las piedras.
-Esas no han sido mis órdenes. He dicho, que respecto a Fairy Tale, no es completamente inútil.-luego acercó su rostro a su aterrado subalterno, y musitó.-Pero sigue siendo la hija de Issa Shuzen, líder de los vampiros de Japón.
Soltó al soldado, mientras este se frotaba el brazo.
-La sigo necesitando con vida, ya está casi completamente rota. Así que, mientras siga sana, podéis hacer lo que queráis con ella.
La miró agazapada en la celda.
-Mis hombres necesitan desestresarse, señor.-dijo con una sonrisa entre pícara y lasciva.
-He dicho que hagas lo que quieras, no que me importe que sea.
Tras caminar un rato, se detuvo ante lo que parecía la puerta de un frigorífico. Pero un guardia le interrumpió.
-Señor, acaba de estar aquí la...
-Lo que quiera decirle, se lo diré yo misma, cabo.-dijo Kowarenai, empujándolo mientras pasaba con dos de su división.
-Kowarenai.-dijo el gigante, cruzándose de brazos.
-Ravage.-respondió la citada sonriendo, y con las manos en la cadera.
-¿Porqué traes a tus hombres? ¿No te fías de mi?
-Yo confió en ti lo mismo que tú confías en mi.
Ambos quedaron en silencio durante unos segundos.
-Veo que a pesar de que soy el nuevo líder de la división en Japón, los hombres aún te obedecen.
-Una cosa es la división, y otra nuestros ejércitos personales.
Podía notarse la clara diferencia entre los soldados de Kowarenai, y los de Ravage. Los de la primera vestían ropas negras y amarillas, al estilo de una división de soldados de una película de ciencia ficción. Con armaduras brillantes, y armados con dispositivos tecnológicamente avanzados.
Los de Ravage, por otro lado, parecían sacados del ejército soviético. Cada uno se las apañaba como quería con su uniforme, algunos llevando casi completamente ropa de calle. Sus armas eran mucho más rudimentarias, pero igualmente efectivas.
-Me he enterado de que venías a interrogar a los prisioneros, y venía a acompañarte.-dijo poniendo un dedo sobre el pecho de su compañero.-A ver que te decían.
-Hubieras podido saberlo tras que te entregaran mi informe.-dijo sujetándole la mano.
-¿Qué te acabo de decir sobre la confianza?
Ambos se observaron unos segundos, hasta que finalmente Ravage le soltó el brazo.
-Je. Abrid la puerta.-le dijo Kowarenai a sus dos hombres.
Dentro había una suerte de refrigerador industrial de carne, con algunos ganchos aún colgando. (Mencionado antes, muy rudimentario) Sentado en una cama sin sábanas, ni nada con lo que poder calentarse, estaba Kuyou. Alzó la vista para ver a sus visitantes, con una sonrisa burlona.
-¿Vienes con tu novia, a ver como volvéis a interrogarme en balde?-les respondió al verlos.
Kowarenai se limitó a apoyarse en una pared, y a dejar a hablar a Ravage.
-Eres fuerte. Integro. Después de todo lo que te hemos hecho pasar, sigues desafiándonos.-le dijo el hombre con el pasamontañas.
-¿Te sientes frustrado por ello?-le preguntó mientras se abrazaba en busca de calor, esperando tener la oportunidad de crear, aunque sea, una pequeña llama.
-No.-dejó salir una leve sonrisa.-Eso me divierte. Eso es lo que me ha traído aquí. Y con eso tiene que ver el trato que vengo a ofrecerte.
-¿Trato?-alzó la vista extrañado.
Kowarenai sabía por donde quería ir.
-No tuvimos la oportunidad de disfrutar de una lucha honorable en igualdad de condiciones cuando os capturamos, así que te daré otra oportunidad.
Eso llamó completamente su atención.
-Lucha conmigo. Un mano a mano tú y yo solos. Si ganas, tú y tu amiga de Fairy Tale seréis libres de marcharos. Yo mismo daré la orden a los hombres para que os dejen marchar y no intervengan bajo ninguna circunstancia.
Esto no podía ser cierto.
-¿Y en el improbable caso de que pierda?-dijo Kuyou con confianza y orgullo.
-Nada. Si pierdes, volveremos a luchar una y otra vez hasta que me derrotes.
-¿Qué ganas tú con eso?
-Disfrutar del primer oponente digno que parezco encontrar en años.
Kuyou le observó a él, y a la sonriente mujer de detrás.
-De acuerdo.
Era demasiado orgulloso para pensar siquiera que perdería. Tratándose de un humano, y conociendo ya sus artimañas, estaba dispuesto a carbonizarlo.
Kowarenai solo rió un poco, y salió de la sala, donde sus hombres la esperaban.
-Señora, con el debido respeto, ¿usted sabe que pretende el comandante Ravage con este trato?-le preguntó mientras salían del lugar.
-Nada del otro mundo. Es la única cosa que me gusta de él. Va a hacerle lo mismo que le ha hecho a cualquier otro yokai al que consideraba un "oponente digno".
-Ehm, ¿qué es?-preguntó el otro, para que luego ella le dirigiera una mirada hostil.-Señora.
-Ir contra él una y otra vez, hasta romperlo.-dijo con su misma sonrisa de siempre.
En el hostal, Kokoa estaba que se subía por las paredes.
-¡Aaaaaah! ¡¿Cómo pudimos dejar que mi hermana se largara con esos tipos?! Ahora no sabemos donde están ni si volverán.
-Seguramente volverán pronto, desu. Solo tenemos que esperar.-le dijo Yukari.
-Pero ya se han marchado hace varias horas.-dijo Fong Fong.-Podrían haberlas llevado a una trampa, y ni siquiera lo sabríamos.
-Ellas son las más fuertes de nuestro grupo, no creo que les ocurra nada.-dijo Ruby intentando traer la calma.
-¡Pero en caso de que esos cazadores en la oscuridad nos encontraran, estaríamos dispersos!-dijo Kokoa.
Todos quedaron en silencio unos momentos.
-¿Qué se supone que debemos hacer?-dijo Fong Fong.-No sabemos nada, ni por donde empezar.
-Deberíamos buscar un sitio más seguro. Aquí no creo que tarden mucho en encontrarnos.-dijo Ruby.
-No hay sitio seguro, desu. Solo teníamos la academia, y ahora le pertenece a ellos.
-Sí que hay sitio seguro.-dijo Fong Fong.-La mansión de mi familia. Allí podremos estar seguros hasta saber que hacer.
-¿Y como vamos a llegar hasta Hong Kong?-preguntó Kokoa.
-Ahm... Supongo que aún hay problemas logísticos que solucionar.-dijo el chino, mientras todas le miraban como si fuera idiota.
-En realidad puede que tengáis solucionado ese problema antes de lo que pensáis.
Todos se giraron para ver quien era ese con el acento de Osaka. Pudieron ver a Gin parado en el marco de la puerta, y a su lado, a Haiji.
-¡¿Eeeeh..?! ¡¿Qué hacen aquí el pervertido y el lolicon?!-dijo Kokoa.
-Pensaba que nos recibiríais con más alegría viendo que venimos a ayudar.-dijo Gin un poco fastidiado.-De todas formas, nos avisó Sun. En cuanto supimos lo de la academia, vinimos.
Haiji se limitaba a alzar a Sun cual niña pequeña con su cara de pervertido, mientras todos lo miraban raro.
-Bien, pero, seguimos estando en lo mismo de antes. Aunque ahora seamos más, no tenemos los medios para hacer nada.-dijo Ruby.
-Por eso nosotros nos aseguramos de llamar a alguien más.-dijo Haiji.
En la habitación entró otra persona.
-¿Ling Ling?-dijo Fong Fong al ver a su hermana.
En casa de Tsurara, Wilson bebía té con ella, en lo que parecía un ambiente muy distendido.
-Ja ja ja, es cierto, las cosas no parecen haber cambiado desde que me fui hace tanto.-dijo riendo Wilson.
-Es lo que tiene verse obligado a vivir en un sitio tan aislado.-le dijo Tsurara.
-Hmf... Dime, ¿qué ha sido de tu vida? Me extraña que no te obligaran a casarte. Con lo estricta que es la ley marital sobre la descendencia.
Tsurara se puso nerviosa por la pregunta, pero consiguió ocultarlo bien. Aunque no lo suficiente para Wilson.
-Eso fue poco después de que te marcharas. Descubrí... que tenía un problema en el útero. No podía tener hijos.
Él la miro conociendo la evidente mentira que acababa de contarle, y como todas las otras veces en las que hablaron, intentaba evitar todo lo posible hablar sobre asuntos relacionados con su vida más privada. No sabía a que podía deberse, pero casi prefería que fuera así.
-Vaya. Cuanto lo siento.-dijo dando un sorbo a su taza.
-Pero creo que ya está bien de hablar de mi. ¿Qué tal te ha ido en los últimos años?
Wilson se puso serio.
-He llevado la misma vida que han llevado todos mis antepasados desde 1692. Aparte de la muerte de mi hermano, no hay mucho de lo que pueda quejarme.
-Siento oír eso.
-Sucedió hace mucho. Ya lo tengo prácticamente superado. Ahora me limito a entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo.
Tsurara no pudo evitar verlo con algo de lástima.
-Se dice que has tenido algunos problemas con tus hombres.
-¿Las mujeres de las nieves han empezado a notarlo? Hmf... Si se tratara solo de ellos no habría problema porque no se atreverían a nada. Pero si la gente de la aldea empieza a notarlo, temo por lo que me vea obligado a hacer.
-¿Es la primera vez que discuten tu autoridad?
-No. No es la primera. Ni será la última. Pero normalmente tengo a mis lugartenientes para encargarse de mantener la disciplina.
-¿Y porque no están aquí?
-Una compañera de mi organización me los pidió prestados para una misión en nuestro mundo. Algo relacionado con una academia de monstruos.
Tsurara volvió a alarmarse. Pero mantuvo la compostura. Aún así, eso siguió sin ser suficiente para que Wilson no lo notara.
Desde que volvió, sabía perfectamente que Tsurara intentaba ocultarle algo.
A las afueras del hostal de Marin, habían una caravana de vehículos, con miembros de la familia Wong, armados. Ocultos a simple vista de los humanos, por una barrera alrededor del edificio y la calle, pero no de la tecnología de los cazadores.
Había un hombre con una armadura similar a la de Wilson, pero completamente negra, mirando hacía allí con unos prismáticos, que le permitían ver todo bajo el escudo.
-Son de la familia Wong. No hay duda.
A su lado, había otro hombre con gafas de sol y gabardina negra, con decoraciones amarillas. Un patrón similar al del uniforme de los soldados de Kowarenai. Vigilaba el lugar de la misma forma con un fusil de francotirador.
-Esta es una oportunidad excelente. Significa que el heredero de la familia Wong que había escapado de la academia está aquí. Parece que alguien les ha proporcionado refugio. Puede que los rumores de que una sirena se ocultaba en esta ciudad fueran ciertos.-dijo el de las gafas de sol confiado.
-Los patrones vibratorios de su voz son increíblemente fáciles de detectar gracias a las boyas marítimas. El problema suele ser triangular exactamente su posición.
-Menudo golpe de suerte. Dos pájaros de un tiro.
-Y vete tú a saber cuantos monstruos más hay dentro del edificio. Debemos reunirnos con los demás, informar a nuestros superiores y esperar.-dijo el sujeto de la armadura dispuesto a bajarse del tejado.
-Para cuando nos respondan, puede que ya se hayan marchado.
-Las ordenes que nos dio nuestro comandante fueron investigar, y una vez tuviéramos algo, informar y esperar.
-Las ordenes que nos dio nuestra comandante fue cazar a cualquier huido de la academia que encontráramos.
Ambos hombres se miraron mutuamente.
-Lo mejor será seguir observando y estar preparados para actuar.-dijo el lugarteniente de Wilson mientras bajaba de un salto al suelo.
-A ellos les dan armaduras de combate, y a nosotros unos simples ojos biónicos.-dijo el lugarteniente de Kowarenai mientras seguía observando a los hombres de Wong.
-Sí. Ahora mismo se encuentran ocupados en un trabajo de investigación. -le decía Kowarenai a Lilith.-Nuestros diplomáticos están intentando llegar a un acuerdo con el gobierno de Japón, pero por ahora, no se están tomando muy bien las operaciones encubiertas en su territorio. Por mucho que el actual parlamente parezca ser antiyokai.
Ambas se encontraban en el antiguo despacho del director.
-Aunque sigo sin entender porque te cuento estas cosas.
El espíritu del espejo solo se encogió de hombros.
-Por cierto, hay algo que quería comentarte.-le dijo Lilith.
-No se que tienes que decir que pueda interesarme.-le dijo con desinterés mientras se echaba para atrás en la silla.
-He estado vigilando a ese tal Ravage y a sus hombres...
Hubo silencio unos segundos, cuando Kowarenai se incorporó.
-Continua.
-... y han estado rebuscando mucho entre la biblioteca del director y sus almacenes.
-¿Para que?
-No lo sé. Casi parece que buscasen algo, porque han sacado muchas cosas de su colección privada, pero luego volvían a dejarlas en su sitio, como si no les interesase. Han mirado incluso aquí cuando no estabas.
Kowarenai se cruzó de brazos pensativa.
-Nadie en nuestra organización sospechaba siquiera que tipo de cosas trataba Mikogami aquí. ¿Qué demonios está haciendo Ravage?
Lilith seguía sin saber que decirle. A Kowarenai ya le costaba confiar en él antes, pero ahora, estaba claro que había muchas cosas que le pasaban desapercibidas.
Y hasta aquí ha llegado la cosa. Ahora vayamos con la siguiente pregunta, y hasta el próximo capítulo.
"¿Qué tienen en común el Frankenstein y la momia de los estudios Universal?"
Esta es bastante fácil.
Dejadme algún comentario, si sois tan amables.
