¿Por qué?

— Hemos acabado por hoy — anunció un hombre de cabello castaño con una sonrisa limpiándose el sudor de la frente — Mañana nos vemos para el ensayo general, descansad.

— Hasta mañana señor — se despidieron cuando el joven salió por la puerta.

El chico — de nombre Kaito — se marchó caminando hacia su casa disfrutando del sol que ese día parecía decirle que ese día era perfecto. Los pájaros cantaban, la gente reía a su alrededor...su vida entera parecía ser perfecta en esos momentos. Su vida laboral pasaba por su mejor momento ante el inminente estreno de su espectáculo que ya contaba con dos años enteros de entradas vendidas. Su vida personal no iba muy diferente, tenía a su lado a Aoko, su amiga de la infancia que hacía cuatro años se había convertido en su novia y que esa noche, en la fiesta organizada como reunión de antiguos compañeros le diría algo que según ella cambiaría todo.

Esperaba ese momento impaciente, pues sentía una gran curiosidad por saber que era eso tan importante por lo que su novia había preferido esperar.

En esos momentos no muy lejos de allí la pareja del mago se encontraba reunida con un chico de cabello castaño, casi rubio.

— ¿Lo harás? — interrogó impaciente.

— Me encantaría — aseguró con una sonrisa mientras Aoko se lanzaba a sus brazos emocionada — Pero, primero deberás decírselo a Kaito.

— Lo sé, pero será duro decirle algo así tan de repente — comentó suspirando — Nos conocemos desde siempre y a pesar de este cambio espero que podamos seguir igual.

— No sé que decirte Aoko — confesó el de ojos castaños rodeándola con sus brazos y depositando un beso en su frente — Jamás la mujer a la que amo me ha dicho algo así, no puedo decirte que reaccionará bien. No lo conozco lo suficiente.

— Lo sé…— musitó ocultando su rostro en su pecho — Pero no puedo dejarlo pasar. Sé que será un cambio pero, amo esto, y no pienso perderlo.

Mientras los dos jóvenes hablaban el mencionado en la conversación escuchaba todo con los puños cerrados con tanta fuerza que ya estaban blancos. Una sensación de rabia se instauró en él, para peor trago ella le había traicionado frente a ese monumento que tanto significó en su relación, esa torre que él salvó. No podía perdonarla. ¿Por qué le hacía eso?

La noche comenzó a llegar y la fiesta de reunión comenzó. Muchos antiguos compañeros se vieron por primera vez en siete años. Una joven se veía nerviosa, a su lado, el rubio la miraba compresivo.

— Tranquilízate — pidió colocando su mano en su hombro.

— No puedo — informó tapándose los ojos — ¿¡Dónde demonios está!? ¡Le dije que fuera puntual!

— Se habrá retrasado por alguna razón — razonó mirando hacia la entrada, donde vio una cabellera pelirroja que bien conocía, sonrió sonrojado.

— ¿Qué miras? ¿Lo ves? — preguntó poniéndose de puntillas.

— Emm…no — negó desviando la vista de la figura de la mujer de ojos rojos. No sería buena idea decirle a Aoko lo que pasaba. Ese secreto se lo tendría que llevar a la tumba. De momento había tomado lo que la vida le había dado.

— No mientas, sabes que lo odio — manifestó recordando la mentira que le cambió la vida — Ahí fue cuando empezó de verdad — pensó recordando la discusión que tuvieron.

— No es nada, de verdad — aseguró observando como la persona a la que esperaban entraba allí con un gesto de dolor — Mira, allí está Kuroba. Lo que queda es cosa tuya.

— Sí — afirmó sin ser capaz de ir hacia él — ¿Y si me lo pone difícil?

— Coge la fregona — bromeó dándole un pequeño empujón — Seguro que lo entenderá.

Con una actitud tirando a positiva se dirigió junto a su novio, quien parecía no querer ni verla, pues al cruzar sus miradas la separó y se encaminó junto a otros de sus compañeros.

— Kaito tenemos que hablar — habló tomándolo del brazo.

— No me da la gana — contestó mirándola por primera vez en el día a los ojos.

— ¿¡Entonces qué quieres!? — exclamó siendo algo opacada por la música de fondo.

— Nada, quiero que me dejes en paz. No quiero verte más — inquirió con seguridad.

— ¿C-Cómo? — interrogó con temblor en su voz — ¿E-Estas cortando?

— Sí — afirmó mirando al fondo de la sala, y vio a ese maldito que se la había quitado — Así que adiós.

Con un rápido movimiento que la mujer no vio venir Kaito la tomó de la cintura y la besó con algo de violencia. No era como los que él solía darle, los besos entre ellos eran siempre llenos de dulzura, con cariño…Ese era con odio, con rencor…

Se separó en poco tiempo solo para visualizar como las lágrimas comenzaban a caer por su rostro a la vez que su mano se alzaba para dejarle una marca roja en su mejilla debido al golpe que le propició.

— Eres un maldito bastardo — lo insultó para después salir de allí antes de que alguien más notara su situación.

Kaito la vio irse. No lo entendía, era ella la que iba a cortar con él, ¿qué más le daba?

— ¿Qué le has dicho? — preguntó detrás de él la persona a la que menos ganas tenía de ver.

— Olvídame Hakuba — ordenó sin mirarle, si lo hacía le partiría la cara y no quería montar el número, prefería seguir con la cabeza alta.

— Eres un capullo — articuló girándolo hacia él dándole un empujón.

— No me calientes — avisó aguantando.

— No te la merecías — enunció.

Y ese fue el fin de su paciencia, sin pensarlo más de una vez estampó su puño en el rostro del castaño, dejándolo caer al suelo, después lo tomó del cuello de la camisa y lo sujetó — Maldito bastardo, tienes la poca vergüenza de decirme todo eso después de lo que has hecho.

— No sé de que demonios hablas Kuroba — manifestó plantándole cara, todas las miradas estaban puestas en ellos — Pero sé que debes de ser muy poco hombre para dejarla tirada por el embarazo.

En ese momento la mente de Kaito se vació, solo la palabra embarazada estaba en su mente — ¿Cómo dices?

— ¿No lo sabías? — cuestionó extrañado el castaño — Se suponía que Aoko te lo iba a decir. Estaba muy asustada porque no sabía si te lo tomarías bien.

— Para el carro — pidió — ¿No estás liado con ella?

— ¿Yo? Que va. Hace tiempo que dejé ese objetivo atrás — aseguró poniéndose en pie ahora que lo había soltado.

— Pero os vi esta tarde, os escuché…

— Aoko solo me pidió que fuera el padrino — explicó llevándose la mano a la sien.

— Soy imbécil — manifestó para después salir de allí en busca de su Aoko con la mirada de Hakuba en su espalda.

Al fin se dio cuenta — pensó con una sonrisa — Esperemos que esta vez te salves.

La buscó por los alrededores hasta que la encontró en un parque cercano derramando lágrimas subida en el columpio. Se acariciaba el vientre con tristeza mientras se columpiaba.

— Aoko — la llamó, ella no le miró.

— Vete de aquí, no quiero verte — ordenó sin dejar su balanceo.

— Perdóname, yo creí que me estabas poniendo los cuernos, por eso, yo…— intentó explicarse inútilmente, nada conseguía cambiar el parecer de la chica.

— Me da igual lo que digas.

— Si eso fuera así no estarías llorando — comentó acercándose hasta ella, secándole las lágrimas — Perdóname. Sé que me precipité pero…tenía miedo, creí que me ibas a dejar y yo…no me imaginaba una vida sin ti. No quería que me dijeras que era el final.

— ¿Sabes? Debería decirte que sí es el final — articuló, haciendo que el castaño tragara con dificultad — Pero sería injusto para el bebé.

— ¿Me perdonas? — interrogó ilusionado.

— Yo no he dicho eso — manifestó alejando su mano de ella — Ese perdón te lo deberás ganar.

— Dime que debo hacer.

— Primero, disculparte con Saguru y humillarte un poquito por el numerito que has montado — reveló recibiendo un resoplido del castaño.

— Que remedio…Me ganaré tu perdón, te lo aseguró.

Y con esa promesa comenzó la cuenta atrás para el nacimiento del bebé, que otorgó el verdadero perdón al mago de cabellera castaña.