A partir de aquí
Lo miraba con ojos llorosos. La figura blanca frente a ella la miraba con dolor mientras en el suelo aguardaban dos objetos. Un monóculo y un sombrero pertenecientes a aquel hombre al que siempre odió sin saber que él también era lo que más amaba.
— ¿Por qué? — preguntó la muchacha simplemente, él giró la cabeza para no verla — ¿¡Por qué Kaito!? ¿¡Por qué me engañaste!? — exclamó con fuerza mientras lágrimas caían de sus ojos al ver que él la ignoraba. ¿Acaso no era ella importante para él?
— ¿Por qué? — cuestionó él de nuevo — Porque quiero fama, divertirme con estos juegos que montan la incompetente policía de la que tu querido padre es el líder en mis robos. Simplemente por diversión — sonrió haciendo que el corazón de Aoko poco a poco se rompiera — Para hacer esto tenía que engañarte querida, o si no no podría ver ese hermoso rostro tuyo en este estado.
— ¿Cómo puedes ser así? ¿Dónde está el Kaito al que yo…al que yo conocí? — se corrigió acercándose a su posición, quedando frente al ladrón.
— Siempre he sido así. El niño inocente que conociste se deshizo poco a poco. Siempre me arrepentí de que ese yo inocente se acercara a ti aquella tarde. Hace años que quiero deshacerme de ti niña tonta — habló levantando a la chica por el mentón cruzando sus miradas, viendo como aquella mirada siempre alegre se había roto.
— ¡Suéltame! — aulló golpeando la mano que la sujetaba, alejándose un par de pasos hacia atrás — ¡Eres un maldito Kuroba! Te odio, te odio como jamás he odiado a nadie — habló dolida, sabiendo que a pesar de sus palabras aquello era mentira.
— Ódiame entonces Aoko — sonrió cínicamente.
Iba a irse de allí pero vio algo a la espalda del blanco que la detuvo.
En el edificio continuo había un hombre apuntando al chico con un arma. Sus ojos se abrieron de sobremanera al ver gracias a uno de los faros de la zona como poco a poco apretaba el gatillo.
No tuvo tiempo de pensar dos veces las cosas. Con las pocas fuerzas que tenía después de aquello corrió junto al mago y después de abrazarlo con fuerza dejándolo sorprendido lo tiró hacia un lado, recibiendo la bala que iba para él en la espalda, dado que en el último momento trató de huir.
Su cuerpo poco a poco fue cayendo hacia atrás y estuvo a punto de caer por el edificio si Kid no la hubiera cogido y abrazado fuertemente contra su pecho.
— ¿Por qué lo has hecho? — preguntó con lágrimas cayendo de sus ojos.
— ¿Acaso necesito una razón? — sonrió abrazándose más a él. Sentía que su cuerpo se quedaba poco a poco sin calor y tenía frío.
— Después de todo lo que te he dicho…¿Por qué Aoko? ¿Por qué no has podido odiarme y dejarme morir?
— Por-Porque y-yo…— pronunciaba con dificultad. Sabía que no aguantaría mucho. Subió su vista hasta su rostro y lo acarició lentamente con una de sus manos para después con suma lentitud acercarse a él y robarle un casto beso al mago que simplemente abrió los ojos.
Se separó con una sonrisa viendo el rostro del otro que en esos momentos era un poema.
— Te amo. A pesar de todo no puedo evitar amarte Kaito — aclaró con lágrimas en su rostro.
— Aoko…— articuló tomándola en sus brazos abriendo su planeador.
— ¿Dónde…?
— Al hospital — respondió sabiendo que diría — Si piensa que voy a dejarte morir después de esto estás muy equivocada — le sonrió dulcemente.
— Pe-Pero…— intentó rebatir pero los labios del mago la hicieron callar a la vez que la hacían sentir la mujer más afortunada aún teniendo todavía esa herida en la espalda.
— Te amo Aoko. Si hice todo ese numerito era porque no quería que pasara nada como lo de hoy.— formuló viendo como llegaban a su destino.
— Kaito, te descubrirán — avisó mirando el rostro descubierto de su amigo.
— Me da igual. Lo único que me importa es tu bienestar.
— Kaito…— habló conmovida viendo como su aterrizaje hizo que la gente del lugar se sorprendiera a la vez que el joven pedía a gritos una camilla para ella que no tardaron en traer.
— Cuando salgas del quirófano estaré aquí esperándote — fue lo último que escuchó decir antes de entrar a ese lugar, sabiendo que ella no saldría de ahí con vida. Solo pedía que él no sufriera mucho su pérdida, a partir de ese momento fuera feliz…sin ella.
