¿Aguantarás?

Una joven castaña de ojos azules se encontraba malhumorada. Se encontraba sentada en su escritorio, debería estar estudiando, pero aquel mago de cuarta no podía hacer otra cosa que crearle conflictos y ganas de matarle.

— ¿Aún sigues enfadada? — interrogó desde la puerta el provocador del enfado.

— Déjame.

— Que fría eres — comentó el castaño haciendo un juego de manos, haciendo aparecer una caja de pockys — Hagamos un trato.

— No quiero hacer tratos con un sucio ladrón — articuló mirándolo con furia.

— Sabía que sacarías el tema cuando te enfadaras — suspiró el chico sacando uno de los palitos recubiertos de chocolate de la caja — Ten.

— ¿Para qué?

— Sí resistes sin soltarlo ganas, sino pierdes. Conoces el juego, ¿verdad?

— ¿Qué gano? — preguntó cayendo en las redes del mago que sonreía disimuladamente.

— Lo que desees. Si quieres que te deje en paz lo haré durante el tiempo que impongas — prometió.

La castaña parecía estar pensado en ello durante segundos que parecieron eternos.

— Trato hecho — aceptó mientras Kaito colocaba la barrita entre sus labios. El juego comenzaba.

Poco a poco Kaito comenzó ha devorar el palito, ella también. Sabía que debía resistir y lo hizo, no pensaba perder contra él. Ella tenía su orgullo.

Al final Kaito acabó la distancia entre ellos y unió sus labios. Duró unos segundos, suficientes para que Aoko no tuviera tiempo de reaccionar. Kaito se separó con una sonrisa de autosuficiencia.

— Has ganado. Llámame cuando quieras hablar — manifestó saliendo de allí dejando a una Aoko aún más enfadada.

El mago había vuelto a salirse con la suya.