Nuevo capitulo! Y el mismo día!

¡Nos leemos!

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-¡Kyoka!- Gritó un Lambo de 16 años, sus ojos aguados pero fijos en la pelea desatándose frente a él.

El guardián de la nube estaba luchando. Luchando contra casi ocho escuadrones enteros del Black Spell. Sus golpes tan fuertes como siempre, su mirada agresiva y desafiante, toda su persona reflejando el depredador que era. (Un depredador luchando por la supervivencia. Oh. Pero no la de él. No. Sus golpes estaban llenos de ira. Ira hacia aquel que se atrevía a lastimar a los carnívoros bebes a sus espaldas) Pero incluso Hibari Kyoya no era invencible, y la lucha (heridas) de hace unos pocos días estaba cobrándole factura a su cuerpo.

-Huye herbívoro. Esta pelea está fuera de tu alcance. - Su voz era fría. Sin sentimiento. Era una orden directa en la que no esperaba ser desobedecido. Su mirada nunca se apartó de los mucho enemigos frente a él, de los animales de caja que parecían multiplicarse por segundos. Lambo maldijo su costado lastimado. Sabía que solo estorbaría en esta batalla. Pero no podía. Su corazón no le permitiría abandonar a su hermano.

-¡No! No quiero verte morir a ti también Kyoka-nii...¡Me rehusó a verte morir!- Finalmente Hibari lo miró. Sus ojos estaban llenos de ira. Enojo al ser desobedecido en una situación tan peligrosa. (Y en lo profundo, tras esas capas y capas de ira, estaba una pequeña mirada suplicante. Rogándole al menor que corriera, pidiéndole que sobreviviera. Porque ambos sabían que uno de ellos no saldría vivo de esta, y Hibari Kyoya moriría y volvería del infierno antes de ver a aquellos que consideraba familia morir a manos de herbívoros como estos.) Su ceño estaba fruncido mientras miraba directamente a los ojos del rayo.

-Lárgate.- Y en tan pocas palabras muchos mensajes se intercambiaron entre ambos guardianes. (Cuídate. Sobrevive. Lucha. Es una promesa.) Por que Hibari Kyoya nunca fue hombre de muchas palabras, e inclusive en sus últimos minutos de vida, no necesito decir mucho para expresar todo lo que necesitaba.

El guardián de la nube se lanzó a la masa de uniformes negros.

Lambo no lloró. Observó como su hermano en todo menos sangre luchaba por la supervivencia de todos los demás. Observó como los enemigos era destrozados y mordidos hasta la muerte. Vio como lentamente, empezaban a ser demasiados para el guardián más fuerte.

Cerró sus ojos en un último agradecimiento. Un último adiós. Y luego corrió.

Corrió hasta que a sus pulmones les fue imposible tomar otro trago de aire. Corrió hasta que sus piernas se rindieron bajo él. Corrió hasta que su cuerpo estuvo demasiado exhausto para llorar.

~O0O~

Su mente se despertó, pero su cuerpo no dio ningún indicio de este hecho. Podía sentir in poco de humedad en sus mejillas y se contuvo a sí mismo de fruncir el ceño y limpiarlas. Las lágrimas eran debilidad. Algo que hacía mucho había aprendido a controlar despierto, pero que aún lo invadían en sus sueño.

Por los sonidos a su alrededor, no supo descifrar donde se encontraba, pero sí descubrió que estaba solo. Contra su mejor juicio, abrió el único ojo que usaba. Estaba en una celda. Una celda con paredes de bloques y barras de metal. ¿Pero que...? Sus enemigos sabían que liberarse le sería pan comido, así que ¿Porque...?- Su mente fue invadida por sus últimos recuerdos. Mierda. Estaba cuatrocientos años en el pasado, aparentemente como prisionero de Primo. Y encima de todo, habían tomado sus cosas. Su día se ponía cada vez mejor.

Se tensó al escuchar pasos acercarse. Frunciendo un poco el ceño, pero decidiendo que fingir inconsciencia era demasiado problema, Lambo se levantó de la cama, sentándose en el suelo bajo la pequeña ventana en lo más profundo de la celda.

-Me alegra que despertaras.- Un joven de ojos azules se había detenido frente a las barras, su postura firme, sus ojos curiosos.

Primo…

El parecido era increíble. Suspiro con tristeza antes de apartar la mirada, pasando con desgano una mano por su crespo cabello.

-¿Alguna razón en particular por la que encuentras el suelo más como que la cama?- Giotto tenía una ceja alzada, su tono mostrando honesta curiosidad, su sonrisa delatando la gracia que esto le daba.

Lambo no dijo nada, manteniendo su mirada en el techo.

-Es grosero ignorar a tu anfitriones- Le reprendió Giotto. Lambo rodó los ojos.

-Es grosero secuestrar a las personas.- Finalmente respondió, clavando sus verdes ojos en los azules de Giotto. Primo sonrió divertido ante su comentario, la curiosidad en sus ojos creciendo.

-Touché. Considerando que no pareces querer disfrutar de la cama que te hemos ofrecido, ¿Que tal responder un par de preguntas?- El joven Vongola abrió la puerta, indicándole a Lambo que saliera. Lambo alzo una ceja en respuesta.

-Claro que si prefieres quedarte aquí un buen rato hasta que decididas hablar... Es tu elección. - Giotto alzó los hombros, quitándole importancia al asunto. Lambo frunció un poco el ceño, debatiendo sus opciones. La verdad, no le importaría mucho quedarse aquí hasta que la bazuca lo devolviera a su tiempo, pero la primera generaciones había tomado los pocos objetos preciados que tenía y había algunas cosas que valían más que el orgullo.

Suspirando pesadamente, Lambo se levantó con poca dificultada. Sin decir palabra, salió de la celda. Espero hasta que el rubio cerrara la puerta con llave antes de seguirlo a la sala de reuniones.

Ambos se mantuvieron en completo silencio durante el trayecto, demasiado inmersos en sus propios pensamientos como para intentar hacer pequeña charla con el otro. Luego de un largo camino, en una mansión que Lambo tanto conocía como desconocía, llegaron a la sala de reuniones. Giotto abrió la puerta.

Dentro se encontraban todos los guardianes de la primera generación, quienes, al escuchar la puerta, se sentaron como responsables adultos, completamente ignorando la destrucción que habían estado causando segundos antes.

Giotto camino hasta la punta de la mesa, también completamente ignorando los daños a su alrededor. Lambo optó por quedarse junto a la puerta. Los Vongola alzaron una ceja ante esta acción, tanto por su irrespeto como por su falta de temor al estar frente a una temida familia de mafiosos.

-Adelante Lambo, siéntate.- Ofreció Giotto con una amable sonrisa, aunque el tono autoritario era más que obvió. Lambo miró a todos en la sala antes de negar la cabeza y recostarse contra el marco de la puerta.

-Tch. No es una petición idiota, es una orden.- El confiable mano derecha del jefe se levantó de su asiento, matando a Lambo con la mirada.

- Estoy completamente consiente de eso. Pero considerando que me secuestraron después de ayudar a uno de los suyos, mantendré mi derecho de no seguir cada orden del rubio. Así que...Gracias por la oferta pero no, no me voy a sentar.- Lambo ignoró por completo las exclamaciones indignadas de la tormenta y el sol, en ningún momento apartando su mirada de la de Giotto. Primo frunció el ceño.

-Considerando que te secuestramos, no tienes mucha palabra en el asunto.- Respondió Primo con tranquilidad. Lambo sonrió divertido, pero sus ojos estaban completamente vacíos de emoción.

-¿No me querían hacer preguntas?- Decidió contestar al final, cambiando no muy discretamente el tema. Giotto negó la cabeza, divertido ante el enigma frente a ellos.

Dejando descansar sus manos sobre la mesa, tanto en un gesto relajado como para mostrar que no pretendía hacerle daño, Giotto se relajó contra su asiento. El resto de su familia uso su silencio como permiso para empezar las preguntas.

-¿Quién eres y porque te pareces tanto a mí?- Lampo fue el primero en hablar. Su cuerpo estaba cubierto de vendas y era más que obvio que alguien le había dado una buena paliza.

- Me llamo Lambo. No sé quién eres tú, así que no sé porque nos parecemos. – Su voz era tan fría y vacía como su mirada.

-¿Por qué salvaste a Lampo?- Esta vez pregunto G, curioso. El joven frente a él era increíblemente irritante, pero pocos tenían las agallas para interponerse en asuntos de la Mafia. Sobretodo en Italia, actualmente la capital del crimen.

-Escuche un gritó. Vi como unos treinta hombres masacraban a alguien que obviamente era mucho menor que ellos y estaba solo. Decidí darle una mano.- Lambo se encogió de hombros, quitándole importancia. Giotto observaba con atención cada gesto y palabra que salía de la boca del joven. Estaba siendo honesto, pero su intuición nunca le había fallado y prácticamente le estaba gritando que algo faltaba. Asari abrió la boca para preguntar algo pero fue vencido por la voz de Giotto.

- ¿Qué estas ocultando?- Su voz era seria, todo buen humor se había esfumado. La súper intuición nunca fallara en impresionarme. Pensaba Lambo, mientras una sonrisa burlona adornaba su rostro.

-No querrán saber. Siguiente pregunta.- La temperatura de la habitación subió, las llamas de Giotto calentando todo a su alrededor, preparándose a defender a su familia contra un posible enemigo.

-No creo que entiendes muy bien la posición en la que te encuentras Lambo.- Los ojos de Giotto habían abandonado el azul que solían ser, siendo remplazado por un fuerte anaranjado. Sin embargo su frente y manos permanecían libre de llamas. -La única razón por la que no estás siendo interrogado en el calabozo es porque ayudaste a mi guardián. Pero eso podría cambiar rápidamente.- Su voz era fría y peligrosa, un contraste a la usual calmada y amable voz del cielo.

Lambo suspiro, dejando caer un poco su cabeza para ocultar sus ojos tras su oscuro cabello.

-¿Qué, exactamente, estás esperando conseguir Giotto? Ayudé a un joven en apuros. No por eso voy a revelar todos mis secretos al primer paranoico que me secuestre.- Sus miradas no estaban conectadas y aún así, de alguna forma, una batalla de voluntades estaba teniendo lugar. No parecía que ninguno de los dos fuera a retirarse en algún momento cercano. (Una pantera y una serpiente. Ambos igual de peligrosos. Ambos depredadores. Pero completamente diferentes.)

-¿Cómo sabes el nombre de Primo? ¿Y cómo sabes el mío?- Preguntó Asari, tratando de bajar un poco la tensión, pues sabía que ambos jóvenes se mantendrían en silencio toda la tarde sí así se los permitían. Pero aún con sus palabras sutilmente llenas de llamas de lluvia, solo logrando aumentarla.

-Escucho rumores.- Lambo estaba impresionado con lo bien que mentía. Su mente instantáneamente bloqueo el conocimiento de que a cierto castaño aquello no le hubiera gustado.

-Mientes.- Los ojos de Giotto habían vuelto a su usual azul, pero su fría mirada seguía puesta en el azabache.

Lambo no respondió, en su interior maldiciendo la intuición Vongola.

-Nufufufu es un riesgo para la familia, matémoslo.- Daemon se levantó de su asiento, haciendo aparecer su tridente.

-Hmp.- Alude saco sus esposas para mostrar su concuerdo. Giotto iba a intervenir, pero antes de poder decir algo la voz de su prisionero lo interrumpió.

-Adelante.- Lambo alzó los hombros, quitándole importancia al asunto.

La primera generación frunció el ceño. Era cierto que no confiaban en el joven frente a ellos y más de uno tenía la tensión al tope por sus poco informativas respuestas, pero el escuchar un deseo de muerte tan sincero viniendo de alguien tan joven y que se parecía a su guardián del rayo, era...Desconcertante.

-¡No desprecies así la vida al EXTREMO!- Grito Knuckles, rompiendo el silencio que se había formado, su puño golpeando fuertemente la mesa.

-Lo tendré en cuenta. ¿Algo más que necesiten de mi, o puedo volver a mi tranquila vida? - Lambo casi bufo al final de su oración, pues su vida era todo menos "Tranquila".

-¿Llamas "vida" el vivir entre la basura?- Cuestionó Asari, una de sus cejas levantadas. Silencio fue toda su respuesta.

-¡No!- Todos en la sala giraron a ver al más joven de los guardianes. -¡Puede que seamos familia de sangre, nunca debes abandonar a la familia!- Lampo tenía los ojos cerrados, al igual que los puños, en los cuales estaba aplicando tanta fuerza que se estaban volviendo blancos. La mayoría de los guardianes le sonrieron tiernamente al más joven de ellos.

-Te asignare una habitación. Eres libre de explorar la mansión, sin embargo tendrás un guardia en todo momento. Si te alejas un segundo de su vista, no te agradarán las consecuencias. No puedes ordenar a nadie, todavía eres nuestro prisionero, recuerda eso. - Lambo gruñó ante las palabras de Giotto. Todos en la sala sabían que la remota posibilidad de que fuera familia de Lampo no era lo único que lo mantenía dentro de esa mansión. Giotto aún sospechaba de él y lo quería mantener bajo vigilancia.

-Sobra decir que el infringir cualquier regla terminara en la pérdida de estos privilegios y te encontrarás devuelta en tu celdas en menos de un pestañeo. ¿Entendido?- Los guardianes miraban a Lambo, esperando alguna reacción. Nada. No se movía, no hablaba… Incluso parecía no respirar.

-¿Lambo?- Hablo Asari, con voz suave y amable. El joven Bovino parecía haber salido de un trance al escuchar la voz del guardián de la lluvia. (Memorias. Memorias que invadían su cabeza y lo hacían desear poder expresar su dolor, poder sentir gotas saladas resbalando por su mejilla. Pero hacia mucho había perdido aquella habilidad.)

-...Sí. Claro. Lo que quieran...Pero… ¿Podrían regresarme mis cosas?- Alude cogió la bolsa que descansaba inocentemente contra sus pies y la vacío sobre la mesa. Todas las pertenencias de Lambo estaban ahí, incluida su ropa.

Lambo se acercó se movió por primera vez de su lugar junto a la puerta, su vista fija en un objeto. Sin embargo, antes de que pudiera cogerlo, Alude se interpuso.

La nube se mantuvo en silencio, pero su mirada fue suficiente para indicarle a Lambo que no le permitiría agarrar nada. La vacía mirada de Lambo pareció perder el último brillo que tenía.

-Alude.- La voz de Giotto era un susurro. Había perdido toda frialdad, que parecía haber sido remplazada por un poco de preocupación. Alude miró a su cielo, una de sus cejas alzada. Entre ellos hubo una pequeña comunicación silenciosa antes de que la nube gruñera y se moviera del lugar. Aún así se mantuvo cerca, para asegurarse que el prisionero no tomaría nada de lo que parecía peligroso.

Lambo lo miró con aquellos ojos carentes de vida antes de seguir su camino hasta donde se encontraban sus pertenencias, todos los ojos sobre él. Estiro la mano, agarrando un reloj de bolsillo. Por un segundo les pareció ver un rayo de felicidad en ese cuerpo sin vida, pero se fue tan rápido como llego.

Lambo paso una mano por los cuernos, provocando que Alude se acerca a forma de advertencia, pero el Bovino no los cogió, solo acariciando uno de ellos, donde una palabra en japonés estaba escrita. Luego se retiró de la mesa, volviendo a su lugar anterior.

-Lambo, te puedes retirar.- Giotto hablo de forma amable, pero su tono era claro que esperaba ser obedecido. Lambo asintió, saliendo del salón sin decir palabra, el guardia en la puerta siguiéndolo enseguida.

-Que joven más extraño.- G fue el primero en hablar, mientras que las miradas de todos seguían clavadas en donde el azabache había estado. Los otros no pudieron hacer más que asentir, estando de acuerdo.

-Como sea, tenemos otros asuntos que atender. ¿Cómo les fue en sus misiones?- Y así otra reunión de la Famiglia Vongola empezó.

~O0O~

Lambo caminaba por los pasillos de la mansión Vongola, apreciando la decoración. No eran muchas las diferencias que tenía con la mansión de su época, pero suficientes para que el joven Bovino se perdiera más de una vez. Aunque muchas otras veces fingió perderse, pues explicarle a su nueva niñera como conocía el lugar tan bien no estaba en sus planes. Se detuvo frente a una gran puerta de madera, reconociéndola de inmediato. Fingiendo curiosidad, abrió la puerta, escondiendo una pequeña sonrisa al encontrar lo esperado. Decorando la habitación había estantes y estantes de libros. Libros de historia, matemática, ciencia, ficción y todo género que la humanidad se hubiera inventado hasta el momento. A medida que crecía, el amor por la lectura crecía con él, y pronto esta habitación se había vuelto su favorita en toda la mansión. No solo por tener grandes cantidades de libros, pero también porque era uno de los únicos lugares en los que podía estar solo con Gokud-

No.

No se permitiría recordar.

(Cabellos plateados. Llamas de tormenta. Sufrimiento. Dolor.)

El joven Bovino recorrió toda la biblioteca, recogiendo cualquier libro que llamara remotamente su atención.

Horas después, Lambo aún estaba sentado en medio de pilas y pilas de libros, leyendo.

-Um.. ¿Lambo?- El mencionado alzó la cabeza del libro en sus manos para observar al nuevo integrante de la biblioteca.

-Lampo, ¿Se te ofrece algo?- Lambo habló lo más amable que pudo, después de todo no quería empezar una discusión. Y su libro estaba extremadamente interesante, pues contenía información que se había perdido con el pasó del tiempo.

-Emm… Veraz, normalmente paso las tarde aquí leyendo y pues…- Lampo paró por un momento, moviendo sus manos como si quisiera terminar su oración solo con gestos. Lambo, queriendo volver a su lectura, le hizo señas para que prosiguiera. Lampo se rasco la nuca, incomodo.

-Es ese...- Dijo finalmente, inclinando la cabeza en dirección al libro en la mesa al lado de Lambo. El azabache alzó una ceja antes de asentir, en silencio agarrando el libro y ofreciéndolo, sus ojos volviendo al papel frente a él. Lampo sonrió agradecido, cogiendo el libro y sentándose en el sillón contiguo. (Una oferta de paz. ¿Amistad quizás?)

Estuvieron en un cómodo silencio por un par de horas, hasta que un golpe en la puerta los distrajo. Después de un "Siga" de Lampo, una mucama entró en la habitación.

- Amo Lampo, Joven Lambo, la cena esta lista.- Lampo asintió, agradeciéndole a la mujer con una sonrisa, antes de levantarse. La joven dio una pequeña reverencia y salió del salón. El peli verde se dirigió a la puerta, pero al ver que su compañero no lo seguía miró para atrás. El otro joven estaba recogiendo los libros.

-Yare Yare. ¿Qué estás haciendo?- Preguntó Lampo, volviendo a la mesa.

-Organizando.- Fue la simple respuesta del otro hombre. ("Los libros son importantes. Cuídalos." Cabello plateado. Tormenta. Memorias.)

Lampo lo miró curioso por unos segundos antes de resignarse y ayudarlo, después de todo entre dos era más rápido. Pronto todos los libros estaban en sus respectivos estantes y los dos jóvenes se dirigían al comedor.

-¿Estás seguro que no somos familia?- Pregunto de repente Lampo.

(Familia...¿Qué es una familia? Sufrimiento. Dolor. Luto...Calor. Amistad. Seguridad. Memorias. Olvido.)

-Yare yare, no lo dejaras ¿O sí?- Lambo miró el techo, sus manos guardadas en los bolsillos de sus pantalones. Lampo encogió los hombros, negando la cabeza.

-No lo sé, de pronto tu padre le fue infiel a tu madre y yo soy el resultado. Aunque no sabría decirte con exactitud ya que mi madre murió poco después de mi nacimiento.- Casi verdades. Era a lo que se apegaría Lambo de ahora en adelante, después de todo era más fácil engañar cuando tú mismo casi creías la mentira.

Lampo miró sus opciones. Preguntarle a su padre estaba fuera de consideración, así que tendría que basarse en las apariencias.

-¡Entonces somos familia!- Paso un brazo por los hombros de Lambo, sonriendo felizmente. El Bovino se contuvo a sí mismo de responder violentamente, tratando de quitarle la tensión a sus músculos y calmar el fuerte latido de su corazón. (En una guerra no hay abrazos. En una guerra aquel que se distrae es el que primero cae. En una guerra todo intento de contacto físico es agresivo.) Lampo frunció el ceño ante la reacción del joven junto a él. Era la misma reacción de Deamon y Alude. La reacción de un soldado listo para la batalla, listo para la muerte.

Con un suspiro resignado, lo dejo pasar. Se aseguraría de comentárselo luego a Giotto.

Al entrar notaron que además de ellos solo faltaba la Nube y la Niebla. Lampo finalmente libero al otro de su agarre, dirigiéndose a su lugar. Lambo se sentó lo más lejos que pudo del resto de la familia, mirándolos a todos con cautela. (Un depredador en medio de otra manada peligrosa.)

-El resto de los guardianes no podrán acompañarnos.- La sonrisa de Giotto era amable, sus ojos pasando por todos sus guardianes con el cariño reflejado en ellos. Su mirada se detuvo en el azabache. El afecto que había invadido su mirada hacia unos segundos estaba notablemente ausente, pero aún así le regaló una amable sonrisa, haciéndole una gesto casi imperceptible para que se acercara. Lambo alzó una ceja ante la acción, pero aún así obedeció. (Pero en guardia. Siempre en guardia.)

Las charolas de comida finalmente llegaron. Grandes sonrisas aparecieron en las caras de casi todos los presentes, reflejando el hambre que tenían.

Grandes platos de comida fueron puestos frente a todos, hasta que la mucama llego al puesto de Lambo. Antes de que pudiera poner la charola en la mesa, el joven negó con la cabeza, declinando la comida.

-¡Ay por favor! ¡Juro que no te va a matar!- Dijo G, ya irritado por la paranoia del otro. Eran mafia, pero Vongola no era ese tipo de famgilia y el que los clasificarán en ese grupo sangriento de asesinos sin corazón, enojaba al mano derecha. Lambo río y aunque su risa sonaba normal y sincera, todos notaron como no llegaba a sus ojos.

-No es eso, estoy lleno.- Los guardianes alzaron una ceja ante esto. El Bovino había estado inconsciente desde el día anterior y no había asistido a ninguna comida excepto esta.

-¿De comer que?- Pregunto con su habitual sonrisa Asari.

- La cena que tuve antes de que me noquearan.- Todos los que tenían algo en la boca hicieron un gran esfuerzo para no escupirlo. -Fue una gran cena...- Murmuró Lambo al ver las reacciones de sus acompañantes.

-¿Te refieres al pedazo de pan y la botella de agua?- Preguntó Asari con calma, pues él había vigilado al Bovino desde que éste se alejó del callejón, y sabía con certeza que no había comido nada aparte de esto. Lambo alzó los hombros, asintiendo un poco y apartando la mirada.

-¡¿Eso es todo?! ¡¿Un pedazo de pan?!- G lo miraba incrédulo, al igual que el resto de los guardianes. Lambo suspiro, nuevamente asintiendo.

-Yare yare. ¿Te estás matando a ti mismo de hambre?- Lampo lo dijo con tono aburrido y despreocupado pero sus ojos delataban lo preocupado que estaba por la salud del otro. Lambo se rasco la cabeza, avergonzado.

-No… Solo no como mucho, ese pan es más que suficiente para dos semana.- El bovino se removió un poco en su asiento, incómodo ante las miradas de la primera generación. Finalmente Giotto suspiro, poniendo sus utensilios en la mesa y mirando a su guardián del Sol. Tuvieron una silencioso conversación antes de que este asintiera.

-Pues cambiaremos eso, no es bueno para la salud.- Dijo Knuckles, entrando en su estado doctor. El que no agregará su usual extremo al final de la oración fue suficiente para indicarles al resto lo severo de la situación.

-En serio, estoy bien.- Lambo se encogía en su silla, tratando de escapar de la atención y presión que en ese momento sentía.

-Vas a comer. No está a discusión. Empiezas inmediatamente. Además... Knuckles ¿Te importaría hacerle una revisión médica?- Esta vez fue Lambo el que casi se ahoga con su propia saliva al escuchar las palabras de Giotto.

-Yare yare… Vaya problema… Jajaj em, bueno yo me retiro…- Lambo se escabullo hasta la puerta, tratando de escapar. Una mano en su hombro detuvo su camino antes de que siquiera pudiera tocar la chapa.

-¿A dónde vas Lambo?- La sonrisa que le daba Asari ya no era amable y tranquilizante, ahora era más que un poco alarmante. Lambo apuntó débilmente a la puerta, provocando que Asari negara la cabeza y, con la mano aún firmemente en su hombro, lo guiará devuelta a la mesa.

-Si te has estado privando de comida por mucho tiempo, empezar con una gran porción causará problemas...¿Nos podrían dar una sopa por favor?- Knuckles murmuró para si mismo, gritando la ultima parte de su oración. En menos de dos minutos había un gran y caliente plato de sopa frente al resignado rayo.

Y así fue como Lambo comió todo lo que no había comido en siete años en un sola noche.

-¡Estaba delicioso! ¿No creen, chicos?- Lampo se limpiaba la boca mientras hablaba, muy satisfecho con la comida. Un gruñido desalentador sonó a su lado como respuesta.

- No podré comer nada en un año.- Se quejó Lambo, sosteniendo su cabeza con sus manos sobre la mesa. Con ese comentario se ganó varias miradas bastante asesinas. Alzo las manos en señal de rendición, haciendo que todos en el comedor rieran.

Es como estar en casa… Pensó Lambo con nostalgia. (Amor. Cariño. Felicidad. Cosas que hacía años había perdido y dudaba mucho que volvería a sentir.) Todos pararon de reír al ver la cara de su nuevo amigo/prisionero.

-¿Te pasa algo Lambo?- Le pregunto Lampo, una mueca de preocupación en su rostro. Lambo, al notar todas las miradas sobre él, solo sonrió, pero al contrario de lo que esperaba lograr, provocó que el resto fruncieran el ceño.

-Estoy bien. Si me disculpan, me retiró.- El azabache se levantó, murmurando un suave "Buenas Noches" antes de seguir su caminó, dandole un pequeño asentamiento como saludo al guardia que lo siguió el instante que abandonó la habitación.

-Es realmente difícil tratarlo con sospecha cuando aveces parece tan... vulnerable.- Comentó Giotto, dando un suave suspiro y recostándose sobre el espaldar de su asiento, sus brazos cruzados. Los otros solo pudieron asentir.

-Entonces no lo trates como un criminal.- Sugirió Lampo, ganando la atención de los demás. Al sentir todas las miradas sobre él, Lampo suspiro, mirando a su cielo a los ojos. -Es un buen chico. Callado y distante, casi que imposible ver alguna debilidad en él. Pero sus ojos lo delatan. Está roto por dentro Giotto... Solo necesita a alguien que lo ayude.- Finalizó Lampo. Asari y Knuckles murmuraron su concorde con el más joven, G se mantuvo en silencio. Giotto suspiro.

-Ya veremos.- Giotto sabía que su guardián estaba en lo correcto, sus instintos de cielo practicante le gritaban el que ayudará y protegiera a este dañado joven. Pero su precaución hacia la posibilidad de que este fuera un enemigo, lo detenía. Se resolvió en observar. Observar y esperar.

Espero les haya gustado.