Gracias a todos los que me están apoyando en esta historia. Los reviews, favoritos y seguidores de la historia me animan a continuarla. Una aclaración antes del capítulo, este fict NO ES YAOI, lo siento a los que les guste, pero no soy muy buena con el romance... :l
Ahora sí, a la historia. :3
¡Nos leemos!
Edit Finalizado
Giotto estaba sentado detrás de su escritorio, pilas y pilas de papel tapándolo de la vista de cualquiera. Gruño cuando escucho un golpe en la puerta, ese era la advertencia de más papeleo. El mayordomo dejo los reportes sobre la mesa y, mirando a su jefe con compasión, se retiró de la sala. El joven mafioso cogió el informe más cercano, pero antes de que pudiera leerlo, Alude entro en la habitación.
-¿Alude?- Cuestiono Giotto, una de sus cejas alzadas. No era extraño el que su guardián irrumpiera en su oficina, pero el joven Don sabía que su nube estaba cazando a los que habían lastimado a Lampo, por lo que el rubio no había esperado verlo en menos de dos días.
Alude se mantuvo en silencio, cerrando la puerta tras él y recostándose en la pared más cercana, su semblante, normalmente inexpresivo, ahora portaba un ceño fruncido. Y eso, en idioma Alude, significaba que estaba altamente irritado y enojado.
-Tengo a uno.- Gruño, sus brazos cruzados, sus ojos puestos en la ventana al lado derecho de la oficina. Giotto se mantuvo en silencio, pues esta información no podía ser lo que tenía a su nube en ese humor. – Lo interrogue. No sabe nada.- El rubio asintió, con completa confianza en las palabras del peli plata, después de todo nadie podía mentirle a Alude a la cara y sobrevivir. Giotto no había visto ninguna gota de sangre en el impecable uniforme del hombre, por lo que correctamente asumió que el prisionero seguía con vida.
Cuando el silencio se prolongó demasiado, Giotto alzo una ceja, insistiendo a su guardián a continuar.
-Fue o una familia aliada o Lambo.- Al ver la pregunta que se estaba formando en el cerebro del rubio, Alude continuo antes de que su cielo lo interrumpiera.- No muchas personas saben dónde están nuestros cuarteles. Como los descubrió Lambo sigue siendo un misterio.- El semblante de Alude se oscureció, pues esta era una de las pocas veces en las que había sido incapaz de encontrar una respuesta. El problema, sin embargo, era que Giotto solo aceptaba aliados que su súper intuición le dijera que eran confiables, era casi imposible que alguno los atacara, pero Lambo… Tendría sentido, después de todo, el joven había aparecido justo en el momento exacto para salvar a Lampo, y eso eran ya demasiadas coincidencias para los escépticos mafiosos.
- ¿Alguna idea sobre porque esta aquí?- Cuestiono, apoyando sus codos sobre la mesa y dejando su cabeza descansar sobre sus manos entrelazadas. Alude pareció momentáneamente indeciso antes de asentir.
-Diría que se quiere acercar a la familia. Atacarnos en cuanto sepa nuestro punto débil. Pero…- Alude no tuvo que terminar la oración para que Giotto le entendiera. Si ese era el caso, pues Lambo estaba haciendo todo lo contrario, tratando de irse tan pronto como había llegado.
-Dile a todos los guardianes que tengan cuidado alrededor de él y que lo mantengan vigilado.- Alude asintió y salió del salón sin articular palabra. Giotto se mantuvo en silencio varios minutos, pensando. Suspiro y, pasando su mano por su cabello, volvió a trabajar. Primero acabaría con las montañas de papeleo que parecían querer devorarlo antes de decidir qué hacer con su nuevo prisionero.
Lambo cerro los ojos, recostando su cara contra el frió cristal de la mañana, que recibía todos los ataques del helado viento de Italia. Pudo sentir el calor del sol mañanero acariciar suavemente su mejilla. No había dormido en toda la noche y ahora su cuerpo se estaba quejando. Sentía sus parpados pesados y su cuerpo débil. Pero por mucho que su cuerpo le rogara por un poco de descanso, Lambo era incapaz de dárselo. (Memorias. Sangre. Tanta sangre. Sus sueños habían dejado de ser maravillosas esperanzas del futuro para convertirse en horribles memorias del pasado.)
Se levantó lentamente de su asiento, lamentando momentáneamente la pérdida del frió de la mañana antes de que el horrible dolor de cabeza que lo había estado atacando toda la noche se hiciera notar nuevamente. Aquello era resultado de las muchas horas que estuvo pensando como su viaje cambiaría el futuro. (¿Sería tan malo? ¿Cambiar cuatrocientos años de historia para que ocho personas vivieran más de lo que lo habían hecho?). A fin de cuentas, las infinitas posibilidades le habían creado una irritante migraña.
Masajeándose la sien, camino al baño, dándose una ducha que, para su desaliento, tomo más de lo esperado, pues los baños hacía cuatrocientos años eran increíblemente diferentes. Al salir volvió a su asiento junto a la venta, ahora con un libro en mano. No mejoraría su dolor de cabeza, pero al menos lo detendría de pensar en cosas…Indeseadas. Lastimosamente no alcanzo a siquiera abrir el libro pues, segundos después de haberse sentado, su guardia/niñera entró a la habitación, avisándole del desayuno. Hizo una mueca al pensar en comida y en las palabras de Giotto el día anterior. No importaba lo que Knuckles dijera, Lambo estaba seguro que comer le hacía más daño que el pasar días sin bocado. Dándole una sonrisa y una pequeña negación de cabeza, Lambo espero que esto fuera suficiente para que el guardia se fuera. El guardia, sin embargo, no pareció estar muy de acuerdo con su decisión, pues solo alzo una ceja mientras se mantenía firmemente en el marco de la puerta. El joven suspiro, adivinando que su niñera tenia ordenes de llevarlo al comedor. Con resignación volvió a guardar su preciado libro antes de seguir al guardia.
-Lambo.- Lo saludo Giotto en cuanto entro. Dando un pequeño asentimiento de cabeza en respuesta, el joven azabache camino hasta una silla lo suficientemente lejos para poder defenderse pero lo suficientemente cerca para no parecer poco amigable.
Internamente, se preguntó qué había pasado desde la noche anterior para que las miradas de sospecha estuviesen triplicadas hoy. El tenso ambiente prácticamente se podía cortar con un cuchillo.
Al llegar los sirvientes con las charolas, Lambo declino la comida , un poco decepcionado pero no sorprendido cuando la joven que lo servía lo ignoro por completo. Lambo suspiro, alzando la mirada de forma suplicante hacía la cabecera de la mesa, donde Giotto lo miraba con una ceja alzada, claramente esperando que empezara a comer. (No importaba el que fueran extraños. Lambo era un rayo, un rayo joven. Un elemento perdido, roto y lastimado. Giotto era un cielo, por lo que se le hacía imposible ignorar al claramente destrozado rayo.)
Ante la intensa mirada del mayor, Lambo comió un vacilante bocado, jugando un poco con la comida antes de continuar.
-Lambo.- El azabache alzo la cabeza con rapidez, dichoso ante cualquier distractor. Fijo sus ojos en Asari, el dueño de la voz.
- Nunca te había visto en el pueblo. ¿De dónde vienes?- Asari tenía su usual sonrisa, su voz sonando tranquila y amigable, aunque no fue suficiente para esconder la sospecha tras ella del joven Bovino.
- Nací aquí en Italia pero a los cinco me mudé a Japón… A los quince empecé a viajar por varios lugares.- Era lo más cercano que Lambo se podía acercar a la verdad, e internamente deseo que fuera suficiente.
- ¿Alguna razón en particular para venir a Italia?- Esta vez preguntó G, quien ni siquiera se molestó en ocultar la sospecha en sus ojos. Lambo frunció el ceño, dándole una rápida mirada a la mesa para confirmar que todos portaban la misma mirada sospechosa, unos más disimulados que otros. Recostándose en la silla, cruzo los brazos, dando un pequeño suspiro cansado.
-Vayámonos sin rodeos. ¿Que quieren? – Demando el menor, observando a la primera generación con exasperación. Estos compartieron una mirada, una conversación silenciosa pasando entre todos antes de que al parecer llegaran a un acuerdo, pues todas las miradas se posaron nuevamente sobre el azabache.
- Lambo, ¿Fuiste tú el que mando a esas personas a atacar a Lampo?- Giotto clavo sus, ahora anaranjados, ojos en el menor, observándolo con seriedad. Lambo simplemente alzo una ceja en respuesta.
-¿Es enserio?- Preguntó, una sonrisa burlona apareciendo en sus labios. Cuando los único que lo recibió fue el silencio, Lambo no pudo evitar dejar salir una pequeña risa incrédula.
-¿Te parece gracioso el que nuestro rayo haya sido atacado?- Cuestiono Knuckles con un tono peligroso. Inmediatamente Lambo paro de reir, alzando las manos en señal de paz. El Bovino no tenía ninguna intención de enojar a un ya irritado conjunto de elementos.
Suspirando, evaluó su alrededor, en caso de que tuviera que hacer una imprevista huida. La primera generación estaba tensa, nerviosa, pues eso solía pasar cuando uno de sus elementos era atacado. Y Lambo no estaba muy seguro de que sería capaz de convencerlos de su inocencia, después de todo, desde un punto de vista imparcial, él se veía bastante sospechoso.
-No.- Respondió finalmente, disimuladamente alejando un poco la silla para tener más espacio al tiempo de correr. –No me parece gracioso y yo no lo ataque.- Finalizo.
Hubo unos minutos de silencio, en los que Lambo no estaba muy seguro si debía huir o esperar el veredicto. Al final, deseo haber corrido, pero por una razón muy diferente a la que había pensado.
-¿Por qué viniste a Italia?- Giotto fue quien pregunto. Sus guardianes, aunque se veían igual de confundidos que Lambo, optaron por no comentar. Lambo frunció el ceño, no muy seguro de a que quería llegar Giotto con esto.
-¿Por qué es eso importante?- Murmuro, su cuerpo nuevamente representando una cascara vacía de emoción mientras las memorias atacaban su mente. Los Vongola fruncieron el ceño, pues podían sentir las llamas del joven que luchaban por salir de su control, que gritaban por ayuda.
-Lambo.- Por un momento, el Bovino fue incapaz de responder, las memorias que atacaban su cabeza arrebatándole el aliento. ("Lambo." Un joven con castaño cabello abrazo al pequeño niño, con cariño acariciando su cabeza. "Shh Lambo. Todo va a estar bien".) (Pero nada, nunca, estuvo bien otra vez cuando aquellos cálidos abrazos le fueron arrebatados.)
Y tan rápido como llego, el momento se fue. El mundo volvió a aclarase, su mente volvió al presente y, por primera vez en mucho tiempo, Lambo sintió que, quizás, no sería capaz de controlar las lágrimas que amenazaban con salir. Apretando sus puños, uso el mecanismo de defensa que había aprendido hacía mucho tiempo. Le negó a su cuerpo completamente los sentimientos. Y la poca vida que sus ojos habían recuperado al estar aquí, se desvaneció.
El momento, aunque rápido, no pasó desapercibido para la primera generación. Knuckles, incluso, ya se había levantado de su asiento, cuando una voz tan monótona y vacía que no parecía humana, salió de la boca del menor.
-Estoy huyendo. No necesitan saber nada más. Ahora, si me disculpan.- El azabache se levantó, su largo cabello cubriéndole los ojos. Antes de que pudiese dar un paso lejos de la mesa, otra voz lo detuvo.
-No has acabado de comer.- Comento Giotto, quien por fuera se veía tan calmado como siempre, pero por dentro luchaba contra sus propias llamas para evitar que estas rodearan al Bovino sin previo aviso. El cielo no sabía que le había pasado a aquel rayo, pero si forzándolo a comer era la única forma en que lo podía ayudar en este momento, pues le daría cucharada por cucharada si era necesario.
Todo rastro de sospecha contra el joven azabache fue olvidado. Al menos por el momento.
Sin decir palabra, Lambo se volvió a sentar, su mirada fija en el plato frente a él. Lentamente todos volvieron a sus propias comidas, el ánimo general, lentamente, mejorando. Internamente, todos lo consideraron un logro cuando Lambo alzo la mirada a mitad de la comida para dar una suave y vacía sonrisa. Al menos había salido del trance que aparentemente se había apoderado de él.
Al finalizar la cena, Alude y Deamon desaparecieron. El resto, sin embargo, se quedaron en la mesa, disfrutando de las charlas después de la comida.
-Giotto.- Lambo lo llamo suavemente. Aun así atrajo la atención de toda la mesa, pues era la primera palabra que decía desde su extraño momento.
El rubio alzo la mirada, clavándola en el menor. Lambo se removió un poco en su asiento, incomodo al notar un poco del cariño que normalmente estaba en los ojos de Giotto al mirar a sus guardianes, dirigido a él. Suspiro en alivio, sin embargo, cuando fue capaz de ver un poco de sospecha en las esferas azules. Sospecha era una emoción con la que sabía tratar. ¿Cariño? No tanto. Había pasado un tiempo desde que alguien lo había mirado de esa forma.
-Yo…No fui quien ataco a Lampo.- Mantuvo sus ojos fijos en los del rubio, tratando de hacerle entender mediante esto su sinceridad.
Giotto le dio una suave sonrisa pero, antes de que pudiese responder, una explosión lo interrumpió.
Inmediatamente todos se levantaron, la mayoría con sus armas fuera. Lambo fue el primero en llegar a la puerta, pero una mano en su hombro lo detuvo de continuar el trayecto.
-No.- Sentenció Giotto, sus ojos de un brillante anaranjado. El cielo se había encariñado un poco con el rayo, pero aún no confiaba lo suficientemente en él para permitirle luchar junto a su familia. Además, tampoco sabía si el joven azabache era lo suficientemente fuerte para sobrevivir una pelea de la mafia.
Lambo, sin embargo, tenía la mente en otra época, otro tiempo, donde no había tiempo de dudar, donde la duda llevaba a la muerte. Un tiempo, donde el mundo estaba en guerra. Por lo que en respuesta, apartó su hombro bruscamente del mayor, para después correr al lugar de la conmoción. Lampo fue el primero en seguirlo.
Llegaron, casi que al mismo tiempo, al corredor donde las salas de interrogación se hallaban. Los pasos de los otros guardianes se escuchaban a sus espaldas, pero la mirada de ambos jóvenes estaba sobre el hombre encadenado, quien estaba de pie junto a una destruida puerta. El prisionero había escapado.
Los dos rayos se pusieron en posición de batalla, causando solo una sonrisa burlona por parte de su enemigo. (Luego, Lambo culparía a la falta de descanso, por desastroso resultado.) Antes de que alguno de los dos pudiese reaccionar, el muro junto a ellos estalló, mandándolos a volar.
Lambo cayó sobre el ahora roto cristal de la sala, junto con los escombros del recientemente destruido lugar. Lampo aterrizó sobre él, sacándole el aire por completo.
-¿Están bien?- Cuestionó Knuckles, agachándose junto a los dos caídos.
Lampo negó la cabeza, poniendo sus manos de forma protectora sobre su costa. Knuckles frunció el ceño, con delicadeza moviendo al peli verde de su posición sobre el azabache. Lampo se mordió el labio para evitar que un sonido de dolor saliera de sus labios, sin embargo su expresión reveló cuan lastimado estaba.
-Dos costillas rotas, mínimo.- Murmuró Knuckles, ignorando los sonidos de golpees provenientes de la lucha entre el guardián de la nube y el prisionero escapado.
El doctor giró la mirada para revisar a su otro paciente, pero el joven ya se había levantado. Parecía no notar los muchos vidrios clavados que tenía, y las obvias lesiones por todo su cuerpo.
-Yare Yare... Tienen un amigo un poco violento. ¿No lo creen?- El azabache bostezó, observando al enemigo de forma desinteresada.
Este, sin embargo, se detuvo al escuchar la voz del rayo. Alude aprovechó la oportunidad para golpear sus rodillas, provocando que el hombre cayera arrodillado. Aun así, este todavía mantenía sus ojos sobre el azabache.
-Vendrán más.- Y después de esas inquietantes palabras, el hombre cayó inconsciente, para nunca más volver a despertar.
-Eso fue... Raro.- Comentó Lambo después de unos segundos de silencio. Al no escuchar repuesta, el joven miró para tras, donde los guardianes, menos Deamon, quien había desaparecido hace poco, y Alude, quien estaba recogiendo el cuerpo inconsciente, estaban alrededor de Lampo. Sus miradas, sin embargo, estaban fijas en él.
-¿Pasa algo...?- Preguntó, un poco confundido. Alzó una ceja cuando los Vongola solo continuaron su silencio. -¿Estás bien Lampo? Esa fue una fea caída.-
Finalmente Knuckles pareció salir del hechizo que los había mantenido a todos callados.
-¿Que carajos estás haciendo? Te estás desangrando al moverte tanto!- Exclamó el médico, forzando al joven a sentarse mientras lo hacía. Lambo tildo la cabeza, confundido. Finalmente bajo su mirada, por primera vez viendo la sangre que manchaba su ropa.
-Ha perdido demasiada sangre. ¡Asari! ¡El botiquín!- Demandó Knuckles.
("¿Mama? ¿De quién es toda esa sangre Mama?")
-Lambo, tienes que mantenerte despierto.- Ordenó el médico, golpeando un poco la mejilla del menor. Su voz, para al azabache, sonaba lejana y entrecortada.
("S-Solo es un rasguño Lambo-kun" Amables ojos cafés, llenos de dolor, ojos cafés que luchaban por mantenerse vivos y brillantes.)
-Todo estará bien, Lambo.- Murmuró Knuckles, mientras que con otras dos enfermeras lo subía a una camilla.
("Todo estará bien, Lambo-kun." Pero sus ojos. Sus ojos decían lo contrario.)
Finalmente, el azabache se dejó caer en la inconsciencia.
Abrió los ojos con lentitud, inmediatamente volviéndolos a cerrar al sentir la luz atacarlos. Gruñó, girando su cabeza a la pared, evitando el brillo del sol. Nuevamente intento abrirlos, esta vez siendo capaz de enfocar la habitación en la que se encontraba.
La enfermería estaba tan blanca como siempre, el olor estéril de la medicina penetrando el ambiente. Una sonrisa débil se posó en sus labios al ver a la mayoría de su famiglia rodearlo, todos estaban dormidos. Bostezó, con claras intenciones de volver a dormir, pero un ruido a su lado causó que finalmente girará la cabeza hacia el lugar donde el sol más brillaba.
Ahí, junto a él, había otra cama. Esta estaba ocupada por Lambo, quien tenía el cuerpo rodeado de vendas. Aun así sus ojos estaban abiertos.
-¿No deberías estar durmiendo?- Comentó en un susurro, no queriendo despertar a los hombres que lo rodeaban. Lambo se giró a verlo con expresión aburrida, sin embargo al joven peli-verde le pareció ver marcas de lágrimas en sus mejillas.
-Estoy bien.- Respondió con firmeza, una suave sonrisa en sus labios. Lampo frunció el ceño al notar cuan vacía y falsa era.
-Si llamas una concusión, cuatro costillas rotas y varias heridas en otros lugares "bien", no quiero saber que es mal para ti.- Lampo habló con sarcasmo, mirando a su-posible-familiar con una ceja alzada.
Lambo rodó los ojos, dejándole saber exactamente qué pensaba de su comentario. Lampo río un poco, agarrando su costado poco después. Su pobre cuerpo no estaba listo para risas.
-¿Qué estás haciendo?- Exigió cuando el dolor volvió a un nivel normal para su tolerancia. Lambo se había sentado en su camilla, el pie que actualmente estaba poniendo en el suelo dejando claras sus intenciones de irse.
Lambo no respondió, poniendo el otro pie fuera de la cama y levantándose sin esfuerzo. Si Lampo no supiera que el joven azabache estaba muy lastimado, nunca lo hubiera descubierto. El Bovino se movía con gracia y elegancia, como si sus heridas fueran inexistentes.
-¡Lambo!- Exclamó, intentando levantarse pero pronto fallando en el intento, el dolor mandándolo contra las almohadas. Esta vez, sin embargo, no mantuvo su voz en el suave suspiro con el que habían estado hablando, por lo que suspiró con alivio al escuchar a su familia lentamente despertándose.
Lambo, en cambio, gruñó irritado, caminando más rápido hacia la puerta de la enfermería. Y aunque sus movimientos no lo mostraban, era obvio que sus heridas provocaban que su velocidad bajara.
-¿Cómo te sientes, Lampo?- Preguntó Knuckles, quien fue el primero en acercarse al peli verde. El mencionado abrió la boca, con intenciones de advertir al médico de su huyente paciente. Sin embargo, el sonido de la puerta cerrándose lo interrumpió. El médico le dio una pequeña mirada a la fuente del ruido, confundido, antes de devolver su atención a Lampo.
-¿Qué crees que estás haciendo, chiquillo?- Cuestionó G, una de sus cejas alzadas mientras miraba como Knuckles forzaba al joven a recostarse, pues al cerrarse la puerta el peli verde había intentado levantarse.
-Lamb...- Lampo gruñó cuando nuevamente otra persona lo interrumpió. Se dejó caer en la cama, cruzando los brazos y dándoles una mirada, esperando transmitir su irritación.
-¿Dónde está Giotto?- Preguntó Asari, levantándose de su silla y estirándose con pereza. La lluvia, el sol y la tormenta estaban claramente ignorando el comportamiento infantil del menor.
-Tch. Trabajando, como siempre. Se fue hace unas horas.- Respondió G, sacando un cigarrillo de su bolsillo. Esto causó que Knuckles le diera una mala mirada, mientras a empujones lo sacaba de la habitación, pues "¡Una enfermería no es lugar para fumar, G!"
Asari y Lampo rieron suavemente ante el común argumento. Cuando las voces ya no se oían a través de la puerta, la lluvia se giró hacia el peli verde con una sonrisa.
-Descansa.- Y sin esperar respuesta, el japonés salió del lugar.
Lampo rodó los ojos, nuevamente acomodándose en la cama. Cerró los ojos, intentando dormir, pero la sensación de que algo se le olvidaba no le dejaba conciliar el sueño.
-¡Lambo!- Se levantó de golpe de la cama, segundos después volviendo a caer en ella debido al dolor.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Lambo suspiró, recostándose sobre la pared más cercana. Su mente estaba automáticamente ignorando el dolor en su cuerpo, pues de lo contrario el joven azabache hubiera muerto hacía mucho, sin embargo el cansancio, a menos que estuviera en mitad de una pelea, no podía ignorarse tan fácilmente. Recorrió con los ojos el pasillo en el que se encontraba. En el futuro probablemente había sido destruido, pues Lambo no lo recordaba de su propio tiempo en la mansión, pero por el recorrido que había hecho en los últimos días, sabía que estaba cerca de la biblioteca.
Un libro, sin embargo, no era lo que quería en esos momentos. Sabía que la primera generación no estaría muy contento con él, sobre todo Giotto, pues en el corto tiempo de 24 horas había desobedecido todas las reglas que le habían implantado, además de ignorar la orden de no luchar. Por ende, el Bovino tenía toda la intención de disfrutar del poco tiempo que tenía como hombre libre.
Miró la ventana a unos metros de él. Estaba en el segundo piso, por lo que sabía que no sería demasiado difícil llegar al jardín. Observando su alrededor y notando que no había nadie cerca, Lambo suspiro. Igualmente, en caso de que cayese mal, no tenía nada que perder.
Levantándose de su lugar recostado, el joven camino a la ventana, abriéndola de golpe y disfrutando el golpe de viento que atacó su rostro. Respiró profundamente, aún no muy acostumbrado al limpio aire que tenían en esta época. Con una pequeña sonrisa, se subió al marco de la ventana, poco después saltando de esta.
Por un segundo, se dejó creer que estaba en su tiempo, practicando acrobacias con una joven china de traje rojo. Su fantasía, sin embargo, acabo demasiado pronto para su gusto, pues poco después de saltar, sus pies tocaron suelo. Se aseguró de que nadie lo hubiera visto aterrizar antes de seguir su camino.
La brisa de tarde fue reconfortante sobre su caliente cuerpo, el hecho de que su temperatura estuviese alta debido a una posible fiebre, nunca pasó por su cabeza. Cerró los ojos, permitiendo que sus instintos los guiarán a travez del enorme jardín. Sintió la tierra hundirse bajo su peso, los animales moviéndose sin preocupaciones por el extenso terreno.
Cuando abrió los ojos nuevamente, se encontró cerca de un pequeño lago, una solitaria banca a uno de sus lados. Sin prensarlo mucho, el Bovino camino a ella, recostándose para luego volver a cerrar los ojos.
Los sonidos de la naturaleza, extrañamente calmada a esta hora del día, junto con el suave viento que revolcaba su rizado cabello, permitió que sus músculos se tranquilizaran.
Y, por primera vez en diez años, se quedó dormido con un sentimiento de paz rodeándolo.
Espero les haya gustado. Si quieren que algo en específico pase en la historia avísenme, yo trato de incluirlo.
¡Díganme sus opiniones!
¡Nos leemos!
