Gracias a todos los que siguen/favorito y o me dejaron un review. Los adoro! :3 Despues de este capitulo no seguire tan seguido pero !Tranquilos! No abandonare ninguna historia! Ahora si...

Nos leemos!

Edit Completado 14/08/2017

Las notas de autor están iguales a cuando lo publique la primera vez, aunque puede que agrege cosas, pero eso siempre sera después del "Edit Finalizado"


Lambo paso de la inconsciencia la consciencia en cuestión de segundos, todos sus sentidos alerta. Un casi inaudible "crack" sonó a unos pocos metros de él. Levantándose rápidamente de la banca, Lambo ignoro el dolor de sus heridas, girando su cuerpo hacía la posición de su posible enemigo. ¿El White Spell, quizás? ¿O el Black Spell? ¿Cómo había podido ser tan estúpido como para quedarse dormido en un lugar tan vulnerable?

-Joven Lambo.-Una mujer con traje de enfermera se acercaba al azabache, una grande y puntiaguda aguja en su mano. Lambo pestañeo un par de veces, su mente volviendo al presente en segundos. Suspiro derrotado, pasando una mano por su cabello y preguntándose si alguna vez sería capaz de pasar un día sin memorias y paranoia atacando su mente. Lo dudaba.

-Señora Beluchi. ¿Necesita algo?- Cuestiono, observando con cautela el contenido de la aguja. Un líquido naranja, un poco espeso. Un tranquilizador, si su memoria no le fallaba. Con una sonrisa nerviosa, el Bovino alzo las manos en señal de paz, alejándose un poco.

-¿Se podría saber qué hace fuera de su cama?- Pregunto la mujer, un brillo peligroso en sus ojos, su sonrisa sádica recordándole con fuerza a la de Muku-…A la de él. (Ilusiones, risas, familia. Destrucción, sangre, adiós.) Sacudió la cabeza, dando varios pasos atrás al notar que en su pequeño lapso de atención, la mujer se había acercado más.

-Vera Señora Beluchi…Yo…-Las excusas, sin embargo, se le habían aparentemente acabado, pues su cerebro era incapaz de formar una. Reviso su alrededor con lo más cercano a desesperación que se permitiría sentir. Al ver un camino entre los árboles, no tuvo que pensarlo mucho antes de salir corriendo.

Escucho una suave exclamación enojada de la enfermera, lo que solo provoco que corriera más rápido. Y aun así, aterrado y desorientado, pudo sentir el cambio en el ambiente. Un leve rastro de llamas de niebla rodeo el lugar.

Paró en seco, con ojos sospechosos observando su alrededor. Para el ojo común, todo estaba exactamente igual que siempre. Para Lambo, quien había tenido a dos de los mejores ilusionistas de la historia como sus hermanos de alama, le fue obvio los pequeños movimientos en la tierra que no eran del todo normal, los casi imperceptibles brillos en los árboles que parecían un truco del sol. Tomo una fuerte bocanada de aire, ignorando por completo lo que sus sentidos le decían, en vez, siguiendo su instinto.

Cerró los ojos y empezó a caminar, concentrándose en alejarse lo más posible de las llamas. No fue más que un par de segundos antes de que la sensación de que su mente le mentía desapareciera. Demasiado rápido para haber sido natural. Lambo mantuvo sus parpados cerrados como precaución, tomando una posición de batalla.

-Nufufufu…Interesante, lograste salir de mi ilusión.- Escucho una voz a su derecha. Inclinando su cuerpo ligeramente, se preparó para defenderse desde cualquier lado, después de todo, no te podías confiar cuando de nieblas se trataba.

Daemon frunció un poco el ceño, apretando su arma con más fuerza. Honestamente, la niebla no tenía nada contra el joven rayo, pero sus orígenes eran inciertos. Y por más que sus instintos le pidieran reparar al quebrado muchacho, el conocimiento de que podría ser peligroso para su familia lo hacía mantenerse alejado. Todavía no sabían quién había atacado a Lampo y la posibilidad de que el culpable fuera el azabache frente a él era todavía muy grande.

Por eso, maldijo esa parte de él que quería calmar al rayo, asegurarle que no había riesgo alguno. Giotto tenía el corazón muy suave y si Deamon debía actuar como villano para mantener a su familia a salvo…Pues así seria.

-¿Alguna razón para meterme en una de tus ilusiones?- Finalmente hablo Lambo, aparentemente habiendo ignorado por completo el comentario de Deamon.

El azabache tomo un suave respiro antes de abrir los ojos. Se forzó a sí mismo a mantener su mente en el presente. No había peligro, nada lo atacaría aquí. No estaba en medio de una guerra. (No estaba seguro si recordaba como estar en paz, con la certeza de que nadie moriría.)

Deamon mantuvo su aire de aristócrata que le había dado fama de un hombre frió y peligroso, ocultando lo incomodo que se sentía al escuchar una voz tan monótona y…vacía viniendo de alguien tan joven. Una voz que reconocía por los muchos veteranos a los que había conocido, pero este chico…No parecía tener la edad para enlistarse, mucho menos para ser un veterano.

-¿No estarás pensando en escapar, o si? ¿No deberías tener a un guardia contigo?...Después de lo amables que hemos sido.- Su voz era burlona pero sus ojos se mantenían alertas. Deamon solo se había acercado al joven porque este se había acercado demasiado al perímetro de la propiedad. Claro que no le diría ese pequeño detalle, no había necesidad de hacérselo más fácil si el azabache realmente estaba intentando huir.

Lambo le dio una mirada a su alrededor, finalmente notando lo cerca que estaba de la reja. Rasco su cuello de forma avergonzada, bajando un poco la cabeza. Honestamente, no había tenido intenciones de acercarse tanto al límite, pero en su tiempo el territorio era más grande.

-Lo siento. Una...uh…Enfermera me está persiguiendo. Es un poco aterradora.- Lambo alzo los hombros, dejando que su cuerpo cayera de la pose defensiva para recostarse contra un tronco. Las heridas estaban siendo más molestas de lo esperado.

Deamon hizo un vano intento por ocultar su sonrisa. Elena había tenido la idea de enseñar y darle trabajo a la mayoría de las mujeres en la mansión. Todas habían aprendido un poco de Elena y eran completamente aterradoras cuando se enojaban.

Al ver al azabache finalmente relajarse una fracción, Deamon permitió que las llamas que lo ocultaban desaparecieran, encontrando su propio árbol frente al otro joven para recostarse.

-A las enfermeras normalmente no les gusta que sus pacientes huyan.- Deamon alzo una ceja, sus labios ligeramente alzados mientras que con su cabeza apuntaba a la bata de hospital que Lambo todavía tenía puesta.

El Bovino ni siquiera se dignó a parecer avergonzado, simplemente alzando los hombros para quitarle importancia al asunto.

-Está un poco loca.- Comento el menor, nuevamente ignorando el comentario de la niebla. Deamon rodo los ojos, dejando que una pequeña risa saliera de sus labios.

-Algunas pueden ser un poco…violentas.- Concordó. Lambo bufo con gracia, haciendo ademan para cruzar los brazos, pero deteniéndose a medio camino, una pequeña mueca en sus labios. Deamon frunció el ceño, dirigiendo sus ojos a las vendas en el pecho del menor.

-Hubiera sido bueno tener una advertencia.- Respondió Lambo, tratando de mantener la conversación ligera, pero Deamon había notado su pequeña muestra de dolor y no parecía inclinado a dejarlo pasar. Lambo suspiro internamente. Normalmente esto no era nada y podría ocultarlo hasta dormido, pero le habían dado algo para el dolor en la enfermería y este siempre era peor cuando la droga finalmente salía de su sistema.

Sin decir palabra, el mayor se levantó. Alzo una ceja e hizo un pequeño ademan con la mano, dejando claro sus intenciones. Lambo frunció el ceño, negando la cabeza, pero Deamon no se inmuto hasta que el menor finalmente suspiro, empezando a caminar devuelta a la mansión, la niebla siguiéndolo.

-No es necesario que vuelva a la enfermería.- Quiso persuadir el oji verde, completamente en vano, pues Deamon no hizo más que darle una mirada que claramente le ordenaba a seguir caminando.

-Soy yo o la enfermera, tú eliges.- Lambo, sabiamente, se mantuvo en silencio tras ese comentario.


Siguieron su camino en silencio, Deamon con el ceño ligeramente fruncido, pues cuando había intentado entrar en la mente del menor durante la trayectoria, se había encontrado con un enorme muro inquebrantable.

Estaban cerca de la enfermería cuando G paso corriendo junto a ellos, la irritación prácticamente irradiando de él. Deamon agarro su brazo antes de que pudiera pasarlos completamente, la pregunta clara en su rostro.

G frunció el ceño al ser detenido repentinamente, pero al ver al responsable, simplemente cruzo los brazos, dando un suspiro exasperado.

-Lo hizo de nuevo.- Gruño. Deamon se detuvo a si mismo de golpear su frente con su mano, haciendo un sonido exasperado. Sin decir palabra los dos guardianes empezaron a caminar hacía la oficina de su cielo, muecas irritadas en ambos rostros.

Lambo los observo irse antes de mover su mirada a la puerta blanca de la enfermería. Alzando los hombros, decidió seguir a los mayores, prefería eso a enfermeras psicóticas con enormes agujas.

Al notar su compañía, G le dio una mirada curiosa a Deamon, quien respondió negando la cabeza. Tenía toda la intención de devolver el rayo a la enfermería y había planeado poner algunas alarmas con sus llamas alrededor de esta, pero ahora no tenía tiempo y sabía que el menor simplemente volvería a huir si lo devolvían sin más. Por ahora lo mantendría cerca, no vaya a ser que el idiota se desmalle por sus heridas en algún corredor abandonado y poco transitado. Hizo una nota mental para hablar con Giotto sobre la seguridad, pues si el Bovino, herido y desorientado, podía escapar tan fácil de su guardia, obviamente no estaban haciendo un buen trabajo.

G asintió como respuesta, siguiendo el camino a la oficina de su jefe.

Al llegar, se encontraron al resto de los guardianes, todos con expresiones ligeramente irritadas y divertidas en sus rostros. Le dieron miradas confundidas al azabache, pero ninguno comento. En ese momento había mayores prioridades.

Deamon miro a Lambo directo a los ojos, inclinando su cabeza ligeramente hacía el sofá en la habitación. El azabache rodó los ojos, pero obedientemente se sentó.

-¿Nada?- Cuestiono Asari, quien tenía una pequeña sonrisa en los labios y parecía ser el único que encontraba solo humor en la situación. G negó la cabeza, su ceño fruncido haciéndose más prominente. El resto de los guardianes gruñeron ante su respuesta.

-Tendremos que dividirnos. Me importa un carajo que Giotto odie el papeleo, ¡Tiene que hacerlo!- Los otros guardianes asintieron con determinación. Deamon estaba seguro que la única razón por lo que les importaba tanto era porque de lo contrario les tocaría a ellos hacer el papeleo.

Sin decir más, los guardianes se esparcieron por la mansión, buscando a su rebelde jefe, quien insistía en escapar de todas las responsabilidades que tenían relación con papeles y bolígrafos. Buscaron a su amado cielo toda la tarde, el aura asesina a sus alrededores creciendo con cada segundo que pasaba.

Lambo disfruto del show, comiendo pastelitos y tomando el té.

Cuando horas después todos los guardianes se reunieron nuevamente en la oficina, agotados e irritados, Lambo se compadeció de los elementos. Levantándose un poco, llamo la atención de los mayores.

-Giotto no ha salido de esta habitación en toda la tarde.- Con un asentimiento satisfecho y su trabajo hecho, Lambo se volvió a sentar, disfrutando nuevamente de su pastelito. Esto, sin embargo, no duro mucho, pues podía sentir las miradas de todos los guardianes sobre él. Con un suspiro de remordimiento, dejo su pastelito sobre el plato, devolviendo su atención a los mayores.

Todos lo miraban con variantes grados de incredulidad, claramente notando la falta de Giotto en la oficina.

Lambo rodó los ojos, levantándose del sofá con poco esfuerzo, lo cual provoco una mirada de reproche por parte de los mayores, pero Lambo las ignoro como solo alguien acostumbrado a ellas podría.

Cerro los ojos y dejo que sus llamas se esparcieran, rozando ligeramente las llamas a su alrededor. Tormenta (Explosivo. A salvo.) Lluvia (Despiadado. Alegre) Sol (Peligroso. Brillante.) Niebla (Manipulador. Seguro) Nube (Temperamental. Protector.) Y…Ah. Lambo abrió los ojos, caminando hacía el escritorio del jefe y agachándose tras él. Ahí, recostado en el pequeño espacio, estaba Giotto. Cielo (Hogar).

-Lo encontré.- Murmuro el rayo con una pequeña sonrisa, tratando de no despertar al rubio.

Sus intentos fueron completamente inútiles, sin embargo, cuando los guardianes mandaron la mesa volando, el estruendo de esta al golpearse contra la pared provocando que Giotto se levantara de un salto.

-¡Nooooo! ¡Más papeleo!- Exclamo dramáticamente al ver el desastre que ahora era su oficina. Los guardianes rieron mientras G agarraba el cuello de la camisa de su jefe, levantándolo de un jalón.

-¡No puedes huir cada vez que no quieres hacer papeleo!- Exclamo, sacudiéndolo un poco. Esto provocó un puchero por parte del cielo y más risas de los elementos.

Tomo unos minutos para que todos se calmaran y Giotto dejara de quejarse, pero al final, un aire contento rodeaba la habitación. Todos parecían haberse olvidado del joven rayo, al menos hasta que Giotto abrió la boca.

-¿Pero…Cómo me encontraron? Era un lugar demasiado obvio como para que buscaran en él.- Los guardianes se miraron entre ellos hasta que, simultáneamente, todos los ojos se clavaran en Lambo.

Giotto siguió sus miradas, por primera vez notando al rayo, quien se había encogido en sí mismo en un vago intento de ocultar su presencia.

-¿Lambo?- Cuestiono. El ambiente inmediatamente se volvió más tenso, la alegría que los había rodeado desapareciendo por completo. Alguien desconocido había logrado encontrar a Giotto en una oficina bastante especiosa y que no debía conocer, no tenía sentido el que lo hubiera encontrado. Lambo maldijo su descuido internamente, alzando un poco los hombros, intentando deshacerse del pesado aire.

Su corazón empezó a latir con fuerza, sus manos sudando un poco mientras sentía como la adrenalina lo consumía. Estaba en territorio enemigo, no tenía armas y estaba rodeado. ¿Planes de escape? La puerta estaba fuera de discusión, pues tendría que pasar por todos ellos para llegar a ella. La ventana sin embargo…

-¿Cómo me encontraste?- Cuestiono el cielo, logrando romper a Lambo de sus pensamientos y calmando un poco su frenético cerebro.

Lambo nuevamente alzo los hombros, rodeando su estómago con sus brazos, tratando de hacerse más pequeño. Realmente no quería pelear, estaba demasiado cerca de sus recuerdos y sabía que perdería el control.

-Te sentí.- Murmuro el menor, pero en la silenciosa habitación su voz se esparció sin problema.

-Me… ¿Sentiste?- Repitió Giotto, confuso. Lambo suspiro y con cautela permitió que su llama se acercara a la de Giotto, tocándola solo lo suficiente para dejarle saber que estaba ahí.

Las cejas del cielo se alzaron en sorpresa, su mano instintivamente yendo a su pecho, en donde normalmente sentía una calidez constante. Sus llamas brillaron sin su consentimiento, tratando de rodear al rayo que con rapidez se retiraba.

Giotto sabía que sus llamas de alguna forma lo conectaban a los otros y les permitían ciertas habilidades al usarlas. Pero… ¿Sentir a alguien más? Eso…Nunca se había hecho.

-¿Cómo…?-Callo al ver lo incomodo que el menor se veía. La curiosidad, tanto de él como de todos sus guardianes era obvia, pero Lambo no parecía querer compartir. El joven aparto la mirada, inconscientemente abrazándose a sí mismo.

(Y si cerraba los ojos con suficiente fuerza, sabía que casi podría sentir las llamas de su familia rodeándolo, abrazándolo, protegiéndolo. Pero, también sabía que aquello solo haría volver a la realidad más doloroso.)

Giotto compartió una mirada con su familia, los ceños de todos ligeramente fruncidos. Lambo se había mantenido alejado y frió desde el momento en que había llegado, pero ahora… Encogido en sí mismo y con una mirada casi que vulnerable en sus ojos (Luchando. Combatiendo por mantener su mente cuerda. Sangresangresangre. No por favor. No me dejen. No.) Se veía más joven, como un niño gritando por ayuda.

-Lambo…-Empezó a hablar el cielo, pero el sonido de la puerta al abrirse de golpe lo interrumpió. No tuvo tiempo para preguntarse quién había sido, pues su intuición le hizo lanzarse hacía un lado cuando sintió un objeto no identificado acercándose a él. Todos los guardianes esquivaron, provocando que la aguja siguiera su camino directo al Bovino, quien alzo un brazo en un intento de protegerse.

La aguja se clavó en su brazo y en cuestión de segundos estuvo inconsciente en el suelo.

La enfermera en la puerta sonrió satisfecha, haciendo una pequeña reverencia antes de arrastrar a su desobediente paciente fuera de la habitación, probablemente directo a la enfermería.

Giotto pestañeo, no muy seguro de que acababa de pasar.


Estaba amarrado. No se podía mover. (Había sido un error. Un pequeño error. Pero un científico de Millefiori lo había atrapado. Y no lo había entregado inmediatamente. No. Quiso jugar con él un rato. Lambo todavía podía sentir como las agujas entraban en su piel, los gritos de los otros experimentos rodeándolo.) Sintió manos sobre su pecho y sin dudarlo lucho contra ellas. No les daría la satisfacción de gritar. No caería sin pelear primero.

-¡Lambo!- ¿Lambo? Nunca lo llamaban Lambo. Siempre había sido solo un número más, un experimento más.

Sintió llamas de la lluvia entrar en su sistema y eso…Eso no estaba bien. Las llamas de la lluvia calmaban, alejaban el dolor, traían paz. Sus captores nunca querrían darle paz. Contra su mejor juicio, forzó a su cuerpo a relajarse, rogando a quien fuera que le escuchara que esto no fuera solo otra trampa, otra forma de tortura psicológica.

-Estas en Italia, en la mansión Vongola. Son las cuatro de la tarde.- Lambo siguió el sonido de la suave voz, lentamente empezando a escuchar el resto de los sonidos en la habitación. El viento chocando contra las ventanas, el murmullo de enfermeras caminando por los blancos suelos, la respiración forzosamente calmada de quien estaba a su lado.

Cauteloso, Lambo abrió un ojo, encontrándose con dos esferas azules observándolo con preocupación. Instintivamente el azabache presiono su cuerpo contra la cama, tratando de alejarse. Inmediatamente el cielo dio unos pasos atrás, alzando las manos en son de paz.

Los estériles laboratorios de Millefiori seguían fuertes en su memoria, el pasado por el momento más cercano a él que la realidad y por un segundo le pareció ver amables ojos cafés, un cabello que desafiaba la realidad. Lambo había estado buscándolo junto a los otros guardianes para que hiciera su papeleo y no. No. No había Tsun-No había sido él quien se había estado ocultando del papeleo. Estaba en el pasado. Lejos de (loscuerpos. Sangre) su familia.

-¿Estas con nosotros?- Murmuro. Lambo se mantuvo en silencio, pestañeando un par de veces mientras su cerebro trataba de entender las palabras (De olvidar las memorias, de volver al presente). Con otro pestañeo, le dio una mirada a la habitación, viendo que aparte de Giotto y las enfermeras, Asari, Knuckles y Lampo también estaban ahí, el rayo de la primera generación todavía acostado en su propia cama.

Un cálido y casi que desconocido sentimiento se formó en su pecho, desapareciendo meros segundos después cuando sintió algo todavía amarrándolo a la cama.

Lambo no dijo nada, pero su mirada fue suficiente para hacerles entender que si estaba con ellos y no, no estaba en lo absoluto feliz con su situación. Giotto suspiro, claramente incomodo pero determinado. Paso una mano por su rubio cabello, despeinándolo un poco en el proceso.

-Esa escapada tuya…Te lastimaste. Abriste tus heridas otra vez. Teníamos que asegurarnos de que no lo volvieras a hacer.- Alzo los hombros, pero en ningún momento aparto la mirada. Lambo apretó los puños. Pero no por ira, no. Se restringía a si mismo de reaccionar de forma violenta, porque estas personas…lo querían ayudar y eso…Eso no tenía sentido. Lambo quería descubrir el misterio que era esta familia, porque nada de lo que hacían tenía sentido.

-No voy a huir.- Prometió entre dientes. Ni siquiera él sabía que tan honestas eran sus palabras. Giotto alzo una ceja como respuesta, su intuición diciéndole la verdad que Lambo ignoraba. El azabache suspiro, dejándose caer contra la cama.

Giotto negó la cabeza un poco, divertido. Revolcó el cabello de menor, se levantó de su asiento para irse. Quería pedirle que confiara en él, que entendiera que esto solo lo hacían para protegerlo y que ni siquiera los horribles recuerdos que le parecían traer harían que Giotto quitara las restricciones. Porque…Joder. Lambo se pudo haber desangrado, solo, perdido en alguna parte de la mansión y nadie hubiera podido hacer nada para detenerlo. Pero también sabía que la confianza entre ellos era delicada y casi que invisible, pues Lambo seguía siendo un prisionero, posiblemente relacionado con las heridas de Lampo y Giotto seguía siendo su captor, el que evitaba que fuera libre.

Lambo no se acercó más a la mano que acaricio su cabello, ni dejo salir un suspiro calmado ante este, pero pudo sentir como su cuerpo se relajaba sin su consentimiento y se odio solo un poco por eso. Porque este hombre…Este hombre no era su cielo. No era el hermano mayor que lo había criado. Y aun así…Este cariño que podía sentir desde el alma, viniendo de las llamas mismas del mayor. Dios Lambo había olvidado lo que se sentía.

Sin intercambiar más palabras, los tres guardianes mayores salieron de la enfermería, dejando a los dos rayos en cama.

-No.- Respondió Lampo antes de que Lambo siquiera abriera la boca. El azabache alzo una ceja.

-No iba a decir nada.- Respondió el Bovino. Lampo se enrojeció un poco, avergonzado.

-Solo por si acaso…No te voy ayudar a escapar.- Lambo lo observo por unos minutos antes de bufar una risa, negando la cabeza.

-No esperaba nada menos.- Compartieron una mirada, cautelosa, nerviosa y quizás aún un poco sospechosa, pero tras ella estaba el inicio de algo…Más.


Este capítulo es principalmente de como Lambo se está empezando a unir con los Guardianes, en este caso, Daemon. El final es para mostrar que todos los jefes odian el papeleo xD Okno, el punto era más como hacer sentir a Lambo que estaba nuevamente en el pasado.. Que pechar :C

Bueno.. Nos leemos!

Edit: 14/08/17

Wow. El capítulo cambio MUCHO pero el tema principal sigue siendo el mismo. ¡Espero que les haya gustado!

¿Fav?

¿Follow?

¿Comentario?

¡Nos leemos!

¡Ciao Ciao!