¡Los quiero mucho y me siento mal porque dentro de poco no podré subir muy seguido... así que Doble Capitulo! Ojalá les guste ^-^
¡Nos leemos! :3
Edit Finalizado
20/11/17
Habían pasado dos semanas desde el incidente con el prisionero y Lambo finalmente había sido liberado de la enfermería. Actualmente estaba con el resto de los guardianes, en el comedor, mirando nerviosamente las charolas de comida que empezaban a llegar.
Estas últimas dos semanas habían sido…Extrañas. Lampo, quien había recibido heridas mucho menos serias que las suyas, había sido liberado cuatro días después del ataque. Lambo, en cambio, continúo restringido durante la primera semana, la segunda siendo vigilado 24/7. Eso lo irritaba, sí, pero entendía. Técnicamente seguían siendo enemigos, así que mantenerlo vigilado había sido una sabia decisión. Lo que no entendía, sin embargo, era la constante presencia de los guardianes Vongola en la enfermería. Aun después de que Lampo fuese liberado, seguían visitando, todos ellos, cada día. Ninguno mencionaba lo ocasionado en la oficina de Giotto. Y Lambo estaba…Confundido. No entendía lo que estaba pasando y eso lo volvía ansioso e irritable. (Gentileza. Sabía que estaban siendo amables e incluso un poco cariñosos, pero él era Bovino Lambo. Esas dos palabras no figuraban en su diccionario. No desde…Desde…)
Así que, con gran escepticismo y una muy alta porción de paranoia, bajo a comer.
Se encontró con una mesa llena de guardianes quienes, bullosos, divertidos, extrovertidos y destructivos, disfrutaban de la conversación antes de la comida. Giotto lo recibió con una gentil sonrisa, con su cabeza señalando uno de los asientos alrededor de la mesa. Su boca tenía una sonrisa, pero a juzgar por el casi imperceptible glaseado en sus ojos, su mente estaba muy lejos. Este era uno de los muchos pequeños signos que Lambo había aprendido a identificar en las numerosas visitas del cielo a la enfermería.
Tentativas conversaciones fueron empezadas y terminadas con cortas y simples palabras, mientras el rayo mantenía los ojos firmemente clavados en la mesa. (Los guardianes también habían aprendido. Reconocían los signos que indicaban la probabilidad de una memoria, o los indicios de que Lambo seguramente trataría de ocultarse en su habitación el resto de la tarde. Y eso era exactamente lo que estaban viendo ahora.)
Lambo resistió la infantil acción de poner las manos sobre sus oídos para bloquear el sonido al escuchar a los sirvientes entrar, en sus manos, probablemente, estaban grandes charolas llenas de comida. Gruño para sus adentros. Esto era ridículo, tenía 25 años, era completamente capaz de decidir si quería comer o no. Sin embargo, ninguna protesta salió de sus labios cuando un cuneco de sopa fue puesto frente a él.
-¡I'm so happy to see you guys again! – La estruendosa voz de Knuckles sonó desde la entrada del comedor, atrayendo toda la atención. Seguía hablando en el idioma del país donde había pasado los últimos tres días.
-Knuckels, bienvenido. – Giotto se levantó de su silla, caminando hacía su guardián con una alegre sonrisa, estrechándolo entre sus brazos en cuento llego a su lado. El sol respondió al gesto con igual entusiasmo, dejando a su cielo ir unos minutos después. Conversaron en susurros durante unos segundos antes de que ambos volviesen a la mesa. Lambo le dio una diminuta sonrisa como bienvenida, antes de volver al concurso de miradas con su plato.
-Trata de hablar un idioma que todos entiendan Knuckles. - Reprendió G, aunque la pequeña sonrisa que portaba eliminaba todo índice de seriedad. Lambo, con el ceño fruncido y su vista aun fija en la comida, decidió comentar.
-Todos deberían saber inglés. Oí que es bueno para los negocios. - Y si quizás estaba usando un poco de su conocimiento futuro para aconsejarlos…Bueno, eso sería su pequeño secreto.
Al notar el silencio que respondió su observación, el Bovino por fin alzo la mirada, solo para encontrarse todos los ojos sobre él.
- ¿Qué? - Pregunto, encogiéndose un poco en su silla. Era desconcertante ser el centro de atención en medio de una sala llena de gente poderosa (Lambo estaba acostumbrado a esconderse. A correr. A nunca dejarse notar. Porque el que se dejaba notar acababa muertomuertomuerto. Su error había causado muertes. Pero él seguía vivo, sobreviviendo, como había prometidoprometidoprometido.)
-Todos nosotros sabemos inglés. – Respondió Lampo finalmente, alzando un poco los hombros. El viajero frunció el ceño, confuso. Entonces ¿Porque le había pedido a Knuckles que cambiara el idioma…? Oh.
-Sé hablar inglés. - Se limitó a decir como respuesta a su silenciosa pregunta. (No solo Italia había caído bajo las garras de Byakugan. Para cuando Lambo había decidido dar un pequeño paseo en el tiempo, todo Europa estaba en las manos del bastardo. Saber inglés había sido vital para la sobrevivencia.) (Y eso es lo que Lambo mejor hacía. Sobrevivir.)
Giotto no sabía si alegrarse por haber obtenido otra pieza del rompecabezas que era Lambo, o frustrarse por la incoherencia de la imagen que estaba formando. El chico parecía mitad japonés, mitad italiano, por lo que el hecho de que supiera esos dos idiomas no era de extrañarse. Pero… ¿inglés?
Lambo suspiro, sus caras siendo suficiente indicio de las sospechas que volvían a inundarlos. El Bovino estaba agotado y tenía cero ganas de otra lucha de palabras. Así que tomo la ruta más sencilla. La "casi pero no realmente verdad".
-El…Tutor de mi hermano se encargó de que toda la familia aprendiera varios idiomas. Era vital para el negocio familiar. -Su voz se quebró un poco al pronunciar la palabra "tutor" …Por qué. Dio. Ese hombre había sido muchísimo más que un simple tutor. ¿Pero cómo explicar lo importante que aquel adulto con cuerpo de infante había sido, sin revelar todo lo demás?
- ¿En qué quería que trabajaran? - Pregunto Asari, con un poco más entusiasmo del que planeaba usar. Pero no podía evitarlo. La historia de Lambo…Su vida entera era un misterio que ni siquiera los mejores contactos de la mafia podía destapar. Los guardianes trataban de ocultar su curiosidad, pues pronto habían aprendido que la forma más fácil de alejar al rayo era preguntándole por su pasado. Por lo que, cuando era Lambo quien proporcionaba la información, los mayores sacaban el mayor provecho. Pero, aparte de saber que había huido, tenía seis hermanos, una hermana y un tutor demente, Lambo era una tumba cuando a su pasado se refería.
Lambo apretó los labios hasta que estos formaron una firme línea blanca. Sin decir palabra, devolvió su mirada al plato de comida frente a él. Los guardianes suspiraron, apartando la vista y volviendo a sus separadas conversaciones. (Conocían las señales. Las habían visto una y otra y otra y otra vez desde que el Bovino había llegado. No diría ni una palabra más. Serian suertudos si volvía a hablar en todo el día.)
Siguieron comiendo, todos y cada uno de ellos haciendo su mejor esfuerzo por ignorar como lentamente el ambiente se volvía más tenso. Sorpresivamente, fue Lambo quien quebró el silencio.
-Alude ¿Me podrías dar mi ropa unos momentos? – Aunque sus miradas se posaron en él instantáneamente, las palabras se demoraron un poco más, pues era tan…Inusual que el joven rayo empezara una conversación, que les tomo un momento procesar su pregunta. Lambo, por su parte, clavo su verde mirada en los azules, casi grisescos, de la nube. Alude alzo una ceja, recostándose en su asiento con los brazos cruzados.
- ¿Para qué? – Cuestiono. No lo prohibió de inmediato simplemente por pura curiosidad. Era una nube, su trabajo era proteger desde lejos. Y desde lejos era donde se podían ver los problemas crecer. Una pregunta como aquella podía llegar a causar grandes repercusiones. (O al menos eso se dijo a sí mismo. Las razones, las reales, eran solo para la mente de Alude.)
-La necesito. – Se limitó a contestar Lambo. Y es que, ni él sabía porque aquel pedido había salido de su boca. Pero algo insistía en que se prepara. ¿Para qué? No estaba muy seguro, pero no estaba dispuesto a descubrirlo con las manos vacías. ("Siempre confía en tus instintos, Lambo." Amables ojos castaños lo observaban con amor y cariño. "Te pueden salvar la vida.")
-No.- Alude tomo un sorbo de su té, girando ligeramente la cabeza para volver a centrar su atención en Asari, con quien había estado hablando. Lambo cerró los puños bajo la mesa, deseando, pero sin mucha esperanza, que las ligeras ropas de la época fueran suficiente para enfrentarse a lo que sea que venía. Tentativo, cogió la cuchara junto a su plato, aferrándose a ella con fuerza. ("Cualquier metal sirve. La electricidad seguirá tus órdenes." Y solo porque el que había hablado portaba la chaqueta de Varia, Lambo sabía que era cierto. Después de todo, había una razón por lo que era el rayo del mejor escuadrón de asesinos.)
Los Vogonla observaron, sorprendidos, su acción. Era la primera vez que Lambo tocaba un utensilio sin ser persuadido antes. Sin embargo, antes de que pudieran cuestionarlo, un humo rosado rodeo al rayo. Los guardianes, su instinto de batalla activo y su adrenalina al cien, se levantaron de golpe, sus diversas armas apuntadas a donde anteriormente estuvo Lambo.
Cuando, después de unos minutos, el humo se disipo, se encontraron con un adolescente, quien no podía ser mayor de 15. El azabache observaba su alrededor con asombro, sus ojos abiertos como platos.
- ¿Huh? ¿D-Dónde estoy? - El joven hablo ausentemente, como si honestamente no esperase respuesta. Giotto aclaro su garganta, provocando con unos brillantes ojos verde se clavarán en él (Los mismos ojos que el Lambo que conocía tenía, pero estos estaban llenos de vida, ilusión, esperanza. Inocencia.)
- ¿Quién eres? – Pregunto, alzando un poco las manos para mostrar que no tenía intenciones de atacar. El azabache, sin embargo, no pareció percatarse de ello. Estaba completamente congelado, su cara se había empalidecido y sus manos habían adquirido un pequeño temblor.
Los mayores compartieron una mirada, inseguros de como proseguir. Era una situación demasiado…bizarra. Lentamente, los ojos del joven Bovino pasaron por la cara de cada guardián, su asombro volviéndose más notable con cada persona que pasaba. Al final, se detuvo en la cara de Lampo, extrañamente parecida a la suya. Y, por un segundo, pareció que se iba a desmayar. Pero antes de que los Vongola fueran forzados a esa situación, el mismo curioso humo rosado rodeo al menor.
Al instante, todos volvieron a posiciones de batalla, preparándose para lo peor. Y esa fue la única razón por la que G sobrevivió cuando, del humo, salió el Lambo que ellos conocían, una enorme bola de energía roja en su mano. G se lanzó a un lado, apartándose del rango de daño por meros centímetros.
-Pero… ¿Qué? - La voz de G rompió el silencio que se había formado. Lambo respiraba con fuerza sobre el suelo, pequeñas gotas de sudor cayendo por su frente. Estaba centrado en un hueco negro que se había formado donde anteriormente se encontraba el guardián de la tormenta.
-Lamento lo del suelo… ¿G, estas bien? - Lambo se empezó a levantar, aun respirando con dificultad. El peli-rojo asintió, parándose sin problema. Los otros guardianes guardaron sus armas, pero sus cuerpos continuaban tensos.
- ¿Qué acaba de pasar? – La voz de Deamon resonó en la habitación, expresando lo que todos se preguntaban. Naturalmente, todos miraron a Lambo, quién no parecía en lo absoluto sorprendido por los acontecimientos. El azabache, por su parte, miraba sus ropas sorprendido. Eran las mismas que Alude le había quitado al llegar al pasado por primera vez. El bovino no estaba muy seguro de cómo había ocurrido eso, pero asumía que era la forma del tiempo mismo de mantenerse a salvo. Después de todo, que un Lambo de 25 años apareciera con ropas de cuatrocientos años en el pasado, sin armas ni forma de canalizar sus llamas, causaría demasiadas preguntas innecesarias.
Y, por primera vez, lo que había ocurrido se procesó en su mente. Había visto a su familia. Estaban todos sanos y salvos, inocente ante los horrores del futuro. Dio. ¿Por qué no les había advertido? ¿Por qué? ¿Por qué?
Los guardianes, desde lejos, observaban como una brillante sonrisa de genuina felicidad se posaba en los labios del azabache y como esta, lentamente, empezaba a desaparecer, siendo remplazada por una expresión de dolor.
-Fui al… Viaje en el tiempo. – Su voz se quebró a mitad de la oración mientras que, por primera vez en mucho tiempo, sentía las lágrimas acumulándose en sus ojos. ¿Cuánto duraría esa inocencia? ¿Esa felicidad? ¿Cuánto faltaba para que el mundo los golpeara fuerte una y otra y otra vez? (¿Cuánto faltaba para que murieran?).
- ¿Viajaste en el tiempo? - Repitió Lampo, la incredulidad sonando con fuerza en su voz.
-Es… Complicado. Acaban de conocer a mi yo de 15 años. – Alude hizo un sonido de irritación, y esa fue la única advertencia que hubo antes de que este se lanzara sobre el azabache. No tenía suficiente información, no sabía que podía pasar, no tenía clara todas las opciones. Y eso era lo que provocaba que la gente muriera. Alude no iba a permitir que su familia muriera. Así que investigaría, obtendría cada gota de información, aunque tuviese que lastimar a alguien a quien había empezado a considerar su familia.
Lambo, distraído por los sentimientos que empezaban a ahogarlo (las memorias), no opuso mucha resistencia. Cayó al suelo al primer golpe, dejando que su cuerpo se relajara sobre el frio mármol. Alude sostuvo las manos del azabache sobre su espalda, pero su agarre era débil, más cerca de una pulsera que a una esposa.
- ¿Tienen alguna otra explicación de por qué un yo más joven apareció? – Pregunto Lambo con cansancio. Alude se mantuvo en silencio, simplemente restringiendo al joven.
- ¿Estas herido? – Giotto se agacho para poder ver la cara del joven rayo, quien, apartando la mirada, negó la cabeza. El cielo recorrió el cuerpo de Lambo con la mirada, pues la experiencia le advertía que confiar en la palabra de menor cuando a su salud se refería era un error. Su intuición era suficiente para comprobar la verdad, pero prefería estar seguro con sus propios ojos. Al ver que no tenía un solo rasguño, se volvió a levantar. -Déjalo ir, Alude. – La nube no era de los que seguían ordenes, pero pocas eran las veces en las que Giotto daba una orden a sus guardianes en ese tono de voz. Sin rechizar, Alude lo soltó, alejándose unos metros para recostarse sobre el muro cerca de la ventana, observando a toda su familia.
Lambo se mantuvo acostado, emocional y físicamente agotado. Giro su cabeza un poco para fijar su mirada en el cielo, encontrándose con unas frías y calculadoras gemas azules. Giotto también se había cansado de los misterios.
- Explícate. - Lambo estuvo tentado a decirle toda la verdad, a revelar el desastroso futuro que los esperaba, a confesar de donde era, la guerra que lo perseguía, todo, pues esa era la voz que él (su hogar, su hermano, su cielo.) usaba cuando lo reprendía. Esta sería la primera vez en la que no sería sincero ante esa voz.
-Reconocería el lugar al que fui no importa cuántos años pasen. Además, no hay otra explicación para que los viera… a ellos. – Se mordió el labio para evitar que el sollozo que luchaba por salir lo lograra. No podía hacerlo. No podía mentir cuando las memorias y los sentimientos estaban tan cerca de la superficie. Se levanto de su posición, manteniendo la cabeza gacha, y salió del salón. Los elementos lo vieron salir, ninguno hizo adema de detenerlo.
-Alude, Daemon, investiguen que se sabe sobre viajes en el tiempo hasta ahora. - Sin palabra, la nube y la niebla desaparecieron. Los cinco hombres restantes en la sala se mantuvieron en silencio, cada uno inmerso en sus pensamientos.
- ¿Le crees? – Pregunto Lampo, su expresión y voz inseguros, como si él mismo estuviese debatiendo la verdad de lo ocurrido. Giotto alzo los hombros.
- ¿Tenemos opción? – Lampo suspiro, negando la cabeza. Luego, aun en silencio, salió.
- ¿Soy yo o el Lambo de quince años parecía conocernos? - Murmuro Knuckels, su ceño fruncido. Los otros tres concordaron en silencio.
Asari se escabullía en los pasillos de la mansión, haciendo su mejor esfuerzo para evitar al personal. Él era la lluvia, que eliminaba los problemas y tranquilizaba a las personas, pero en ese momento sus llamas no estaban muy calmadas, y parecían más un huracán que una suave llovizna. Así que, con intención de calmarse, caminó al salón de música, donde una flauta lo esperaba. No era tan bella como la que había sacrificado para ayudar a Giotto, pero a su manera, era perfecta, púes se la había dado su familia.
Puso la mano sobre la chapa, girándola un poco para abrir la puerta, pero se detuvo a mitad de la acción, escuchando la música proveniente de la habitación. Un piano sonaba en el interior, una canción melancólica que Asari desconocías salía de las teclas del instrumento. Abrió la puerta solo lo suficiente para ver el interior, púes sabía que ninguno de los otros guardianes tocaba instrumentos.
Quizás fue ingenuo sorprenderse al encontrar a Lambo sentando frente al piano de cola negro, sus ojos cerrados y sus manos moviéndose con agilidad sobre las teclas.
Sus dedos tocaban las teclas son total familiaridad, a pesar de no haberlo hecho en más de 6 años.
A veces llegan los días
Donde la tristeza te inunda,
No te deja hablar,
Respirar…
Su voz resonaba en el pequeño cuarto, la melodía saliendo tanto del instrumento como del joven que lo tocaba. Era una canción conocida para él, una armonía que había tocado tantas veces que había perdido la cuenta. Era lo único que se había permitido tocar en años.
-Tocas muy bien y tuviste el mejor maestro como para que toques algo tan deprimente. - Un hombre con un extraño pelo plata se recostó contra el marco de la puerta, observando al joven rayo sentado frente al piano.
-Tú me ensañes a tocar lo que siento. - La tormenta asintió, manteniendo el silencio y escuchando la canción.
Un día te veré
Solo estas durmiendo
Yo lo sé,
Un día te veré
Y no más despedidas esta vez
-Despierta…- Un hombre abrazaba con fuerza el cuerpo de una mujer asiática en traje rojo, enterrando su cara en el azabache cabello. El color de la ropa hacía un muy mal intento de encubrir la sangre que brotaba del cuerpo de la chica.
-No me puedes dejar… No tú. Fuiste mi primera amiga y eres la última que queda. Por favor. No te vayas. – Trataba de convencerse a si mismo que esto no era más que una pesadilla, pero la sangre que empezaba a secarse le negaba su fantasia. Pero no podía aceptarlo, ella no estaba muerta, no podía estar muerta. Ella le prometió que no se iría, que se quedarían juntos hasta el final. ¿Era este el final?
Te reconoceré,
Te abrazare
Y al lado de tu cuello sé que llorare
Me miraras
Y reirás y me dirás no muerte ya
Un castaño rodeaba con sus brazos al pequeño niño que lloraba en su cama. Las pesadillas eran horribles, pero cuando estaba entre los brazos de su hermano sentía como todo se desvanecía. Toda la angustia de que algún día sus hermanos no estarían desaparecía, le habían dicho muchas veces que no lo abandonarían, jamás.
-Shh… Tranquilo Lambo… Aquí estoy, Shhh. - El jefe Vongola se mecía gentilmente, depositando pequeños besos en la coronilla niño, mientras este se agarraba con fuerza a su pijama.
Es tan difícil
Comprender que ya no estas
Y resignarse al aceptar
La realidad
Me encantaría que fuera un sueño
Y despertar
El cielo estaba negro, como si supiera lo que pasaba bajo sus dominios, como si lamentara tener que llevarse este par de almas gemelas, que, aunque no lo fueran por sangre, eran hermanos de todas las maneras que importaban.
Se dieron el amor que ninguno de los dos recibió en su niñez y fueron la única familia que tuvieron hasta que su cielo los encontró. Pero ahora nada de eso importaba, porque ya no estaban. Lo único vivo en ese lugar era el adolescente de 17 años, dos ramos de flores violetas y una pequeña piña en sus manos.
Pero es mucho pedir
No hay vuelta atrás,
Tú dejaste un gran vacío
Aquí
Y más hoy ya comprendí
Miró el reloj de bolsillo que sostenía con cariño y amor. Una foto de toda su familia estaba dentro del reloj, su llama verde rodeándola. Abrazo al hombre castaño frente a él.
No podía pedir un mejor regalo para sus 14 años.
Un día te veré
Solo estas durmiendo
Yo lo sé,
Un día te veré
Y no más despedidas esta vez
Su voz se quebró un poco al final de la oración, incapaz de continuar. Por primera vez en años, las lágrimas bajaban libremente por su rostro. Se abrazo a sí mismo, encogiéndose y recostando su cabeza sobre las teclas, que provocaron una desentonada sintonía ante el golpe. Traía demasiados recuerdos. Recuerdos amaba y odiaba. Recuerdos que a veces desearía que no existieran. Recuerdos que eran necesario para que siguiera viviendo.
Un sollozo rompió de su cuerpo y ese sería la última muestra de dolor que se permitiría. Lloro en silencio sobre el instrumento, los recuerdos ahogando el sonido de su llanto. No sabía cuánto tiempo podría aguantar, cuánto tiempo hasta que se quebrara por completo. Duda que faltara mucho para que aquello ocurriera.
Una tranquilidad ajena a él entro en su sistema, relajando su cuerpo y calmando sus lágrimas. Por un momento se permitió creer que la mano en su hombro era la de un espadachín amante del baseball, pero al alzar la mirada se encontró con los negros ojos de una lluvia diferente. Asari no lo reconforto con palabras vacía, solo los sostuvo mientras dejaba que sus llamas fluyeran en el cuerpo del menor. Era tan parecido a lo que hacía él (Su lluvia, su seguridad, su felicidad.) que lambo se permitió pretender por unos minutos.
Sinceramente... Casi lloro escribiendo esto xD, aun así, ojalá los hayan disfrutado!
Déjenme sus comentarios. 3. Y les agradezco a todos los que ya lo hacen (o siguen la historia/ o fav) Los adoroooo Gracias *-*!
¡Nos leemos!
Edit:
Wow. Este capítulo también esta super cambiado. ¡Espero que lo hayan disfrutado! ¡Nos vemos en los próximos capítulos,
Chaoss.
