Se que me demore muchisimo! Y lo siento :C Espero que les guste.

Y recuerden que esta historia esta, tristemente, llegando a su fin. Espero que disfruten los capítulos restantes.


Abrió un ojo al sentir una presencia cerca. Se levantó lentamente del árbol en el que se encontraba mientras empezaba a revisar el área.

Una figura se movió con rapidez en la oscuridad. Curioso se acercó más al lugar. Estaba seguro que lo que fuera que lo estuviera viendo estaba justo en frente de él. Alargo la mano tratando de agarrarlo.

-¡Lambo!- Dio un pequeño brinco al sentir una mano en su hombro. Se giró, encontrándose a un Lampo que parecía bastante agotado.

-¡Hace cuarenta minutos que te estoy buscando!- Exclamo enojado el joven, mientras agarraba del brazo a Lambo y empezaba a arrastrarlo devuelta al carruaje.

-Yo…- Miro nuevamente el lugar. No parecía haber nada ahí. –Lo siento, solo necesitaba un tiempo solo.- Concluyo, finalmente apartando la mirada y posándola en su compañero.

-Dile eso a Giotto.- Murmuro Lampo, aun arrastrándolo.

-¿Ya acabaron?- No pudo evitar preguntar. Normalmente estos eventos podían tomar de dos a cinco horas, lo sabía por experiencia.

Lampo se mantuvo en silencio.

Caminaron un par de minutos, en los cuales Lambo se trató de zafar varias veces, pero el agarre del peli-verde parecía imposible de soltar. No pudo evitar compararlo con las veces en las que se escapaba de la mansión en Italia y uno de los guardianes lo llevaba devuelta a casa, en ningún momento soltándolo y todo el camino reprendiéndolo.

Sonrió con tristeza ante el recuerdo. Hacía tiempo que no tenía un recuerdo por voluntad propia, mucho menos uno feliz.

-Veo que lo encontraron, que bueno.- Lambo alzo la mirada confundido. Frente a él estaba toda la primera generación y junto a ellos estaba el rubio Cavallone.

-Lamento la molestia Don Cavallone.- Se disculpó Giotto, pero Cavallone solo movió las manos en señal de quitarle importancia.

-La Famiglia es lo más importante Primo. Me encantaría ser aliado de una familia que se preocupa tanto por sus compañeros. Podemos hablar en cualquier momento que usted desee, pero creo que ahora sería mejor que volvieran a casa.- Giotto le sonrió agradecido, aun así negó con la cabeza.

-Mis guardianes se quedaran aquí, excepto G y Asari. Iremos a la mansión y volveremos. Claro si no es ninguna molestia.- Giotto clavo sus azulados ojos en Lambo, provocando que este se encogiera un poco. Cavallone miro un momento a Lambo antes de asentir con una sincera sonrisa.

-Por supuesto. No hay problema.- Giotto asintió y con la mano le indico a Lambo que se subiera al carruaje, este aun con la cabeza gacha se subió sin discusión.

Le siguió Asari, G y finalmente Giotto. Ninguno de los cuatro diciendo palabra alguna durante unos minutos.

-¿En que estabas pensando Lambo? Estas en Italia, la central de las mafias. Si salías de los terrenos de la familia Cavallone probablemente te hubieran matado por parecerte a Lampo y no tienes ningún arma para defenderte, y de no haber sido porque Don Cavallone ordeno que no te atacaran si te encontraba seguramente algún guardia te hubiese disparado.- Los tres hombres en el carruaje miraban al menor entre enojado, preocupados y decepcionados. Pero esto pasó desapercibido por Lambo, que mantenía su mirada en la ventana.

-Necesitaba estar solo.- Fue su única respuesta. Segundos después recibió un golpe en la cabeza que le hizo girarse al guardián de la tormenta.

-Vuelve a hacer eso y yo mismo me encargare de dispararte.- Gruño en peli-rojo. Lambo lo ignoro, devolviendo su vista al paisaje.

-Que les interesa lo que me pase. Si muero mejor para ustedes, se quitan una carga de encima.- Ya había aprendido su lección. Confiar en ellos era malo, el nunca sería parte de esa familia. Se regañó internamente por haberse creído eso durante unos segundos.

-No más Lambo. Deja de creer que muerto estarías mejor. Somos tu familia, nos preocupamos por ti, no nos pidas lo contrario. Si tengo que meterte en la mazmorra más profunda de la mansión para tenerte a salvo, lo hare. Ahora no estás solo, y sea lo que sea que te inquita te ayudaremos, pero no huyas, no vuelvas a irte así.- Le reprendió Giotto, su ojos al igual que los de los guardianes, completamente serios. A Lambo se le hacía imposible apartar la mirada, y antes de darse cuenta una rabia desconocida empezó a invadirlo.

-Y si se preocupan tanto por mí ¿Por qué me dejaron solo en el carruaje? ¿Por qué parecían decepcionados cuando los alcance? ¿Por qué cada vez que me doy la espalda al menos un segundo ya tengo todas sus armas apuntadas a mí? ¿Por qué…- Por las mejillas de Lambo empezaban a bajar lágrimas y su voz se había quebrado a mitad de la oración, pero esto no fue lo que causo que se detuviera. No… Lo que lo causo fue la presencia que había sentido en el bosque. Le dio un golpe al lugar que los conectaba con el cochero e inmediatamente este se detuvo.

Sin pensarlo dos veces se bajó del carruaje. ¿Dónde estaba? Estaba seguro que lo que fuera que lo siguiera estaba cerca… ¿Pero dónde?

-¡Lambo!- Los tres hombres dentro del carruaje se bajaron con la clara intención de seguir al joven peli-negro. Pero no hubo necesidad, ya que este no se había movido del frente del carruaje. Miraba los alrededores en busca de algo.

-Shh…- Susurro el menor, acercándose lentamente al bosque que los rodeaba.

G camino con paso decidido hasta el joven y cogiéndolo de la oreja lo empezó a arrastrar murmurando cosas como "No silencies a tu mayores" y "Le enseñare a respetar y a no volver a huir nunca más." El resto de las oraciones fueron solo lo suficientemente altas para que Lambo las escuchara, poniéndose un poco pálido al escuchar los métodos de "disciplina" de G. Si alguna vez volvía a su tiempo se aseguraría de confirmar que G y cierto bebe sádico no estuvieran relacionados.

Giotto y Asari rieron ante la escena, desasiéndose del aire tenso que los había rodeado. Juntos caminaron hasta el carruaje. Giotto miro el bosque una última vez antes de cerrar la puerta.

El carruaje inicio y nuevamente estuvo en silencio.

-Te dejamos en el carruaje porque estabas débil y necesitabas descansar. No nos gustó que nos alcanzaras porque en caso de batalla podrías salir herido. Y aunque no creo que lo notaras, cuando te apuntamos con nuestras armas normalmente eran inofensivas. Por ejemplo, mi espada estaba del lado que no te puede cortar y G nunca tiene balas cuando te apunta. Lo mismo va con los otros guardianes.- Asari rompió el silencio, dándole una sonrisa cariñosa al más joven. Nadie volvió a decir palabra, pero por los rostros de los joven se podían ver unas pequeñas sonrisas cariñosas.

Al llegar a la mansión Giotto les pidió a sus guardianes que se quedaran en el carruaje, mientras el acompañaba al Bovino hasta su habitación.

-Lamento todos los problemas que cause esta noche Giotto.- Primo le revolvió el pelo con una sonrisa antes de caminar hasta la cama y golpear el puesto a su lado, invitando al Bovino a sentarse junto a él.

-Hablaba enserio cuando te dije que te encerraría si eso significaba mantenerte a salvo. Pero no quiero hacer eso, así que por favor Lambo, por lo que más quieras, no vuelvas a correr así.- Giotto miro a Lambo cuando este no respondió. Tenía la cabeza gacha, pero Giotto podía ver las lágrimas que se resbalaban por su mejilla. Sin pensarlo mucho rodeo al bovino con sus brazos, permitiéndole llorar sobre él, diciéndole sin palabras que él estaría ahí, sin importar que.

Y Lambo por primera vez no retrocedió. Lloro todo lo que se había guardado durante diez años. Lloro la muerte de su familia, lloro la rabia que sentía hacía Byakuran, simplemente…Lloro.

No supo cuánto tiempo estuvo en ese estado, pero antes de darse cuenta se había quedado dormido sobre Giotto.


Giotto cerró la puerta de la habitación con cuidado, no queriendo despertar al Bovino.

Afuera lo esperaban sus dos guardianes, que seguramente habían escuchado todo lo sucedido en la habitación.

-Ya no estoy seguro si quiero volver.- Comento Giotto, viendo con tristeza la puerta tras él.

-No seas idiota Giotto. Eres el jefe, tienes que estar ahí. Aunque nada te impide dejar a un guardián.- Sinceramente G tampoco se quería ir, preferiría quedarse en la mansión cuidando a Lambo.

-Tú no puedes quedarte G, era mi mano derecha, tienes que estar. Sin embargo Asari…- El mencionado sonrió y asintió. Despidiéndose entro en silencio a la habitación.

-Estará bien Giotto. Vamos, los demás nos esperan.- Giotto asintió aun no muy convencido. Aun así se subió al carruaje y volvió a la mansión de la familia Cavallone.


Se que es corto, pero me inspire con este y me gusto. Espero que a ustedes también. Lambo lloro :O es como un milagro xD Okno. Recuerden que no es Yaoi, es puro amor familiar xD c:

Bueno... Bye!