Luego de mil años recordé que hice una cuenta aquí y que tendría que haber actualizado o algo...

Amm sorry por la tardanza, aunque ya tengo muchos capítulos hechos me cuesta un poco de trabajo decidir en qué orden subirlos. De nuevo una disculpa por eso. Pronto subiré más partes de la historia.

Gracias a las niñas que decidieron seguir este experimento. Y pues nada aquí está otro capítulo por demás cursi. XD

Los personajes de Batman no me pertenecen, sus derechos pertenecen a DC Comics y sus respectivos autores. El único fin de esta historia es entretener.

Divagaciones.

Ella no te extrañaría si te marchas. Las palabras de Luke siguen haciendo eco en su mente, se odia por eso. Sabe de primera mano que todo lo que el hermano menor de Alexa dice es veneno que carcome lentamente, pero por alguna razón no puede deshacerse de esa frase. Le taladra la cabeza desde hace ya varias horas. La ciudad se incendiará, si sigue conteniendo tanta ira.

Cierra los ojos por un par de segundos, el hecho de no haberla visto desde hace una semana no ayuda mucho. El ruido de las sirenas, el ir y venir de la ciudad, le enferma. Detiene el puño antes de que se impacte contra el rostro del pobre infeliz que se cruzó en su camino. La sangre de nariz y boca le indican que ha sido suficiente. No necesita un sermón patente Batman, no hoy. Va a hacer su vida lejos de ti, no te necesita.

El aire que le llega a los pulmones no parece suficiente. Avanza entre las calles adoquinadas, las conoce de memoria. Cierra la chaqueta, arrumba el casco y antifaz en el hueco de una pared rojiza. La última vez que sintió el fuego frío abrazarlo fue cuando despertó de la muerte.

La opresión en el pecho se siente como cuando casi se ahoga en aquel lago invernal del Himalaya. Necesita respirar. Cruza el umbral del viejo establecimiento, lo primero que percibe es el olor a tabaco, alcohol y problemas. Sonríe, va a moler a golpes a cualquiera que busque problemas. Pide un trago corto que ingiere de inmediato. Y aunque calienta sus entrañas, no es suficiente.

Fue a verlo porque creía que quizá tuviera información de la banda que buscaba. Hey, no me culpes a mí. Está en su sangre, ¿no lo has visto? Esa mirada, la manera en la que camina. Nunca estarás a su altura. Golpea la barra con fuerza. La sensación de inferioridad le invade. Él lo vio con sus propios ojos. La vio. La vio en la inauguración del bufete, con ese sujeto de traje y mirada pretenciosa. Se veía tan bonita con ese vestido azul aguamarina y el cabello recogido por el tocado de plumas blancas. El color resaltaba el verde de sus ojos.

Observó todo desde lejos porque no quería arruinarlo, porque usar smoking lo hacía sentir estúpido. Alexa le rogó toda la semana para que la acompañara, aun así se mantuvo firme en su decisión de no ir. Al ver esa sonrisa blanca y atenta con todo el mundo se maldijo por haberse negado. La esperanza de que Bruce la acaparara toda la noche se esfumó cuando su socio apareció, charlaron animadamente toda la velada. De eso hacía ya casi un mes, aun duele como el primer día.

La efervescencia en su corazón no puede diluirse. 'Lo que fácil viene fácil se va', repite en su mente. No es suficiente, él lo quiere todo para sí; quiere su risa, su llanto, su dolor, su miedo, su aroma, su piel...Pero aún le teme a su alegría. Es enfermo, retorcido, pero verdadero. La quiere sólo para él. Los murmullos al despertar, las mejillas sonrojadas, los jadeos; el largo, frágil y blando cuello, sólo le pertenecen a él. ¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que se canse de ti?

La sangre se le hiela, el frío también quema. No va a permitir que se la quiten. El alcohol que acaba de ingerir busca la salida, muerde su lengua y aprieta los puños, no piensa ceder. Recuerdos cadenciosos y melodías largas lo acompañan en su pesar. Tiene miedo, no por él, sino por lo que puede hacer. El amor duele, duele mucho. No puede darse el lujo de verse superado por sus sentimientos, no otra vez.

—¿Quieres invitarme un trago?—, la llamada de la rubia lo obliga a salir de sus cavilaciones. Sonríe pendenciero. Tiene el cabello corto y usa demasiado maquillaje, funcionara para una noche.

—Pide lo que desees. Yo invito esta noche.

La mujer que se sienta a su lado dice llamarse Helen, claro está que le importa un carajo. Responde que es un hombre misterioso, su mano se desliza por la falda negra tanteando el muslo con ganas. Helen sólo sonríe, a Jason le molesta que lo haga, de cualquier modo no piensa detenerse.

El primer beso sabe a medias de seda y tequila barato. La embriaguez de rosas no es lo que busca. El beso húmedo demanda demasiado. Hacía ya mucho tiempo desde la última vez que rechazó amor fácil. La chica lo mira desconcertada. El moreno se levanta, paga la cuenta, también deja una generosa propina y dinero extra para otra ronda de tragos para su nueva amiga.

'¿Cómo puede ser esto amor?', se pregunta. El amor te hace sentir a salvo, tranquilo. Él no siente lo uno ni lo otro. Suelta lo poco que le queda en los pulmones. ¿Cuánto más va a robarle Alex? No tiene nada más para ofrecerle, sólo ira e inseguridades. Ella le da calor y esa extraña y abrazadora aura que le quita el aliento. No se compara. Nunca podrá. Se ve linda cuando se enfada, ¿no? Frunce los labios de manera extraña.

La conoce mejor de lo que le gustaría. Sus labios, ojos, piernas, todo está grabado en su mente. Sabe, a qué hora se levanta, el grosor de sus muñecas, el número de labial que usa, la forma en la que se sujeta el cabello con un lápiz cuando no encuentra nada más.

Corre entre las calles desiertas, la brisa nocturna causa heridas que no sangran. Necesita verla. Su rostro se desdibuja un poco cada vez que la hace llorar, una nueva cicatriz aparece luego de pasar la noche a su lado. Jason se está convirtiendo en su padre, en ese hombre que si no odia, tampoco es su ejemplo a seguir. Puede romperla, no importa, va a ser tan egoísta como quiera ¿Y si deja de sonreír?

Trepa por la escalera de emergencia. Su mirada se cuela junto con la luna por la ventana. Está recostada boca abajo sobre el sillón, sus piernas ligeramente flexionadas, sostiene el celular entre el hombro y oreja, lleva el vestido corto rosa con pequeñas flores grises que trepa por sus muslos cuando se recuesta. Más que por estarlo viendo lo sabe por la cantidad de veces que lo ha tirado al piso, le gusta ese vestido.

Conseguirá a alguien mejor que tú, hará una vida en la que no existas más. No pone atención a sus labios, cuando se da cuenta ya ha colgado el teléfono. Su garganta está seca, contiene la risa cuando ve que lleva los calcetines dispares.

—Deja de ocultarte en las sombras, Jay, es muy tenebroso.

Entra acompañado de silencio, los ojos de Alex se turban un poco cuando se gira y mira el sudor que resbala por sus mechones de cabello.

—¿Qué rayos paso? ¿Estás bien?— su voz suena preocupada. Las palabras se pierden entre el zumbido que invade sus oídos.

—¿Estabas hablando con él verdad? —, no quiere una vida sin Alexa. No quiere que sea feliz al lado de alguien más. Es todo o nada. Infundados o no, sus celos son reales y sólo desea romperla un poco, para que sepa lo que se siente.

Aparta unos cuantos mechones del rostro. Sonríe ligero y niega. —Deja los celos para después ¿Estás bien?— pregunta por segunda vez.

La abraza con fuerza, Alex se prepara para la tormenta. Sucede tan de vez en cuando que casi no lo recuerda. Muerde su labio inferior cuando la arroja al sofá, de nuevo boca abajo, así siente más el peso de Jason. El aire casi no le llega a los pulmones, sin embargo su pensamiento está en otro lugar. La tibia sangre brota de su cuello, sabe que no lo ocultará el maquillaje. Los dientes y las manos de Jay no se borraran en un par de días.

Ocurre que Jason es un hombre temperamental. Lo entiende, es abrumador y asusta un poco. Pero ella lo entiende. Sólo debe resistir un poco, ha estado demasiadas veces así. Las primeras ocasiones el daño fue reciproco porque no comprendía, no sabía que el ojiazul en realidad es un ser noble amedrentado por las circunstancias, es frágil en cierta manera (porque no puede entender sus sentimientos), pero es noble y valiente, como todos los de su casta; como Bruce (aunque se esfuerce en decir que no).

—Estabas tan guapa, tan radiante. Siempre lo estás, incluso ahora. Por alguna razón eso me molesta— contiene la respiración. —Es tan enfermo que siempre te esté mirando. Me da asco, sueno como un demente pero no me importa, no quiero que mires a nadie más. Mírame sólo a mí, Summers.

—Ya lo sé Jay, ya lo sé, se supone que así debe sentirse…Arde pero cura…así es el amor, tóxico. Al menos el que nosotros conocemos, el que nos gusta.

Abre los ojos de par en par. La suelta de inmediato y se aparta. El temblor en sus manos es apenas perceptible, intenta silenciar su corazón sin mucho éxito. El sabor metálico en la boca le causa nauseas. Alex sonríe de forma cancina luego de incorporarse, se limpia la sangre que mancha la piel canela con el dorso de la mano. Le parece un poco más etérea que la última vez, algún día va a acabar con ella.

—No era mi intención, es sólo que…que…Alex creo que estoy enamorado de ti y eso me asusta porque definitivamente no va a terminar bien.

—Está bien así, el miedo nos mantiene vivos. El miedo y el amor nos mantendrán vivos, incluso si terminamos con sangre en las manos será un buen final. Mantengámonos a flote, Jay.

—Quise asesinarte, ¿no lo entiendes? Yo puse mis malditas manos en tu cuello porque quería que lo sintieras… lo que se siente quedarse sin aire por culpa de la persona que quieres.

—También te he dejado sin aire Jason y lo siento…

La forma en la que la castaña sonríe lo hace temblar. A eso se refiere cuando dice que tiene miedo. Esa sonrisa causa cosas extrañas en él, cosas que están fuera de su alcance. Vuelve a reducir la distancia y Alex lo abraza. Le susurra un par de cosas hasta guiarlo a la habitación, incluso si le cuesta la vida, si se arrepiente después, ahora mismo todo lo vale. No hacen el amor, sería absurdo. La castaña lo arropa y le vela el sueño, siente su mano hundirse en la cabellera, se aferra con fuerza a sus caderas no va a permitirle que se marche, no mientras viva. No mientras sus ojos brillen de esa manera, mientras su aroma sea sándalo y vainilla. Es terrorífico, pero es real. Todo el tiempo estuvo divagando por nada, Alexa Summers no corre cuando hay problemas, no cuando se trata de él, puede alejarse un poco pero no dejarlo. Nunca jamás va a dejarlo después de todo ya se lo susurró al oído.