N/A. Primero que nada una disculpas, pareciera que es una ley actualizar una vez cada mil años. Pero prometo cambiar (?) Actualizaré más seguido, y todos seremos inmensamente felices. Como lectora entiendo lo horrendo que es que te dejen con la intriga. Aunque esto no tiene intriga (?) En fin.

El último evento de DC que leí fue Convergence luego de eso me perdí en las profundidades del universo, así que en algún punto alteraré la línea temporal, yay, jajaja.

Les recomiendo que escuchen Kiss me en la versión de The Fray mientras leen porque esto es algo así como un song fic. Sé que hay muchas versiones de la canción, pero ésto esta escrito para esa adaptación.

Salvo Alexa, mi pequeña mierdecilla, ninguno de los personajes me pertenece. Hago esto para entretenerme.

Si hay algún error gramatical o sintáctico agradecería que lo señalarán. He leído esto tantas veces que ya no noto los errores XDD

Enjoy it :D


Kiss me.

Alex se pregunta si el locutor tiene algo en su maldita contra. La cuarta canción del bloque musical suena y ya está considerando seriamente en subir hasta la azotea del edificio para dejarse caer. A quién intenta engañar, tiene más de dos horas apolillada en el sofá. Ni siquiera se ha levantado para cambiar de estación o simplemente apagar el radio, mucho menos va ir al techo para saltar. Además ella sabe cómo caer.

Cierra los ojos por un par de segundos. Ha decidido pasar la noche del viernes tumbada en su sillón en lugar de salir a joder a algunos cuantos delincuentes. Mierda, lo extraña. Que el tío con el que te lías vaya a un planeta plagado de 'aliens malos' para recuperar el cuerpo de su pequeño hermanito, te hace reconsiderar las cosas.

Si Alexa fuera un poquito más sentimental ya estaría comiendo helado directo del envase revolcándose en su propia miseria. Ir a Apokolips es casi una sentencia de muerte, o al menos es lo que ha oído. Ir a Apokolips cuando eres un simple mortal es simplemente suicidio. Pero Jason Todd, no era un simple mortal (no del todo, claro está) y tampoco un suicida. Así que lo único que debe hacer la castaña es esperar por él.

Exhala todo el aire que almacena en los pulmones, su mano traza un círculo en el tapiz. Intenta no pensar en el gruñir de sus tripas, sería un suplicio bajar tres pisos de escaleras sólo para buscar comida.

—Es bueno saber que sufres por mi ausencia, little nightingale.

Lo primero que cruza por la mente de la joven es que se ha vuelto loca, plantea la posibilidad de apagar el maldito aparato y salir corriendo a buscar algo con que alimentarse.

—¿El gato te ha comido la lengua? ¿O es que me tienes tan poca fe que me dabas por muerto?

En definitiva no es una alucinación, de serlo sería más amable. Ahí está. Frente a ella la figura de más de 1.80 se yergue con ese aire de charlatanería que tanto le jode. Quizá no lo extraña tanto como pensaba.

—¿Muerto? ¿Tú? Hierba mala nunca muere. No tenía muchas esperanzas de deshacerme de ti—instintivamente se mueve un poco. No dice nada más, no sonríe o salta para abrazarlo. No, ella sólo se mueve un par de centímetros y frunce el ceño. Y para el no-suicida Jason Todd es suficiente.

La abraza por un espacio apenas plausible para un par de amantes. Se contemplan en silencio, como si temieran que el otro fuese una ilusión que se disiparía si parpadeaban.

—Sabes, las puertas existen por una razón, no puedes entrar por mi ventana cada vez que te dé la gana—, Alex habla por segunda vez en la noche y Jason sólo ríe. —El allanamiento de morada no tiene nada gracioso.

El hombre dentro de la caja parece compadecerse del par de idiotas que no dirán nada y benevolente, decide tomar la iniciativa. Las primeras notas del piano van cargadas con un extraño hechizo que ni siquiera ellos pueden ignorar. Sus ojos chocan, lo cerúleo de las pupilas de Todd le recuerdan una tarde bajo el verano verde y azul de Estambul.

Kiss me out of the bearded barley. Nightly, beside the green, green grass. Swing, swing, swing the spinning step. You wear those shoes and I will wear that dress.

Jason curva los labios de manera casi imperceptible. Sin previo aviso se aparta y pone de pie. Estira un poco los brazos para deshacerse de ese rictus de cansancio. Mira a la dueña del departamento.

—Me gusta esa canción. Es tan pegajosa y suave, ya sabes como un arrullo—, comenta con aire indiferente, como para amortiguar el peso de sus palabras agrega. —¿Tienes algo para comer? Muero de hambre.

Alex niega con la cabeza. —Debiste comer algo antes de venir a irrumpir mi paz—, por fin reúne todas sus fuerzas y se aparta de aquel mueble que le robaba el alma. —Suena como el cierre de un filme romántico o, ¿un baile de graduación, tal vez? O una boda, o un final feliz, no sé no soy muy buena para esas cosas.

So, kiss me, beneath the milky twilight. Lead me out on the moonlight floor. Lift up your open hand and, strike up the band and make the fireflies dance Silver moon´s sparkling. So kiss me.

—Eso es porque nunca has visto una película romántica o ido a una graduación, mucho menos a una boda—, alza los hombros con desenfado.

La castaña arquea la ceja, no logra determinar si debería molestarse o no. —¿Qué hay del final feliz?—, decide que de todos modos estuvo algo preocupada por su regreso, así que lo deja pasar.

No contesta de inmediato, arruga un poco la frente. Bufa, posteriormente le extiende la mano con las mejillas ligeramente encendidas. Ser galán es algo fácil, portarse como todo un caballero cursi, no tanto. —¿Quieres bailar? Tómalo como mi celebración por mi regreso o como un estúpido baile de graduación— no va a decirlo, sería como tentar al destino.

Alexa sonríe para sus adentros, le toma unos segundos reaccionar. Para ella con la sola pregunta hubiese bastado, no le había pedido una justificación, ni mucho menos. Ella nunca le pedía cosas que no podía cumplir. —Sólo di que es el final feliz—. Niega un par de veces y sin demorarse más pone la mano sobre la palma ajena.

Kiss me down by the broken tree house. Swing, swing me upon its hanging tire. Bring, bring, bring my flowered hat. We'll take the trail marked on your father's map.

Entrelazan los dedos. Se miran a los ojos, de nuevo. Jason pone la otra mano sobre su cadera, Alexa busca su hombro. El primer compas es un rígido; un-dos. Nunca habían estado tan cerca sin armas, o golpes, o sarcasmos, o estúpidos juegos pre-copulación. Alex contiene la respiración un par de segundos. No es un espejismo Jason está ahí, a su lado. En una sola pieza; cálido y con el corazón acelerado, se lo había prometido. Voy a volver cuando menos pienses, te sentirás como una imbécil por haberte preocupado tanto. Le alegra saber que cumplió. Había hecho lo mismo tantas veces; marcharse y dejar en espera al otro, era tan jodido (al menos para el que esperaba). Se repitió mentalmente que no volvería a hacer algo así.

Le suelta la mano para abrazarle cuello, sus dedos se pierden en la estela negra de la cabellera. Hunde el rostro entre el mentón y su pecho, aspira el blando aroma a cedro, sudor y pólvora que lleva impregnado. Suspira al sentir la otra mano sobre su cadera, en menos de un segundo Jason tiene apoyada la barbilla contra su cabeza.

So, kiss me, beneath the milky twilight. Lead me out on the moonlight floor. Lift up your open hand and, strike up the band and make the fireflies dance Silver moon´s sparkling. So kiss me.

Era un alivio saber que regresó sano y salvo. Que seguiría dándose el lujo de sacarlo de quicio con la alarma por la mañana u obligarlo a hacer las compras por la tarde y disfrutarlo por la noche con o sin traje (si era sincera sin).

So kiss me…

Ha perdido la cuenta de las veces que sus ojos se cruzan esa noche, no es como que le importe, pero esa extraña sensación de electricidad en la médula le turba un poco. —Me da gusto que hayas vuelto, Jay—. El, "ya lo sabía" que le susurra en el oído le causa la necesidad de estrellarlo contra el muro, pero no lo hace.

So, kiss me, beneath the milky twilight. Lead me out on the moonlight floor. Lift up your open hand and, strike up the band and make the fireflies dance Silver moon´s sparkling. So kiss me…

El piano y el violín siguen acompañando el cadencioso baile. Se inclina hacia adelante hasta rozarle los labios. Le regala una tenue sonrisa, aparta una mano de su cadera para acariciarle el cabello con un deje de rudeza. —Me preocupaba la idea de no poder hacer esto nunca más—, murmura contra sus labios.

Cierra los ojos, todo es reemplazado por la sensación de calidez. Un hormigueo le recorre el cuerpo. Pronto sus lenguas se unen en algo más pasional y las manos de Alexa se aferran con fuerza al cuello del moreno. No es una sentimental, pero si alguien quiere llevárselo de su lado tendrá que esforzarse, porque no piensa cederlo así como así. Cada vez que sus labios se tocan o enredan reafirma la idea.

Kiss me, beneath the milky twilight. Lead me out on the moonlight floor. Lift up your open hand and, strike up the band and make the fireflies dance Silver moon´s sparkling. So kiss me

—Eso es porque soy jodidamente encantadora—, Alex ríe. Jason sólo tira de la cabellera castaña, escucha el pequeño "auchie" y deposita otro beso líquido en sus labios. La canción está por terminar, han sido demasiado cursis para toda una vida.

—Aún tengo hambre, llévame a un restaurante caro.

—La última vez golpeaste al mesero, no voy a arriesgarme. Vamos por una hamburguesa doble con queso y tocino. ¿Además a qué viene todo esto? Te toca pagar a ti.

—Sólo porque son hamburguesas. Vamos entonces, si espero un segundo más moriré de inanición.

—Iré a buscar mis zapatos—, la deja ir y se tumba en el mullido sofá. La idea de hundirse en él y terminar en el mundo de los conejos de polvo no le parece tan descabellada. Esa cosa es vieja como ella sola. El piano sigue su curso, Jason sonríe para sí cuando la ve cruzar el umbral de la habitación. Lucha por ponerse los botines. Se pone de pie con más esfuerzo del que previó.

—Alex, compremos otro sofá, éste es horrible.

—¿Compremos? —, el rostro de extrañamiento le resulta un poema.

—Sí, creo que el alma del dueño anterior aún sigue ahí—, los últimos acordes suenan. So kiss me…, es en todo lo que su cabeza se concentra. Es en todo lo que se resumen sus pensamientos desde que se coló por la vieja ventana de madera. Las ironías de la vida nunca dejan de sorprenderle, pero no le importa mucho, ya no. Nunca más desde que conoció a Alexa, nunca desde que sus labios se unieron por primera vez. Pasa la lengua por sus labios para revivir la sensación de hacía unos segundos. Luego de tantos besos por fin lo comprendía, sólo los de ella le calmaban y lo convertían en alguien radiante; por alguna razón ya no le molestaba.—Apúrate o me iré sin ti.

—Eres un dolor en el culo, deja de ordenarme—. Avanza un poco hasta el radio escucha las últimas frases, la voz del locutor se hace presente y sin prestar mucha atención apaga el aparato. Una de cinco no estaba para nada mal, la victoria más grande de la noche. Frente a ellos se alza el cielo estrellado y etéreo de Gotham, Alex está segura que salir por la ventana no es normal.

So kiss me…

So kiss me…

Ese es su final feliz y ambos lo saben.