Adventure Time no me pertenece, es sino a su creadorPendleton Ward
Esta historia es sólo mía y no permito que se publique en otro medio, de alguna otra forma sin mi autorización.
Escribo por mera diversión sin fines de lucros.
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- Corazón de Cristal (Corazones Preciosos)
- By NaikoPink
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Capitulo II.- ¿Dorado o Plateado?
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''Cualquiera se cansaría del mismo juego'' — Gumball.
— Príncipe. — Llamó ella sacándolo de sus pensamientos, — ¿No cree que se le está haciendo tarde? —
La reina del cabello plateado dijo aquello de una manera tan casual, que Gumball descifro en seguida a donde quería llegar.
— Voy a quedarme a dormir. — Afirmo él.
Ni siquiera se molestó por preguntar, pues en su mente una respuesta afirmativa por parte de la mayor le parecía bastante obvia, más lo que escucho a continuación lo desconcertó.
— Tú no vas a quedarte a dormir. — Aseguro la reina.
— ¿Por qué? — Pregunto de manera infantil y una sonrisa en su rostro.
Mas como respuesta obtuvo otra pregunta, una dirigida en forma de reclamo. — ¿Qué pensaría tu queridísima Fionna si le dijeras que quieres dormir conmigo? —
— ¿Son celos o reclamos? — Se burló el príncipe.
Ella ahogo una risa sarcástica, se levantó del suelo y lo abrazo, aferrándose a su pecho, colocando sus frías manos sobre el príncipe.
Acerco sus labios, lo suficiente para susurrar en su oído, con voz calmada. — Eso no cambia las cosas… —
Sintió como él se estremecía debido al repentino acercamiento. Recorrió con una mano el pecho del príncipe, situándola en donde se encontraba su corazón y noto como su pulso aceleraba.
¿Podría ser acaso que el príncipe está nervioso por ella?, sonrió sin notarlo al pensar en ello, ''Bueno eso sería un gran avance. '' Pero, ¿realmente él podría sentirse atraído por ella?, imposible.
La Reina Helada como se había apodado siempre se consideró una persona horrible, es más la definición que ella entendía por ''persona'', no cabía en ella, simplemente era un ser que se dedicó a propagar el mal, de una forma un tanto moderada, pero mal a fin de cuentas.
Al desechar la suposición anterior, una nueva se albergó en su mente.
Suspiro por lo bajo y dijo — No me dirás que tú también me tienes miedo. —
— Te equivocas. — Se apresuró a responder y ella bufo indignada.
— No me tragaría una mentira tan absurda, nadie lo haría. — Aseguro y prosiguió a levantar también al príncipe.
— No te miento. — Aseguro él viendo cómo se adentraban entre las nubes, alejándose cada vez más del firmamento.
Ella descendió del maravilloso cielo nocturno, en la fría noche desolada, en los sueños de los ciudadanos creados a partir de azúcar refinada. Ninguno noto su llegada, quien con cuidado aterrizó en el balcón también creado a partir de dulces.
Ni siquiera se dignó en rozar el suelo de caramelo, liberando al príncipe de su abrazo, lo dejo en ese balcón, que conectaba con el cuarto del gobernante, al que hacía mucho tiempo frecuentaba irrumpiendo con la paz que siempre se notaba en aquel lugar.
Ella sintió la calidez escaparse nuevamente de su ser, al romper contacto con su piel.
Él por su parte sólo contemplo el rostro de la mayor, sereno y tranquilo como nunca se veía, sus cabellos plateados se notaban más desordenados de lo habitual.
La Reina se elevó aún más alejándose del firmamento de caramelo.
- Gracias por la compañía...- susurró con arrogancia - Pero parece que alguien te espera- pronunció haciendo énfasis en ''alguien''.
Él no comprendió y la reina logró notarlo, extendió su mano y una suave y fría brisa se extendió en el balcón, logrando de esta manera que la puerta cediera, abriéndose en silencio.
Se denoto dentro una señorita, muy digna de la palabra belleza, su silueta femenina bien pronunciada pero sin llegar a parecer exagerada, su cabello dorado desbordaba desde la cama, llegando incluso a rozar el suelo.
El príncipe se paralizó al notar a la joven en su cama, miro a la reina para aclarar la situación, más no encontró ni el rastro que ella dejo.
Suspiro hondo realmente tendría cosas que explicar, aunque sus ojos le exigían descanso alguien más ocupaba su lugar.
¿Qué abra hecho ahora el rey de los vampiros para avivar la ira de Fionna? Que incluso fue a verlo a él, en busca de consuelo.
Un triste consuelo, como siempre lo ha sido.
En ese momento no encontraba en su ingeniosa mente una explicación coherente, sobre el porqué días anteriores se había osado a preguntar con voz ronca y temblorosa aquello que la joven heroína de Ooo hubiese esperado hace unos meses, o tan sólo unos días.
…
¿Quieres ser mi novia? - pregunto hace unos días a la heroína.
De una forma tan casual que incluso a él le extraño, pero no podía hacer más, no deseaba tener que perder tanto tiempo, pero no soportaba ver la tristeza oculta en los brillante ojos de la joven dueña de la cabellera dorada, que ocultaba con descaro debajo de un sombrero con orejas de conejo.
Más su respuesta no tardó en alcanzarlo, un puño sin la elegancia ni la feminidad, que hubiese tenido una bofetada, a la cual las jóvenes de su edad frecuentaban, más aquella chica, no era una joven ordinaria y si ameritaba podría incluso dejárselo muy en claro.
— ¿Y crees que me tragare eso? — Reprochó ella con notable enojo.
El príncipe no logró responder a las palabras de Fionna, quien al voltearse para irse lo miro de reojo y con un eje de tristeza y furia a la vez le dijo:
— Aún peor que el rechazo, es que te acepten por lastima. —
Y sin dejarlo reintegrarse corrió, tan rápido como sus pies se lo permitieron, tan lejos como su fuerza de voluntad la dejo, recorriendo de prisa aquel camino, el mismo que tiempo atrás admiró.
Él se quedó quieto tal estatua, la vio irse, la vio sollozar pero no movió un dedo al respecto, ni siquiera sintió pena por ella, aunque se consideró terrible por ello.
Llevo su mano a su estómago, el cual había sufrido la ira de la joven, y finalmente la vio desvanecerse en la lejanía.
…
Al entrar en la habitación le fue imposible no llamarla por su nombre. — Fionna. —
La joven al escuchar su nombre se reintegró, sentándose a un borde de la amplia cama, observo detalladamente al príncipe con un eje de curiosidad en su mirada, esperando alguna reacción.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — Pregunto el gobernante pero ella ignoro su pregunta.
— Príncipe, ¿en dónde has estado toda la tarde? — Pregunto más en su pregunta se veía otra intención.
— He estado ocupado… — Respondió finalmente y ella bufo.
— Ocupado con cierta persona, supongo. — Y finalmente él logro ver a donde aquella joven quería llegar.
— Estas en lo correcto, he estado ocupado con cierta persona, ¿puedes retirarte ahora? — Finalizo él y Fionna se levantó con cautela dispuesta a acceder a su petición.
Tomo su gorro con orejas de conejo, ese que le daba una expresión tan infantil a su silueta, pero que ella se negaba a abandonar por alguna razón, se lo coloco ocultando su largo cabello en él y finalmente se dirigió hasta donde estaba el príncipe.
Hablando en voz baja le dijo. — La Reina Helada, estamos hablando de ella, ¿es realmente esto correcto? — Puntualizo la menor mirando al príncipe con su seño levemente fruncido.
— No es la gran cosa Fionna. — Respondió sin interés al darse la para salir al balcón nuevamente.
— ¿Qué crees que piensen tus súbditos, eh príncipe? — Pregunto con cierto recelo a la vez que se daba la vuelta para irse.
— ¿Me estas armando esta escena por celos Fionna?, ¡¿son celos?! — Reprocho él y el sonido de los zapatos contra el suelo se detuvo y ella rio por mera conveniencia.
— Alguien como ella no puede tener sentimientos. — Respondió simplemente y se alejó.
Él la observo marcharse hasta su andar se veía en cierta forma infantil, pues no mostraba la elegancia ni la decencia que las jóvenes de su edad tenían, en cierta forma era adorable.
Pues siempre observo a Fionna como una niña pequeña, a pesar de haber dejado de serlo hace algún tiempo, en su mente seguía gravada esa niña rubia con orejas de conejo que se emocionaba y sonrojaba con sólo verlo, esos cristalinos ojos azules que lo miraban con tanta curiosidad y admiración, los cuales no lograba ocultar por completo, ella era hermosa, en todos sus aspectos, más él no podría verla de otra forma que no fuese como a una niña pequeña, ya debía haberse acostumbrado a ello.
— Fionna… Definitivamente eres una niña. — Susurro para si al recostarse en su cama y cerró los ojos dispuesto a ceder ante su sueño más una voz se lo impidió.
— Una niña a la que no te cansas de admirar. — Rio una voz a la que él reconoció en seguida.
— Reina… — Llamo al sentarse sobre la cama y buscar con la mirada a la portadora de aquella voz tan extrañamente calmada.
Allí yacía la dama del cabello plateado, esa que helaría a cualquiera con tocarla, en todo el sentido de la palabra. Sentada en el balcón con sus finas piernas cruzadas y su cabello volando a su propia merced, un blanco realmente encantador, ella lo observaba con cierta gracia en su mirar y el no comprendió, más algo en su mirada grisácea parecía ocultar algo y a la vez lo invitaba a acercarse a ella sin ningún temor.
— Príncipe. — Llamo de igual manera sin moverse de su lugar.
— ¿Me estabas espiando? — Pregunto Gumball y ella se encogió de hombros.
— ¿Qué puedo decir?, quería ver hasta donde llegaba esa niña. — Gumball comprendió de inmediato la perversidad en aquel comentario y se incomodó un poco. — Y no pude evitar escuchar su conversación y mi mención. —
— No le des importancia a las palabras de Fionna. — Respondió y ella nuevamente rio, más en su risa logro sentir un gran dolor.
La reina sintió como la armadura de hielo en su corazón comenzaba lentamente a agrietarse.
— Tú te equivocas… — Susurro.
De manera rápida se elevó del balcón e ingreso a la habitación, llegando hasta la cama en la cual se detuvo pero sin llegar a rozarla, se mantuvo elevada a poca distancia de donde el príncipe se encontraba.
Gumball elevo su mirada de manera lenta para contemplar el cuerpo de la dama, al llegar hasta su rostro percibió en sus ojos ahora sombríos una crueldad que nunca antes se había apoderado de ella.
— ¿Reina…? —
— Voy a hacer lo alguien sin sentimientos haría. — Afirmo con voz fría activando así todos los sentidos les príncipe y su corazón se aceleró de prisa.
Y al chasquear sus dedos, el hielo dejo prisionero al príncipe, apoderándose tanto de sus pies, como de sus manos, el miedo y el terror se apoderaron de él, por lo que ella pudiese hacerle.
Su gran anfitriona lo miro decidida provocando que de golpe las puertas y ventanas restantes se sellaran con hielo, nadie lo escucharía, nadie más que ella, La Reina Helada.
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FIN DEL CAPITULO.
''Ten cuidado al tratar de arreglar a una persona rota, te puedes cortar con sus pedazos…''
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Notas de la Autora: ¡Buenas!, sé que llevo mucho sin continuarla pero es que no tenía tiempo ni inspiración, pero ahora sí que la tengo jeje, espero les guste.
¿Qué creen que hará la Reina Helada eh?
Gracias por leer.
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