Capítulo 2

Clavó sus uñas en la espalda de Shikamaru. Él le mordió el labio inferir. Gimió. ¡Dios! Se sentía tan bien tenerlo dentro. La penetraba cada vez más rápido y duro. Sintió las cosquillas en su estómago, estaba a punto de llegar, se mordió el labio para no gritar, él seguía moviéndose dentro y fuera de ella, gruñó cuando también probó un pedazo de cielo.

¡Dios sí!

—¿Señorita? —gruñó. —¿Me está escuchando? —chasqueó los dedos sacándola de su mundo de fantasía. —Al parecer quiere quedarse sin trabajo.

Hasta ahí llegó su fantasía. Y sí, aunque fuera el bastardo hijo de puta que se burlaba de ella, vivía completa y totalmente enamorada de él. Era una estúpida de primera, le había dicho hijo de puta a su jefe, y él, ahora de pie, jodidamente enojado, estaba a punto de despedirla, y ella, no más teniendo fantasías despierta.

—Si me va a echar, dímelo de una buena vez. —respondió altanera. Ya se había cansado de que él la tratara tan mal, aunque nunca debió meterse con su madre, eso siempre lo ponía de un humor de perro, pero era su culpa, nadie lo tenía siendo tan estúpido con ella.

—No, termine de archivar los documentos. ¡Ahora! —gritó.

Salió casi corriendo, después cambiaba de opinión y se quedaba sin trabajo. Se encerró en el archivo y estando ahí, se permitió suspirar aliviada. Nadie le creería jamás que le había hablado así al señor Nara.

El resto del día paso evitando a su jefe, razón por la que no había salido del archivo, se quitó los zapatos y se sentó en el piso. Se estaba orinando, necesitaba el baño, pero él estaba aún sentado tranquilamente en su cómoda silla. El saco descansaba en el respaldar de la silla. Se veía tan sexy concentrado en lo que sea que estuviera concentrado.

Las ganas de ir al baño la mataban... No soportaría por mucho tiempo. No, no esperaría más. Tomo el valor suficiente para salir, apenas abrió la puerta por completo, él levantó la mirada hacia ella.

—¿A dónde cree que va? —le preguntó, ella se mordió el labio, no lo hacía tratando de ser sexy ni tampoco era un tic que relucía cuando estaba nerviosa, ella solo se estaba meando y busca una forma de distraerse.

— Tengo que ir al baño. —señaló una puerta.

—Ahí hay un baño, no necesita ir al de los empleados. —señaló una puerta.

—Gracias. —sonrió nerviosa, maldiciendo al desgraciado que tenía su propio baño, de haberlo sabido antes habría ido ahí y no tendría que caminar tanto para llegar al otro.

Él no dijo nada y dirigió nuevamente su atención a la pantalla de su pc. Se mordió el labio, esperaba que no se escuchara nada. Cerró la puerta tras de sí e hizo lo que iba a hacer. Lavó sus manos y salió sintiéndose mucho mejor.

—Me parece divertido que orine a chorritos. —dijo Shikamaru sin siquiera mirarla. Su cara y orejas se calentaron por la vergüenza. No respondió nada, él sonrió victorioso. —Entonces es verdad, señorita. —se mofó y recostó su rostro en una de sus manos.

—Déjeme en paz. —gruño.

—No juegue con fuego. —respondió tranquilo. —Usted no es indispensable para la empresa, puedo sustituirla cuando lo desee.

—Lo siento, señor. Pero no voy a soportar que siga burlándose de mí.

—¿Qué va a hacer al respecto? Gritarme, golpearme... Lo dudo, señorita. Usted necesita mucho este trabajo. Además le debe una buena cantidad de dinero a la empresa.

Temari se mordió la lengua, él estaba tratando de fastidiarla, no le des el gusto.

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Llegó a casa, se quitó los zapatos y el brassier. Saludo a la bola de grasa y pelo que tenía por gato. El Señor Bigotes, sí un nombre muy "original", pero cuando lo adoptó ni siquiera quería una mascota, solo sintió lastima por él, estaba en una caja de cartón, con hambre y muerto de frío, nadie lo quería por no ser de raza.

Se tiró en su cama. La idea de envenenar a su jefe, cada día sonaba mejor. Iría a la cárcel, pero tendría la satisfacción de haberse vengado de él. Pasó un brazo sobre sus ojos. Últimamente había fantaseado mucho con Shikamaru, demasiado para su gusto y para su salud mental. El Señor Bigotes, se subió sobre ella.

—¿Tienes hambre? Solo por eso vienes ¿verdad? —dijo mientras lo acariciaba. —Vamos. Te daré algo para que comas, mi pequeño hombrecito.

Esa noche siguió leyendo, ¡Dios! Por qué ella no conseguía un hombre así. Cerró sus ojos y se imaginó con un vestido victoriano, en medio de un salón de baile, sus ojos verdes se encontraron con otros negros como el carbón. Shikamaru se acercaba a ella, la sacaba a bailar un vals, sus cuerpos escandalosamente cerca.

El despertador arruino su hermoso sueño. Bostezó, rascó su trasero mientras caminaba hacia el baño. ¡Por fin era viernes! No es como si tuviera vida social y saldría a divertirse, porque no era así. Pero podría terminar de leer y dormir hasta pasado el mediodía del sábado.

Llegó 15 minutos tarde, paso a comprar una torta chilena (mil hojas). No se arrepentía, pero tuvo que esperar mucho en la fila, y ahora tendría que tragarse la hablada que le iba a echar su jefe. Se sentó en su escritorio, la puerta de Shikamaru se abrió de un portazo. Estaba enojado, y enojado se veía más sexy.

—Temari, tenemos que hablar seriamente.

—¿Sobre qué? —¡mierda! Si se enojó porque llego tarde, bueno estaba exagerando. Solo fueron 15 minutos, tampoco fue tanto.

—¡Ahora! —gruño señalando dentro de su oficina. Se levantó y camino despacito. —Rápido

Corrió dentro de la oficina. Shikamaru cerró con otro portazo. Se acercó lentamente, como una pantera al acecho de su presa. Se pellizco. Tal vez estaba fantaseando otra vez, porque la mirada que él tenía solo podría definirse como de deseo, lujuria desenfrenada.

—Estoy harto —gruñó.

Jadeó cuando él la tomó del pelo y echó su cabeza hacia tras, no fue doloroso, sino placentero. El atrapó su boca con un beso salvaje. Volvió a pellizcarse debía estar soñando despierta. Pero no, Shikamaru la besaba. El mordisqueo su labio.

—Dios, me enciendes. —gimió en su oreja, besó su cuello y descendió.

¿Ahora que se supone que debe hacer? Trato de apartar a Shikamaru, pero por favor, le gustaba lo que estaba haciendo. ¡Oh Dios! ¿Si intentaba algo más que besarla? No podía dejar que mirara su ropa interior, y menos cuando estaba usando chorriadores* de café (chones de abuelita) intento empujarló pero, realmente no estaba poniendo todo su empeño, esto era un sueño realidad y estaba siendo arruinado porque no tenía la ropa interior adecuada, claro el universo debía estarse divirtiendo a su costa.