4

Rondaron no muy adentro del bosque, Anna iba dibujando con su varita en un pergamino el terreno en esa parte de la cordillera. Luna y Harry iban alertas a cualquier movimiento, sonido o sensación extraña que pudiera resultar peligrosa. El pelinegro no quería usar las habilidades de su amiga, aun se notaba exhausta y sobre cargarla de trabajo no le agradaba, por tal motivo decidieron confiar en el camuflaje de sus capas.

Las capas hechizadas brindaban cierto apoyo, pero en situaciones de alto riesgo con poderosos hechiceros su función decaía en la mitad de su efectividad. Si bien, hombres como los cazadores podían ser engañados por el camuflaje de las capas, un hechicero obscuro de alto nivel podría detectarlos. Eso inquietaba al grupo.

— Harry, permíteme usar mi habilidad — volvió a tomar el tema la rubia —. Te prometo que estaré bien, además de que avanzaremos más rápido.

— No, recuerda lo que puede suceder.

— No ocurrirá, y si sucede ya sabes que puedo volver…

— Sé que eres fuerte y hábil, nunca lo he dudado — le tomo de la mano —, pero no me gusta exponerte.

Luna no dijo nada, solo apretó la mano de su amigo por un momento, después sse soltaron y volvieron andar para alcanzar a su compañera.

Alcanzaron la posición de Anna que les vio llegar, algo en su rostro les indico que algo ocurría. Se colocó el dedo índice en los labios para marcar el silencio, y posterior les indico que se ocultaran tras los árboles. Luna y Harry obedecieron enseguida, se acomodaron las capuchas y quedaron camuflados. Unos pasos yo voces se hicieron presentes al poco tiempo, eran de dos mujeres.

— ¿Crees que vengan por esos mocoso? — hablo una de las dos brujas encapuchadas en gris claro.

— Lo más seguro, son cadetes de auror — respondió la otra mujer.

— No entiendo porque nos pidió que los atrapáramos.

— Nunca vayas a decir algo asi enfrente de ella — remarco el pronombre con voz temblorosa —. Si es que aprecias tu vida.

Las brujas pasaron por los costados de los arboles donde se camuflaban, pasaron por el de Anna, luego el de Harry, y se detuvieron en el de Luna. Siguieron charlando sobre trivialidades, ya nada sobre el tema de sus camaradas. Quietos luchando por no hacer un movimiento en falso, los hechiceros solo esperaban a que esas brujas se alejaran para poder volver al punto donde se encontrarían con Lamark y sus fuerzas.

Harry observaba atento a las brujas, no alcanzaba a escuchar lo que decían, pero seguro era relacionado con alguna maldad por hacer. Se quedó esperando hasta que una de las brujas se arremango la túnica, lo que vio le dejo helado e instantáneamente preocupado por la cercanía con su rubia amiga. En el brazo de la bruja vio un pedazo de metal que cubría su antebrazo, esta lucia una figura de unas garras en medio de unas alas extendidas. Estaban frente al grupo de brujas más peligroso en las cuatro regiones; las arpías.

Ese grupo era uno de los más buscados por los aurores, y con los cuales han tenido batallas por de más sangrientas. Esas brujas eran de un alto nivel, si fueran aurores serian de categoría uno, por lo que ahora era vital que no los descubrieran. Por otro lado, Harry sintió una opresión en su pecho, sus camaradas estaban bajo la custodia de aquellas dementes brujas. No quería imaginar lo que hasta ese momento pudieron haber sufrido.

— Petrificus — de la punta de la varita de la otra bruja salió un rayo rojo que impacto directo en el árbol de Luna.

La rubia cayó como un saco de patatas al suelo, levantando nieve en el impacto. Harry al presenciar aquello no pudo evitar salir de su escondite, su amiga estaba en apuros. Por la reacción de las brujas no se percataron de su presencia, se vieron sorprendidas a lo que aprovecho para lanzar a una lejos con su hechizo expelliarmus.

— Con que había otro — hablo la que aún estaba de pie.

— Muchos más — corrigió el pelinegro —. Así que por tu bien, ríndete.

— ¿Acaso crees que soy estúpida niño?

Harry se encogió de hombros a lo que la bruja se irrito.

— Idiota — levanto su varita —. Si fueran más ya nos hubieran atacado en vez de esconderse — lo examino y agrego —. Solo son unos pequeños cadetes.

Harry no le prestaba toda la atención a la bruja, estaba más preocupado en proteger a su amiga que estaba unos pasos detrás de su oponente.

— Solo cadetes — repitió el alquimista con voz altanera —. No hubieras dicho eso.

La bruja se vio confundida ante la actitud del joven.

— No hubieras dicho eso, te verás ridícula cuando te derrote un simple cadete.

La bruja no se dejó llevar por las provocaciones del alquimista, y esto no le gusto al pelinegro. Siempre contaba con sacar de balance mental a su oponente, se notaba que en esos instantes estaba frente a una bruja de muy alto nivel. Debía ser cuidadoso, un movimiento en falso podría significar su muerte.

El hechicero como la bruja se miraba atenta, con sus varitas en mano, solo esperaba a que el otro hiciera su primer movimiento. Interesado por alejar a la bruja de su amiga en el suelo, ideo el plan que implicaba a su compañera aun oculta. No miro nunca al árbol donde se ocultaba, no debía advertir de ninguna manera a la bruja, solo esperaba que Anna entendiera lo que estaba por hacer.

Se concentró para aparecer en otro punto de esa zona del bosque, se fue convirtiendo en una bruma blanca a lo que la bruja respondió convirtiéndose ella en una bruma negra. Estaba claro que no tenía en mente dejarlo huir, y eso era justo lo que deseaba el pelinegro. Se deslizo por entre los arboles dejando una estala delgada que se camuflaba con la nieve, pudo sentir como la bruja iba detrás suya. En el trayecto fueron lanzando hechizos al otro, unos de ataque otros de defensa.

Necesitaba que la bruja se concentrara en su batalla, meterla de lleno en que su rival era el mismo. Eso era vital para lo que estaba por hacer. En todo momento su trayecto fue rodear de cerca el árbol donde Anna seguía oculta. Después de dar vuelto en dos árboles supo que era el momento, se detuvo y materializo. La bruja se detuvo de forma brusca creyendo que recibiría un ataque del hechicero.

— Eres hábil — reconoció la bruja al momento en que volvía su figura.

— Es cierto.

La sonrisa burlona del pelinegro si afecto a la mujer aun oculta en su capucha. Esta levanto su varita y estaba por pronunciar el peor hechizo cuando un haz de luz roja le impacto en un costado lanzándola lejos, casi a la altura donde se encontraban su colega aun inconsciente.

— Buen tiro, Anna.

La joven se quitó su capa de invisibilidad, su sonrisa delataba que estaba orgullosa de contribuir en la victoria parcial sobre dos brujas integrantes de las Arpías.

— Buen plan.

Harry con un ligero movimiento de cabeza acepto el cumplido, luego se dirigió enseguida hacia su amiga en el suelo. La tomo en sus brazos y se cercioro que estuviera respirando, parecía que estaba en buenas condiciones.

— Debemos irnos, Harry.

El joven echo una mirada a las brujas en la nieve, quería poder arrestarlas y llevarlas con sus camaradas aurores, pero su compañera tenía razón. Quedarse no era factible, podían las brujas volver en si en cualquier momento, pero lo que ocurrió fue peor aún.

Cuando levantaba a su rubia amiga, unos entes se fueron apareciendo a su alrededor, fácil eran unas veinte figuras que se ocultaban en sus túnicas con la capucha puesta. Todas las figuras delineaban curvas propias de una mujer. No se debía ser un genio para saber que esas eran brujas compañeras de las dos inconscientes en la nieve. Harry se aferró a Luna con su brazo derecho, con la izquierda levanto en alto su varita. Por su lado, Anna se colocó a la espalda del alquimista para cubrir las brujas a su espalda.

— Son demasiadas, Harry.

— Lo sé.

Esa situación no era fácil, no sabía cómo podría vencer a tantas brujas, que seguro eran más poderosas que las que ya había enfrentado. De todas las brujas presentes hubo una en especial que le llamo la atención, es que mantenía una postura era peculiar, ladeada hacia la izquierda y con movimientos ligeros de un lado a otro. El anonimato que le brindaba la capucha le impedía ver su rostro, pero por alguna razón pudo sentir que su mirada se clavaba en él de una manera especial.

Sin quitarle la vista a la bruja el alquimista se preparó para luchar, en ese momento sabía que no había posibilidades de un plan como la vez anterior, solo quedaba rogar por su destreza fuese la mejor. Con un movimiento cuidadoso, ligero y despacio, dejo a su amiga recostada en el suelo. Reconociendo que le podía tocar un hechizo lanzado a la suerte, pensó en cómo proteger a su amiga, teniendo una idea supo que al primer hechizo lanzado debía ser muy veloz.

— ¡Vaya! Grenlick y Amarot han sido sacadas de combate — una voz burlona sonó a su derecha.

— Estos cadetes lucen más fuertes que los anteriores — comentó otra a su izquierda.

Eso confirmaba que el equipo doceavo había sido atacado por esas brujas. El nerviosismo por la situación en que pudieran estar sus camaradas inquietaba al pelinegro, esas brujas lucían muy peligrosas y hasta comenzaba a ver que algunas estaban algo dementes.

— ¿Qué haremos con estos? — pregunto la primera dirigiéndose a la que le inquietaba.

— Supongo que nos divertiremos como con los otros.

— Yo quiero a la rubia.

Escuchar como las brujas se empezaban a pelear por quien torturaría a quien estremeció al hechicero y su compañera. A su vez escuchar aquello le hizo tomar ese coraje de que no se irían limpias esas malditas brujas que irradiaban excitación por la idea de la tortura que les infligirían.

El entusiasmo se propago por las diecinueve brujas, solo la que se notaba era la líder se quedó quita, mantenía ese movimiento excéntrico y no dejaba de prestar atención al pelinegro. El éxtasis de las brujas hizo que varias dieran un par de pasos peligrosos hacia su posición, pero las que se adelantaron se detuvieron al ver que su líder levantaba la mano. La más cercana a la bruja alfa se le acercó para escuchar lo que fuese que tuviera que decir, su rostro detono asombro al escuchar sus palabras.

— ¿Esta segura?

Esa pregunta fue un error para la bruja, su líder la tomo del cuello y dijo algo que no alcanzo a distinguir el pelinegro. Al soltarla la bruja se tomó su cuello para sobar el área dañada, quedo claro que la líder no permitía que se cuestionara sus decisiones.

— Ajam, ajam — la bruja aclaro su voz y vocifero —. Asesinen a las jóvenes, y tomen prisionero al hechicero.

Reaccionando en el instante que las palabras salieron de la boca de la bruja, Harry y Anna levantaron sus varitas, estaban dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias.

Bofándose de su pose de combate las brujas sacaron sus varitas, tener que enfrentarse a veinte era más de lo que podría confrontar. Sin embargo, no tembló, no titubeo, se quedó firme apuntando a las brujas que tenía enfrente. Un par dieron dos pasos a delante, provocando en Harry esa tentación de lanzar un hechizo; no lo hizo porque sabía que tenía que ser inteligente. Debía mantener la calma, un movimiento en falos y todo se volvería un caos en donde incluso el, que querían vivo por alguna razón, podría salir herido o mucho peor.

— ¿Qué haremos, Harry?

— Cuando te diga utiliza un conjuro de protección.

Anna solo asintió, viendo que el pelinegro era un buen estratega y líder del mejor equipo de cadetes, no dudaba en la petición de su colega. Esperaba que su maniobra surtiera efecto, no daba cabida al pensamiento de si no lo conseguían, solo se enfocaba en esas dos brujas que habían avanzado esos dos paso. La distancia era favorable, solo necesitaba un poco más de tiempo.

De reojo aprecio como otras tres brujas — una a su derecha, dos a la izquierda — se movían hacia su posición. Sujeto con fuerza su varita, el momento se acercaba, solo un poco más. Anna a su espalda le toca el brazo, otras brujas se han movido. La situación era como si una manada de lobos estuvieran acechando a su presa, disfrutando cada momento del agobio de la víctima.

Cuando una sexta bruja, en su campo de visión, se movió hacia ellos Harry dio la orden a su compañera para atacar, pero lo que paso frente a sus ojos nunca lo tomo como posibilidad. Varias figuras brumosas los comenzaron a rodear a las brujas, en su paso dejaban esa estela blanca, con esto comenzó una nueva batalla. Reaccionando enseguida el pelinegro se hecho al suelo coloco su cuerpo sobre el de su amiga, debía protegerla, con un conjuro de protección se aseguró que los hechizos, que comenzaban a ser lanzados por todos lados, no les hirieran.

Anna por su parte se rejunto con el pelinegro, creando su propia protección, se quedaron observando una lucha entre sus camaradas y el grupo conocido como Las Arpias. Harry quiso ir ayudar, se detuvo al ver el rostro de Luna bajo el suyo. No la podía abandonar. Solo quedaba esperar que la confrontación terminase.

5

Lamark y sus fuerzas alejaron a las arpías, no pudieron capturar a ninguna, solo tenían los cadáveres de unas cuantas. Un grupo fue en caza de las brujas que huyeron, no debían permitir que se salieran con la suya, sin mencionar que debían encontrar a los cadetes del equipo doceavo.

— Déjame ir — soltó Harry al ver partir al grupo de persecución.

— No, eres un cadete y este tipo de misión está fuera de tu rango.

El pelinegro odiaba esa postura de su amigo, era como si fuese su padre, siempre le trataba con esa autoridad que solo el progenitor puede poseer. No lo entendía, quizás en su pasado tuvo un hijo, no lo sabía, nunca hablaba mucho de su pasado. Molesto solo le quedo ver partir a los aurores, y con ellos sus esperanzas de poder contribuir a la búsqueda de sus colegas.

— Vayan con James y Artur — Lamark dio su orden con esa voz de padre —, ellos los llevaran de regreso a Polville.

— ¿Cómo? ¿Regresamos a Hogwarts?

— Si, ya han completado esta parte de su entrenamiento.

Harry no refuto, cuando su amigo dejaba de lado su lado amigable y relajado era mejor no buscarle. Lo que le incomodo fue eso en su mirada, como de nerviosismo, algo no andaba del todo bien, y eso le incómodo.

— Te veo en el castillo, Harry.

Solo asintió como respuesta, se dio media vuelta y dejo que su amigo auror se retirara con sus camaradas con la tarea de la persecución y búsqueda. Miro como Anna ayudaba a Luna que fue ayudada por los aurores médicos para recuperar la conciencia, luego paso su atención en los aurores que los escoltarían. Le esperaban para partir. Dio un último vistazo hacia la dirección por donde se retiró Lamark, esperaba que pudieran atrapar a las brujas, pero sobre todo que encontraran a sus camaradas.

6

Ronald y Lisa apenas vieron a sus amigos regresar junto a los aurores salieron en su encuentro. Las preguntas afloraron, una tras otra. Harry solo respondió algunas, prometiendo que en el camino les explicaría que les ocurrió. Por su lado, Anna fue recibida por sus camaradas, que de igual manera la bombardearon de preguntas. Los integrantes de cada equipo estuvieron felices de que no les ocurriese nada.

Sin perder tiempo levantaron el campamento, y Artur — un hombre de unos cuarenta años, y facciones rudas —, les solicito que le siguieran. En hilera fue el viaje, debían que viajar a un punto donde pudiera llevar acabo la aparición. El clima y la altitud era un impedimento en ese punto de la cordillera.

Viajaron por un largo sendero hasta llegar a una zona amplia, dejando de lado la montaña y el cielo nublado. A la orden de los aurores todos se dispusieron aparecerse en la ciudad denominada como Polville, cede de la más grande casa de seguridad en Slytherin. Una vez aparecidos el viaje fue de unos minutos. La ciudad se ubicaba en el centro de una cadena de montañas que se conectaban con la cordillera, todo el lugar era muy bonito, decorado para las épocas de festividades de la alegría; celebrado a finales de año.

— Bueno, regresamos.

Ron se escuchó nostálgico, como si las aventuras de aquellos meses fuesen lo mejor que hubieran vivido. Para el alquimista sería igual si no fuera por lo ocurrido ese último día de misiones, todo se tornó por de más peligroso, fuera de lo que un cadete — aun cuando fuera de ultimo año — podría manejar. Estaban hablando de que se enfrentaron a un grupo de los más peligrosos, incluso la mejor división de aurores no podía contra aquellas brujas. De nuevo Harry sintió que corrió con suerte, una que no sintió desde hace un par de años; antes de mejorar como hechicero.

Caminaban por las angostas calles del poblado, el ambiente, aunque alegre, se percibía hosco. Antes de poder entrar al cuarte, pudieron ver como unos niños les miraban ilusionados, y asombrados. Uno de los pequeños apuntaba a Harry, seguramente creían que era ya un auror, y le admiraban. Ver esa escena le hizo recordar lo que ellos son para los demás, una esperanza, una fuerza, una fuente de sueños. ¿Cómo lo sucedido en las montañas podría tener una relación con esos pequeños?

— ¿Todo bien, Harry?

— Si, Luna, no te preocupes.

— Listos — hablo James — Las chimeneas han de estar ya esperando por nosotros, descansaremos en Rilgton.

Por algún motivo Harry pensó que estaban apurados por llegar al castillo. En el procedimiento normal, deberían de tener por lo menos un día de descanso en la ciudad para pasar al viaje directo al castillo. Viajar directo a una ciudad fronteriza solo indicaba que por lo ocurrido, los aurores estaban preocupados, no comprendía del todo cómo se estaba llevando todo, pero si quería estar preparado.

7

Anochecía cuando llegamos a Rilgton, la quietud del edificio de seguridad demuestra la hora en la que llegamos. El aroma a estofado, pan recién horneado, puré de papá invade nuestro olfato, el gruñido del estómago no pasa desapercibido. James y Artur nos dan pie a que vayamos al comedor, saben que tenemos meses sin probar un buen bocado, y no es que Lisa — quien se encargaba de nuestra alimentación —, cocinara mal. Era todo lo contrario. Si no fuera por ella tendrían que haber comido el menú poco degustable de Ron, y debían admitir que la hechicera cocinaba muy bien. Lo malo, no tener los ingredientes necesarios.

La cena fue de lo más exquisita, comieron hasta saciarse y repitieron. Con bromas por parte de Ron el ambiente se aligero, y hasta pudieron despejar su mente de los problemas de aquella mañana. El otro equipo también se les unió, charlaron y se pusieron a platicar de sus misiones. Muchas aventuras, tanto para reír como para asustarse. Anna, la líder del equipo quinceavo, se puso a platicar con Harry en el momento que vieron un grupo de aurores entrar.

Los tres hombres y la mujer se les acercaban, por sus vestimentas pudieron percatarse de que grupo se trataba. El escucho en su hombro izquierdo lo confirmo. Un círculo con un ojo al centro. Con la mujer encabezando el grupo, el alquimista supo que ellos tendrían una larga noche, y que el momento de comodidad había terminado.

— Harry Potter, Anna Strlinger — hablo con autoridad la mujer.

— Si, somos nosotros — contestaron al unísono.

— Acompáñenos — la mujer se imponía, aún más que sus colegas varones — Igual la cadete Luna Lovegood.

La rubia solo asintió con ese rostro impasible, se levantó de su lugar y se dispuso a seguir a los aurores. Harry y Anna compartieron un momento la mirada para después imitar a la soñadora.

— Con todo respeto, ¿A dónde nos dirigimos?

La pregunta de Anna no pareció molestar a los aurores que caminaban frente de ellos. Fue un hombre de corta cabellera negra quien le contesto.

— Vamos con el gran auror Alastor Moody.

Eso lo supo desde el momento en que vio los uniformes con ese logo en el hombro derecho. Estaban ante la división Oculus, la mejor de todas, la respetada por las cuatro regiones, la que ha librado guerras y ha ganado. Su líder era tan conocido y respetado como lo es el mismísimo maestre Albus Dumbledore. Harry solo había visto una vez al general, y eso fue hace años, cuando lucho en la batalla en aquel cerro que ocultaba una fortaleza. Un tic en su cabeza le hizo recordar ese dia, ese pequeño momento misterioso, y como su fuese una pieza de rompecabezas la embono con los sucesos en el bosque ubicado en las faldas de la montaña.

La bruja líder, y la bruja que dijo su nombre en aquel cerro le resultaban muy similares. La manera en que se mantenían de pie, esa aura tan cargada de demencia. La voz. Como le hubiera gustado poder escucharla, eso corroboraría en casi su totalidad la identidad de aquella mujer misteriosa. Tal vez solo era su imaginación, lo que si era cierto era que la del cerro conocía su nombre y la del bosque solo quiso matar a sus amigas dejándolo con vida. Cual fuese la verdad no la conocería, ni por más que lo pensara, solo, y muy tal vez, el tiempo le revelaría la conexión de esas dos situaciones.

Caminaron hasta llegar a unas amplias puertas de madera rugada, con dos cuervos tallados como picaporte negro. La mujer, la que lideraba el trayecto, abrió de par en par las puertas para entras en una cámara a media luna. Entraron cauteloso, como si un paso en falso activar alguna trampa. Se percataron que el recinto estaba solo iluminado por la luz de la luna que se colaba por un enorme tragaluz circular en la punta de la cúpula que se usaba de techo.

— Señor, hemos traído a los cadetes que ha solicitado.

La auror se inclinó para muestras sus respetos por un ente entre las sombras, ahí posando tras un enorme escritorio con artilugios y demás artefactos extraños. No podían ver su rostro por la poca luz, pero podían sentir una mirada penetrante que traspasaba la penumbra. La figura oculta se acomodó en su lugar, por la silueta podían saber que era robusto.

— Gracias Elisabeth — El hombre con un movimiento de su mano les indico a los cadetes que tomaran asiento.

Harry, Anna y Luna obedecieron enseguida, tomando lugar en las tres sillas de madera menos fina que todo lo demás hecho del mismo material. Por su parte, los aurores que los trajeron a ese lugar se apartaron y tomaron posición en diferentes puntos de la cámara.

— Se han de preguntar qué es lo que hacen aquí — hablo con esa voz rasposa el auror.

Los cadetes solo asintieron, el auror frente a ellos les imponía de una manera que llevaba por algo diferente al respeto.

— Bien — el hombre aclaro su garganta y prosiguió —. Antes que nada, lamento informarles del deceso de los integrantes del doceavo equipo.

Aquella noticia tomo por desprevenidos a los tres hechiceros, no eran muy cercanos aquel grupo de colegas, pero no podían evitar sentir un estremecimiento al saber que fueron asesinados. Harry apretó su mano en puño a tal grado que su piel se tornó pálida.

— El grupo conocido como las Arpías asesino a cada cadete — el jefe de los aurores se detuvo, no parecía que fuese a entrar en detalles de la forma en que los asesinaron —. Por desgracia hemos perdido rastro de las brujas, las hemos perdido… Lamark y su gente sigue buscándoles, pero encontrarlas ya no es probable.

— Señor, permiso para hablar — pidió Harry.

El movimiento de la mano del auror en jefe le dio el permiso.

— Supongo que han encontrado los cuerpos de nuestro colegas caídos, señor.

— Sí.

— Y también creo que estaban en algún campamento de las brujas.

— Me temo que no, cadete Potter — la figura se levantó, rodeo su amplio escritorio y se acercó al límite de la obscuridad y la luz que la luna les brindaba y el tragaluz les facilitaba —. Han utilizado los cuerpos para poder huir. Según reportes de Lamark clavaron los cuerpos en los árboles en varios puntos del bosque — Alastor se acercó más a la luz para dejar ver su rostro llenos de cicatrices de guerra y ese parche con un ojo ficticio que giraba sin cesar.

— Esas hijas de… — Harry se detuvo, se percató que no estaba en un lugar donde pudiera sacar sus pensamientos a la ligera. Debía mantener la postura —. Siento mi arrebato, señor.

— Esta bien que saque lo que le molesta, cadete Potter — la figura inmutable del auror dibujo una media sonrisa —. Pienso igual de esas arpías.

— Señor, ¿para qué nos ha solicitado? — hablo Luna despreocupada, no se le daba muy bien las cortesías y modales impartidas para los aurores.

Alastor se giró a la cadete rubia y le presto atención, solo su ojos ficticio giraba y giraba. Harry creyó que la manera en que hablo su amiga le molesto al auror, pero esa sonrisa en sus labios marcaba lo contrario. Tal vez el gran auror, respetados por todos, era un irreverente también.

— Se que James y Artur los hicieron hacer el reporte de lo ocurrido con las Arpías — contesto Alastor con esa voz rasposa y con tintes de molestia. Su sonrisa desapareció —, pero, yo soy alguien que prefiere sus propias maneras de llevar las cosas — eso ultimo lo dijo viendo a Harry y Luna —. Quiero que ustedes en persona me expliquen qué es lo que ha sucedido, después les haré unas preguntas.

Harry, Luna y Anna asintieron, siendo el primero el que tomaría la palabras. Explico todo, detalladamente explico sus movimientos y estrategia a seguir. Confeso que jampas pensó que el peligro fuese tan alto, por lo que se vieron osados a buscar a sus colegas. Lo que llegaba a obviar Luna o Anna, dependiendo de la parte del relato, intervenían para explicarlo.

Alastaro recargado en ese bastón grueso que parecía hecho ce diferentes tipos de madera, y que por su pinta ya tenían sus años, les escucho hasta que se quedaron callados. Su postura desaliñada, so ojos dando vueltas e incluso esa manera de tomar de su cantimplora les haciendo dudar de que fuese una leyenda.

— Cuando fueron rodeados — hablo de pronto irrumpiendo en el silencio de la cámara —, ¿no vieron alguna peculiaridad?

La pregunta no estaba muy clara, pero aun asi los hechiceros recordaron aquella mañana en búsqueda de algo que pudieran pasar desapercibidos. Anna y Luna sacudieron su cabeza, en tanto, Harry se quedó dudoso. No sabía si debía compartir lo de la bruja líder y su relación con lo sucedido hace años.

— Cadete Potter, ¿tiene algo que compartir?

Harry levanto la cabeza, quizás no era el momento de revelar aquello. Pudiera que incluso fuese solo un juego engañoso de su mente.

— No señor.

Alastor se quedó quieto en su lugar, recargado en ese bastón de madera gruesa que iba en cono hasta el suelo. Por un segundo el alquimista creyó que el ojos loco se le quedo mirando fijamente, pero seguía haciendo ese movimiento brusco dando giros.

— Bien, pueden retirarse — los hechiceros se levantaron de su lugar —. Excepto usted, cadete Potter.

Harry se quedó en su lugar, Anna y Luna pasaron por su lado, solo la rubia le dedico una mirada a su amigo antes de partir. El alquimista no estaba nervioso, solo se cuestionaba si ese ojo extraño tenía alguna habilidad mágica para detectar si alguien mentía. Como fuese el caso ya estaba allí, solo, con el general y sus aurores inmutables.

Pasaron unos cuantos minutos donde el general solo se quedó recargado en su escritorio, posando sus manos en la parte superior del bastón. No le miraba, mantenía los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo. Harry se comentó a cuestionar por qué lo retuvo, comenzó a dudar que le hubiese atrapado en su mentira.

Un par de minutos más transcurrieron para que el general abriese los ojos. Aun así el auror no poso su atención en el joven cadete, solo miro a su gentes que se ubicaba por la cámara, quiso voltear a ver qué era lo que sucedía. Se quedó quieto esperando a que hablara.

— Cadete.

— ¿Si, señor?

— Me han dado la orden de entregarle esto — Alastor estiro su brazo para entregarle un sobre sellado con cera purpura y son la marca del ministerio.

— ¿Qué es esto?

— Averígüelo por usted — al ver las intenciones de abrir el sobre lo detuvo —. En su habitación, cadete Potter.

Harry asintió, se levantó de su rostro preocupado para saludar a su superior. Con este gesto emprendió la caminata hasta las puertas que fueron abiertas por dos aurores. Las paso sin reparar en los hechiceros, su atención estaba en aquel sobre con letras en dorado marcando su nombre. Se tentó en abrirlo en aquel pasillo, pero termino por decidir ir a su habitación y leer el contenido en la privacidad que este le brindaba. En su interior no sabía que esperar de la carta, solo pedía que no fueran malas noticias.


Segundo Capítulo.

Primero que nada les ofrezco una disculpa por la tardanza, y es que como mencione en mi capitulo anterior quería actualizar al tener ya escrito el tercer y cuarto capítulo. Por falta de tiempo, que consume la mayoría mi trabajo, apenas estoy acabando el siguiente capítulo. Viendo que ya tenía tiempo sin actualizar decidí traerles el nuevo, pero, en fin, no les aburro con explicaciones hehehe.

Espero que les haya gustado este nuevo capítulo, y espero que pusieran atención que aquí hay algo que se relaciona con un evento de El Alquimista.

Gracias a todos los que me leen, los que me dejan reviews, favorite, follow o solamente se pasan a leer n.n

Sin más por decir

Au Revoir.