8
A la mañana siguiente se levantó a primera hora, según James, la hora de partir hacia el castillo seria después del desayuno. Se alisto vistiendo su uniforme con el logo de su casa solo que en vez del león tenía una letra de insignia. El suyo era la P, lo que indicaba que era de último año y era de la clase de los Periti, cadetes con la mejor calificación. Existían otras letras como la M que significaba Modica, y la otra es la I que significaba Instructi. Esta última era para los cadetes que tenían bajo rendimiento, ellos tenían que cursar un años más para graduarse.
Dejo de lado los pensamientos de las clasificaciones con la que los catalogaban para el último año, se alisto frente al espejo y vio el sobre abierto con el pergamino amarillento a su lado. Recordó que aquel papel se lo entrego Alastor, y no supo porque venía con el sello del ministerio. No hasta que lo abrió. Resulto que le citaban dentro de un mes para arreglar todo lo concerniente a su herencia, una que le dejaron sus padres. No entendía como eso era posible, pero por petición del gran maestre se comenzó el proceso para que se le entregara lo que le correspondía. Eso le recordó que hablaría con el hechicero en su llegada al castillo, necesitaba saber cómo es que tenía herencia.
Salió de su habitación, aun el sol no iluminaba del todo por lo que cuidaba donde pisaba, bajo las escaleras y escucho ruido; la vida en los edificios de seguridad iniciaban temprano. Hombres y mujeres iban de un lado a otro, ese día estaba muy movido y se lo atribuyo a que en el edificio se encontraba una de las personas más influyentes e importantes del mundo mágico.
— Amigo, ya no te vi anoche — Ron le paso el brazo por sus hombros —. Cuenta, ¿Cómo fue estar frente al gran Alastor Moody? — se le acerco solo para que solo él lo escuchara —, o mejor dicho, ojo loco Moody.
Ese apodo ya lo había escuchado y anoche lo corroboro, en todo caso no le gustaba apodar a otros, menos si eran sus superiores. Solo se limitó a sonreír, entorno la vista para ver que nadie lo escuchase y dirigió a su amigo a un lugar apartado. El quería contar sobre lo de su herencia, lo sucedido con Alastor pronto estaría en boca de todos y habría más tiempo para charlar de eso.
Se fueron a uno de las zonas menos concurridas, el paso hacia las mazmorras; ruta que se utilizaba para las clases vespertinas con el profesor Snape. Recordar a ese sujeto le revolvía el estómago, la relación con ese sujeto, que siempre vestía de negro y mantenía un rostro desfigurado, era complicada. Despejo su mente de aquel hechicero y le conto a su amigo lo del sobre, que estaba sellado por el ministerio y el contenido. Compartió su inquietud sobre el tema, reconocía que todo era posible y más en ese mundo de magia, pero eso no le restaba la importancia.
— Solo hay una explicación — sentencio el pelirrojo.
Harry se quedó expectante a lo que pudiera decir su amigo, pero este solo se le quedo mirando liado. Pasado unos segundos capto que su amigo esperaba a que se explicara, dibujo una sonrisa avergonzada y hablo.
— Tus padres fueron precavidos — para ese punto de ser amigos Harry ya le había contado su historia —. Supongo que reconociendo que el peligro era latente, planearía como proteger tu futuro.
— Eso es lo que he pensado.
Le inquietaba el imaginar que sus padres pudieran haber sentido que su vida no sería mucha, que en su visión del futuro ellos no estarían juntos. Eso le entristeció.
— No me explico porque hasta ahora Dumbledore está haciendo todo este movimiento.
— Tenemos veintiún años — Ron apunto —. Legalmente somos considerados mayores de edad — Harry levanto una ceja a lo que su amigo agrego —: Imagino que te has de confundir con la edad de los dieciocho.
— Si, aún no he aprendido todo lo legal en esta parte del mundo.
— Ya tienes casi cinco años aquí y no sabes nada — Harry fulmino con la mirada a su amigo que se sonrojo y prosiguió —. Bueno, a los dieciocho somos considero aptos para entrar a los estudios mayores, muchos dicen que ya somos mayores de edad, pero, para el ministerio de magia en cuestiones de herencia, matrimonios y esas cosas necesitamos esperar tres años más.
Harry asintió, eso le explicaba mejor sobre él porque Albus Dumbledore se movilizo en ese momento y no cuando lo conoció. Pudiera que fuese desde mucho antes, una audiencia en el ministerio, por lo que sabía, llevaba su tiempo. Se reafirmó en su decisión de hablar con el maestre una vez llegado al castillo.
Terminaron de hablar al escuchar que un grupo de novatos se acercaban, salieron del pasillo en el que charlaron y se dispusieron ir al comedor del edificio. Harry le prometió a su amigo platicar con lujo de detalle su audiencia con el famoso y excéntrico auror. Lo que el quería era llenar su estómago, ya que sabía que no comerían bien hasta llegar al castillo, debían tomar fuerzas para el viaje, que no sería largo pero si lo suficiente para llevarse unos días.
9
Después del viaje, que consto de varios días, ya estaban en los terrenos del castillo, las altas torres sobresaliendo de las copas blancas de los árboles; lechuzas surcando los cielos grises igual lo confirmaba. Avanzaban en los caballos que lucían ansioso por llegar al establo, ellos también reconocían que estaban cerca de casa y ansiaban poder degustar el heno con trozos de zanahoria que Hagrid les ponía en sus bandejas. Y no solo los animales estaban felices por llegar, Harry por su lado estaba contento de volver al lugar que se convirtió en su hogar. Uno que no tuvo por bastante tiempo.
El movimiento en el castillo era el habitual, muchos cadetes y aurores de todo tipo recorrían el terreno. Tan pronto como dejaron a los caballos en los establos Harry y Ron se dirigieron a la sala de registro; todo cadete que volvía de su etapa de misiones debía hacerlo. Cuando llegaron vieron a varios de sus compañeros, el pelinegro logro distinguir una melena castaña en la lejanía; cerca de la mesa de registro. Hermione también se encontraba allí, llegaron el mismo día, lo que le pareció extraño.
Deseando poder acercarse a su amiga dio un par de pasos antes de que Ron lo detuviera, debían hacer fila o la sala se llenaría, sin mencionar que los instructores en la sala no les gustaban ver alguien brincar lugares de la fila. Los puntos destacados por su mejor amigo lo hicieron quedarse en su lugar, detrás de Romilda, una compañera de otro equipo.
— Sé que estas deseoso por hablar con Hermione, pero será mejor primero registrarnos.
Harry sintió un dejo de molestia en la voz de su amigo. Le apenaba que su pelirrojo amigo aun mostrara esa faceta, y, a pesar de lo que pudo creer, la situación no quedo del todo aclarada hace seis meses. Esperaba que pronto pudiera seguir adelante, y que la situación en la que aún estaban metidos no irrumpiera su amistad.
Creyendo lo más conveniente solo asintió en respuesta y se giró hacia el frente para encontrarse con Lamark. El auror charlaba con otro semejante, lo que le llamo la atención al alquimista fue esa herida en su mejilla derecha. Una herida de tal forma solo pudo haberla ganado en una batalla, lo que le dio a entender que encontraron a las brujas del gremio Arpías. El solo recuerdo de sus camaradas caídos hizo que en su interior naciera ese deseo corrompido de que las hubiera asesinado y hecho sufrir.
Sacudió su cabeza, no debía dejarse llevar por esas emociones, no en ese punto de su entrenamiento, donde sus emociones estaban extra sensibles. Flamel le advirtió que estaba en un punto crítico, donde las emociones lo guiarían a ser un hechicero blanco o uno tenebroso. Lo segundo era su temor, no quería convertirse en aquello que le quito lo más preciado de su vida.
— Amigo, ¿te encuentras bien?
Ron le tomo del hombro sacándolo de aquellos pensamientos que lo comenzaban a consumir.
— Estas muy agitado.
— Si, no te preocupes.
Harry regulo el movimiento brusco de su pecho, y le dedico una de sus mejores sonrisas. Ron no sabía del todo sobre su entrenamiento, ya que esto era de un secretismo de alto nivel, o eso decía Flamel y Albus.
— Bien.
Ronald lo conocía bien, y sabía que tenía algo, pero siempre le respetaba y nunca buscaba más hasta que el mismo se lo dijera.
— Harry.
Lamark se le acerco de pronto, no lo vio venir, y por el rostro de Ron el tampoco lo esperaba. El auror se quedó parado mirando fijo al pelinegro que terminaba por controlar su respiración.
— ¿Si, señor?
— Ustedes ya fueron registrados, necesito que me acompañes — miro a Ron quien se quedó esperando a que le dijera que fuese con ellos —. Usted joven Weasley, puede pasar a su dormitorio.
Desilusionado el pelirrojo asiento y con un gesto de educación se retiró, dejando al auror y alquimista irse por su lado.
En el camino se contuvo por preguntarle sobre su cicatriz y el como la obtuvo; teniendo obvia respuesta. Lamark solo se limitó ver hacia delante, el alquimista igual. Pasaron por largos pasillos, estancias, las escaleras que se movían, anduvieron por un buen tiempo sin llegar a ningún lado. Esto le hizo muy sospechoso, no creía que le hubiese llamado solo para dar un tour por todo el castillo.
Como leyendo su mente, y estaba seguro que no uso en el la Legeremancia, se detuvieron en un pasillo completamente solo y al cual jamás había pasado. Lamark se dio media vuelta y quedo frente al pelinegro, sus ojos negros se clavaron en los suyos verdes. Lo tomo de los hombros y lo comenzó a examinar. Su comportamiento era como la de un padre que está viendo si su hijo que se cayó no tiene algún raspón.
— Dime, Harry, ¿no te hicieron nada esas brujas?
Su tono detonaba por todos lados preocupación, dando fuerza a su pensamiento.
— No, he logrado salir avante — respondió tranquilo —, de nuevo.
— No puedes confiar en tu buena suerte siempre — Lamark estaba molesto — No debiste enfrentar a las arpías… son extremadamente peligrosas.
— No tenía otra opción…
— La tenías.
Como arrepintiéndose el auror soltó un gran soplido y soltó al joven hechicero. Dio un paso hacia atrás y se tomó el mentón con su mano derecha.
— Harry, a veces debes de retroceder… la valentía no va de la mano con la osadía — su voz se suavizo —. Sé que eres un excelente hechicero…— agrego antes de la réplica que estaba por hacer Harry — también se que no eres un niño al que cuidar. Ya eres un hombre para tomar tus decisiones, pero eso no te exenta de lo que eres; un auror.
Con eso lo dijo todo. Las réplicas o refutaciones quedaron anuladas, y es que por más que Lamark lo estuviera tratando como un pequeño, tenía razón. Debió ser más precavido, y no haberse dejado llevar por la temeridad.
Lamark y Harry se quedaron viendo hacia un punto diferente del pasillo desolado, pensaban cada quien en lo suyo. Una pregunta era la que dominaba la mente del pelinegro. ¿Sería cierto de que estaba abusando de su suerte? Era lo que revoloteaba en la cabeza del alquimista. En todo ese tiempo se había metido en muchos peligros, unos de tal magnitud que no podía creer que hubiera salido de ellos avante. Y siendo cierto, él era bueno combatiendo, burdo en el pasado, pero se defendía, sin embargo debía reconocer que todas esas veces hubo momentos de suerte que le ayudaron de forma sustancial para salir victorioso. ¿Estaba pecando de confiado?
La mano de Lamark en su hombro lo volvió a la realidad. Su tutor y mentor en artes de defensa obscura le sonreía. Como dejando el tema atrás.
— Ve y descansa, mañana será un día muy ajetreado e interesante.
— ¿Interesante?
— Lo sabrás en su momento.
Reconociendo que no le revelaría nada asintió y se dio media vuelta para regresar por el camino donde vinieron. Camino de forma automática, en su mente aún estaba ese pensamiento sobre su suerte, y en cómo era que estaba llevando su vida. Tan en su pensamiento estaba que no se percató que se encontraba en el pasillo que conducia hacia el gran comedor, no fue sino hasta que una figura fugaz se lanzó sobre de él. Unos brazos delgados lo rodearon, un cuerpo bien definido y un aroma dulce lo envolvieron.
— Me entere de lo ocurrido — la voz suave y con ese tono preocupado solo podían tener una dueña — Quise ir en tu ayuda, no me lo permitieron.
— No te preocupes, Hermione, me encuentro bien.
La joven tenía su rostro oculto entre su hombro y cuello, lo que le provocaba cosquillas al momento de que respiraba.
— No puedo creerlo, ¿Cómo te fuiste a enfrentar a las arpías? —lo ojos con lágrimas de Hermione se calvaron en los suyos; estaba molesta y preocupada—. Eso fue muy inapropiado, te arriesgaste, y a tus compañeros.
Eso era cierto, imprudente era la palabra a elegir y no se lo reclamara. Por ser temerario pudo haber causado una desgracia, y Luna era la prueba de lo cerca que estuvo. Expuso a una de sus mejores amigas. Luna nunca le refutaría sus decisiones, ella siempre confiaría en él ciegamente, y eso la estuvo por llevar a la muerte días atrás. Un fuerte remordimiento lo domino. Bajo su rostro y apretó los puños con tanta frustración ante la verdad de sus acciones.
Hermione lo envolvió de nuevo en un abrazo, este fue más fuerte y cálido que el anterior. No importaba que estuvieran en medio del pasillo donde circulaban varios compañeros; cadetes y aurores. Solo importaba aquel abrazo, sus cuerpos unidos en un intercambio de sentimientos y emociones.
—Tienes razón, pude emporar las cosas —soltó con rabia.
—No quise decir eso.
La castaña teniendo pleno conocimiento de lo que le hacia su entrenamiento, y el cómo estaba en una situación donde su interior llega al límite, se apartó un poco de él y le tomo de su rostro. Ella no dejaría que aquel entrenamiento hiciera sufrir a su mejor amigo. Dejo de lado su preocupación que la hizo hablar, y aunque lo hiciera con buena intención, se enfocó en ayudar a Harry a que se enfocara.
10
El apoyo que le mostró su mejor amiga le ayuda a volver tomar control de sus emociones. Estaban ahora juntos cenando en el gran comedor, evitando el tema y hablando de otros. Agradecía por tenerla a su lado, sin ella ya hubiera cedido a lo que su mentor en la alquimia conocía como la Roptura.
Un estado en el que sus poderes mágicos saldrían de todo control, llevándolo a un estado conocido como Oret; caído en su traducción. A palabras de su mentor muchos magos tenebrosos nacieron por caer en ese estado, y por tal motivo la alquimia llego a un punto donde se considero un arte malvado.
—Saben, escuche que oí habrá un anuncio especial —llego Seamus dando la noticia.
—¿De qué? —Ginny pregunto por todos.
—No sé, solo escuche que es algo grande —la emoción en la voz del auror decanto a sus oyentes—. Se rumorea que Albus tiene un plan para unir a las cuatro regiones y sus vecinos.
—¿Vecinos?
Nadie puedo preguntar más para aclarar la intriga que se había implantado en sus corazones. La voz fuerte y ronca del Gran Maestre retumbo en las paredes y tímpanos de cada presente en el gran comedor.
—Camaradas y cadetes —comenzó—. Lamento interrumpirlos en este momento de convivio y buena comida., pero tengo una noticia que darle.
Cada alma en el recinto estaba expectante a las palabras del gran maestre, en especial Harry y sus amigos que por Seamus se adelantaron a la noticia de que algo se anunciaría.
—Quiero comunicarles que este año Hogwarts será la sede del Torneo de los Tres.
Los murmullos de excitación no se hicieron esperar, todos cuchicheaban por lo que acababan de escuchar. Salvo Harry que no entendía porque tal alboroto, ese torneo no sonaba para nada interesante, solo por el hecho del furor que causo sabia que se equivocaba.
—¿Qué es el torneo de los tres?
—Aun hay muchas cosas que desconoces, amigo —Ron puso una mano en su espalda.
—Es el torneo más prestigioso que existe en las tierras del oeste —comentó Ginny emocionada.
—Pero el más peligroso —agrego una afligida Hermione.
Interrumpiendo los pensamientos que se formaban en la cabeza del alquimista la voz del gran maestre volvió a sonar por todo el comedor para clamar los murmullos que cada vez tomaban fuerza.
Los aurores y cadetes presentes se tornaron hacia el gran maestre que estaba acompañado por gente del ministerio. Harry observo que alguien detrás de un hombre de sombrero extraño le observaba, una mujer, cuidaba algo cubierto por una tela larga y marrón.
—Quiero advertirles que este torneo no es para los asustadizos —su rostro mostraba una seriedad inusual y perturbadora—. Quienes decidan participar y sean selectos serán sometidos a pruebas que lo llevaran al límite —pasó su mirada por todas las mesas repletas de hechiceros—. Muchos han perecido en su intento por conseguir la gloria eterna.
Esas últimas palabras llegaron a un Harry que no veía el motivo de llevar un torneo donde pudieras morir. Sin embargo, si algo había aprendido en las tierras mágicas era que estas no tenían la misma lógica que en las tierras de los muggles. Donde algo debía ser rojo en ese lugar seria amarillo.
El gran maestre siguió explicando ciertas reglas remarcando la que excluía a los cadetes en poder participar en el torneo. Les indicio que la selección se llevaría atreves de lo que denomino el cáliz de fuego. Un objeto mágico muy poderoso, según Hermione que al verlo ser destapado, por la mujer misteriosa, se quedo maravillada por su magnificencia. El cáliz era dorado con una llama azulada flotando de la copa. Admitía que ese objeto le llamaba la atención, salvo por la mirada obscura de la mujer a su lado que no se le despegaba en la mirada.
Pronto se dio cuenta que no era la única que lo observaba, a su lado un hombre de cabellera negra con un peinado poco usual le observaba con la misma intensidad que la mujer a su lado.
—Ahora, las academias que participaran son —alzo su brazo y lo extendió hacia la entrada para abrir las grandes puertas de madera maciza y dar pasó a decenas de hechiceras—: Las aurores de la academia Beuxbatons.
Desfilando una tras otra las jovencitas fueron caminando en una hilera única hacia el frente del gran comedor, deteniéndose a unos metros del atril en el que se postraba el gran maestre. El desfile termino con una joven auror de larga cabellera dorada, tan hermosa que capto la mirada de la mayoría de los varones, e iba acompañada de una mujer muy alta tanto como el mismo Hagrid.
Al llegar la mujer gigante donde se encontraba el gran maestre Albus, se saludaron con mucho afecto. Harry escucho alguien comentar que ella era la similar al gran maestre de la academia de las aurores recién llegadas.
—Bien, ahora demos la bienvenida a nuestros hermanos del norte —el anciano volvió a levantar su mano hacia la puerta—: Los aurores de la academia de Durmstrang.
Como si fuera la otra cara de la moneda, decenas de hombres de facciones rudas y cuerpos muy bien trabajados desfilaron en dos hileras por el pasillo que se formaba entre las dos mesas de en medio.
Los hombres imponían, daban ese respeto que no todos poseían en la academia de Hogwarts. Marchaban a paso rítmico sin perder ninguno el tiempo en que se debía dar el avance, provocando un sonido hueco con sus botas negras.
Como con las primeras en ser anunciadas, un hombre alto con el cabello casi rapa camino acompañado de un hombre ligeramente más alto y con cabellera larga y desaliñada. Supo que era el similar a Albus, pues al acercarse se saludaron solo que no tan afectuosamente con la mujer gigante. Un abrazo fugas y se acabo.
—Bien, ahora que estamos todos reunidos será el momento de la selección.
Albus dio un paso hacia atrás para dejar que el hombre de sombrero extraño y nunca antes visto tomara la batuta de lo que seguiría.
—Para los que no me conozcan soy Bartemius Crouch —se presento— representante de la seguridad mágica en el ministerio. Yo llevare acabo el seguimiento del torneo, y debo dar las últimas especificaciones.
Harry pudo escuchar la brisa del aire pasar por su oído ante el silencio que se profeso al escuchar aquel hombre.
—Este torneo constara de seis participantes, un hombre y una mujer, por cada academia —eso daba un plus al torneo—. Constara de tres pruebas, y se calificara solo si los equipos logran completarlas.
Se acerco al cáliz de fuego, los custodios ya no estaban por lo que Harry se sintió ligero, menos vigilado.
—A partir de esta noche podrán dejar un pedazo de pergamino con su nombre —aclaro un poco su garganta— Y a la tercera noche daremos a conocer a los elegidos, pero como advirtió el gran maestre, piensen bien en inscribirse ya que en las pruebas estarán solos… sin nadie más para ayudarlos.
La advertencia fue perturbadora como seductora para varios de los oídos que captaron esas palabras. Para Harry no le fue indiferente, ese énfasis en el peligro y reto que podía ser ese torneo lo estaba seduciendo. No anhelaba alguna gloria eterna, solo el impulso de aventura lo estaba llevando a participar.
—¿Qué dices, Harry?¿Participamos?
Ron se notaba emocionado y su rostro demostraba que no veía el momento por introducir el pergamino con su nombre.
—Hagámoslo.
Primero que nada debo ofrecer una disculpa por tener tan olvidada esta historia, si aun me siguen leyendo les digo que esta vez no tardare tanto en traer un nuevo capitulo.
En lo que concierne a la historia, hemos entrado en un punto muy familiar salvo sus diferencias que serán bastantes. Solo he tomado el concepto del torneo de los tres magos, pero con esto pueden darse una idea a donde va todo... aunque quizás no del todo como lo imaginan n.n
Se cuidan y nos estamos leyendo, esperare sus reviews con ansias.
Au Revoir.
