11
A la mañana siguiente el gran salón, donde ubicaron el cáliz de fuego, estaba repleto de aurores y cadetes de último año interesados en colocar su nombre para participar en el torneo; cadetes de primeros años también se encontraban en el lugar solo para añorar con poder dejar su nombre. El tener visitantes daba un ambiente diferente al habitual, ver a hombres rudos como los del norte o damas elegantes como las del sur creaban cierto matiz que rompía con lo cotidiano.
Harry y Ron entraron por el gran portón al salón del cáliz, ver a tantos aurores les éxito más en su idea de entrar al torneo, sería un gran reto y querían formar parte. Se acercaron un poco al centro donde la reliquia que elegiría a los participantes se postraba, observaron a su alrededor y encontrar un singular número de hombres y mujeres; ya fuesen de Hogwarts o de las otras academias.
El alquimista levanto una ceja al percatarse de un punto sobre las reglas mencionadas la noche anterior. Según el encargado del torneo serian seis participantes, y menciono que serian un hombre y una mujer. Eso no concordaba, era ilógico dado que una academia era de puros varones y la otra de puras féminas.
—¿Notas algo extraño, Ron?
—Si —el pelirrojo apunto con su cabeza al otro lado de la sala—. Ese sujeto no me da buena espina.
Harry pasó su atención al punto donde su mejor amigo indicaba, en una esquina se encontraba un grupo de aurores de Durmstrang. En el centro del grupo un sujeto alto, sacándole unos diez centímetros, de cabellera rapada y semblante asesino observaba a todos en el salón.
En el momento en que sus ojos se cruzaron el alquimista sintió un escalofrió recorrer su espalda. Su mirada era penetrante como todo auror, salvo que este tenía una pequeña peculiaridad que no lograba distinguir y que podía percibir. El contacto visual no duro mucho tiempo, el auror del norte paso su atención hacia la entrada; algo llamo su atención.
—Es frívolo ese sujeto —soltó Ron—. ¿Qué me ibas a decir, amigo?
—¿No te es peculiar la regla de los seis participantes?
Ron no pareció captar esa peculiaridad, no cabía duda que era un buen auror, pero sí de percepción se trataba aun necesitaba afinarlo.
—Sí, eso mismo me preguntaba yo desde ayer.
La voz de Hermione los hico dar un medio giro para encontrarse con su amiga, Luna y Ginny.
—Solo Hogwarts tiene integrantes como para formar un equipo de hombre y mujer.
—Exacto.
Harry y Hermione se miraron de esa manera que indicaba solo una cosa: se entendían. Ginny que los miraba desde atrás rodó los ojos en un signo de molestia ante ese hecho, Ron solo desvió un poco la mirada y Luna estaba interesada en el cáliz de fuego.
—Yo creo que hay reglas que iremos descubriendo en el transcurso del torneo.
Todos sin excepción giraron hacia una joven de mirada soñadora. La convocadora aun tenía su vista en la reliquia, y observaba como aurores de las tres academias dejaban caer un pedazo de pergamino en la flama para que fuese consumida.
—Es una buena hipótesis —acepto Hermione.
—¿Ya han dejado caer su nombre?
—No, en eso estábamos, hermanita.
Ron le dio un golpecito en el brazo a su amigo para instarlo a que le acompañara, se acercaron al cáliz y dejaron caer sus nombres ya escritos en el pergamino en la flama. Los trozos se fueron consumiendo en el fuego azul, ya solo quedaría esperar dos noches más para saber si sus nombres serian elegidos.
Al darse vuelta vieron como sus amigas se acercaban a su posición, tanto el pelirrojo como el pelinegro se quedaron intrigados hasta que las vieron dejar caer sus nombres. De Ginny no había sorpresa, la joven mostro mucho interés la noche del aviso del torneo, pero la castaña y la rubia eran otra historia. Les tomo por sorpresa que ambas hubieran decidido entrar, y la duda se volvió pregunta para los jóvenes aurores.
—¿Piensas entrar, Hermione?
—Si, a pesar de ser un torneo difícil es una buena experiencia.
—No vi venir esta —Ron le sonrió a su amiga y paso a la rubia— y, ¿tú, Luna?
—Me parece divertido.
Harry miro a su amiga que le devolvió una mirada serena y soñadora.
—Nunca cambiaras.
—No lo necesito —se encogió de hombros.
Ron soltó una risa y abrazo a su hermana y Hermione, estaba contento y todo porque sus amigos estaban en la disputa de representar a su academia.
—Bueno, estoy seguro que de nosotros saldrá un vencedor.
—Esperemos que el cáliz nos considere dignos.
Los cinco partieron del salón dejando a demás compañeros dejar sus nombres en la reliquia. Dejaron de pensar en el torneo por esos momentos y fueron a disfrutar de esos días libres que les permitían.
12
Flamel observaba a su pupilo sentado en el suelo con las piernas dobladas, en el centro de de un pentagrama, sereno y quieto. Estaban en un punto del entrenamiento muy importante; la calma mental y espiritual. Bases para controlar la alquimia interna, la más poderosa y peligrosa de la magia conocida.
El legendario alquimista no mantenía su forma falsa, aquella que le brindaba la posición multijugos, en momentos como esos en que entrenaban el alquimista lucia su forma verdadera, un hombre entre los cuarenta con pocas canas gracias a su longevidad por la piedra filosofal. Solo que su vida está ya retomando su rumbo, el alquimista reconocía que sin la piedra completa no lograría mantener su forma joven por mucho tiempo.
Pensar en eso le inquietaba, el tiempo de vida en su cuerpo podría variar dándole algunos años. Solo esperaba que los suficientes para poder ver florecer su amada cultura, de ver crecer tan hermoso arte que era la alquimia.
El ver a Harry en su lugar meditando le daba esa esperanza de un futuro mejor, de que resurgirían de las cenizas. Que el mundo mágico de nuevo volvería admirar a los alquimistas como en antaño. Una luz de esperanza para un mundo actual, donde todo estaba cambiando.
—Bien, es momento de un descanso.
Con su báculo le dio unos golpecitos en la espalda a Harry que con molestia abrió los ojos. No era de su agrado que le despertaran de su trance de esa manera, pero reconocía que incluso ese gesto era parte del entrenamiento; debía mantener la calma.
—Me han dicho que te inscribiste en el torneo, Harry —sirvió dos tazas de té y le paso una al joven.
—Sí, suena algo interesante.
El joven dio un trago a su bebida, imagino por el semblante de su mentor que este no estaba muy de acuerdo con su participación.
—Sería bueno si te eligen.
—¿Disculpe?
Flamel dio un mordisco a su pastel de avellana que degusto con placer, su respuesta tomo de improviso a un joven alquimista que esperaba una negativa.
—Sí, aparte de ser un digno representante sería un buen método de entrenamiento.
—¿No teme que las pruebas me hagan perder la calma?
—Confió en que lo sobrellevaras como se debe.
En ocasiones esa fe ciega de su mentor lo inquietaba e incomodaba, era una responsabilidad muy grande el no fallarle. Y, aun cuando hasta el momento no lo había hecho, el solo pensar que pudiera fallar le molestaba. En momentos reconocía que incluso ese gesto de confianza era parte de todo, sin embargo, creía que esa fe era sincera.
Siguieron comiendo y bebiendo su té, el silencio era parte esencial después de meditar. Era como haber corrido y para relajar los músculos caminas hasta que después de un tiempo bajas a descansar.
En esos años de entrenamiento Harry había avanzado mucho en su preparación como alquimista, dominaba los elementos de la alquimia exterior y avanzaba bien en las del interior. Sin embargo, Flamel decía que aun tenía mucho por aprender antes de convertirse en un maestro, y no refutaba aquello. Le encantaba aprender y sabía que jamás terminaría de hacerlo, pero en él había algo que le agradaba ser instruido y que desde la muerte de su abuelo no había tenido.
—Tengo noticias de la búsqueda.
—¿Enserio?
—Si, Dumbledore me ha contado que hay una pista del paradero de Slugh.
—Esperemos no vuelvan a ser pistas falsas.
Flamel asintió con cautela, años atrás que venían buscando al hechicero guardián de la otra mitad de la piedra filosofal. Cada que encontraban una pista esta se desvanecía, dejando en el mismo punto a los buscadores.
Harry en un principio no le agrado la idea de que dos hechiceros fueran designados en hacer su tarea, pero confiaba en Dumbledore y Flamel por lo que se contuvo de irse de Hogwarts. En principio le costó quedarse en el castillo aprender hechicería y alquimia, no tenia mente para vivir una vida tranquila cuando sabía que tenía que estar en la misión que sus padre le encomendaron. Con el transcurso del tiempo entendió que lo mejor era ser un mejor alquimista, y que la ayuda nunca estaba de más.
Al saber que Lamark era uno de esos dos hechiceros en búsqueda de la mitad restante su corazón estuvo tranquilo. Lo que no le parecía era que el segundo era un desconocido, Dumbledore no quiso revelar su nombre por petición de este. Según el gran maestre en su momento lo conocería, no antes.
Y a pesar de su aceptación por quedarse entrenar en vez de buscar dentro suya ese gusanito persista, y no lo dejaría en paz hasta que por lo menos una vez ayudara a localizar al hechicero.
—Me gustaría en algún momento volver a participar en la búsqueda.
—Lo harás, pronto.
Esa respuesta era nueva para Harry que dibujo una sonrisa en sus labios por la posibilidad de salir en la búsqueda.
—¿Eso quiere decir que...
—Vas por buen camino.
Aquel día estaba pintando buenas noticas para el joven.
—No quiero que te emociones, te falta mucho para controlar la alquimia interna —Flamel dejo de lado su plato con solo migajas del pastel—, pero he de confesar que estás listo para el siguiente paso.
—¿Y ese es?
El alquimista legendario se levantó de su asiento y se acerco a una ventana que daba hacia los jardines del este. Se quedo un momento mirando a la nada para después girar al pelinegro, sus ojos brillaban intensos, cual fuese el siguiente pasó tenia feliz al alquimista.
13
El furor por el gran torneo estaba en cada alma dentro del castillo, los invitados eran el recordatorio de que aquella noche se daría el anuncio de los vencedores. Muchos habían entrado al salón a dejar su nombre en el cáliz, por lo que las posibilidades para cada uno se reducían. No obstante, los aurores de mayor rango les recordaban que eso no era de suerte sino de quien seria digno para representar su academia.
Harry se encontraba en un balcón en la torre del este la cual le brindaba un paisaje hermoso del lago negro. Sobre las aguas un navío de buen tamaño se posaba como cualquier cisne o ave sobre la superficie. En ese lugar estaban los aurores del norte, y en alguna parte del navío se encontraba aquel sujeto calvo que le miro por unos segundos un par de días atrás.
Sin darle tanta vuelta al asunto paso su vista hacia los terrenos cercanos al bosque prohibido, un nombre poco usual y que solo era un recordatorio de tiempos antiguos. Sobre el verde césped una carroza no muy grande se encontraba rodeada de corceles alados; conocidos como Pegaso. Las aurores del sur se hospedaban en ese reducido lugar, que si no fuera por la magia no entendería como cabrían tantas mujeres en la carroza.
El alquimista debía admitir que se encontraba nervioso por la cena de aquella noche. No porque fuese a entrar al torneo, era un sentimiento de emoción por conocer como se desarrollaría, aunque si era elegido no le molestaría. Sabía que siendo de último año le ayudaría a mejorar en sus habilidades mágica, y como menciono su mentor, podría avanzar en la parte de la alquimia.
Aparte el estar en último año y no saber qué función llevaría como auror, un torneo de tal importancia era una oportunidad única. Muchos colegas no podrían participar debido a que ellos tendrían que estar fuera del castillo cumpliendo su labor, y solo los aurores residentes podrían participar.
—Te estuve buscando —la voz de Luna lo sacó de sus pensamientos.
—¡Hey! ¿En que soy bueno?
—En tantas cosas.
Harry se sonrojo y no pudo evitar esbozar una sonrisa ante el comentario espontaneo de su amiga.
—Pero para este momento solo una cosa.
—¿Qué?
La joven saco de su morral un pequeño pergamino maltratado, el pelinegro no necesito ver más detalles para saber de qué iba ese trozo. Su mente maquino imágenes de un pasado no tan distante donde su viaje tenía tiempo de haber comenzado en aquellas mágicas tierras. El pedazo de pergamino era una evidencia del porque ahora la rubia y él eran buenos amigos.
Por unos minutos se quedo viendo aquel trozo sobre las manos blanca de su amiga, su corazón se acelero un tanto, su mente seguía procesando recuerdos.
—¿A qué viene esto?
—A que no hemos hablado de lo sucedido.
El alquimista levanto una ceja sin comprender.
—No lo creí necesario, la verdad —la joven sujetaba con cuidado el pergamino—, creí que ya estaba claro.
—No te sigo, Luna.
Su joven amiga le extendió el pergamino para que lo tomara, al primer contacto con aquel material rugoso el joven sintió que algo en el se movía por dentro.
—Hermione me comentó lo que te sucedió por el evento en las montañas.
—Ya —asintió con ligereza.
Desdoblo el pergamino un poco y una figura se dibujo ante sus ojos. No necesitaba ver lo que faltaba para recordar lo que estaba plasmado en ese trozo amarillento por el tiempo.
Levantó su rostro para encontrarse con su amiga que le devolvía la mirada. Esos ojos azules cristalinos no ocultaban la naturaleza de la joven, una misteriosa y soñadora. Desde que la conoció supo que había conocido a un ser maravilloso, y el pergamino en sus manos era el testimonio de aquello.
—Quiero disculparme por…
—Yo tomo mis propias decisiones, no es como si fueras un rusgar para manipular mi mente.
Harry negó con la cabeza divertida por las ocurrencias de su mejor amiga, y es que de nuevo había inventado un animal mágico falso; salvo que ella no lo consideraba de ese modo. Siempre desde que tenía memoria la joven creía en ciertos animales mágicos que su propio padre le hizo creer que existían, ya que ese hombre estrafalario lo creía real.
Ese era el encanto de su amiga, su manera tan distinta de ser de los demás, del como con palabras extrañas conseguía hacerlo sentir bien.
—Confió en ti —hablo de nuevo—, y ese pergamino lo confirma.
Las palabras ya no hacían falta para disculparse, estaba desarmado con tal evidencia. Su amiga confiaba en su criterio y no importaba que tan alocado sonara lo que quisiera hacer, si se lo pedía ella actuaria. Ese tipo de amistad, en ese tiempo, era algo tan extraño y difícil de encontrar que se sintió bendecido por tener una amistad verdadera.
Aceptando la verdad, y que su amiga no era una niña a la que cuidar todo el tiempo, devolvió el pergamino a su dueña original. Ese pedazo de recuerdo le pertenecía, él tenia el propio suyo y ambos lo atesoraban por igual.
Luna tomo el pedazo de pergamino y lo guardo donde antes, cerró el morral y volvió a observar a su amigo que tenía un semblante relajado. Eso le alegro a la joven que de improviso agarró la mano de su amigo y la acaricio antes de soltarla pocos segundos después de sujetarla.
—¿Vamos al gran comedor?
—Te sigo.
Con su alma ligera y liberada de aquel pesar siguió a su amiga escaleras abajo, pronto caería la noche y la cena estaría lista en el gran comedor, y la ceremonia de selección comenzaría.
En su trayecto al gran comedor el tema del torneo no se pudo evitar, Harry se mostraba impaciente por conocer los vencedores, dejando en claro su emoción por ser uno. En tanto, Luna se mostró apacible con el evento que se llevaría a cabo en poco tiempo, si bien, ella también estaba con esa emoción de ser seleccionada, el no serlo no le molestaba.
Ese carácter contrastaba mucho con el suyo, pero eso era la magia de su amistad. Y con lo sucedido minutos antes, agradecía tenerla a su lado para sus aventuras.
Conforme se acercaban al gran comedor las personas incrementaban en número, y el bullicio por el evento de la noche era el tema principal. Grupos de aurores y cadetes daban sus pronósticos de quienes podrían ser los seleccionados, en uno creyó escuchar su nombre a lo que no quiso darle mucho crédito. Pensar que era de los favoritos le apenaba, ya que no se consideraba del todo un gran hechicero, pero eso no le quitaba el querer participar.
Al cruzar las puertas de casi cuatro metros del gran comedor se encontraron con Ronald que los guio donde estaban su hermana, Hermione y demás compañeros de grupo. Todos sin excepción mantenían el tema de interés.
—Si me eligen haré que la copa se quede en casa —Comentó Seamus.
—Amigo, lo único que conseguirás es hacer explotar la copa —bromeo Dean consiguiendo una disputa con su amigo.
—Venga, ya, el único que conseguirá la copa seré yo —salto Ron.
Las risas no se hicieron esperar, la pose heroica que el pelirrojo colocó no fue para menos. Y con la réplica de su hermana de que primero tendría que salir elegido, las burlas se escaparon por todos lados.
—Yo creo que Ron sería un buen representante.
El comentario de Luna apaciguo las bromas en contra del pelirrojo, y todos la voltearon a ver pasmados por su revelación. Nadie esperaba aquello. El más sorprendido fue el mismo Ron que se quedo en silencio y un tanto ruborizado por la intromisión de su amiga y compañera de equipo.
—Venga, que tienes una admiradora —grito alguien a lo lejos.
—¡Callense!
Ron volteo hacia el lado dónde provino la voz y miro furtivo a quien estuviera en su campo de visión.
—No seas grosero, Ronald —le regaño Hermione.
El pelirrojo se quedo con una ceja levantada sin comprender lo que su amiga le acaba de decir, solo cuando volteo con su mejor amigo entendió lo que debía hacer.
—Gracias, Luna, tú si sabes lo que dices.
Sus amigos y en especial Ginny se contuvieron la risa que el rostro de Ron les provocaba. Y es que ese era una característica del pelirrojo Weasley, sus expresiones tan marcadas. Si tenía miedo su rostro se desfiguraba sin ocultar nada, si estaba feliz una enorme sonrisa se dibujaba en sus labios. A palabras de Ginny, su hermano era una persona fácil de leer.
Ron tomo asiento al momento en que los alimentos hicieron su aparición en las mesas alargadas del gran comedor. El bullicio se aminoro, pero las pláticas continuaban. Harry estaba sentado a un lado de Hermione, por lo que aprovecho para hablar con ella ya que tenía tiempo no tenían tiempo de hacerlo.
La castaña se mostraba emocionada por el torneo, no tanto como él lo estaba, pero tenía esas ganas de entrar al torneo. Quería entrar por el solo hecho de mejorar, ya que se sabía que el torneo brindaba un reto tal que al final todos los participantes adquirían una mejora en sus habilidades.
—¿No será que quieres quedar en los anaqueles de la historia como campeona?
—Sabes, Harry, que eso no me interesa.
—Sí, seguro —bromeo.
Hermione le dio un golpecito en el hombro siguiendo el juego.
—Por cierto, gracias.
—¿Por qué?
—Por hablar con Luna, y hacer que mí pesar por lo ocurrido fuese eliminado por completo.
Su amiga solo se limito a mirarlo y asentir.
—Me has ayudado mucho.
—Tú lo has hecho primero.
Se quedaron viendo por unos segundos, perdiéndose en la mirada del otro, hablando sin tener que pronunciar palabra. Harry entendió que su amiga estaba al corriente de que aún le pesaba su error en las montañas, y Hermione entendía que su amigo estaba agradecido de haberlo ayudado de esa manera.
El contacto visual se vio truncado por un accidente con el puré de papa que salpico a todos en la mesa. Ron salto a regañar a su hermana, causante de tal evento, ya que ella dejo caer el pesado cucharon de madera desde una buena altura. Manchando a todos en el proceso.
—¡Fue un accidente! —se defendió la pelirroja.
—Yo te vi, lo hiciste de adrede.
—¡Por supuesto que no! Se me resbalo la cuchara.
—Venga, no pasa nada —Harry extendió sus varazos para calmar a los hermanos.
Ron se volvió a su asiento y su hermana se quedo en su lugar solo observando a Harry con unos ojos poco usuales en ella; para nada seductores como siempre se los dedicaba.
El gesto de la pelirroja paso desapercibido por la mayoría, en especial Harry, salvo por unos ojos azules que nada se le pasaba. Miro con curiosidad lo que acababa de suceder, y esto lo venia viendo desde tiempo atrás; le interesaba a donde iba a parar todo.
El gran comedor pronto quedo en silencio al percatarse que al lugar entraba el gran maestre con un grupo de aurores, sus generales, y parte del comité del torneo.
Los cadetes y aurores miraban que dos hechiceros llevaban consigo un objeto grande cubierto por una manta larga y negra. Las especulaciones no se hicieron esperar, y los susurros irrumpieron el silencio que se había formado. Al llegar al centro del pódium dejaron el objeto sobre una mesa, y el gran maestre dio un paso hacia adelante abriendo sus brazos como queriendo envolver a todos los presentes en un abrazo.
—Y henos en la noche de selección.
Las emociones se pusieron a flor de piel entre los que colocaron sus nombres en el cáliz de fuego.
—Hoy conoceremos a nuestros vencedores —con un movimiento de su mano, el gran maestre hizo aparecer el cáliz en el centro del gran comedor—. Hoy seis de ustedes serán los vencedores para participar en uno de los torneos más peligrosos de todo el oeste del continente mágico.
Hubo aplausos y silbidos por la emoción.
—Pero solo uno se llevara el trofeo a casa —Dumbledore se giro y con un movimiento de su mano descubrió el objeto para ver un hermoso trofeo de plata azul.
Al ver tan preciado objeto los aplausos y silbidos aumentaron en frecuencia, el bullicio no se hizo esperar y la emoción llego a su punto más elevado.
—Bien, bien, es momento de conocer a los seis.
El gran maestre calmo los ánimos y se dispuso a ir al centro para acercarse al cáliz que le esperaba para dar a conocer a los vencedores. Una vez cerca el maestre levantó su mano y la colocó en su superficie fría y lisa.
Los presentes se quedaron en un silencio sepulcral que permitía escuchar la respiración de quien estuviera a tu lado. Esperaban que pronto la reliquia hiciera algo para dar a conocer al vencedor, y solo tuvieron que esperar un minuto para ver como la llama azul se tronaba rosada y lanzaba un pedazo de pergamino.
Dumbledore atrapo el pedazo que venía entre chispas rojizas, la sujetó con sus dos manos y leyó primero mentalmente el nombre, posterior levanto el pergamino y vocifero:
—El primer campeón es de Durmstrang, y su nombre es Rulf Maximoff.
Un sujeto corpulento y mal encarado se levantó de su asiento un par de mesas de la que se encontraba Harry. Sus camaradas aplaudían y vitoreaban a su colega seleccionado, las voces de los hombres al unisonó transmitían poderío. Al pasar por su mesa, Harry se percato que el hombre lucia una enorme cicatriz en su mejilla derecha en forma irregular, se encamino hacia Dumbledore y este le indico que pasara con los del comité.
El alquimista lo siguió con la mirada hasta que se perdió tras una puerta donde lo dirigían los encargados del torneo. Supuso que en ese lugar mantendrían a los vencedores hasta que toda la ceremonia terminase.
El gran maestre repitió el procedimiento anterior para sacar el siguiente participante. En esta ocasión la espera fue mucho menor, y el pergamino salió lanzado en los aires para ser atrapado por la mano del hechicero más poderoso de esas tierras.
—Nuestro siguiente vencedor es de la academia de Beauxbatons —Dumbledore se giro para que todos lo escucharan—. La vencedora es Catherine Deneuve.
En esta ocasión fue una joven de cabellera corta y negra como la noche la que se levantó se dé lugar; su belleza embeleso a varios de los varones. Como el anterior vencedor, sus compañeras comenzaron a vitorear a su compañera demostrando que la rivalidad existía.
Pasando por el mismo trayecto que el primero seleccionado, la joven llego a Dumbledore que la felicito y le invito a pasar con los del comité. La joven fue llevada a la misma puerta que su antecesor.
—El siguiente vencedor es de Hogwartz, y de nuevo una dama —vocifero el maestre una vez tomado el tercer pergamino—. Nuestra representante es, Luna Lovegood.
El nombre del rubia tomo por sorpresa a todos sus colegas de Hogwarts, la joven no era para nada de las mencionadas como favoritas y de allí la sorpresa. Sin importar el silencio, la joven se levanto de su lugar y camino hacia Dumbledore con un paso que radicaba en saltitos.
Viendo que nadie la apoyaba, Harry se levanto de su lugar y comenzó animar a su amiga, pronto Hermione, Ron y demás compañeros le imitaron y apoyaron a su colega. Antes de que la rubia se perdiera por la puerta ya era vitoreada por todos sus colegas del castillo.
—No me creo que nuestra representante sea Luna —soltó Sean.
—Pues es una muy digna representante, la mejor —las palabras de Ginny hicieron que Harry le sonriera, y esta le devolvió el gesto.
—Tiene razón, y pronto sabrán porque es la mejor —agrego Harry aun viendo a la pelirroja.
Nadie pudo decir algo más debido a que un nuevo aclamó les hizo ver que ya se conocía a otro vencedor, y de nuevo se trataba de una mujer.
Una rubia caminaba por entre sus compañeras para acercarse el centro del gran comedor, la representante de Beauxbatons se robo todas las miradas de los hombres, su belleza sobrepasaba a la de su compañera, y con ese porte con que caminaba los atraía con mayor fuerza. Incluso Harry no pudo evitar verla hasta que se perdiera de su vista.
—¿Quién es ella? —preguntó sin querer.
—Fleur Delacour —contesto de mala gana Hermione que fue la que prestó atención.
Sin entender el porqué del comportamiento de su amiga, el alquimista se dio cuenta que ya salía el siguiente pergamino.
El procedimiento no cambio en ninguna de las selecciones, y ahora el maestre estaba sujetando el pergamino con sus manos blancas y algo arrugadas. Sus ojos leyeron atreves de sus anteojos de media luna el nombre, este sería el penúltimo de los seis. Las dos selecciones de Beauxbatons ya estaban dadas por lo para Hogwarts y Durmstrang quedaban un lugar para cada uno.
Los nervios se intensificaron en varios de los presentes que ansiaban escuchar su nombre, y los pocos segundo que tardo el maestre en dar el nombre del penúltimo pareció como si fuesen horas.
—De la academia de Durmstrang el campeón es Victor Krum.
Harry pasó su vista por el largo y ancho del gran comedor para ver de quien se trataba el último campeón de aquella academia de aurores. Se topo al fondo una figura familiar y amenazante, el sujeto a rapa que vio en el gran salón se encaminaba hacia Dumbledore.
El porte del mencionado imponía, se limitaba solo ver al frente como si los que estuvieran a su alrededor no fuesen dignos. Se postro sin temor y casi sin respeto frente al Gran Maestre y espero a que le felicitara para pasar por donde sus antecesores.
—Ese Victor no me da buena espina —comentó Ron.
—Luna se deberá de cuidar de ese sujeto.
El escuchar aquello por parte de Padma provocó en el alquimista se activara su sistema de protección. De verdad no creía que el torneo fuese peligroso o que dejasen que los participantes se lastimaran entre ellos, pero aquel sujeto tenía una pinta de que pudiera romper cualquier regla.
Dumbledore no prestaba atención a las cotillas que se generaron por el imponente representante de la academia del norte. Se concentro en sacar el ultimo pergamino, y que por obvias razones el representante de sería uno de Hogwarts. Lo que ocasiono que los aurores y cadetes de último año estuvieran expectantes por escuchar su nombre.
El maestre atrapó el pedazo de pergamino que salió volando por los cielos entre chispas naranjas, leyó para si mismo el nombre y pronto lo anuncio.
—El último representante y por consiguiente de Hogwarts es… —hizo una pausa de segundos que se sintió eterna—: Harry Potter.
No daba crédito a lo que sus oídos captaban, su nombre había salido del cáliz y ahora el gran maestre lo esperaba en el centro. Admirado se levantó de su lugar, los ruidos le eran imperceptibles debido a la emoción. Escuchaba su nombre ser pronunciado por muchos, silbidos y aplausos lo acompañaban en su camino.
Todo lucia a cámara lenta, no daba crédito a su selección. Se acercó al maestre y este le colocó una mano en su hombro para después profesar su felicitación. Le indico que pasara con las autoridades encargadas del torneo y obedeció enseguida.
—Felicidades —una joven de túnica gris lo tomó del brazo y lo condujo hasta la puerta donde antes los primeros campeones pasaron— Te reunirás con los demás, pronto estaremos con ustedes para darles las instrucciones de lo que sigue.
—Bien —contestó Harry ya repuesto.
Le abrieron la puerta dos sujetos vestidos de gris, se dispuso a traspasarla cuando una voz a su espalda le llamo.
—Mucha suerte en el torneo, Harry.
Las puertas se cerraron privándolo de la joven de cabellera negra que lo miraba con un semblante pícaro. Quedando solo frente a la madera carcomida recordó ese rostro, era la misma mujer que lo observaba hace unas noches cuando dieron la noticia del torneo. Lo que le pareció extraño fue ese tono en que le deseo suerte.
Se trono de nuevo hacia el pasillo que le abría paso a otra puerta, dejo de lado el misterio de la mujer y se concentro en lo que estaba por suceder. Camino por el largo pasillo de piedras cobrizas hasta la otra puerta, sujeto el picaporte y lo giro para abrirse paso.
Entro en una enorme habitación con extraños objetos en repisas y estantes. No tardo en dar con los demás campeones, todos agrupados con su colega de academia por lo que Luna estaba sola cerca de la chimenea.
—Sabia que tú serias mi compañero —le dijo apenas y se acercó.
—¿Tanta fe me tienes?
La rubia se encogió de hombros y se limito a perderse en las flamas rojizas de la chimenea.
—Veo que tenemos oponentes difíciles —hablo en un susurró solo para que su amiga le escuchase.
—La rubia y el calvo son los que me inquietan.
Su amiga tenía buen sentido de percepción, esos dos eran los que también le habían llamado la atención. Sobre todo el llamado Victor era el que tenía en vista, ese sujeto lucia peligroso por donde se le viese; sería al que mas tendría vigilado.
Los dos sujetos de Durmstrang no charlaban solo estaban parados en una de las esquinas a su derecha, las dos mujeres de Beauxbatons mantenían una plática privada a su izquierda, sentadas en unos sofá entre unas esferas rojizas. Ninguno de los dos equipos lucia débil, para nada lo eran, lo que le hizo pensar a Harry si alguno de ellos ya era un auror nombrado.
Se dejo llevar por sus pensamientos, no quería que su participación en ese torneo fuese algo lastimoso de recordar. Cerró los ojos y se concentro, ese era un simple torneo entre academias ya había estado en situaciones difíciles de vida o muerte, no debía preocuparse por hacer un mal papel.
—Lo haremos bien, no te preocupes, Harry.
El pelinegro abrió los ojos y miro a su amiga que le sonreía para animarlo. No era una joven muy expresiva por lo que cuando hacia esos gestos era porque en verdad quería a la persona. Lo que para Harry fue una motivación y ánimo por continuar.
La puerta por la que entraron los campeones se abrió de pronto y por ella entraron Dumbledore, McGonagall (la mano derecha del maestre), dos aurores más, los maestres de las academias invitadas, y los encargados del torneo. Incluyendo a la joven de cabellera negra como la noche, que esta ocasión ni le prestó atención.
—Felicito a todos los campeones —hablo Dumbledore—. Sé que representaran dignamente a sus academias.
Nadie respondió y no pareció que eso le molestara al gran maestre que cedió el paso al Bartemius, el cabeza del torneo.
—Una vez seleccionados los campeones —habló como recitando un discurso— formaremos los equipos.
La nueva noticia tomo desprevenidos a todos, la idea que tenían era que cada grupo sería de cada escuela. Como había mencionado Luna, quedaba claro que conforme avanzara el torneo irían conociendo nuevas reglas.
—Me exprese mal —Bartemius aclaro al ver los rostros inquietos de los campeones—. Los equipos serán conformados por los dos campeones de cada academia –la noticia pareció caer mejor a los campeones que relajaron los músculos— Se que se preguntaran porque en una academia solo hay varones, y en la otra puras damas.
Esa incógnita era la que tenía a Harry pensativo desde que vio a los aurores de cada academia. Según palabras de Hermione, las academias eran mixtas por lo que no entendían porque cada uno solo trajo un solo género a la competencia.
La respuesta seria pronto dada por el encargado del torneo, y temía que no le gustaría lo que escucharía.
—Es una tradición que la academia anfitriona tenga la ventaja de tener una pareja mixta —esas palabras tenían más significado de lo que se pudiera percibir a la primera— Las otras dos solo tendrán un solo género para formar el equipo, esto se sorteo dando lo que tenemos ahora presente.
—¿Por qué ha dicho que ventaja? —hablo con su acento peculiar del sur la joven rubia.
Harry se sintió aliviado de no ser el único en tener esas dudas, demostraba que ese torneo tenía mucho tiempo de no llevarse a cabo por lo que algunos desconocían las reglas.
—Eso lo sabrán más adelante —atajo curioso el encargado.
Eso era lo que temía el alquimista, que la reciente información le pusiera junto con su amiga en el centro de atención de los demás equipos.
—Ahora, no formaremos los equipos, lo que formaremos son las contiendas.
—¿Contiendas? —preguntaron varios a la vez.
Bartemius dibujo una sonrisa malévola que puso a todos en guardia, esperando con intriga lo que pudiera decir a continuación.
—Para enfrentar al dragón, claro está.
Una vez más regreso con un nuevo capitulo de mi historia, logre no tardarme tanto como lo prometì, y aunque ya lo tenia desde hace un tiempo no pude publicarlo por diferentes razones.
Espero que les parezca entretenido y disfruten de la lectura, y que este cambio del torneo que se esta dando sea de su agrado. Nos leemos en el siguiente capitulo, se cuidan.
Au Revoir.
