14

La respiración era agitada por el correr que llevaba desde hace varios minutos, pero eso no quitaba su concentración en lanzar los hechizos necesarios, que desde su varita fluían y los que se impactaban en los arboles que se cruzaban en su trayectoria.

Harry estaba persiguiendo a un hombre lobo, en su forma humana, que acababa hace unas semanas de destruir una aldea cercana.

Junto al auror iban otros doce que corrían a varios metros de distancia a sus costados. Todos con la tarea de atrapar al hombre que tenían enfrente y que huía y esquivaba los hechizos que le lanzaban con maestría.

—Es muy bueno eludiendo nuestros ataques —dijo Ronald, con la respiración entrecortada.

—Pero sabes que esto es solo parte del plan.

—Uno muy malo, por cierto.

Los aurores lanzaron un par de hechizos que dieron cerca de las piernas del hombre que huía por su vida, aunque no supiera que solo lo querían atrapar.

—¡Lo tenemos!

El grito de una compañera dio la marca para que Harry, Ron y dos más del grupo desaparecieran en una forma de vapor blanquecino brillante.

Las figuras que dejaban una estela de vapor se adelantaron al hombre en persecución, y que al verlos se freno de golpe. Harry y sus amigos se aparecieron frente al hombre con varita en alto, lo que hizo que el sujeto corrigiera su dirección y tomara la ruta de su izquierda.

Nadie lo persiguió, pero eso no le importo al hombre quien creyó que los estaba dejando atrás. Para su mala fortuna, la tierra bajo sus pies comenzó a temblar haciéndolo trastabillar y frente a sus ojos un muro de tierra solide se elevaba varios metros y se doblaba sobre su cuerpo.

—¡No!

Los aurores llegaron hacia el hombre que estaba apresado en un rollo de tierra solida, solo con su cabeza y pies sobre saliendo en cada extremo. El hombre tenía un aspecto de lobo, con bello prominente en sus barbillas y pies desnudos; los ojos eran amarillentos y rasgados con su encía que mostraba dientes afilados.

—No has hecho difícil la captura —Lamark dijo al llegar.

—¡Malditos! —el hombre lobo estaba eufórico, y rabiaba—. ¡No saben en lo que se meten!

—Los de tu especie siempre tan apocalípticos —se burlo Lamark, que por algún motivo sus ojos transmitían cierta melancolía—. Llévenselo.

Varios hombres con sus varitas elevaron un par de metros el rollo de tierra que contenía a su prisionero, y se dispusieron a regresar al campamento.

—Pagaran por esto, pronto la sangre de los suyos será derramada —grito el hombre a lo lejos, soltando una carcajada macabra.

—Loco —pronunció Ron.

Para Harry esas palabras sonaron muy verdaderas, el tono que uso el hombre le hizo creerse lo que decía. Y, Lamark pareció que se percató de aquello.

—No hagas caso, Harry —se acercó y le tomo del hombro—. Después de haberse convertido en lobos muestran cierto carácter de ira que los hace decir ese tipo de cosas.

—¿Son normales esas amenazas?

—Sí, es normal —Lamark le apretó el hombro— Vamos a casa.

No era de extrañar esas preguntas e inquietudes por parte del alquimista, ese era su primer hombre lobo al que tenía que capturar. No estaba familiarizado con aquella especie de seres, y la primera que acababa de tener hizo que algo en su interior se removiera por dentro.

De pronto, un recuerdo se hizo presente en su mente. Recordó aquella noche en una de las ciudades en las que visito, la que más peligró le resulto al encontrarse con un vampiro y su hermana loca.

Su piel recordó aquel escalofrió que el ser sin vida le transmitía con solo su mirar, sus ojos recordaron la figura espectral y su garganta aquellos colmillos acercándose a para deleitarse con su sangre.

Harry cerró los ojos un momento para apartar aquellas imágenes de su mente, no quería revivir las noches de tormento que le provocó aquel encuentro.

—Amigo, ¿te encuentras bien?

Ron se le emparejo para verlo mejor entre la poca luz de día que apenas se filtraban por el horizonte.

—Solo tuve un mal recuerdo.

—¿Cuál?

Harry nunca le había contado bien lo que vivió aquella noche, y no pensaba hacerlo ya que no le veía el caso. Creía que lo mejor era dejarlo en el pasado, para que atormentar a otros con su vivencia; prefería que sus amigos fuesen el catalizador de los buenos momentos.

—Uno de mis viajes, nada relevante.

—Pues para que te ponga pálido, no creo que sea irrelevante.

—Enserio, Ron, estoy bien.

—Sabes que cuentas conmigo —el pelirrojo sonrió.

El alquimista solo atinó a devolver el gesto, eso era lo que necesitaba y estaba agradecido de tener buenos amigos a su alrededor.

Caminaron por varias horas hasta que llegaron al campamento, los hombres y mujeres que estaban exhaustos por la noche en persecución del hombre lobo se dejaron caer en sus catres dentro de sus tiendas de campaña.

Harry se despido de su mejor amigo y entró a su propia tienda con intención de dormir un buen rato antes de partir al castillo. Pero su plan fue frustrado al encontrarse acompañado por una figura femenina de cabellera dorada.

—¿Cómo les fue con su persecución, Harry?

Luna le miraba sentada desde su camastro con eso ojos soñadores color azul celeste.

—Dicen que los hombre lobo tienen garruchos —agrego la joven sin esperar la respuesta a su pregunta.

—¿Qué hace aquí, Luna? —preguntó el alquimista, sonriendo por la ocurrencia de su amiga.

—El gran maestre ha solicitado que vayamos al campo de entrenamiento Privé en la región de Hufflepuff.

—¿Al oeste?

La rubia asintió sin quitar sus ojos azules de la presencia de su amigo.

—¿Qué quiere que hagamos tan lejos?

Harry sabía que aquel campamento de entrenamiento estaba en los límites finales de la región de los hurones. Nunca había ido tan al oeste, cerca de los terrenos interiores del continente mágico.

—No me dijo exactamente porque nos requiere halla —su amiga acarició el lomo de su inseparable libro—. Pero si me preguntas, sospecho que nos quiere haya para algo del torneo.

—¿Crees?

—Es obvio —se encogió de hombros.

Su mejor amiga no se notaba inquieta por tener la idea de que los mandaban tan lejos por parte del torneo. Uno donde que después de su elección no les dijeron más, salvo que su primer reto tendría como peligro enfrentar un dragón. Reglas fueron pocas, pero eso según los encargados del torneo serían aclarados en la primera prueba.

El alquimista estaba un poco nervioso, no por enfrentar al dragón sino por la incertidumbre que había alrededor de todo ese torneo.

Miro a su mejor amiga y esta a su vez observaba algo debajo del catre. Verla tan tranquila y sin prejuicios le arrebato una media sonrisa, no era de extrañar su comportamiento. Estaba seguro de que estaba buscando alguno de sus misteriosos animales mágicos, esos que su padre le inculco a creer.

Le parecía tierna y dulce, pero para nada frágil. Su tiempo de conocerla le enseño que ella sola se podía defender, que era una excelente convocadora y la mejor que conocía. Excelente luchadora, diestra en el duelo de conjuros y hechizo. Y, a pesar de todo eso, sentía la necesidad de protegerla.

Una cicatriz sobresalió de la parte trasera del cuello de su vestimenta, solo una pequeña parte se veía que tocaba por su cuello. Pero Harry sabia que esa cicatriz se extendía por toda su espalda, y, esa herida que nunca sanaría ni con el mejor medimago era la razón del porque siempre la protegería.

—Creí ver Enulgos.

—¿Las criaturas que viven debajo de las camas y se alimentan de tus sueños?

—Algún día creerás en ellos, Harry Potter.

Que usara su nombre completo era indicativo de que estaba indignada por el sarcasmo con que dijo aquello. No pudo evitar soltar una risa que hizo fruncir el entrecejo a su mejor amiga.

—Debí dejar que se comieran tus sueños aquella noche —sentenció la rubia.

—Perdón, sabes que no me burlo —levanto sus manos en rendición—. Yo respeto todo lo que dices.

Luna no dijo nada, solo se limito a ver a su mejor amigo con cara de apenado. Y, en su inocencia, acepto la disculpa que le extendía su amigo alquimista.

15

Nunca imaginó que el viaje se efectuaría en una carroza tirada por pegasus, pero resultó ser un viaje cómodo y efectivo siendo que estaba muy lejos su destino.

Por la ventana de su compartimento podía ver que sobrevolaban una ciudad de gran tamaño, que según su mejor amiga era una de las más bellas de la región de Ravenclaw. Su tierra natal.

—¿Cuánto durara este viaje?

—Poco más de medio día.

—Excelente.

Escuchar aquello le entusiasmo pues no podía con su intriga de lo que sucedería al llegar a su destino. Esa agonía de dudas se hubiese extendido poco menos de un mes por tierra, sea en carroza, y mitad de tiempo viajando por ciudades con red flu.

El viaje aéreo era lo mejor, pero nunca le había tocado hacerlo en una carroza tan lujosa. Por lo que escucho decir a Lamark antes de separarse fue que el transporte era brindado por nuestros colegas de Beauxbatons, Lo que se corroboró cuando escucho hablar en otro idioma excéntrico al conductor de la carroza.

—Sabes, aprovechare para dormir un poco más.

—Antes de que lo hagas quiero entregarte algo —Luna tomo su bolso y saco un paquete pequeño envuelto en papel plateado.

—¿Qué es?

—No sé —la joven lucia misteriosa —No lo abras, no ahora —dijo al ver las intenciones de su amigo de romper la envoltura.

—¿Entonces cuando?

—No me lo especifico.

—¿Quién?

Luna cerró la boca al ver que estaba apuntó de hablar de más.

—¿No me dirás?

—Iré por un aperitivo.

Se levantó de su asiento y se fue por la puerta para perderse por el pasillo, dejando a un Harry consternado por el paquete en sus manos.

Tuvo la intención de abrirlo, pero prefiero no hacerlo por lo que prefiero guardarlo en su bolsa de pantalón hechizado. Lugar donde siempre llevaba varios frascos especiales hechos por el mismo para llevar a cabo su magia con alquimia.

Metió su mano para asegurarse de que todo estaba en orden, sintió varias botellas y sintió un alivio. Algo le decía que esos frascos los podría necesitar pronto, y quería tenerlos a la mano en todo momento.

Se acomodó en su lugar y dejo que sus parpados pesaran hasta que cayeran rendidos. Su respiración se regularizo, y en poco quedó dormido.

16

Todo estaba en quietud, una incómoda y sombría. Harry se encontraba en el centro de un campo rodeado de arboles. Sobre su cabeza una luna blanca y completamente redonda brillaba en el lienzo sin estrellas que era el cielo.

No sentía el clima ni frio o caliente, pero estaba seguro que si hubiera un viento sería congelante y le provocaría escalofríos.

Quiso dar un paso hacia adelante, pero se detuvo al ver que el campo inmenso de césped verde se redujo a una pequeña isleta rodeada por un lago rojizo.

Su piel se erizo al percatarse que era sangre lo que lo rodeaba, pero lo que le hizo temblar fue una voz lejana y espectral.

Eres el hijo del padre que fue asesinado por el padre de otro hijo.

Las palabras retumbaron en eco como para que no perdiera ni una sola silaba.

La sangre que corre por tus venas es la misma que corre por las mías.

No entendía nada de lo que la voz alejada decía. Sentía incongruencia es lo que pronunciaba, pero a su vez en su interior algo entendía todo a la perfección, aun cuando su cerebro no lo supiera.

—¿Quién eres? —preguntó.

Heredero de la muerte, legado de la obscuridad —contestó la voz.

El suelo bajo los pies de Harry comenzó a temblar, trastabillo un poco casi cayendo al lago de sangre roja.

La tierra se zarandeaba brusca e intermitente como de un animal queriendo sacarse algo del lomo se tratase.

El alquimista se quiso mantener en pie pero le fue imposible. Se dejó caer de rodillas para sujetarse del césped crecido. Levantó la vista y miro que la luna perdía su blancura, dejándose tragar por la negrura de la noche.

Un fuerte viento sopló por un costado del pelinegro que sin poder sujetarse bien del césped cayó al lago.

Trató de nadar y mantener el flote, pero le fue imposible. Algo lo arrastraba hacia la profundidad del lago, le sujetaba de su tobillo izquierdo con fuerza. Y sin poder hacer nada se dejo arrastrar, ahogándose con la sangre hasta la desesperación.

17

—¡Harry!

Escuchaba a lo lejos de la obscuridad que le llamaban.

—¡Despierta!

La voz era familiar, y recuerdos se asociaron con ellas. Buenos momentos llenos de luz y risas le albergaron en el pecho agitado.

Con pesadez abrió los ojos para encontrarse con un mar azul y un sol dorado. Enfocó bien su vista y se percato que estaba Luna a centímetros de su cara, con una expresión de preocupación y temor.

—¿Luna?

—Harry, que susto me has provocado.

—¿Qué sucedió?

—Tengo poco más de diez minutos tratando de despertarte.

El sueño regreso a su mente, recordando cada detalle siniestro de aquel lago de sangre. Su piel se erizo, y como reaccionando a la parte de su ahogamiento se levanto estremecido del asiento.

—¿Estás bien, Harry?

—No —dijo sin pensar—. Solo fue un sueño.

—Uno malo por lo que veo.

Harry se dio media vuelta para ver a su amiga, sabia que ella era buena escuchando y excelente para no juzgar. Decidió que podía contarle su recién sueño, necesitaba desahogar aquello de su sistema antes de que pasará.

Luna le escuchó atenta en todo momento mientras relataba con lujo de detalle su sueño. No sabía porque, pero desde que la conoció sintió que podía confiarle todo, y jamás creyó que pudiera ser tan abierto con nadie después de ella. Pero aquello cambio hace tiempo atrás, cuando conoció a cierta castaña.

Al recordarla su corazón se agitó y acelero su pulsación, se pregunto qué estaría haciendo en esos momentos. Le daba lástima que su equipo no fuese el mismo, eso los tenía bastante tiempo separados. Aunque debía ser sincero, jamás la olvidaba y mantenía presente en sus recuerdos, y cuando se volvían a ver era tan especial por las largas ausencias.

Terminó de relatar su recién sueño y espero a que Luna hablara, podría ser una joven extraña con creencias alocadas, pero era su mejor amiga y era sensata y muy observadora.

—Un sueño muy interesante.

—Escalofriante, diría.

La rubia sentada en los asientos de enfrente se paso a un lado de su amigo y le sujetó con sus dos manos el rostro. Sus ojos azules se clavaron en los de él y pudo sentir una sensación mágica muy extraña. Se preguntó si aquello era algún hechizo por parte de su mejor amiga, pero pronto comprendió que solo era incomodidad por la cercanía.

—¿Luna?

—Me a cercioró que no tengas Enulgos en tus ojos.

Harry suspiró al no obtener lo que esperaba por parte de su amiga. Quería oír algo razonable, y sabia que su amiga lo era por lo que escuchar lo de sus animales inexistentes le bajo el estima.

—Ve por un vaso con agua —dijo la rubia—. Bien fría, eso te servirá.

—Bien.

Harry se levantó de su asiento y se dispuso ir al comedor de la carroza. No iría precisamente por el agua fría, lo que necesitaba era despejar su mente de todo aquello. No quería estar fastidiado antes de llegar al campamento donde seguro les esperaban más sorpresas.

Al salir del compartimento el alquimista no se percató de la mirada seria y de inquietud que su amiga le dedicaba. Sus dedos sujetaban fuerte el libro entre sus manos, a tal punto de que se blanquearon por completo; algo que no se percibía bien por lo blanca de su piel.

Una vez fuera el pelinegro se dispuso a vagar por la carroza que tenía dos pisos de alto, y varios metros de ancho. Lo sorprendente era que por fuera no era más que una carroza sencilla que lucía normal, sin dimensiones tan exageradas como lo era por dentro.

Se detuvo en una sala que tenía unos enormes vitrales que le dejaban ver con toda claridad el cielo y la tierra por donde sobre volaban.

No era un experto en reconocer los terrenos de las regiones, por lo que su ubicación no era exacta pero sospechaba que en ese momento transitaba la frontera de Ravenclaw. Lo que le decía que iban a la mitad del camino.

Su vista se poso en la lejanía de una montaña que su pico se perdía entre las nubes de lo alta que era. Se quedó mirando aquel punto oculto por las motas blancas en aquel cielo azulado, y se dejó cautivar por el paisaje que frente suya se pintaba cual vitral de una iglesia.

—Un egmoso paisaje.

Una voz femenina hizo que su ensimismamiento fuese interrumpido.

—Siempge me ha gustago mucho viagar en este lugag de la cagoza.

Harry se percato que no estaba solo, y nunca lo estuvo. No vio que en uno de los sofás de la sala se encontraba una chica de cabellera corta, apenas llegando a los hombros, y de un color tan negro como la noche más obscura le miraba con unos ojos grises muy cautivadores.

El alquimista tardo unos pocos segundos en reconocerla, la ubico como una de las vencedoras de Beauxbatons.

—Eges Haggi Poggeg, ¿ciegto?

—Sí, muchos gusto —se acercó y le extendió la mano—. Tú eres Catherine, ¿cierto?

La joven cerró el libro que estaba leyendo, colocó su apartador en la página en que iba, y lo dejó a un lado sobre una mesita de caoba inglesa.

—Oui.

Catherine se acomodó en el sofá y le invitó a que tomara lugar a su lado. Harry dudo un momento, el sofá era pequeño por lo que estarían muy pegados, y eso le incomodaba. Sin embargo, se sentó al lado de la joven para no ser descortés por su invitación.

—No sabía que venían más campeones en la carroza.

—Solo vengo yo —pronuncio en un mejor español.

—¿Solo tú?

—Oui —la joven pasó su mano por su falda azul obscuro—. Me han pegigo que estuviega aquí, no se pogque.

—El torneo es algo misterioso —Harry pasó su vista por el vitral a espaldas de la joven—. No entiendo de qué va todo esto.

—¿Tú piensas que esto es pog el togneo?

A Harry le parecía peculiar la forma de hablar de la francesa, se notaba que dominaba el idioma español aun cuando en ocasiones la pronunciación no era la mejor.

—Mi amiga eso piensa —recordó las palabras de Luna—. ¿No se te hace raro que nos manden tan lejos?

—No —contestó sin dar mucho crédito.

—Vaya, me gustaría ser como tú.

—¿Cómo?

—Despreocupada, sin hacerme tantas preguntas del por una o cierta cosa.

La pelinegra esbozo una sonrisa que le pareció cautivadora al auror.

—Por cierto, ¿imaginas como será la primera prueba?

—Me tegmo que no.

—Lo suponía.

—Pego agmito que me ategga lo del dagón.

El dragón era algo que tenia alerta al pelinegro, y que por el momento no había recordado. Necesitaría ir con Luna y planear lo que deberían de hacer para derrotar a uno. Aunque por su mente un plan se comenzaba a formar, y las magnificas habilidades de la rubia le vendrían bien para aquella prueba.

—Me gusta tu fogma pensagtiva.

—¿Disculpa?

—Oui, ese semblagnte que pones.

—Ah —Harry se ruborizo por la mirada seductora de su acompañante—. Disculpa, es que no puedo evitarlo.

—No te cugpo.

—Bueno, te dejo continuar con tu lectura.

—No me molegta tu compagnia.

Aquello hizo que se ruborizara aun más y no comprendía porque, pero se imaginaba que sus mejillas estarían tan rojas como el cabello de Ron.

—Me gustaría quedarme, pero mi amiga me espera.

—Bien —dijo, viendo al alquimista retirarse—. Pego sabes donge encontagme.

Aquello que agregó al último le arrebato una sonrisa, que pronto se esfumo al ver por el pasillo a su amiga que le miraba atenta recargada en la pared.

Harry se acercó y vio que su ceño estaba fruncido, lo que le pareció extraño ya que no creía que estuviera celándolo.

—Hermione no le gustaría aquello.

—¿Cómo?

—Olvídalo.

La expresión de su amiga de la nada cambio a su semblante normal y soñador. Con ese toque de misterio y pisca de locura de la buena.

Ver su cambio y dejando de lado lo que le quiso dar entender recordó el tema que necesitaba hablar con ella, sobre lo del dragón. Pero antes de que pudiera decir palabra fue su amiga quien tomo la iniciativa y hablo tocando el tema.

—Quiero comentar lo del dragón.

—Vaya, estaba por decir lo mismo.

—¿Tienes algun plan?

—Pensaba usar tus habilidades…

—Harry, estamos hablando de un dragón —Luna suspiro un momento—. Son seres muy inteligentes, astutos y audaces. Mis habilidades pueden ayudar en cierto punto, pero no los podremos engañar.

—Eso cambia por completo mis planes.

—Creo saber quién nos puede ayudar.

—¿Quién?

La rubia sonrió maliciosa.

—¿Luna?

—En la siguiente parada lo sabrás.

18

La carroza tuvo que hacer una parada para que los pegasus descansaran y bebiera leche de malta. El descanso les haría reponer fuerza y continuar su viaje.

En la parada Luna y Harry les permitieron bajar y conocer la ciudad de Onom de la región de Hufflepuff. El lugar resultó muy cálido con personas amigables, y unas construcciones muy típicas para lo que era el país de los cuatro; claro con su respectiva diferencia en ciertos detalles.

La pareja caminaba por una avenida muy concurrida, personas iban y venían por la calle y carrozas de todo tipo transitaban por en medio para evitar algún accidente.

Luna era la que dirigía el camino, parecía como si conociera bien aquella ciudad y eso le inquieto a su mejor amigo. La siguió hasta lo que parecía una taberna, uno limpia y concurrida por personas con buena pinta. Lo que alivio al pelinegro.

Al entrar la rubia puso sus sentido alerta como buscando alguien, y fue entonces que comprendió Harry lo que estaba ocurriendo. Hilo las palabras de su amiga con estar en esa taberna, y supo que estaba buscando a la persona que les ayudaría con el tema del dragón.

Anduvieron por la taberna hasta que una mesa llamo su atención. Y sin prestar atención a todos en la mesa, solo tuvo que ver una melena castaña para saber de quién se trataba.

El equipo de Hermione estaba sentado bebiendo cerveza de mantequilla y discutiendo algo con algunas bromas de por medio.

—¿Te gusta nuestra ayuda?

Luna miraba de reojo a su amigo quien se ruborizo. La rubia mostraba cierta picardía por la actitud de su amigo y eso le divertía a montones.

—Bueno, a ella le encantara ayudarnos.

Se pusieron en camino hacia la mesa, y en el trayecto Harry recordó que no le había contado nada sobre el dragón a su mejor amiga en la mesa. No porque no quisiera. Después de su selección fueron separados por unos días de la gente de la academia, y cuando les dejaron volver tuvo que ir a una misión que se hilo con otras.

Conforme se fueron acercando pudo distinguir mejor al grupo de su amiga. Reconocio a Ernie sentado a un lado de Padma, y enfrente estaban Hermione y Ginny quien fue la primera que se percató de su presencia.

Dejando tirados a sus amigos la pelirroja se levantó de un salto de su silla y corrió hacia la dirección del alquimista para rodearlo en un fuerte y muy pegado abrazo. Y sin que nadie lo pudiera ver por la posición en que estaban, la hermana de su amigo le susurro un hola y pasó a plantarle un beso en su oreja.

Ruborizado Harry se quedo helado en su lugar mientras Ginny saludaba igual de efusiva a Luna. Aquellas dos se convirtieron en muy buenas amigas, siendo de la edad y compartiendo ciertas clases juntas cuando eran cadetes la amistad no se pudo evitar.

—Me da gusto verte, Ginny.

—Ay, Luna, tenemos tanto que platicar.

—Me encantaría, pero no tengo mucho tiempo.

—Es cierto, ¿Qué hacen tan lejos?

—Asuntos oficiales —agrego rápido Harry.

—Ya veo.

La pelirroja les indico que le siguieran, y enseguida estaban en la mesa con los demás. Harry no pudo evitar sentir que alguien le miraba con cierta furia, y encontró el emisario en los ojos de su mejor amiga.

Hermione se mostraba molesta, y no entendía porque lo estaría. Se pregunto si habría visto el beso de la pelirroja en su oreja, o habría sido por alguna otra cosa que hubiera sucedido.

Los saludos no se hicieron esperar seguido de la incógnita de porque estaban tan lejos siendo que el grupo el Harry debía estar en Ravenclaw.

—Estamos en asuntos oficiales —Luna siguió lo que Harry comenzó—. Pero necesitamos a Hermione.

La castaña asintió.

—Se las robaremos un minuto.

Con esto los tres se fueron a otra mesa al otro extremo de la taberna que cada vez tenía más hechiceros de comensales.

—¿Cómo has estado, mione?

—Bien —contesto la castaña que ya no lucia molesta— ¿Cómo les ha ido a ustedes?

—Excelente, hace poco atrapamos a un hombre lobo.

Hermione asintió sin despegar su vista de la de su mejor amigo, y este contento mantenía la mirada fija. Nadie hubiera cedido, y el silencio que les rodeo no les molestaba. Era como una plática entre ellos sin palabras como si se estuvieran manteniendo una conversación por telepatía.

La situación para nada incomodaba o molestaba a Luna, que ya estaba acostumbrada aquella conexión de sus amigos; la cual le parecía de lo más graciosa.

—Amigos, no tenemos mucho tiempo.

Su voz interrumpió la conexión mística que ambos mantenían. Pero el tiempo estaba en contra de Harry y Luna, por lo que esta última debía dar movimiento a lo que habían ido hacer en la taberna.

—Hermione, ¿hiciste lo que te pedí?

—Sí, pero debo decirte que es muy difícil.

Harry alzo una ceja intrigado, algo le decía que ese intercambio de palabras tenía que ver con el conocimiento de cierta prueba por parte de la castaña.

—¿Le has contado?

Luna asintió.

—Vaya, yo quería ser quien le dijera.

—No te preocupes, Luna es muy inteligente y me ha pedido ayuda sabiendo que nosotros tardaríamos en vernos.

Hermione lucia feliz por alguna extraña razón, pero el verla alegre lo único que ocasionaba era que el alquimista también lo estuviera.

—Debo decirles que derrumbar un dragón es de lo más complicado —Hermione se acerco a sus amigos para que solo estos pudieran escuchar—. Les he preparado algunos hechizos, son de nivel muy alto y complicado, pero confió en que los dominaran.

Para Harry lo que estaban haciendo por motivos desconocidos le hacían sentir como si estuviera haciendo trampa en la prueba, pero a su vez sintió que estaba jugando legal con las reglas.

—Aquí tienen —Hermione les entrego un libro.

Cuando Harry vio la portada esta le pareció muy familiar, y al hacer memoria entendió que no hace mucho que había visto aquel ejemplar. Catherine, la chica francesa de la carroza, lo estaba leyendo cuando llego a la sala. Allí entendió porque la joven escondió la portada cuando cerró el libro, y sospecho que aquella joven sabia más de lo que dijo saber.

—Este es un libro muy extraño, por favor cuídenlo.

Hermione parecía temerosa y angustiada por aquel libro, lo que le encanto al pelinegro. Su amiga no era como cualquier otra mujer, era estudiosa y amante de la lectura. Adoraba ver como apreciaba un buen ejemplar.

—No temas, lo cuidaremos.

—A mi me preocupan más ustedes.

Harry tomo la mano de su amiga que tenia extendida a mitad de la mesa, y la acarició en forma dulce y cuidadosa. Se dejo atrapar por su suavidad, y la sensación delicada que era acariciar su piel.

—Nos tenemos que ir —anuncio Luna viendo un reloj de arena flotando arriba de la barra.

—Cuidence —dijo Hermione al verlos partir.

—Te vemos en el torneo —dijo Harry, antes de partir.

Con el libro proporcionado por la castaña los amigos se dispusieron a volver a la carroza. No tendrían mucho para estudiar el libro, pero por lo menos ya no estaban en completa desventaja.

Estaban dispuestos a dar lo mejor de cada uno para vencer, y, aunque no sabían lo que les esperaba en el campo de entrenamiento lo que si sabían era que debían estar preparados para lo que fuese que pudiera suceder. Porque si algo estaba claro era que el torneo estaba elaborado para tomarlos por sorpresa y con la guardia baja. Y siendo que todo lo que rodeaba el torneo estaba en completo misterio debían estar alertas.


¡He vuelto por petición de ustedes! Primero que nada deseo disculparme por haberme alejado de esta historia, se que desde marzo que no actualizo y que antes lo hacia mas seguido, pero debo decir que he estado muy ocupado. Ademas que estoy atareado con otros fics en proceso o que me van saliendo de un foro en el que participo.

Agradezco a SU y Sir Danny por sus reviews que me hicieron acabar lo que tenia avanzado de este capitulo. Prometo no tardar con el siguiente, pero algo si deben saber: Esta historia no la olvidare y de que tendrá un final no se preocupen n.n jajaja

Saludos a todos los que me leen, dejan review, o solo dan follow y fav.

Sin mas por decir

Au Revoir.