19
Reunidos en el centro del campo de quidditch, ubicado a las afueras de los terrenos del campo de entrenamiento se encontraban los campeones. Aquel lugar con césped, gradas y unos postes altos con unos aros en su punto más alto era donde se llevaba a cabo uno de los deportes favoritos de todo el reino mágico.
Para el alquimista aquel deporte era su predilecto, pero solo tuvo un par de ocasiones en el pasado para jugarlo. Siendo un buscador en esas oportunidades, y era uno realmente bueno en su posición.
En el centro del terreno se encontraban todos los campeones participantes esperando a que alguien organizador del torneo se hiciera presente. Porque al estar todos en aquel campo estaba claro que el asunto a tratar sería sobre la primera prueba. Y la tensión de saber de que iría mantenía impacientes a cada uno.
Harry miró de reojo a su rubia amiga, solo habían tenía unas pocas horas para memorizar y practicar los hechizos del libro que Hermione les había entregado. Solo esperaba que tuvieran más tiempo para practicar, y que esa reunión solo fuese para información. Una que en ese momento era muy escasa y les reducía la visión de lo que pudieran enfrentar.
—¿Qué es eso?
Los seis participantes pusieron su atención a donde el conocido como Victor Krum apuntaba al cielo. A su izquierda, una esfera azul brillaba cual estrella en medio del día, pero no era la única, a su derecha una de color rojo brillaba cual fuego incandescente, y una tercera a su espalda de color amarilla como un segundo sol se permitía ver a lo lejos.
Cada campeón volteó a ver a su camarada de Academia como queriendo decir algo pero deteniéndose para no alertar a la competencia.
—Creo que las pruebas dan comienzo —hablo Luna, sin importar el secretismo y diciendo lo que todos pensaban.
—Es correcto, señorita Lovegood.
Frente a los campeones aparecieron el gran Maestre Dumbledore, el Maestre de Durmstrang Igor, la Maestre de Beauxbatons Olympe, y, al final, el organizador Bartemius y los dos sujetos que siempre lo acompañaban. Cada uno con vestimentas especiales para la ocasión, lo que hizo que en los participantes se pusieran en alerta por el inicio del oficial del torneo.
—Hoy daremos comienzo a la primera prueba del torneo.
—Y para la ocasión deberán vestir diferentes —el maestre con un movimiento de su varita hizo que las prendas de cada campeón cambiaran—. Estos serán sus uniformes con el que representaran a sus respectivas academias.
Los integrantes de Durmstrang tenían un conjunto de una chaqueta, una camisa y pantalón color caoba colonial con detalles en un rojo intenso. En su brazo izquierdo un banda de tela roja les rodeaba, y en ella bordada se encontraba el logo de su academia y nombre del integrante.
El uniforme de las integrantes de Beauxbatons era un conjunto similar al de sus contrapartes varoniles, con la variación que en sus cinturas un pedazo de tela de seda color azul eléctrico les rodeaba acentuando su figura. Pero estas telas eran sutiles de un color azul celeste. El logo de su academia se encontraba en el pecho del lado del corazón.
Y los de la academia de Hogwarts, que no diferían de sus contrincantes salvo por pequeños detalles. El conjunto para el alquimista era como los de Durmstrang salvo por la banda en su brazo, y el de la contadora como las de Beauxbatons sin incluir la tela en la cintura. El color de sus uniformes era el negro con bordes en rojo carmesí, y su logo se ubicaba en sus espaldas sobre la levita.
—Ya que están listos para la ocasión pasemos a lo que sigue —Bartemius apuntó a las luces con su varita—. Deberá cada equipo dirigirse hacia donde se encuentra cada destello, y buscar un objeto preciado que necesitaran para avanzar a la siguiente ronda.
—Pero no será nada sencillo —aclaró Dumbledore.
—Es correcto —hubo un brillo en la mirada del organizador—. Como mencionamos los equipos serán mixtos.
Con un movimiento de su varita se formaron los equipos para ir hacia cada punto. Figuras como fantasmas se proyectaron enfrente de los campeones que se veían así mismos con singular interés por ver quién sería su compañero.
Cada equipo destellaba un aura de color distinta, marcando el color del destello en el cielo que les pertenecía.
El alquimista observó que un aura amarilla rodeaba la proyección de su amiga, que estaba emparejada con la del hombre gigante y calvo de Durmstrang. Se preocupó al ver a quien le había tocado, pues aquel sujeto no lucia muy amigable y todo lo contrario. Incluso vio como dibujo una media sonrisa al ver quien le había tocado en su equipo, como imaginando que le resultaría fácil; que equivocado estaba si ese fuese su pensamiento.
Luego observó la proyección de la hechicera que conoció en la carroza, quien estaba emparejada con el famoso Victor Krum. Ambos con aura azul. Se percató que se miraban, y de una manera poco amigable, como si tuvieran alguna historia que no terminó en buenos términos.
Al final se vio a sí mismo junto a la joven rubia de Beauxbatons, Fleur Delacour. Sus proyecciones tenían un aura roja lo que les indicó que debían ir hacia su derecha. Al Oeste.
Buscó a su compañera y la ubicó al final de la fila que se formó frente a las proyecciones. Se notaba calmada como no importando quien fuese su compañero ni lo que fuese a ser la prueba. Quizas solo fuese concentración, o su manera de lidiar con los nervios que pudiera estar experimentando. Porque si de algo estaba seguro era de que hasta el grandulón que haría compañía a su amiga tendría sus miedos.
Mantuvo la mirada en la hechicera y esperó que esta le lanzara una mirada de desafío, pero lo único que recibió fue indiferencia ante su posición de equipo.
—Bien, aquí va la primer regla —Bartemius se acercó a los campeones—. Cada equipo ira a donde el punto en el cielo les tocó, deberán ir y buscar un huevo de oro escondido en alguna parte del terreno donde el destello se encuentre —todos escuchaban con atención a sus palabras, no querían perderse algo que fuese vital—. Una vez lo obtengan deberán regresar aquí y colocarlo en uno de esos pedestales.
En el centro del campo aparecieron tres pedestales de oro solido y macizo, cada uno con un logo diferentes correspondiente a cada academia. En la parte superior un descanso cóncavo de plata fina esperaba a que se depositara algún objeto circular.
—Es vital que hagan equipo —sentenció Bartemius con severidad—. No es una competencia de quien de cada equipo logra hacerse con el huevo y regresar. Deberán ayudarse mutuamente y volver juntos, porque si no lo hacen quedaran descalificados.
Esas palabras tomaron por sorpresa a todos los campeones que no dudaron en mirarse unos a otros. Quedaba claro que esperaban algo diferente, como el que cada equipo tuviera que luchar por llegar primero al punto y obtener lo que les han solicitado; no podían estar más alejados de la realidad de lo que sería la prueba.
El alquimista analizó aquellas palabras con detenimiento, y el modo en que la primera prueba se estaba llevando a cabo. Resultaba muy curioso cómo estaban manejando la prueba, como dividían a los integrantes de las academias y los juntaban con la rival. Aquellos movimientos tenían algo oculto, un propósito que no podían ver con claridad por el abrumado misterio que rodeaba el torneo y sus pruebas.
Examinó todo los factores con cuidado y no tardó mucho en deducir la finalidad de formar los equipos, pudiera que se equivocara, pero su idea le resultaba lógica y con alta efectividad de ser correcta.
—Luna —le llamó en un susurró.
—¿Sí?
—Pase lo que pase haya afuera no uses tus mejores habilidades de convocadora.
Luna alzó una ceja intrigada.
—¿Por qué, Harry?
—Confía en mí.
La rubia asintió sin preguntar nada más, comprendió que la situación no estaba como para que le dieran una explicación. En tanto, el alquimista sabía que su amiga haría lo que le acababa de pedir, y si estaba en lo correcto eso les ayudaría más adelante.
—A mi señal saldrán hacia sus destinos —anunció Dumbledore.
—Pero, ¿y lo dragones? —cuestionó Catherine.
—Pronto lo sabrán —sonrió malicioso Bartemius.
—¡Fuera!
Al anuncio de salida a la voz sonora del gran maestre un cañón se escuchó retumbar por todo el campo de quidditch. Y con la señal dada cada equipo salió corriendo hacia donde su destello se ubicaba.
Harry se emparejó con Fleur y salieron por el portón ubicado al Oeste del campo. Al cruzar el portón algo en su interior fluyó, una especie de sensación abrumadora nada gratificante se albergó en sus pechos y se propago por cada rincón de su cuerpo.
—¿Lo has sentido?
—Oui.
La hechicera y el alquimista permanecieron estáticos por unos segundos para posteriormente decidir continuar su travesía. Con la sensación aun latente en su pecho y fría en su espalda.
El punto estaba muy lejos, fácil les tomaría varias horas poder llegar hasta su destino si continuaban a pie. Y, viendo como se jugaba aquel torneo, no sería nada fácil llegar hasta ese punto. Cruzar el bosque les permitía ponerse a merced de las trampas de los organizadores, y esa no era una buena opción.
—Haggy —le llamó la hechicera, con un tonó indiferente.
Harry quien iba unos paso adelante se detuvo y giro hacia atrás para reparar a la rubia. No imaginó que la hechicera supiera su nombre, aunque era evidente, estando en una competencia debes conocer a tus adversarios; eso implica virtudes y desventajas.
—¿Qué sucede?
—¿Y si nos apagesemos en aguel pugto?
Ese sería una buena forma de viajar, en vez de ir corriendo y perder tiempo podían simplemente viajar hasta donde el destello en un abrir y cerrar de ojos. No entendía por qué no se le había ocurrido eso antes.
—Bien, hagámoslo.
Harry le extendió la mano a la hechicera quien le miro con desdén, y dudo en darle la mano; lo que hizo sentir incomodo al alquimista.
—Estudie el terreno, se hacia dónde vamos.
Aquello era cierto. Se había estudiado el mapa del terreno por lo que sabía que el destello rojo estaba sobre un lago alimentado por una cascada.
Con aquellas palabras logró que Fleur le aceptara la mano, pero no muy cómodo. Harry se imagino el lugar a donde se dirigían, pero al intentarlo algo no salió bien. No conseguían desaparecer y viajar hacia aquel punto a la lejanía.
Lo intentaron cada uno unas tres veces sin obtener resultado, lo que le hizo recordar al pelinegro aquella sensación de su pecho al salir del campo de quidditch.
Les habían bloqueado su habilidad mágica de la aparición, los querían obligar a que cruzaran a pie aquel terreno quebrajoso. Pero lo que le intrigaba al alquimista era que otras habilidades mágicas les habían sellado.
—Supongo que de eso se trató aquella punzada en el pecho.
La hechicera asintió angustiada.
—Tendremos que ir a pie.
—Egso no me gugsta.
—Créeme a mí tampoco.
Emprendieron de nuevo su viaje con esa incertidumbre de lo que les esperaba en aquel trayecto hacia el destello rojo. ¿Qué peligros les habían planeado poner en su recorrido? Nada bueno estaba claro.
En cambio, Harry se preguntó cómo le estaría yendo a su amiga, si tendría problemas con su compañero o si ya estarían superando las trabas que seguramente les habían colocado. Como fuese, el alquimista sabía que su amiga lograría salir de cualquier embrollo que les pudieran tener preparado.
20
El camino resultó muy difícil de recorrer y tenso en cada paso. El alquimista estaba seguro que el terreno había sido modificado, en el mapa que estudio el área no mostraba ser escabroso ni empinado. Lo bueno era que por el momento todo parecía normal, nada lucia peligroso ni había rastra de algún dragón. Pero reconocía que tanta tranquilidad no era para nada bueno, y allí entraba el estado mental.
Fleur por su parte estaba muy atenta a cualquier ruido fuera de lo normal; cada que escuchaba algo se ponía en alerta. No dejaba de sujetar por ni un motivo su varita, siempre en mano y alzándola en dirección de lo que le pareciera extraño o fuera de lo normal.
Cada que la veía con su expresión intensa e indiferente no podía evitar pensar en lo hermosa que lucia. Sentía su sangre arder, y por algún motivo quería acercarse y tomarle de la cintura para plantarle un beso.
Tener ese tipo de pensamientos le incomodaba y sacaban de balance, la hechicera en más de una ocasión le tuvo que advertir que tropezaría con una roca o que caería en un pozo.
Fleur era muy hermosa y el que lo negara seria un demente o ciego, pero lo insólito era lo que le provocaba con solo verla; para nada lo que sentía o deseaba hacer iban con su actitud. Era como si estuviera bajo un hechizo de enamoramiento, pero era claro que no lo estaba.
—Haggy.
El cómo pronunciaba su nombre le daba gracia, por lo que escucharla le hacía dibujar una media sonrisa que trataba de suprimir sin conseguirlo.
—Dime, Fleur.
—Miga —dijo, apuntando hacia la esfera amarilla que podían distinguirse entre las ramas de los arboles.
—Esta centellando.
La esfera de luz amarilla aumentaba y disminuía su brillo como una vela que va perdiendo calor en su flama. La luz intermitente debía significar algo, y ya que la azul de igual manera comenzó a centellar podía ser que se tratará de algún peligro.
—¿Gué significaga?
—No lo sé.
El alquimista hecho un vistazo hacia el cielo en dirección a la esfera de luz roja que les correspondía, pero a diferencia de las otras no mostraba actividad.
Preocupado su mente calibró aquello como señal de amenaza, y por su mente la figura de Luna se hizo presente. Tal vez, que las luces se pusieran intermitentes significaba que estaban en problemas; porque no creía que ya hubieran conseguido el huevo de oro.
Todas las luces parecían estar a la misma distancia de lejanía del campo de entrenamiento. Y con la habilidad de aparición cancelada el viaje les tomaría un buen tiempo para arribar a su destino.
—Sea lo que sea nosotros lo averiguaremos.
La rubia asintió.
—Debemos continuar.
Retomaron su camino entre aquellos arboles que conformaban el bosque, que con la ausencia cada vez más marcada de la luz de sol se tornaba tenebrosa.
Y con el sol se comenzaba a esconder en el horizonte, debían apurarse, aunque para Harry que la noche les alcanzara era parte de la prueba.
—No estamos muy lejos.
—Oui.
La esfera roja estaba ya a nada sobre sus cabezas, quizás unos cuantos minutos de distancia. Y la emoción de estar cerca de su destino les animó, apretaron el paso hasta que escucharon un crujido. Seguido del ruido la tierra comenzó a temblar, parecía como un can sacudiéndose para sacarse las garrapatas de encima.
Fleur y Harry se sostuvieron al grueso de un tronco que tenían cerca, el temblor se hacía cada vez más fuerte e intenso. Si no fuera porque el tronco era fuerte, y que lo sujetaban con sus dos brazos, ya habrían caído al suelo rocoso en el que se encontraban.
—¿Gué egsta sugediendo?
—Nada bueno.
Estaba temblando tan fuerte que en cualquier momento el suelo se partiría en dos, y con el sonido del crujido que le acompañaba aquello no parecía descabellado.
Harry estaba agradecido por esta rodeado de arboles donde sujetarse, pero como broma del destino los arboles comenzaron a moverse por igual. Unos cayendo como si fuesen talados, y otros sumiéndose en la tierra.
El árbol en el que se encontraban se empezó sumergía en la tierra a una velocidad muy rápida. Lo curioso era que no todos los arboles parecía sufrir aquel cambio, algunos se mantenían firmes como espectadores de lo que sucedía a su alrededor.
El alquimista y la hechicera tuvieron que soltarse del tronco en que se sujetaban, ya que pronto desapareció. Quedando sin donde sujetarse y sin poder moverse, trastabillaron y cayeron al suelo golpeándose fuerte con las piedras en el terreno.
El grito de Fleur en su caída hizo que el corazón de Harry se acelerara. Cuando volteó a ver que le sucedía se percató que el grito se debió a que su compañera había perdido su varita, y por lo que estaba ocurriendo la necesitarían.
La intensidad del temblor disminuyó progresivamente hasta que estuvieron estáticos, dejando que los hechiceros pudieran incorporarse y preguntarse qué había sucedido.
Al observar a su alrededor se dieron cuenta que ya no estaban en un bosque como tal, muchos árboles desaparecieron y en el suelo las piedras se solidificaron para que formar rocas solidas y amplias. El terreno era parecido a una montaña rocosa como las que rodeaban la frontera de Ravenclaw y Hufflepuff.
—Pagece gue ia tegmino.
Pero como burla a sus palabras, y terminando la falsa sensación de seguridad, un gran gruñido se escuchó a lo lejos como una amenaza a lo que les esperaba.
Atónitos, Harry y Fleur se voltearon a ver. Aquello había sido producido por la garganta de un dragón; no les cabía la menor dudar. Y por el sonido de uno muy grande y peligroso.
—Creó que esto apenas da inicio.
Harry volteó al cielo para ver si podía ver al dragón, pero se encontró con la esfera de luz roja que se mostraba intermitente. Tal cual como las que vieron de sus demás colegas. Por lo que entendió que los otros equipos les llevaban algo de delantera.
El equipo de Luna y el otro equipo ya estaban por enfrentar al dragón. Lo que le hizo preguntar si ellos tenían menos terreno que recorrer o encontraron una manera más rápida y eficiente, que no fuese la aparición, para transportarse.
Un nuevo gruñido gutural se escuchó por todo el terreno. Las vibraciones del sonido las pudieron sentir en sus órganos internos, lo que les produjo un escalofrió.
Cuando el alquimista quiso darle a saber a su compañera lo que pensaba, la vio enfocada en encontrar su varita. Con la inminente amenaza de la criatura alada debían estar preparados para enfrentarla.
Se le acercó para decirle lo que había deducido sobre las luces intermitentes y el cambio de terreno, pero una ráfaga de viento que les sacudió se lo impidió. Del cielo observó una sombra que representaba al terror y la muerte misma.
Un imponente dragón con sus alas extendidas sobrevolaba el terreno en busca de sus presas, que el alquimista dedujo se trataba de ellos mismos.
Reaccionando ante el peligro y el nuevo terreno descubierto, que anteriormente daba mucho para esconderse, sujetó a Fleur del brazo y la condujo a un espacio entre el suelo rocoso que tenia la forma de una pequeña cueva.
El espacio era muy reducido, pero lo suficiente amplio como para que ambos cupieran dentro. Asustados y apretados uno contra el otro los hechiceros situaron su atención al cielo, pero fue la sombra del dragón que se proyectó frente suya lo que les indicó que el peligro estaba sobre ellos.
Ninguno profesaba su temor, salvo por sus ojos como platos. No querían hablar ni respirar, pues los dragones poseían un oído y olfato muy agudo. Sin mencionar que tienen una visión espectacular, no por nada eran de los animales mágicos más peligrosos y temidos.
Para cuando la sombre desapareció y el ruido que producían sus alas se alejo Harry saco un poco su cabeza del escondite en el que estaban. Pudo ver como a lo lejos el dragón lanzaba fuego al terreno rocoso como sabiendo a quien tenía que dar caza.
—Debemogs bugscag el huegvo —dijo Fleur, dominando su miedo.
—Primero debemos ver qué hacer con el dragón.
Harry aun sacaba un poco su cabeza del escondite para ver al dragón que se alejaba, pero que pronto regresaría para flamear todo el terreno que les rodeaba.
—Se algunos congugos contga Dgagones.
—Igual yo —contestó Harry analizando al dragón y tratando de reconocer que clase era.
—¿Gué tipo egs?
Cuando el dragón viro hacia su dirección le dio un mejor vistazo a Harry, que necesitaba reconocer que tipo era para saber con qué hechizos atacarlo. Pero su sangre se heló al reconocer de un libro aquel dragón que sobrevolaba aquel terreno.
—Es un Colacuerno Húngaro.
—¡No!
Aquella vestía era el peor tipo de los suyos en toda las regiones del noroccidente. La más temida, y la más peligrosa. El colacuerno húngaro era el dragón que resistía casi todo tipo de conjuros y hechizos, salvo por una muy reducida lista.
El alquimista se tornó en su lugar junto a Fleur que miraba atónita el suelo como en busca de la solución a sus respuestas. Y a su vez, su rostro se mostraba inseguro y desarmado.
—Mi vagita.
Harry miro a su compañera estupefacto, no recordaba que lo había perdido en el temblor. Por lo que ahora él era el único que poseía una varita, y por tal enfrentar al dragón.
—He pegdido mi vagita.
—¿Qué tan buena eres con los conjuros y hechizos?
—La mejog en mi paígs —aseguró.
Harry suspiro y asintió. Estaba formulando un plan, uno que significaba tendría que romper con lo que le había dicho a Luna de mantener sus habilidades ocultas. Tendría que mostrar parte de sus destrezas en la alquimia para poder vencer al dragón que amenazaba con volver ceniza sus vidas.
Con pesar le externo su varita a la hechicera para que esta la tomara. Confundida la joven se quedo mirando la varita, un trozo cilíndrico de madera de caoba, y luego al pelinegro.
—Voy a necesitar toda tu habilidad para derribar al dragón.
—¿Excusez-moi?
—No podremos buscar el huevo si el dragón nos está cazando —dio un rápido vistazo para asegurarse de que el dragón estaba aun lejos de su ubicación—. Yo lo distraeré, cuando tenga su atención contra mi será tu oportunidad de atacar.
—Pego egso egs una locuga.
—Una qué nos funcionara, confía.
—¿Tú congfias en mi?.
—Es parte de la regla, ¿no? —el alquimista le sonrió—. Además, pareces ser una linda chica de buenos sentimientos.
Fleur se quedó anonadada por las palabras que Harry le acababa de decir. El pelinegro notó como su compañera se ruborizaba un poco.
—Bien, será mejor que me prepare.
Harry metió la mano en su bolsa de pantalón, y de ella sacó un par de frascos; uno con un liquido azul obscuro, el otro contenía piedras de color cobrizo. Dejo a un lado el frasco cobrizo y abrió el de color azul; el aroma que espiró fue de sal y agua. Acercó una placa de roca plana y de un buen grosor, y le baño con un poco de aquel líquido azul.
Mientras el alquimista preparaba lo que tenia planeado una explosión les llamó su atención. A lo lejos vieron como la esfera de color amarillo explotaba en chispas doradas. Ambos hechiceros se quedaron asombrados por aquel cambio en la esfera de luz.
—¿Egso gue significaga?
—Espero que ya consiguieran el huevo dorado.
En los adentros del alquimista un nervio por su amiga se sumo a sus problemas. En verdad esperaba que aquello se tratara de que su mejor amiga y su compañero consiguieran el huevo dorado y que ahora se dirigieran al campo de quidditch.
Apartando cualquier pensamiento siguió con la preparación de aquella placa de roca. Con unas palabras en su antigua lengua el color de la roca se fue convirtiendo de gris a un azul obscuro. Y ante la mirada atónita de la hechicera Harry tomó el frasco cobrizo y lo abrió.
Esparció un poco en la placa de roca azul y se remangó la manga de su levita. Debajo de su ropa, en el antebrazo tenía una placa delgada de metal, a la cual echó un poco de aquel material cobrizo. Y con otras palabas hizo que se fusionara con el cobrizo de la roca.
—¿Un escugo?
—Uno muy especial —le guiñó el ojo.
Fleur no comprendía lo que estaba viendo, pero confiaba en que su compañero supiera lo que estaba haciendo. Por su bien y el de ella, esperaba que Harry tuviera éxito con su plan.
—Esto no me durará mucho, solo hasta que llegue al lago —apuntó con su mirada por encima de su hombro—. Cuando me veas lanzarme al agua quiero que lances tu mejor hechizo.
—Pego, ¿si faggo?
—No lo harás.
La convicción con que Harry miró a Fleur provocó en la hechicera que una flama de valentía se encendiera.
—¿Estas lista?
Fleur cerró sus ojos un par de segundos y suspiró hondo y profundo.
—Oui —Contestó.
—Excelente.
Harry se giró hacia su derecha, vio a lo lejos el lago donde pensaba lanzarse para protegerse de la criatura y sintio la adrenalina correr por su cuerpo. El camino sería largo por lo que debía ser rápido en sus movimientos, movió un poco su brazo derecho donde tenía el escudo para cerciorarse que estaba bien sujeto. Su función se limitaría a protegerlo de unos cuantos disparos de fuego del dragón, no serían muchos pero lograría su cometido.
Movió su cuello y se acercó a la orilla de la cueva para echar otro vistazo. El dragón estaba dando vuelta, y se dirigía hacia ellos con un vuelo macabro. Cada que veía sus alas moverse de arriba abajo era como un aviso de lo que sería su destino si fallaban.
—No te confíes, deberás bombardearlo con los hechizos.
—No te peocupegs.
La hechicera se mostró decidida, y con la varita de Harry bien sujeto en su mano derecha estaba preparada para actuar.
—Entonces, que comience el espectáculo.
Lo prometido es deuda y esta ocasión no me he tardado en actualizar. Espero que les este gustando como va avanzando la historia, pronto vendrán mas sorpresas y momentos geniales.
Quiero agradecerles por sus apoyo, y espero continuar recibiéndolo para poder seguir escribiendo esta historia que me encanta. Y espero igual a ustedes.
Aviso que ya tengo un par de capítulos avanzados, pero los iré subiendo cada tercer o cuarto día. No me quiero dar alcance de nuevo porque luego les dejo un buen rato sin actualizar n.n
En fin, eso es todo. ¡Saludos!
