La marca tenebrosa
Sentí como mi piel se erizaba al compás de los vítores de los presentes. La música, la alegría y la emoción era contagiosa en el estadio. Jamás en mi vida había presenciado un espectáculo de tal magnitud; las finales de quidditch en el colegio a mi parecer eran algo aburrido, pese a que sí tenían cosas entretenidas, esto no se comparaba en nada. Era mucho decir para alguien que como yo, detesta los deportes. Miré a Amanda Kelsington, mi mejor amiga parecía a punto de desmayarse puesto que para ella era un sueño cumplido; Cedric Diggory no se quedaba atrás, sonreía ampliamente con el asombro y la alegría tallados en su rostro.
—¡Por Merlín, el estadio está lleno a tope! Y ¡Caramba, Cedric, mira!— exclamó Amanda entre risas, señalando a las mascotas de los finalistas.
Sonreí. Me agradaba verla feliz y me percaté que Cedric Diggory sentía lo mismo. La abrazó con fuerza y depositó un beso en su frente con dulzura. Hice una mueca con incomodidad cuando ella respondió tal gesto con un beso en sus labios.
—Bien. Me iré a mi asiento—los interrumpí sentándome detrás de ellos. Con las mejillas encendidas, Amanda asintió y su mirada nuevamente se posó en las mascotas.
El padre de Cedric, el señor Amos Diggory, llegó con gran alegría a sentarse a un lado de su hijo, entregándoles dos binoculares mágicos a la pareja.
—Muchas gracias, señor Diggory— Amanda le estrechó la mano con cariño.
—Gracias, papá— le hizo segunda Cedric.
—¡Oh, vamos! No hay que perder el tiempo en agradecimientos y mejor disfrutemos el espectáculo. Asistí a mi primer mundial con mi padre— relató Amos con un dejo de nostalgia.— Y ahora que vengo por segunda vez, es el turno de estar con mi hijo amado y su adorable novia. El próximo mundial espero tener vida y que entre mis brazos se encuentre mi nieto Amos II ja, ja, ja ¡Muchachita que te has puesto muy colorada! No tengo prisa claro está, pero no está por demás decirles que tomen en consideración mi nombre— guiñó un ojo y rascó su mentón con una sonrisa.
—Me casaré contigo una vez que nos graduemos— susurró el muchacho.
—Cedric— resopló Amanda con el rostro enrojecido.
—¿No te quieres casar conmigo?— inquirió Cedric alarmado, mirándola de hito a hito.
—Mi amor, por supuesto, pero yo...me graduaré dentro de dos años. A ti te falta solo uno.
«Voy a vomitar» me dije en mis adentros. Tanta cursilería me daba asco, así que desvié mi mirada hacia los asientos atestados de magos. Había comprado unos binoculares similares a los de aquellos tórtolos, así que lo enfoqué hacia las primeras filas. Vaya sorpresa que me llevé al vislumbrar a un muchacho de cabello rubio platinado a unos cuantos asientos de su amada enemiga. Draco Malfoy se encontraba con sus padres muy cerca del ministro de magia Cornelius Fudge; Hermione Granger estaba cerca, con los Weasley y Harry Potter. Me pregunté si entre sus pensamientos se encontraba mi altanero compañero de Slytherin; era algo complicado de descifrar puesto que no la conocía lo suficiente. Durante el partido, observé sus movimientos y los de Draco. Hermione nunca le dirigió una mirada, parecía muy entretenida observando las proezas de los jugadores de quidditch, pero Malfoy, aquel adolescente tenía ojos para todo. Se concentraba en la final, más sin embargo podía ver cómo por breves periodos de tiempo le lanzaba una mirada discreta a la mejor amiga de Harry Potter. Desvié mis pensamientos de ese par y decidí concentrarme en el partido. Debo reconocer el inmenso talento de los participantes; con los binoculares repetí en varias ocasiones jugadas dignas de aplauso. No pude evitar fijarme en el buscador de Bulgaria Viktor Krum, pues volaba por el estadio con una velocidad indescriptible. Cuando Krum atrapó la snitch, el estadio enmudeció por el asombro. Minutos después los vítores por parte de los irlandeses estaban cargados de excitación y felicidad, así es, la selección de Irlanda era la vencedora del mundial.
—¡Bravo, bravo!— aplaudió Amanda.—¡Enhorabuena por Irlanda!
Cedric parecía aturdido, contrario a su padre que celebrará con mi amiga.
—¡Un gran partido!— dijo Amos alzando los brazos.
—Merecía ganar Bulgaria—interrumpió Cedric levantándose de su asiento.—Las mejores jugadas fueron de ellos y Krum es un genio.
—¡Bah! Pero lo que cuenta son los puntos, cariño. Así que acepta la derrota.—Amanda se levantó de puntillas y besó la nariz del Huffelpuff.
Me alejé discretamente de los tres. No deseaba interrumpir, además que mi objetivo estaba fijo en buscar a Draco y conocer su plan para aquella noche. Deambulé sin éxito, puesto que todo el mundo celebraba o abucheaba. Eran demasiadas personas, así que decidí dejar mi búsqueda a un lado y dirigirme a mi casa de campaña. Si Malfoy tenía algo importante lo seguro era que me buscaría. Me tropecé con un grupo de magos árabes quienes discutían sobre el resultado; cerca de ellos unos niños bailaban tomando sus banderas de Irlanda, las cuales ondeaban con gran orgullo. Era una fiesta indescriptible, hasta me topé con un grupo de brujas que brindaban abrazadas de sus elfos domésticos.
«Esta fiesta durará meses» me dije a mí misma alejándome de los festejos, aunque el bullicio era excesivo.
Cuando entré a mi casa de campaña me derrumbé sobre el sofá y cerré mis ojos sumergiéndome en un profundo sueño, el cual se vio interrumpido por unos gritos desgarradores.
—¡Malditos borrachos! Mañana mismo me largo a casa— comencé a gritar cuando en ese instante entraron corriendo Amanda y Cedric con los ojos desorbitados.
—¡Tenemos que huir! ¡Nos ocultaremos en el bosque!— ordenó Diggory. —No hay tiempo que perder.
—¿Qué sucede?— pregunté arqueando una ceja, al tiempo que calzaba mis botas.
—Freeda son los mortífagos
Pero Cedric la interrumpió tomándola con fuerza de la mano y yo me quedé en shock, como si alguien me hubiese golpeado con una estaca de metal en la cabeza.
—¡Vámonos inmediatamente!— insistió el chico.
Asentí y los seguí con el corazón en un puño. Al salir me encontré con un escenario distinto al que vi antes de dormir. Las casas de campaña estaban incendiadas; todos corrían como animales salvajes pidiendo ayuda. Sentí como palidecía y se me hacía un nudo en la garganta. Seguí a la pareja sin mirar atrás. No entendía qué sucedía, únicamente que algo tenebroso estaba aconteciendo.
—Nos ocultaremos en el bosque. Pondré unos encantamientos alrededor y…
—Te ayudaré, Diggory— repuse enérgicamente.
Pero la marea de gente nos separó. Un grupo innumerable de magos corría hacia las profundidades del bosque. En su mayoría eran jóvenes que seguramente no sabían aparecerse. Alcancé a escuchar a lo lejos a un Cedric desesperado, gritando a todo pulmón el nombre Amanda ¡Maldita sea! ¿En verdad Draco estaba detrás de esta pesadilla? No podía creerlo, era apenas un chico de catorce años, por ende él no poseía el suficiente poder para reunir a los mortífagos para sembrar pánico en un mundial de quidditch y solo por un capricho infantil sobre vengarse de Hermione Granger, además en el fondo estoy segura que sería incapaz de matarla. Maldije por lo bajo y decidí correr cuando los gritos de pánico se hicieron más potentes; los niños lloraban de una forma que desgarró mi alma mientras sus familiares intentaban sin éxito tranquilizarlos, ya que compartían el mismo temor. Observé por el rabillo del ojo como se incendiaban las casas de campaña y vislumbré a unos hombres encapuchados con máscaras. Sí, eran ellos. El séquito del señor tenebroso. Me adentré al bosque con el sudor empapando mi frente y con las piernas adoloridas por la fuerza con la cual corrí. Me costaba respirar, así que me escondí entre unos arbustos que se hallaban debajo de un prominente árbol. Tenía tiempo que no me asustaba de esa manera, pero un escalofrío se apoderó de mí cuando escuché cómo caía del árbol una persona, a quien reconocí por su voz.
—¡Shilton! ¿En dónde te metiste? ¡Granger está en el bosque con Potter y Weasley! ¿Acaso has olvidado tu promesa?
Era Draco Malfoy que me observaba con los brazos cruzados con un dejo de malicia en sus ojos grises. Por primera vez lo vi intimidante, con el odio reflejado en su pálido rostro.
—¡Vete al carajo! ¡No lo haré, son los mortífagos, Malfoy!— escupí mientras me levantaba de golpe.—¿Tú planeaste esto solo por tu maldito ego?— lo interrogué al tiempo que sacaba mi varita y le apuntaba.
Él hizo una mueca y sacó rápidamente la suya, lanzándome una mirada rencorosa.
—Quien haya planeado esto es lo que menos importa— respondió de mala manera — Ten cuidado, Freeda Shilton, ya viste el terror y destrucción que puede dejar un mortífago tras de sí. No te metas conmigo. Te he dado mi amistad, espero no se te olvide si no quieres terminar como esos repugnantes muggles que van enseñando los calzones en el aire. Seguramente los mataran, todo sea por la pureza de la sangre— concluyó con una carcajada desagradable.
—Malfoy, piénsalo bien— musité moderando el tono de mi voz a uno más amable.— Todos esos muggles y sangre sucia me importan poco, por mí que se larguen a otro sitio ¡Salazar! Nunca pediría que murieran y menos porque me dieron un puñetazo. Eres un niño que necesita madurar.
Draco Malfoy parecía ofendido por mi comentario. Vi como su varita se dirigía a mi frente; él me veía con los ojos irradiando rabia. Por mi parte no pude evitar reír.
—Quieres jugar a que eres una buena persona aunque jamás lo has sido— musitó con desprecio.—Estas de este lado igual que yo y más de lo que imaginas. Te gusta guardar las apariencias. Sabes que conozco tu secreto y el de tu familia, apuesto mil galeones a que tu amiguita Ravenclaw no lo sabe. Si te pones a darme lecciones de moral cuando tú misma quieres ver a tu padre bajo tierra, contaré tu secreto.
—Tus amenazas no me intimidan, Draco.
—Ya veremos quién ríe al final— bramó alejándose de mí.
—¡Amanda está vigilando a Granger! ¡Espero que cuando venga Greyback me avises y tendrás a tu chica!— le grité temblando de pies a cabeza. Era extraño, pero empecé a llorar mientras reía.
«Amanda» pensé mientras su imagen venía a mi mente. Fue entonces que reaccioné. ¿Se encontraba a salvo? ¿Cedric estaría con ella? Vi como Draco se alejaba y me di la vuelta. Tenía que buscarla, sabía cuidarse sola y era talentosa para los encantamientos, sin embargo, un mortífago no era alguien tan sencillo de hechizar. Pero ella no estaba sola, alguien la había visto antes que yo. No era Cedric Diggory, era otra persona.
Amanda se encontraba detrás de un árbol en estado de vigilia. Mantenía su varita sostenida con gran firmeza. Controlaba su respiración de modo que no hiciera ni el más mínimo ruido. Una gota de sudor escurría por su mejilla; con un movimiento sigiloso la limpió y se mantuvo inmóvil nuevamente.
Su corazón se aceleró cuando escuchó unas voces cercanas.
—...joven Barty, si lo hace su padre lo descubrirá y podría meternos en problemas a usted y a Winky, mi señor— balbuceó una voz aguda, casi infantil.
—Cállate. Sabes lo que mi padre me ha hecho, me ha tenido como un prisionero todo este tiempo. Me he comportado, Winky ¿Crees que merezco esto?— respondió un hombre con amargura.
—No, mi señor. El joven Barty se ha portado muy bien y Winky lo sabe, pero no quiero que el señor Barty padre se enoje con nosotros y no podamos volver a salir. Winky quiere cumplir lo que su señor le ha pedido.
Amanda permaneció congelada en su escondite, escuchando con atención. Temerosa, tragó saliva e imploró a los cielos que no la descubrieran.
—Alguien viene, joven Barty. Mi señor debe esconderse con Winky entre los arbustos— insistió la vocecita aguda.
El hombre comenzó a reír con demencia.
—No estamos solos. Hay alguien detrás de ese árbol escuchando.
Amanda tomó aire y tras meditarlo por un minuto, salió de su escondite. Pero se llevó una gran sorpresa cuando solo vio a una pequeña criatura que era ni más ni menos que una elfina doméstica, quien parecía estar temblando de miedo.
—Winky estaba dando un paseo, señorita. Winky es inofensiva— espetó cuando Amanda le apuntó con su varita. Pero su sorpresa fue tan grande que rompió el incómodo silencio con un grito y dio un paso atrás.
Junto a la elfina apareció una cabeza flotante que la fulminó con la mirada y le sonrió de forma grotesca. Ella echó a correr y fue ahí entre las profundidades del bosque que nos encontramos.
Yo iba caminando entre los faroles del sendero que conducían al campamento. Me encontré con grupos de magos adolescentes que se escondían entre los arbustos; otros tantos escalaban los árboles atemorizados. A lo lejos los gritos seguían desgarrando los cielos. Podía ver algunos destellos anaranjados, prueba del incendio que crecía entre las casas de campañ una noche alegre que se transformó en una pesadilla para todos. No pude evitar sentir pena por los muggles que danzaban grotescamente por los aires a manos de los mortífagos. Sentí nauseas, quería encontrar a mi mejor amiga y largarme con ella a casa. Fue entonces cuando la vi corriendo entre las faldas de los árboles.
—¡Amanda, por aquí!— exclamé haciendo señales con los brazos para que se acercara.
—Freeda vi algo espantoso— sollozó corriendo hacia mis brazos.
—¿Qué viste?— inquirí abrazándola con fuerza.
—A una elfina y una cabeza flotante. Fue repugnante y...
Palideció de tal modo que creí que se desmayaría en cuestión de segundos. Sus ojos abiertos como platos veían algo entre las copas de los árboles.
—Es….
—¿Qué ocurre? ¿Viste la cabeza de nuevo? ¡Reacci…!— me quedé muda cuando me di la vuelta.
Una calavera verde brillaba por el cielo en forma de serpiente. Sentí arcadas en mi estómago. Esto era grave, muy pero muy grave.
—¡Ven! Hay que escondernos entre ese arbusto.
Pero Amanda no se movía. Estaba llorando, temblando descontroladamente y ahogó un grito.
—¡Camina! Debes guardar la calma— espeté agarrándola con fuerza de los brazos.
—Me matarán. Los mortífagos nos matarán.
Le di un golpe en la cabeza y la tiré sobre la hiedra.
—Cállate y déjate de tonterías. Debemos escondernos. No tendrían porqué matarnos.
—Mi padre fue un auror y asesinó a muchos seguidores de quién tú sabes— susurró con los ojos enrojecidos.
—Calma, calma. No saben que eres su hija.
—Pero…
—Shh— tapé su boca con mis manos.—Alguien viene.
Con valentía me levanté y agarré con firmeza mi varita. La ira recorrió cada rincón de mi ser y sentí un profundo odio hacia las personas que se acercaban.
—¡Bastardo!— lancé un maleficio hacia Cedric Diggory que caminaba hacia nosotras con Cho Chang un par de chicas de Ravenclaw de tercero.—Mira, guapo. Ella es tu novia no esa chica. Debiste hacerle de héroe con Amanda, niño bonito.
—¡Nos perdimos y la encontré junto a otras chicas, tenía que auxiliarlas!—se defendió bloqueando mi hechizo.—¡Tranquilízate, Shilton!
—Si le haces daño te corto las…
—¡Freeda! ¡Déjalo en paz!— Amanda se interpuso entre nosotros con el rostro enrojecido.— Nos separamos, eso es todo. No lo culpo— dijo encogiéndose de brazos, caminando hacia Diggory.— Corrí hacía otro lado y me alejé de Ced porque había demasiada gente.
—Esto ha sido un malentendido—interrumpió Cedric intentando mantenerse en sus cabales.
—Cedric nos ayudó, ¿Qué hay de malo en ello?— bramó Cho Chang.
—Cállate, Chang.
Amanda se separó de Cedric y se dirigió hacia mí con aprensión. Me tomó de la mano y me llevó lejos del grupo. Sentí como temblaba y me arrepentí por mi reacción.
—¡No debes ponerte así, Freeda!
—Mira, hace tan solo unas horas te quejabas de que Chang anda tras los huesitos de tu novio, no quiero que sufras. ¿Por qué la protegió a ella y no salió en tu búsqueda como yo?— me defendí escupiendo en el suelo.
—Cállate por favor— bramó mirando el suelo con los ojos llenos de lágrimas.—Él es muy noble y protector, no sólo estuvo con Cho sino con otras compañeras mías. Es su forma de ser.
—Amanda, yo…
—Los mortífagos están aquí y lo que menos deseo es que mi mejor amiga y mi novio discutan por ella. Esto es muy grave, Freeda. ¿Qué hacen los mortífagos aquí en el mundial? Y está lo que vi. ¿Quién era?— tercio abrazándose así misma.— Y luego la marca tenebrosa...
—No sé qué pasó ni quién está detrás de esto. Solo sé que debemos estar unidas y cuidarnos.
—Es la marca de ya sabes quién, son sus hombres… Freeda y…¿Sí en realidad Potter es una mentira y el señor tenebroso está vivo?
Me quedé callada. Y, ¿Sí Amanda tenía razón?
Solo podía significar algo: problemas. Muy graves problemas y no era la única que lo pensaba.
Hermione Granger presentía cosas oscuras. Tiempos difíciles se aproximaban y ella lo sabía. Y sí, los Malfoy seguramente estaban involucrados.
Espero este capítulo sea de su agrado :3 solo diré que el próximo viene cargado de dramione.
Quiero agradecerle a las siguientes personas porque me llenaron de alegría y motivación. ¿Saben por qué? Pues es fácil: añadieron esta historia a favoritos. De verdad que sí tienen alguna crítica o sugerencia es bien recibida. En fin. ¡Muchas gracias a MARUVTA, o0ONelebO0o y a !
