25

Concentrado, apartado de toda sensación externa, Harry meditaba en el centro del despacho de Flamel. Sentado en el punto céntrico de un círculo de sal e incienso, y con su libro esmeralda flotando y abierto en una página aparentemente en blanco, el alquimista llevaba consigo un exhaustivo entrenamiento mental para dominar la alquimia interna.

El famoso alquimista caminaba por la circunferencia del círculo, con sus manos sujetas detrás de su espalda. Analizando la respiración de su pupilo, examinando su postura, cuidando que todo el ejercicio se estuviera llevando como se debía.

—Eres uno con los elementos —pronunció con una voz suave y pausada—. Ser el acero y la fortaleza, al agua y la vida, la tierra y la razón —Flamel se detuvo—. Se el fuego y la pasión.

Harry seguía con sus ojos cerrados, sus piernas dobladas, y su espalda recta. Ausente en espíritu, presente en cuerpo. Escuchando las palabras de su maestro como si fuesen solo una brisa que sopla de la lejanía.

Flamel se arrimó a un buro que estaba en el otro lado del círculo, y en el que una pequeña campanita reposaba. La tomó y la hizo sonar con ese tintineo delicado, pero que a oídos del pelinegro le taladraba como si fuese un campanario de un templo.

Lentamente abrió sus ojos, los entorno y enfoco hacia donde su maestro le esperaba. Movió su cuello en círculos y estiro los brazos, una vez que se levantó las piernas por igual.

—Veo que vas avanzando muy bien, Harry.

—Eso espero, la meditación es algo muy cansado.

—Pronto la meditación te será sencilla y vital para cada día de tu vida.

—Ojala no sea para tanto.

Maestro y pupilo rieron un poco mientras el primero se dirigía a un cajón de su escritorio. De él saco una pipa, que preparo para pronto darle una fumada a su tabaco especial.

Por su parte, Harry camino por alrededor del despacho de su maestro. Había tantos cuadros en el techo que nunca había tenido el tiempo de observarlos con detenimiento a todos. Se acercó al más próximo y vio a su profesor con la falsa apariencia junto a unos jóvenes; una mujer y un hombre.

El pelinegro tuvo la sensación de que al joven lo conocía, algo en su semblante le parecía familiar, pero sus ojos fueron los que terminaron por crear la sensación de que conocía aquel hombre en la fotografía.

—¿Quiénes son ellos?

—Antiguos estudiantes míos —contestó, con algo de nostalgia.

—¿Qué les sucedió?

—La guerra de la sombras.

Flamel no necesitó dar más explicaciones para que Harry entendiera lo que les había sucedido. Aquella guerra fue la más devastadora que pudo tener país de las cuatro regiones y sus alrededores. Incluso el fue víctima de los sucesos que conllevaron aquellos actos de violencia, sus padres perecieron.

—Eran excepcionales —dijo de pronto el alquimista—. La promesa de que nuestra gente retornaría a este mundo con honores.

—¿Cómo se llamaban?

—Ella se llamaba Zoey Graham, y el Anthony Green.

Harry al escuchar el nombre se paralizó por completo, ese era el nombre del padrastro de Hermione; no podía ser una coincidencia. El hombre que le salvo la vida en el desierto, el que lo permitió vivir bajo su techo e incluso le ofreció un trabajo junto a él, ¿sería el mismo al del retrato? De serlo tendría muchas respuestas.

—¿Qué… que les sucedió exactamente?

Harry sabía que aquella pregunta no se debió hacer, pero su curiosidad y ansias por conocer más de aquellos alquimistas, y en especial por Anthony, terminó por soltar su duda.

—Ella fue asesinada por Bellatrix, una cruel mujer y segunda al mando de las fuerzas del señor de las sombras —Flamel cerró sus manos en puños duros—. El fue en busca del señor de las sombras por venganza, jamás regreso.

La nueva información encajaba con la persona que había conocido, con el hombre amable que le cuido en su tiempo de viajero. Y ante los hechos, necesito saber más sobre el padrastro de Hermione.

—¿Cree que haya muerto?

—Era un extraordinario alquimista, pero… —guardó silencio, mientras tomaba asiento en su silla tras el escritorio—… ya no importa.

Harry calló y dejó que el silencio se hiciera amo y señor del despacho de su mentor. Se encontraba indeciso en si contarle a su mentor sobre el hombre que conoció, pero de ser el caso no sería bueno mencionarle que falleció hace tres años. No le gustaría verlo pasar por un segundo duelo por su perdida, porque una noticia como aquella podría ser devastadora.

El alquimista se volvió aproximar al retrato en movimiento. Flamel como sus dos pupilos lucían felices, con ese destello de un futuro prometedor y sueños por alcanzar. Observó mejor al señor Anthony, y le agrego mentalmente algunos años para reconocerlo. No cabía duda, esos ojos de color eran de la misma persona que conoció.

Ante lo sucesos reveladores no supo como sentirse, ni como pensar. Estaba entre contarle a su mentor sobre haber conocido a uno de sus aprendices, pero no lo veía correcto. Y luego pasó a pensar en su amiga, ¿debería contarle sobre que su padre fue un alquimista? Hermione había vivido muchos años de mentiras y secretos como para llegar con uno nuevo después de años.

Como fuese todo, Harry comprendió porque el señor Anthony tenía su recelo contra la alquimia. Y comprendió como es que al final lo ayudo en su misión, dándole lo que no cualquiera daría, su amistad y un techo donde vivir.

—Te notó extraño, Harry.

—Es solo que yo creí que mis padres eran los únicos alquimistas en la guerra de las sombras.

—Lo fueron —Flamel se levantó de su asiento y se puso a su lado para ver el retrato—. Eran los únicos conocidos, y los mejores.

—Después de usted.

Flamel sonrió con amargura.

—¿Dije algo malo?

—Solo son los recuerdos.

—Señor, nunca he preguntado sobre cómo surgió…

—¿El señor de las sombras?

—Sí.

—Es una historia larga, y no tienes mucho tiempo —Flamel sujetó del hombro a su pupilo—. Prometo que cuando tengamos más tiempo te contare todo. Solo te adelantare que era uno de los mejores cadetes de Hogwarts, y el consentido de Dumbledore.

Las campanas de las torres sonaron por todo el castillo en un aviso que marcaba el inicio de los entrenamientos del día. Flamel indicó a su pupilo que partiera ya que tenía que estar presente en una clase que impartiría a los novatos de ese año.

Con la conmoción de lo que se entero sobre el señor Anthony, y la intriga del señor de las sombras partió hacia los campos de entrenamiento.

26

La mañana con los novatos resultó de lo mejor para el alquimista, que había ganado fama por ser el último de aquella milenaria rama de la hechicería, ser de los mejores aurores de su generación y por ser campeón de Hogwarts en el torneo de los tres.

Sus aprendices le miraron con admiración, e incluso algunas de las cadetes se atrevieron a pedir su autógrafo. Acciones que incomodaban un poco al pelinegro que no esperaba tal atención ni admiración por parte de los novatos. Pero que agradeció al ver que cada uno mostraba respeto a su persona y acataban las órdenes sin chistar.

El entrenamiento se baso en los duelos, y en estrategias por lo que se sintió apto para dar tal clase, pues sentía que esas eran sus mejores cualidades; fuera de la alquimia.

Una vez terminado los entrenamientos de la mañana, el alquimista se despidió de sus estudiantes y salió en busca de comida.

—¿Qué tal tu clase?

Hermione le esperaba en la esquina del pasillo en el que doblo para ir hacia el gran comedor.

—Dicen que te pidieron autógrafos.

—Fue algo incomodo la verdad.

Los amigos se sonrieron y emprendieron el camino hacia el gran comedor, seguido por algunos cadetes y aurores que transitaban por los pasillos del gran castillo.

—¿Qué me dices de tu clase?

—Bien, las posiciones son lo mío.

—Todo es lo tuyo, Hermione.

—La alquimia no —apuntó Hermione, dando en el clavo.

Harry solo negó con la cabeza, pero a su vez un extraño estremecimiento surgió en su pecho al escuchar aquello por parte de su amiga. Estaba agradecido que tanto su equipo de aurores como el de su amiga fuesen seleccionados como instructores para los siguientes meses. El puesto de instructores se rola entre los aurores veteranos, pero en su caso hicieron la excepción por el motivo del gran torneo que se estaba llevando a cabo.

Entraron al gran comedor que en ese momento estaba a medio de su capacidad, siendo el medio día la mayoría de los habitantes del castillo se encontraban en ese punto para recibir alimentos y recargar energías para el resto del día.

Entre algunas miradas de admiración, y saludos de conocidos, la pareja se fue a sentar en la mesa con el logotipo de Gryffindor. Tan pronto como tomaron asiento los alimentos aparecieron en la mesa, listos para ser degustados por los aurores.

—Veo que los aurores de visita la están pasando bien —dijo Harry, viendo a la mesa con el logotipo de Slyterin.

—Los de Durmstrang parece que se están llevando bien con los aurores de la peor región.

Entre la bola de personas se pudo ver que el centro de atención era el auror del norte, Victor Krum. Que de nueva cuenta estaba viendo hacia su mesa, y en específico a donde estaban sentados degustando sus alimentos. Harry corroboró que aquella vez en la prueba estaba observando a la castaña, tal pensamiento hizo que sujetara con fuerza su tendero.

—Hey, Harry, ¿Qué te sucede?

—¿Cómo?

El alquimista se tornó hacia su mejor amiga que le observaba intrigada por su actitud.

—Lo siento, es que estaba recordando algo no grató.

—¿Sobre la prueba?

—Sí.

—No te preocupes, mientras estés preparándote para el duelo contra Fleur —Hermione indago con su mirada el rostro de su amigo en busca de si estaba siendo prudente y se estaba alistando para su confrontación.

—Pues…

—¡Harry!

—Mi tiempo se limita a entrenar, pero sobre mi alquimia… —Harry puso su atención en la salchicha incrustada en su tenedor—. Mi oportunidad esta en controlar mi mejor hechicería.

—En eso tienes razón —concedió la castaña.

El alquimista sintió alivio al ver que su amiga no le molestaría por el tema de su preparación para la segunda prueba. La quería y entendía que se preocupaba por él, lo cual agradecía con todo su corazón, pero en ocasiones podía ser muy intensa con algunos temas.

Cual fuese el comportamiento de su amiga lo adoraba, incluso en sus momentos de humor sensible por cumplir alguna misión, o en la época de estudio por terminar algún ensayo.

Siguieron comiendo y platicando sobre su mañana, lo que resultó mejor por la partida de Víctor y su gente. Estando cómodo el pelinegro logró pasar una buena hora de comida, lo cual agradecía por estar en compañía de las pocas personas que mejor le conocían y trataban.

En su plática el pelinegro se perdió en los ojos castaños de su amiga que charlaba sobre todo tipo de cosas con relación a la magia. Era una joven hechicera muy dedicada, y eso era lo que más le gustaba sobre ella. Esa pasión con la que hacia las cosas, esa entrega que tenía con los suyos y esa convicción y fortaleza para mantener firme sus ideales.

Al advertir sobre sus pensamientos, no pudo evitar desviar ligeramente su mirada de su amiga, y sintió como sus orejas ardían. Se avergonzó al pensar si Hermione se percataría de sus mejillas ruborizadas, y de lo que pudiera pensar por ello. Pero su amiga estaba muy metida en ese momento en su charla sobre la esclavitud de los elfos domésticos, y el mal trato que tenían en las familias de más alto prestigio.

—Los de Slytherin son los peores —dijo, con rencor.

—Pero las leyes los amparan —reconoció Harry—. No hay mucho que hacer por ellos.

—Yo sé, pero no son animales —la castaña dejo de lado su plato vacio— debería de haber una forma de ayudarlos, por lo menos que tengan un trato más digno, ¿no crees?

—Estoy contigo.

Hermione sonrió, y Harry devolvió el gesto con placer.

—Estoy seguro que algo se te ocurrirá, y cuando eso suceda yo te apoyare.

—Te lo agradezco mucho, Harry —Hermione le sujeto su mano puesta sobre la mesa.

—Hey, muestras de afecto fuera del castillo.

Ron llego a la mesa y se sentó a un lado de Hermione, por su rostro no había tenido un buen día en los campos de entrenamiento.

—¿Mal día?

—Preferiría no hablar —Ron miro a su amiga y después a su amigo, como buscando algo en sus ojos—. Escuche que Lamark te está buscando, Harry.

—¿Para qué?

El pelirrojo se encogió de hombros y se alargo para alcanzar un pastelillo de calabaza que tanto le encantaba.

—Será por lo del torneo.

—Eso lo averiguaremos cuando la vea.

—Pues creo que será pronto —Hermione señalo con un movimiento de su cabeza hacia la entrada del gran salón.

Harry se giró y observó a Lamark charlando con un colega afuera del recinto, por sus risas era evidente que trataban temas gratos. Harry se disculpó con sus amigos y partió hacia donde estaba uno de sus mentores, y amigos en el castillo.

Cuando el auror se percató que el alquimista se aproximaba se despidió de su colega y espero a que el joven hechicero se acercara. Una vez que estuvieron frente del otro se saludaron afectuosamente, ya que tenían días de no verse, y tenían que charla de bastantes temas.

—Es bueno verte, Lamark.

—Lo mismo digo, Harry.

Los aurores decidieron partir a un lugar menos concurrido para ponerse al día, y fueron a dar al puente que daba a los terrenos del bosque prohibido. En ese punto del castillo, y a esa hora no había casi ni un alma que molestara en su charla, pudiendo hablar con total libertad.

—Ron me comentó que me estabas buscando.

—Sí, quería saber cómo te había ido en Gringotts.

—Mejor de lo esperando —Harry dibujo una media sonrisa— Hagrid me acompaño, y todo lo del testamento de mis padres estaba en orden.

—Tu voz suena sorprendida.

—No imaginé que mis padres me hubieran dejado tanto.

—Tus padres jamás te hubiesen dejado desamparado, eres lo que más amaban.

Harry alzó una ceja ante el comentario de su amigo, quien en su voz dejo entre ver que les tenía un gran apreció y daba la sensación de que los conocía mucho más de lo que había dicho. El alquimista notó en los ojos de Lamark una melancolía y nostalgia que solo una persona que hubiera perdido a un ser querido podía tener.

—Espero que sepas administrarlo bien.

—He vivido todo este tiempo sin mucho, creo que me irá bien.

Los aurores sonrieron y miraron a la lejanía del acantilado.

—Hay otra razón por la que te estado buscando.

—¿Cuál es?

—Dumbledore no quería que te lo mencionara —Lamark volvió a su amigo— dice que estas muy ocupado con tu entrenamiento de alquimia y el torneo, que no debemos preocuparte pero creo que mi deber es informarte.

—¿Sobre qué?

—Creo que tenemos una pista sobre la ubicación de Slughorn.

La noticia tomó de imprevisto al alquimista que por todo lo que era su vida en ese momento no había recordado la misión de la búsqueda de la piedra de la filosofía que faltaba. Se recriminó por tal hecho que consideraba una falta de respeto hacia su padre, que para variar acababa de recibir su gran herencia de ellos.

—Por eso me perdí tu primera prueba —continuo Lamark, que se notó apenado por no haberle apoyado— Pero me alegra que la superaras, no muchos pueden alardear sobre noquear un dragón.

—Lamark —el alquimista tenia en mente el tema de la piedra filosofal— dime sobre la pista.

El auror bajó su cabeza y se quedo mirando sus zapatos por un momento, era como si debatiera en lo que estaba haciendo. Si era correcto decirle sobre el avance de la búsqueda de Slughorn, y agregarle una preocupación más a su vida tan ajetreada.

—Creemos que se encuentra en las periferias del sur en la región de Slytherin.

—¿Hacia el sur?

Lamark asintió sin dejar de tener ese semblante de debate en su rostro. Harry se quedó pensando sobre la información, ya que nunca en su viajes alguna pista lo condujo tan al sur ni mucho menos de la región de Slyhterin. Pudiera que el guardián de la piedra Poeia se encontrara lo más lejos posible para dar una mejor protección a un encargo tan importante, y una buena razón como para no haber escuchado sobre un alquimista viajero.

Harry en sus viajes creyó que al ganar su fama por las regiones en las que estuvo buscando la piedra de la filosofía Slughorn lo hubiera contactado al escuchar sobre él. Lo que le pareció extraño al nunca tener una visita del guardián de la reliquia legendaria de los alquimistas. Pero esa fama solo trajo más problemas que beneficios, nunca fue bueno siguiendo las órdenes de alguien aun cuando fuese de su abuelo y padres.

—¿Cuándo iran en su búsqueda?

—Dentro de dos semanas, hay unos disturbios en la región que nos impiden avanzar.

—Quiero ir con ustedes.

—Sabes que eso no será posible.

Con la segunda prueba dentro de unas semanas, y su entrenamiento con Flamel no le permitirían acompañar a la compañía de Lamark.

—No te preocupes, mis colegas y yo estamos en ello.

—Siento que solo cuatro aurores buscando la piedra de la filosofía no bastan.

—¿Cuatro? Somos seis, Harry.

—¿Seis?

Lamark asintió con un rostro confuso.

—El equipo es Arthur, Fred, George, Lupin, Severus y yo.

Al escuchar el nombre de Severus, Harry sintió que su sangre hervía por el hombre que traiciono a sus padres. Aun cuando Dumbledore le defendiera. No podía creer que aquel hombre estuviera en la brigada especial de la búsqueda del hechicero. No lo podía concebir por inocente que fuera, no lo conocía bien y solo lo había visto un par de ocasiones por el castillo impartiendo clases de posiciones.

En sus encuentros el auror de las pociones como comúnmente se le conocía, le dedicaba unas miradas asesinas como si tuviera algún resentimiento contra él. No intercambiaban palabras, pero no eran necesarias para sentir la tensión que se formaba entre ellos.

Harry no entendía como Dumbledore confiaba en alguien con un aspecto tan malicioso, pero si lo hacía y defendía tendría sus razones. Unas que por el momento desconocía, y que solo hacía que tuviera más desconfianza en Severus Snape.

—¿Algo te molesta, Harry?

—Dumbledore me contó sobre la traición de mis padres.

Lamark asintió al ver por dónde iba la molestia de su amigo, y el nombre con el que se relacionaba dicho resentimiento.

—Menciono que Snape les traicionó.

—Eso lo creímos por un tiempo —el auror cruzo sus manos— Pero estábamos equivocados, el verdadero traidor fue alguien muy cercano a tus padres.

—Peter Pettigrew.

—Sí, uno de los mejores amigos de tu padre —reconsideró sus palabras y corrigió—. Uno de los que creyó que era su mejor amigo.

—¿Por qué los traicionó?

—Por ser una escoria cobarde.

El tema parecía afectar a Lamark al grado de apretar sus manos que se tornaron blancas como la nieve que comenzaba a caer del cielo gris.

Harry volvió a retomar esa duda de la relación que su amigo pudiera haber tenido con sus padres. Lo presentaron como uno de sus protectores, uno auror que los cuidaba por orden del gran Maestre, pero algo no parecía que fue omitido. Lamark sabia más de lo que aseguraba, y sentía más de lo que aparentaba.

El alquimista analizo al auror con detenimiento para entender cada expresión en su rostro y cuerpo, y llegó a la conclusión de que sufría por recordar a sus padres. Por la falta a la memoria que representaba Peter Pettigrew, el amigo traidor de sus padres.

—Bueno, tengo mucho que hacer —habló el auror—. Te informare como nos ha ido en la búsqueda.

—Te lo agradezco.

Lamark le sujetó del hombro, lo apretó de una forma familiar y se dispuso a retirarse dejando al alquimista solo con sus pensamientos. Lo vio retirarse y una vez solo en el puente permaneció en su lugar por unos largos minutos más, los que aprovechó para aclarar su mente y relajar su cuerpo. La alquimia interna era muy volátil aun en su interior, y los recientes hechos habían desbalanceado su equilibrio emocional.

27

Días posteriores Harrry recibió un recado de Luna por parte de su amiga Ginny, en el mensaje lo citaba en los senderos de la periferia del bosque prohibido; cerca de la cabaña de Hagrid, quien se encontraba en una misión de Dumbledore.

El alquimista caminaba por los terrenos del castillo en camino a su encuentro con su amiga, la hora citada estaba cerca y nunca le gustaba ser impuntual. La educación era compartida por su rubia amiga que seguramente ya se encontraría en el lugar antedicho.

En su camino se fue preguntando qué es lo que la convocadora querría tratar con él en las afueras del castillo. Su amiga no era una persona que mandara a otra para dar un recado como el que le dio Ginny, quien le tomó de sorpresa saliendo de la sala común y llevarlo a un lugar apartado y vacio. Se ruborizo al recordar la cercanía con la que la hermana de su mejor amigo estuvo, diciendo el recado en su oído para que las palabras no se escaparan con el aire.

Harry negó con la cabeza y dibujó una media sonrisa por el atrevimiento de la pelirroja, quien consideraba una buena chica de una agradable familia. Pero muy aventada hacer cosas que otras mujeres no suelen hacer, pensó en quizás debía ponerle un alto a sus constantes insinuaciones antes de que dieran el siguiente paso. De no hacerlo se vería en la necesidad de frenarla en una situación incómoda, corriendo el riesgo de que Ron se molestara por lo que pudiera ser aquel momento.

Cuando salió de las murallas del castillo observo a la distancia la cabaña de Hagrid, un recinto de gran tamaño para poder albergar a un semi-gigante. Entornó la vista en busca de su amiga, quien localizo a unos metros de la cabaña jugando con una mariposa que se reposaba en el anillo de su dedo anular.

—Harry —saludó la joven, una vez se le unió.

—Estoy aquí, ¿de qué quieres hablar?

—¿Hablar?

—Sí, para eso me mandaste llamar.

—No, no precisamente para hablar —la joven le dio la espalda y comenzó a caminar hacia el bosque—. Sígueme.

Intrigado el alquimista siguió a la convocadora dentro del bosque, que para la luz de la mañana no lucia muy vivo el ambiente. Dentro el terreno era quebrajoso, desnivelado y muchas ramas sobresalían del suelo impidiendo un buen caminar. Luna para nada parecía molesta por donde pisaba, y caminaba a una buena velocidad como si conociera el terreno a la perfección.

Anduvieron por unos largos minutos hasta que llegaron a un terreno particularmente llamativo y diferente a lo que habían transitado. Los arboles se abrían en un círculo perfecto alrededor de un terreno de césped verdes, la luz del día se colaba con mayor facilidad entre las ramas de los arboles; iluminando aquel punto. El aire era fresco y revitalizante, al ambiente que rodeaba aquel pedazo de bosque podía palmar con las manos, incrementando las sensaciones corporales.

—¿Te gusta?

—Lo has hecho tú —reconoció Harry.

—Me tomó tiempo, pero ya está preparado.

—¿Para qué?

—Entrenar, claro está.

Harry asintió al reconocer que su amiga estaba metida de lleno en lo que se trataba el torneo, le parecía curioso que estuviera tan animada como para crear un campo donde entrenar. Agradeció que se tomara el esfuerzo, y no le parecía nada mal tener ese lugar para llevar a cabo su preparación. Llevar aquella actividad le ayudaría no solo a mejorar en su magia también para relajar y liberar la tensión.

Se aproximó al centro del círculo observando cada detalle creado por su amiga, no cabía duda de que se trataba de un lugar cargado de magia. Levanto su rostro y observo el sol candente por entre las ramas de los arboles, su luz era de una intensidad diferente al que hace momentos había visto sobre los cielos.

—Parece un buen…

El alquimista no pudo terminar su oración por ser embestido por un animal grande de grandes fosas nasales. Tirado en el suelo el pelinegro intuyo que era una de las creaciones de su amiga, movió su cabeza hacia delante y vio que Luna tenía su libro mágico en sus manos. Lo había atacado de sorpresa, lo cual le pareció extraño en su amiga.

—Debes estar al pendiente de cualquier movimiento, Harry.

—Usaste mi confianza hacia ti para atacarme —se quejó.

—Dentro de este circuló dejamos de ser amigos —dijo, sin mucha molestia.

Harry esbozó una sonrisa y se incorporo en sus piernas de un movimiento, saco su varita de su estuche que colgaba de su cinturón y lo levantó hacia la bestia invocada por su amiga.

—Luna, sabes perfecto que conozco todos tus movimientos.

—¿Estás seguro?

La media sonrisa maliciosa que esbozo su amiga le tomó desprevenido, nunca antes había visto ese semblante retador en la rubia y menos que en sus ojos soñadores hubiera una chispa brillante de combate.

Aqua Eructo.

Un potente chorro de agua salió disparado de la punta de la varita de Harry, impactando en la bestia se fue convirtiendo en tinta hasta quedar como una mancha en el césped.

—Vez, tus trucos tienen sus debilidades.

—Tampoco es que esté usando mis mejores movimientos.

El reto le comenzó agradar al rubio que hace tiempo no tenía un duelo digno, y un oponente distinguido como era la convocadora frente suya.

—Harry.

—Dime.

—Quiero que uses tus mejores movimientos —solicitó la rubia—. Quiero que des lo mejor de ti, sin importar que seamos amigos, usa tu mejor alquimia.

Harry alzó una ceja.

—Esto debe ser un duelo muy real.

—No creo que haga falta que nos esforcemos tanto.

—¿Confías en mi?

—Por supuesto.

—Haz lo que te pido.

La petición no era para nada normal, y la sentía como algo extraño como tomada de una decisión apresurada. Pero confiaba en Luna, y ella no tomaba nada a la ligera como para pedir tal intensidad en su entrenamiento. Su amiga siempre analizaba todo con cuidado, aun cuando pareciera distraída y que vivía en un mundo de fantasías. Harry admitía que Luna era de las personas más perceptivas que había conocido.

La razón por la que quisiera llevar el entrenamiento tan al límite solo indicaba que reconocía a los rivales como gente de cuidado. En su mente apareció el rival de su amiga, Fleur, Víctor y los otros dos campeones. Cada uno tenía ese porte de peligro, cada uno con sus propias habilidades y fuerzas en combate.

—Bien, si eso es lo que quieres.

—Gracias, Harry —sonrió la rubia.

Con la disposición de ambos por llevar a cabo el entrenamiento de aquella manera comenzaron a lanzar sus mejores hechizos. Comenzaron con la habilidad de las varitas, conjuros y hechizos conocidos. Conforme el duelo se llevaba a cabo se iba dictaminando la evolución del combate, consiguiendo Harry que su amiga usase su libro mágico y ella que él usara su alquimia.

Cada uno hacia sus mejores movimientos sin temer por dañar al otro, se conocían muy bien como para temer que el otro cayera en una trampa o que no supieran contraatacar.

La mañana se fue enseguida, pasando la hora de la comida, y los hechiceros siguieron combatiendo hasta que se cada uno se percató la falta de energía en sus cuerpos. Se echaron en el césped para descansar, estaban exhaustos y hambrientos. Pero la sesión de aquella mañana les había servido mucho para sacar lo que tenia cada uno en su interior, y de pasada mejorar sus movimientos y hechizos para la segunda prueba.

—¿Cuándo volveremos entrenar?

—Dentro de tres días —comentó Luna—. Como estamos llevando el duelo no sería bueno hacerlo seguido.

—Cierto —afirmó el alquimista—. Además, tengo mi otra clase.

—¿La que no sabemos de que se trata?

—Esa misma.

Harry sabía que no podía engañar a su amiga, quien seguramente estaba consciente de aquella clase misteriosa iba sobre su alquimia. Siendo una hechicera discreta nunca le había cuestionado sobre sus clases particulares, aquellas que llevo como cadete y aun entonces como auror. Agradecía que le hiciera más fácil mantener el secreto, y que ayudara en ocasiones con sus colegas sobre aquellas veces que desaparecía por una clase de improviso de su mentor Flamel.

—Harry, ¿ya tienes pareja?

—¿Pareja? ¿Para qué necesito una pareja?

Luna movió su cabeza a un lado para observar a su amigo que miraba hacia el cielo.

—El baile de navidad.

—¿Habrá un baile?

—Mcgonagall me lo dijo ayer —informó su amiga—. Mencionó que te daría el aviso.

—Yo creo que hoy me lo va a dar.

—Puede ser.

En la mente de Harry hubo un señal de alerta, cayó en cuenta de lo que estaban hablando y se puso nervioso. Necesitaría una pareja de baile para el evento que menciono Luna, y su precaución por no saber bailar disparó su alerta. Su mente cavilaba en el embrollo que aquel baile sugería, tendría que armarse de valor e invitar a una hechicera al evento y de pasada tener que estar con ella en todo momento lo que le llevaría a tener que invitarla a la pista.

Debía buscar la forma de sacarse de aquel evento, que siendo organizado por Minerva no habría mucha posibilidad de conseguirlo. La mano derecha de Dumbledore en el castillo era exigente cuando de eventos de gala se trataban. Recordó la ceremonia de graduación y como todo estaba armado y estudiado para que cada cadete pudiera recibir su promoción. Sudo en frio al pensar lo que sería un baile de navidad, con los detalles de la época y los muérdagos.

—En caso de que pienses faltar te aviso que los campeones estamos obligados.

—¿Obligados?

—Sí, creo que nosotros abriremos el evento.

—Menuda sorpresa.

Luna soltó una risita ante la encrucijada que su mejor amigo se encontraba. Ella mejor que nadie sabía que tenía dos pies izquierdos, pues ellos bailaron una vez en el cumpleaños de ella.

—¿Ya tienes pensado quien invitar?

—No, apenas me has dado el aviso.

—Yo sé quien estará ansiosa de ser invitada.

—¿Ginny?

—Ay, Harry Potter —suspiró Luna, como sintiendo lastima por su amigo.

—¿Qué? No dije nada incoherente.

—No, pero dejas en claro lo despistado que eres.

—No te andes con rodeos y ve al grano.

Luna miro al pelinegro como tanteando el terreno para soltar lo que tenía que decir. Harry con el ceño fruncido esperaba la respuesta ya que no le gustaba que lo trataran como alguien que no prestaba atención a lo que a su alrededor sucedía.

—Hermione —soltó—. Estoy completamente segura que esperará que la invites.

—¿Crees que ella le gustaría ser invitada por mi?

—Sí, y a ti te encantaría que aceptara la invitación.

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué lo dices?

Luna volvió a reír ante el nerviosismo evidente que le producía la castaña a su mejor amigo. El alquimista estaba completamente ruborizado, el no entendía porque su amiga estaba asegurando que Hermione querría ir con él al baile de aquella manera, y sobre todo que él le fascinaría ir con ella también.

Harry apartó su mirada de Luna y se quedo viendo el cielo por entre las ramas de los arboles, no quería darle evidencia a su amiga de que estaba nervioso y ruborizado.

—Harry, me doy cuenta como la miras y como te mira ella —sonrió al ver que su amigo estaba nervioso y mirando al cielo para fingir demencia—. Los he visto como se tratan el uno al otro, en especial cuando creen que nadie los ve.

—Estas delirando, Luna.

—Podre delirar en tantas cosas, Harry, pero en esto jamás.

La seguridad de su amiga hizo que la voltease a ver con asombro, la convocadora le miraba con un rostro serio y divertido a su vez sin perder ese toque soñador.

—Si te gusta no dejes que alguien se te adelante —se levantó del césped y agregó—: se hábil, Harry Potter, que hay muchos tras de Hermione.

Con esto último la rubia dejo solo a su amigo acostado en el césped, pensando en lo que había dicho y sobre sus sentimientos. Pero lo que le hizo pensar más fue lo último que agrego, Hermione era una chica muy hermosa que los años trataban con gentileza. No sería extraño que alguien estuviera detrás de su amiga, que quisiera conquistar e invitarla al dichoso baile de navidad.

De esa manera permaneció en ese lugar en el bosque debatiendo lo que debería hacer, en sí tendría el valor como para plantarse enfrente de Hermione e invitarla. Pensando en que era lo que sentía bien por ella, y si su amistad iba más allá de aquel sentimiento.


¡Hola!

Seguimos avanzando a buen ritmo, y quiero agradecerle a todos los que me están leyendo y dejando reviews por ser mi motor de seguir escribiendo. Espero que en verdad les este gustando la historia, y lo que voy presentando para que ustedes disfruten al igual que yo. Estaré al pendiente de sus opiniones del capitulo n.n

Quiero dar el aviso de que el siguiente capitulo se dará poquito a desear, más si les gusta lo que se avecina jajaja. Pero andaré fuera de la ciudad y regreso en unos días así que espero su compresión, no será mucha la espera lo prometo jeje.

Sin mas por decir

Au Revoir.