28
Una vez que se dio el aviso del baile tanto cadetes como aurores no dejaron pasar la emoción de tal festividad. Siendo que su año había sido uno muy ajetreado y lleno de trabajo, el baile de navidad caía en un buen momento para dejar de lado cualquier estrés y pendiente del trabajo.
Pero la emotividad por el evento tenía a un par de aurores nerviosos ante la evidente invitación de los varones a las féminas del castillo. Harry y Ron observaban en el patio central del castillo como varios de sus colegas sin temor se acercaban alguna compañera y le invitaban al baile.
—Lo hacen ver tan fácil.
—Ni que lo menciones.
Los amigos estuvieron viendo a sus compañeras del castillo, pero las de Beauxbatons tenían ese toque foráneo que llamaba la atención de varios de sus colegas. La que se robaba las mirada y atención de cualquier varón era de Fleur Delacour, quien reunida en el centro del patio con sus amigas charlaban sobre cualquier cosa. Ningun hombre era capaz de acercarse y extenderle la invitación, Harry imaginó que el desplante de una belleza enfrente de todos sería una vergüenza que se querían ahorrar.
Entre las amigas de Fleur se encontraba la segunda chica del sur que tomaba la atención de los presentes, Catherine con su cabellera sedosa y negra como la misma noche observaba a varios hombres que seguramente esperaba que le invitaran al baile. No era de extrañar que a las mujeres estuvieran muy interesadas en el baile, ese era un gusto que compartían todas en cualquier parte del planeta.
—¿Te animarías a invitar a Fleur?
—¿Te animarías tú?
—Es descortés devolver una pregunta con otra.
—Bien, la verdad no.
—¿Porqué?
—Quiero invitar alguien más.
—Lo sospechaba.
—¿Qué dijiste?
—Nada —corrigió el pelirrojo—. Yo si me animaría sin tan solo estuviera sola.
Harry le concedió aquel argumento, el que las mujeres estuvieran siempre en grupo, aun siendo aurores, les dificultaba el acercamiento. Sentir tantos ojos juzgándote y creando pensamientos quien sabe de que no es algo que cualquiera gustase sufrir.
—¿Tienes alguien aparte de Fleur?
—No, la verdad no sé si iré a ese baile.
—Ron, no me puedes abandonar —se apresuró a decir el pelinegro—. Tendré que abrir el baile, necesitare apoyo moral.
El pelirrojo le miraba por el rabillo del ojo, haciéndolo sufrir con su indiferencia. Pocos segundos después soltó una carcajada al no resistir el rostro de angustia de su mejor amigo, y el hecho de imaginarlo bailando torpemente en la pista no ayudo a su seriedad.
—Bien, amigo, pero me debes una.
—Como si tú no me debieras.
—Quedamos que lo de las misiones eran aparte.
Harry fue quien ahora soltó una carcajada ante el rostro desfigurado de su amigo, pues el pelirrojo estaba consciente de que le debía bastantes.
Entre la disputa del pelirrojo y lo divertido del pelinegro una figura irrumpió por el largo del patio provocando que muchos de le presentaran atención hasta terminar con los amigos. Harry quien reía con los ojos cerrados para no ver el rostro de su amigo no se percató que una tercera persona estaba con ellos, cuando no escucho a su amigo discutir y que este le diera un codazo fue que abrió los ojos.
Fleur le miraba con esos ojos azules cautivadores y su mejor sonrisa, lo que le hizo ruborizar al alquimista; y su amigo de por medio. La de Beauxbatons los saludos de la forma más amable que nadie antes lo hubiera hecho, los amigos torpemente saludaron a la rubia.
—Haggy, me peguntagba si pogiamos habag en pigvado.
—Por supuesto.
Ron quien embelesado por la rubia no escuchó lo que estaban diciendo fueron ellos los que se movieron a otra banca en el patio. En el transcurso Harry se percató de cómo varias miradas, envidiosas y asombradas, les miraban por todo el largo y ancho de la plaza central.
Una vez que consiguieron una banca y se sentaron en ella, la rubia le preguntó varias cosas triviales que contesto sin mucha importancia. El alquimista reconocía que todo eso solo era el camino para llegar a lo que realmente la rubia quería decirle. Y no tardó mucho en que Fleur guardara un silencio incomodo, que se marcó por el de los expectantes presentes, antes de volver a retomar la palabra.
—Haggy, quegia sabeg si te gutagia ig al baile conmigo.
La propuesta fue algo que lo tomó completamente desprevenido y por sorpresa, al igual que los cercanos que lograron escuchar. Harry nunca imaginó que fuese una mujer la que se atreviera a invitar a un hombre, mucho menos que el fuese al que se lo propusieran. Ruborizado no lograba articular palabra alguna, y no porque estuviera nervioso sino porque era nuevo en todo ese tema de los bailes e invitaciones.
—¿Gue digses, Haggy?
—Me encantaría…
Fleur esbozó una enorme sonrisa por sus primeras palabras, pero en eso Harry divisó a la distancia, por uno de los pasillos enfrente de él a su mejor amiga que caminaba sola con un par de libros sobre su pecho. Su amiga lucia hermosa con esa aura tan dedicada y estudiantil, le recordó a la Hermione que conoció en aquel pueblo en las fronteras de la región de Gryffindor.
La siguió con su mirada hasta que observó que era interceptada por Victor Krum, al verlo sintió que su corazón se estrujaba. La castaña en su buena educación le sonrió al hombre del norte, quien parecía entusiasmado por intercambiar palabras con su amiga. Los observó charlar de forma amena, y recordó las palabras de Luna. Si no se movía rápido alguien más lo haría.
—¿Haggy?
Fleur pasó su mano por la vista del alquimista para llamar su atención, lo cual consiguió al hacer que desviara su vista hacia ella.
—Haggy, degsias gue te encagtagia.
—Sí, me encantaría ir contigo —dijo, volviendo a ver a su amiga— pero ya he invitado alguien más, lo siento.
—Oh, egso no me lo espegaba.
—En verdad lo siento.
Dicha su disculpa sincera se levantó de su asiento y corrió hacua donde su amiga charlaba con Victor. No podía dejar que alguien se le adelantara, en verdad quería ir con Hermione al baile aun cuando sabia que haría el ridículo. El era un hechicero de firme convicción y no le temía a nada, siempre creyó en nunca dejar pasar algo que deseas vivir y ahora no fallaría con el baile.
Se aproximó a la pareja a paso acelerado, la castaña fue quien lo vio primero por lo cual dibujo una sonrisa especial para su amigo. Le saludó con su mano aun cuando no estaba cerca, pero una vez que estuvo con la pareja fue un saludo más afectuoso.
—Hola, Harry, estoy hablando con Victor sobre el baile.
—Vaya, es el tema hoy día.
—Esso parresse —contestó de mala gana.
—Lamento interrumpir, pero, ¿podríamos hablar un momento, Hermione?
La castaña alzó una ceja al temer que su amigo estuviera metido en algún problema.
—Es algo muy importante.
—Bien, ¿nos disculpas, Victor?
—Clarro.
Harry y Hermione se alejaron del de Durmstrang, que miraba con furia al pelinegro por haber estropeado lo que estuviese planeando hacer con la castaña.
Los amigos caminaron por el pasillo y se perdieron en uno de los contiguos que daba hacia la torre de astronomía. La castaña miraba con atención cuidado a su amigo que le preocupaba, su actitud no era normal y la forma en que se entrometió en su plática con Krum no fue la más apropiada. Que la llevara del brazo tampoco era común en el alquimista lo que agrego más inquietud en la castaña que se detuvo en seco y con ella su amigo que no podía mantenerle la mirada.
—¿Qué sucede, Harry? Estas demasiado extraño —Hermione se llevó las manos a la boca al tener un pensamiento—. ¿Te ha pasado algo malo en tu entrenamiento con la alquimia?
—No, no es eso.
Hermione puso una mano sobre su pecho y suspiro aliviada, ella era la única que conocía el secreto de Harry y tenía en mente el peligro que suponía el entrenamiento de la alquimia interna.
—Entonces, ¿qué es, Harry?
El pelinegro no conseguía aguantarle la insistente mirada a su amiga, esos enormes ojos castaños eran tan hipnóticos que verlos lo dejaban embelesado. Cuando le colocó su mano sobre su brazo para instarlo hablar, sus músculos se tensaron y su sangre comenzó arder. Estaba sintiendo algo que jamás en el pasado había pasado con alguien más, ni con aquella joven de tierras lejanas.
Con un valor que floreció al recordar lo sucedido con aquella joven alzó su rostro y encaro a su amiga, lo que sentía por su ella era intenso y sincero; con ella no sufriría lo del pasado eso era seguro. Se decidió y sujetó la mano de su amiga reposada en su brazo, el contacto de piel hizo que en ambos se estremecieran.
—Hermione.
—Dime, Harry.
El contacto de sus ojos se intensifico a tal grado que solo ellos existían a los pies de las escaleras de la torre de astronomía.
—Quiero saber si te gustaría ir conmigo al baile de navidad.
Hermione se quedo quieta con los ojos bien abiertos, y su boca ligeramente abierta. Su expresión no la consiguió leer su amigo, quien comenzaba a sospechar que la respuesta seria negativa. Seguramente Victor se había adelantas, y con ello, su amiga iría con él por haber aceptado la oferta.
El silencio palideció al pelinegro que por primera vez en mucho tiempo había tenido el valor de hablar con la persona que le gustaba. Sus manos soltaron ligeramente las de su amiga, pero tan pronto sintió que la dejaba esta lo atrapo para no romper el contacto. Harry paso de sus manos hacia los ojos de su amiga, y la vio sonriente y emocionada.
—Me encantaría ir contigo al baile.
—Excelente —fue lo único que consiguió articular.
—Me alegra que lo hayas pedido —confesó la castaña— Victor estuvo apuntó de hacerlo, pero me alegró que intervinieras a tiempo.
—¿Enserio querías que te invitara?
La castaña asintió, y en la mente del alquimista la figura de Luna se dibujo en aquel campo que creó para entrenar. Una vez más su amiga había tenido razón, y esa situación la agrego a la lista de las cosas que sin la rubia no hubiera hecho por distraído.
—La verdad soy muy malo en esto de invitar a un baile —confesó apenado el pelinegro que paso una mano tras su cabeza para rascarse por los nervios—. No sé qué es lo que procede.
Hermione soltó una risita al ver tan nervioso a su amigo, y sobre todo por lo ruborizado que se encontraba en ese momento.
—Lo que sigue es que me invites a comer.
—En eso soy bueno.
Harry y Hermione permanecieron un momento viéndose con esas enormes sonrisas en sus labios, iluminados por la tenue luz que se filtraba por los cristales de la ventana. En el interior de cada uno su corazón latía acelerado, excitado por la idea de ir juntos a un baile. Y después de un par de minutos se pusieron en marcha al gran comedor.
29
—Te lo dije.
—No necesitas alardear.
—Yo no alardeo —Luna se alejó, sacando su lengua.
Harry se encontraba entrenando con su amiga en aquel campo en medio del bosque prohibido. Era su tercera sesión y por increíble que fuese ambos sentían que estaban mejorando en sus habilidades en el duelo. Luna se mostraba implacable en sus habilidades de convocadora, y Harry feroz en la destreza con su alquimia; en los conjuros ambos eran muy diestros y solo pulían lo que sabían.
No por nada ellos dos eran uno de los mejores de su generación, mostrando en la academia ser grandes hechiceros. Por tal motivo se graduaron antes de tiempo, alcanzando algunos de sus amigos que ya eran aurores para esa época.
—Luna, ¿se me nota mucho que me gusta Hermione?
—Bastante.
—¿Ella lo habrá notado?
—Para nada, son muy distraídos —reconsideró lo que dijo y corrigió sus palabras—. Bueno, tú eres el distraído y ella inocente como para captar tus sentimientos.
—Eso es reconfortante, creo.
Luna escribía atenta sobre su libro con hojas plateadas, estaba muy concentrada por lo que el pelinegro se contuvo en mantener la conversación. Un convocador debía estar completamente concentrado cuando escribía en su libro, si es que quería que en un futuro lo que en tinta se plasmara en esas hojas funcionara.
El alquimista cansado por una mañana más en que habían practicado se recostó en el césped y cerró sus ojos. Ese lugar creado por la rubia le fascinaba, era tan reconfortante que estaba seguro que si se relajaba solo un poco caería rendido. Con su oreja derecha escuchaba como la pluma rozaba con la rugosidad de la hoja de plata, el cantar de un pajarillo con su oído izquierdo, y el aroma a rosas con su olfato. Cada sensación en ese pequeño punto dentro del bosque se magnificaba, se cuestiono como seria tocar la piel de Hermione en ese lugar.
—¿Ya tienes planeado que llevar al baile?
—Si, Lamark me aconsejó sobre el tema.
—Se ve que tiene buen gusto, por lo menos no harás el ridículo con la ropa.
—Muy graciosa —Harry abría un ojo para ver a su amiga que seguía escribiendo—. Eso ya no me preocupa, Neville me está enseñando.
—Lo vi bailar la otra noche, es bueno.
—Eso parece.
Harry se incorporó y aprovechó que su amiga estaba de nuevo con él, y que había dejado lo que estaba haciendo. Al ver que cerraba su libro dedujo era el momento de sacar lo que tenia dentro, expresar esa incógnita que cosquilleaba en su garganta.
—Me parece curioso que hoy día me guste Hermione —confesó—. Hace unos días la veía como una amiga, aunque digas que se me notaba que me gustaba.
—Solo necesitabas un empujoncito.
Harry alzó su ceja incrédulo.
—Sabias de tus sentimientos, solo que no les prestabas atención —la rubia con un conjuró una palabras que hicieron que su libro se fusionara con su anillo anular de oro—. Por lo que me decidí ayudarte, ¿Hice mal?
—Para nada, de hecho te lo agradezco.
Luna asintió contenta por haber ayudado una vez más a su amigo.
—Por cierto, ¿tienes pareja para el baile? —preguntó, apenado por el que su amiga le estuviese ayudando y el no respondiera de igual manera.
—No te preocupes, Harry —la rubia se incorporó del suelo—. Me veras en el baile.
—¿Con quién?
—Es un secreto.
30
La noche de navidad arribó al castillo tan rápido que puso nervioso a medio mundo por el evento del baile de navidad. Hechiceros iban y venían en sus trajes de gala, unos ya con su pareja otros yendo por él o ella. Como fuera, todo ese movimiento tenia nervioso a Harry quien no había tenido mucho tiempo para practicar su baile, no quería quedar como un tonto enfrente de Hermione.
Maldijo el poco tiempo que tuvo, deseo haber tenido más tiempo para practicar aquel defecto que nunca pensó le pesaría. Solo esperaba que con las prácticas impartidas por Neville le ayudaran a salir del embrollo, ya que su compañero era un excelente bailarín y tutor.
Harry caminaba por los pasillos del castillo vestido con su túnica de gala negra aterciopelada y camisa blanca; unas mancuernillas de diamante regaladas de último minuto por Lamark, que le entregó Hagrid, lucían sobre el borde de la manga de su túnica. Vestir aquello lo hacía sentir completamente extraño, cuando se vio por el espejo no se sintió el mismo. Sintió como el tiempo había transcurrido, dejando atrás aquel adolecente vestido con una camisa blanca sucia que cubría con un poncho roído, su pantalón caqui y aquellos zapatos desgastados.
Recordarse como el que conocieron muchos como el alquimista viajero le hizo sentir viejo, aunque solo hubieran pasado unos pocos años el sentía que había sido siglos atrás.
Siguió su camino doblando en una esquina donde encontró el pasillo que lo conduciría a la sala común de los aurores de Gryffindor. Entró al recinto donde varios años considero su hogar, y que aun lo era, y se encontró con varios de sus colegas aurores. Varios lo saludaron y despidieron a su vez, ya se dirigían al vestíbulo del gran comedor con sus parejas.
Sintió extraño no ver a su amigo Ron, que estaba seguro que lo encontraría en ese lugar. Le aseguro que iría al baile, por lo que se esperanzó no estuviera por haber ido por su cita.
—Harry, ya baja —Parvati bajó por las escaleras que daban a las habitaciones de las mujeres, y le guió un ojo al pasar por su lado—. Te dejara boquiabierto.
El alquimista no supo que decir y solo vio como su compañera se perdía tras la entrada a la sala común con su acompañante. Estaba nervioso por esas palabras, sintió sus manos sudar por lo que en un intento desesperado las paso por su pantalón para secarlas. Ver a sus colegas tan libres de presión o nervios hizo que los envidiara, no podía contenerse y no ayudaba que los demás se contonearan tranquilamente por la sala.
Clavo sus ojos en el fuego de la chimenea que iluminaba toda la sala, esa llama era la misma que ardía en su corazón ante la imagen de su amiga y él bailando en el gran salón. Sus sentidos se agudizaron por los nervios que escucho como alguien comenzaba a bajar por las escaleras de caracol que daba a las habitaciones. Al girarse se quedo boquiabierto al encontrarse con la mujer más hermosa que jamás hubiera visto en sus viajes.
Hermione se detuvo en el último peldaño sonriendo nerviosa a su pareja que embelesado no podía dejar de admirarla. La hechicera estaba completamente distinta, se había hecho algo en su cabello: ya no lo tenía enmarañado, sino liso y brillante, recogido por detrás en un elegante moño. La túnica era de una tela añil vaporosa color azul, y su porte no era el de siempre, tal vez se debía a que estaba acostumbrado a verla con su uniforme de auror. Estaba resplandeciente, y la luz tenue cortesía del fuego en la chimenea solo acentuaba más esa belleza particular de su amiga.
—Harry, si me sigues viendo de ese modo me sonrojare.
El alquimista al escuchar las palabras de su amiga despertó de su embelesamiento y dio un paso hacia adelante dibujando en sus labios una sonrisa galante. No comprendía de dónde sacaba esa valentía, pero agradecía poder tener la fortaleza de moverse y hablar.
—Disculpa, pero es que luces hermosa.
—No digas eso, Harry.
—Solo estoy diciendo la verdad, Hermione —le ofreció una mano para ayudarla a bajar el último escalón.
Hermone acepto la ayuda de su amigo y con un ligero movimiento de sus pies quedo en el suelo de la sala común. Pero el paso dado también hizo que la castaña quedara solo a centímetros de su amigo, que para ese momento no le importaba nada más que admirar a su amiga.
Se quedaron un par de minutos uno frente al otro mirando sus ojos y perdiéndose en el aroma de las lociones del otro. En ese momento no se percataron que varios de sus compañeros de región les miraban con singular atención, varios dibujando sonrisas picaras y otros burlonas. Varias de las hechiceras miraban con descortés incredulidad a la nueva Hermione que tenían enfrente, y es que nunca antes había mostrado su verdadera belleza.
Cuando el ruido regreso en la sala común, y un silbido burlón sobresalió por entre los demás, Harry y Hermione se separaron un paso y se sonrojaron por la distancia tan cercana en la que estaban. Sin embrago, en ningún momento sus manos soltaron las del otro, y ni intenciones tenían de hacerlo.
—¿Vamos al vestíbulo?
—Sí, es casi la hora.
La pareja aun tomada de la mano salieron de la sala común y se adentraron hacia los pasillos largos del castillo.
En el camino iban muy animosos platicando de lo nervioso que estaban por el baile, revelándose el uno al otro que no sabían bailar bien. El pelinegro le reveló que incluso había tomado clases con Neville, y la castaña no se quedo atrás explicando cómo llego a tener la idea de hechizar sus zapatillas. Una idea que al alquimista jamás se le ocurrió, y que por sus adentros se reprochaba por no haber tenido la idea.
Harry agradeció que en ningún momento el silencio se hiciera presente en ellos, tal como lo imaginó momentos antes de ver a su amiga bajar por las escaleras. La estaba pasando muy bien con su amiga, platicando y bromeando todo el camino hacia el vestíbulo donde ya un gran grupo de colegas se reunían para entrar al gran salón.
—¡Los campeones por aquí, por favor!
La voz de la profesora McGonagall llamo a los participantes del torneo y a sus acompañantes. Los cuales fueron reuniéndose donde ella para recibir las ordenes. Harry diviso entre las personas a Victor Krum, quien lanzó una mirada furtiva hacia el pelinegro.
Harry y Hermione caminaron entre la multitud que se apartó para dejarlos pasar. McGonagall, que llevaba una túnica de tela escocesa roja, les pidió que esperaran a un lado de la puerta mientras pasaban todos los demás. Se hizo una fila que pronto fue encabezada por Victor y su pareja, una chica de su academia. Seguido estaba Catherine con su pareja, un apuesto rubio de ojos verdes que parecía medir casi los dos metros. Luego vio a Luna que iba acompañado por un hombre de cabellera pelirroja y vestía una peculiar túnica. Era Ron.
No podía creer lo que sus ojos captaban, sus mejores amigos eran pareja para el baile de navidad. Eso no lo vio venir nunca, y dio razón a las palabras de su amiga al mencionar que se llevaría una sorpresa.
Siguió viendo la fila y se encontró que seguía el hombre calvo de Durmstrang, este iba con una mujer de aspecto rudo y poco amigable; una buena pareja para él. Como penúltima pareja estaba Fleur Delacour acompañada de un colega de la academia, George Davies; quien parecía tan aturdido por la buena suerte de ser la pareja de Fleur que apenas podía quitarle los ojos de encima.
—¡Haggy! —saludo, muy afectuosa Fleur al verlos formarse.
—Fleur —devolvió el saludo.
George miraba a Harry con desdén por saber que él había sido la primera opción de su pareja para ir al baile. Pero al ver a Hermione no consiguió evitar que su quijada cayera como momentos antes le había sucedido al alquimista. Esto no pareció molestar a Fleur como lo hacia el que la castaña fue en verdad un rival para su belleza.
—¿No me pegsentagas a tu pageja?
—Sí, ella es mi mejor amiga Hemione Granger —le presentó—. Hermione, ella es Fleur Delacour, pero eso ya lo sabes.
—Mucho gusto.
Hermione extendió su mano afectuosamente para llevar la presentación con buenos modales, pero la de Beauxbatons tardó en aceptar el saludo de la castaña. Sus ojos expedían rivalidad por donde fuese que le mirasen, y es que estaba molesta por haber sido dejada por ella. No era una hechicera que fuese rechazada en ningún momento de su vida con anterioridad.
—El gugsto egs mio.
Acepto la mano de la castaña, pero pronto la soltó. Eso no le gusto para nada a Harry quien estuvo por decirle algo a la campeona, pero la mano con la que sujetaba a Hermione sintió que la apretaban. Su amiga intuyendo su movimiento le indico que todo estaba bien, y que el comportamiento de Fleur no le molestaba.
Cuando se abrieron las puertas del gran comedor, varias de las hechiceras de Beauxbatons miraron con un intenso odio a la castaña. Ginny, sin embargo, paso por su lado sin mirarla. La hermana de Ron iba con Neville, para sorpresa de todos los presentes que la conocían.
Una vez que todos se hubieron acomodado en el Gran Comedor, McGonagall les dijo que entraran detrás de ella. Una pareja tras otra fue desfilando hacia el Gran Comedor, y todos los que estaban dentro les aplaudieron mientras cruzaban la entrada y se dirigían a una amplia mesa redonda situada en el extremo del salón, donde se encontraban sentados los miembros de la organización del torneo.
La decoración en el Gran Comedor era espectacular, con sus paredes recubiertas de escarcha con destellos de plata, y cientos de muérdagos y hiedra cruzaban el techo negro lleno de estrellas azules. Ya no estaban las tradicionales mesas alargadas, en cambio, había un centenar de mesas más pequeñas, alumbradas con farolillos, cada una con capacidad de doce personas.
El Gran Maestre, Dumbledore, sontio de contento cuando los campeones pasaron por la mesa principal donde se encontraban los representantes de cada academia. La expresión de Karkarov, a diferencia del gran maestre, se mostraba hostil y muy amargada como si no quisiera estar en ese evento. Madame Maxime aplaudía cortésmente mientras los campeones desfilaban, enfatizando su aplauso al ver a sus campeonas.
Una vez terminado el desfile los campeones junto a sus parejas se dirigieron al centro de la pista de baile. Un grupo musical ya estaba listo sobre un escenario ubicado a un costado del Gran Comedor. Los farolillos de las mesas se fueron apagando solo dejando que la luz de las estrellas iluminara la pista de baile. Aquello era una atmósfera muy romántica y mágica a la vez.
—¿Listo? —le susurró Hermione.
—Ya veremos.
La castaña sonrió y se arrimó al cuerpo de Harry, colocando sus brazos alrededor de su cuello. En tanto, Harry con nervios sujetó a su amiga de la cintura y se puso en la posición que Neville le había enseñado. Solo esperaban a que la música sonara y diera comienzo al baile de navidad.
La música comenzó a sonar en una armonía tranquila y pausada que se prestaba para un baile tradicional. Las parejas se movieron al son de la melodía, dando vueltas lentamente casi sin desplazarse. Para Harry aquello no le resultó para nada terrible como había temido, las clases intensivas habían surtido efecto y hasta el momento no había pisado a Hermione.
Conforme el baile iba avanzando demás parejas se les fueron uniendo en la pista, Dumbledore y Madame Maxime fueron los primeros en aventurarse. Al poco tiempo casi todos los presentes se encontraban ya bailando con sus respectivas parejas.
Harry y Hermione por su parte no se percataron de que la pista estaba repleta de colegas, para ellos solo existía el otro y eso les bastaba. Bailaban acoplados como si ya lo hubieran hecho de tiempo atrás; como si ese no fuese su primer baile. Se desplazaban por toda la pista sin dejar de ver a los ojos del otro; siendo dejados pasar por las demás parejas. Algunos les miraban con atención como lo era Ginny, que no prestaba atención al baile y ya había pisado tres veces a Neville.
Al final de la canción las parejas se detuvieron y aplaudieron al grupo que hizo una reverencia como agradecimiento. Harry se separo un poco de su amiga, y ambos aplaudieron como los demás pero sin dejar de mirarse. Aquello era por la magia que habían sentido al bailar, sintieron como sus cuerpos encajaban perfectamente como sus mismas emociones complementaban a las del otro.
—Bien, antes de seguir con el baile —Dumbledore captó la atención de todos— debemos pasar a degustar unos deliciosos alimentos.
Las parejas se fueron cada una hacia su mesa designada, siendo los campeones que tomaron lugar en la principal junto a los maestres.
—Vaya, tengo mucha hambre —dijo Harry.
—Igual yo.
—Creo que nos merecemos un gran banquete —jugó el pelinegro— Nadie piso al otro.
—Y nosotros que estábamos preocupados.
Los hechiceros comenzaron a reír mientras el banquete aparecía sobre las mesas de todo el Gran Comedor. El banquete era muy variado, Harry y Hermione localizaron la comida que ambos les gustaban y se fueron sirviendo un poco de todo lo que había.
El Gran Comedor se volvió un recinto de murmullos por las pláticas que se llevaban a cabo en cada mesa. La mezcla de voces y risas animaba el encuentro, y una música de fondo solo mejoraba el ambiente que se estaba llevando a cabo en el castillo.
Harry charlando con su amiga divisó al otro lado de la mesa a Ron y Luna, la rubia se encontraba explicando algo mientras su amigo solo escuchaba. No parecía estar aburrido, pero si algo incomodo por lo que sabía que le debía una por asistir al baile e ir con su amiga.
La velada siguió su cruzó como se debía, la cena termino con la llegada del postre y algunos presentes retomando el baile en la pista con una música más movida. Harry y Hermione seguían en la mesa charlando muy afectuosamente, tomados de la mano sin darse cuenta reían de lo que el otro comentaba. La noche estaba siendo un gran escape a toda la rutina y problemas de los días anteriores.
—Me encantan los pastelillos de calabaza —comentó Hermione.
—Lo sé, recuerdo que en el cumpleaños de Ron guardaste unos cuantos para después.
—¿Me viste?
—Claro, los guardaste en tu bolsa.
—Qué vergüenza —la castaña se llevo las manos a su cara toda apenada— ¿Qué pensaras de mi?
—Que eres muy generosa.
Hermione se destapó la cara para ver a su amigo, estaba atenta por lo que pudiera continuar diciendo.
—Te vi como le llevaste esos pastelillos a una camada de gatos recién nacidos —continuo—. Tú solo comiste uno de los que guardaste, y eso me cautivo.
—¿También viste eso?
Harry calló analizando sus palabras, viendo el momento en el que estaba. Se encontraba hablando de más, revelando cosas que ni el mismo sabía que había captado. Comprendió que el siempre estaba al pendiente de su amiga, que ella jamás le fue indiferente y que desde que la conoció su verdadera belleza lo cautivo. El tiempo solo hizo que se fuese enamorando de ella.
—¿Por qué te has quedado callado?
—Hermione, quiero decirte que tú me…
—¡Hola!
Ginny interrumpió al pelinegro antes de que este pudiera decirle a su amiga lo que sentía, lo cual lo irritó por quitar tan ameno momento.
—Hola, Ginny —saludaron.
—Me preguntaba si me podrías prestar a Harry para un baile.
—¿Cómo? —Harry miró a Ginny incrédulo—. No puedo, Ginny, mi pareja es Hermione
—Solo es un baile, no pasa nada —la hermana de Ron les miraba con suplicio— ¿verdad, Hems?
La castaña miraba a su amiga que le enseñaba los dientes con su sonrisa marcada, y sus ojos esperanzadores por una respuesta afirmativa.
—Ve, Harry, solo es un baile.
—Pero Hermione…
—No te preocupes, aquí te espero.
Dudando el pelinegro acepto la invitación de Ginny quien pronto se lo llevó del brazo hacia la pista de baile. Le pareció extraño que su amiga accediera cuando la estaban pasando bien, pero pronto entendió que lo hacía para que su pelirroja amiga no se sintiera. Siendo del mismo equipo, y la líder, debía ser cauta e inteligente. Pero también lo hacía porque eran amigas, y no sentía que fuese algo malo el que su pareja concediera un baile.
—No temas, Harry, sé bailar.
—Me alegro.
La música sonaba y ellos bailaban, la pelirroja muy animada y el pelinegro sin perder de vista a Hermione quien estaba sola en la mesa. Fleur que se encontraba a su lado no le prestaba atención, solo charlaba con Catherine ya que sus parejas habían ido por algo de beber. Pero sin previo aviso, Víctor se acercó a donde su castaña le esperaba. Los vio intercambiar unas palabras y después su castaña se levanto de su asiento y siguió al de Durmstrang. Los siguió con la mirada, pero al poco les perdió el rastro por tantas personas en el Gran Comedor.
Cuando la música termino, Harry se disculpo de Ginny y se puso en búsqueda de Hermione. Se dio una vuelta por todo el Gran Comedor sin dar con ellos, lo que le hizo acelerar su corazón y sentir su sangre hervir. Se dirigió a la gran entrada y salió al vestíbulo donde algunos hechiceros estaban reunidos para escapar del ruido de adentro.
—Amigo —Ron y Luna se acercaron— ¿Qué haces solo?
—Buscó a Hermione, ¿la han visto?
—No, yo no.
—Yo si —dijo Luna— La vi con Víctor que se dirigían al campo de flores de la plaza central.
—¿Al campo de flores?
—Amigo, debemos ir por ella —Ron se dispuso ir con Harry cuando alguien le detuvo.
—Creo que Harry es el que debe ir —dijo Luna, con determinación—. El es la pareja de Hermione.
Ron acepto a regañadientes, mientras Harry le agradeció a Luna y salió del castillo por la puerta que tenía enfrente. Estaba seguro que Víctor tenía un interés especial en su amiga, y que al verla sola aprovecho el momento para estar a solas con ella. Su única pregunta era el porqué su amiga lo había acompañado.
El ir pensando en las intenciones de Victor Krum ayudo a que el camino al campo de flores del castillo fuese corto. Al llegar al campo vio que Hermione estaba sentada en un banca junto con Víctor, la noche le brindaba un buen camuflaje que ni los faroles de la plaza, las estrellas o la luna podía evitar; consiguiendo pasar desapercibido. Primero quiso interrumpirlos, pero la curiosidad le gano y quiso ver qué era lo que el de Durmstrang planeaba.
La plática no parecía amena, el rostro de Hermione denotaba molestia y el de Krum vergüenza. Nunca creyó que un tipo duro como él se mostrase sensible enfrente de una mujer, y lo que esta le pudiera estar diciendo. En el momento que vio como el campeón del norte sujetaba las manos de Hermione quiso saltar y revelar su presencia, pero se detuvo cuando su amiga aparto sus manos y le dijo algo con un rostro serio. Estaba muriendo por saber lo que estaban hablando, si él estaba implicado en aquella plática o si era un rechazo de una declaración de amor.
Lo que fuese que estuvieran tratando había terminado, Víctor se levantó de su asiento y con una ligera reverencia se despidió de la castaña. Al retirarse la joven se quedo sola en la banca, mirando por donde su compañero se había perdido. Harry al verla que se levantaba de la banca salió de las sombras que lo cubrían.
—¡Hey! Te estaba buscando.
—¡Harry! —Hermione estaba nerviosa— ¿Cuánto llevas allí?
—Lo suficiente para ver como Víctor se iba.
—Lo siento, Harry —la hechicera clavó sus ojos en su amigo—. Víctor me engaño diciendo que me necesitaba para ayudar a su acompañante…
—No te preocupes, no me tienes que explicar nada —el alquimista se aproximó a su amiga—. Mientras no te haya hecho nada malo todo está bien.
—Quiero que sepas —Hermione dejó de estar nerviosa—. No quiero que te hagas una mala idea.
—Se te confesó.
Su amiga palideció al ver que había acertado, era evidente las intenciones y sentimientos que expresaba Krum como para no saber bien lo que estaba tratando. Harry lo entendió una vez que el de Durmstrang partió con un semblante derrotado.
—Lo has rechazado y el cordialmente se ha retirado.
—Sí, es que no lo conozco —sonrió la joven—. No sé como creyó que aceptaría además, me interesa alguien más.
—¿No seré yo?
Hermione quedó congelada en su lugar por el atrevimiento de Harry al decir lo que pensaba, un aspecto no muy característico en él en ese ámbito. Nerviosa la joven comenzó a jugar con los dedos de sus manos entrelazadas, dudando en responder esa pregunta, pero pronto fueron rodeadas por las de su amigo.
—Hermione, quiero que sepas que estoy enamorado de ti —confesó el alquimista con un valor digno de un Gryffindor—. Desde que te conocí me has gustado, pero que con el tiempo me has enamorado.
La castaña estaba aturdida por lo que sus oídos estaban escuchando, era como si no creyera que estuviera sucediendo; como si fuese un sueño. En tanto, Harry estaba sonriente por su confesión mientras admiraba a Hermione ser bañada con la luz plateada de la luna. Sus corazones empezaron agitarse con el contacto de la piel del otro, sus pupilas se aclimataban a la noche estrellada, y sus cuerpos buscan el refugio en el del otro con insistencia.
—¿Hablas enserio, Harry?
—Si no me crees a mí, créele a mi corazón.
Harry colocó la mano de su amiga sobre su pecho para que sintiera el latir de su órgano vital, de aquello que le permita vivir, y, sobre todo, poder amarla por completo. Hermione al percibir aquellos golpeteos en el pecho de su amigo no pudo evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja.
—No lo puedo creer —la castaña ocultó su rostro en el pecho de su amigo para que este no pudiera ver el sonrojo de sus mejillas—. Tú también me has enamorado, Harry. Desde hace tiempo que lo has hecho.
—Me alegra saber eso —la abrazó con toda la ternura posible.
Al fondo, en la distancia, una suave balada comenzaba a sonar desde el interior del castillo donde el baile continuaba. Harry apartó un poco a su amiga y con esa dulce sonrisa, que nada podía borrar, le tomó de su mano derecha como era la cortesía en esos tiempos para solicitar un baile formal.
—¿Me permitiría esta pieza, mi lady?
—Será un placer, caballero —la castaña sujetó su falda e hizo una ligera reverencia de cortesía.
Harry y Hermione se acoplaron al otro sin ningún problema, sus cuerpos parecían conocerse a la perfección, y comenzaron a dejarse llevar por la melodía suave que provenía del interior del castillo. La luna y las estrellas les brindaban una atmósfera romántica, los faroles como por magia bajaron su intensidad para brindar una mayor privacidad y, como intuyendo un romance, hadas aparecieron sobre sus cabezas espolvoreando destellos dorados y plateados que caían como lluvia por toda la plaza del castillo.
La pareja asombrada observó a las hadas que sobre sus cabezas danzaban como para brindarles esa compañía que faltaba en aquella mágica noche de navidad. Compartiendo y admirando lo que sus corazones sentían en ese momento de la noche.
Hermione volvió a refugiarse en el pecho del alquimista, y Harry reposó ligeramente su cabeza a un costado del de su amiga; ambos sentían como el tiempo se detenía con una magia más poderosa que cualquiera que se pudiera conjurar. Con pasos cortos se desplazaban en un solo punto bajo la luna, testigo de su amor naciente, y bajo las ciento de estrellas que centelleaban como aplaudiendo por ese romance tan puro que se tenían.
—Eres tan hermosa, Hermione —susurró Harry.
—¿Será porque te gusto?
—No me gustas —Harry consiguió separar a su amiga de su pecho, y posando su mano en la barbilla de la castaña le obligó a verle a los ojos—. Me encantas.
Como si sus labios tuvieran un campo de gravedad se fueron acercando poco a poco, conteniendo esa necesidad abrumadora de probar los labios del otro. Hipnotizados por la esencia que emanaban, sus labios se posaron en los que anhelaban en sueños y en una nueva danza de emociones el beso fluyó suave, cálido y muy tierno. La música estaba llegando a su final, pero su amor apenas comenzaba sonar en sus corazones con cada latir. Al separarse para obtener el oxigeno que perdieron, la pareja se sonrió en confidencia y se miraban como solo un enamorado puede ver a su ser amado.
—¿Esto nos convierte en novios?
—No sé, creo que necesito asegurarme bien antes de dar una respuesta.
La castaña volvió atraer a Harry que gustoso retomó el beso que tuvieron que interrumpir; y bajo la luna llena, la estrellas y las hadas de cómplices, los hechiceros sellaron su amor con la muestra más pura que pudiera exisitir.
Bueno, he vuelto más rápido de lo que imagine y eso me encanta porque hemos llegado a un capitulo muy especial. Imagino que si están aquí es porque ya lo leyeron, así que espero que para este punto estén igual de emocionados que yo por la nueva relación que se ha concretado. Este es el capitulo más extenso de esta historia, y es que siendo uno muy especial no estaba para menos. Pero lo que quiero saber es que tal les pareció el capitulo, ¿les gusto? ¿eran lo que esperaban? ¿deseaban algo diferente? Díganmelo en sus reviews.
El siguiente capitulo permitanme les adelantó que esta emocionante, y, a mi parecer, cargado de adrenalina. Sé que lo digo porque es mi historia, pero en verdad me ha encantado el capitulo que escribí y ojala que cuando lo lean también les guste. Otra cosa antes de despedirme, y me estoy adelantando un poco, el capitulo anterior es muy importante para que no le pierdan de vista. Y recuerden que todo esto tiene como base a su predecesora "El Alquimista" y cosas que pasaron allí que no lucían importantes repercutirán pronto. Bueno, nos leemos en el próximo capitulo, y prometo que a partir de ese responderé a sus reviews mediante mi nota final ya que varios que me leen no están logeados en FF (Si se dice asi? XD)
Sin más por decir
Au Revoir.
