31
Los días transcurrieron muy rápido después del baile de navidad, y con la noticia reciente corriendo por el castillo de la relación de Harry y Hermione el asunto de la prueba pasó en un segundo plano por aquellos días.
La nueva pareja sensación del castillo, los dos mejores aurores de su generación, seguía siendo como siempre en su comportamiento. El alquimista estaba agradecido por aquello, la relación con Hermione no había cambiado en lo absoluto. Eran los mismos de siempre el uno con el otro, pero ahora todo era mejor y podían mostrar su afecto sin problema alguno.
Se les veía felices por los pasillos, corredores, vestíbulos y cualquier parte del castillo. Tomados de la mano, abrazados o solo muy juntos.
En aquella mañana libre por ser víspera al evento de la segunda prueba, la pareja se encontraba a las afueras del castillo. Sentados bajo un arce blanco de hojas amarillas, la pareja se acurrucaba en el cuerpo del otro mientras veían a sus amigos jugar con la nieve que la noche anterior había caído del cielo.
Luna, Ronald, sus hermanos los gemelos y Ginny se lanzaban bolas de nieve en una dura batalla iniciada por Fred. La pareja estaba feliz de que la mayoría de sus amigos tomaran con buena actitud su relación, solo Ginny fue la excepción y por tal trataba de evitarlos lo más que pudiera. Pero eso era un problema que después solucionarían, esos días su felicidad debía ser disfrutada antes de volver a los deberes de ser un auror.
—Este es un hechizo aturdidor muy potente —Hermione apuntó a donde el conjuro se escribía en letras negras sobre la hoja del libro que leían—. Fue prohibido por el ministerio hace no más de dos siglos.
—¿Crees que si lo uso mañana me descalificaran?
—Es lo más probable.
—Tal vez si te echo la culpa no lo hagan —bromeó el pelinegro.
—¿Culparías a tu novia?
—Solo si no me diera un beso.
—Eso es chantaje.
—Llámalo como quieras.
Harry atrajo a su novia y le plantó un cálido beso que provoco que Fred y George lanzaran sus bromas al verlos expresar su amor. Los gemelos eran parte del equipo de Lamark, pero no fueron requeridos para la misión en la que se encontraba su amigo. Por ese motivo los gemelos aprovecharon para pasar más tiempo con sus hermanos.
—Vayan a un cuarto —gritó Fred.
—Si siguen así derretirán la nieve a su alrededor —George bromeó.
Harry solo se limitó a mover su mano para que no los molestaran, pero no surtió mucho efecto y escucharon otras bromas más por parte de sus amigos. El descuido lo pagaron caro con un par de bolas de nieve que impactaron en el rostro de cada uno. Luna y Ron, que eran un equipo, aprovecharon el momento para vengarse de los gemelos.
Entre risas y plática el juego prosiguió dejando en paz a la pareja que dejaba de besarse y volvían al libro que compartían.
—¿Estas nervioso?
—No, creo que me irá bien.
—Sé que han entrenado mucho —Hermione observo a la rubia que se cubría detrás de Ron, quien sofría una lluvia de bolas de nieve por parte de sus tres hermanos—, pero no quiero que se confíen y resulten lastimados.
—No es confiarnos, Herms, es solo que sabemos lo que podemos hacer.
—A mi me preocupa lo que los otros puedan hacer.
Harry se separó un poco de su novia, le encantaba que se preocupara por su bienestar y el de su rubia amiga. Le miro a los ojos y le sujeto de su mano para acariciarla con esa ternura que se toca el pétalo de una flor.
—En una batalla siempre habrán sorpresas —Harry pasó su vista hacia Luna—, conocemos los riesgos y por eso nos hemos preparado.
—Sí, tienes razón —Hermione se sintió más segura—. Confió en ustedes.
—Excelente —el alquimista se levanto de su lugar y le ofreció su mano a Hermione—. ¿Nos unimos a la batalla?
La castaña aceptó gustosa el ofrecimiento de su novio, ambos tomaron nieve entre sus manos y la hicieron una bola. Corrieron en dirección hacia el combate y arremetieron contra los gemelos y Ginny que acribillaban a Ron.
Ese día fue uno de los mejores, despejaron sus mentes sobre la segunda prueba y disfrutaron la compañía de sus amigos y pareja. No sabrían cuando un momento como aquel se podría volver a repetir, y estaban dispuesto a disfrutarlo todo lo que fuese posible.
32
El día de la segunda prueba llego tan pronto como la navidad terminó, y los aurores de las diferentes academias se dirigían hacia el lugar establecido una semana anterior. Los campeones fueron informados que tenían que ir hacia la orilla del lago al norte del castillo.
Cuando Harry y Luna acompañados de sus amigos fueron al punto solicitado, se encontraron con un panorama abrumador. Al norte del castillo, y sobre el agua del lago, un enorme coliseo hacia su presentación con una imponente estructura. Estaba claro que en ese lugar nadie se quedaría afuera para perderse los tres combates que se llevarían a cabo aquel día.
Cientos de aurores con diferentes escudos e insignias transitaban por la orilla del mar, en búsqueda de una de las barcazas que los conducirían hacia los muelles del exterior del coliseo.
Harry y Luna tuvieron que separarse de sus amigos, Bartemius y sus acompañantes solicitaron la presencia de los campeones en un punto apartado. El alquimista se despidió de su novia con un tierno beso, y palabras de buena suerte por parte de ella y sus amigos para él y Luna.
—Bien, todos aquí en circulo —solicitó el organizador una vez los campeones estuvieron con él—. Vamos aclarar unos puntos.
—¿Cómo cual será el primer duelo?
—Exacto, pero eso es mínimo —Bartemius observó a cada uno—. El orden es básico, como fueron llegando la primer prueba se llevaran a cabo.
—Vas primero, Luna —Harry le susurró a su amiga.
—Que emoción, ¿no crees?
Harry solo asintió, le hubiese gustado ir primero.
—Este duelo se vale de todo —esas palabras salieron como miel de su boca, pero entraron como veneno en los oídos de los campeones—, salvó por un par de reglas a seguir.
Bartemius explicó que antes del enfrentamiento cada uno deberá mostrar su varita en forma de cortesía, y harán una pequeña reverencia. Durante el duelo estaban prohibidas las maldiciones imperdonables, una sola lanzada, y aunque no de en su blanco, sería un boleto directo a la prisión de Azkaban. Y la ultima regla, una que no esperaban, era que en los primeros diez minutos de duelo las habilidades especiales que poseyeran estaban prohibidas; después de ese tiempo una campana sonara e indicara que en ese momento se podrán usar.
Harry entendió esa regla como un modo de dar oportunidad a los aurores sin habilidades como las suyas o la de su amiga. Pero también comprendió que esa regla no solo era por ellos, lo que no le indico que alguien más tenía habilidades. Lo curioso era que ninguno había mostrado algo en la primera prueba, que los puso al límite. Pudiera que alguno hubiera conseguido ocultar su habilidad, la que seguramente mantenía en secreto; al investigar a sus adversarios ninguno tenía historial de tener un extra en su magia.
La prueba soltaba su primera sorpresa, que puso a todos en alerta. En los ojos de cada campeón se mostraba que captaron la misma idea que el alquimista, lanzaban miradas furtivas a sus oponentes como queriendo revelar al que tuviera una habilidad especial.
—Dicho todo eso, partamos al coliseo.
Los campeones y organizadores subieron a una barcaza con el símbolo del torneo, y en pequeño el de las academias. El bote se comenzó a mover creando pequeñas olas a los costados, abriendo paso atraves del agua negra del lago. Harry admiro el imponente castillo que a sus espaldas se ergia como un gigante, algo en la torre más alta le llamó la atención; un reflejo de luz que destello por una fracción de segundos.
La mañana estaba iluminada por el sol naciente, pero eso no duraría mucho con las nubes grises provenientes del norte. Para la tarde el cielo se encontraría completamente sellado, lo que no le agradaba siendo su duelo para ese momento. Bartemius les indico que la mañana sería el primer encuentro, en la tarde el segundo y en la noche el tercero. Supuso que querían que el clima cambiante en ese parte del mundo aportara un extra al ambiente del duelo.
El torneo estaba plagado de sorpresas que solo en el momento se revelaban, tomando desprevenidos a los campeones como lo fue con el dragón y el huevo de oro. Esa sorpresa final, donde revelaron que se enfrentarían los equipos fue una buena jugarreta, enfrentarlos conociendo a su igual daría un buen espectáculo. Pero algo en su interior le indicaba que no todo había salido a lo acordado, en su mente seguía esa idea de que de los cuatro campeones de las otras academias algunos pudieran tener habilidades de magia que no revelaron en la primera prueba.
Una vez que la barcaza arribó al puerto especial para los campeones, cada uno fue bajando por una plancha hacia el muelle. Un grupo de los encargados de la segunda prueba los esperaban con esa formalidad que solo esos hechiceros podían demostrar; rostros serios y poses erguidas con sus brazos en sus espaldas.
—Bien, será mejor que se vayan a preparar —Bartemius se desvió del camino que los campeones habían tomado al seguir a los encargados—. Les deseo mucha suerte, los veo en la duela de combate.
Los campeones vieron partir al encargado principal seguido por esos dos hechiceros misteriosos que poco hablaban, pero todo observaban. Harry distinguió que antes de que se perdieran de su vista, la hechicera de larga cabellera obscura le dedico una mirada disimulada. Esos sujetos no le daban buena espina, siempre que los veía estaban mirándolo con esos ojos de cazador como examinando a su presa.
Los encargados de vestimenta de gala condujeron a los campeones a un cámara circular con una hoguera en el centro ardiendo con una escultura de dos varitas de oro colgando del techo. En la circunferencia se encontraban pequeñas alcobas divididas por telas transparentes de los colores característicos de cada academia. Un letrero flotando frente cada de los apartados indicaba de quién era ese pequeño lugar; el nombre y el escudo de su academia.
Harry se dirigió a su apartado cerca de la puerta que imaginaba daba hacia el campo de duelo. Luna estaba en el otro extremo, cada campeón estaba ubicado frente al adversario que le tocaba; era como si los encargados quisieran que se vieran cara a cara para imponer un reto. Estaba funcionando ese método: Víctor observaba con odio a Catherine, y ella lo miraba de igual manera. Luna ignoraba a Rulf, pero este no despegaba su mirada de la rubia y dibujaba una media sonrisa perturbadora. Siguió su vista hasta dar con Fleur que le miraba con un interés incomodo, cuando sus ojos se encontraron con los de ella la hechicera le guió un ojo.
Cada uno estaba haciendo su jugada, y al ver a la rubia de Beauxbatons entendió lo que estaba tratando de hacer. Su invitación al baile, los celos aparentes a Hermione y ahora ese coqueteo descarado solo eran artimañas para hacerlo dudar en el campo de duelo. No caería en esos juegos, y tampoco entraría en ellos. Lo mejor que podía hacer en esos momentos era acostarse en la cama donde se encontraba sentado y no prestar atención a nada.
—Buen día, Campeones.
El gran Maestre hizo su aparición por la entrada que anterior mente cruzó los tomó por sorpresa, y no había llegado solo. Madame Maxime, Karkarov, y dos encargados entraron seguidos. Cada uno de los maestre con un rostro diferente, y con una postura de rivalidad sana. Algo que no parecía haber entre los campeones.
—Solo hemos venido a desearles éxito en sus duelos.
Los campeones expresaron su gratitud de diferentes maneras, la mayoría con una indiferencia muy notoria que no pareció importarle a Dumbledore. El gran hechicero le hizo una seña con su mano a Luna para que se acercara, y otra a Harry. Ambos hechiceros acudieron al llamado, cada campeón era solicitado por su maestre.
—Harry, Luna —dijo al tenerlos cerca, y les sujeto a cada uno de un hombro—. Están en una de las pruebas más difíciles, quiero que estén completamente concentrados —su mirada atreves de sus anteojos era penetrante, lo que hacía más serias sus palabras—. Les han tocado adversarios muy poderosos, sean agiles y certeros.
—Puede confiar en nosotros, Maestre —la dulce voz de Luna le arrebato una sonrisa al anciano.
—Claro, ustedes son de lo mejor que tenemos.
Dumbledore echó una última mirada a Harry y procedió a retirarse con ese semblante sabio que le caracterizaba. Se reunió con los maestres que también terminaron de hablar con sus campeones, se despidieron y se retiraron del lugar sin decir una sola palabra más.
Los seis campeones parados en parejas se echaron un vistazo unos a otros debatiendo internamente lo que sus maestres les habían dicho. Pensando que es lo que el del otro pudiera haber aconsejado, o si sus propios consejos eran los indicados para aquella segunda prueba.
La puerta ubicada frente a la que usaron todos para entrar crujió dando aviso de que alguien estaba entrando. Un auror con el uniforme de Hogwarts los acomodó por parejas de duelo y en orden de cómo se llevarían a cabo, y les pidió que lo siguiera por la puerta.
Un largo pasillo de altas paredes de granito gris se extendió ante la presencia de los campeones, solo iluminado por lámparas de fuego amarillo emprendieron el camino hacia otra puerta al final. En el trayecto, Harry se fue fijando como el fuego de las lámparas de aceite iba cambiando de tonalidad; pasando del amarillo a naranja y terminando en un rojo intenso. Era como una advertencia del peligro al que se estaban acercando, y siendo un duelo se cuestionó que tan intensa se permitirá el combate.
—Hasta este punto los puedo seguir —el auror se tornó a los campeones—. Cuando abra la puerta saldrán y caminaran al centro, verán hacia donde este el escenario con los maestres y encargados del torneo —el hechicero se apartó y sacó su varita—. Esperen indicaciones de lo que deban hacer, ¿entendido?
Los campeones con un movimiento de su cabeza dieron a conocer que entendían las indicaciones, lo que hizo que el auror con un movimiento de su varita abriera la puerta que deslumbro a los hechiceros por la luz intensa de la mañana.
Desfilaron uno tras otro encabezados por Luna, los campeones se adentraron al centro de un inmenso coliseo repletó de aurores, hechiceros ajenos al castillo, y lo que parecía ser reporteros del diario el profeta. Tambores como de guerra se escuchaba por cada rincón del coliseo, y la festividad de los duelos resultó completamente diferente a lo que imaginaron. La decoración iba con banderas de los tres países de cada academia, chispas abrillantadas caían como una lluvia desde lo alto del coliseo y se perdían a medio camino, y jirones con los nombres de los campeones colgaban desde lo alto de los muros; bordeados con letras grandes de diferentes colores.
El campo era un círculo perfecto de tierra y rocas gruesas y altas, un ovalo se pintaba en blanco sobre la circunferencia del campo. Una cruz blanca se pintaba en lo largo y angosto del ovalo y en el centro un cuadrado de pintaba en negro. Ese sería el escenario de los tres combates que se librarían a lo largo del día.
En las gradas cientos de hechiceros vitoreaban a sus campeones, grupos creaban canticos para desprestigiar a los contrincantes del que apoyaban o solo para animar a los suyos. Era un ambiente festivo el que se vivía, en aquel terreno. A su derecha observaron que estaba un pequeño escenario de madera donde los Maestres y encargados del torneo les esperaban. Se formaron uno al otro creando una línea en dirección al escenario, guardaron la postura de auror y esperaron las ordenes de lo que procedía.
—¡Bienvenidos a la segunda prueba del Torneo de los Tres! —un hombre de edad, pero menos que la de Dumbledore, se aproximó a la orilla del escenario. Lo reconocieron como el ministro de magia, Cornelius Fudge—. Quiero presentarles a sus campeones.
El coliseo explotó en júbilo por la exitación de ver a los hechiceros batirse en un duelo, ansiaban ser testigos de grandes batallas. La presión de la expectación de los presentes se reposo en los hombres de los campeones que de reojo apreciaban a los cientos de fanáticos presentes.
—Esta mañana seremos testigos de nuestro primer combate —anuncio, precedido por los aplausos que pronto acalló—. Nuestros primeros combatientes serán: Luna Lovegood representando a Hogwarts contra Rulf Maximoff representando a Durmstrang.
Bajo el escenario unos guardias les indicaron a los campeones no mencionados que se aproximaran a donde ellos se ubicaban; Luna y su oponente se quedaron en su posición. Harry antes de partir le dedico una mirada a su amiga, quien con un ligero movimiento de su cabeza le indico que todo estaba en orden. Inquieto el alquimista se retiro y fue conducido por los guardia hacia una puerta de madera, que al abrirse aparecieron unas escaleras.
Al subirlas se dieron cuenta que solo daba hacia un solo lugar, una zona de las gradas especiales solo para ellos, y personas especiales. En el lugar Hermione y Ron le esperaban en una zona restringida para los acompañantes de los campeones de Hogwarts; para los otros campeones era igual, y cada uno tenía a sus propios invitados.
Se aproximó a sus amigos y tomo asiento en medio de los dos, ambos estaban animados por tenerlo con ellos.
—¿Qué hacen aquí?
—Dumbledore nos dijo que podíamos estar contigo para observar la primera prueba —contesto su novia—. Igual somos acompañantes de Luna.
—Me alegra, no me gustaría estar solo en estos momentos de tensión.
—Tranquilo, amor, Luna estará bien.
—No me acostumbrare a esto —bromeó Ron.
Harry y Hermione se sonrieron por la ocurrencia de su amigo.
—Bien, que comience el primer duelo —anunció Cornelius.
Al escuchar al ministro, Harry y sus amigos pusieron su atención hacia el campo de duelo donde Luna y Rulf se acomodaban en sus posiciones dentro de aquel ovalo. La rubia no lucia preocupada ni intimidada por aquel hombre grande, fornido y con rostro de asesino.
—Anunciaron que en los primero diez minutos no podrán usar sus habilidades extra mágicas —Ron observó a su amigo.
—Lo sé, no los comentaron antes de llegar aquí.
—Luna es buena con los conjuros, pero ese Rulf es muy diestro —el pelirrojo se notaba preocupado.
—No te preocupes, te sorprenderá lo que puede hacer Luna.
Ron y Hermione se miraron intrigados por el cambio de emoción en el pelinegro, quien momentos antes estaba tenso. Pero lo que no sabían era que se encontraba de ese modo por tener que esperar tanto tiempo para su enfrentamiento, el lo quería pronto y demostrar de lo que podía ser capaz.
—¡Duelo!
Una voz extraña retumbo por cada esquina del coliseo, y como siendo una alarma los hechiceros en el campo comenzaron a lanzarse conjuros de todo tipo. Rulf fue el primero en lanzar dos expelliarmus, los cuales Luna consiguió detener con un contra hechizo. Las grandes rocas salientes del suelo del terreno servían de escudos y, siendo inteligente y audaz, como armas que podían hacer explotar para sacar de balance al contrincante. Método que la rubia utilizo para dejar ciego por unos momentos al de Durmstrang, pero fue muy fuerte que logro resistir un desmaius.
El coliseo estallo en asombro al ver que Rulf salía del polvo de la roca desintegrada sin muestra de caer en el efecto del conjuro. Luna abrió sus ojos de la impresión, reconocía la fortaleza de aquel hombre, pero no imagino que resistiera un hechizo aturdidor tan potente.
—¿Eso es todo, pequeña? —se bufó Rulf.
—Ven a descubirlo —le retó.
Molestó por la expresión tranquila y soñadora de su oponente, el de Durmstrang corrió hacia la dirección de Luna con su varita lanzando chispas y rayos de conjuros. La de Ravenclaw con grandes movimientos de su varita fue cortando los hechizos de su oponente, que al tenerlo ya tan cerca lanzó un defodio al suelo. El terreno se fue abriendo creando un gran pozo por el que casi cae el hombre, tambaleándose en la orilla fue el momento en que Luna conjuro un confundus que impactó de lleno en el hombre calvo.
Rulf cayó hacia atrás sobre el terreno golpeando fuerte su espalda, pero estando confundido por el hechizo de Luna no sintió nada. El coliseo estaba muy emocionado en ese momento por la habilidad de combate que mostraba la chica de ojos soñádores. Los de Hogwarts comenzaron a vitorear el nombre de su compañera, fuese que la conocieran o no estaban apoyándola.
—¡Vamos, acaba con él! —gritó eufórico Ron.
Harry y Hermione sonrieron al ver al pelirrojo tan animado apoyando a Luna, y es que se llevaban bien por estar en el mismo equipo, pero nunca lo había demostrado del todo el más pequeño varon de los Weasley.
Luna con cuidado rodeo el pozo que había creado para detener a su oponente, que seguía tirado inconsciente sobre el terreno. Que no anunciaran su victoria solo indicaba que este seguía en combate, y una vez que estuvo cerca Rulf despertó con una sonrisa malvada y conjuro un ataque que lanzó lejos a la rubia; salió disparada hacia una roca con la que se impacto muy fuerte.
Con el aire fuera de sus pulmones y la espalda adolorida, Luna cayó al suelo sujetando sus costillas y respirando agitada.
—No sé si lo has notado, pequeña, pero soy muy resistente a los ataques —Rulf se paró a escasos y peligrosos centímetros de Luna, lo que disparó la preocupación de los suyos— Episkey —curó las heridas de la rubia para sorpresa de todos los espectadores—. Dijeron que se valía de todo, y aun quiero divertirme con ella.
—Eso puede ser un error —Luna se levantó con un rostro calmado.
—Sé de lo que eres capaz —extendió los brazos para retarla—. Quiero humillarte al vencerte con tu mejor magia.
Una campanada sonó por el coliseo anunciando que las habilidades especiales de magia estaban permitidas. Rulf sonrió y Luna se limpio sus labios llenos de tierra, ambos hechiceros estaban dispuestos a todo.
—No lo creo, ¿acaso cree que pueda derrotar a una convocadora?
—Se ve muy confiado, Ron —Hermione estaba expectante a lo que sucedía en el campo.
—No se preocupen, Luna sabe lo que hace.
Hermione y Ron vieron a Harry que en su lugar se encontraba relajado con sus brazos cruzados. Parecía que disfrutaba de ver el duelo, y si él estaba confiado sus amigos sintieron que debían estar lo igual. Sin embargo, lo que sus ojos apreciaban no les permitían relajar un solo musculo tenso por la preocupación de su amiga.
En el campo se retomaron las acciones de combate, donde la rubia no estaba haciendo uso de su libro mágico. Lo que llamó la atención de sus amigos, y quienes la conocían. Los diez minutos habían transcurrido lo que indicaba que estaba permitido que usara todo lo que tenia, pero por algún motivo la convocadora no hacía uso de su mejor magia.
Se lanzaron hechizos a diestra y siniestra haciendo explotar rocas, suelo y los muros de contención que dividían el campo de duelo con las gradas. Uno que otro hechizo se escapaba hacia los espectadores, pero un campo mágico los protegía para que no salieran lastimados. Lo que hacía que el duelo fuese más intenso al evitar tener que cuidar hacia donde lanzaban sus conjuros.
El combate se llevaba por todo lo extenso del campo de duelo, no hubo un rincón que se escapara de llevar el duelo. Uno donde Rulf estaba llevando la ventaja, siendo muy rápido en lanzar hechizos y resistir los que impactaban en él.
—Puedes estar confiado, Harry, pero no me gusta lo que veo.
—Ron, deberías ser más perceptivo.
—¿Disculpa?
—Harry, ¿sabes algo que nosotros no?
El alquimista se giro hacia gradas arriba para cerciorarse que nadie los escuchara, en especial los de Durmstrang; que estaban lo suficientemente arriba como para escucharlos, sin mencionar que estaban muy al pendiente del combate.
—Luna tuvo que corregir su estrategia —dijo, en un susurro—. Está debilitando a Rulf.
—¿Qué no sería mejor con la convocación?
—Rulf es muy resistente, y el convocar necesita de tiempo —Harry no perdia detalle del combate—. Lo está llevando a donde quiere.
—Y, ¿eso donde es?
—Al límite de su capacidad de resistencia.
Luna se ocultaba detrás de una gigantesca roca solida, miró su dedo anular y acaricio su anillo de oro. El libro se encontraba esperando a ser utilizado, pero eso requería tiempo y paciencia; si es que quería ganar tenía que hacer que Rulf se confiara. Sintiendo el peligro hizo su aparición, convirtiéndose en un vapor blanco se transportó otro punto, justo en el momento en que la roca explotaba en cientos de trozos.
Rulf la estaba cazando a su placer sin pensar que todo eso era una trampa, solo estaba centrado en jugar con Luna; a la que quería obligar usar su convocación.
—Vamos, pequeña, usa tu librito —Rulf la buscaba por todos lados, que por la explosión no distinguió en qué dirección se fue la estela blanca—. Que cobarde eres, se nota que los de tu tipo son unos ineptos.
—Expulso —la rubia salió de su escondite proyectando el conjuro.
El hechizo dio en el hechicero que salió disparado varios metros, cayendo en el suelo donde se arrastro unos centímetros. Al erguirse vio como su cara sangraba por las piedras que rasgaron su rostro, eso le irritó.
—¡Maldita!
—¿Aun crees que necesito mi libro?
—Eres buena, lo admito, pero no lo suficiente para vencerme.
—Si así lo quieres.
Luna extendió su mano derecha que tenía el anillo que resguardaba su libro mágico, pronuncio unas palabras en un idioma olvidado y una luz destello a la vez que la figura pequeña del libro se desprendía del anillo. Conforme se alejaba el tamaño aumentaba considerablemente hasta tener el normal en un libro. La rubia lo sujetó entre sus manos, y le echo una mirada retadora a su oponente que parecía satisfecho.
—Justo como lo deseaba.
—Te arrepentirás.
—No te equivoques, te humillare —Rulf elevó su varita— Inmobilus.
El hechizo de Rulf dio directamente en la rubia que se quedo inmóvil en su lugar, dejando caer su libro al suelo ante la mirada atónita de los presentes. El de Durmstrang saboreaba el momento con un gusto que se noto en esa lengua que remojó sus labios. Sus ojos brillaban de una forma especial como de quien está por gozar de una buena comida. Caminó con tranquilos y cortos pasos, prolongando el momento de su victoria, adoraba ese sabor tan dulce que para él era como degustar un chocolate blanco.
En las gradas Hermione y Ron estaban alarmados por la situación de su amiga, quien estaba a merced de lo que dispusiera el hombre del norte. El pelirrojo estaba en el borde de su butaca, sujetando el parapeto del muro de contención que tenía enfrente, sus dedos si hubieran tenido más fuerza destrozaría el ladrillo recocido.
—Luna esta por perder —comentó un impotente Ronald—. Debe haber algún modo de que salga de este embrollo.
Hermione con sus manos entrelazadas giró hacia su amigo para ver lo frustrado que estaba de la desesperación.
—Aunque no lo podamos creer, ha caído en la trampa de Rulf.
Ronald volteó hacia su mejor amigo, quien solo estaba observando con atención el combate en un silencio sepulcral. Con una pasividad que nunca antes habían visto en él, resultaba irreconocible con ese carácter tan frió ante una situación en la que un amigo cercano estuviera por perder.
—Creí que habías dicho que estaba donde lo quería.
Harry siguió quietó en su silla con los brazos cruzados, no se notaba tenso ni asustado por la situación de su amiga; quien estaba inmovilizada frente al auror de Durmstrang. El pelirrojo no podía comprender aquella tranquilidad tan desmesurada de su amigo. La evidente realidad de como Luna estaba por perder, y la forma en que estaba sometida, no hacían sentir al alquimista ni un atisbo de preocupación lo que irritaba a Ron, que tenía el rostro rojo como su cabello. Hermione por su parte analizaba a su novio con detenimiento, intuía que él sabía algo que ellos estaban pasando por alto, un evento que ante sus ojos paso desapercibido. Solo esperaba que eso que lo tenía tan templado sacara del problema a la rubia.
En el campo Rulf con una expresión de júbilo estaba a centímetros de la convocadora, gozando que no pudiera mover ni un solo musculo de su cuerpo; disfrutando con un mayor deleite que podía escuchar, ver y sentir todo lo que él se dispusiera hacer en ese momento. Se agachó para tomar el libro mágico de Luna, sus manos ante el contacto del objeto pudo percibir un aura especial que se emanaba de la pasta dura. Lo alzó en lo alto para alardear con todos los presentes para que fueran testigos de su victoria inminente, y lo colocó enfrente de los ojos de su portadora para que presenciara lo que tenía planeado hacer con el libro.
—Sin esto no podrás usar tu magia —dijo— Has perdido, pequeña.
El hechicero con su otra mano reposó la punta de su varita en la portada dura del libro de su oponente, y conjuró el hechizo incendio. Una flama encendió el libro que pronto comenzó arder, consumiéndose entre el fuego su existencia se fue tornando en cenizas que caían al suelo, agrupándose en un pequeño montículo a los pies de su portadora.
Luna, quien presenciaba tal atrocidad, no pudo contener sus lágrimas. Sus ojos fueron bañando su rostro para el deleite completo de su oponente que irrumpió en una risa macabra. Las lágrimas de la convocadora recorrían con tristeza sus mejillas para morir en su barbilla, suicidándose al caer al vacío y perderse entre las cenizas a sus pies.
—Has perdido.
¡Hola!
Me da gusto ver que les ha encantado el capitulo anterior, con esa sorpresa de que Harry y Hermione si fueron juntos al baile de navidad y avanzaron en su relación. Como les mencione, hasta el momento es el capitulo más largo de esta historia y fue hecho especialmente para todos los que nos gusta esta pareja. Espero haber cumplido. Y bueno, ya este capitulo como han podido leer es más de acción con el inicio de la segunda prueba. ¿Que tal ven esta contienda entre Luna y Rulf? En lo personal me la pase muy bien escribiendo el duelo, y lo que esta por venir. Ya estamos entrando en la parte de la historia donde vendrán muchas sorpresas así que estén al pendiente n.n
Como lo prometí en el capitulo anterior, responderé sus reviews por aquí:
HikariCaelum: Algo me decía que este capitulo te encantaría, y me alegro por ver que así fue. Leer tu review me ha sacado una enorme sonrisa porque justo lo que quería provocar con el capitulo anterior era exactamente eso, una alegría por Harry y Hermione juntos. Sigo creyendo que me falta en los momentos románticos "ese no se que", pero me alegra tu comentario de que lo hice bien; eso me motiva jajaja. En verdad espero que disfrutes de este nuevo capitulo, y prometo que habrá mas momentos Harry-Hermione.
D. Vie: Creo que no serás la única que este sea el capitulo que más les haya gustado jajaja, para eso fue escrito. Quiero agradecerte por leer mi historia, y que me hayas comentado. Espero leerte más frecuente, me encanta conocer sus opiniones. Pásate por la otra historia que dio pie a que saliera esta que estas leyendo, puede que entiendas mejor la trama y porque de ciertos eventos. La historia se llama "El Alquimista".
HGHP95: Me da gusto saber que te a encantado la historia, y tienes razón en que Ginny se tendrá que aguantar. Pero cuidado que cada acción conlleva a una reacción, y solo lo dejo hasta allí jajajaja. Lo de Ron y Luna esta allí por si me animo a juntarlos, si, no lo tengo aun planeado jajajaja. Espero de verdad que este nuevo capitulo te guste casi como el anterior jajaja.
Loquin: Desde hace mucho que este capitulo ya estaba planeado, pero como no podia decir nada les deje que tuvieran esa incertidumbre de si no irían juntos al baile. Agradezco tus palabras, ojala y consiga poder seguir llevando una historia que les entretenga, y bueno, con este capitulo ya lo veremos jajaja. Saludos.
Bueno, creo que es todo por el momento. El siguiente capitulo ya esta completo, y si todo va bien lo planeo subir para eso del próximo martes.
Sin más por decir
Au Revoir.
