39

El caos se desato cuando de la figura tenebrosa del cielo emergieron humaredas negras que se dirigieron a varios puntos del coliseo y zonas circundantes. Hechizos y conjuros no se hicieron esperar cuando hechiceros y hechiceras en túnicas negras y capas en punta se materializaron, sus rostros cubiertos por mascaras mortuorias de plata cubrían sus identidades. Los aurores repelían la agresión como podían, habían sido tomas por sorpresa por lo que muchos cayeron demasiado rápido.

Harry al ver como un grupo de humaredas se les aproximaba tomó a su castaña de los hombros y se lanzó con ella al suelo, ante poniendo su cuerpo para protegerla. Varios destellos de luces impactaron en las cercanías haciendo estallar las gradas. El alquimista busco con la mirada a sus demás amigos, pero el polvo y el constante ataque no le permitían levantar mucho su cabeza sin correr el riesgo de ser alcanzado por algún hechizo mortal.

Gritos, conjuros, explosiones eran la sinfonía del final de una prueba y el inicio de un desastre. Una vez que los ataque cesaron en su zona, Harry se levantó un poco de su lugar para ver por el parapeto del muro. Sus ojos fueron testigos de un campo de batalla, donde aurores arremetían contra esos hechiceros de túnicas negras y máscaras.

—Son Death Eaters —escucho decir a Hermione—. He visto su indumentaria en los libros de historia.

—¿Death Eaters?

—Seguidores del señor de las sombras —consteso Ron, que se arrastraba detrás de Luna hacia ellos—. Son peligrosos, no puedo creer que aun estén en activo.

—¿Cómo? ¿Qué no acabaron con el ejército del señor de las sombras?

—No, Hermione, muchos se escaparon —informó el pelirrojo—. Demonios, no quedaban muchos no entiendo cómo es que hay tanto ahora.

Harry echo un vistazo a su alrededor, fácilmente habían más de dos centenas de hechiceros atacando la academia. No puedo evitar recordar su sueño, y como todo estaba siendo igual a lo que vio en él. Solo que mucho peor siendo la realidad.

—Debemos ayudar a los demás —dijo una Luna serena—. Somos aurores, no debemos de estar escondiéndonos.

—Cierto, vayamos.

Los amigos se levantaron de su lugar y se brincaron el parapeto para ayudar a sus camaradas que libraban la batalla en el campo de duelo. Habiendo tantos cuerpos debían tener cuidad donde lanzaban los hechizos, y sobre todo cuidarse del fuego cruzado.

Harry y Hermione fueron los primeros en adentrarse en el combate, seguidos por Ron y Luna, que al poco se separaron por la revuelta. El alquimista necesitaba estar más concentrado, debía esquivar y atacar, pero sin despegar un ojo de su novia. Pero pronto vio porque ella era la mejor de su generación, sus movimientos eran limpios y agiles al momento de esquivar y atacar. Con una facilidad que pocos mostraban en ese momento, Hermione acabo con tres hechiceros casi de un solo golpe. Eso le ayudo a concentrarse en su propia pelea, su novia no era ni una damisela en peligro y eran los Death Eaters quienes se debían de preocupar.

Seguidores del señor de las sombras y Aurores caían por todo el terreno, y estaba seguro de que la mayoría sin vida. El combate se estaba tornando peligroso, el coliseo estaba siendo destruido y pedazos de roca y mortero caían desde el cielo. Harry estaba cansado, pero la adrenalina lo tenía de pie luchando junto a los suyos.

El agotamiento por su propio duelo en la tarde de aquel día no le permitía poder usar del todo su alquimia, hacerlo podría salir mal tanto para él como para los suyos. Se limitó a lanzar los mejores hechizos de su conocimiento, y con maestría iba sometiendo a los Death Eaters.

La revuelta era tanta que no se percató cuando se alejó de su castaña y amigos, estaba solo rodeado por cuatro Death Eaters, pero recordó las trampas que había colocado cuando se enfrentó a Fleur. Se preguntó su aun estarían en el terreno, con sumo cuidado y sin que lo tomaran como agresión sus atacantes levantó sus manos. Sintió la presencia de la alquimia, entorno la vista y no viendo a ningún compañero se aventuró a convocar su magia.

Pyramid Prædam.

Del suelo placas triangulares de roca maciza emergieron apresando a los hechiceros de túnica negra, sus cuerpos quedaron estrijados por las paredes de las pirámides y sin poder moverse. Harry al ver sometido a sus oponentes observó a lo lejos a Luna, quien fue lanzada sobre la pared de contención del campo de duelo. Dos Death Eaters se aproximaban hacia ella con un porte asesina, saboreando a su presa. Con un miedo recorrer sus venas se echó a correr hacia donde su amiga, y como en cámara lenta vio como uno de los de túnica negra levantaba su varita y le apuntaba.

Se hizo vapor y se transportó hacia la ubicación de su amiga, pero no alcanzaría a llegar a tiempo. Cuando el hechicero estaba por convocar el conjuro de la muerte una tercera presencia se hizo detrás del atacante, con un hechizo aturdidor el hechicero cayó derrotado. Su compañero arremetería contra el hombre calvo de Durmstrang, pero Harry llego a tiempo para cubrirle la espalda.

—Gracias, Potter —dijo Rulf, para posterior ayudar a Luna a levantarse—. Venga, pequeña, eres más fuerte que esto.

—Lo dices por experiencia —sonrió la rubia.

—Tú sabes que sí.

Luna se incorporó con la ayuda de Rulf, y miró a Harry que buscaba con la mirada a Hermione.

—Harry, ve por ella —dijo—. Nosotros estaremos bien.

—Cuídense.

Rulf y Luna vieron partir a Harry que se abrió paso por entre una gran multitud que se estaba batiendo en duelo. Pronto los aurores se vieron rodeados por otros cuatro Death Eaters, quienes lucían un aspecto mucho más formidable que los anteriores.

—Demonios, estos hijos de perra son muchos.

—Puede, pero los números no gana batallas.

En la lejanía Harry seguía batiéndose en combate, siendo frustrado para buscar a su castaña; que por alguna razón sentía que corría peligro. Y si algo había aprendido con el sueño era que debía hacer caso a todo lo que pudiera sentir que no estaba bien.

Ubicado en el centro del campo de duelo observó todo lo largo y ancho del coliseo, y lo que presenció no era para nada grato. Logro divisar en las gradas al norte a su amigo Ron y Fleur, con otros de los suyos, luchando contra los Detah Eaters que les rodeaban. En el ala Sur vio a muchos de sus camaradas de la academia, aurores y cadetes, arremeter contra los enemigos. Pero en el Este vio lo asombroso, los maestres luchar contra los que parecían de mayor rango de sus enemigos. Estos hechiceros lucían un aspecto imponente, con una armadura metálica sobre sus túnicas y sus máscaras no tenían forma.

El gran maestre y sus similares de las otras academias luchaban con una destreza que nunca antes había presenciado. Ni cuando estuvo en una batalla años atrás, donde Dumbledore le pidió ayuda, pudo verlo en acción. Ahora que los miraba estaba asombrado por sus movimientos, y los hechizos que lanzaban a sus oponentes. Sin embargo, los Death Eaters con los que se enfrentaban no era como los demás, y no solo por su vestimenta, sus habilidades rivalizaban con los maestres.

La figura de su novia se volvió hacer presente en si cabeza, desvió su mirada de la batalla sostenida por los maestres y continuo buscándola entre ese mar de rostros. Pero cuando se giró para ver hacia su espalda, una forma líquida en el suelo comenzó a burbujear. Aquella viscosidad fue irguiéndose hasta constituir una figura femenina, y entre más tomaba forma la sangre en el cuerpo del alquimista se congelaba. Sus ojos se abrieron de la impresión al ver quien había hecho acto de presencia.

—Cho.

—Es bueno verte, Harry.

Una joven de su edad, un poco mayor, de larga cabellera negra y ojos rasgados le sonreía con una malicia que no le recordaba. Harry estaba estupefacto al estar frente aquella hechicera que conoció tiempo atrás, y que creyó jamás volvería a ver.

—Te ves sorprendido, lindo.

—No puede ser, ¿Cómo es posible?

—En este mundo todo es posible, eso ya lo deberías de saber —sonrió la joven de ojos negros como aquella noche.

—Tú no puedes estar…

—¿Viva?

Cho abrió camino y acorto la distancia, lo que le permitió al alquimista percibir un extraño aroma expedido por la joven.

—Harry, yo que creí que te alegría de verme de nuevo.

El pelinegro estaba estupefacto, anonadad por la presencia de Cho. Su cabeza no le daba la capacidad de comprender como estaba ella parada frente de él, sonriendo y hablando como si nada le hubiera sucedido. Sintió la necesidad de acercase y acariciar su mejilla, pero se detuvo ante el aura que desprendía. No era la misma a cuando la conoció, su esencia había cambiado y no para bien. Sus ojos se lo dejaban ver, Cho estaba distinta mucho más obscura y distante. Todo lo contrario aquella joven con ilusiones y aspiraciones de crecer como una famosa jugadora de Quidditch.

Estaba tan absortó en sus pensamientos que no se le hizo extraño como la batalla no tocaba ese punto céntrico del campo. Era como si una magia poderosa estuviera alejando a los aurores y Death Eaters de ese lugar. Dando tiempo para que pudieran hablar, ponerse al día como si fuese una noche cualquiera donde dos amigos se encontraban después de tiempo.

Cho elimino la distancia y se paró justo enfrente del pelinegro, pecho con pecho se dio el contacto, y con su mano derecha tocó su mejilla. Su piel era fría como una noche de invierno en el Norte, su caricia era como un cuchillo bien afilado que rasgaba su piel, y el latir de su corazón ya no iba al compás del suyo. Harry no comprendía porque sentía todo aquello, pero pronto cayo en cuenta: Cho vestía como los Death Eaters, solo que con las variantes correspondientes a una de elite.

—Eres una de ellos.

—Has tardado, cariño.

Cho estuvo por besarlo, pero este se la quito de enseguida. Le sujetaba con fuerza los hombros protegidos por la armadura, y la miro directo a los ojos.

—¿Qué te han hecho?

—Nada, salvo más poderosa.

—Tú no eres de ese modo.

—Nunca sabes cómo eres en realidad hasta que el diablo hace un trato contigo.

—tus palabras no son propias de ti —Harry estaba dolido de escucharla hablar de esa forma—. Te han deformado, Cho.

—Calla —colocó su dedo índice sobre sus labios—. No es conmigo con quien tienes que hablar.

Del cielo un estruendo retumbo por todo el coliseo y sus alrededores, se pudo sentir como hasta el suelo comenzó a temblar, y de la calavera con la serpiente saliendo de su boca una forma brumosa descendió hasta caer en el centro del campo. Cuando la figura impacto en el suelo este se abrió en un círculo y sumiéndose unos centímetros.

Harry pudo sentir como de esa forma brumosa una poderosa magia era desprendida, a tal punto que sintió como sus manos temblaban. Nunca en su vida había esta frente a una presencia tan poderosa y atemorizante como lo estaba en ese momento.

—Harry, deja te presento a mi maestro —Cho se apartó y se colocó a un costado de la figura—. El señor de Tenebroso.

—¿Señor Tenebroso?

Harry no comprendía el cambio del nombre, esperó escuchar el pseudónimo de "El Señor de las Sombras" y no uno diferente.

—Harry, Harry —Cho soltó una risita macabra—. El murió hace años, que no has leído los libros de historia.

—Entonces, ¿Quién eres? —cuestiono, dirigiéndose a la forma brumosa.

La figura sin rostro ni forma desprendió unos puntos rojos en lo que debía ser su cara, y como respuesta se carcajeó por la pregunta. Harry al escuchar la risa un escalofrío lo domino de pies a cabeza, casi congelándolo del miedo.

—Eres idéntico a tus padres —dijo con voz como la de su sueño—. El rostro de tu padre, y los ojos de tu madre.

—No hables de ellos como si los conocieras.

—Oh, mi querido Harry —la figura brumosa comenzó a moverse como si fuese humo; de arriba hacia abajo sin despegarse del suelo—. Yo conocía a tus padres, y diría que mejor que tú

Eso altero al alquimista que sintió arder su sangre, y cualquier rastro de miedo se esfumó. Aquella presencia lo molestaba, y estaba dispuesto hacerle frente si era necesario.

—Tranquilos —leyó su comportamiento— No estoy aquí como tu enemigo, no, no, para nada.

—¿Qué es lo que quieres? —sujetó con fuerza su varita— ¿Por qué nos has atacado?

—Porque han creído que ustedes son los únicos capaces de controlar el mundo.

—¿Qué estupidez estás diciendo?

—¡No le hables de ese modo! Ten respeto, Harry.

—Tranquila, querida, es natural que nuestro Harry este fuera de toda respeto —su voz sonaba tan amenazadora que sentía que en cualquier momento lo atacaría—. Aun no entiende contra quien está hablando, pero eso cambiara.

Harry estaba atento a cualquier movimiento tanto de Cho como de su amo, no queria que lo tomaran desprevenido.

—Hemos venido por ti, Harry —dijo—. Quiero que te unas a mis fuerzas, que demostremos que somos los únicos que podemos mantener en orden el mundo.

—No lo creo.

—Piénsalo, creo que te conviene —la figura clavaba sus ojos gigantes y rojos en el alquimista— Te prometo que juntos encontraremos la forma de traer de vuelta a tus padres.

—¿Qué dices?

—Yo soy el ser más poderoso del mundo, y tengo vastos conocimientos de la magia como ningún otro —la figura se aproximó un poco a Harry, que lo detuvo apuntándole con su varita—. Harry, escucha. Con tus habilidades y mis poderes conseguiremos obtener lo que tanto añoramos.

—Yo no añoro lo que mencionas.

—¿Seguro?

Harry se quedó en silencio, pues en verdad deseaba volver a ver a sus padres, pero lo que proponía aquella forma brumosa era algo demencial e imposible. Todo eso iba fuera de lo natural, y si algo le había enseñado su abuelo y acentuado Flamel era que se debía respetar a la naturaleza. La muerte era lo primordial, y de aquello no había magia que la pudiera revertir.

—Venga, no me digas que te has creído lo que tus profesores te han contado —se bufó como si fuese un chiste—. Créeme, ellos no saben nada porque tiene miedo de ser más poderosos.

—Lo que creo es que estas demente.

—Lamentó que te muestres tan engreído —la figura volteo a ver a Cho, y esta asintió—. Eso fue lo que mató a tus padres.

—¡Callate!

Por ese momento se dejó llevar por el impulso y lanzó un par de hechizos que ni tocaron a la forma brumosa. Cada uno de sus conjuros rebotó en una especie de campo de fuerza que rodeaba a la figura. Esto frustro a Harry que se llevó la mano al bolsillo de su pantalón, busco un frasco en especial para atacar a su oponente.

—La magia común no me hace ni cosquillas —anunció—. Eso lo aprenderás a la mala, Harry.

—Magia normal, ¿eh?

El alquimista arrojo uno de sus frascos a los pies de la figura, y con unas palabras el cristal se rompió dejando libre lo que parecía ser vapor. Pronunció unas palabras y el vapor se comenzó a unir a la figura brumosa, quien miraba lo que sucedía sin mostrar miedo o calma por su falta de facciones. La que si demostró temor fue Cho, que trato con su varita de quitarle el vapor de encima, pero no lo conseguía. Harry conjuro con una palabra su magia y el vapor se fue condensando convirtiéndose en una especie de piedra áspera.

Cho miraba con impotencia lo que le estaba sucediendo a su amo, y por más que lo intentaba su magia ordinaria no hacia efecto en la magia especial del alquimista. Con una última palabra Harry sentencio a la figura convirtiéndola en piedra, tomando la victoria de capturar al ahora señor tenebroso. Agotado se dejó caer de rodillas al suelo, ese día había usado mucha de su magia y apenas y podía estar de pie.

—Esto se acabó.

—¡No, no, no! —gritaba Cho— ¿Cómo es posible que lo atraparas?

—Se ha confiado, y me dio la oportunidad de atraparlo.

En ese momento la escultura de piedra, que era la forma brumosa, se fue desquebrajando ante la mirada estupefacta de Harry. El señor Tenebroso se estaba liberando de su magia, y pronto se vio liberado de la piedra con una nueva forma. Ya no era brumosa, se había condensado y ahora era una figura grumosa y abstracta.

—Buen intento, Harry, pero ni siquiera has usado tu verdadero poder.

—Eso es de mis mejores movimientos —se dijo así mismo, incrédulo de que el señor tenebroso se liberara.

—No, para nada ese es tu verdadero potencial —dijo con voz macabra—. Deja te enseño tu verdadero poder mágico.

La figura observo a Cho y esta se abrió la capa de su túnica, en su cintura colgaban varios muñecos de diferente forma, eligió uno que tenía forma de mujer y cabellera castaña. La sostuvo entre sus manos y la levantó para que Harry la observara; la muñeca era idéntica a su Hermione. La hechicera conjuró su magia con varias palabras en un dialecto diferente, y lo peor sucedió ante los ojos del alquimista.

Hermione se abrió paso de entre los Aurores y Death Eaters para adentrarse el círculo que nadie infringía y los apartaba del combate. La castaña no lucia consiente se encontraba como en un estado de trance, sus ojos desorbitados no mostraban estar al tanto de lo que estaba haciendo. Harry dirigió su mirada a Cho, ella la controlaba con su magia sobre la muñeca. Ese era su habilidad, una poco usual y muy diferente a lo visto con anterioridad. La hechicera a lado del señor tenebroso era una Manipuladora, y su magia radicaba en el uso de los Vood; muñecos con la esencia de una determinada persona.

—Venga, Harry, usa todo tu potencial si quieres salvar a tu amada —dijo el señor tenebroso.

—¡Libérala! —gritó a Cho.

—Has lo que te pide mi maestro.

Harry deseaba poder usar sus poderes, utilizar la alquimia interna para salvar a su castaña, pero estaba demasiado débil. Apenas logro sacar la fuerza para volverse a poner de pie, y con dificultad sujetaba su varita, pero no se podía rendir cuando su novia estaba en peligro.

—Creo que necesita una mayor motivación.

Cho asintió al entender a lo que su maestro se refería, a lo que sujeto el brazo de Hermione y lo torció de una manera fuera de lo natural. Lo que le sucedió al muñeco se traspasó al cuerpo de Hermione a la que su brazo se torció hasta que un crujido indico que se había roto el brazo. Con impotencia y frustración grito con todas sus fuerzas el alquimista, quien se sentía como en su interior el balance de su magia se estaba viendo interrumpido. No quería dejarse llevar por el odio que estaba sintiendo, pero tampoco conseguía obtener las fuerzas para usar su alquimia como deseaban los torturadores de su castaña.

Con terror observo como a petición de su maestro la hechicera sujetaba el otro brazo y de igual forma que el anterior lo torcía de forma nada natural. Harry sabía que aun cuando Hermione no estaba consciente de lo que hacía el dolor lo podía percibir, y ese dolor el mismo lo sentía en su corazón.

—El tiempo se agotó —anunció el señor tenebroso—. Querida, mata a la amada de Potter.

—Con placer, maestro.

Cho soltó la muñeca dejando que esta flotara entre sus manos. Harry ya no podía presenciar que lastimaran más a su novia, mucho menos que la matasen. Dentro de su cuerpo sintió que todo se quebraba en mil pedazos, y una nueva energía lo comenzaba a dominar. Una fuerza indescriptible recorrio cada centímetro de su cuerpo y en una explosión se perdió en su odio y rencor por aquellas dos personas que lastimaban a su amada.

—¡Que la dejes en paz!

Todo alrededor de Harry comenzó a levitar, incluso los hechiceros que se batían en duelo, y un aura gris obscuro fue emanado de su cuerpo. Su cabello se revolvió por el viento que se arremolinaba a su alrededor, y sus ojos se tornaron blancos como la misma luna. Su semblante era uno completamente diferente, no había rastros del Harry centrado y serenos de siempre. Su rostro tenia facciones duras y el ceño fruncido remarcaba su furia desatada.

El señor tenebroso miraba asombrado con sus ojos rojos el poder que había desatado el alquimista, y como todo a lo cercano que le rodeaba se pulverizaba. Cho por su parte temblaba por la nueva forma de Harry, no era para nada el chico bueno que había conocido; su cuerpo sentía recorrer un miedo que solo su maestro le infundía.

—Te dije que la dejaras —con un movimiento de su varita alejo al muñeco de las manos de Cho—. No permitiré que la vuelvas a lastimar —con otro movimiento hizo arder el muñeco, pero este no transmitió el ardor al cuerpo de Hermione, lo que dejo anonadad a la manipuladora.

Una vez que Hermione estaba fuera del control del muñeco de Cho, Harry la hizo levitar y la apartó de sus agresores para alejarla del peligro. Con esto decidió caminar hacia sus oponentes, y en cada paso que daba el suelo que pisaba se sumía un poco como si se tratase de un animal gigante.

—Pagaran por lo que han hecho.

—En verdad eres único, Harry, me encantaría seguir probándote, pero el tiempo ha terminado.

El señor tenebroso estaba complacido con lo que estaba presenciando.

—Ya vendrá el día en que nos enfrentemos.

El señor tenebroso comenzó a flotar seguida de Cho que se convirtió en una humareda negra, se pensaban marchar del coliseo, del que ya estaban huyendo los Death Eaters. Pero cuando estaban por huir, Harry con su varita hizo que el aire se convirtiera en agua encerrando a Cho y su maestro. Ambos quedaron atrapados, solo Cho se comenzaba ahogar, pero pronto el señor tenebroso creo un fuego tan abrasador que evaporo el agua.

Harry enojado volvió intentar atraparlos con su magia, pero estos se movieron muy rápido que se alejaron del rango de su ataque. El alquimista quiso ir tras ellos, pero una figura se le interpuso. Dumbledore se colocó enfrente de él para evitar que este los siguiera, pero no comprendía nada en ese estado y arremetió contra el Gran Maestre. Usando magia sin varita ni palabras, el pelinegro hizo que algunos de sus frascos salieran de su bolsillo trasero, varios fueron a dar hacia Dumbledore que con destreza consiguió evitarlos.

Como era su forma de lucha no era necesario que los frascos dieran en su blanco, por lo que cuando Dumbledore los desviaba Harry los estallaba haciendo que casi alguno de sus contenidos lo tocaran.

—¡Harry, contrólate! —decía el maestre—. Date cuenta que este no eres tú.

—¡Calla! Has dejado huir a los que la han herido.

—No ibas a poder contra el señor tenebroso —Dumbledore trataba de hacer volver—. Solo te dirigías a una trampa, además, Hermione se encuentra bien ya la están atendiendo.

Harry desvió su mirada hacia donde Dumbledore le estaba apuntando, y observo como una mujer de cabellera morada atendía las heridas de Hermione. Pero en el estado en que se encontraba no comprendió que le estaban ayudando, y enseguida se lanzó hacia donde estaba su castaña. Estuvo por conjurar un hechizo sobre la que ayudaba a Hermione cuando Flamel apareció en su forma falsa para detenerlo. El alquimista mayor uso su magia contra el pelinegro para contenerlo; estaba usando la alquimia interna para someterlo.

—¡No dejare que la lastimen!

—Somos sus amigos, Harry, reconócenos.

—¡Dejen de hacerle daño!

—¡Harry, reacciona!

Del cuerpo de Hermione un aura de luz blanca se desprendió irradiando una sensación de paz y armonía. Flamel giró hacia donde el cuerpo de Hermione reposaba, y le miró asombrado por lo que estaba presenciando. Por su lado, Harry se había tranquilizado y ya no se iba contra todo el que estuviera cerca de su castaña. Ron, Luna, Ginny y los gemelos se aproximaron junto con todos los aurores y cadetes que no comprendían lo que sucedía.

Harry de pronto ya no tuvo fuerzas, y el odio y rencor que pudiera haber sentido se había desvanecido siendo remplazado por el cansancio y el agotamiento. Su vista se fue nublando volviendo borroso todo y su cuerpo ya no le reaccionaba a tal grado que cayo desmayado en el terreno destruido del campo de duelo.

40

Cuando despertó lo primero que hizo fue preguntar por Hermione, sus recuerdos no tenían claros los eventos del cuando uso la alquimia interna, pero Ron y Luna no le quisieron dejar ir con la castaña. Enojado pidió verla, quería ver con sus propios ojos que su castaña se encontraba bien, sus amigos argumentaron que no se tenía de que preocuparse y que debía descansar. Solo basto con que Harry viera la reacción desesperada de Luna para que no siguiera de obstinado, sus palabras detonaban inquietud y preocupación.

Cuando preguntó porque le miraban de ese modo como de temor nadie le contesto, en su mente quiso recordar todo después de ver como torturaban a Hermione, pero no obtuvo nada salvo una neblina que impedía ver sus recuerdos. Luna y Ron partieron por petición de Madame Pomfrey, quien se acercó al alquimista y con una mirada maternal le pidió que descansara.

En la soledad del cuarto, apartado de la enfermería, se encontró luchando con su memoria que no cedía ni un recuerdo. La frustración se acrecentaba cada que intentaba obtener una sola imagen que le dijera porque todo aquel secretismo, porque lo tenían apartado de los demás y alejado de su castaña. Ninguna posición en la cama le acomodaba para tratar de dormir y dejar de pensar tanto, estaba incomodo sintiendo una angustiante sensación en su interior; muy cerca de su corazón.

Desesperado por todo lo que sentía se levantó con cuidado de su cama, se encontraba vestido aun con su vestimenta de duelo del torneo. Se echó un vistazo en el espejo que tenía cerca de la ventana con las cortinas cerradas. La noche aun era reina de los cielos. Se vio de pies a cabeza, estaba todo sucio y con la ropa rasgada por la batalla con los Death Eaters.

Se dirigió a la puerta de su habitación, tomó el picaporte pero se detuvo al escuchar voces al otro lado. Dejó el picaporte y pegó su oído derecho en el frio de la puerta de madera, las voces que estaban en ese momento hablando eran las de Dumbledore y Flamel, pero se sentía algunas respiraciones más en aquel lado de la puerta.

—Su poder es mucho más grande de lo que imaginábamos —Flamel no se escuchaba animado—. Si vuelve a perder el equilibrio como hace unos momentos no sé qué podría suceder.

—Él es fuerte, se controlara —Dumbledore por su parte sonaba calmado, pero un dejo de cautela—. Lo que sucedió es mi culpa, debí de tener más cuidad —su voz transmitía esa culpa que mencionaba— Sabíamos que volvería, la profecía lo marcaba de ese modo, nos confiamos y quedamos cómodos con esta falsa paz.

—Lo curioso es su cambio de nombre —Lamark se encontraba en la otra habitación—. Ahora se hace llamar el Señor Tenebroso.

—Sus seguidores también han cambiado —sonó la voz de Snape—. Ahora se hacen llamar Mortifagos.

—Eso ya lo sabias, ¿cierto?

Lamark no se escuchaba contento con la presencia de Snape, lo que llamó la atención del alquimista que no perdía dato.

—Si se han atrevido atacarnos solo significa que llevan tiempo reuniéndose —lo irritado en Lamark se marcaba en sus palabras—. Debiste de haber sido llamado siendo parte de los Caballero de Walpurgis.

—El Señor Tenebroso no confía en mi como antes.

—Entonces deberás ganarte su confianza de nuevo —Dumbledore volvió hablar—. Ve a con ellos, y es momento de que vuelvas a ser uno de ellos.

Harry no escuchó la respuesta de Snape, pero supuso que este solo hizo una reverencia y partió de la habitación. No comprendía lo que estaba sucediendo, pero en su mente unas imágenes como fotografías pasaron fugazmente por su cabeza. En ellas se vio arremetiendo contra Dumbledore y Flamel, pero eso no podía ser posible ya que los respetaba como para rebelarse.

—¿Confías en él?

—Absolutamente.

Los pasos de los hechiceros le indicaron al alquimista que se aproximaban hacia su posición, se dio media vuelta y se dirigió a su cama, pero no se acostó y simplemente se quedó sentado en la orilla. Su cabeza era un revoltijo de imágenes que no le permitían pensar en otra cosa que en lo que posiblemente había hecho, pero lo que más le aterraba era la imagen de Hermione inconsciente. Las respuestas estaban por llegar, solo debía esperar a que atravesaran la puerta que le impedía ver lo que sucedía afuera.

Dumbledore, Flamel y Lamark atravesaron la puerta de su cuarto, ninguno parecía estar sorprendido al ver a Harry sentado en su cama observando hacia donde se encontraban. Era como si esperaban que ya los estuvieran esperando.

—Creo que deseas respuestas.

—¿Me las dará, Maestre?

41

Harry estaba absortó por lo que le acababan de revelar el Gran Maestre, no podía conciliar la imagen de él mismo estar fuera de control destruyendo todo a su alrededor. Había perdido el equilibrio interno que tanto había estado trabajando por culpa del señor tenebroso, que uso a Hermione para hacerlo enojar. Lo único que lo reconfortaba era la idea de que su castaña no había sufrido muchos daños y que se estaba recuperando de la mejor manera.

Flamel fue el encargado de ayudarlo a recuperar cierta de su fuerza mágica, creo un circulo de sal a su alrededor y dibujo en fuego una estrella. Con algunas palabras el alquimista sentía como las fuerzas regresaban a él, las heridas no sanaban pero ya no dolían, y su interior volvía a estar en ese equilibrio que aún le costaba mantener.

—Listo, Harry, ya estás bien —anunció el alquimista mayor—. Solo te pido que esta noche descanses para no agotar a tu cuerpo.

—Disculpe el haberle fallado.

—Esto no fue tu culpa, todo fue obra del señor de las som… —Flamel se detuvo por un instante, aun no se acostumbraba a llamar por su nuevo apodo al hechicero obscuro—. Como sea, esto no es para que te lamentes.

—Por mi culpa han dañado a Hermione, y al perder mi control pude dañar a más personas.

—Harry, quiero que entiendas algo —Dumbledore era bañado por la luz lunar que se filtraba por un tragaluz en el techo—. Lo sucedido fue algo que no se pudo prever, si bien nunca debimos bajar la guardia nunca pensamos que la situación daría este giro.

—¿A qué se refiere?

—Nunca imaginamos que el Señor Tenebroso te usaría —el gran maestre le miraba atreves de sus anteojos de media luna, como buscando algo en su rostro.

—Sigo sin entender, maestre.

—Creemos que te necesita, Harry, puede que esté detrás de las piedras de la alquimia.

Eso provocó que en el alquimista su corazón diera un vuelco, no podía concebir que la obra de Flamel y sus padres cayeran en malas manos. Observó de reojo a Flamel que sostenía su rostro firme a donde Dumbledore.

—Quizás se a enterado que solo tú puedes volver a unirlas —el anciano de larga barba blanca no despegaba sus ojos del cuerpo de Harry—. El no descansara hasta poder convertirse en un ser inmortal.

—Yo jamás lo ayudare.

—Eso lo sabemos, Harry —Lamark sonrió—. Eres idéntico a tus padres, y sé que tu jamás apoyarías a un ser obscuro como lo es el señor tenebroso.

La forma en que se dirigía hacia él y como hablaba de sus padres siempre le había llamado la atención al pelinegro, pero esa noche fue muy notoria que Lamark algo tenía que ver con su familia. Sus ojos, sus palabras, la expresión de su cuerpo indicaban que estaba melancólico por el recuerdo de sus padres.

Su atención de pronto se tornó en la presencia del maestre, en su mente se disparó una duda que necesitaba aclarar de inmediato.

—¿Cómo es posible que esté vivo el Señor de las Sombras?

—Seguramente tus padres no acabaron con él —hablo de nuevo Lamark, con un pesar en sus palabras— Puede que solo haya sido debilitado a un nivel superior, y por tal ha tardado años en recuperarse.

Harry no perdió detalle de que Dumbledore no estaba conforme con aquella explicación, como si esa no fuese la verdad. Sintió que el Gran Maestre ocultaba algo, una verdad que no deseaba compartir en ese momento. Cuando se dispuso a encarar a su profesor para que revelara lo que sabía Flamel volvió a tomar las palabras.

—Harry, a partir de ahora lo que debemos hacer es concentrarnos en fortalecer tu alquimia interna.

—Lo siento, profesor, pero no será eso posible —Harry se levantó de la cama, seguido por los ojos de los presentes— Si el Señor Tenebroso está detrás de las piedras de la filosofía no puedo seguir en este lugar.

Flamel y Lamark se notaron alterados por las palabras que decía en ese momento, no querían que se fuese cuando había sucedido el peligro del coliseo. Pero para Harry estaba claro una sola cosa, tenia que retomar la búsqueda de Slugh para encontrar la piedra que le hacía falta. No debía perder más tiempo en entrenamientos ni misiones como auror, no podía permitir que sus enemigos encotnraran una de las reliquias más poderosas del mundo mágico, y de su gente.

—Lo veo claro ahora, ser auror fue un error.

—No digas eso, Harry.

—Es cierto, Lamark, perdí mucho tiempo aquí —su voz se endurecía— permití que mis enemigos me dieran alcance.

—Entiende esto, Harry, sin el entrenamiento adecuado no conseguirás unir las piedras y posterior destruirla.

—No me mal interprete, profesor, una vez obtenga la piedra regresare —los alquimistas se observaban con intensidad—. Así usted podrá deshacer todo el mal que ha desatado el querer poseer la piedra filosofal.

—Sabes que no podre, ya te lo he comentado, mis fuerzas han disminuido considerablemente.

—El joven Potter tiene razón —hablo Dumbledore, dejando incrédulos a los presentes excepto a Harry—. Solo él podrá encontrar la piedra que hace falta, no podemos dejar que Slugh caiga en manos de Voldemort.

—Pero, Dumbledore…

—No podemos detenerlo, Lamark, en estos momentos no es posible.

—Dumbledore, aun cuando Voldemort tenga la piedra de Slugh solo será una mitad —explicó Flamel, queriendo hacerlo entrar en razón—. No le servirá de nada poseerla, aun cuando tuviera las dos no conseguiría nada. Voldemort no es un alquimista.

—No, no lo es —el Gran Maestre les dio la espalda—. Es algo mucho peor.

Harry que en ese momento no sabía el verdadero nombre del Señor Tenebroso, se quedó inseguro por la reacción del anciano. Ver al gran maestre tan serio en un tema no era algo que se viera en ese castillo, era la primera vez que se notaba preocupado e incluso temeroso.

—Habla claro, Dumbledore.

—Harry —ignoró a Lamark.

—Diga, Gran Maestre.

—En este viaje deberás estar acompañado.

El alquimista estuvo apuntó de negar con su cabeza cuando el Maestre se le aproximó y le miro a los ojos. La sensación del contacto le reconforto de una manera especial, la esencia era similar a la de su abuelo; por lo que estuvo apuntó de derramar alguna lágrima.

—Con las fuerzas del Señor Tenebroso activas no te permitiré viajar solo —el anciano se giró a Lamark— Quiero que te acompañe una persona que hace tiempo debiste de haber conocido.

—¿Lamark? Pero si ya lo conozco.

El auror dibujo una media sonrisa al saber que el tiempo de la farsa terminaba. Se aproximó a la luz de la luna para ser bañado por su magia. Harry se quedó estupefacto al presencia la piel del auror aglutinarse, deformando su rostro y cambiándolo por algo irreconocible. Pero aquello no duro mucho, la piel se reformaba y recuperaba facciones de un nuevo rostro.

Un hombre diferente yacía parado bajo la luz lunar que entraba por la ventana, ya no lucia como Lamark sino como otra persona ajena. El cabello castaño se volvió negro como el manto de la noche, sus ojos se deslavaron en un gris suave y su piel se aclaró un poco; siendo esto último el cambio menos aparente. Las facciones ya no eran de un hombre joven, esta vez era de uno maduro que detonaba experiencia de guerra, pero a su vez transmitía en sus ojos un calor familiar.

—Harry, quiero que conozcas a tu padrino —Dumbledore se apartó para que le pudiera ver mejor— Sirius Black.


¿Que tal este nuevo capitulo? La verdad, y en lo personal, me encantó escribir este capitulo. No podía parar de escribir en especial cuando es el ataque al coliseo, y los eventos que se llevaron acabo. Con todo esto podemos dar por iniciado el nuevo arco agrumental, donde los villanos hacen su presencia y muchos de ellos ya se anunciaron con mucha anterioridad, pero pronto los recordaremos jajaja.

Loquin: Si, fue algo nervioso el enfrentamiento en los duelos, pero ahora se enfrentan algo mucho peor. Voldemort es algo mucho peor, eso lo deja en claro Dumbledore, pero eso se conocerá después jajaja. Gracias por tus palabras, saludos.

HGHP95: La verdad de que todos salgan bien librados no te lo aseguro, y algo de eso se pudo ver en este capitulo. No te preocupes que nuestra castaña no se quedara atrás, tengo algo planeado con ella muy importante. Habrán muchas sorpresas, espero que te gusten todas jajajaja.

jem: Extraño leerte cuando no comentas jajaja Te agradezco tus palabras, afortunadamente nadie directamente me ha dicho algo de mis historia, pero como dices mientras uno lo haga con pasión que importa lo demás. Espero te gustara el capitulo jajajaja gracias por tu apoyo.

Sin más por decir

Au Revoir.