42

Harry no sabía cómo reaccionar ante la noticia de que una tenía un familiar con vida, que si bien no era de sangre era uno elegido por sus padres. El hombre que una vez fue Lamark lo observaba de su lado del barandal, recargado y esperando a que asimilara la noticia. El alquimista en su interior era invadido por muchas emociones, que se intensificaban por su alquimia interna, pero reconocía una que era sincera y nada influenciada. Estaba feliz por tener aun familia, de estar en presencia de su padrino que nunca lo abandono.

Sirius le explicó que siempre fue su guardián, y el de sus padres, pero que la noche del ataque el estaba lejos por un engaño del que creyó ser su amigo. Mientras le narraba su sentir, el alquimista pudo percibir que el dolor que tenía en su interior era sincero y fuerte, apreciaba a sus padres y a él. Lo cuido en sus viajes con diferentes identidades ya que no podía mostrarse como tal, según porque él había muerto años atrás. En ese momento entendió que en la guerra de las sombras muchas personas habían dado tanto, y tomó mayor sentido aquel título.

—¿Por qué fingiste morir?

Sirius parecía alegre porque por fin había hablado, después de unos largos minutos de silencio.

—¿Qué te orillo hacer tal cosa?

—Fue una oportunidad.

—¿Oportunidad?

—Sí, la verdad creyeron que había muerto en una batalla —explicó— Recibí un hechizo imperdonable, el mortal… bueno, eso creyó la bruja que lo hizo —su rostro se endureció al recordar la figura que lo había asesinado—. Lo cierto es que por poco me salve, y aprovechamos eso para ser el protector de los Potter.

—Has dado mucho, ¿cierto?

—No tanto como tus padres.

No supo que responder ante eso, no conocía toda la historia de sus padres, y el hecho de conocer a su padrino después de años era una prueba. Le hubiera gustado preguntar más sobre sus padres y su padrino, pero ya la noche le quedaban un par de horas y estando en la torre de astronomía debían regresar a descansar.

—Mañana planearemos el viaje —dijo— Prometo que a donde iremos encontraremos a Slugh.

—Es vital que lo hagamos.

—Lo conseguiremos, pero, por el momento debemos ir a descansar.

Sin más por decir ambos partieron de la torre, dando la espalda a una luna blanca que se empezaba ocultar tras las copas de los árboles del bosque, y se resguardaba detrás de las montañas. Harry echo un último vistazo hacia atrás como queriendo ver su pasado en ese astro, dibujo una ligera sonrisa; su felicidad por tener un nuevo familiar albergaba su corazón.

Una vez debajo de la torre los nuevos, pero a su vez antiguos, familiares se despidieron para ir cada quien a su habitación a descansar. Sirius le quiso acompañar, pero Harry dijo que estaría bien y no lo quería incomodar. La realidad es que aun cuando estaba rebozando de felicidad por tener a su padrino a su lado, necesitaba un tiempo a solas para pensar. En esos días habían ocurrido tantas cosas que aún no conseguía asimilar todas, y quería empezar con el regreso del ahora conocido "Señor Tenebroso".

Caminando por los pasillos se encontró con el que daba a la enfermería donde tenían a Hermione, y su recuerdo fue lo único que le hizo dejar de pensar en el reciente mal que acechaba. No tenía memoria de lo sucedido, el último recuerdo que tenía fresco era el ver como maltrataban a su castaña, pero lo que después sucedió, y que Flamel le contó, no lo recordaba. Necesitaba verla, estar seguro de que estuviera bien, no le bastaba con que le dijeran que se encontraba a salvo. El tenía que corroborarlo con sus ojos.

Se aventuró por aquel pasillo poco alumbrado por las antorchas, un viento fresco soplo en su dirección y un sensación ajena lo embargo. A paso corto se aproximó a la puerta de la enfermería donde sabía que descansaba su castaña, pero unas voces se colaban por la abertura de la puerta entre abierta. Una luz destellaba como un ente mágico y un aura exótica se desprendía del interior de la habitación a la que se acercaba. Esa misma esencia lo llamaba como la gravedad atrae un cuerpo a su centro. Las voces se aclaraban como el agua de un rio, y una conversación se llevaba a cabo.

Con cautela se posicionó a un costado de la puerta para escuchar mejor, y descubrió que quienes entablaban una conversación eran Dumbledore y Flamel. Por lo que logró escuchar entendió que se trataba del final de lo que fuese que estuvieran tratando, pero captó que el tema era su castaña.

—No lo podremos saber hasta que despierte —sentenció Flamel.

—Es vital que sepamos la verdad —se escuchó la voz siempre calmada del Gran Maestre—. Esto puede cambiar todo lo que hemos venido creyendo.

—¿Crees que sea posible?

—Si algo he aprendido en mis siglos de vida, es que todo es posible.

Flamel guardó silencio como entendiendo las palabras de Dumbledore. Para Harry esa conversación no tenía mucho sentido, pero lo que le inquietaba era que todo eso tenía algo que ver con Hermione. Se medió asomó por la abertura de la puerta y vio a los hechiceros a pie de cama donde la castaña reposaba dormida como una princesa.

Verla allí sobre el colchón, tapada con las sabanas de seda blanca, iluminaba por las ultimas luces de la luna provocaron que su corazón latiera con fuerza. Hermione ante sus ojos parecía que brillaba más que un hada de media noche, su figura era perfecta y su rostro tan apacible lo decantaba.

—En caso de que todo resulte como lo creemos, debo decir que esto nos pone en ventaja —habló el alquimista después de unos minutos—. Esto seguramente no lo esperará el Señor Tenebroso.

—Me temo, mi estimado Flamel, que esto puede jugar en contra de nosotros.

—¿De qué hablas, Dumbledore?

Harry se preguntaba lo mismo aun cuando no entendía nada de lo que decían, pero necesitaba escuchar la respuesta a esa pregunta. Cuando Dumbledore estaba por hablar, el alquimista se percató que Ginny aparecía al fondo del pasillo y lo había visto. Si no quería que los maestres se enteraran de su intromisión debía de irse de ese lugar, con todo el pesar del mundo; y quedándose con la intriga de escuchar aquella respuesta.

El pelinegro se apresuró para encontrarse con la pelirroja que se encaminaba a donde estaba. Para cuando se estuvo uno frente al otro estaban a mitad del pasillo, lo suficientemente apartado para que no los escucharan los maestres.

—¿Qué haces fuera de tu cama? Aun no estás bien para andar por los pasillos como si nada —le recriminó.

—Estuve hablando con… —se detuvo en el acto, no debía revelar la identidad de Lamark. No si quería que su padrino siguiera como agente encubierto—… Dumbledore me mando llamar.

Ginny no parecido muy convencida de lo que había dicho, pero eso no le importaba al alquimista que deseaba alejarse de ese lugar antes de que los descubrieran. Sujetó a la pelirroja del brazo y la condujo por el pasillo y la adentro al contiguo al salir de esta. Por algún motivo la pelirroja no se oponía a que la condujera por donde quiera, parecía embelesada por el contacto de la mano con su brazo.

Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos el pelinegro soltó a su amiga que se notó triste por el que la soltara. La pelirroja tenía en sus labios se dibujó una media sonrisa que transmitía sensualidad, y en sus ojos una picardía se asomaba. No fue sino hasta que el alquimista se percató que estaban en un pequeño y reducido pasillo, poco transitado, que pudo entender lo que su amiga pudiera estar pensando. Se sonrojó y negó con la cabeza ante la idea, para nada estaba allí con algún motivo oculto. Quiso aclarar la situación, pero fue la hermana de su mejor amigo quien se adelanto hablar.

—Tranquilo, sé que tu estas con Hermione —lo último fue más un escupitajo—. Lo que no entiendo es porque estas tan nervioso y agitado.

—Es por… —se detuvo a pensar. El recuerdo de la charla de Dumbledore y su mentor estaba fresco en su memoria, y sus palabras gravadas en su mente como una runa tallada en roca—… cansancio. Estoy muy cansado y algo agotado por lo sucedido en el torneo.

—Sí, fue muy loco.

Harry vio a Ginny que bajo su mirada como sintiendo pesado el contacto con sus ojos. Esto le llamó la atención, y vio una oportunidad de conocer la historia desde otro punto de vista.

—Tú… ¿me viste?

—La mayoría lo hicimos —contesto sin levantar la mirada—. No todos los días el señor de las sombras hace su aparición, menos que un alquimista pierda el control de su magia.

—¿Me vi tan mal?

—No mal, pero si diste cierto temor.

—Eso está mal, muy mal.

—Harry, eso no fue tu culpa… —en la voz de Ginny algo se escondía, y amenazaba con brotar de su garganta, pero la controló—. Quiero que sepas que nadie te ve con malos ojos, Dumbledore nos ha dicho lo sucedido y que todo esto es por el que ahora se hace llamar señor tenebroso.

—¿Cuándo les dijo eso?

—Nos reunió después de la batalla, cuando ya habíamos atendido a los heridos —el semblante de Ginny se marcaba por las primeras luces de sol que se colaban por las paredes del castillo; acentuando un aviso que sus mentores no habían revelado—. Nos advirtió que estamos enfrente de una nueva guerra, una más peligrosa.

Harry pudo percibir el dolor en la pelirroja, como si estuviera arrastrando un pesar de tiempo pasado. Lo único que atinó hacer fue colocar su mano sobre el hombro de su amiga, que por primera vez la veía de una manera distinta.

—Dime, Harry, ¿estamos en tiempos obscuros?

La pregunta le tomó por sorpresa, sus palabras iban cargados de una seguridad que lo dejos quieto, sin saber qué hacer. Los ojos de la hermana de Ron dejaban en claro que ella estaba al tanto de su conocimiento de la situación. No veía justo guardar la verdad en aquel momento donde la obscuridad acechaba al mundo una vez más.

En su mente hubo varias formas de contestar sin alertar ni preocupar antes de tiempo a su amiga, pero cualquiera con algo de sentido sabría que eso sería como tratarla de una tonta. Mantuvo sus ojos firmes a los de la pelirroja, aclaro un poco su garganta que pedía a gritos una gota de agua y respondió la verdad que ella ya conocía.

—Sí, la guerra volverá a estas tierras —respondió.

—Esa figura que vimos luchar contra ti, se ve que de cuidado.

—Y mucho.

—Sabes, mis padres me hablaron del señor de las sombras… jamás pensé que en verdad fuera intimidante.

—No temas, Ginny, te prometo que su mal no volverá a teñir de sangre el mundo mágico.

La pelirroja dibujo una media sonrisa con un tono marcado de amargura, como de quien le parece tierno la promesa de un pequeño niño prometiendo el mundo a sus padres.

—Será mejor que vayas a descansar.

—Creo que sería lo mejor.

Harry se despidió de Ginny y se puso en marcha a la habitación de la enfermería del ala norte. Aunque su cuerpo se distanciara de la habitación de Hermione, su mente seguía presente en su memoria. Seguía intrigado por su estado, y temía que el fuese la causa de sus mal. Ansiaba verla, estar a su lado, pero por alguna razón sentía que lo correcto era permanecer alejado de ella. Por más que le doliera.

43

Para cuando despertó se percató que el atardecer ya pintaba de naranja el cielo, y eso lo sobre salto. Su plan era solo dormir un par de horas y después ponerse en marcha con los preparativos para ir detrás de Slughorn. Se quiso poner de pie de inmediato, pero una mano le detuvo en el acto. Entorno los ojos para ver de quien se trataba, y se encontró con una melena rojiza y unos labios burlones. Se trataba de Ron que lo miraba desde arriba con su rostro alegre, parecía como si lo sucedido la noche anterior no hubiera sido de relevancia.

—Amigo, no debes moverte rápido.

—Aun no estás del todo bien.

Harry se percató de la presencia de su amiga Luna al otro lado de la cama, que a diferencia de Ron su rostro tenia marcas de angustia.

—Dumbledore nos pidió que te cuidáramos.

—Eso no es necesario, me encuentro bien.

—Cómo eres testarudo, descansa estos días que te vendrán bien.

El comportamiento relajado de Ron le comenzaba a irritar, no comprendía como es que después del ataque estuviera tan fresco. Se preguntaba si no era capaz de ver la magnitud del problema que representaba el señor tenebroso. Cada minuto que estaban en esa habitación era uno perdido para detener al señor tenebroso.

—Necesito levantarme, quiero ir con Dumbledore.

—Eso será imposible en estos momentos.

—¿De qué hablas?

—El día de hoy ha estado muy movido —Ron tomó asiento en la silla a su costado—. El Gran Maestre ha movilizado a todas las legiones para buscar al señor tenebroso y sus sequito.

—Es más que un sequito, es su ejército.

—La verdad es que no creo que sean muchos —el pelirrojo se encogió de hombros como no importándole—. La verdad solo es cuestión de tiempo para que atrapen a ese falso señor…

Irritado Harry se lanzó sobre su amigo para sujetarlo del cuello de su uniforme. Le irritaba esa manera tan pedante de su amigo, que no podía ver que sus palabras eran estúpidas e incrédulas.

—Él es muy real, Ron, y el mundo corre peligro por su regreso.

—Harry.

EL susurro de Luna hizo que este se relajara de pronto, escucharla en ese tono le dejo ver lo que sucedía. Ron no estaba al tanto de la situación del regreso del señor de las sombras, de que este andaba en busca de las piedras de la filosofía. Era ignorante de lo que representaba encontrar a Slughorn, y destruir la piedra de la filosofía antes de que esta cayera en malas manos.

Lo soltó cuando entendió que su amigo no era indiferente solo por serlo, la no tenía la información completa. Además, debía reconocer que en ese tipo de situaciones lo que quería era relajar el ambiente, por lo que se sintió culpable.

—Lo siento, Ron.

—No hay cuidado, amigo, sé que estas muy tensionado.

El alquimista asintió ante la comprensión de su mejor amigo, pero lo irritado aún no se desvanecía del todo. El señor tenebroso, el que en el pasado fue conocido como el señor de las sombras, había regresado con su ejército. Harry estaba consiente, a falta de su memoria, del poder mágico que percibió en su encuentro con aquella entidad sin rostro. Le pareció que estaba ante la misma obscuridad, ante la maldad encarnada. Los bellos de su piel se erizaron ante el tétrico recuerdo del señor tenebroso, como si algo en su memoria se hubiera reactivado.

Por su mente una fugaz escena se dibujó frente suya, mirando desde sus ojos observaba como todo ardía y se convertía en cenizas. Pudo distinguir una figura que se ante ponía a otra con mayor tamaño, con sus brazos abiertos para proteger lo que fuese que estuviera detrás suya. Un grito, y dos destellos fueron lo último de aquella escena.

—¿Harry?

Ron pasó su mano por enfrente de sus ojos para llamar su atención, a lo que con un movimiento sutil en su hombro le hicieron regresar de aquel punto del tiempo enterrado en un olvido.

—Amigo, ¿te encuentras bien?

—Lo siento, solo recordaba algo.

—Tranquilo, no pasa nada.

La sensación de que algo faltaba para estar completo lo hizo entornar su mirada y no encontrar una igual, pero de un color marrón. Hermione no se encontraba con ellos, seguramente continuaba en su habitación. Con su mano derecha quito la sabana que tenía encima y se incorporó en el borde de la cama, a pesar de las quejas de sus dos amigos que querían detenerlo. Necesitaba ir a visitarla, ver con sus propios ojos que se encontraba sana y salva. Después de lo que había escuchado la noche anterior una intriga lo domino, quería saber que no le hubiera pasado nada malo. Aunque las palabras de Dumbledore y Flamel iban por otro camino muy distinto a que se encontrara en un mal estado.

—Quiero ir a ver a Hermione —dijo, cuando Ron lo tomo de los hombros.

—Ella se encuentra bien, no te preocupes.

—Sí, la acabamos de ver —confeso Luna—. Ella de igual manera quiere verte, pero el gran maestre no le permite dejar su habitación.

—¿Por qué?

—La magia a la que fue expuesta en su tortura es de cuidado —la rubia miro directo a los ojos de su amigo. Ellos conocían a Cho de tiempo atrás cuando el alquimista viajaba por las regiones, y conocían de lo que era capaz—. Deben estar seguros de que no ha quedado secuela de aquella magia negra en su sistema.

—Esa mujer, ¿Quién será? —el pelirrojo se cruzó de brazos, aun no le habían revelado aquel dato de que la conocían—. Digo, es una manipuladora, no creía que algún día pudiera conocer alguna… lástima que no fuera en buenos términos.

Harry y Luna se miraron por un momento para intercambiar cierta mirada que indicaba al otro que no debían decir que conocían aquella hechicera. No por el momento. El pasado que compartían los tres era uno que les pertenecía solo a ellos, y sentían que no era indicado hablar de aquello cuando todo era tan prematuro.

Ron se percató del silencio y las miradas de sus amigos, pero cuando estuvo por preguntar sobre lo que sucedía la puerta de la habitación de abrió. Dumbledore, Sirus (con la apariencia de Lamark), Flamel y Mcgonagall entraron con rostros endurecidos y semblantes obscurecidos por las noticias que traían. Harry no necesitaba que dijeran nada para saber que el tema ha abordar sería sobre este nuevo señor tenebroso, desea poder salir de esa cama, huir de esa habitación y encontrar antes que cualquier ente malvado.

El gran maestre al acerarse a la cama del alquimista dibujo una sonrisa cálida en sus labios arrugados, este gesto fue imitado por Mcgonagall y Flamel. Sin embrago el rostro de Lamark/Sirius era desencajado con el ceño fruncido como si hubiera recibido alguna noticia que no le hubiera agradado. El alquimista se le pondría una sonrisa en los labios y un gesto como el de su padrino.

Cuando solo hubo un silencio, Harry quiso preguntar que era lo que sucedia y porque solo se limitaban a verlo como se mira a un cachorro mal herido. Su intento de hablar se vio frenado por una suave mano blanca, Luna relajo sus musculos con el simple tacto. Sospecho que uso su magia para que eso sucediera, aunque no era de extrañar que la rubia tuviera un aura de paz que podía transmitir si ella lo deseaba.

—Harry —comenzó el Gran Maestre—. ¿Cómo te sientes?

—No quiero sonar descortés, pero lo que tengan que decir preferiría que lo hagan ahora.

—Igual de directo que James —Sirius dibujo una media sonrisa.

—Bien, es lo más conveniente.

Dumbledore y sus allegados tomaron asiento en unas sillas ubicadas en el ala norte, cerca del balcón de la habitación. Una vez en su lugar el mismo maestre fue quien hablo sin tapujos ni dar vueltas al asunto, fue tan directo que dejo a Harry pasmado.

—Han atacado Azkaban, y todos los seguidores del Señor de las Sombras han sido liberados.

Azkaban era la prisión de más alta seguridad en las cuatro regiones, custodiada por criaturas tan temidas como los Dementores. La sangre que corría por la piel de Harry se helo ante la idea de la hazaña creada por el Señor Tenebroso.

—La situación se está agravando —prosiguió el Maestre—. Las arpías de las montañas blancas, los hombres del norte y tantos más grupos de hechiceros obscuros, y criaturas mágicas se han comenzado a movilizar —el alquimista observó de reojo a su amiga, que siempre era apacible, pero con esas noticias sus ojos se desorbitaban del miedo. Ron por su parte fruncía el cejo, él estaba listo para entrar en acción cuando se lo solicitaran, y entre más pronto mejor para él—. Se acerca una nueva guerra, Harry, una que si no detenemos a tiempo pinta para ser peor que la Guerra de las Sombras.

—Por eso es vital encontrar la otra mitad de la piedra de la filosofía.

—Y es por eso que debo ir con él.

—¿Por qué Lamark no iría? —cuestiono Harry.

—Necesitamos a todos los efectivos para detener al Señor de la Sombras, Harry —Dumbledore nunca parecía ser afectado por nada, pero sus ojos siempre lo delataban. Tenía miedo del futuro, de algo que él conocía y el mundo ignoraba—. La situación es muy precaria, además, necesitamos mantenerlos ocupados para que tengas camino libre hacia donde esta Slughorn.

—Pero también debe tener quien le cuide, y quien mejor que yo.

Harry permaneció callado para asombro de Sirius que pensó que lo apoyaría, pero el alquimista entendía el movimiento de Dumbledore, y las circunstancias que lo orillaba hacer aquello.

—Yo me puedo cuidar solo, lo hecho todo este tiempo.

—Eso no es del todo cierto —intervino Luna—. Muchos te han protegido en tus años de viaje, yo he sido uno de ellos. Por lo tanto me ofrezco acompañar a Harry en su búsqueda, si me lo permite Gran Maestre.

—Se ese es el caso, igual yo me apunto.

Dumbledore les miro a los tres con una mirada paternal, podía percibir esa hermandad que había en aquellos amigos. Comprendía que por más que fuera su superior si les negaba acompañara su amigo en su travesía solo los orillaría a ignorar sus órdenes. Con n movimiento ligero de su cabeza asintió, dando luz verde a la operación.

—Bien, ustedes serán un pequeño escuadrón que ira tras Slughorn.

—Estoy seguro que la señorita Granger los querrá acompañar —participo por primera vez en la conversación Mcgonagall, quien recibió unas extrañas miradas por parte de Flamel y Dumbledore; las ignoró—. Con ustedes cuatro como un solo equipo será suficiente para que cumplan con la tarea principal.

—¿Cómo se encuentra?

La pregunta de Harry provoco que las miradas dedicadas a la segunda maestre se desviaran hacia él, solo que con otro significado.

—La magia que utilizaron en ella era muy poderosa y con alto contenido de magia negra —explicó por alguna razón Flamel, en su aspecto falso—. Esa bruja es una poderosa manipuladora me hizo difícil poder poner los huesos de la castaña en su lugar…

Esas palabras noquearon a Harry que sintió en su interior explotaba la rabia por lo que Cho había hecho con su novia. Si no fuese porque aún tenía la mano de Luna en su hombro hubiera saltad de la cama y amagado con ir a la habitación de su castaña.

En su rabia se perdió de lo que siguió explicando su mentor en la alquimia. Solo cuando se calmó capto que estaban hablando que la recuperación de Hermione había sido satisfactoria, algo que tuvo que ver mucho su nivel de magia: la cual catalogaron de alto nivel.

—¿La puedo ver? —preguntó cuándo termino de hablar su mentor.

—Por supuesto —por algún motivo la más entusiasmada en que Harry se reuniera con Hermione era la profesora Mcgonagall—. Ella también ansia verte.

44

Nadie acompaño a Harry hasta el pasillo que conducía a la habitación de la enfermería donde Hermione descansaba. Los maestres se retiraron una vez salieron de su habitación, Ron y Luna unos pasillos antes de entrar en la zona de enfermería. Por alguna razón Harry sentía nervios por ver a su castaña, sus recuerdos aún estaba confusos, tras un velo de luz intenso que no permitía ver con claridad los eventos que los llevaron a ese momento.

Harry se sintió como un niño cuando estuvo a solo unos centímetros de la puerta; su corazón latía fuerte, y por alguna razón en su pecho algo le oprimía. Extendió su mano hacia el picaporte y lo giro para empujar la puerta. Para su sorpresa unos ojos marrones y una cabellera larga y un poco desaliñada lo recibieron. El alquimista se quedó pasmado en su lugar, mientras su castaña le miraba con una expresión vacía, pero que pronto lleno de alegría.

De un salto la castaña se lanzó a su pelinegro y lo rodeo con sus brazos como si hubieran pasado años de no verse. Harry reacciono a tiempo para rodear su cintura, antes de que pudiera crear la tensión de algo erróneo.

—No sabes que preocupada estaba.

—¿Por qué?

Hermione se separó de su novio y le sujetó con ambas manos sus mejillas y le obligo a verle directo a sus ojos. En ese momento donde el contacto de sus ojos se intensificó, el alquimista podría jurar que algo había cambiado en el aura de su novia como si se tratara de otra energía. Limpia y pura, alejada de la obscuridad que alguien de su pasado infringió en su ser.

—¿Te encuentras bien?

Las castaña solo permaneció en esa posición apreciando a su pelinegro. Una sonrisa suave se plasmó en sus delicados labios. Se le aproximó y con una dulzura que jampas había experimentado sus labios se encontraron en un beso que los llevaba más allá de la magia. Cerró sus ojos para olvidarse del mundo y sus problemas, por su mente ya no existió ningún Señor Tenebros ni sus sequito, ya no existía el miedo de la presencia de Cho ni la situacion precaria en la que se amenaza el mundo mágico.

Cuando el beso terminó la realidad volvió a sus cuerpos, Harry abrió sus ojos para ver como su castaña ya no tenía esa aura diferente, volvía a ser ella misma. Lo sentía, lo percibía como si fuera una extensión más de su cuerpo.

—Eso fue… intenso —Confesó el alquimista.

—Fue Hermoso.

La pareja se sonrió como si nada malo hubiera sucedido tiempo atrás, como su la vida en esos días estuviese lleno de tranquilidad.

—Me da gusto que estés a salvo.

—Gracias a ti todo salió bien, y no me paso nada malo.

En esas palabras, Harry sintió que había mucha mentira, pero no sabía bien la razón por su mala memoria. En cambio, a esas palabras dichas por su castaña sentía que era el quien debía dar las gracias. Pero cualquier pensamiento relacionado con eso se vio nublado por la preocupación de la piedra filosofal.

Necesitaba moverse ahora que sabía que su novia estaba bien, encontrar la otra mitad de la famosa piedra que sus padres ayudaron a separar era de vital importancia. Si este señor tenebroso era el señor de las sombras, el interés que pudiera tener por conseguir las piedras sería muy intenso. Con eso en mente, y siendo la razón de la muerte de sus padres, el alquimista se perdió en un punto en la nada para analizar su siguiente movimiento.

Por su lado, Hermione estaba consciente de que su novio tenía algo que le preocupaba. No le interrumpió en sus pensamientos, no necesitaba que le dijera lo que tenía, ella solamente estaría allí para él cuando le necesitara. Le sujetó de la mano y fue cuando su pelinegro regreso a la realidad, al contacto de su piel.

—Tengo que volver a retomar mi misión —dijo.

—¿No querrás decir, tenemos?

El alquimista se mordió el labio inferior y desvió la mirada.

—No creas que te abandonare, Harry Potter.

—No quiero que te vuelvan a lastimar.

—¿Crees que necesito que me cuiden?

La castaña fingió molestia por su comentario, Harry se puso colorado por la idea de que su novia se hubiera ofendido, pero la quería tanto que la idea de que Cho o alguien más le dañara de formas imperdonable lo aterraba.

—Has pasado mucho tiempo solo —habló su novia—, ahora ya no es necesario. Me tienes a mí y a tus amigos, estamos para ti como tú lo estás para nosotros.

La castaña le acarició su mano con tanta dulzura que le dolió al alquimista, que sintió culpa por querer alejar a los suyos.

—Encontremos el resto de la piedra que tus padres te encomendaron buscar.

—Gracias.

Con unas energías renovadas y la esperanza restaurada, la pareja se dispuso a prepararse para salir en busca de la piedra al resguardo del hechicero Slughorn. Y de una vez por todas, evitando que caiga en malas manos, destruirla para evitar que la obscuridad amenace el mundo mágico y tierras lejanas.

XxX

La obscuridad que cubría todo aquel campo de montes y colinas no correspondía para la hora del día en que se encontraban. Unas gruesas y negras nubes cubrían el cielo como un manto de muerte. Por los cielos figuras en túnicas desgarradas sobrevolaban un castillo en lo alto de una colina, cerca de un enorme cementerio que servía como recordatorio de todo el mal del mundo.

Las figuras sin alas, pero que volaban, se reunían en el ala oeste de la mansión. Flotando sobre un campo de césped seco, repleto de figuras encapuchadas y otras figuras, una entidad observaba a su ejército. Que a pesar de haber liberado a varios de Azkaban, aun no era lo suficientemente grande ni poderoso como para hacer frente a todos los enemigos que tendría.

El ente sin rostro era admirado por sus seguidores, y solo rodeado por aquellos dignos de estar en su presencia. Una entre los quince sobresalía por su rasgos faciales diferentes a los de aquel país, y muy comunes en tierras lejanas.

Cho ubicada como la quinta entre los quince, miraba el ejército de su señor que vociferaba al señor tenebroso mientras este con un movimiento de su varita creaba la Marca Tenebrosa en el cielo. La bruja pudo percibir una excitación que se expandía por su cuerpo cada que la figura macabra se deliñaba entre las nubes. Sus ojos brillaban con esa promesa de que pronto cumpliría su sueño, y, de una vez por todas tener todo lo que había deseado desde hace años.

—Veo que te encuentras emocionada —apuntó una mujer a su lado, su rostro demencial y su figura desaliñada dejaba en claro que se trataba de la mano derecha del señor tenebroso.

—¿No debería?

—Por supuesto que lo debes estar —la mujer dirigió su mirada hacia el ente que pronunciaba algunas palabras a su gente—. Pronto el mundo sabrá lo que es vivir desesperación, y que todo quede en cenizas.

Para Cho eso no era lo que realmente le importaba, su mente estaba en su verdadero objetivo. En su mente se dibujó aquella persona que tanto amaba, y pronto lo conseguiría junto con su otro gran sueño. La excitación se reflejó en una sonrisa cuando los cientos de brujos en el campo gritaron en una sola voz para mostrar su unión y compromiso con su Señor.


Antes que nada quiero ofrecerles unas disculpa por mi tardanza, pero es que mi vida esta muy complicada en estos momentos y mi tiempo reducido. Pero bueno, dejemos las disculpas a un lado y quiero agradecer a todos por su apoyo, a los que en este tiempo de ausencia me han dado un fav o follow y hasta reviews. MUCHAS GRACIAS, y en verdad que espero les guste este nuevo capitulo.

No quiero prometer mucho, pero el siguiente capitulo trataré de que este pronto y lo puedan disfrutar.

Les mando saludos y nos leemos en los reviews.

Au Revoir.