INTERLUDIO

El cielo resplandecía con la luz del sol que tenía poco tiempo de asomarse por el horizonte, y aun así dentro de una enorme mansión la penumbra reinaba en un salón en particular. En el centro se encontraba un sillón individual con el respaldo alto, el cuero carmesí se decoraba con detalles en madera negra, y en ella estaba sentada en Señor Obscuro.

Desde la entrada un par de magos obscuros observaban a su señor, en forma brumosa, observando hacia el ventanal con una gigantesca cortina gruesa que impedía la luz pasar.

—¿Por qué cada tarde termina solo en este lugar? —preguntó uno de ellos.

—Piensa —contestó escueto el otro.

—¿Qué?

—En el pasado.

El señor tenebroso fingió no escuchar a sus lacayos y permaneció sentado posando su mirada en la nada; después vería porque estaban de curiosos.

Sin embargo, lo que uno respondió era cierto y estaba pensando en un punto en su pasado muy en particular. Uno que jamás creyó serpia un momento crucial, y que dejo escapar por la debilidad que en ese momento le arremetió.

Después de la caída del señor de las sombras tuvo que vagar por el mundo débil en busca de algo que lo mantuviera con vida.

Veía pasar la vida como un conjunto de retratos, pinturas en movimiento constate, y eso lo frustraba. En un momento gozaba de un gran poder, el mundo estaba a sus pies, podía hacer y deshacer lo que quisiera; todo eso había cambiado.

Su existencia se consumía con el paso de las lunas, necesitaba encontrar la forma de recuperar algo de su poder. Necesitaba encontrar un huésped para sobrevivir, y que le permitiera seguir un tiempo más en este mundo; el suficiente para volver.

¿Quién eres?

Y un joven apareció frente a él.

¿Por qué solo yo puedo verte?

No podía creer que algún hechicero tan joven tuviera la capacidad de notar su presencia, pero eso le alegraba. Debía aprovechar la oportunidad que se le presentaba, y si todo salía bien ese joven lo haría regresar al mundo de los hechiceros y las brujas.

Soy un amigo.

Y se ganó la confianza del joven hechicero a tal grado que este compartió su cuerpo sin pensar en lo que vendría después.

Con el paso de unos años el ente logro recuperar parte de su poder, uno necesario como para ya no compartir el cuerpo y tomar posesión de este. Y con el control total planeo la manera de obtener ingredientes para una poción que lo ayudaría a incrementar sus poderes.

Una noche entró en el almacén de un cuartel de aurores del pueblo vecino del que vivía. Tenía que ser sigiloso ya que no tenía el suficiente poder para confrontar a un auror de alto nivel, y mucho menos a varios de ellos.

¡Alto!

Un auror entro en el almacén cuando creyó que podría salirse con la suya, y un enfrentamiento de propicio. El cuartel entro en alerta, y como pudo consiguió eliminar a varios oponentes, pero entre más avanzaba a la salida más aparecían.

Y sin su máximo poder, y utilizando la magia que podía con su nuevo cuerpo, consiguió huir en un corcel de viento; uno de los animales más rápidos.

Sin embargo, un grupo de aurores lo interceptaron en un páramo cerca de Hill. Su caballo fue derribado y el rodeado por los hechiceros de túnicas marrón. Sin duda ese era el grupo de Ravenclaw.

Hasta aquí has llegado ladronzuelo —dijo, un hombre alto y delgado.

¿Ladronzuelo? —le molestaba aquella expresión, él era muchísimo más que eso—. No sabes con quien tratas, y eso te costara la vida junto a los tuyos.

Su aspecto era tan joven y novato que los aurores se bufaron, pero tan pronto cayo el primero muerto por un hechizo mortal los demás se lanzaron en furia contra él.

Y la batalla se desató en la nada, solo con el sol y la hierba seca como testigos. Uno a uno fueron cayendo, llevándose varias heridas, hasta que solo quedaron él y aquel auror delgado. Ambos débiles por la lucha, sangrando y con poca fuerza en sus cuerpos. Jamás creyeron que esa lucha les llevaría hasta la mañana siguiente, y esas horas pesaban.

Uno frente al otro mostraba su varita a la espera del ataque del otro, pero el cansancio no les permitía actuar primero. Al paso de unos minutos el auror lanzo un hechizo que apenas consiguió esquivar, no sin tener que caer al suelo lo que aprovecho su oponente.

El auror se posó sobre el quitándole su varita, despojándolo de toda dignidad. Jamás en su otra vida había tenía que ceder ante un inferior, y eso lo frustraba a tal grado que soltó un desgarrador grito que impacto en los oídos del hechicero sobre él.

Eres peligroso, chico —dijo el auror, que le apuntó con su varita—. No sé si sea correcto dejarte con vida.

No te atreverías.

El auror iba enserio, y eso asusto al joven. Desesperado forcejeo al ver como los labios del auror formaban la palabra del hechizo prohibido.

¡NO!

En un último acto de desesperación uso lo que le quedaba de magia y de la boca del joven salió lo que quedaba de su antiguo yo. Un humo negro pasó del joven a las cavidades del auror que entro en shock y se estremeció cayendo a un lado del cuerpo muerto de su adversario.

Dentro del auror se libraba una batalla de espíritus, por quien tomaría el control total del cuerpo. Sin embargo, esa batalla era para el ser obscuro que tenía ventaja al ser un maestro de posesión; y con su experiencia terminó ganando.

Acostumbrándose al nuevo cuerpo se levantó del suelo, curveo su espalda hacia atrás y observo el cielo desde los ojos de alguien más.

No volverá a pasar —decretó.

Agh, guh.

Una voz familiar se escuchó a sus pies, se trataba de su antiguo cuerpo. Miró a su antiguo huésped tratar de decir algo, incluso tuvo la poca fuerza para sujetar su pantalón al nivel del tobillo.

Con desprecio de sacudió la pierna para liberarse de la mano de aquel sujeto con aspecto asqueroso.

¿Por qué?

Aquellas fueron las últimas palabras que logró pronunciar el joven que una vez lo considero un amigo, y con lágrimas rodando por sus ojos su vida termino sin que le importara al ser obscuro.

Se giró y comenzó andar dejando atrás su pasado con aquel cuerpo inerte en el suelo. No obstante, seguía débil como para usar la transportación e incluso los animales que usaron para llegar allí estaban muertos.

Sin tener muchas opciones, y poca magia, emprendió el viaje a pie hasta el primer pueblo cercano. Pero sus heridas se agravaron al segundo día, y débil por el hambre y la sed ya tenía en su cuenta dos caídas, a lo que una le lesiono un par de costillas.

Sin comida y agua en el cuarto día ya deliraba, pero no podía dejarse vencer y como podía hacia que sus pies lo mantuvieran de pie y avanzaran.

Su caminar era errático, y cuando creyó que desfallecería observo algo venir a lo lejos; apareciendo de la nada como un ángel. Quizás aquel era un ángel de la muerte ser que venía por él, pero al verlo acercarse y aclararse su visión tembló del miedo.

No era un ángel, no era la muerte, era su pasado que venía por él una vez más y amenazaba con terminar lo que quedó pendiente.

Su cuerpo se estremeció del miedo, uno que jamás había sentido, por ver que frente suya estaba su peor enemigo caminando hacia donde se encontraba. El hechicero que creyó haber asesinado, y que consiguió quitarle todo excepto su vida, estaba caminando hacia él.

Con la fuerza que aun tenía levanto su varita y trató de lanzar un hechizo, pero ya no poseía fuerza para articular. Extrañaba poder hacer magia sin voz ni varitas, deseaba ser quien era antes.

Tranquilo, vengo ayudarte.

Era mentira, no venía ayudarlo lo que en realidad deseaba era matarlo por matar a su esposa. Con fuerza sujeto su varita y aun lo amenazaba con ella, sin poder convocar hechizo alguno.

No vengo hacerte daño, solo quiero ayudar.

Cuando el joven se aproximó unos pasos más pudo observar como no se trataba de su peor enemigo. El hechicero frente suyo era parecido, sin embargo, no se trataba del hombre al que en ese momento tenía en mente.

¿Quién eres? —estaba intrigado por aquella similitud.

Me llamo Harry, soy un hechicero que va a la ciudad de Dufftwon —el nombre no le sonaba, pero tenía que saber porque se parecía aquel hechicero… y esos ojos eran tan ella—. Te he visto desde mi campamento y he venido ayudarte. Tengo agua y comida.

Aun tenía reticencias en aceptar su ayuda, pero era lo único en kilómetros que lo podía mantener con vida. Necesitaba recuperar fuerzas, no dejar que su existencia se desvaneciera de forma tan poco digna de él.

Se dejó ayudar por el hechicero, obtuvo agua y algo de comida. Siempre a la defensiva acepto la ayuda, y eso lo noto el joven el que noto su cautela y trato de ganarse su confianza. Algo en ese joven le era tan familiar, su aura era tan de ellos.

¿Quién eres? —volvió a preguntar.

El joven se volvió a presentar como Harry, y le dio el nombre de su ave el cual no le interesaba. En su mente solo estaba el nombre del joven, y por más que hiciera memoria no ubicaba alguien con ese nombre en su pasado.

¿Cuál es tu nombre?

Cristian —mintió.

Harry insistió en que debían ir a con un medimago, pero él tenía que dirigirse hacia otro lugar a lo que dio un poblado lejano para que lo dejase ir; nadie se preocuparía por alguien que debía que ir a una frontera. Sin embargo, el joven insistió a lo que le tomó por sorpresa.

Analizo la situación, y quizá si conseguía más fuerza podría apoderarse del joven y con su cuerpo joven, fuerte y sano podría hacer lo que deseaba. Acepto ir con él hacia el poblado que menciono estaba cerca, y cabalgaron a la mañana siguiente.

En el camino trato de entender porque lo ayudaba, estando al tanto de los ataques sufridos por magos renegados en las cercanías ningún hechicero cuerdo le hubiese ayudado. El cuerpo que tenía era de un auror, pero su túnica no era reglamentaria y no todos la conocían, a lo que si le sumaban lo sucia y rasgada menos parecía ser de los buenos.

El joven lo cuido en todo momento, estuvo al tanto de su bien estar y eso lo irritaba. El mundo no había sido duro con ese joven aun, y eso necesitaba cambiarlo. Pero cuando sintió que tenía la fuerza necesaria para apoderarse del joven algo lo detuvo. Una fuerza mayor, una que solo podía poseer un alquimista.

Y con una intriga excitante el auror poseído planeo algo terrible. Había encontrado al último alquimista con vida, algo insospechado, pero con esa suerte lo que tenía que hacer era volver a recuperar su fuerza y volver a encontrarlo para poseerlo… ser un alquimista sería volver a ser como antes.

Dejo que lo curara el curandero del pueblo, y le ofreció dinero que poseía su nuevo anfitrión para que el alquimista pudiera llegar a salvo a su destino. Lo necesitaba con vida.

El joven hechicero no quiso aceptar su ayuda y con un juego de palabras en la conversación, que incluyo darle una pista de lo que era en realidad, el joven alquimista acepto.

Talvez mañana necesite de tu ayuda, uno nunca sabe.

Esas palabras decían tanto, y daba gracia que el joven no lo entendiera, pero lo haría en el futuro y sería demasiado tarde.

—Señor.

La voz de uno de sus lugartenientes lo devolvió al presente.

—Han llegado.

—Perfecto.

El Señor tenebroso se levantó de su asiento extasiado por la emoción que le embargaba, su plan estaba por dar inicio y si todo iba como estaba previsto pronto se volvería a ver con aquel alquimista.


¡Hola a todos! Después de tanto tiempo he regresado con esta historia. No sé si aun haya alguien que espere un capitulo nuevo o que mis anteriores lectores vuelvan para dejarme un review jajaja, pero eso me gano por tener poco tiempo (trabajo y estudio), y no conseguir dar un algo de espacio para escribir. En fin, quiero dar un consejo para que entiendan este capitulo, si leen el capitulo 11. X entenderán con mayor amplitud la importancia de aquel y este capitulo.

Bueno sin más por agregar nos leemos pronto, espero sea en un par de dias pero no prometo tanto jajaja

Au Revoir.