NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
6. Humildad
George llegó al hogar de Pony dos días antes de la fiesta, Candy charló con él y le solicitó que si antes del viaje de Albert podría agendarle un día para ella, para hacer una comida de despedida en el campo, ahí mismo, en el Hogar de Pony, aunque aclaró que entendía que él no deseaba compromisos de tipo social y entendería si no fuera posible, además comrendía lo ajustado de los tiempos. George sonrió ante lo inesperado de la propuesta, pero sabía que los días posteriores William estaría trabajando como loco, y en viaje posterior, ni se diga, así que sin dudarlo respondió:
-Muy bien señorita Candy, lo haré, es más, yo mismo lo traeré.
-¡Excelente! ¡Muchas gracias!
Partieron rumbo a Lakewood, ella estaba muy nerviosa por la reacción de la tía abuela; se había bañado y arreglado lo mejor posible sin permitirse perder su esencia, no tenía dinero para lujos, y no empezaría ahora a gastar de más, sobre todo porque recién volvería a trabajar a un hospital, lo había decidido.
El portal de las rosas la remontó inmediatamente a tiempos hermosos –"Anthony me dará suerte con la tía abuela, a él le hubiese gustado que me aceptara", pensaba- Inmediatamente a su llegada, fue dirigida al salón de té, la famosa matriarca Elroy Andry, la esperaba.
-Buenas tardes señora Andry
- Candice, adelante por favor
-Sí, permiso
-Bueno niña, sin rodeos. William dice que tú lo ayudaste durante su enfermedad, a costa de la pobreza y con sacrificios
-Albert se encontraba muy enfermo, no podía dejarlo a su suerte, necesitaba ayuda tanto clínica como humanitariamente. Él es mi amigo desde hace mucho tiempo, desconocía su identidad, pero él siempre me apoyó y me aconsejó. Debía retribuirle un poco
-Y ¿Tu reputación?
-Señora, no me rijo por lo que la gente pudiera pensar de mí, las personas que me conocen, saben que no pondría traicionarme a mí misma ni a mis principios, yo simplemente lo ayudé porque lo quiero y se lo debía
-¿A qué te refieres exactamente Candice?
- Señora, yo siempre fui educada por mujeres con una invaluable moralidad y respeto. En el Hogar de Pony, las madres tienen valores altísimos, los cuales pregonan al servicio de Dios y al cuidado de niños indefensos; en el Colegio San Pablo, las monjas siempre predicaron respeto y dignidad; y usted misma, me educó con una estricta moralidad y como un ejemplo a seguir, de lo que es una verdadera dama. –La tía abuela sintió un dejo de orgullo, pues jamás imaginó que aquella niña a quien ella veía como una carga, la considerara un ejemplo a seguir-
-Candice, ahora si me permites, me toca hablar a mí. Primero que nada, te pido dejes de llamarme señora, que te guste o no, sigo siendo tu tía abuela. Y en segundo lugar pero no menos importante, te pido perdón por haber sido tan injusta y hasta grosera contigo
-Tía abuela, no diga eso por favor, usted no podría haber adivinado…
- Candice, no importa que desconociera la identidad de tu paciente, como tú misma lo has dicho, tal vez si te hubiera conocido mejor… Pero ahora estoy profundamente agradecida contigo, me siento en deuda y si es posible, me gustaría retribuirte de algún modo, de la manera que desees, no quiero comprar la enorme deuda que el clan tiene hacia ti por devolvernos a nuestro patriarca sano y salvo, simplemente si hay algo que pudiera hacer por ti, me gustaría saberlo. Y por último, necesito que aceptes mis sinceras disculpas y nos hagas el honor de retomar el apellido Andry, que siempre te ha pertenecido
Candy empezó a llorar conmovida, jamás imaginó que una mujer tan fuerte y firme como Elroy Andry fuera capaz de dirigirle palabras tan emotivas.
-Tía abuela, ¡Gracias! Gracias por recibirme en su familia, le aseguro que no tengo nada que perdonarle a una mujer que me ha recibido en su casa y colaboró en mi formación desde niña
Elroy estaba boquiabierta, esa chica no dejaba de sorprenderla, luego de lo fría y hasta cruel que la había tratado, incluso la había corrido y despreciado, ella se sentía agradecida. Solo pudo recordar a la chiquilla risueña y algo salvaje a la que siempre consideró una carga y a la que jamás consideró realmente parte de su familia. "¡Qué equivocada había estado!"
-Tengo entendido que serás la acompañante de William en su fiesta de presentación
- Él me lo ha pedido tía abuela
-¿Ya tienes lo necesario? Recuerda que asistirás como miembro de la familia y como pareja del anfitrión
- Había planeado ir de compras con Annie Britter hoy mismo, pero quisiera pedirle si es posible, ya que sé lo ocupada que estará con un evento de tal magnitud, si podría hacerme el favor de ayudarme a elegir mi atuendo; no quisiera fallar en absoluto a lo que se espera de mí
-Está bien Candice, lo haré. –dijo secamente, pero sintiéndose halagada- Ve a instalarte e iremos luego del almuerzo
Candy se dirigió a su antigua habitación, alguien familiar la esperaba en la puerta
-¡Dorothy! ¡Qué alegría verte! Estás muy elegante –abrazándola-
-Señorita Candy, el gusto es mío, ahora soy el ama de llaves de la mansión y el personal se encuentra bajo mi responsabilidad; cualquier cosa que necesite, no dude en pedirlo
-Dorothy, que bueno que tu trabajo y lealtad sean reconocidos
- Gracias señorita Candy, me alegra que esté de vuelta. El señor dispuso algunos detalles personalmente en su habitación, ojalá sean de su agrado
-¿Él está aquí?
-En estos momentos no, pero seguramente vendrá para la cena, la señora Andry se pone de muy buen humor cuando el joven viene a comer con ella
-Gracias Dorothy, te veo en un rato, tenemos que platicar y ponernos al día
-Sí señorita, por supuesto
Candy entró a la habitación y lo primero que percibió fue el aroma de las Dulce Candy, y para su regocijo, vió en la mesita un precioso arreglo de éstas, acompañadas de pequeñas florecitas silvestres, dándole un hermoso toque de color, se acercó a olerlas más de cerca y enseguida reconoció las florecitas
-¡Son como las de la guirnalda que le tejí a Albert la última vez que nos vimos! ¿Se acordaría? ¡Hay una nota!
"Pequeña,
Cuando fui a chicago, me tomé
el atrevimiento de traerte algunos artículos
del departamento; espero no te moleste.
Bienvenida a casa, te esperaba.
Tuyo, Albert"
Candy, curiosa, empezó a recorrer la habitación buscando ¿Qué había llevado Albert de su departamento? Observó en el tocador varios de sus productos favoritos ¡Vaya que la conocía!: cremas, esencias de baño, su perfume, cepillo, broches para el cabello… "Un momento, ¡Todo esto es nuevo! Algunos frascos parecen muy lujosos"
Sus ojos se detuvieron en el cofre que años atrás le regalara Anthony "Mis tesoros, Albert, sabes que siempre me tienen que acompañar en ocasiones especiales, gracias"
Abrió el armario y encontró varios vestidos hermosos y nuevos, claro, él sabía su talla, no era la primera vez que le obsequiaba ropa; pasó su mano sobre ellos y confirmó que lucían bastante finos; en eso, sus ojos se detuvieron en una tela rayada, casi instintivamente descolgó el gancho y al borde de las lágrimas descubrió su piyama, sí, aquella que compró a juego con una para Albert cuando compartían el departamento
- Candy, ¡Eres una tonta! él hace tantas cosas lindas por ti y te emocionas con una piyama ¡Ah, mi Bert, cuánto te extrañé! -dijo para sí misma abrazándose a la prenda
Annie llegó luego del almuerzo, con la tía abuela y Candy se fue de compras. Pasaron la tarde entre corsés, crinolinas y listones de seda, ya que a la tía abuela no le gustaron en absoluto las nuevas tendencias. La plática, consistió mayoritariamente en recordarle a Candy las lecciones de protocolo, a lo cual, Annie asentía constantemente apoyando a la tía. La rubia se sentía muy extraña y fuera de lugar, ya que era la primera vez que asistía a una tarde de compras a sitios tan exclusivos, donde la trataban con tanta amabilidad que le resultaba exagerada; para rematar, la tía insistió en pagar, ya que la ropa era para la gran celebración de los Andry y tenía que lucir digna del apellido, especialmente por William; pero por él, Candy estaba dispuesta... A todo
Chicas, muchísimas gracias por sus comentarios, de verdad me emociono muchísimo con cada uno de ellos, por cierto, no me han dicho qué le pareció Susana, y qué tal la actitud de la tía abuela.
Laila: Siempre me pareció que la hermana María era como muy inocente, me la imagino directo del convento, muy jóven, al horfanato, a convivir con puros niños. Me acuerdo mucho de un capítulo del animé donde literalmente salta a una cabra para ir a saludar a Candy, eso me dice mucho de su personalidad, sus comentarios son así, bienintencionados y algo ingénuos, qué gusto que leas mi historia.
: espero no defraudarte, creo que vamos a buen ritmo
Blackcat2010: ¡Claro que amamos a ALbert! ojalá los hicieran en serie
Nelly: De verdad me estoy aplicando, espero seguir a este ritmo, para se mi primer fic, creo que no me tardo tanto en actualizar
Gatita Andrew: Es un gusto leerte, gracias por tus hermosos comentarios
Verito: Pronto, pronto sabrá quién es el principe
Stear´s girl: Ya me leí tus fics, tienes razón, ya soy tu fan
Noemí Cullen: Síii, me dí cuenta, ¡Que pena! me "brinca" mucho esa faltota de ortografía, de hecho, en el mismo cap, se encuentra la misma palabra bien escrita, aún no sé como editar el capítulo, en cuanto aprenda, lo corrijo. Gracias por los consejos
Angeles: Síi, queremos que paguen los Leagan, aunque ninguno de los rubios son vengativos
