NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.

9. El patriarca

Candy abría los ojos con una expresión de absoluto pánico. Su mente trabajaba a mil por hora "Albert está en mi cama, ¡Durmió conmigo! ¡Alguien está tocando la puerta! ¿Qué van a pensar? ¡Que soy una descarada! ¡Ahora sí me repudia la tía abuela! Adiós fiesta… No, ¡Adiós apellido..! O lo peor: adiós Albert…" Cuando ya estaba al borde de las lágrimas, sintió los fuertes brazos que la abrazaban, apretarla un poco más firme, al tiempo que los tibios labios de su hermoso rubio le susurraban al oído:

- Todo va a estar bien

Y entonces, como si su voz fuera un bálsamo reconfortante, la chica empezó a colmarse de tranquilidad; y separando su rostro para verlo, se miró en esos ojos tan azules como el cielo, con una sensación plena de seguridad apoderándose de ella. Cruzaron fugazmente una sonrisa de complicidad y la potente voz de hombre exclamó:

-¡Adelante! – al tiempo que se sentaba en la orilla de la cama y una elegante mujer, con paso calmo pero decidido, se adentraba a la habitación

-¡William! Pero me quieres explicar ¿Qué haces aquí? – clamó una perturbada Elroy Andry

-Buenos día tía; ayer Candy y yo nos mojamos a causa de la lluvia y vine a ver que no estuviese resfriada –contestó calmadamente el rubio

-Y ¿En pijama, William? Candice no debiste dejarlo…

-Tía abuela, ella no se percató, -interrumpió bruscamente- yo fui quien quiso estar al pendiente de ella por si se afiebraba o necesitaba algo, no le consulté y cometí el error de quedarme dormido

-¿Dormiste aquí? –gritó la tía ya sin poder contenerse -¡Pero William, qué escándalo! ¿No te das cuenta de la magnitud de tus actos? ¡Eres su tutor! ¡Deberías cuidarla! ¡No permitirle que un hombre duerma en su habitación! ¡Y eso, por supuesto que te incluye a ti!

-Por eso mismo tía, porque soy su tutor, debo velar por su seguridad; exactamente de la forma que usted nos cuidaría a cualquiera de sus sobrinos si enfermáramos. Entonces, no veo la razón para que se alarme tanto. Jamás le faltaría al respeto ¿Qué no confía en nuestros principios?

-En los de ella, sí; ya me los ha demostrado; pero en los tuyos… pues al final eres hombre

-¡Tía! – dijo Albert conmocionado- ¡Pero si usted misma me educó!

La tía, dubitativa, se debatía internamente entre retar a su insolente sobrino o confiar en la palabra del hombre de honor que se suponía, debía ser el patriarca

-Candice, ¿Estás segura que no te diste cuenta de que William se quedaba dormido en tu habitación?

-No tía abuela, por supuesto. Yo misma lo habría despertado –afirmo la chica un tanto incómoda

-¿Y bien, cómo te sientes? Podemos llamar al médico

-No es necesario tía abuela, estoy bien, aunque anoche tenía mucho frío, creo… creo que sí me estaba dando fiebre…

-Vine a decirte que confío en que tu comportamiento esta noche, sea el digno representante de una Andry, y guardes la compostura en todo momento. Voy a pensar en cómo solucionaremos este suceso, ahora apresúrate que falta mucho por hacer. William, tú y yo debemos discutirlo ahora.

-Tía, discúlpeme que la contradiga, pero no pensará que me voy a pasear por la casa en pijama, me voy a bañar, a vestir, desayunaremos en familia y posteriormente charlamos de lo usted guste –afirmó enérgicamente el rubio

Lánzandole primero una mirada de desaprobación, y posteriormente dando un fuerte suspiro de resignación, la tía habló:

-Está bien William, se hará como desees.

-Pues manos a la obra; Candy, te esperamos en el comedor – dijo el chico mientras salía escoltando a su tía a la que lógicamente en esos momentos, no pensaba dejar con Candy

La chica sintió que el alma le regresaba al cuerpo, por primera vez se daba cuenta de que Albert, no se iba a dejar intimidar por nadie, y eso incluía a la mismísima tía abuela. Empezó a sentir un dejo de orgullo, pues empezaba a divisar la importancia de ser el patriarca del clan Andry; de mantener en orden a las familias que lo conformaban, de ser el responsable además de todas las empresas y negocios que forjaban su fortuna, con sus consiguientes subalternos y además de preservar el honor y reputación del clan. Era tarea para un hombre bastante intimidante, pero era Albert, "su" Albert, y una sensación de seguridad y absoluta emoción la invadió. Pasara lo que pasara esta noche, era su noche y él iba a sentirse orgulloso de ella, en todos los aspectos posibles.
Se arregló de manera sencilla, y cuando bajó, ya la esperaban en el comedor Albert y la tía, llegando Archie casi detrás de ella

-Familia –comenzó Albert a decir- quiero agradecer su apoyo. Tía, muchas gracias por ocuparse de toda la logística del evento de hoy. Pero sobretodo, quiero agradecerles por preservar la unión, el respeto y el amor en este hogar.

Luego de las emotivas palabras de Albert, la tensión que se respiraba principalmente por parte de la tía abuela, se relajó bastante. Procedieron a desayunar con calma con una charla casual y posteriormente Albert y Elroy se dirigieron a la biblioteca.

-William, necesito saber que vas a hacer con respecto a esa muchachita.

- Tía, no voy a hacer absolutamente nada. Ya le expliqué lo sucedido, es mi absoluta responsabilidad. No pensaba quedarme con ella, sino asegurarme de que estuviera bien; me que quedé dormido y no puedo hacer nada para cambiarlo, Candy ni siquiera se percató.

-Pero William, no te das cuenta del escándalo que implicaría si alguien se entera. La honra de esa niña va quedar por los suelos…

-Tía, le aseguro que no será así, yo mismo me encargaré de ello si iniciara algún rumor, pero francamente lo dudo puesto que solo la estaba cuidando, como es mi obligación

-¿Tu obligación? ¡Tenemos bastantes empleados para que alguno se hiciera cargo! –afirmo secamente la tía

-Pues es mi gusto hacerme cargo de ella. Es lo que hacemos con la gente que amamos. Es lo que ella hizo conmigo mucho tiempo. Y como lo afirmé allá arriba, seguramente es lo que usted haría por cualquiera de nosotros. Y con esto doy por zanjado el asunto

-¡William! Realmente ¿Es tan importante para ti?

-Por supuesto que sí tía, nuestros caminos siempre han estado atados. La conocí desde niña, le oculté mi identidad, pero aún así, ella siempre confió en mí, a pesar de todo y de todos. Ella es parte de mí y eso no cambiará por nada

-Entiendo. Pues solo me queda recordarte que el evento de hoy es meramente social y espero que te dignes a bailar con varias de las jóvenes que asistan.

-Tía, usted y los miembros del consejo decidieron ocultarme, incluso de mi familia. Jamás asistí a un evento social con los Andry y ahora espera que haga lo que se espera de mi socialmente. Conozco perfectamente el protocolo, si es a lo que se refiere, y lo cumpliré al pie de la letra. No me pida más. Ésta, es mi primera fiesta en familia desde que era niño, al menos espero, me dejará disfrutarla. Después de todo, en unos días me vuelvo a ir, y según George, no hay una fecha establecida para un próximo regreso, al menos, en tiempos cercanos.

-Pero William, los socios esperan este evento para realizar un acercamiento social, con sus hijas…

-Tía, eso no es verdad, puesto que todos los socios, desconocen mi edad. Entiendo lo que un evento así requiere, pero no voy a estar todo el tiempo con perfectos desconocidos, al menos deseo compartir con la gente que quiero. No se preocupe por nada e intente disfrutar también usted, las fiestas son para divertirse. - dijo dando la vuelta para salir- ¡Ah! Lo olvidaba, me gustaría darle a Candy una de las joyas familiares para esta noche, sabe usted ¿De qué color es su vestido?

-Excelente idea William, no había pensado en algo así. Debe mostrarse como una digna representante de los Andry. Su vestido es verde, lo recuerdo bien

- Gracias tía –dijo el rubio saliendo de la habitación al tiempo que una sonrisa se formaba en su rostro

Ese día en Lakewood, era totalmente lo que se considera una locura; un trabajo de equipo entre un ejército de cocineros, músicos, meseros, floristas y personal de servicio, comandados por la tía abuela y con Dorothy como subcomandante, revisando todos los detalles. La mansión lucía espectacular, el salón lucía majestuosamente decorado con flores por doquier, los músicos estaban preparados y el ambiente en la cocina olía perturbadoramente delicioso.

Arriba, en las habitaciones, el ambiente también era bastante ajetreado, se habían contratado peluqueros, ayudantes de cámara y doncellas para ayudar al arreglo personal de la familia.

Los chicos Andry usarían elegantísimos frac. Habían considerado emplear los tradicionales kilts, pero últimamente habían sido usados para ocasiones verdaderamente tristes, así que optaron por descartarlos y con ellos, las famosas insignias con el emblema de los Andry. Pero había alguien que a escondidas, sí usaría una.

Candy lucía radiante con su vestido verde, entalladísimo por la cintura y con un discreto escote que hacía resaltar sus proporcionadas curvas. El cabello lo llevaría sostenido únicamente con una delgada cinta dorada que hacía lucir su rizado cabello más brillante que nunca. Usaba un maquillaje bastante discreto pero que la hacía lucir acorde a la edad que tenía y resaltaba sus finas facciones. Ni ella misma podía reconocerse. Recordó aquella vez cuando niña, recién había llegado con los Leagan y fantaseó utilizar un vestido verde de Eliza para bailar con su príncipe. Ahora usaba uno mucho más elegante y fino que aquél, no se sentía como una princesa como soñaba de niña, pero realmente lucía como una Y su príncipe… Bueno, su pequeño secreto era que el broche de éste, se había convertido en una suerte de amuleto que siempre la acompañaba en ocasiones importantes; sí, esa noche también bailaría con su príncipe, y aunque iba escondido dentro del vestido, sabía que le traería suerte, la primera muestra de ello es que bailaría con el chico más guapo de la fiesta: Albert.

El barullo que se escuchaba, indicaba que los invitados estaban llegando. Candy se asomó por la ventana y alcanzó a ver a Archie dando la bienvenida junto a la tía abuela. Una doncella, le llevó a Candy una nota enviada por alguien de la familia, intrigó bastante a la rubia, pero la joven era una de las personas contratadas para la ocasión, así que no sabía de quién era exactamente.

Candy:

No querrás contrariar al tío abuelo

Ni hacerlo enojar. Compórtate y

Respeta su voluntad

-¿Qué? ¿De qué diablos se trataesto? No entiendo ¿Será acaso una broma? –exclamó la rubia para sí misma, pero no tuvo tiempo de pensar más en el asunto debido a que en ese momento, la habitación se llenó de un perfume fresco y varonil que inmediatamente le hizo pensar en Albert, quien justamente, entraba en ella, detrás de una doncella, ataviado de un pulcro frac negro, con el peinado algo desenfadado pero elegante y para complementar mejor la imagen, al instante que la vió, le dedicó esa sonrisa deslumbrante que sólo él tenía. Se controló para no mostrarse boquiabierto, pues la visión de la rubia le resultaba por completo deslumbrante.

-Te ves bellísima –dijo el chico tratando de contenerse de observar detenidamente su figura, marcada espectacularmente en aquél vestido.

-Tú también –dijo la sonriente rubia

-Tengo algo para ti, voltéate y sujeta un momento tu cabello – dijo Albert

-Está bien – dijo ella al momento que seguía la indicación, el rubio le colocó entonces una delicada cadena de oro con un dije en forma de corazón, el cual estaba compuesto por varias esmeraldas, enmarcadas por pequeñísimas florecitas blue bonnets talladas en el mismo oro; se tardó un poco en abrocharlo ya que se deleitaba observando el blanco cuello de la chica y rozándolo levemente con el dorso de su mano

-¡Albert! ¡Es hermoso!

-Es tuyo, y lo que lo hace lucir bonito eres tú, resalta por tus hermosos ojos –dijo galantemente

-Sabes que no puedo aceptar algo así ¿verdad? –exclamó humildemente la rubia

-¿Por qué? – dijo sorprendido el rubio, aunque muy en el fondo, conocía la respuesta

-Pues porque no tendría donde usarlo, no podría llevarlo al trabajo o…

-Pequeña,- interrumpió- siempre habrá alguna ocasión para usarlo. Lo mandé a hacer especialmente para ti. Pensaba darte hoy alguna de las joyas familiares, pero cuando la tía mencionó el color de tu vestido, supe que hoy sería el momento adecuado para lucirlo. No tienes que ponértelo diario, pero es un regalo pensado para ti.

Candy se ruborizó levemente y bajando la cabeza susurró:

-Muchas gracias Bert, por todo lo que haces por mí

Él la tomó por la barbilla y levantó su rostro, y mirándola fijamente a los ojos le dijo:

-No tienes nada que agradecer – y sonriendo agregó- Pareces una princesa, soy muy afortunado de ir acompañado por ti; hoy tengo mi propia princesa

Candy no pudo evitar recordar su monólogo anterior y sonreír

-Ven princesa, escuchemos los brindis en la escalera y luego ¡Que empiece el show!

Se acercaron a la escalera, y alcanzaron a escuchar la voz de George, quien fungía como una especie de maestro de ceremonias, y era fotografiado constantemente por la prensa; mencionó el honor de la presencia de los miembros del consejo que se encontraban en América, nombrándolos uno a uno; posteriormente, presentó como representante de la casa anfitriona de los Andry, a la actual matriarca del clan, la señora Elroy Andry, entre fuertes y cálidas expresiones de afecto, aplausos y vítores, la tía abuela dio un largo discurso acerca de las generaciones anteriores de los Andry, de los honorabilísimos patriarcas anteriores y de la seguridad de que William continuaría desempeñando su labor con el mismo éxito y dignidad que hasta ese momento lo habían hecho tanto él como sus antepasados.

Presentó como representante de la casa anfitriona de los Cornwell al joven Archibald Cornwell, quien fue recibido con un fuerte aplauso, ya que él había sido quien recibió a la mayoría de los invitados, así que a nadie sorprendió que fuera uno de los encargados del brindis. Éste, a su vez, dio una bienvenida cálida a la audiencia, en nombre de su familia y dirigió unas elocuentes palabras acerca de la importancia de la unidad familiar en el clan, del honor y respeto al que el patriarca es merecedor y por supuesto elogió de sobremanera el trabajo y la profesionalidad del tío abuelo William. Despedido por una pequeña ovación, George presentó como representante de la casa anfitriona de los Leagan y para sorpresa del auditorio, al joven Neal Leagan, quien nunca había mostrado gran interés ni en las empresas, ni sobresalía en los eventos sociales, pero quien al enterarse de que Archie iba a dar un discurso, fue aleccionado por su madre para hacer lo mismo, y entre los dos, habían logrado convencer a su padre de dejarlo; el señor Leagan accedió, pensando que las nuevas generaciones, debían ser presentadas a la familia entera como muestra de la confianza en ellas y en el futuro del clan. Pero su retoño pensaba iniciar con el pie izquierdo.

Neal comenzó su discurso torpemente dando la bienvenida en nombre de su familia y de su prometida, aclarando al instante, que su futura esposa se trataba de la pupila del mismísimo patriarca, la señorita Candice White Andry

-¡Nooo! -una fuerte exclamación proveniente de la parte superior de la escalinata, dejó a todos los invitados atónitos, mirando hacia arriba, buscando a la responsable de tal grito; excepto a la tía abuela, que agachaba la cara y se sentía al borde del desmayo. Archie, inmediatamente se plantó junto a ella para asegurarse que se encontraba bien, si no hubiese vislumbrado la necesidad de apoyo de su tía, le hubiera caído a golpes al cretino de Neal -¡Pero como se atreve! – atinó a exclamar

Candy, que estaba a punto de explotar, se percató de su error al haber casi gritado, se encontraba muy molesta, pero sintió un brazo que enganchaba al suyo y la escoltaba escaleras abajo, en ese instante reaccionó. Albert estaba con ella y eso solo podía significar una cosa: Nada podía salir mal. Recobró la compostura inmediatamente y bajó a su lado, parecía que el show iniciaría un poquitín antes de lo previsto. Neal, observaba a la pareja escudriñando detenidamente sus rostros, ella le parecía espectacular, pero él ¿Quién diablos era? ¡No! Empezó a reconocerlo lentamente Y ya no pudo controlarse…

-Candy ¿Cómo te atreves a traer a este sujeto aquí? –bramó Neal enojadísimo

-¡Usted! ¿Qué hace aquí? –dijo a voz abierta y despectivamente Sarah

-Lárguese, antes de lo mande a echar – gritó Neal

-¡Cállate Neal! – dijo la tía abuela

-¡Pero tía! Debemos sacarl… -no terminó la frase porque fue interrumpido nuevamente

-¡Que te calles estúpido! –el elocuente y elegantísimo Archie ya no lo soportó, había intervenido

-¡No es posible! Hasta dónde hemos caído –decían Saray Eliza indignadas

-Damas y caballeros –irrumpió George, tratando desesperadamente de salvar la situación que a su parecer, se estaba volviendo un circo - El señor…

-Deja George, yo me presento – dijo el rubio tranquilamente –William Albert Andrew, para servirles

Una exclamación de asombro de los presentes, fue proseguida por una ovación total, al gran patriarca. Los Leagan, no salían de su estupor. Neal se hallaba estupefacto, no podía ni moverse.

Albert, que no permitía a Candy soltarse de su enganche, comenzó a dirigirse a la audiencia. Con gran elocuencia, empezó dando la bienvenida y agradeciendo la presencia de todos los allí reunidos, para luego matar por completo las esperanzas de Neal.

-Sé que el momento no es el adecuado, pero dadas las circunstancias, aclararé un asunto: lamento mucho informarles que la señorita Candy aquí a mi lado, no desea, ni ha deseado nunca casarse con el joven Leagan, así como jamás ha dado pauta para ser ni siquiera cortejada por él; y al ser absolutamente mi responsabilidad, me niego totalmente a dar mi consentimiento para tal unión. Ella es libre de elegir a la pareja que guste y de casarse cuando ella, así lo desee –La chica afirmaba las aseveraciones de Albert con la cabeza, y sonreía embelesada viéndolo.

Neal, al fin pudo moverse y salió corriendo de la mansión, sintiéndose completamente humillado, seguido por su madre y su hermana. Afuera, lloró desconsolado en las piernas de su madre, quien le daba órdenes a Eliza de no abandonar la fiesta, de acompañar a su padre, y de intentar congraciarse con el tío abuelo, así tuviera que coquetearle. Eliza regresó al salón, completamente pensativa, debía trazar un nuevo plan urgentemente.

Mientras Albert continuaba su discurso, que se había vuelto bastante cálido para beneplácito de los allí reunidos; y continuaba agradeciendo a los miembros del consejo que ya conocían su identidad, por todo el apoyo recibido; a la familia, especialmente a la tía Elroy por su esfuerzo, amor y dedicación durante su crianza y además claro, porque sin ella, aquel evento, no hubiera resultado tan majestuoso. Sin saberlo, todos estos halagos, hacían que la tía abuela se recuperara del exabrupto y recuperara su color que se había vuelto bastante pálido en los últimos acontecimientos. También agradeció públicamente a su querido asistente, el señor George Johnson, por su lealtad, consejos y hasta cuidados que siempre le prodigió; a su estimado sobrino Archibald Cornwell, por su apoyo en momentos cruciales de su vida, así como a sus amigas las señoritas Annie Britter y Paty O´bryan que se encontraban al fondo del salón sorprendidas y bastante conmovidas, principalmente Paty que acababa de conocer su identidad; y especialmente a su querida Candy White Andry, por iluminar su vida en los momentos de mayor oscuridad.

La rubia tenía los ojos vidriosos, pero había prometido portarse a la altura de las circunstancias, así que no lloró. El discurso de Albert fue terminado con estridentes aplausos de la audiencia, vítores y hasta porras de parte de varios miembros del clan.

La gente comenzaba a acercarse a saludarlo, algunos a presentarse, otros a felicitarlo por su grandilocuencia, otros más aprovechaban la oportunidad de presentarle a sus hijas; Archie y Annie, habían acertado. Pero Albert a todos les presentaba a Candy, no la dejaba ir, ni siquiera soltarse de su brazo enganchado a él. Un gran desfile de empresarios, millonarios del jet set, familias miembros del clan, y hasta políticos se acercaban a él. La prensa no se daba abasto con las fotografías de miembros tan relevantes de la sociedad.

Pero cuando la música empezó a sonar, Albert se disculpó con los presentes y se dirigió a la pista con Candy aún del brazo. Este gesto, a nadie le pareció grosero, ya que el protocolo indicaba que los anfitriones debían empezar el baile.

-Mi princesa, gracias por no dejarme solo –exclamó un tanto aliviado

-Bert, aunque hubiera querido, no me lo permitías –dijo riendo- tenías secuestrado mi brazo

-Lo siento, no me percaté, pensé que estabas conmigo por gusto –dijo el rubio sonriendo

-De todas formas, iba a permanecer a tu lado… Por puro gusto –añadió la rubia guiñándole el ojo

Empezaron a bailar acompasadamente. Resultó que Albert era un excelente bailarín, a pesar de no ser un asistente asiduo de eventos sociales, se movía bastante bien, elegante, seguro, y hasta un tanto sensual

- Bert ¡Te pusiste el pañuelo! –dijo Candy emocionada

-Claro Pequeña, combina con tu vestido, además es especial porque tú me lo diste.

-Fue muy lindo todo lo que dijiste en tu discurso, Bert. Me da mucho gusto que no se haya arruinado con la intervención de Neal y mi inoportuno grito

-¿Inoportuno? Me sorprendió que no le cayeras a golpes –dijo Albert carcajeándose abiertamente

En ese momento, una pelirroja decididamente se acercó a ellos, con una sonrisa falsa y contoneándose demasiado cerca del cuerpo del rubio, casi interponiéndose en medio de los dos, le dijo

-Hola tío, yo soy Eliza Leagan, ¿Bailas conmigo? Acuérdate que tienes que bailar al menos con las damas de la familia…

CCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCC C

Muchísimas gracias a mis queridas amigas Nelly, sonice0714, ,conchy73, Verito, Lila, Gatita andrew, Blackcat2010, Val rod, Amy CL, Magnolia A y miluxD por sus consejos, porras y absolutamente todos su comentarios. Agradezco muchísimo a todas las chicas que me leen y especialmente a quienes siguen esta historia

Prometo hacer los capítulos un poquito más largos, recuerden que la fiesta apenas va empezando y falta mucho por contar...

Si pueden, déjenme reviews, me hacen la mujer más feliz del mundo.