11. El sueño del príncipe

Albert supo lo que era tocar el cielo. Estaba besando al gran amor de su vida. No podía pensar en otra cosa, no quería saber la causa. Su más profundo y anhelado sueño, se estaba haciendo realidad. Esos labios suaves y dulces, con sabor a chocolate y a fresa se acoplaban perfectamente a los suyos. Ella intentó romper el beso, pero él, por primera ocasión, se mostró posesivo y no lo permitió; la atrajo aún más hacia él, prácticamente estaba pegada a su cuerpo, sintiéndose, amoldándose. Con las lenguas danzando acompasadas, aprisionando un labio ocasionalmente. Muchas veces ella se había lanzado a sus brazos, pero jamás en una entrega así: implorante, deseosa, con esas ansias de pertenencia. - "Algo había hecho bien en esta vida para merecer tanta felicidad", pensaba el rubio. Y aunque hubiese podido continuar por horas, necesitaba perderse en sus ojos, para estar seguro de todo lo que acontecía, era realidad.

Se separaron lentamente, él continuó sujetándola por la cintura, ella relajó sus manos y las deslizó con una suave caricia para dejarlos sobre los firmes bíceps masculinos; él permitió que se alejara solo un poco. Candy abrió los ojos lentamente; algo cohibida, expectante de su reacción. Ella también sintió la entrega con que fue correspondida, la pasión emergente entre ambos, y su propio deseo de hacer el momento interminable…

-A eso le llamo un respiro – dijo Albert coqueteando con la mirada brillante.

Ante tal afirmación, la chica no pudo más que sonreír mientras enrojecía intensamente y balbuceo:

-Perdón Albert, no es exactamente lo que había planeado. No creas que soy otra acosadora como aquellas de quien huyes…

-Si este va a ser siempre el resultado, no sabes cómo me gustaría que lo fueras – interrumpió seductoramente- Y por favor, no pidas perdón por el regalo más hermoso que me has dado… O acaso ¿Te arrepientes?

Candy bajó la mirada y se mordió nerviosamente un costado del labio inferior, y más roja que un jitomate, apretando los ojos un instante, respondió:

-No…

Albert sintió un regocijo intenso creciendo dentro de su pecho, tomó la barbilla de Candy, la levantó mirando fijamente sus ojos como queriendo decir algo que no se atrevía y finalmente, la besó otra vez.

Estuvieron besándose varios minutos, olvidando donde estaban, quien los pudiera ver o extrañar. Desquitando con fervor todo el tiempo que habían esperado esos momentos. Nuevamente Albert la aprisionaba contra sí, hasta que, para sorpresa del rubio, la chica soltó un leve gemido. Se separó de ella, pues ese sonido tan endemoniadamente sensual, lo había provocado enormemente y no podía permitirse perder el control de sí mismo, mucho menos con Candy, a quien amaba y respetaba por sobre todo.

-Lo siento Bert –se apresuró a aclarar la chica apenada, mirando la evidente turbación del rubio- Es que se me enterró el broche

-¿Sí? – preguntó algo incrédulo- ¿Cuál broche?

-Éste – dijo la chica abriendo ligeramente un poco más el escote de su vestido para mostrárselo, colgado por dentro. Pero el pobre Albert, sentía que Candy y el destino confabulaban en su contra; no podía asomarse a ver el dichoso broche, sin poder evitar sentirse cautivado al observar apenas el nacimiento de los senos pertenecientes a la mujer de sus sueños y menos después de escucharla gemir hacía un momento como ni en sus más concupiscentes fantasías. Parecía que la rubia insistía en torturarlo lentamente

-¡Ha! –exclamó ahogadamente el rubio- ¿Y por qué usas ese broche ahí escondido?

-Ya te dije una vez, es una especie de amuleto. El broche del príncipe me ha acompañado siempre. –contestó despreocupadamente la chica

-¿Sabes lo que eso significa? –preguntó Albert alzando una ceja

-Pues sé que es la insignia de los Andry…

-Sí, pero regularmente sólo lo utilizan los hombres, si una mujer lo usa, es un símbolo de pertenencia, lo llegan a emplear mujeres casadas, y aunque en el pasado hubieran pertenecido a otro clan, al ponérselo, una chica está demostrando que ahora, ella pertenece al clan de su esposo, le pertenece a él mismo; obviamente no en un sentido literal, es como una prueba de amor

A Candy se le subieron todos los colores al rostro, el broche significaba mucho para ella, tanto como el recuerdo de ese príncipe maravilloso con el que tanto soñó desde niña y que inconscientemente, la acompañó durante tantos momentos de llanto, con esa linda frase repitiéndose en su cabeza. Pero en ese momento, se daba cuenta que en toda su vida había amado realmente a un solo hombre, y ése, era el guapísimo hombre que la acogía aún entre sus brazos; el chico que de manera casi heroica, la había cuidado y protegido siempre; el que tangiblemente había estado a su lado en todos los momentos difíciles de su existencia; el único que la conocía tal cual, sin poses ni máscaras de chica fuerte y optimista, el que secó tiernamente sus lágrimas, el que jamás se había burlado de ella ni de sus pecas, y vaya que había tenido múltiples oportunidades siendo testigo de sus innumerables desastres y torpezas; el que respondiendo a sus besos, hacía de ese momento el más feliz de su vida, pues le confirmaba que sentía algo por ella… ¿Y ella usaba un símbolo de "pertenencia" a otro? ¿Acaso estaba loca? ¡Pero qué tonta era! Si su Albert, era como un príncipe en sí mismo; rápidamente intentó quitárselo mientras balbuceaba:

-Albert… Perdóname por favor, no lo sabía… Yo no quiero que pienses…

-Tranquila pequeña –dijo el chico sonriendo y ayudándola a colocarse nuevamente el broche- tú eres miembro del clan. Cuando veas nuevamente a tu extraño chico del espacio, se lo devolverás para que él se lo pueda dar a su esposa…

-Bert, dudo que eso suceda pues jamás lo volví a ver pero ¿Mencioné lo del espacio?…

Pero Albert no la dejó terminar la frase, apoderándose nuevamente de sus labios sintiéndose perdido; se estaba volviendo adicto a una mujer. Jamás se había sentido así con nadie, en su vida habría un antes y un después. No podría volver a vivir sin ella, luego de haber sentido la felicidad de tenerla a su lado, de saber que sentía algo por él.

Estaban emocionados. Estaban enamorados. Estaban besándose deliciosamente. Estaban conociéndose en una nueva faceta. Estaban… ¡Acompañados!

-Jhum, jhum, William –se escuchó aclararse una garganta a la puerta de la terraza, haciendo que la chica se separara bruscamente

-George, no podías ser más inoportuno –dijo Albert, acercándose a él –Ahora regreso pequeña

-No te preocupes, mejor nos veremos más tarde –dijo la apenada rubia. Respiró profundamente el aire fresco, mientras observaba alejarse elegantemente a su Albert; cómo había sido tan ciega y nunca se había percatado de la elegancia de ese hombre, si sus modales lo delataban a cada instante. Apresuró su copa y se fue a buscar a las chicas con un pastelillo en la mano.

-¡Paty, Annie! – exclamó la rubia entusiasmada

-¡Candy! ¿Ahora sí nos vas a hacer caso?- dijo Paty frunciendo el entrecejo pero con un tono de broma

-¡Lo siento chicas! Es que tenía que arreglar unos asuntos con Albert y no podía concentrarme

-¿Y ya los arreglaste? –dijo Annie inquisitivamente provocando una carcajada en la rubia

-Sí Annie, aunque quedaron algunos detalles pendientes… -contestó pícaramente

-¿Y bien? –preguntaron al unísono las pelinegras

-¿Y bien qué? –contestó la rubia intrigada

-No te hagas Candy –protestó Annie- ¿Ya son novios o qué?

-¡¿Quéee?!

-Es obvio que "asuntos" te preocupaban tanto, especialmente cuando bailaba con las damas presentes. Te vimos desde acá, ¡Morías de celos! –añadió Annie

-sí Candy, íbamos hacia ti cuando vimos que Eliza se te acercaba, y como de por sí echabas chispas, creímos que no soportarías sus ya acostumbrados insidiosos comentarios; pero en eso saliste a bailar con George y cuando creímos que al fin podríamos charlar contigo, nos ignoraste olímpicamente por irte a buscar a Albert –contó Paty

-Gracias chicas, por preocuparse por mi, lamento no haberles hecho caso. Pero para compensarlo, les voy a dar una primicia, ¡Voy a regresar a trabajar en el hospital de Chicago!

-¡Eso es… maravilloso Candy! –dijo Paty algo desilusionada porque no era lo que esperaban escuchar

-Sí, Candy, felicidades. Ahora ya cuéntanos de Albert –añadió Annie

-Annie, cada día te pareces más a Archie. Pues no sé qué quieren que les diga. Sí, estoy enamorada de él y parece que él siente algo por mí. Estoy muy emocionada y más feliz de lo que he estado jamás -les soltó sonriendo

-¡Siii! –emocionadas, abrazaron a su amiga

-Candy, veo que mis papás empiezan a despedirse, ¿Podemos vernos mañana? Así nos cuentas todo –comentó Annie ansiosa por saber más

-¡Claro! Vengan y almorzamos juntas, así aprovechamos para platicar y para que Paty nos cuente más de su vida últimamente

Los invitados poco a poco, empezaron a despedirse, ya que Albert, algo acorralado por las insistencias en bailar con las hijas de sus socios, se las ingenió para empezar a charlar sobre negocios, volviendo infructuoso cualquier intento por emparejarlo con alguna chica, los señores no podían desaprovechar la oportunidad, sus hijas debían esperar.

Los rubios cruzaron las miradas en varias ocasiones, pero ya no tuvieron oportunidad de acercarse por una u otra razón. Los asistentes empezaron a irse y Albert decidió sacar a bailar a Candy una última canción.

-Princesa, debemos hablar

-¿Estoy en problemas? –preguntó la rubia con un puchero, provocando la risa del chico

-¿De dónde sacas eso? ¡Claro que no! -contestó enfático

-Bueno, pensé que tal vez nos habían visto o algo así

-Si así fuera, no tendrías que estar en problemas. Tal vez no me expresé bien, yo deseo hablar contigo, si no podemos hoy, me gustaría que fuera lo más pronto posible, o sea mañana ¿Te parece?

-Claro Bert –dijo sonriendo

Candy estaba muy cansada, así que en cuanto salió el último invitado pensó en irse a dormir, pero sabía que sería difícil conseguirlo, ya que aún sentía mariposas revoloteando en su estómago, por la emoción de haber besado a Albert. Como si le hubiera leído el pensamiento, el rubio sonriente, preguntó:

-Pequeña ¿Te apetece un té? Para relajarte de todas las emociones de hoy

-Claro, ¿Por qué no? – contestó alegre.

Y luego de despedirse de la tía, se dirigieron a la cocina. Ni siquiera tuvieron la cortesía de invitar a Archie, les urgía tomar ese té. Albert envió a descansar al personal agradeciendo sus atenciones y puso a calentar agua

-¡Al fin solos! – exclamó la rubia con énfasis

-¿Tienes algo en mente? –preguntó sugestivamente el chico alzando la ceja

-¡No! – dijo la chica ruborizándose intensamente- quiero decir que luego del ajetreo, incluyendo de los días pasados, resulta muy relajante un momento de tranquilidad

-Pues qué lástima -dijo el chico coquetamente, y se dirigió a servirle el té, pensé que me ibas a proponer algo –añadió con cierto brillo en los ojos-

-¿Ah sí? –ella decidió que también podía jugar y en el mismo tono coqueto que él continuó- ¿Y cómo qué? Podrías proponerme algunas ideas

-Tienes razón –con la elegancia de una pantera, el chico rodeó la mesa hasta quedar frente a su amada, le tomó las manos y con la mirada más tierna que Candy había visto, le dijo:

-Te propongo que seas mi novia

La chica se quedó boquiabierta, estática, con mil emociones revoloteando en su pecho. Si se podía morir de felicidad, ella caería irremediablemente en ese preciso instante. Nadie jamás le había pedido en forma ser su novia, y que el fabuloso hombre que la hacía perder la cabeza lo hiciera, era como un sueño hecho realidad. Que guapo se veía ahí, frente a ella, tomando sus manos y mirándola fijamente con esos hermosos ojos azules cálidos y ¿Expectantes?

-¿Y bien? –cuestionó el chico algo temeroso, pues Candy no contestaba, "Maldición, tal vez se había precipitado, había ido muy rápido y ella…"

-¡Claro que sí! –contestó felizmente la rubia lanzándose a sus brazos. Y así, abrazados estuvieron un buen rato, emocionados se volvieron a fundir en un beso.

Tomaron el té y charlaron animadamente de la siguiente semana, él le insistió en que no partiera de Lakewood hasta que tuviera que iniciar su viaje. Sabía que iba a tener muy poco tiempo libre, pero trabajaría en casa, así había planeado George para que no tuviera que trasladarse a Chicago, tenía la semana llena de citas y reuniones, pero la mayoría de los asuntos a tratar era con invitados de la fiesta, así que todo el tiempo que pudiera ahorrar, se lo dedicaría a ella.

Candy, emocionada por pasar unos días más con su ahora novio, aceptó de inmediato.

Al cabo de un rato, se fueron a sus habitaciones, él la besó dulcemente en la frente y no se entretuvo, pues sabía que querría entrar con ella y no debía. Pero mañana, la vería otra vez…

Esa noche, Albert casi no pudo dormir, casi no podía creer que al fin, su sueño se había hecho realidad. Llevaba tanto tiempo anhelándolo que parecía irreal. Aún faltaban muchas cosas por hablar, por compartir, pero ya habría tiempo. Había aceptado ser su novia… ¡Y lo había besado! Esa pequeña traviesa volvía a sorprenderlo una vez más, le encantaba que rompiera normas y estereotipos y la había admirado por ello, le parecía tan similar a él. Pero tomar la iniciativa de besarlo, jamás lo hubiera imaginado ni en el sueño más alborotado. Así era ella, y así la amaba…

CCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCC CCCCCCCC

Muchísisisisisimas gracias a toda la gente que me lee, y a todas las chicas que me dejan reviews, las amo, las adoro; por ustedes sigo aquí. Nunca imaginé que sus palabras pudieran ocasionarme tanta dicha, pero así es y este pequeño proyecto, pudiera resultar tan significativo en mi vida. Gracias por seguir aquí.

Mi especial agradecimiento y aunque suene muy cursi, están en mi corazón: Eli díaz, Magnolia A, Brisa, Flor Fritzenwald, Wendy, Carito Andrew, Nelly, dulcecandy.42, , victoria40

Laila: George se va a tener que ganar ese altar, y chambearle más jajaja. Espero que sigas mejor de salud, abrazos

miluxD: yo también quiero golpes para Eliza, ojalá le lleguen jajaja

Stear´s girl: esos celos resultaron beneficiosos jajaja. Bueno Candy es muy jovencita y creo que por el rubio, sí sentiría celos, pues no está dispuesta a compartirlo. Él como es más maduro, no creo que sea tan celoso ¿o sï?

Gatita Andrew: Siempre me animas con tus porras, me encantan tus comentarios

Blackcat2010 y Sonice0714: yo creo que si Candy se escapó de George cuando niña, además de soportar a los Leagan por Anthony y luego siguió a Terry por mar y tierra; por Albert, estaría dispuesta a mucho, muchísimo más, yo creo fervientemente que por él, sí lucharía contra todo por ser su verdadero amor

Lady Lyuva: jajaja, tomaré en cuenta las cachetadas guajoloteras; sí se las merece