Dieciséis
La custodia de Beth
Cuando entro la mujer estaba hablando por teléfono en la cocina, pero Frannie le guio hasta el despacho de Shelby, y esperaron a que ella finalizara la llamaba y se uniera a ellas, y segundos más tarde entro con una bolsa de hielo en el labio aun.
-En unos minutos estará aquí mi abogado, con los papeles que has dicho- hablo Shelby sentándose en el sillón principal.
-Muy bien- sonrió Frannie.
-¿Qué papeles?- cuestiono Quinn.
-Shelby me permites hablar a solas con mi hermana un momento- le pidió la rubia mayor.
-¿Qué papeles Frannie?-
-Quinn, hay un pequeño problema todavía eres menos de edad…-
-Por unos meses- la interrumpió.
-Todavía eres menor de edad por unos meses, por lo que no puedes pedir la custodia de tu hija y el único que podría pedirla en tu nombre sería papá, ya que fue el quien firmo los papeles de adopción por ser tu menor, y he llamado a mamá, ella quiere a tu hija, pero no cree que puedas darle una buena vida, hasta que no acabes tus estudios, además ella está lejos de NY, y no podría ayudarte a cuidarla, y antes de que lo preguntes Puck es menor también y su madre opina igual que mamá, no cree que estéis capacitados y Santana que se ha ofrecido para adoptarla ella también es menor… - le miró sería
-¿Y tú, no puedes adoptarla?-
-Te juro que me encantaría y eso es lo que voy a hacer pero no se me permite pedirla, he estado cuatro años viviendo en Europa, y tengo allí, mi nacionalidad, por lo que cuando la pida y me la concedan pasaran unos meses, pero te juro que hare que los tramites vayan lo más rápido posible, y a Beth la llevaran al mejor centro de acogida, me encargare de que te permitan verla todos los días, hasta que pueda adoptarla, y luego cuando seas mayor de edad, te cederé la custodia…- reflejaba tristeza en sus ojos.
-No voy a permitir que mi hija pase una sola noche, en un centro de esos, me da igual que sea el mejor como si es el hotel Hilton, mi hija no va a pasar ni una sola noche más lejos de mí- sin más salió corriendo hasta la calle y dio un portazo, llamando la atención de todos Puck jugaba con su hija, mientras que las cuatro chicas hablaban apoyadas en el coche de Puck, preguntándose qué había pasado.
-¿Quinn espera a dónde vas?- Frannie la perseguía frenándola a tiempo, antes de que se montara en su coche.
-Voy a hablar con papá, a pedirle, no a suplicarle, que firme los malditos papeles, como te he dicho antes no pienso dejar que Beth, pase una sola noche más lejos de mí- trataba de contener su llanto, no quería desmoronarse.
-¿Estás loca? Sabes perfectamente cómo es papá, no creo que te lo vaya a conceder, incluso se encargara de que la lleven tan lejos que no la vuelvas a ver en tu vida, se te ha olvidado, además bastante tendremos que asumir cuando descubra que el dinero de la herencia del abuelo, no está en su cuenta- trataba de hacerla entrar en razón.
-Frannie, todos los que me pueden y quieren ayudar son menores de edad, aunque sea por unos malditos meses, y el único adulto que conozco, eres tú y todavía no tienes la nacionalidad, no conozco…- pero se cayó de repente, si conocía a alguien más que le pudiese ayudar, aunque no estaba segura, pero haría cualquier cosa, por tener a Beth a su lado.
-Ni se te ocurra, desecha ahora mismo esa idea- se acercó Kate mirando seriamente a la rubia, que conocía en quien estaba pensando.
-K, es mi única opción, necesito tener a mi hija- se justificaba ante su amiga.
-¿Qué ocurre, en quién estáis pensado?- cuestiono su hermana que no entendía.
-En Steve- dijeron ambas a la vez.
-Fabray, estás loca, ese violador de mierda, no lo quiero cerca de ti y menos de tu hija- la miraba seria Santana.
Rachel sintió como se le encogió el corazón al oír las palabras de Santana, que había pasado en New Haven, no había tenido mucho tiempo para hablar con la rubia, y menos desde que estuvieron enfadadas, pero no llevaba ni una semana en NY viviendo y aun no sabía la verdadera razón.
-S, me da igual, es mi única opción y haré lo que sea posible por tenerla conmigo- estaba decidía.
-No es tu única opción- dijo Rachel de repente, recibiendo las miradas de todas las chicas.
-¿De qué hablas Rachel?- le cuestiono Frannie.
-Yo soy mayor de edad, hace unos meses cumplí los 21- la miró.
-Rachel, no puedo pedirte esto- dijo la rubia, aunque se moría de ganas porque aceptara, no estaba preparada para tener que pedírselo a Steve.
-¿Y a Steve si puedes?- le acusó la diva –Mira Quinn, yo te quiero, al igual que quiero a Beth, vivimos en la misma ciudad, además en un futuro espero que seas mi novia- le sonrió – Yo tendré la custodia hasta que tú seas mayor de edad, además no te preocupes que Beth vivirá contigo- le cogió las manos y se las acariciaba con el pulgar.
-De verdad, gracias, gracias, dios te quiero- sin más la beso con tanta intensidad que todos creían que se fusionarían en una sola persona.
-A ver tortolitas, volvamos dentro de la casa que acaba de llegar el abogado de Shelby y firmemos los papeles, ya he llamado a un par de amigos, que me debían un favor y esta noche, dormirás con Beth a tu lado- le sonrió a las chicas, y se adentraron a la casa.
-Por cierto Quinn, me debo preocupar por el tal Steve- cuestiono su hermana mientras entraban.
-No tranquila- fingió una sonrisa.
Entraron firmaron todos los papeles, y mientras el abogado de Shelby y Frannie se iban al juzgado, que a pesar de ser domingo un juez amigo de Frannie, le hizo el favor, para así solucionar todo y hacerlo rápido, sin que los servicios sociales tuvieran que intervenir.
Quinn salió de la casa, más tranquila y feliz, al saber que esta noche sería la primera de muchas otras noches que dormiría con su hija.
Rachel se quedó porque Shelby le pidió que así lo hiciera.
-Estoy muy orgullosa de ti, Rachel. Me alegra saber que vas a ser tú la que cuide de tu hermana- le sonreía.
-Mamá, si lo he hecho es por Quinn- le miraba dura.
-De todas formas, gracias, mañana entraré en el centro, te prometo que me curare y os recuperare a ambas- trataba que se sintiera orgullosa de ella, pero solo veía decepción en su hija.
-Tu solo cúrate, quieres, yo me encargare de Beth-
-¿La quieres mucho, verdad?- le pregunto haciendo referencia a Quinn.
-Pues si mamá, Kate no es la novia de Quinn, ni mucho menos, soy yo la chica que esta Quinn conociendo- no apartaba la vista de su madre.
-Yo solo quiero que seas feliz, y tengas cuidado por mucho que la quieras, no deja de ser la capitana de las animadoras, que te hacia la vida, imposible- No quería que su hija tuviera a la rubia en un pedestal como parecía tenerla.
-Por esa regla de tres, tú no dejas de ser la madre que me abandono por dinero, para venir a Broadway a cumplir tu sueño…- no quiso mirarla.
-Ves en el fondo no somos tan diferentes- sonrió tratando de calmar el ambiente, pero produjo el efecto contrario.
-Sí lo sois y mucho, ambas me habéis hecho daño pero tú me has dicho te quiero y no haces nada más que decepcionarme, en cambio ella me ha dicho te quiero y lucha cada día, para que no se me olvide- no quería discutir con su madre, la verdad que estaba cansada le dolía la cabeza.
Se suponía que iba a ser un día en el que disfrutaría de la compañía de las personas que más quería su madre, Quinn y Beth. Pero fue todo lo contrario, solo fracaso tras fracaso, lo único positivo que era la tutora legal de Beth, la cual estaría con su madre biológica, y que había arreglado las cosas con Quinn.
Un poco más tarde Frannie, llamo a Rachel diciéndole que ya era la tutora legal de Beth, por lo que podía coger sus cosas y llevársela.
Llamaron a Brody para que viniera a ayudar y así lo hizo, apareció Brittany, con él.
Entre Brody y Puck metieron las cosas de Beth, en el coche. Y todos se fueron dirección el piso de Quinn, para organizar todo para cuando Beth llegara, y preparar la cena, mientras que Rachel y Quinn se quedaron para que la pequeña se despidiera de su madre.
La habitación de la pequeña se quedó vacía con los muebles, Shelby al verlo, se desmorono y se dio cuenta de todo lo que estaba pasando, se sentó en la cama, recordando todos los momentos que había vivido con su pequeña.
Rachel entraba por la puerta de la mano con Beth, que tenía agarrado un osito de peluche.
-Mamá, quiero que tengas al señor Morrison- le dijo la pequeña entregándole a su osito.
Shelby la cogió y la sentó en sus rodillas –Booboo no olvides cuanto te quiero ¿de acuerdo?- le acariciaba la cara a su pequeña.
-Mamá, Rachel me ha dicho que estás malita, te vas a poner bien ¿verdad?- pregunto preocupada la pequeña.
-Te lo prometo, pero mientras yo no esté quiero que te portes muy bien con Rachel y con Quinn de acuerdo- la pequeña asintió.
-Me cae bien Quinn y creo que es la novia de Rachel- susurro divertida a su madre, la diva que está apoyada en el marco, viendo como interactuaban su madre y su ahora hija, no pudo evitar esbozar un enorme sonrisa.
-Te parece bien- cuestiono su madre sonriendo, la pequeña asintió feliz.
-Cuida de Rachel, de acuerdo- dijo su madre besándole la cabeza y abrazándola muy fuerte.
- Te quiero mucho hija, prometo que me recuperare y volveremos a ser una familia de acuerdo Booboo- la pequeña sonrió y asintió. Aunque a Rachel, le gustaba la relación que había conseguido formar con su madre y Beth, no estaba muy segura de lo que prometía su madre.
Cuando Rachel la cogió en brazos, comenzó a llorar, no quería irse lejos de su madre, Shelby lloraba abrazada al señor Morrison tumbada sombre la cama de Beth.
En el coche, Rachel trataba de tranquilizarla pero nada, cuando llegaron al apartamento de Quinn, todas las cosas de Beth estaban en la habitación de la rubia.
Quinn cogió a su hija en brazos y la llevó hasta su cama, para tranquilizarla, la pequeña se abrazó a su madre y lloró hasta caer dormida, la rubia acariciaba el cabello de su hija, tratando de consolarla, que de vez en cuando sollozaba en sueños, hasta que ella cayo dormida también.
Rachel fue a llamarla para que cenaran todos juntos, pero la vio a las dos rubias dormidas abrazadas, no pudo evitar sonreír, no quiso despertarlas ambas habían tenido un día duro, de diferente manera, pero bastante duro.
Entrada la noche, Rachel volvía a entrar en la habitación para que comieran algo con todo lo ocurrido, ninguna había comido nada aunque Puck se llevó a Beth a comer, no había merendado y seguro que la pequeña tendría hambre, al igual que Quinn que ella no había comido nada desde el desayuno.
-Quinn cariño despierta- le susurraba meciéndola con cuidado de no despertar a Beth, pero obtuvo el efecto contrario, la pequeña se despertó y Quinn estaba frita, cogió a la pequeña y la llevo a la cocina.
Cuando acabaron de cenar, Beth le pidió dormir con Quinn, no quería pasar la noche sola. Rachel con una enorme sonrisa asintió y la llevo.
La pequeña volvió a acurrucarse en los brazos de su madre. Quinn abrió poco a poco los ojos con una enorme sonrisa.
-¿Qué hora es?- preguntó con la voz ronca, apenas podía abrir los ojos.
-Son las doce de la noche ya, tienes la cena en la cocina- la miraba con una enorme sonrisa.
-No tengo hambre, ¿y los demás?- abrió los ojos mirándola
-Cariño tienes que comer algo, se han ido, estamos las tres solas en este enorme apartamento, por cierto, me encanta- le miraba preocupada.
Quinn sonrió como tonta al ver cómo le había llamado.
-¿Por qué me miras así?- pregunto avergonzada de cómo le miraba la rubia con su enorme sonrisa y cara de enamorada.
-Nada, que me gusta que me digas cariño- se sonrojo, y miro los labios de la morena se moría de ganas por besarla pero se contuvo.
-Pues te lo pienso decir siempre, de acuerdo cariño- le sonrió y se quedaron mirándose la una a la otra
-Quinn, se puede quedar Rachel a dormir con nosotras- preguntó la pequeña, aunque se sentía bien con Quinn, no quería quedarse sola con ella, no tenía mucha confianza.
-claro que si bebe- se acomodaba en la cama para dejar espacio a Rachel.
Las tres estaban tumbadas, Beth en medio y la rubia y la diva, en cada extremo.
La pequeña se abrazó a Rachel, mientras Quinn las observaba con una enorme sonrisa. Las tres habían tenido un día duro y Quinn sabía que Rachel estaba siendo fuerte por Beth y por ella, asique sin más abrió los brazos y Rachel se acomodó en su pecho aun abrazada a Beth.
Y con una enorme sonrisa por parte de ambas cayeron dormidas, escuchando la respiración de la otra.
