NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
14. Pequeña despedida
Los enamorados se sentían en la gloria. Irradiaban felicidad. El simple hecho de estar abrazados, era un sueño realizado. Cada día estaba lleno de nuevas sensaciones, y una en especial, venía agudizándose en ambos, cada vez más: el deseo. Se fundían en caricias por todo su cuerpo, besándose. Pero ninguno se atrevía a despojar de la ropa al otro.
En el fondo, los dos tenían cierto miedo, nunca habían sido felices por mucho tiempo, pues la tragedia inevitablemente irrumpía en sus vidas. Tal vez por ello, ambos se habían celado, como nunca antes. Tenían el anhelo de impregnar su piel con el aroma, con las caricias del otro. Sentirse más íntimamente. Entregarse por completo. Albert luchaba internamente por no perder el control, ella se merecía una entrega total, sabiendo que él le pertenecía absolutamente, que la iba a amar toda la vida, merecía cumplir el sueño de toda señorita decente: llegar virgen al matrimonio.
Candy, por su parte, no quería mostrarse como una descarada ante su amado, pero las sensaciones que la embargaban eran tan intensas, que la cegaban totalmente, quería más y más. Aunque sabía que no era lo correcto, amaba a ese hombre, deseaba hacerle sentir que le pertenecía, que siempre había sido suya. Por primera vez en su vida se sentía plena y feliz, sin ninguna vergüenza, al contrario, con el deseo recorriendo todo su ser.
Se tocaron, se exploraron, incluso sus besos se volvían más demandantes, al punto de llegar a morderse suavemente; pero sabiendo, en el fondo, que no llegarían a más, al menos, no por el momento.
-Preciosa, creo que es hora de irnos, o no voy a poder detenerme. – se atrevió al fin a decir el rubio, a pesar de que cada fibra de su ser se lo reprochaba
-Hermoso, estoy llegando a un punto en el que yo tampoco quiero detenerme –susurró la chica de un modo que al pobre Albert casi le dolió la entrepierna de tanta excitación –así que tienes razón, debemos irnos ya
Frustrados, pero felices, emprendieron el regreso a la mansión, tomados de la mano. Los siguientes días serían toda una tentación.
Eliza, por su parte, seguía fraguando nuevos planes en contra de Candy, pero no contaba con que ella tenía un nuevo paladín que siempre terminaría frustrándolos; uno que cada día se enamoraba más de la rubia, que poco a poco se daba cuenta que no era necesario estar con ella, sino saberla feliz para sentirse bien. Uno que se percataba de que no podía forzarla a estar con él, pero no por eso permitiría que le sucediera algo malo, al menos no, si él lo podía impedir. Extrañamente, el hecho de evitar que los planes de su hermana tuvieran éxito, lo hacían sentir diferente: más valiente, más seguro, hasta más hombre. Le gustaba esa nueva sensación, y se preguntaba por qué apenas decidía no ser cómplice de la pelirroja. Si tan solo se le hubiese ocurrido mucho antes, tal vez Candy, habría aceptado casarse con él. Pero ahora era demasiado tarde, el tío tenía razón en enviarlo al otro lado del país, así, ya no sufriría por saberla imposible, y tal vez incluso, un día conocería a otra rubia pecosa y entonces, no cometería los mismos errores…
Pero Eliza, se dio cuenta de lo que sucedía e ideó todo un plan sin contárselo a aquél traidor: convencería a Terry de que Candy necesitaba urgentemente hablar con él, si a Neal le había funcionado con Candy, seguro que el actor caería también. Sin embargo, ella sería más inteligente, lo drogaría en la habitación de la rubia, con cualquier bebida, para que el tío William lo encontrara allí. Sería perfecto, así la despreciaría por meter a un hombre en su casa, y obviamente Terrence no dejaría a su mujer por la huérfana. Ya había convencido a la tía abuela de irlos a despedir a Chicago, ella obligaría a la familia a asistir, incluyendo a Candy. Sabía que el guapo tío iría desde días antes por los negocios con su padre, seguro se quedaba estando todos allí; incluso ella podría consolarlo de la traición de su novia, la sirvienta siempre le había quitado lo suyo, pues era momento de cobrárselo. Era el plan perfecto, nada podía salir mal.
El día que los Leagan partían a Chicago, almorzaron en la mansión Andry, la tía abuela partiría con ellos, dejando clara la orden de que Candy y Archie la alcanzarían luego con William, para despedirlos formalmente. Como familia, debían apoyarse y desearles lo mejor. En la mesa, reinaba un silencio sepulcral, irrumpido ocasionalmente por pequeños diálogos entre la tía y Sarah o por Archie y Albert. Pero antes de irse, tuvo lugar una pequeña escena inesperada. Neal, a quien Candy apenas se dignaba mirar luego de la terrible experiencia que había padecido a su lado, se atrevió a dirigirle unas palabras:
-Candy, ¿Puedo hablar contigo? –preguntó temeroso de su respuesta.
-Lo lamento, pero luego de lo sucedido anteriormente, lo que tengas que decirle, tendrá que ser delante de todos, no los vamos a dejar a solas –afirmó Albert, sin dejarlo a discusión
-Está bien, es justo –dijo el castaño bajando la mirada
-Hijo, vámonos ya, no quiero otra estupidez de tu parte – aconsejó su padre
-No papá, por favor –le suplicó y volteó a ver a la rubia, quien le sostuvo la mirada
-Candy – susurró Neal- no sé de qué manera demostrarte lo arrepentido que estoy por todo lo que pasó, y me refiero a todo lo que te hice desde que te conocí: las mentiras, las humillaciones, incluso la violencia. Si pudiera regresar el tiempo… Pero no puedo, así que, tú sabes lo que esto significa –poniéndose de rodillas frente a ella, continuó hablando– lo siento Candy, me equivoqué y mucho. Perdóname, por favor
Todos se quedaron boquiabiertos, impresionados ante tal demostración, la misma manera que los Leagan habían obligado a Candy a humillarse cuando niña, Neal elegía para pedir perdón. Insólito, pero ni su madre supo cómo reaccionar, se había quedado inmóvil. La rubia, de corazón noble, le brindó las manos y lo instó a ponerse en pie.
-Neal, claro que te perdono, no necesitas hacer esto, nunca es tarde para ser buena persona; aún podemos ser amigos. Por favor nunca vuelvas a hincarte ante nadie. No vale la pena. – y le brindó una pequeña sonrisa que el castaño devolvió sinceramente
Los Leagan salieron de Lakewood, donde seguramente, no regresarían jamás.
Apenas dos días después, llegó el turno de los chicos para dirigirse a Chicago.
-Princesa, ¿Estás segura de que no quieres ir con nosotros? –preguntaba Albert
-No Bert, ya fue suficiente despedida para mí. Los Leagan no me consideran de su familia, así que es lo mejor. –afirmaba la rubia
-¿Y respecto a la obra? ¿No te gustaría ver a Terry actuando? Creo que nunca pudiste ver una obra completa; anda, yo voy contigo – insistía el rubio
-No Bert, ya tomé una decisión. Lo único que me entristece es separarnos estos días, pues sé que prácticamente regresas a despedirte de mí.
-Mi Pequeña, te quiero tanto. Me duele separarme de ti y eso que será poco tiempo, no quiero imaginar cómo será con el otro viaje. No quiero dejarte sola
-No pensemos en eso aún. –abrazándolo- te esperaré. Además no estaré sola, las chicas y yo haremos una fiesta de pijamas y estarán conmigo estos días, también pasearemos en el pueblo con la abuela de Paty, no te preocupes por nada. Entre más te concentres, terminarás más rápido tu trabajo y pronto volverás conmigo –dijo riendo
Se despidieron con un apasionado beso, lleno de añoranza y amor. Candy se había hecho la fuerte, en cuanto Albert y Archie salieron de Lakewood, rompió a llorar desconsoladamente, por primera vez en su vida se sentía dichosa y amada, le parecía injusto que durara tan poco. Apenas se iba y ya extrañaba a su Albert. Quería pasar cada segundo con él, nunca había experimentado tales ansias, era como la necesidad de respirar. Lo amaba tanto.
En la mansión de Chicago, apenas Eliza escuchó que el chofer saldría a la estación a recoger al sr. William, seguramente con Candy y Archie, salió a cumplir su cometido.
La compañía Strattford ya se encontraba en la ciudad, tenían varias funciones agendadas y llegaban unos días antes para descansar, reconocer el escenario e incluso turistear por los alrededores.
Eliza pensó que la suerte estaba de su lado al ver a Terry solo afuera del hotel, al parecer iba llegando, lo cual no impidió que varias fans apostadas en el lugar, se acercaran irrefrenablemente hacia él, apenas bajando del auto en que viajaba. Eliza se abrió paso como pudo, incluso empujando a algunas chicas, el momento no se prestaba para demostrar los modales
-Terry, Terry –gritó la pelirroja
-¡Tú! ¿Qué haces aquí? –Preguntó despectivamente el actor, con la mirada furibunda, pues inmediatamente imaginó que la susodicha iba a burlarse de él por la boda de Candy y su hermano
-¡Esa no es la manera de recibir a una dama!
-¿Qué quieres? –dijo secamente ante la mirada expectante de las fans, que cada vez eran más. El actor nunca se dirigía a alguna de modo tan "familiar"
- No deberías hablarme así. Recuerda que yo era tu amiga en el colegio, luego de tantos años de conocernos, está bien la confianza, pero no exageres –dijo presumiendo de ponerlo en su lugar, ante las sorprendidas chicas que la rodeaban atentas
-¿Amigos? Ja, ja, ja. Te salvé de morir ahogada y me lo pagaste poniéndome una asquerosa trampa en el colegio, ¡Consiguiendo que me expulsaran! ¡Arruinaste mi vida! ¡Lo que pudo ser mi futuro! –bramó exasperado, y dando la vuelta, se metió rápidamente al hotel, pensando que no se hubiese separado de Candy, si no hubiera sido por la expulsión de la chica, expulsión que él tomo en su lugar pero que ciertamente había sido provocada por la mujer que se atrevía a llamarlo "amigo". Si no hubiera sido por aquella trampa, las circunstancias habrían sido tan diferentes. Tal vez su vida ahora, sería muy distinta. Subió directamente a su habitación sin importarle nada más. Anhelaba un cigarrillo, pero hacía demasiado tiempo que no fumaba, así que se puso a tocar su inseparable armónica para frenar los deseos de uno, o de una copa…
Afuera, una atónita Eliza, era acosada por las fans con cientos de preguntas y reproches, los cuales pasaron a ser ofensas y luego agresiones. La pelirroja, engreída y sin importarle el sitio donde se hallaba; maldijo a Terry por todo lo alto ya que arruinaba su perfecto plan. Lo que no imaginó, fue la ira que provocaría en las mujeres que adoraban locamente al actor, quienes comenzaron a golpearla, arañarla, a rasgar su ropa e incluso a patearla; propinándole la mayor golpiza de su vida, que concluyó hasta que el sonido de una sirena de policía, llamada por la administración del hotel, ahuyentó a las fanáticas, dejando a la pelirroja tirada en la calle al borde de la inconciencia.
Luego del incidente, Eliza tuvo que pasar unos días en el hospital, pero ahí no acabó su desgracia, pues como en los diarios salió publicado su nombre, las fanáticas de Terry la acosaban, y cuando estuvo en casa, le llegaban cartas amenazantes, tiraban huevos en la fachada, e incluso dejaban animales muertos en su puerta. La tía abuela estaba sumamente preocupada, así que ofreció hospedaje a los Leagan en la mansión Andry, aunque le urgía que su nieta se recuperara para que pudieran marcharse pronto y dejaran de hostigarla.
Albert apresuró los negocios pendientes para que el señor Leagan pudiera irse a Florida, junto a su familia lo más pronto posible. La rapidez con que se efectuaron los trámites fue sorprendente, y el rubio quedó libre mucho antes de lo pensado, ya no tenía nada que hacer ahí, pues obviamente la cena de despedida se había cancelado. Todos se hallaban nerviosos. Archie cuidaba a la tía abuela, y casi no le permitía salir de la mansión, por si alguien se enteraba que Eliza se encontraba allí y se decidía a atacar, pero con los Andry, todo estaba muy tranquilo.
Albert decidió que no postergaría más el regreso con su amada. Sabía que Terry estaba afectado por el supuesto compromiso de Candy y supo que era el momento de aclararlo, junto a otras cosas…
Cuando le anunciaron a Terry que el señor William Andry deseaba hablar con él, miles de extrañas ideas pasaron por su cabeza, menos la de encontrarse a cierto amigo frente a él.
-¡Albert! ¡Qué gusto verte!
-Terry –dándole la mano y un afectuoso abrazo
-Me dijeron que el señor Andry deseaba verme, sí que eres ingenioso amigo, te dejaron pasar de inmediato –dijo Terry divertido por la que creyó una ocurrencia del rubio
-Mi estimado Terry, primero que nada déjame aclararte que recuperé la memoria, y que mi nombre completo es William Albert Andry –dijo sonriendo
-¿Es una broma? ¿De verdad recuperaste la memoria o perdiste la chaveta? No, lo creo ¿Tú eres el famoso tío abuelo? Lo siento, pero me parece… increíble– decía sorprendido pero sabiendo que alguien como Albert no podía decir más que la verdad
-No te preocupes, digamos que no es la primera vez que he visto esa reacción –contestó divertido
-¡Tú eres el tutor de Candy!
-Sí Terry, y recibí tu carta. Lógicamente no vivo con ella en su departamento, pero aún recibimos la correspondencia del lugar. Ella está empeñada en regresar a la que considera su casa, pero comprenderás que debo insistirle en que acepte su lugar dentro de la familia y eso incluye, vivir en las propiedades que poseemos. Aunque ya sabes lo testaruda que puede ser
-Sí, lo recuerdo –dijo nostálgico – y ¿cómo es eso de que se casa con Neal?
-Fué un malentendido. Neal se enamoró de ella, y le propuso matrimonio, pero Candy no lo aceptó. No debía haber salido en los diarios, pero ya está todo aclarado
-No sabes el alivio que me causan tus palabras, amigo. Estaba muy preocupado por ella.- dijo el actor notoriamente aliviado
-¿Después de tanto tiempo aún…
-Sí –contestó sin dejar al rubio terminar la pregunta –pero no importa. Yo solo quería saber si ella está bien. No concebía que se casara con el imbécil de Neal, que siempre la trató mal. Sé que un día se casará, pero cuando ese día llegue, espero que sea con alguien que la cuide y la haga feliz, No sé, tal vez alguien como tú jajaja
Albert no contestó y lo miró inescrutable
-Bueno, tal vez no. Veo que no te causó gracia; pero lo decía por tu forma de ser hacia ella, siempre al pendiente y protegiéndola, solapándola incluso ¡Tú le enviaste los disfraces al colegio porque sabías del castigo!
-¡Qué buena memoria, Terry! Así fue. – contestó riendo
-y Candy ¿Se ha vuelto a enamorar? No, olvídalo, no quiero saberlo. Ella está bien, está contigo, y sé que cuidarás de su felicidad, no me digas nada más de ella. No podría soportarlo ¿Está en Chicago?
-No, ella está en Lakewood . Pero no entiendo, si aún te pone así, ¿Por qué nunca la buscaste? –preguntó el rubio
-Albert, no puedo. Al inicio me refugié en el alcohol, me sentía frustrado, perdido. Pero soy consciente de que Susana me necesita. Ella sacrificó su vida, su carrera, todo por mí. No tiene como valerse por sí misma, no tiene un futuro sola. Dentro de su fragilidad ha sido muy valiente ¿Sabes? Su recuperación ha sido muy lenta y muy, muy dolorosa. Se ha deprimido bastante. No puedo abandonarla, ya lo hice una vez y la culpa me carcomía. No podría abandonarla a su suerte. En cambio, la pecosa es fuerte, siempre lo ha sido. Ella casi no llora, la conoces bien, seguramente se recuperó rápido de nuestra separación. No deja que la tristeza o los problemas le afecten. Es tan firme que no se ve tentada a tomar la iniciativa, porque ¿Sabes? Ella tampoco me buscó nunca más.
Albert escuchaba al chico que tenía enfrente y se daba cuenta con cada palabra, de lo poco que éste, conocía a su princesa. Ella era tan frágil, había superado innumerables pruebas, y su fortaleza era resultado de la dificultad de todas ellas. Y ¿Casi no lloraba? ¿Hablaban de la misma persona? ¡Si era una pequeña llorona! Poco a poco confirmaba que sólo con él se había abierto por completo, solo él la conocía profundamente, con todos sus miedos y penas. Qué equivocado estaba su amigo al creer que Candy no era capaz de tomar la iniciativa en algo, ¡Si lo había besado! Y no cualquier beso, uno apasionado, en la boca. Jamás podría volver a sentir celos de nadie, pues sólo con él era ella misma.
-Has aprendido a querer a Susana, se nota tu preocupación y me da gusto, Terry.
-Siempre me gustó, incluso sí, la quiero, me preocupa, pero no la amo. Estoy amarrado a un pasado que no pudo ser. Tienes que entender que cuando le envié el boleto a Candy, solo le envié el de ida, no quería que regresara a Chicago. Pensaba pedirle matrimonio. Pero sucedió el accidente y frustró todos mis planes. Cuando la vi en la estación, ni siquiera pude abrazarla, sabía que luego no podría dejarla ir. No tuve el valor de contarle, quería alargar mi tiempo con ella. Pero la maldita culpa, no me permitió disfrutar mis últimos momentos a su lado. Y cuando se marchó, ni siquiera volteó a verme… -secándose bruscamente unas lágrimas – pero mi presente es Susana, yo la elegí por encima de la mujer que amo. La elegí dos veces, porque fui un cobarde que prefirió hundirse en el alcohol a luchar por el amor. Y la obligación me hizo regresar a buscar a Susy, a pedirle perdón. Debo apoyarla. Quiero hacerlo. No busqué a Candy, ni la buscaré, pero ella me hizo recuperarme. En mi delirio de borracho, imaginé verla en un teatro de mala muerte. Me avergoncé tanto de que pudiera verme en esa situación, que decidí recuperarme a mí mismo. Al final fue por ella. ¿Entiendes por qué no quiero saber si ella me ha olvidado? No quiero saber si ama a otro. Por favor Albert, no me lo digas, si es afirmativo, me romperá el corazón, pero si es negativo me dará falsas esperanzas. No puedo saberlo, porque no la buscaré. No puedo ni ser su amigo. Solo quiero saber si es feliz
-Terry, a Candy le costó mucho superar la ruptura contigo, no creo que puedas imaginarlo siquiera, pero estoy seguro que ahora es feliz.
-Me da gusto escucharlo –dijo el actor sinceramente
-Si necesitas cualquier cosa respecto a ti o a Susana, no dudes en buscarme, tal vez una opinión médica, dinero, no sé lo que sea que requieras, cuentas conmigo.
-Gracias Albert, no me gustaría perder tu amistad, me cuesta mucho abrirme con la gente, contigo no me sucede eso.
-Podemos seguir siendo amigos, escribirnos. Cuando vaya por Nueva York podríamos tomar algo.
-Claro, nada me gustaría más.
- Y Terry, tú elegiste éste camino. Susana no te obligó a permanecer a su lado, ella también merece ser feliz. Ayúdala a encontrar un motivo para serlo, si el teatro era su pasión, apóyala a seguir en él, puede escribir, dirigir, no sé, tú la conoces, piensa que la llenaría más y apóyala en su crecimiento. De nada te sirve anhelar un pasado que no volverá. Te lastimas a ti mismo y la lastimas a ella. Entiendo que te sea difícil abrirte ante cualquiera, pero piensa que Susana no es cualquiera, es la mujer que estuvo dispuesta a dar su vida por ti. Dale una oportunidad, dátela a ti mismo, tal vez te sorprendas.
Los amigos se despidieron con la firme intención de continuar su relación, aunque no iba a ser tan seguido como hubiesen querido, continuarían en contacto.
Albert había tenido la intención de sincerarse con Terry, pero comprendió que éste aún no estaba preparado. Sin pendientes en la ciudad, emprendió el viaje de regreso. Cuando llegó a Lakewood, Candy había ido con los Britter, así que tuvo oportunidad de solicitar una cena especial para los dos. Subió a descansar un rato y a bañarse luego del pesado viaje.
Cuando la rubia llegó, le sorprendió encontrar la casa tan callada, no veía sirvientes por ningún lado. Pero más le sorprendió encontrar en el comedor el servicio puesto para dos personas, velas y un jarrón con rosas rojas. Trataba de indagar sobre el responsable cuando sorpresivamente se sintió abrazada por la cintura
-¡Bert! Llegaste antes
-Sí princesa, te extrañé mucho
-¡Yo también! ¿Y dónde están todos?
-Solo vine yo. Quería aprovechar la casa para nosotros solos…
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Gracias, mil gracias a todas las peersonas que siguen aquí, leyendo y apoyando. Este pequeño proyecto se ha convertido en algo muy importante para mi. De corazón, gracias. Abrazos y besos, en especial para las consentidotas que me dejan reviews:
guadalupe: claro qu ecconcluiré, jamás pensaría en dejarla a medias
Nelly: ¿qué te pareció? No le salió ujururju
Magnolia: no te espantes amiga, aún no pasa nada. Un fajecín, quién no ha tenido uno jajaja
verito: ¿qué tal? ¿ya se te pasó lo amargo? jajaja, no era mi intención pero ya se empiezan a componer las cosas, aver cuánto les dura
Gatita Andrew: hermosa, gracias por tus palabras, me da muchísimo gusto que te siga gustando. A ver que te parecde este cap
CandyFan: Thanks a lot, you´re opinion is really valious to me.
miluxD: gracias por seguir aquí, ´no olvides dejarme tu opinión
Angelnr: noooo, como crees, si el wero no es cualquier tonto, y la rubia, menos, aquí si van a luchar
Fersita92: pues no la desaparecí, pero la alejamos un rato y le tocó su buen merecido
Clau Ardley: jajaja, yo también quiero reconciliarme con él a besotes
dulcecandy42: seguro andabas de revoltosa con las fans de Terry jajaja para darle su merecido a Eliza
Blackcat2010: Gracias preciosa, pues yo aquí haciéndote caso, y mandando a Eliza directito a la ch... al hospital jajaja. el wero ya no creo que sea tan celosón, luego de la charla con el terrrible
Zafiro Azúl Cielo 1313: Seguro tú también andabas con las fans de Terry dándole su merecido a Eliza jajaja Pero el wero ya confirmó lo que todas sabemos, que Candy sólo es de él y para él
Lady Lyuva: Pues te hice caso y les tuve qu ehechar la cybetada de agua fría, pero a ver cuánto me dura el gusto, porque este par anda muy querendón
sayuri1707: Pues pasaron muchas cosas, aver que te pareció
