NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
15. Escape a un sueño
Candy abrió desmesuradamente los ojos. ¿Casa a solas? Exactamente ¿Qué quería decir eso? O mejor dicho, ¿Qué quería decir Albert, con eso? Una sensación cálida y pulsante comenzó a recorrer desde el pecho hasta su vientre. "Pero ¿Cuándo se había vuelto una descarada?" Pensó para sí, tratando de apaciguar el fuego en su interior. "Este monumental hombre iba a conseguir hacerla perder la cabeza, pero no la compostura… ¿O sí?"
-Ven preciosa. Hoy, serás mi invitada especial, espero que no hayas cenado aún –dijo Albert sonriendo, al tiempo que la soltaba de su confortable abrazo y le ofrecía una mano
Caballerosamente, le ayudó a llegar al comedor. La chica estaba emocionada, no podía existir un hombre más perfecto y detallista que su novio
-Permíteme un momento, voy a traer la comida, como verás, espero que te guste –dijo el chico abriendo una silla
- ¡Te ayudo! –contestó efusivamente la rubia
-No. Dije que eres mi invitada. Déjame complacerte – comentó sugerente, con un tono de voz ligeramente más ronco de lo normal
-A… Así aprovecho para lavarme las manos, -respondió ella algo nerviosa, pero convencida de ayudarlo
-Mmm, pequeña tramposa, supongo que no serías tú si tus ansias por ayudar no se hicieran presentes a cada instante. Ve a lavarte y si cuando vuelvas continúo en la cocina, entonces me ayudas – la retó alzando una ceja
- ¡El tramposo eres tú! Sabes que la distancia que yo recorreré es mayor
El rubio no pudo evitar romper en carcajadas
-Entonces, tendrás que apresurarte – le guiñó un ojo, para después salir literalmente corriendo hacia la cocina como un chiquillo travieso
-¡Albert! –dijo la indignada rubia sorprendida de semejante acción, ¿Dónde estaba el solemne tío William y qué habían hecho con él? Inevitablemente sonrió y se olvidó de cualquier duda; los absurdos nervios que la acompañaban hasta entonces, se extinguieron en segundos. Era Albert, su Albert y podía confiar ciegamente en él.
Cuando regresó del tocador, donde había aprovechado para retocar su imagen, el chico ya se hallaba aguardándola junto a la mesa. Ella no pudo evitar contemplarlo. Lucía bello aún informal; vestía una camisa negra que resaltaba sus perfectos rasgos y contrastaba con el azúl cielo de sus ojos, además estaba aquél sexi mechón de su dorado cabello cayéndole sobre la frente que lo hacía lucir algo rebelde y muy atractivo. Recordó que desde la primera vez que lo vió sin barba le había parecido ya bastante guapo y ella, desfachatadamente, no había tenido reparo en decírselo…
-¡Eres tan… hermosa! – exclamó pausadamente el chico sacándola de su ensoñación, como prueba fehaciente de que él también la había estado sometiendo a un escrutinio
-Gracias Bert, tú también –dijo coquetamente evocando las palabras dichas a su encuentro en Londres
Se dispusieron a cenar algo sencillo, como habían hecho tantas veces en su departamento; una ensalada, pasta y algunas frutas para un fondue de chocolate, entre ellas ¿Porqué no? Fresas. El aroma de las rosas inundaba el ambiente, y si esa ocasión no podía ser más perfecta, él encendió unas velas y descorchó una botella de vino
Charlaron animadamente coqueteando uno con el otro sutilmente. Un roce, una mirada, una sonrisa y un rubor ocasional fueron los constantes de la velada.
Candy comenzó a preguntarle a su adorado chico acerca de su vida en Lakewood. Él le contestó que tenía maravillosos recuerdos de su infancia y de su familia en aquél lugar, pero que también había memorias tristes y mencionó el desasosiego que lo había acompañado en ese sitio, durante su adolescencia debido a sus ansias por ser libre y recorrer el mundo. Charló un poco acerca de la desolación en la que tuvo que vivir siendo muy joven, pero los recuerdos tristes parecían no afectarle en absoluto. En ese momento, él se sentía completo y feliz.
-Desde niño, debí aprender los protocolos. Me gustaba venir a Lakewood porque aquí podía salir a explorar en la naturaleza, correr y sentirme yo mismo. Claro, de la puerta para afuera, pues la tía se enojaba si me veía jugando por la casa, aunque he de confesar que conmigo, era bastante consentidora –rememoraba el rubio
La charla se dirigió hacia varios temas distintos, Candy le contó sus deseos de actualizar los conocimientos de su profesión y de tomar algunos cursos de medicina. Para sorpresa de la enfermera, Albert le platicó acerca de algunos que él mismo había estudiado antes de su voluntariado en África. El hombre que tenía enfrente se volvía más interesante ante sus ojos a medida que le revelaba más secretos.
Cuando los dos comían algunas frutas, ella exclamó:
-¡Todo estuvo delicioso Bert, gracias!
-Pues aunque me hubiera gustado, no cociné yo, pero ¿Te gustó la sorpresa?
-¡Me encanta! Nunca había tenido una cena romántica –dijo la rubia felizmente para beneplácito del chico -No podría ser más perfecto. Oye pero ¿Cómo hiciste para venir antes? ¡Y sin la tía!
Albert dudó en decírselo pues no quería arruinar el momento, pero estaba harto de ocultar cosas, especialmente a ella. Él mismo, le había dado un consejo a Terry acerca de confiar en su pareja, deseaba hacerlo, confiar en ella y contarle todo cuanto quisiera. La miró y recordó cuando le pidió compartirlo todo: penas, tristezas y alegrías. En adelante lo haría, se lo prometió a sí mismo.
-No quiero que te preocupes –suplicó- Eliza tuvo un "pequeño" accidente, no fue tan grave, pero tuvimos que apresurar las cosas para que pudieran partir cuanto antes. La tía y Archie se quedaron en la mansión con los Leagan, están apoyándolos.
-¡Pero cómo! ¿Qué le pasó? –dijo asustada
-¿Recuerdas que cierta compañía de teatro está en Chicago? Pues al parecer Eliza buscó a Terry afuera de su hotel y él le reclamó delante de sus fans lo de la expulsión del san Pablo. Ella dice que a partir de ahí las fans se pusieron en su contra, pero ya la conoces. La prensa que se hallaba en el lugar, publicó que en cuanto él se adentró al lugar, dejándola en la calle, Ellza empezó a despotricar en su contra y las fans se fueron sobre ella.
-¡Pero qué barbaridad! ¡Pobre Eliza! Y a Terry ¿Cómo se le ocurrió esa tontería? Además a él ni lo expulsaron, decidió irse por su cuenta ¿Porqué le reclamó? –decía la rubia atropelladamente, afortunadamente Albert había omitido ciertos detalles escabrosos
-Candy, él no lo hizo con doble intención, ni se enteró. Supongo que era algo que tenía pendiente o incluso ella misma lo provocó, recuerda que Eliza no suele ser muy recatada con su vocabulario. Pero de verdad ya está mejor, por eso decidí regresar –dijo tratando de calmarla y con un adorable puchero le pidió:
- Ya no hablemos de eso, por favor. Quiero disfrutar contigo
Candy se sonrojó súbitamente, la pelirroja salió disparada de su mente y solo pudo enfocarse en la última oración: "-Quiero disfrutar contigo- ¿En serio había escuchado tal aseveración? Concéntrate Candy, la voz de Albert es muy dulce, tal vez yo exagero inventándome significados alternos a lo que inocentemente me dice, después de todo, es un caballero. Ay, pero es un caballero tan lindo, que me obnubila por completo la razón…"
La chica decididamente tomó una fresa con dos dedos y la colocó frente a los labios de su amado
-Si aseguras que todo está bien, sé que lo está. Disfrutemos entonces –fue su turno de sonar coqueta
El rubio se removió de su asiento algo nervioso. Estaba cayendo en su propia trampa. Pero ciertamente gozaría cayendo. Mordió la fresa y un poco de su jugo resbaló lentamente hacia un costado de su boca. Candy sujetó delicadamente las manos del rubio para evitar que se limpiase. Quiso rememorar el primer beso y audazmente se levantó de su silla para lamer el delgado hilo de jugo de fresa que tan tentador le resultaba. No supo exactamente porqué lo hizo, no pensaba, no planeaba, simplemente por vez primera, cedía a sus propios deseos. Al tocar sus labios con la lengua, depositó un suave beso en un movimiento que al chico le pareció increíblemente erótico. Jamás hubiera imaginado a su inocente novia jugando un juego tan deliciosamente provocativo. Pero esa chica no dejaba de sorprenderlo.
-¿Quieres más? –preguntó sugestiva rozando aún sus labios
Quiso atraerla hacia sí pero en una fracción de segundo Candy soltó sus manos y dio algunos pasos hacia atrás sonriendo con una afrenta pintada en la frente: "atrápame" y sin más, salió corriendo rumbo a la estancia.
Ágilmente, el rubio se lanzó a perseguirla. Riendo como un par de niños, corretearon por el lugar. Frente a las escaleras, él parecía a punto de atraparla, cuando repentinamente la rubia exclamó asustada viendo hacia la puerta
-¡La tía abuela! –desconcertado, el chico volteó hacia allí, dando oportunidad a la rubia de salir disparada hacia la biblioteca. Rió de sí mismo por caer ingenuamente en la trampa de la chica
-¡Ya comprobamos quién es la tramposa! –le gritó juguetonamente yendo a su alcance
Candy rió por todo lo alto y rodeando el escritorio, contestó desafiante:
-Lo que pasa es que el tío abuelo es tan anciano que carece de condición y como buena enfermera debo vigilar su bienestar e impulsarlo a hacer ejercicio
El rubio, boquiabierto, la retó viéndola a los ojos:
-Vamos a hacerlo más interesante, apostemos algo si estás tan segura
-Si no me atrapas, tendrás que velar mi sueño– le respondió ella jadeando ligeramente –dormirás en mi habitación y charlaremos hasta muy tarde, como en los viejos tiempos
-Muy bien, y si te atrapo, podré hacer lo que quiera contigo esta noche…
-¡Hecho! –contestó sin pensar. Se lanzó riendo en otra carrera alrededor de la biblioteca, pero al reflexionar la connotación de esas palabras, se detuvo tras un sillón y preguntó
-¿Qué significa "lo que quieras" exactamente?
Pero esa incertidumbre, le costó caro; pues Albert aprovechó para saltar el respaldo del sillón y jalarla hacia sus brazos, cayendo bruscamente él sobre el mullido mueble y ella, sobre el amplio pecho masculino
-Significa que el anciano tío abuelo, se cobrará al fin lo que le debes – dijo el chico recorriendo sus manos por la cintura femenina y depositándolas al comienzo de las firmes curvas de su cadera. Con un simple movimiento la atrajo más hacia él y la besó apasionadamente, tal como había deseado hacerlo desde que la vió entrar por la puerta.
Albert sentía el frenético latir de su corazón, y dudó que hubiese sido ocasionado por la carrera. Adoraba a esa mujer, la necesitaba. Le gustaba a un nivel que jamás siquiera pudo haber vislumbrado. Incluso su menudo cuerpo, se amoldaba perfecto al suyo. Había memorizado las curvas femeninas de su amada y fantaseado en muchas ocasiones poder tocarla; ni siquiera de una manera obscena, simplemente sentirla a su lado. Aunque tampoco podía negar que ciertos detalles se inmiscuían en sus sueños provocadoramente. La amaba, la deseaba…
Candy se sentía en el escenario ideal. Nunca un chico había tenido tantas atenciones hacia su persona. Ni tampoco, en el pasado podía ser ella misma ya que innegablemente, tenía la necesidad de mostrar cuan fuerte y optimista era, en especial cuando los demás se abatían con sus propios problemas. Albert, en cambio, hablaba de sus penas y parecía no afectarle. Era un hombre maduro y fuerte; además podía actuar muy tierno con ella y acababa de mostrarle un lado travieso que aún no conocía del todo, pero que ya le encantaba. Adoraba que la rodeara con sus fuertes brazos, embriagarse con su varonil aroma y sentir sus dulces labios posarse con ansias sobre los de ella y sentir esa lengua ávida de probarla. Le encantaba poder acariciar su torso y sentir sus cálidas manos recorrer su cuerpo. No podía imaginar que sentiría de tenerlas tocando bajo su ropa.
-¡Me encantas! Mi princesa hermosa ¿Qué has hecho conmigo?
A Candy se le encogió el corazón al verlo así, tan tierno, tan dulce, sentirlo casi a su merced e inevitablemente, sonrió
-Enamorarme perdidamente de ti, eso es todo –respondió viéndolo fijamente
Albert fue incorporándose, conmovido por sus palabras, y acomodándola suavemente sobre sus piernas le dijo
-Eso yo lo hice desde hace mucho tiempo. Y sin embargo, aunque no creí que ese sentimiento pudiera cambiar, lo hizo. Cada día me enamoro más de ti
La chica respondió abrazándolo emocionada.
-Ha sido una velada maravillosa, pero creo que tengo que cumplir una apuesta –mencionó el rubio –Vamos a la cama, voy a velar tu sueño
-¿Qué no eso era si no me atrapabas? –preguntó confundida
-Ah, cierto. Bueno, pues vamos y haré contigo lo que quiera –respondió sintiéndola tensar su cuerpo- pero no te asustes, pequeña ¿Alguna vez he hecho algo que te incomode?
-No, Bert. Claro que no
Subieron a sus respectivas habitaciones, y como leyéndose mutuamente, se pusieron los pijamas a juego. Candy soltó su cabello para cepillarlo cuando el rubio dio algunos golpecitos en la puerta
-Pasa, estoy vestida
-¿Recuerdas como era cuando vivíamos juntos? –adentrándose a la habitación
-Claro, pasábamos horas charlando antes de dormir. Al otro día no quería despertar –
-Lo sé, por eso tenía que tentarte con desayunos aromáticos, era un buen incentivo para sacarte de la cama –dijo el chico con una amplia sonrisa
-Me conoces demasiado –respondió apesadumbrada- yo en cambio, nunca pude sorprenderte con una buena comida
-Por supuesto que sí. Además me hipnotizaba tanto el verte moviendo por la cocina, con esos pequeños accidentes que parecían seguirte como imán, que todos tus esfuerzos me hacían disfrutar el doble de tu comida, eso sin contar la compañía de la invaluable amiga que siempre me levantaba el ánimo
La chica sonrió con resignación, en el fondo sabía que la cocina no era lo suyo.
-Déjalo así
-¿A qué te refieres?
-A tu cabello –acercándose y pasando los dedos entre sus rizos- me gusta así. Siempre me ha gustado
La abrazó y hundió su nariz entre para aspirar un delicado aroma a flores. Ella se giró un poco y besó su mejilla.
Sintiéndose pleno y más feliz de lo que había sido jamás. En su interior se vislumbraba lo que podría ser su futuro. Así, con ella entre sus brazos sabía con seguridad que no necesitaría más, se reflejó en sus esmeraldas y quiso terminar de sincerarse por completo esa noche:
-Te amo…
CCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCC CCCCCCCCCC
Mil disculpas por el retraso, tuve unos días algo complicados, pero aquí estoy poniéndome al corriente. Por favor no me alucinen por dejarlas así, esta semana continúo con los dos capítulos prometidos. Muchísimas gracias por su paciencia y por continuar aquí, conmigo.
Por ahí me dijeron que inconscientemente, con el capítulo anterior, todas queríamos ser fan de Terry ¿? Sí, pero no por los atributos del personaje, sino para darle su buena guamiza a Eliza jajajaja. Es que los rubios son tan nobles, que no los veo involucrados directa ni indirectamente en algún acto violento, en cambio, el actor tiene un temperamento adecuado para provocar acciones arrebatadas, incluso, como dice mi amiga Victoria, con las fans de la vida real (con todo respeto)
Leo todo el tiempo sus reviews y sus palabras, convierten cada día en uno más especial. Les quiero muchísimo. Abrazos
miluxD: hermosa, ya te busqué y me salen como 15 personas con el mismo nombre. Mi foto es la de una zombie con una muñeca asomándose. ¿Y la tuya?
Kpezoa: Gracias linda
Grau grey: lo intento, de verdad, pero que gusto que estés aquí
Magnolia A: Creo que así somos cuando empiezan los noviazgos. Todo es perfecto y lindo, poco a poco vamos viendo la realidad jajjaja
Guest: jajaja, tal vez es lo que le hace falta a Eliza para aplacarse, la cogidita
Victoria40: insisto, cada que leo tu comentario, me vuelvo a carcajear.
Nelly: Me acuerdo que cuando Candy va a NY, decepcionada dice "pensé que sería más romántico" Bueno, pues a mi parecer, su deseo tenía que realizarse con quien valorara realmente el tiempo a su lado, o sea, nuestro güero favorito
Gatita Andrew: Yo también quiero que sigan, pero nómas antojan jajaja
Carito Andrew: Gracias linda, él es bello, simplemente bello
Verito: Claro, es perfecto, la conoce y la acepta como es, igual que ella. Así es el verdadero amor en mi concepción
Blackcat2010: No pues si yo también me lo quiero cenar, de eso no hay duda, pero esa pecosa está muy chapada a l antigua, nada más es que se decida
Clau Ardley: jajaja Yo también me lo encuero, como no, pero el caso es que Candy lo encuere
Fersita92: Pues que sigan de tórtolitos a ver cuánto les dura…
Dulcecandy42: pues sí, pobre Terry, pero fue su decisión, lo mas difícil era dejar a Susana, lo hizo. Pero luego se regresó… Bueno, pues él solito cayó en lo que más criticaba. Ni modo
Lady Lyuva: Córrete que te alcanzo… jajajaj, insisto que iba más ad hoc
Sayuri1707: Saludos linda
