EL ELIXIR DE LA ETERNA BELLEZA
Por Cris Snape
SEPARADOR
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el "II Fest de La Noble y Ancestral Casa de los Black"
2
Cuando Draco dio sus primeros pasos
Draco bufa. Ha transcurrido al menos un minuto desde que Potter se quedó callando y mirándole fijamente, tan alelado que quiere darle una colleja para ver si así se espabila. La vuelapluma ya no está rasgando el pergamino y la situación empieza a ser realmente incómoda. ¿Tan difícil de entender es lo que le ha explicado?
—¿Qué pasó después?
¡Al fin! No es la pregunta más ingeniosa del mundo pero menos da una piedra.
—Hice lo que tiene que hacer todo aquel ciudadano honrado que quiere tener su propio negocio. Ir al Ministerio.
Potter asiente y vuelve a tomar notas. Tal vez siga sin ser el momento más adecuado para quejarse, pero Draco no puede resistirse. De hecho, le vendrá bien para liberar un poco más de frustración.
—Te aseguro que fue un auténtico aburrimiento. De hecho, cuando terminé todo el papeleo tuve claro que la burocracia es odiosa y que lo brujos más inútiles terminan trabajando como funcionarios.
Potter le lanza una mirada airada. Bueno, pues si se ha dado por aludido es su problema. Draco alza la nariz y le reta a llevarle la contraria. No estaría mal mantener un pequeño enfrentamiento verbal antes de pasar a los puntos más espinosos de su historia, pero Potter no pica el anzuelo y se comporta como si fuera un buen profesional
¡Ja!
—He tenido acceso a toda la documentación que presentaste, Malfoy. Estaba todo en orden.
—¿Y eso te sorprende?
Potter suspira, se incorpora un poco y se cruza de brazos.
—Los aurores no nos ocupamos de asuntos fiscales. Si has timado de alguna manera a la Hacienda Mágica, es tu problema. A no ser que utilizaras magia negra para ello, obviamente.
—Entonces, ¿te sorprende o no?
Sí. Nuevamente tensando la cuerda. Está claro que a Draco Malfoy le gusta vivir al límite. Sabe que está siendo bastante tonto pero necesita templar sus nervios antes de continuar.
—Si me sorprende o no, no viene al caso —Potter hace una breve pausa y se comporta como si hubiera decidido retomar las riendas de la conversación. Es un interrogatorio, después de todo. Se supone que allí manda él—. ¿Cuándo empezaste a hacer negocios con Justin Finch-Fletchley?
Draco retiene el aire en los pulmones. Ya está hecho. Ahora es cuando llega la parte complicada.
—Tres semanas después de fundar mi empresa.
Respuestas cortas y directas. Nada de adornar los acontecimientos. Utilizar monosílabos siempre que se pueda.
—¿Qué tipo de relación comercial se estableció entre vosotros?
—Necesitaba a alguien que me ayudara a colocar mis productos en el mercado internacional.
Harry asiente y empieza a buscar una información en los pergaminos que tiene sobre la mesa.
—Tu poción se llama "El Elixir de la Belleza Eterna" —Alza la vista y le mira con aire burlón—. ¿No te parece un poco presuntuoso?
—Sólo dices eso porque nunca lo has probado —Draco se envara, dispuesto a defender su brebaje sobre todas las cosas—. A lo mejor hay cosas que no salieron como yo esperaba, pero mi poción es realmente buena y por eso empezó todo este lío.
Harry vuelve a asentir y otra vez está serio y con cara de tonto. Mejor así.
—La verdad es que ni yo mismo esperaba un éxito tan abrumador. La voz se corrió tan deprisa que en sólo diez días recibí centenares de pedidos. Hasta tuve que contratar un ayudante.
Potter vuelve a buscar entre los pergaminos. A Draco le resulta un tanto incomprensible que sea capaz de organizarse entre tanto desorden.
—Richard Robson.
—Acababa de salir de Hogwarts. Sacó excelentes notas en Pociones y necesitaba dinero, así que lo contraté de forma temporal. Es un poco bobo, pero no tiene nada que ver con lo que pasó después.
—Las excelencias de tu elixir también llegaron Europa, ¿verdad?
—A Francia, para ser más exactos. La esposa del jefe del Departamento de Relaciones Internacionales me compró tónico para el cabello justo antes de acudir a la fiesta de cumpleaños de una de sus amistades parisinas. Por lo visto, habló en buenos términos de mi trabajo y pronto recibí encargos de París —Draco se encoge de hombros, recordando lo abrumado y orgulloso que se sintió entonces—. Después de eso, todo el mundo quería mis productos.
Potter vuelve a asentir y hace un gesto como invitándole a seguir hablando.
—Reconozco que me sentía un poco desconcertado por la rapidez con la que sucedió todo, pero eso no impidió que empezara a tomar decisiones. Busqué un local en el que establecer un laboratorio de pociones más grande y con el personal necesario y como es evidente, planifiqué mi expansión al extranjero.
Potter carraspea, descruza los brazos y le mira de forma extraña. Tal vez le resulte difícil de creer que la empresa de Malfoy creciera tanto en tan poco tiempo, pero no puede culparle. Ni siquiera él ha terminado de asumirlo aún.
—Fue Ernie Macmillan quien me puso en contacto con Justin —Y en mala hora, joder—. Te acuerdas de él, ¿verdad? Iba a nuestro curso en Hogwarts. El Hufflepuff más presumido de la historia.
—Claro que sé quién es —Harry hace una breve pausa—. ¿Tiene algo que ver con los negocios de Justin?
—No que yo sepa. Ese cretino se pasa todo el día hablando sobre su maravilloso trabajado en el Ministerio y buscando la forma de medrar en la sociedad mágica —Draco tuerce el gesto, nuevamente burlón—. Como si alguien quisiera tenerlo cerca, por Merlín. Es un hombre de lo más aburrido, te lo puedo asegurar.
Draco está dispuesto a criticarle un poco más porque Macmillan le resulta odioso, pero Potter no se lo permite.
—Dices que te puso en contacto con Justin.
—Así es. Por lo visto se hicieron amigos en Hogwarts y aún son capaces de aguantarse mutuamente —Draco se encoge de hombros, incapaz de entender la situación—. Me encontré a Macmillan durante una merienda en la mansión de los Rookwood y mostró interés por mi éxito. Mencioné que estaba buscando a alguien que me ayudara con las exportaciones y él me habló de los negocios de la familia Finch-Fletchley.
Potter asiente otra vez y no le interrumpe. Mejor.
—Como sabrás, Justin es hijo de muggles. Ernie me contó que su padre es un tipo bastante rico.
—Justin me dijo una vez que estuvo a punto de ir a Eton —Comenta Potter sin dejar de asentir.
—¿Eton? ¿Qué es eso?
—Es un colegio bastante elitista —Potter se interrumpe antes de dar la explicación definitiva—. Es el Hogwarts de los muggles.
—¡Oh! Pues eso —Draco se remueve en su silla y cruza una pierna sobre la otra—. La cuestión es que Ernie me dijo que Justin se estaba preparando para heredar el negocio de exportaciones de su padre y que deseaba fundar una sucursal en el mundo mágico. Comentó que podría hacerme un buen precio y por ese motivo decidí ponerme en contacto con él.
—¿Dónde os reunisteis por primera vez?
—En Hogsmeade. Fue una cita bastante informal y quedé muy satisfecho.
Draco no acostumbraba a pensar en el pasado demasiado a menudo. Aún resultaba doloroso recordar al chico estúpido que un día fue, aquel que se moría por servir al Señor Tenebroso y que descubrió a las bravas que torturar, asesinar y humillar a los sangresucias no era tan divertido como pudiera parecer.
En ese momento de su vida, Draco Malfoy era un ferviente defensor del "vive y deja vivir". Ciertamente no sentía ningún interés por descubrir el mundo de los muggles y no necesitaba pensar demasiado para comprender que no tenía ningún amigo que no fuera sangrepura, pero básicamente no le deseaba ningún mal a nadie. Ya no. De hecho, mientras esperaba a Finch-Fletchley se sentía satisfecho de hacer negocios con él, fueran quienes fueran sus padres.
Durante sus años en Hogwarts, Draco apenas se fijó en él. Era un Hufflepuff insulso y feo que jamás destacó en nada. Si en aquel tiempo alguien le hubiera preguntado cómo se imaginaba a Justin en diez años, hubiera dicho que limpiando traseros de trol o algo por el estilo. Pero no. Justin había dedicado unos años a estudiar en el mundo muggle, preparándose para sustituir a su progenitor en el imperio de los Finch-Fletchley, que seguramente no era tan grande como en de los Malfoy pero no dejaba de ser un imperio.
Además, Draco debía reconocer que Justin había mejorado con los años. El chaval de cabeza grande y gesto bobalicón se había transformado en un hombre atlético, de nariz recta y rostro aceptable. Si Draco se lo hubiera encontrado en algún club nocturno, cabía la posibilidad de que se hubiese acercado a él para compartir un whisky de fuego y algo más. Pero no debía pensar en eso. Si habían quedado por segunda vez era única y exclusivamente para atender asuntos relacionados con sus futuros negocios en común.
Igual que pasara la vez anterior, Justin llegó puntual. Aunque él mismo le confesó que normalmente utilizaba ropa muggle en su día a día, tuvo la decencia de ponerse una túnica de brujo para la ocasión. Una túnica bastante elegante y que debía estar hecha a medida ya que le sentaba como un guante. Draco pensó que la bien cuidada barba que lucía mejoraba bastante su aspecto.
—Buenas noches, Draco.
Una vez junto a él, le dio un fuerte apretón de manos. Estaba claro que era un hombre muy seguro de sí mismo. Draco le sonrió y le invitó a tomar asiento. El camarero no tardó ni diez segundos en aparecer junto a su mesa para tomarles nota.
—Pensé que llegaría tarde —Justin habló mientras se acomodaba un poco mejor. Draco se dio cuenta de que estaba un poco colorado, como si hubiera llegado corriendo—. Me ha surgido un problema de última hora y no he podido salir de la oficina hasta solucionarlo.
—Yo acabo de llegar —A Draco le gustó saber que era un tipo responsable—. Me alegra que nos hayamos podido reunir tan pronto. Gracias por hacerme un hueco.
—Gracias a ti por llamarme tan deprisa —Justin le sonrió. Tenía unos dientes casi perfectos—. Siempre es un placer hacer negocios nuevos. Me alegra que mi oferta te haya interesado.
—La verdad es que los precios que me propones son bastante asequibles, aunque me preocupan los plazos de entrega.
—Por el momento no puedo comprometerme a enviar más de tres fletes por semana, pero si consigo nuevos clientes y mi situación en el mundo mágico prospera, en poco tiempo podríamos realizar envíos diarios.
—Me alegra oír eso.
El camarero llegó con sus bebidas y los aperitivos que habían pedido. Ninguno de los dos tenía demasiada hambre y no deseaban una cena más contundente. Justin pareció aliviado al recibir su jarra de agua helada puesto que se bebió un vaso prácticamente de un trago.
—Como te comenté, si se tratara de otro tipo de mercancía podría añadirla a mis pedidos del mundo muggle, pero el asunto podría complicarse durante las inspecciones en las aduanas. Podríamos exponer el Estatuto del Secreto y nos meteríamos en un buen lío.
—No me gustaría vérmelas con el Wizengamont —Draco bromeó puesto que Justin había hablado con cierta ligereza al final.
—Los juicios tienden a menoscabar la imagen pública y en los negocios no sólo hay que ser honrado. Hay que parecerlo.
Draco asintió. Justin tenía más razón que un santo.
—Si te he llamado con tanta urgencia es porque tengo que enviar un pedido a Italia este mismo lunes.
Justin entrecerró los ojos como si estuviera sacando cuentas y finalmente asintió.
—Es un poco precipitado pero tratándose de nuestra primera colaboración, haremos el esfuerzo.
Draco sonrió con satisfacción. Todo estaba prácticamente resuelto.
—Mientras tanto, prepararé el contrato —Justin se bebió otro vaso de agua—. Por supuesto, podrás estudiarlo tranquilamente antes de firmarlo. Lo ideal sería no empezar a trabajar hasta tener ese asunto arreglado, pero si tienes tanta prisa podremos hacer una excepción.
—Estoy de acuerdo.
Justin asintió. Durante los siguientes minutos discutieron algunos puntos que tendrían que aparecer en el mencionado contrato, manteniendo la conversación en un terreno seguro que les hacía sentir seguros y cómodos. Una vez agotados todos los aspectos a tener en cuenta, Justin entornó los ojos y le miró con expresión extraña.
—Hay una cosa que no tengo del todo clara —Carraspeó como si no le gustara tener que preguntar aquello—. Como ya sabes, estoy un poco desconectado del mundo mágico y no sé qué tipo de pociones elaboras.
—Tengo bastante variedad, la verdad —A Draco le encantaba hablar sobre su talento en esos menesteres—. Esencialmente son tratamientos de belleza.
—¡No me digas!
Hubo algo raro en la voz de Justin, aunque Draco no sabría decir de qué se trataba.
—Hay muchos magos y brujas preocupados por su aspecto físico. A nadie le gusta la idea de hacerse mayor y están dispuestos a pagar lo que sea por mantenerse jóvenes y bellos.
Justin asintió, aún mirándole de esa forma extraña.
—Entre muggles también pasa. De hecho, hay personas que se vuelven adictas a la cirugía estética.
—¿Qué es eso? —Inquirió Draco con mucha atención.
Justin se tomó un par de segundos para responder. Posiblemente más de un mago le había preguntado algo similar y estaba buscando las palabras más exactas antes de responder.
—Verás, algunas personas se operan para estar guapas.
—¿Operar?
Justin suspiró y otra vez se quedó pensativo.
—La medicina muggle es muy distinta a la mágica, Draco —Hablaba con suavidad, como si le estuviera explicando algo muy simple a un niño de cinco años—. En ocasiones, para curar a alguien hay que cortarle la carne y manipular sus órganos internos.
—¿Qué? —Draco no pudo evitar poner cara de asco—. ¡Eso es repugnante!
—Puede, pero también ayuda mucho —Justin se encogió de hombros, sonriendo ante la expresión de su acompañante—. La cuestión es que también hay personas que se operan para quitarse las arrugas o para hacer que sus pechos sean más grandes. Eso es la cirugía estética.
Draco retuvo el aire en los pulmones. Por un momento pensó que le iba a dar un sofoco y estuvo bastante convencido de que lo mejor para la Humanidad hubiera sido dejar que el Señor Tenebroso se cargara a ese montón de chiflados que eran los muggles.
—¿Dices que la gente se abre la carne para…? —Se detuvo. Iba a empezar a dar arcadas—. ¿Los muggles pueden hacer que sus pechos..?
Hizo un gesto muy significativo que arrancó una carcajada a Justin.
—Bueno, lo de ponerse tetas en más bien cosa de chicas pero si tú quisieras, también podrías hacértelo.
—¡Ni loco!
Justin se rió un poco más pero Draco no le veía la gracia. ¿A quién se le ocurría pasar por semejante martirio sólo para estar un poco más guapo?
—Esa cirugía o cómo se llame… ¿Funciona?
—La mayoría de las veces, sí.
Draco contuvo a duras penas un escalofrío.
—Me alegra ser un brujo —Aseguró con un enérgico movimiento de cabeza—. Podemos lucir atractivos sin necesidad de abrirnos como si fuésemos animales.
—Por más que me guste vivir entre muggles, debo darte la razón -Justin se encogió de hombros y continuó hablando-. Volviendo al tema que nos ocupa, quisiera saber si mis empleados deben recoger la mercancía en tu establecimiento o si prefieres llevarla personalmente al puerto.
—Pues ahora que lo mencionas, tengo que preparar demasiadas cajas y las pociones son demasiado inestables para encogerlas y agrandarlas después.
—Las recogeremos nosotros, entonces —Justin sonrió—. Tenemos vehículos muggles de transporte hechizados. Podremos trasladarlo todo en un abrir y cerrar de ojos.
Draco sabía perfectamente cómo eran esos cacharros. Una vez, cuando era muy pequeño, su padre se vio obligado a sacarlo al mundo muggle y casi fue aplastado por un armatoste metálico que hacía mucho ruido y producía un humo negro y asfixiante. También recordaba que Potter y la comadreja habían usado un coche encantado en su segundo año en Hogwarts, aunque nunca llegó a verlo con sus propios ojos. La verdad era que esos vehículos no le inspiraban mucha confianza pero si Justin los usaba en su negocio, por algo sería.
—Pasaremos a primera hora de la mañana.
—Estará todo listo.
—En cuanto al contrato, te llamaré cuando lo tenga preparado.
Draco asintió, contento porque su aventura empresarial estuviera yendo tan bien. A lo mejor, si se le hubiera ocurrido la idea de que todo era demasiado perfecto, las cosas no se habrían jodido tanto después.
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