NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
17. La revelación
Aquél día, Archibald Cornwell se despertó más temprano de lo habitual, tenía aún muchos pendientes antes de partir rumbo a Lakewood. Un día antes había ido a la ciudad y llevaba el automóvil lleno de paquetes, situación que a nadie extrañaba, ya que su afición la moda y el buen vestir, era bastante conocida. Tenía el fin de semana libre antes de continuar con su incorporación a la empresa, en la que por cierto, se sentía como pez en el agua. Ni siquiera la inexperiencia lo hacía sentir inseguro, sabía que allí lograría grandes proyectos y un crecimiento personal inigualable. Ese día sin embargo, su acostumbrada seguridad parecía haberlo traicionado por unos incipientes nervios, pero aunque debía calmarse para manejar tranquilamente, la sensación de incertidumbre, lo hacía vulnerable. Para su fortuna, había charlado con George acerca de su próximo gran proyecto, y éste, le había aconsejado y proporcionado bastante ayuda. ¡Por algo era el asesor y mano derecha de Albert! ¡El tipo era un genio!
Llegó al pueblo casi anocheciendo, pero aún tenía una larga lista de pendientes y debía terminarlos todos antes de la fiesta al siguiente día, en el Hogar de Pony; ansiaba conocer el sitio en el que había crecido su hermosa novia. Y también, claro, su mejor amiga: Candy, quien siempre se había sentido orgullosa del lugar y de las personas a su cargo, a quien incluso, consideraba sus madres. Admiraba mucho a esa chica, siempre sonriente y dando lo mejor de sí misma a todos, a pesar de las múltiples tristezas que había vivido. Annie, en cambio, tenía la fortuna de tener unos padres que la amaban. Y aunque al inicio le pareció frívola la decisión de ocultar por tantos años su pasado en el orfanato, entendió su postura al conocer a su mamá. La señora Britter le recordaba tanto a la tía Leagan…
Afortunadamente, Annie había recapacitado y lejos de la influencia de su madre, en Londres, había aprendido a sentirse orgullosa de quien era. Candy la había apoyado mucho en el proceso. Llevaba tantos días recordando la época del colegio, que inevitablemente volvía a remembrarla. En esa entonces, aunque Annie ya le gustaba, estaba enamorado de Candy. Nunca tuvo un oportunidad con la gatita, bueno, ni siquiera tuvo la oportunidad de expresarle sus sentimientos. A estas alturas, aunque nunca había dejado de gustarle, sabía que no era amor. Lo había reflexionado profundamente, después de tanto tiempo, se había convertido en algo meramente platónico. La quería muchísimo, sin duda. Pero no la amaba. Las cosas pasaban por algo.
Con el tiempo, la aparentemente tímida Annie, había exteriorizado su verdadera personalidad con él. Con lo todas las experiencias compartidas; con las largas pláticas, a veces profundas, a veces triviales; con los juegos y bromas, porque aunque le había sorprendido al inicio, resultó que era bastante divertida; con los bailes; con sus finos modales y excelente gusto por la moda; con todo el apoyo moral y la asombrosa fortaleza que le brindó ante la partida de Stear; con todos sus detalles; con su porte elegante, su mirada tierna y su delicada sensualidad… No podía más que enamorarse perdidamente de ella. Sí, estaba seguro, amaba a Annie Britter.
En el Hogar de Pony, las chicas trabajaban arduamente en la cocina. Candy se sentía afortunada de contar con tan leales amigas y en ese momento, agradecía que fueran tan buenas cocineras, menester que ella aún no dominaba como hubiese querido, pero en el que iba progresando. Habían pasado la tarde entre juegos con los niños. Le había sorprendido gratamente el desenvolvimiento de Paty, quien a pesar de ser muy inteligente y capaz de llevar conversaciones interesantes y amenas, con los adultos se portaba algo introvertida; en cambio, con los niños, había congeniado de inmediato. Incluso, había trepado al padre árbol con ella, a las ramas bajas claro, pero lo había conseguido. Le había prometido a Stear superar su miedo a las alturas y realmente lo intentaba, pues a su parecer, ensalzaba su memoria cumpliendo sus promesas a pesar de la ausencia. Candy se sentía sumamente orgullosa de ella.
Esa tarde, Tom había llegado para entregar personalmente la leche extra que había solicitado la señorita Pony a petición de la rubia. El vaquero no quería perderse la oportunidad de saludar a las chicas con quien había compartido su niñez.
-¡Annie, Candy!- gritó emocionado
-¡Hola Tom! ¡Cuánto tiempo!- exclamaron ellas
-¡Annie, sigues igual de flacucha! No te haría daño comer de vez en cuando –bromeó animadamente
-¡Y tú sigues siendo el mismo grosero! No te haría daño aprender modales alguna vez –contestó indignada
Se miraron fijamente por unos segundos y finalmente, ambos rompieron en carcajadas
-Por momentos, creí que había retrocedido en el tiempo –aseguró la rubia – ¡No cambian en nada!
Le presentaron a Paty y enseguida comenzaron a ponerse al corriente con sus vidas. Lo invitaron para la fiesta del día siguiente y se ofreció a llegar temprano para ayudar, después de todo, las consideraba casi sus hermanas y casi nunca las veía.
Trabajaban con los postres entre chismorreos y bromas cuando llegó un automóvil, intrigadas, salieron a ver de quién se trataba y para su sorpresa, era un chofer de los Andry con una entrega especial para la señorita Candice White Andry: múltiples platillos de un restaurante, listos para calentar y servir. Candy supo inmediatamente de quién era obra. George era indiscutiblemente, un gran tipo. Las chicas, tomaron un chocolate caliente en lo que salían las tartas del horno, tenían ya bastante menos trabajo con la comida casi lista. Así que aprovecharon el maravilloso tiempo ahorrado, con uno de sus pasatiempos favoritos: continuar charlando. El tema más recurrente era, desde luego, chicos.
-Candy ¿De verdad no pasó nada entre Albert y tú estos días? ¡Estuvieron solos en la mansión! –decía Annie curiosa
-¡Ya te dije que no! Aunque la verdad, sí lo pensé. –admitió sonrojándose
-¡Candy! –exclamó Paty
-¿Qué? i Al final no me atreví, resulta que la voz de la hermana Grey no es en absoluto un incentivo. ¡La escuchaba retumbar en mi cabeza!
Las pelinegras se rieron abiertamente de la chica
-Candy, pero él te demostró que es un caballero al no insinuarte nada –afirmó Patty
-Sí claro, él sieeeempre lo ha sido –"si supieran, es un caballero muy pícaro diría yo" pensaba para sí
-Paty, ¿Viste cuando te presentamos a Tom la forma en que te veía? –dijo la rubia tratando de cambiar el tema
-¡Casi se le caía la mandíbula! –se burló Annie
-No digan tonterías, es aún muy pronto para mí
Ambas entendieron y trataron de no insistir por miedo a que la fragilidad de Paty, resurgiera
-Nunca es tarde para hacer amigos –dijo al fin la rubia
-Sí Candy, tienes razón. Perdónenme si fui intempestiva. ¿Y tú Annie? ¿Qué nos dices de Archie?
-¡Que lo extraño mucho! –contestó apesadumbrada
-¡Yo también extraño a Albert! –susurró Candy
Y así, acongojadas se fueron a dormir pensando en sus respectivos amores, melancólicas por no poder estar con ellos.
Al día siguiente, comenzaron desde temprano a decorar. Colocaron mesas y sillas afuera y colocaron algunas guirnaldas.
Tom llegó tal como lo había prometido y luego de abrazar efusivamente a la hermana María y a la señorita Pony, se puso a trabajar en lo que una muy animada Candy disponía
-Eres una mandona, pecosa –le dijo con el ceño fruncido
-Y tú, un quejumbroso, nada más falta que vayas a acusarte –respondió burlonamente la rubia
-¿Yo acusarme? Pero si la que siempre buscaba ayuda era ella –señalando a la otra chica- ´Candy, Tom es malo conmigo´ e inmediatamente te lanzabas a golpearme
-Ja, ja, ja. Y aún puedo hacerlo vaquero, así que compórtate –amenazó juguetonamente la chica
-Pero aún no me puedes ganar en el lazo -la retó
-¡Nada más eso faltaba! ¡Se supone que eres un vaquero! -intervino Annie
-Lo soy, es más, soy tan bueno, que puedo enseñarte a lazar en menos de lo que canta un gallo –contestó Tom desafiante
-¿Apostamos? –lo retó Candy
Mientras tanto, en el camino al Hogar, en un automóvil negro, se llevaba a cabo una pequeña discusión
-George, no entiendo si esta reunión es tan importante, ¿Cómo es que debía venir informal? –insistía un rubio de ojos azules
-Ya te expliqué William, que es un millonario excéntrico el interesado en invertir con nosotros. No le gustan las frivolidades. Es algo que deberías entender bien
-¡Hey! –Irrumpía indignado un tercer chico- vestir bien no es una frivolidad, es una necesidad, es imprimir tu sello personal a primera vista, es…
-Sí Archie, ya sabemos que es tu mayor cualidad, no todos podemos tener tan buen gusto; no lo tomes así –aclaraba el rubio
-Mira quien lo dice, desde que te presentaste ante la sociedad no pasas de ropa de diseñador. Seguro ahora te quejas porque te sientes incómodo en jeans. Después de todo no es lo mismo casimir que mezclilla –afirmaba enfático
-Ja, ja, ja. Tienes razón, soy un hipócrita que viste caro porque así lo ameritan mis compromisos. Pero la verdad es que así, como me ves ahora, me siento yo mismo y muy, muy cómodo. Deberías probar la mezclilla alguna vez
-Rotundamente no Albert. No, no, no.
George ahogó una risa ante la firmeza del joven Cornwell, sí resultara así en la empresa, sería un excelente miembro del corporativo.
-Llegamos William. Aquí se bajan ustedes y yo voy a estacionarme en un lugar adecuado
El chico, asombrado, bajó del auto. Estaba en aquella colina donde tantas veces había escapado cuando adolescente. Escuchó risas y dirigió su mirada hacia donde provenían. Atónito, contempló la escena, sintiendo la sangre a punto de ebullición.
Archie, que bajaba del auto, se extrañó de la expresión en el rostro de su tío. Buscó con la mirada hacia donde veía y su mandíbula casi se desencaja. ¿Quién diablos era el tipo que abrazaba a su Annie por detrás? Le tomaba la mano y parecía ayudarla a lanzar algo. Viéndolo bien, parecía no abrazarla pero sí se encontraba demasiado cerca de ella y tomaba su mano. ¡Pero que desfachatez! Candy, a su vez aventaba un lazo y gritaba eufórica ¿Pero por qué la emoción si ella sabía lazar muy bien?
La rubia se abrazaba de Annie y del vaquero efusivamente, al tiempo que daba pequeños saltitos. ¿Pero quién rayos era ese tipo? Para rematar la escenita, alguien aplaudía desde arriba del árbol ¿Era Paty?
Albert respiró hondo, usó toda su determinación para calmarse y no demostrar, como expertamente sabía, sus emociones. Ni siquiera quiso preguntarle a George qué hacían allí. Iba a aclarar las cosas en ese instante, o más bien, a dejárselas claras al vaquerillo…
Afortunadamente para su ego, Candy lo vio de reojo y se lanzó corriendo a sus brazos
-¡Albert! ¡Albert! ¡Llegaste!
Annie, no era igual de efusiva pero sonrió complacida al ver a su amado dirigirse a ella y
Acudió a su encuentro. Candy tomó la mano de su novio y lo llevó hacia donde se hallaban los demás.
-Bert, te extrañé tanto .Ya sé que fue solo una noche, y te parecerá una tontería pero de verdad te extrañé –le decía sonriente
"Se nota" pensaba el chico
-Yo te extrañé más –le soltó sonriendo de medio lado
-Vaya, al fin conozco al famoso Albert –dijo el vaquero extendiendo la mano –Tom Stevens
-Albert Andry, un placer –respondió sintiéndose como un verdadero tonto, ¡El chico al que Candy consideraba su hermano! – Hola Paty. Mi sobrino, Archie Cornwell
-Hola chicos –gritó desde arriba
-Archie, Tom se crió con nosotros en el Hogar de Pony, éramos como hermanos –aclaró presurosa la rubia, al ver la cara de pocos amigos que llevaba el chico
-Mucho gusto ¿Qué tal Paty? –Dijo sonriendo un tanto avergonzado- ¿Qué hacían?
-Hicimos una apuesta, y Tom perdió. Así que les traerá leche gratis por un mes a los niños –contó felizmente Candy
-¿Conque apuestas? –preguntó el rubio alzando una ceja, provocando el sonrojo inmediato de su novia. Ella aún le debía una…
-Era por una causa noble –se escudó recordando su deuda
-Ja, ja, ja Caro, claro ¿Y cuál era el reto?
-Que yo le ganaría a Annie a enlazar, pero a ella la ayudaría Tom, para probar que es un buen vaquero. Y parece que no lo es –comentó insidiosa
-Annie se pone muy tensa, no es completamente mi error –se defendió
-¡Hey! Yo no tengo la culpa de que no seas un buen vaquero –acusó Annie
-Mira flacuchita, tú deberías saber lazar desde hace mucho, la pequitas aprendió desde niña, pero supongo que tus continuos lloriqueos, no te dejaban mucho tiempo libre –la retó el vaquero
-¡Te recuerdo que la pequitas, aún puede tumbarte al suelo y darte tu merecido! ¡Cuida tu lenguaje niño! –dijo la aludida ante la mirada intrigada de los chicos, nunca las habían visto bromear así con nadie, realmente parecían hermanos
-¡Ya basta! ¡Llevan así todo el día! –los regañó Paty cual niños pequeños, al tiempo que bajaba cuidadosamente del árbol –Es suficiente, dense la mano de una buena vez
-Lo lamento chicas, Pequitas, reconozco que sigues siendo buena, no has perdido el toque, Flacuhita, algún día aprenderías, si realmente te interesara… -admitió derrotado el chico. Ante lo cual, todos rieron de buena gana
-¿De verdad eres tan buena como dicen? –preguntó Albert a su novia
-¡Claro, ya te lo había contado! ¿Es que no me creías? –respondió ella
-Candy, también le dijiste al pobre hombre que eras buena en la cocina ¿Cómo esperabas que te creyera después de eso? –comentó Archie ya animado provocando las risas de todos, menos de la pareja
-No es cierto, preciosa. Es que a mi sobrino nunca le cocinaste lo que a mí –defendiéndola a pesar de que algo de razón tenía. Sin embargo, aunque eran aspectos que para él, carecían de importancia, sabía que su pequeña ponía todo su empeño y no podría burlarse de ella.
-Archie, no te volveré a rescatar de los ríos. Si alguna vez existe la ocasión, dejaré que arruines tu camisa fina –le reprochó sacándole la lengua
-Ja, ja, ja. No te enojes Gatita, sé que salvaste mi camisa de seda con esas habilidades tuyas y gracias a eso nos conocimos.
-Con tanto parloteo, me muero de hambre, ¿Vamos? –dijo Tom
Todos se dirigieron rumbo al sitio que habían dispuesto para la ocasión. Viendo a lo lejos el trabajo hecho y la cantidad de comida dispuesta en la mesa, además de un sonriente George charlando con la señorita Pony, Albert supo que era algo minuciosamente planeado
-Espero que te guste la sorpresa –lo sacó Candy de sus pensamientos
-Gracias princesa. Es la mejor sorpresa de mi vida –contesto sinceramente. Nunca había tenido una fiesta sorpresa. Y las fiestas en su honor, aún siendo un niño, siempre habían sido de rigurosa etiqueta
La tarde transcurrió entre animadas pláticas. Todos notaban abiertamente el enamoramiento de los rubios. Candy incluso en algún momento mencionó que George y Tom, necesitaban una novia provocando el atragantamiento de ambos y las risas de los demás. Hubo mucha comida deliciosa y los niños se portaron muy bien, pues amaban las fiestas. Los postres, en especial, fueron un deleite. Brindaron por el éxito y la prosperidad en el próximo viaje de Albert y George. Además de la carrera de Paty y Candy. Archie estaba realmente emocionado de conocer aquél sitio. Paty mencionó que le gustaría quedarse allí. Albert se sintió como en casa, cómodo y feliz. Sopesando que permaneciendo en aquél sitio, jamás volvería a sentirse solo. Reflexionó acerca de la orfandad de los pequeños ahí reunidos, en la de Candy y en la suya. ¡Aquél era un excelente lugar para sentirse en familia!
Próxima la hora de partir, Archie le pidió a su novia que le permitiera irla a dejar, y le pidió una cita para cenar antes de ello. Ella aceptó gustosa. Un chofer los recogería en breve, así que de la cajuela del auto un paquete y se lo entregó.
-Es un regalo de la ciudad. Póntelo –entregándole la caja
-¡Un vestido! ¡Gracias! -y emocionada corrió a cambiarse mientras él, se ponía un saco
El elegante chico, le pidió a Candy hablar un momento a solas y se dirigieron rumbo a la colina. Luego de una breve plática y muchos buenos deseos, Archie regresó a buscar a su novia mientras la rubia meditaba un momento acerca de su vida y lo feliz que era.
El chofer llegó por la pareja y partieron entusiasmados de tener una cita antes de la partida de Archie. Había mucho amor en el ambiente, se respiraba, se sentía; pero también muchos nervios
Llegaron a un pequeño restaurante a las afueras de Lakewood. Los dirigieron a un reservado donde había una mesa apartada del bullicio de los comensales. La pequeña salita era muy acogedora y se encontraba llena, saturada de flores.
Ingirieron una cena ligera y Archie comenzó un pequeño discurso acerca de todas las bondades de Annie, luego prosiguió con una extensa lista de los detalles por los cuales la amaba. Tomó su mano y finalmente se arrodilló frente a ella ante lo cual la chica empezó a llorar irrefrenable
-Annie Britter ¿Me harías el honor de aceptar ser mi esposa? –ofreciendo un estuche abierto que mostraba un elegante y sofisticado anillo
-Sí. Sí, sí .Te amo Archie –contestó besándolo efusivamente mientras un trío de cuerdas entraba al recinto y tocaba una romántica melodía
Apenas dos horas antes, Candy pensaba en sus grandes amigos. Archie le había contado su plan. Estaba segura de que Annie aceptaría. El tiempo pasaba muy rápido. Su hermanita llorona se iba a casar. Recordó a Anthony, a Terry, a Stear e ineludiblemente los ligó a su pasado. Pensó entonces en su Bert… Tal vez, un día…
-Pequeña –interrumpió Albert sus cavilaciones acercándose por la colina - Creo que es tiempo de que me devuelvas el broche…
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Gracias a todos mis lectores, por seguir aguantándome, por continuar apoyando este proyecto e incentivándome a continuar. Miles de gracias especialmente por sus comentarios. Respecto a las preguntas, espero que haya quedado bastante claro que "el apuesto chico" del capítulo anterior que pensaba en Candy y en la mujer que había elegido, ¡Era Archie! Varios se fueron con la finta, pero recordemos que más de uno se enamoró de la pecosa y solo el güero fue el ganón (aunque a mi parecer, la ganona fue ella :P )
Porfavor déjenme sus opiniones, son super importantes, buenas o malas, las tomo muchísimo en cuenta. Abrazos y besos
Jexusmed: a ver que te parece éste, ojalá se te haya erizado más, expláyate
Amy Ri So: ¡Qué lindo comentario!n ¡Que bueno que te animas a escribir al fín! Ojalá lo hagas más seguido ;)
Dulcecandy42: jajja, es una buena idea, peor doña Misuky decidió que ella sería una buena esposa, y como aparentemente fue educada para ello, dudo que le interesara aprender algo más.
Verito: ¡a que te fuiste con la finta! Pero era nuestro buen Archie sopesando sus opciones. Viene lo triste, la famosa separación de los rubios, veremos que les provoca
Clau Ardley: Pues es la última porque quien sabe si regresen, al menos juntos… Y no era Terry, no te espantes…
Lady Lyuva: Creo que los que se andan quemando son otros, pues ya llevan un buen tiempo de novios, así que se no casan primero, seguimos en contacto ;)
Zafiro Azúl Cielo 1313: Llegó la separación, a ver como nos va Respecto a Terry, pues no hablaba de él, pero quien sabe, tal vez haga una aparición por ahí, pero recordemos que según su personalidad, él nunca buscó a Candy, y no me gustaría alterar su carácter
Gatita Andrew: Pues se nos va…. A ver quien nos consuela ahora snif snif
MiluxD: Cuéntame que te pareció, muchas emociones. Gracias por tus porras
Victoria40: los últimos serán los primeros jajaja, saluditos
