NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.

18. Un nuevo comienzo

"Esa mirada dulce… Esa sonrisa tierna… Esa voz que reconocería en cualquier lado… ¡Ahhh..! Hace tantos años ya… El chico del espacio… Caracoles arrastrándose… Eres más linda cuando ríes, que cuando lloras… El broche… Su broche..

Albert es el príncipe de la colina…

Albert es el príncipe de la colina…

¡Albert es el príncipe de la colina! "

Candy, sin dudarlo se arrojó a sus brazos. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. El momento que toda su vida había anhelado, había llegado. Había estado ante sus ojos, siempre. Su pecho ardía de emoción mientras su cuerpo completo temblaba, vibraba extasiado.

-¡Amo tu sonrisa! –dijo el chico fundiéndose en un cálido abrazo, y levantándole el mentón con la mano, al tiempo que le sonreía continuó: -Pero también eres linda cuando lloras

-¡Príncipe de la colina! ¡Mi príncipe! ¡Te amo! –le contestó casi colgándose de su cuello para besarlo, gesto que él respondió intensamente, levantándola por la cintura, ligeramente del piso.

Sin embargo, para que un momento sea perfecto, tiene que ser eso: un momento; y sin quererlo, alguien se encargaría de ello

-¡William! ¡William! –dijo el hombre acercándose hacia el sitio donde se hallaban los rubios, discretamente tratando de voltear a otro lado, pues no quería apenarlos.

-George, ¡Siempre tan inoportuno! –contestó el chico, depositando a su novia nuevamente sobre el piso

-Tenemos que irnos, o perderemos el tren

- Exactamente igual que hace tantos años… -comentó enigmáticamente el rubio a su desconcertado asistente

-Te espero en el auto William – dijo girando sobre sus pasos –Hasta pronto Candy

-Hasta pronto George, y muchas, muchísimas gracias por todo – le decía la rubia al tiempo que le guiñaba un ojo

-Te voy a extrañar pequeña…

-No, no, no… Cómo quisiera que no tuvieras que irte, mi Bert

-Yo también. Pero recuerda que en la casa de Chicago hay teléfono. Trataré de llamarte tanto como pueda

-¡No! Te costará una fortuna llamar desde otro país

-Ja, ja, ja. Eso no es importante. Quiero saber de ti lo más posible. Y también te escribiré ¿De acuerdo? Mi hermosa Candy…

Se dieron un último beso, pero a pesar de las circunstancias, y de lo doloroso de la separación; no era un beso con sabor a despedida, era uno esperanzador, lleno de anhelos por un próximo futuro. El rubio comenzó a descender mientras ella le gritaba

-Prométeme que te cuidarás

-Tú también

Albert se fue. Partía rumbo a su destino, aquél que le fue planeado desde niño. Era hora de cumplir con sus obligaciones, no más rebelde trotamundos ¿O sí..?

Al día siguiente, Candy preparaba sus maletas en Lakewood, Paty se había quedado allí, pues ya desde dos días anteriores había llevado sus pertenencias; en esos menesteres andaban, cuando llegó Annie. Bajaron inmediatamente a recibirla, Candy corría, pues ansiaba saber los detalles de la noche anterior, que seguro se había comprometido. Aún no había visto a Archie, pues al parecer había salido muy temprano. La rubia se petrificó cuando halló a su querida amiga hecha un mar de lágrimas

-¡Annie! ¿Qué te paso?

-¡Candy! –exclamó hipando –Archie…

-¿Qué le pasó a Archie? – preguntó la rubia asustada

-¡Archie me pidió matrimonio! ¡Buahh! ¡Y acepté! ¡Buahh!

-¿Pero porqué lloras? – le gritó a punto de zarandearla

-¡Yo lo quiero tanto! ¡Lo amo Candy! Tú sabes que es verdad ¡Buahhh!

-¿Y cuál es el problema? –cuestionó tranquilamente Paty interponiéndose entre la rubia y ella pues notó su exasperación

-Paty… No pudo casarme… Ustedes saben que el padre de la novia debe pagar la boda

-Claro, es la tradición –respondió Paty

-¡Buahhh! El asunto es que mi papá… Está al borde de la quiebra… Hizo una mala inversión… Mi familia lo está ¡Buahh!

-Pero Annie, eso no quiere decir que no puedas casarte, debe haber muchas opciones, seguro Archie puede aportar algo, los Andry; aquí lo importante es tu papá ¿Cómo está? –dijo Candy

-Muy preocupado, me gustaría tanto ayudarlo, pero no sé cómo…

-Annie, podrías empezar a trabajar. –respondió Paty con naturalidad –Tal vez no lo ayudarías mucho, pero al menos serías una preocupación menos

-El señor Britter podría pedirle un préstamo a la familia, seguro que Albert lo ayudaría, para reponerse y continuar sus negocios como siempre. Él es un buen hombre, seguro saldrá de ésta, Annie –añadió la rubia con seguridad

-Archie está con él. Creo que pretende algo así. Pero él apenas empieza en la empresa y no tiene la influencia para otorgar un préstamo –dijo la pelinegra

-¡Es uno de los dueños! Annie, no olvides que es un Andry, seguro encontrará la forma de ayudar. Y tu papá es muy inteligente, quizá tenga un plan alterno. Ya deja de llorar

-Vamos Annie, lo importante es que se aman, no necesitan una gran boda ¿O sí? Y si trabajas, podrías incluso ahorrar tú misma para ella –la animó Paty

-¿Pero de qué puedo trabajar? ¡Si no sé hacer nada! –respondió ya más tranquila

-¡Pero puedes aprender! –le contestó optimista Candy

-O podrías aprovechar tus conocimientos en moda para trabajar en una boutique –propuso Paty

-¿Y si mamá se opone?

-Annie, ya no eres más una niña. Debes empezar a tomar tus propias decisiones y luchar por ellas. Nadie dice que será fácil, pero al menos debes sentirte orgullosa de intentarlo, de luchar por lo que quieres –aconsejó la rubia –Me gustaría tanto quedarme a tu lado, pero tengo una cita en el hospital, y Paty en la universidad. Annie, es hora de crecer. Aunque duela

-Sí Candy, gracias, te prometo que voy a ser fuerte y a enfrentar lo que venga con dignidad. Gracias Paty por tus consejos. Las quiero –dijo entusiasta

-Ahora sí, ¡Cuéntanos! ¿Cómo fue? –preguntó la curiosa rubia

-¡Y muéstranos el anillo! –añadió Paty- Archie siempre ha tenido buen gusto, por eso te eligió

Sonrientes y animadas, comenzaron a charlar acerca de la proposición, los detalles de Archie y los futuros planes de ambos

Con cierto remordimiento, el par de chicas, partieron rumbo a Chicago. Con el paso de los días, se enteraron, por Archie, quien vivía en la mansión, pero se escapaba los fines de semana a Lakewood a visitar a su novia, que el préstamo al señor Britter había sido autorizado. Annie, estaba trabajando en una pequeña tienda del pueblo, al inicio su mamá se había negado, pero la última palabra era de su papá, quien se sentía orgulloso de tal decisión. Constantemente se escribían y sabían que a pesar de lo extenuante que debía ser para alguien como Annie el trabajar, e incluso ser señalada por sus otroras amigas de alta sociedad, ella lo hacía orgullosa. Poco a poco, la tímida, se convertía en una mujer autosuficiente y segura.

Paty, con las recomendaciones de los Andry y los Rockefeller, había sido aceptada en la universidad, se había decidido por las materias de filosofía, ciencias y letras. Cambió sus largas carreras diurnas en la playa, por otras en el Parque Nacional de Chicago, donde se esforzaba siempre por subir a un árbol, tarea que, sin Candy, le resultaba sumamente ardua. Día a día comenzó a volverse un poco más segura, el mundo masculino que reinaba en la universidad, lo requería, día a día era un reto a cumplir. Poco a poco, fue ganándose el respeto de sus compañeros y profesores, pues la chica demostraba siempre ser igual o más capaz e inteligente que ellos. Stear se lo había dicho un día. Parecía haber sido ayer. ¿Acaso nunca podría olvidarlo? Ella misma no entendía porqué aún lo amaba tanto, porqué se aferraba a un imposible.

La tía abuela, quien las había recibido en la mansión, se hallaba gratamente sorprendida por la chica inglesa, pero en cambio, bastante preocupada por el compromiso de su nieto con una chica cuyo padre se encontraba endeudado hasta el cuello. Y también se hallaba preocupada por Candy. La rubia que insistía en trabajar y trabajar. Al menos, se consolaba, así jamás podría casarse con William, quien requeriría de una esposa a tiempo completo. Si lo sabría ella, que tantos años se había desempeñado como matriarca de la familia y tomado las decisiones a nombre de un tío abuelo que aún era un niño.

Los primeros días en el hospital fueron caóticos. Candy se hallaba algo fuera de condición para soportar las agotadoras guardias, pero pronto comenzó a retomar el paso habitual. Incluso, acordó con el doctor Martín, ayudarle los fines de semana en la Clínica Feliz, estaba sumamente agradecida con ese hombre por haber ayudado a Albert y a ella misma en el pasado, que insistió en trabajar sin goce de sueldo. Una parte de ella deseaba estar ocupada lo más posible para no deprimirse por la ausencia de su novio. El doctor Lennard, director del hospital, pronto se dio cuenta de que la rubia ponía todo su empeño en el trabajo, así que la incentivó a solicitar una especialidad. La sola propuesta emocionó a la rubia, cuyo sueño, era regresar a su amado Hogar de Pony algún día, y quedarse allí para cuidar de los niños. Solicitó entonces, el área pediátrica. Lo que no la entusiasmó demasiado, era que el primer paso en aquel proyecto, consistía en viajar a Nueva York a estudiar un seminario de actualización en técnicas médicas. No le asustaba encontrarse a Terry, pues la ciudad era bastante grande. La hacía feliz el saber que el actor había retomado su carrera y su relación con Susana, Annie le había mostrado hacía apenas unos días, un diario con la nota. Pero se situaba en el lugar de Albert, ella se sentiría muy dolida si él le contara un día que se había topado con su exnovia. Y pensando en exnovias, hizo una nota mental de preguntarle inocentemente a su amado, ¿Quién caramba lo llamaba "Bert"?

Luego de la primera llamada telefónica del rubio, quien le aconsejó tomar la oportunidad, ya que parecía entusiasmarla mucho, Candy partió a Nueva York. La tía pegó el grito en el cielo por viajar sola pero Albert la convenció de que serían solo unos días y no viajaría sola, sino con otras enfermeras y un médico del hospital.

El seminario básicamente consistía en mostrar modernas técnicas para el cuidado de los pacientes. Muchas de ellas, habían sido puestas a prueba con los heridos de guerra, que por cierto, llegaban a raudales al hospital de Nueva York, debido a que descendían de los barcos prisioneros rescatados, heridos que no habían podido trasladarse debido a su gravedad e incluso, debido a su estado psicológico. Prácticamente no se daban abasto con tantos pacientes, así que el personal asistente al seminario, se incorporó a trabajar como voluntarios durante su estancia

Una de los nuevos protocolos, era el de higiene; dictaba que todo el personal médico femenino, debía usar el cabello perfectamente recogido, y sin joyas. Al inicio, a la rubia le dolía la cabeza con el nuevo peinado, y llegando a la casa donde se hospedaban ella y sus compañeras, inmediatamente dejaba sueltos sus rizos. Bastaron unos cuantos días para acostumbrarse, pero sus compañeras halagaron tanto sus bucles, que decidió seguir soltándolo en su tiempo libre.

Las conferencias ocupaban gran parte de su tiempo, pero lo desolador de los jovencitos heridos, hacían que prácticamente vivieran en el nosocomio. Un día a la semana, las enfermeras de Chicago iban en grupo a conocer la ciudad, el día que asistirían a Brodway, la rubia prefirió dar una vuelta sola, en Central Park, por si las dudas. Lo que la chica no sabía, es que el destino le tenía preparado un inesperado encuentro en la gran manzana.

Caminaba absorta entre la naturaleza que tanto le recordaba a su guapísimo príncipe, acariciando el broche que finalmente no le había devuelto. Cuando escuchó la voz de una mujer llamándola:

-Candy, Candy ¿Eres tú?

La chica volteó intrigada, e inmediatamente reconoció al encapuchado personaje que se hallaba delante de ella

-Señora Eleanor, ¿Cómo está?

-Bien Candy, ¡Qué gusto verte! ¿Qué haces en la ciudad? ¿Te has mudado?

-No, sólo estaré unos días, vine a estudiar –respondió amable

-¡Qué bien! ¡Debes asistir a alguna obra! No se puede decir que se ha estado en Nueva York, sin ir a Brodway –afirmó flemática la bella actriz

-Agradezco su invitación, pero es muy poco mi tiempo libre, tal vez un día venga a turistear y le tome la palabra – tajó la rubia sonriendo sinceramente

-Está bien Candy, una vez más compruebo que eres firme en tus opiniones – comentó la famosa estrella

-Digamos que mi sexto sentido, no falla ¿Recuerda que se lo dije en Rockstown?

Eleanor soltó un suspiro ahogado y respondió

-Sí Candy, lo recuerdo, que confiabas en mi hijo y que sabías que pronto retomaría su camino. No te equivocaste. Yo también lo vislumbré aquel día ¿Te acuerdas?

-Claro, siempre he dicho que el amor de una madre, puede obrar milagros. Me da tanto gusto que esté luchando por sus sueños…

-Aún no se recupera del todo, pero está en proceso. ¡Desearía tanto verlo completamente feliz! Saber que por fin, es él mismo otra vez, como aquella vez que nos reencontramos en Escocia –exclamó Eleanor

-En esa entonces, era un adolescente, ahora es un adulto. Los motivos para ser feliz, seguramente son distintos

- ¿No te gustaría verlo?

-No creo que a su novia le agrade la idea. Y yo respeto eso. Él también lo hace y no voy a ser yo quien lo importune.

-¿Porqué piensas eso? –cuestionó intrigada

-Para empezar, porque él nunca tomó la iniciativa, y creo que al final no hubiéramos podido ser amigos. Pero estoy segura que un día, cuando él se haya recuperado a sí mismo y sea absolutamente feliz, hallará la manera de hacerme saber que no ha cambiado, que ha cumplido su promesa. Lo deseo de todo corazón – le respondió la joven enfermera sonriendo –Estoy segura de que lo será, lo merece

-Y tu ¿Lo eres? ¿Eres feliz?

-Mucho –contestó la chica enfática añorando a su Albert

A Eleanor le dolió la respuesta, no porque le deseara infelicidad, sino porque se percató que en el fondo, la chica había dejado de amar a su hijo y por el destello en sus ojos, casi aseguraría de que había alguien más en su vida. Tal vez, lo que más le dolía, es que aunque su hijo también tenía a alguien más, aún sentía algo profundo por la muchacha que tenía enfrente. Esperaba, que él no se hubiera percatado de lo mismo que ella.

-Debo irme, me dio mucho gusto verla otra vez –se despidió Candy

-Adiós Candy…

Cuando la enfermera se había alejado lo suficiente, Eleanor miró hacia arriba, suspiró y parecía a punto de exclamar una plegaria, pero únicamente preguntó

-¿Qué piensas?

-Que tiene razón, merezco buscar mi felicidad… –contestó un chico desde lo alto de un árbol, y mirándola alejarse, remembró el último diálogo de la charla con su madre

-Eleanor, tengo que decidirme; Hollywood es una excelente propuesta, con los sueldos, podría pagarle un buen terapeuta a Susana, pero mi sueño es actuar en el mejor teatro del mundo, el londinense, ¡Quiero ser Hamlet!

-Terry, eres muy joven para el papel, sabes que eso no podría ser.

-Lo sé madre. Por lo mientras, ya inicié el trámite para quitarme el apellido, a partir de la próxima semana, seré Terrence Graham únicamente

-Muy bien, hijo, ¡Felicidades! Estoy muy orgullosa de ti y de todo lo que has logrado por ti mismo.

-¡Mamá, es ella! –señalándola

-Voy a saludarla –afirmó entusiasmada

Por un momento, el actor se sintió tentado de bajar a saludarla, y abrazarla pero al escuchar la conversación, se convenció que no era lo mejor. ¿Candy estuvo en Rockstown? Ya habría tiempo de aclararlo con su madre. Mientras, meditaba en las palabras de la pecosa. Sí, ese día había decidido buscar su felicidad, y contento, sonrió, después de todo, él también merecía enamorarse y sentirse amado, como su Tarzán, le había demostrado que ya lo había hecho. Por primera vez, al pensarla, no dolió. Era hora, de empezar otra vez…

Candy, regresó al hospital, pues aún era temprano, y ahí siempre hacían falta manos.

Al llegar, una enorme fila de chicos, aguardaba en la recepción. Dos nuevos barcos habían llegado a América, la chica, sin dudarlo se ofreció a ayudar. Repentinamente, unos ojos se clavaron en ella, lo cual no hubiera sido importante, si posteriormente, no hubiera escuchado una voz masculina que la llamaba…

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Mis queridos lectores, por ahí había una duda: ¿para qué quería Albert el broche?

Ok, sinceramente, no creo que lo quisiera, más bien era una forma sutil de decirle a nuestra protagonista, su identidad oculta y no llegar gritando "soy tu príncipe, nena"

Hay ciertos detalles que me encantan del manga, uno de mis momentos favoritos, luego de que Albert se descubre como el tío abuelo, es cuando le revela que es el príncipe. Estas escenas, básicamente no las quería cambiar, pues son hermosas, pero añadí algunos detallitos. El final del maga, es justamente, la revelación, por ello, y por el giro de cada personaje, éste capítulo se titula: un nuevo cominezo

Respecto a Terry, que no quieren que regrese, que no sufra, etc. La autora fue la que lo encadenó a añorar un pasado, a mí, como verán en este capítulo, me parecía que el chicuelo merecía la oportunidad de crecer y aprender a enfrentar los problemas de la mejor manera, que es algo que jamás hizo. Y tal vez, un día, llegar a ser feliz. Pero repito, una de sus características es que nunca volvió a buscar a Candy, en la novela Candy Candy Final Histories, se menciona que alguna vez se encuentran, pero casualmente, y sólo hay una carta de él. Son detalles que conforman a los personajes y que no quería cambiar. Tal vez en otro fic, me anime a realizar algo, una situación más rebuscada

Gracias a todos.

Black cat 2010: Créeme que pensé muy seriamente en las situaciones que mencionas, pero se supone que aquí apenas empezaban, así que no te apures, de que llega, llegará el día que se animen

Lady Llyuva: Un poquito de drama nadamás, nada que no se pueda tolerar ¿o sí? Y no te preocupes por George, no hay prospecta en puerta

Zafiro Azúl Cielo1313: Pues según yo, sí. Ojalá disfrutes cada capítulo

Stear´s girl: Habrá algo de sufridera, pero ya ves que doña Misuky lo gozaba

Dsulcecandy42: Claro que el ganón fue el rubio, yo mencioné que a mi parecer personal, el ganon fue él

Sara: que bueno que te gustó, ojalá puedas seguir comentando

Amy Ri So:Pues claro, quien no va a soñar eso

Flor Fritzenwald: Ojalá te guste este

Victoria40: jaajja pobrecita, pero ya se aclaró

Verito: exacto, hay que darle sabor a las relaciones insípidas, así que veremos como reaccionan

Clau: Arhie es muy bonito, pero hay que enderezarle a la novia por lo menos

Magnolia: no lo quería, ojalá haya quedado claro

Elluz: gracias, sigue comentando

miluxD: tenían razón. Ahoira,

Gatita Andrew: pues spi, casi le da el soponcio, yo haría lo mismo :P