EL ELIXIR DE LA ETERNA BELLEZA
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el "II Fest de La Noble y Ancestral Casa de los Black"
5
Cuando Draco volvió a la normalidad
—¿Lo hizo?
A Potter le brillan los ojos, sin duda emocionado tras escuchar el trágico relato de su existencia. Draco sólo asiente.
—Pero te acuerdas de todo.
—Ese cretino se creía un experto borrando recuerdos, aunque no es más que un primerizo —Draco traga saliva, ocultando lo angustiante que resulta saber que alguien había estado jugando con su mente de esa manera—. Me lanzó un obliviate y durante unas horas no podía recordar nada, hasta que llegué a casa.
—¿Qué pasó allí?
Draco suspira. Se siente más relajado ahora que ha pasado el mal trago, aunque le incomoda tener que revelar aquella información.
—No sé si sabrás que mi madre es una experta en Oclumancia y Legeremancia. Desde joven estuvo interesada en ambas ramas de la magia y las estudió durante años. Debo decir que le resultaron muy útiles durante el tiempo que el Señor Tenebroso ocupó nuestra casa, aunque también ha sido un fastidio tener que lidiar con ellas.
—¿Por qué?
—¡No seas pazguato, Potter! ¿Te imaginas lo duro que es para mí no poder contarle a mi madre ni una sola mentira? Siempre me descubre, la muy condenada.
Potter pone los ojos en blanco, aunque también sonríe. A lo mejor le agrada descubrir que tan terrible experiencia no ha acabado con el voluntarioso y capullo Draco Malfoy de siempre.
—Entiendo. Debo suponer que ella se dio cuenta de que te pasaba algo.
—En cuanto me vio supo que alguien había estado haciendo cosas con mi mente —Draco alza la cabeza—. Y puesto que los Malfoy consideramos que es de muy mala educación hacer tal cosa, mi madre me examinó y fue capaz de revertir el hechizo —Draco sonríe, orgulloso de las capacidades maternas—. Alguien tendría que decirle a Justin que sus desmemorizadores no valen una mierda.
—Te aseguro que lo comprendió en el mismo instante en el que lo arrestamos.
Draco prácticamente se pone en pie sobre la mesa de pura emoción.
—¿Lo habéis detenido? —Potter asiente—. ¿Está aquí?
—Sigo sin poder darte esa información. Lo siento.
—Vale. Lo entiendo, pero que conste que espero que ese idiota reciba su merecido.
—Lo hará, ya lo verás.
Pese a la vehemencia de Potter cuando habla, Draco pronto descubre que se equivoca. Y es que la justicia mágica no tiene más remedio que admitir que Justin tenía razón al decir que sus crímenes estaban fuera de la jurisdicción mágica, incluida la muerte por arma de fuego de Dennis Creevey. Únicamente pueden acusarle de tráfico de pociones prohibidas, aunque no pisa Azkaban porque prefiere pagar una cuantiosa multa para librarse de la cárcel.
Ni siquiera pueden revelar la información de la cual disponen a la policía muggle por causa de un par de puntos del Estatuto del Secreto que no conviene saltarse para evitar follones con la comunidad mágica internacional. Así pues, Justin queda en libertad, aunque decidido a no volver a pisar el mundo de los brujos jamás. Draco se pregunta si algún día la policía muggle será capaz de arrestarle, aunque si en su familia llevan décadas haciendo lo que hacen, lo ve difícil.
La verdad es que decide no darle muchas vueltas al tema. Pese a las complicaciones surgidas a causa de ese incidente, su empresa logra remontar y superar la crisis sin más inconvenientes. Draco vuelve a su normalidad, se hace un poco más responsable y termina esta historia con dos ideas en la cabeza: la primera sustituir a su madre en los negocios familiares. La segunda conseguir un heredero a la de ya, no vaya a ser que la próxima vez no tenga tanta suerte y termine absurdamente muerto.
FIN
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