Veintitrés
Russel
Estaba acabando la semana universitaria y no podía moverse del dolor que le producía el esguince y su hombro, el día anterior Rachel le había llevado a que le quitaran los puntos y aprovecharon para comer las tres juntas.
Quinn se encontraba sola en su apartamento, discutiendo con Frannie por teléfono.
-Hermanita ¿Quieres dejar de quejarte, te lo mereces, por no haberla defendido cuando la tía se metió ayer con Rachel?- se burlaba su hermana mayor.
-Es que era tan divertido ver como se sonrojaba por todo lo que le decía- sonreía al recordar las escenas.
-Ay!- se quejó su hermana
-¿Frannie estas bien?- se preocupó
-Si es solo que tu sobrino va a salir futbolista- rio la rubia mayor acariciándose la tripa.
-No lo que ocurre, es que mi sobrino no quiere que su mami se meta con su tía favorita- rio Quinn. -¿Cómo estás?- le pregunto en relación al bebe.
-Bien aunque cada vez pesan más los cinco casi seis meses- sonrió acariciando su abultada tripa- la verdad que quiero que acabe ya por una parte pero por otra tengo pánico-
-No te preocupes que me tienes a mí para lo que quieras-
-Gracias hermanita, por cierto dentro de una semana viene mamá- le dijo tratando de mantener la calma. Pero solo escucho silencio desde el otro lado del auricular.
-¿Quinn? Sabe lo de Beth y quiere conocerla- le dijo alejándose del salón donde se encontraba Beth viendo los dibujos.
-Está bien… cuando acabe la fiesta de la universidad y tenga mi piso habitable de nuevo, hablare con Beth- no estaba muy convencida –Pero no te prometo nada, no le voy a mentir a mi hija, no le voy a decir que me echo tal cual perro, pero no le engañare… asique si no quiere ver a su abuela, lo aceptare y no la pienso a obligar a nada y que no me entere yo que le comes la cabeza, en estos días que está contigo- le recrimino la joven rubia.
-Está bien tu hija. Tus normas- en ese instante llamaron al timbre.
-Llaman a la puerta, espera no cuelgues, seguro que es Rachel- decía mientras se levantaba e iba hasta la puerta cojeando.
-Vale ten cuidado- dijo su hermanas entre risas al oír a su hermana gruñir.
Volvieron a llamar a la puerta y la chica saltito a saltito acabó llegando, mientras abría la puerta y se volvía a dirigir hacía la habitación sin mirar quien estaba en ella, siguió hablando con su hermana.
-Para que veas que novia tengo más mala, no solo me deja sola para irse de fiesta que encima me obliga a levantarme para que le habrá la maldita puerta- decía con la voz entrecortada, apoyada en el mueble de la entrada, tratando de coger aire dispuesta a saltar de nuevo.
-Hola Quinn- dijo una voz muy conocida desde la puerta. Haciendo que la ex-capitana se estremeciera al oírle, soltando sin querer el teléfono al suelo.
Los siguientes segundos pasaron a cámara lenta para la rubia. Mientras su hermana le hablaba preocupada por los ruidos que había oído, la rubia rotaba lentamente obligando a su pie que se encontraba en el aire a posarlo en el suelo, para evitar caerse, haciendo una mueca de dolor, pero no fue consciente de ello hasta que vio como la persona que hace unos minutos estaba en fuera de su puerta, se introducía en el interior para sujetarla.
-¿Estás bien?- cuestiono preocupado. Pero la rubia no podía emitir ninguna palabra. En esos instantes estaba más ocupada organizando su cabeza.
Después de unos instantes en silencio ante la atenta mirada del sujeto, decidió hablar – ¿Papá que haces aquí?- le cuestiono dura.
Mientras al otro lado del teléfono Frannie, estaba preocupada, no sabía que había pasado, había oído la voz de un hombre el cual le resultaba familiar pero no llegó a identificarlo y luego un ruido raro antes de colgar.
Estaba nerviosa, asique tras varios intentos fallidos volviendo a llamar a su hermana, no lo pensó dos veces y cogió las cosas de Beth y fue a por ella.
Cuando llegó al apartamento de Quinn, había pasado casi dos horas, esas eran unas de las cosas que más odiaba de las grandes ciudades, tratar de coger el coche en hora punta. ODIOSO. Y no hablemos de buscar aparcamiento.
Cuando subía por el ascensor, iba maldiciéndose interiormente, si se suponía que había salido de casa rápidamente para llegar y poder salvar a su hermana de algún atacante, lo llevaba claro.
Cuando llegó a la puerta no oyó ruido, trato de tranquilizarse y llamó a la puerta.
Podía oír como alguien se acercaba a la puerta esa forma de andar era de un hombre, y estaba más que segura, que no era Quinn, conocía perfectamente a su hermana y preferiría ir saltito a saltito hasta la puerta que tener que coger las muletas.
Pero cuando le abrieron la puerta y se encontró frente a ella a su padre, se quedó sin respiración, lo único que logró hacer fue esconder a Beth tras su espalda.
No permitiría que su padre tocara a su sobrina.
-¿Papá, que haces aquí?- trato de usar su tono de abogada, pero le salió algo rota la voz.
-Hola cariño, estás preciosa- el hombre sonrió al ver el enorme bulto de su hija mayor.
Antes de que pudieran hablar más le dejo pasar, Beth se encontraba a las espaldas de su tía observando con atención al señor que se encontraba frente a ella, la verdad que le daba algo de miedo, era un señor alto y muy serio.
Pero al ver a su madre sentada en el sofá, corrió hasta ella para abrazarla, aunque apenas unas horas había estado hablando con ella por teléfono, llevaba una semana sin verla.
-Mami- se lanzó la pequeña en brazos, provocando una enorme sonrisa en Quinn que recibía gustosa el abrazo.
-Hola bebe- le abrazaba fuerte mirando de reojo a su hermana y su padre.
Ambos estaban en silenció mirándolas, Russel se mostraba serió sin mostrar ninguna expresión facial, mientras que Frannie sonreía mientras se acariciaba instintivamente su tripa donde iba su futuro hijo.
-Mami ¿Quién es ese señor?- trato de decirlo bajito, pero todavía no controlaba el volumen de las voces, y lo que la pequeña pensaba que era un susurro casi inaudible, resultaba ser el efecto contrario.
A Quinn al ver a su hija hacer este gesto le produjo que se le incrementara la enorme sonrisa que ya portaba.
En esos instantes le vino a la mente un par de días atrás, exactamente el día de su cumpleaños cuando su novia le hizo el mejor regalo que nadie podía haberle hecho.
-FLASHBACK-
La rubia se encontraba tendida en la cama bocabajo completamente desnuda con una sábana por encima que apenas cubría su trasero.
Cuando notó como alguien comenzaba a besarle por el cuello, hasta llegar al hombro derecho, cuando llegó al final de él, abrió los ojos perezosamente encontrándose con la enorme sonrisa de su novia.
Esta no lo pensó dos veces y le beso en los labios –Feliz cumpleaños, mi amor- le dijo la morena entregándole un sobre.
La rubia la miró extraña y se incorporó un poco para abrirlo, al verlo pudo ver que ya habían llegado los papeles de la custodia de Beth, haciéndola tutora legal de su hija que había pasado a llamarse Bethany Fabray Corcoran.
Al verlos no pudo evitar que las lágrimas le salieran, con una enorme sonrisa, volvió a besar los labios de la morena.
Se pegó tanto a la pequeña diva quedando encima de ella sin dejar de besarla –me acabas de hacer la mujer más feliz de mundo- dijo sin apenas despegar los labios de su novia –y ahora yo voy a hacértelo a ti- dijo con una sonrisa pícara, mientras comenzaba a dar besos por su cuello e iba bajando poco a poco hasta llegar a su objetivo.
Con una enorme sonrisa la morena cerro los ojos, susurrando un te amo.
-FIN FLASHBACK-
-Ese señor de ahí es mi papá, bebe- le dijo la rubia acariciándole la cabecita.
-¿Entonces es mi abuelito?- Quinn no pudo evitar hacer un mueca mientras asentía.
La pequeña se levantó del sofá donde se encontraba con su madre y se acercó a Russel muy decidida –Hola soy Bethany Fabray Corcoran, pero me puedes llamar Beth- dijo muy segura de ella extendiéndole la mano al hombre.
Frannie y Quinn no pudieron evitar hacer una mueca que podría confundirse con una sonrisa, pero era totalmente por los nervios.
Russel al contrario sonrió de oreja a oreja –Un placer señorita Fabray, yo me llamo Russel Fabray- dijo extendiéndole la mano.
La pequeña con una sonrisa volvió a abrazar a su madre la verdad que su abuelo imponía demasiado.
-No hay que negar que es toda una Fabray- sonrió el padre al ver la actitud de la pequeña.
En ese momento la puerta sonó de nuevo Frannie fue hasta ella para abrirla encontrándose a Puck, el chico tenía unas horribles ojeras, se le notaba que llevaba toda la semana de fiesta, pero gracias a que era de noche y le pudieron pillar a tiempo antes de que empezaran a beber de nuevo, en el concierto al que habían asistido todos sus amigos incluida Rachel.
-Pues ya estamos todos- dijo Russel al ver que Noah entraba al salón dejando una leve caricia en la tripa de Frannie.
-¿Papá que estás haciendo aquí?- dijo Frannie nerviosa, ya no aguantaba más.
-Hija ya he estado hablando con tu hermana y todo está aclarado, la verdad que tú te puedes quedar y ejercerás como abogada…- comenzó a hablar su padre, intercalando la mirada entre ella y Noah, que ambos hacían lo mismo con él y Quinn, que se encontraba con la cabeza inclinada hacia abajo.
-Espera, espera- Puck paró el discurso de Russel, estaba hablando demasiadas cosas técnicas y no sabía si le había entendido bien –me estás diciendo que te vas a llevar a mi hija- dijo levantándose para encararlo poniéndose delante de Beth y Quinn –Ambos la estamos cuidando y ahora ambos ya tenemos la custodia compartida porque ambos somos mayores de edad, por si no lo recuerdas su hija hace unos día cumplió su mayoría de edad… Asique no eres nadie para venir aquí a quitarnos a nuestra hija- sentenció Puck sin parpadear un poco.
Russel trataba de mantener la calma. Siempre había odiado a ese chico por haber corrompido a su perfecta hija pequeña, era tan pura y tan inocente hasta que conoció a ese maldito bastardo…
–Por muy mayor de edad que seas sigues siendo un inmaduro, además como piensas cuidar a tu familia desde el ejército, porque dentro de poco os harán un llamamiento al cual tengo entendido que tú eres entre los que están con destino Irak – se le encaró y no pudo evitar sonreír con superioridad al ver la cara de sorpresa de su hija.
–Asique siéntate muchacho y tenme el respeto que me debes tener- dijo volviendo a centrarse en el tema al que había venido a tratar.
Empezó a explicarle de nuevo el asunto por el que venía a llevarse a la pequeña, mientras Quinn se aguantaba las ganas de llorar, miraba aterrorizada cada palabra que salían de la boca de su padre, Frannie se encontraba analizando cada cosa tratando de hallar una solución legal, no iba a permitir que le volviesen a quitar a su hermana su hija.
Puck trataba de tranquilizarse para evitar levantarse y partirle la cara al abuelo de su hija.
Tras un par de horas, tratando de hallar una solución, más de diez llamadas perdidas por parte de Rachel a Quinn y otras llamadas de Ashley a Puck, estos se veían obligados a ver como su hija se marchaba con su hermana y su abuelo.
La pequeña al ver a su madre llorar, comenzó a llorar, pero le prometieron que Frannie, estaría con ella todo el rato y hablarían todos los días por teléfono. Frannie les prometió a los dos que ella no perdería de vista a su hija.
