Treinta
Si te pasa algo me muero
Quinn no lo pensó dos veces y se lanzó sobre Rachel, ambas cayeron al lado derecho del arcén, exactamente Quinn sobre Rachel y en ese instante el coche pasó a toda velocidad no sin decir algún que otro insulto a las chicas por la ventanilla.
-Rachel ¿estás bien?- dijo preocupada la rubia una vez levantada ayudando a que Rachel hiciera lo mismo.
Cuando la castaña se levantó del todo se sujetó a Quinn le temblaban la piernas –Quinn sujétame por favor- dijo aferrándose al cuerpo de la rubia aun en shock.
-Jamás te soltaré Rachel- dijo sujetándola fuerte por la cintura aun preocupada por la castaña.
Quinn trato salir de donde estaban y volver a la acera pero la diva no era capaz de moverse.
-Cariño, mírame- dijo la rubia cogiéndole de la barbilla y obligándola a mirarla –Estoy aquí no te pasará nada, de acuerdo- le sonrió con ternura. Rachel asintió y se dejó guiar hasta la acera.
Una vez allí –Rachel necesito saber que estás bien- dijo preocupada la rubia.
-Si me duele la espalda- dijo la morena empezando a llorar abrazada a Quinn.
-Casi me muero el pensar que te podía haber atropellado ese loco- decía la rubia aferrándose a la castaña en el abrazo, besándola la cabeza.
-Yo lo siento Quinn, lo siento mucho, me está pudiendo la presión, no paran de meterme caña en Broadway y encima dentro de nada me marcho a LAX, tengo miedo… - lloraba la castaña
-¿Miedo de que Rachel? Tienes un gran potencial y eres una de las mejores artistas que el mundo a conocido por no hablar de tu vozarrón, no tiene que tener miedo- le acariciaba el pelo consolándola.
-No tengo miedo de eso… tengo miedo de nosotras… últimamente pierdo todo… mi madre… Beth… ya sé que no es mi hija pero empecé a hacerme a la idea y ahora sin más no está y la echo de menos… y tengo miedo de nosotras…- lloraba desconsoladamente. Quinn trataba de ser fuerte pero al oír el nombre de su hija, entendió muchas cosas, Rachel quería mucho a Beth y a ella también se la quitaron, ya que no cualquiera se ofrece ser padre por muy novia que seas… Quinn no había sido justa con Rachel se centró en ella olvidándose por completo de los sentimientos de su novia.
-Cariño, Shelby está en rehabilitación luchando por vosotras para que os sintáis orgullosas de ella y ya verás cómo pronto estará junto a ti viéndote triunfar, al igual que Beth en vacaciones la tendremos y las tres disfrutaremos juntas y la llevaremos a la playa, iremos al teatro a ver a su mamá triunfar- dijo la rubia sonriéndole mientras le limpiaba las lágrimas recordando cada vez que Beth llamaba a Rachel mamá.
-¿Quinn necesito preguntarte algo y necesito que me seas sincera del todo? Por favor- dijo Rachel seria aun agarrada de la cintura de Quinn.
-Dime Cariño- dijo la rubia con ternura.
-Has vuelto a probar las drogas- la miro fijamente en busca de algún indicio de mentira en sus ojos.
-En serio, Rachel tú también…- dijo cansada por la actitud de todos sus amigos. Tratando de alejarse de la castaña, pero esta no lo permitió y la pegó más a su cuerpo, casi eran solo una de lo pegadas que estaban.
-Mi vida estoy preocupada por ti, no quiero que te pase nada- dijo la castaña acariciándole la mejilla mientras con la otra mano mantenía el agarre de la cintura.
-NO RACHEL NO HE VUELTO A TOMAR DROGAS Y NUNCA LO HARÉ- dijo la rubia cansada sin apartar la vista de Rachel, salvo por un instante que se desvió a su labios cosa que no pasó desapercibida a la castaña.
-Quinn te quiero más que a nada en esta vida, tengo miedo de que te llegue a pasar algo y si te pregunto esto es porque Santana y Kate me han contado que te ibas durante horas con Mark…- no pudo llegar a continuar con su verborrea ya que Quinn la freno.
-Me iba durante horas pero a verte al teatro… Sé que no querías verme pero no podía estar separa de ti y necesitaba verte asique todas las noches iba al teatro y me esperaba hasta que salías y te montabas en el coche que te llevaba a casa después de firmar un par de autógrafos y….-
Rachel la calló con un beso intenso y necesitado por parte de ambas pero a la vez expresaba todo su amor.
No pararon de besarse hasta que tuvieron que separarse por necesidad, se abrazaron y se quedaron mirándose hasta que el temblor de sus cuerpos del frio de Nueva York las hizo ser conscientes de que seguían en la calle.
Ambas de la mano cruzaron la calle y subieron al piso de la hermana de Rachel, cuando entraron en la habitación Quinn que fue quien cerró la puerta se apoyó en ella y Rachel se abalanzó sobre sus labios de nuevo.
Poco a poco fueron despojándose de sus ropas, Quinn la empujo hacía la cama tumbándose sobre ella y entre besos y caricias hicieron el amor salvajemente ya que no fueron ni una ni dos veces si no que en la cuarta vuelta perdieron la cuenta.
Rachel se quedó encima de Quinn abrazándola escondiendo su cabeza en su cuello.
-Rachel te quiero demasiado como para perderte- dijo Quinn acariciándole el pelo.
-Yo tampoco quiero perderte te amo- dijo levantándose y besándole en los labios.
-¿Podemos prometernos algo al igual que nunca jamás dejarnos?- Rachel la miro esperando que continuara –Cada vez que tengamos miedo de algo o cualquier cosa que nos haga querer alejarnos lo hablemos y lo solucionemos juntas y nada de tiempo ¿de acuerdo? No podría vivir sin ti tanto tiempo separada- le acariciaba la mejilla.
-Prometido mi vida- dijo volviendo a besarla, y así estuvieron durante un buen rato abrazando sus cuerpos desnudos entre besos hasta caer dormidas.
A la mañana siguiente Quinn dormía bocabajo completamente desnuda cuando empezó a notar como alguien le ¿lamía? el cuello provocando que se fuera despertando poco a poco en ese momento se le instalo una sonrisilla al sentir como iba subiendo por su mejilla -¿Alguien se ha levantado juguetona?- bromeo la rubia completamente despierta pero sin abrir los ojos.
Pero nada no obtuvo respuesta hasta que pudo sentir como alguien le ¿olfateaba el pelo? Un momento, ¿lamerle, olfatearle…?
Quinn abrió los ojos de golpe incorporándose y encontrándose a su lado el odioso caniche de su madre y no es que no le gustase los animales al contrario los amabas pero este aparte de ser totalmente horrendo con el flequillo que llevaba y las piernas afeitadas, era un salido que le había tomado con ella y cada vez que iba a visitar a su madre no se le ocurria al maldito perro vicioso que montarse en su pierna.
-MAMÁAAAAAAAA- Quinn grito tapándose con las sabanas.
La rubia grito de tal manera que asusto a las allí presentes que entraron corriendo la primera en entrar asustada fue Rachel, seguido de Judy y a paso más lento por el embarazo iba Frannie cuando las tres entraron no pudieron evitar reír ante la imagen tan cómica que estaban viendo a Quinn de pie sobre la cama tratando de alejar al perro que este lo único que hacía era aferrarse a su pierna desnuda con la lengua fuera disfrutando ya que la sabana no le había tapado del todo.
