Era doloroso recordar cómo habíamos llegado hasta ahí. Sí, la guerra lo había sido al igual que los años siguientes al restaurar todo el mundo mágico, pero no era eso a lo que me refería. Era horrible mirar atrás y ver nuestro errores. De ambos.
Lo peor era mirarlos juntos y sentir los celos de siempre, le ahora en mí encontraba petulancia. Una superioridad que solo encontraba reflejado en los ojos de Malfoy durante nuestra infancia. ¿Qué nos había pasado? ¿Por qué lo hacíamos?
Si de cualquier manera alguien nos descubriera perderíamos todo. Y no era dramatización, era en serio todo. Nuestras familias, nuestros amigos, nuestra imagen, incluso nuestro empleo podría estar en juego, pero parecía no importarles. Bueno… a mí sí me importaba, era un peso enorme en mis hombro cada vez que la veía, que la pensaba. Pero Hermione, con sus palabras listas, seductoras como canto de sirena, con ojos castaños brillantes y suspicaces siempre me hacía olvidarlo todo.
En nuestros encuentros Hermione siempre clamaba amarme como yo lo hacía, locamente, ni restricciones ni pensamientos sin embargo dentro de mí no podía evitar preguntarme si eso era cierto ¿Por qué estaría aún con él de ser así? Yo mismo propuse separarnos de nuestras parejas, después de todo habían sido años luego de la guerra y la única excusa que tenía para seguir con el pelirrojo se desvaneció junto con Voldemort.
Suspiré. No era momento de estar pensando en eso.
El único consuelo que tenía era que esto parecía no tener fin, que aunque también era una tortura innegable, el no verle fin era algo que agitaba mi corazón cada vez que la tomaba en mis brazos.
—¿Harry?— escuché que me llamaron.
Levanté la mirada de mi trago para encontrarme con los preocupado ojos de Ginevra… Ginny.
—¿Qué pasa?— contesté con una tranquila sonrisa.
—Nada—contestó extrañada—Estabas en uno de esos momentos en los que te vas—me sonrió con ojos cálidos. Miradas que no podía regresar, no con ella.
Del otro lado de la habitación, en la estancia de la madriguera, Hermione cargaba en brazos a la pequeña Rose junto a Ron que se erguía orgulloso por su recién nacida.
Ron tuvo una misión durante los días que tocaba el parto así que fui yo quien estuvo a su lado tomando su mano y frunciendo el ceño de preocupación, viendo traer al mundo, a nuestra hija.
De cabello idéntico al de su madre y de ojos verde como pradera en primavera, Rose me recordaba lo que pudo ser y no era.
Hasta ahora Ginny y yo ni siquiera lo habían intentado y ninguno de los dos parecía muy inclinado a tener hijos por el momento, pero las razones de las negaciones eran muy distintas el uno del otro.
Ginny quería seguir en el quidditch y yo, a pensar de negarme a decirlo en voz alta incluso solo, no necesitaba algo más que lo atara a una bruja que no fuera ella.
A los Weasley les pareció normal al tener de nieta a Victorique que era tan rubia como su madre. Hermione tendría a una niña tan castaña como ella. Ron seguía diciendo que la pequeña sacó los ojos de su abuela, (era horrible que yo bufará una risa cada vez que lo decía y lo cierto de sus palabras) pero nadie refutaba lo dicho.
Mi mirada se cruzó con la de Hermione cuando ésta recibió un beso en el cuello, sonrió nerviosamente a Ron.
—¿Cuando te vas?— preguntó Arthur
Hermione regresó su atención a la conversación —La siguiente semana.
—¿Sabes que puedes dejar a la niña conmigo, verdad cariño?—ofreció Molly preocupada. Ron frecuentemente estaba en misiones al igual que yo, pero al ser jefe del departamento yo decidía a dónde cuando lo hacía.
—No quiero dejarla cuando es tan pequeña, aún es demasiado dependiente de mi—sonrió.
—Si tan solo Ronald no tuviera una misión en esas fechas—meció la matriarca con un puchero mirando discretamente por el rabillo del ojo.
Sonreí —Molly yo también estaré viajando la siguiente semana, el departamento está ocupado, no está en mis manos—la mentira se deslizó con facilidad que me avergonzó.
Las miradas que intercambiamos fueron peligrosas estando todos los Weasley presentes.
—Tengo que ir por mis bolsas a casa antes de tomar el traslador— me susurró Ginny a lo que yo asentí.
—También tengo algunas cosas que hacer— con la mano en su espalda baja nos acercamos a sus padres para despedirnos.
—Esperen, aún no puedo aparecerme así que si van a usar la red flu a su departamento déjenme ir con ustedes—para eso le dio una mirada molesta a Ron —Ronald no ha arreglado la nuestra— a lo que el pelirrojo se sonrojó. —Regresaré en una hora, tengo que descansar los pies— le dijo a nadie en particular. Molly recibió a Rose con los brazos extendidos y la mirada brillante de emoción.
—¡Ronald ve con ella!—le dijo su madre.
Pero una mirada molesta de Hermione fue suficiente para hacer a Ron titubear.
—Er… yo creo que mejor me quedo aquí, aún vi estofado de ayer que nadie parece querer comer—y con esto dio la media vuelta hacia la cocina.
Los tres terminamos en mi departamento en el centro de Londres, Ginny tomó sus cosas y corrió.
No fueron necesarios ni dos minutos cuando el uno ya estaba sobre el otro.
En esas estábamos cuando una voz al fondo de mi cabeza llamaba por mi. No eran los suspiros de Hermione o los gruñido que yo no lograba contener, era otra cosa.
Y muy tarde comprendí que no era ni ella ni yo, era un hombre. Un hombre que abrió la puerta de mi habitación. Un hombre pelirrojo. Un hombre que había sido mi mejor amigo desde los once años. Un hombre que estaba casado con la mujer que yo estaba mancillando.
Un hombre que se desmoronó.
Y yo estaba bien con eso.
.
.
.
¿Qué puedo decir?
¿Continuara? Probablemente si para estos personajes en esta historia, pero no para mi.
Fue divertido escribirla, editare los errores de los capitulos pasados pronto.
Las amo.
Bye-bye ヽ('∀`○)ノ
