NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
Este capítulo está dedicado a mi querida Sandra, por sus emotivas y alicientes palabras, que tanto bien me hicieron; saludos hasta Chile, preciosa. También a mi amiga Nerckka, casualmente chilena también, por la hermosísima firma que me obsequió para este fic y por seguir al pie del cañón, desde un inicio. Firma que he colocado como imagen del mini "Una cena digna de príncipes".Con un abrazo afectuoso para Amigocha, debido a su reciente cumpleaños. Y por último, pero no menos importante, a mis queridas brujas, por hacer de mi cumpleaños, una fiesta tan especial en las fechas que solo deseaba sobrevivir. Y por supuesto, por mi bellísimo regalo, o regalos, mejor dicho. Las quiero mucho, mucho.
40. Decisiones
Los Leagan estaban de vuelta en Chicago. Asistían como invitados a la boda de Archie y se sentían en la gloria. Elisa y Neal que acudían desde Los Ángeles, habían llegado un par de días antes que sus padres, quienes irían desde Florida. La tía abuela había organizado un recibimiento informal pero acogedor para quienes consideraba sus nietos directos, siendo hijos de su única hijastra: Sarah Leagan.
Además, no iban solos. Neal llevaba como compañera nada menos que a una actriz de Hollywood. La tía no la había visto en ninguna película aún, pero William aseguraba que era una buena chica y además muy talentosa. Elisa acudiría acompañada del primo de la actriz, quien además era el futuro gerente y socio del hotel Los Ángeles Inn X, propiedad de los chicos. La tía abuela, estaba orgullosa de que al fin todos sus nietos empezaran a sentar cabeza. Y los hermanos Leagan aún más. Después de haber sido casi desterrados de la ciudad de los vientos, por el patriarca de la familia, el acudir ahora, invitados por el mismo a la boda de su primo era todo un placer. Neal se hallaba ansioso de mostrarle a su petulante noviecita el lujo al que se hallaba acostumbrado. Ella, a pesar de haber crecido entre comodidades al lado de su tío, el doctor Klaisse y su primo ligeramente mayor: James, no podría evitar deslumbrarse ante la opulencia de la casa Andry. La boda, además, sería de su primo de gusto exquisito, así que con mayor razón, estaba seguro de la pomposidad del evento. Quizá Neal no la conocía tan bien como pensaba.
Karen trabajaba desde muy joven, anhelando ser una estrella. Había luchado férreamente por conseguir su objetivo y ahora, estaba próxima a estrenarse su primera película. Neal, estudiaba en la UCLA. Era uno de los mejores estudiantes de su generación, y al mismo tiempo intentaba levantar un emporio con el hotel aún sin inaugurar. Seguro estaba de que sería un éxito tal como el Miami Inn X, dirigido por su padre y llevado a la cúspide con ayuda de James. A pesar de la sencillez del muchacho, a Neal le agradaba. Poseía una seguridad en los negocios que le conferían un temple maduro y respetable. Le recordaba un poco a George Johnson pero en secreto, quería un poco, adquirir esa destreza. Resultaba un deleite verlo perder la compostura de vez en vez con los caprichos de su hermana Eliza, de quien el ingenuo, se había enamorado sin remedio. Aunque reconocía que le resultaba más grato, ver rabiar a su hermanita a causa del poco poder de manipulación que ejercía en James. Lo admiraba por ello, ni él mismo había podido resistirse a los deseos de la pelirroja. Tenían una relación explosiva, pero sin duda de amor. Nunca había visto a Eliza comportarse así. Preocupándose en verdad por él, preparándole comida, en vez de comprarla; arreglándose para salir del departamento por el periódico, a sabiendas de que podía topárselo viviendo en el mismo edificio. Siendo amable. En general jamás la había visto siendo amable. Pusilánime sí, pero amable y gentil, no. El acabose había sido cuando James enfermó de una fuerte gripe ¡Y Eliza cuidó de James! ¡Ni por Neal, siendo su hermano, había hecho algo así! Hacía tiempo que no se enfermaba, pero cuando había sucedido, Eliza entraba a su habitación con cubrebocas y sus necesidades las cubría la servidumbre ¿Su hermana? ¡Jamás! Pero a James ¡vaya, que casi se muda con él!
¡Y lo que él había hecho por ella! Eso le resultaba incomprensible. Él no podría actuar así.
Le costaba aún aceptar las ideas de Karen. Con ella era un día a día. Pero él no deseaba una esposa florero. Oh, con seguridad que ella no lo sería. Karen era una mujer independiente pero noble como Candy. Tan orgullosa como él. Y fría como Eliza, cuando la ocasión lo requería. Pero cálida y tierna en la intimidad. O quizá era en verdad una buena actriz. "Algunos piensan que la mujer sólo debe saber gobernar la casa y someterse a un marido [...] la mujer también debe aprender lo que le ayude a embellecer la vida del hombre como hija, hermana y esposa. La mujer no debe hablar cosas baladíes, sino cosas inteligentes que atraigan a los hombres para que éstos no se aburran de ellas"*. Esa, era la opinión de Karen y en definitiva no se dejaría gobernar por él. Quizá no permitiría que fuese su héroe personal, ni le lustraría las botas, pero ¡Vaya que esa mujer embellecía su vida! Aunque a su madre le provocara una apoplejía si conociera su relación con una actriz. Pero al tío William le agradaba, y mientras él no estuviera en desacuerdo, su relación podría seguir prosperando.
Los Leagan nunca habían sentido un profundo afecto por la tía abuela; pero ella por los chicos, sí. Cuando los vió, luego de tantas semanas, sintió incluso, cierta emoción. Y cuando se dio cuenta, que no iban solos, decidió darle una oportunidad a sus invitados. Los chicos nunca habían tenido mal gusto. Neal casi se había casado con Candy, la futura matriarca del clan. Y Elisa, según le contó, estuvo casi comprometida con el hijo de un duque, desgraciadamente el inicio de la guerra, les había obligado a poner distancia y el amor juvenil, seguro no lo resistió. Como plus, William aprobaba esas relaciones. Debería, pues, involucrarse y conocerlos más.
Luego de instalarse en la mansión, los Leagan, los Klaisse, la tía abuela, Albert y Archie, disfrutaron de una agradable convivencia mientras comían.
-Y ¿cómo va el proyecto del hotel? –preguntó con legítimo interés la tía
-Todo marcha de maravilla, tía. James es muy bueno en lo que hace. La administración es lo suyo, Y Neal lo ayuda con las finanzas. Hacen una excelente mancuerna. Los empleados adoran a James- respondió Eliza
Archie la observó extrañado. ¡Pero qué aduladora! Al parecer, había mejorado con el paso del tiempo. Ya no recordaba cuan insoportable podía llegar a ser su prima
-Parece que alguien tiene en alta estima a James –canturreó
-¡Archie, tus modales!
-Solo es una observación, tía abuela
-Solo digo la verdad, Archibald. Quizá podrías aprender algo de él.
-¡Qué amable, Eliza! Pero mi área, es la economía y las finanzas. Una muy diferente a la de James
-Tiene razón, hermanita. En el banco hay un empleado para cada cosa ¿Porqué Archie querría aprender algo más? Él tiene el puesto asegurado
-Nadie tiene nada asegurado, Neal. –interrumpió Albert- Archie se ha ganado su lugar a pulso. Y si continúa así, en menos de lo que crees, será gerente regional. Para haber iniciado como becario, ha sorprendido con su habilidad, incluso a los ejecutivos de mayor tiempo.
-Entonces quizá tú puedas darnos unos consejos, Archie. –comentó James. Después de todo, era la familia de Eliza y no quería empezar con el pie izquierdo debido a las pullas de su futuro cuñado.
-¿Eh? No creo que lo necesiten, pero podríamos intercambiar opiniones –respondió con la misma cortesía. Quizá, el chico no era como Eliza, solo había tenido la mala fortuna de enamorarse de ella.
-¿Y tu noviecita, Archie? Pensé que estaría aquí
-Está ,muy ocupada con los preparativos de la boda. Además de su trabajo
-¿Annie trabaja? –preguntó con cierto desdén. Ella lo hacía porque el hotel era suyo, pero ¿Annie? ¡Seguro por influencia de Candy!
-Sí. Igual que tú y Karen ¿No?
-Claro, claro. Y seguro Candy, también –añadió Eliza
-Candy fue al Hogar de Pony hace varios días. Regresa en un par de días. Estamos ampliando el lugar. Es uno de los logros de la Fundación Andry. Tú conoces nuestro trabajo, Eliza. Candy ahora ocupa todo su tiempo en la remodelación. Viaja constantemente al Hogar, hace tratos con la constructora, surte los requerimientos de los niños, ayuda a Annie a recaudar fondos. Llevan ya dos eventos muy exitosos.
-Pareces orgulloso, Albert
-Lo estoy, James. Han trabajado mucho. Es un lugar que aman, ciertamente, pero Candy está poniendo todo su corazón en hacerlo mucho mejor para los niños.
-Quizá tú podrías aprender de ella, Eliza –añadió Archie con fingida inocencia, ganándose una mirada furibunda de la pelirroja.
Ella, por supuesto, no aclararía porqué conocía el trabajo de la Fundación. Pues, aunque su voluntariado en el orfanato de Florida, había comenzado por un castigo; al final ella había disfrutado ayudar ahí.
-Hablando de constructores, James y yo preparamos algo ¿verdad? – declaró Neal de la nada. Conocía a su hermana y conocía a Archie. Ambos temperamentos en contra, no podrían llevar a nada bueno.
-Así es, Neal y yo traemos preparado un informe, con fotografías incluso, del edificio. Estoy seguro que en primavera, podremos inaugurar el hotel sin problema –afirmó James con seriedad. En apariencia, estaba muy atento a las reacciones de todos en la mesa.
-¡Perfecto! Podríamos revisarlo más tarde, o mañana con calma –respondió Albert –estoy seguro, que incluso la tía querrá verlo ¿no es así?
-Por supuesto, querido.
-¡El sitio está quedando espectacular! Creo que va a ser el mejor hotel de todo California. –expresó Karen en un intento por entrar a la plática. En el fondo, también se hallaba nerviosa de estar en la casa de los Andry, con la familia de Neal.
-¡Pues no se diga más! Mañana dedicaremos el tiempo que sea necesario a ver los avances del hotel. Así aprovechan hoy, para descansar del viaje.
-Tu casa es preciosa, William.
-Gracias, Karen. Quizá Eliza y Neal podrían llevarlos a recorrer la propiedad más tarde. De hecho, mientras vamos a la sala de té, quizá tu hijo quiera explorar un poco, James.
-¡Es muy pequeño para andar solo por ahí! –exclamó escandalizada la pelirroja, ante la propuesta
-Vamos, Eliza. No va a pasarle nada por jugar en el pasto un rato. No hay forma de que pueda salir de la propiedad.
-Neal tiene razón. Pasamos horas afuera antes de vivir en Lakewood y nunca tuvimos ni un accidente. No seas aguafiestas, prima
La mirada del pequeño brilló. Luego de un cansado viaje, el niño quería correr y jugar. En casa, iba diario a la playa. Extrañaba eso. Pero aquí tenían pasto y flores. James asintió con la cabeza y él, puso pies en polvorosa.
La tía abuela, que se había abstenido de comentar algo fuera de lugar, no pudo resistir más y soltó la pregunta que pugnaba por salir de su boca
-Señor Klaisse, tengo entendido que está cortejando a mi sobrina con el permiso de su padre y del patriarca, aquí presente.
-Así es señora –respondió el aludido adivinando las intenciones de la tía.
-Lo que no tenía en conocimiento es que usted tuviese un hijo. No puedo sino preguntar ¿Dónde está la madre de ese niño?
-La madre de mi hijo ha fallecido. –contestó mirándola con seguridad
-Lamento escuchar eso. No era mi intención importunarlo, pero debe entender que me tomó por sorpresa. No quise incomodar al niño y por eso esperé hasta ahora.
Elroy Andry no pudo evitar sumergirse en el pasado; en los recuerdos dolorosos de tener a su cuidado a dos pequeños sin madre. Primero fue Priscila, quien a su muerte dejó a William y a Rosemary solo con su padre. Él, era solo un bebé. Y luego Rosemary, que años después falleció, dejando a Anthony muy pequeño, con un padre que no soportó la ausencia y prefería trabajar dejándolo a su cuidado. Ni su hermano William, ni su sobrino político, Vincent; habían jamás superado la pérdida de sus esposas. Como resultado, jamás se habían casado otra vez.
Conoció a un viudo que sí lo hizo. El señor Brand. Quien a pesar de tener una hija mayor, encontró el amor y no dudó en entregarse a él. Siempre amable y cariñoso, quien no había superado esta vez la pérdida, había sido ella. Elroy había regresado entonces, a su apellido de soltera: Andry. Solo para dirigir los negocios y estar al frente de la familia en lo que su pequeño patriarca se formaba y preparaba para afrontar su cargo. Ahora que lo había hecho, quizá sería el tiempo de retomar el apellido de ese viudo al que en su mocedad había inyectado ganas de vivir y amar. Ese hombre que fue su esposo y el amor de su vida.
Y Eliza, su sobrina, quizá sería como ella. Una mujer con la vivacidad, juventud y belleza, que alguien como el joven Klaisse necesitaba. Podría ser la madre que ese niño requería, como ella lo fue en su tiempo para Sarah, a pesar de ser ya mayor…
Sus pensamientos fueron irrumpidos por una pregunta que ella había dado por seguro, pero que no podría adivinar.
-Y, Eliza ¿Estás dispuesta a ser la madre de ese niño si su relación prospera? -preguntó Albert con evidente preocupación
-¡Por supuesto! Yo amo a ese niño
- Lo siento, pero debo preguntar ¿Y si su relación no prosperara?
-Él es mi hijo y nada va a cambiar eso. Ahora mismo soy un padre soltero. Igual que lo fue mi papá desde que yo era un chico. Y supo educarnos a Karen y a mí. No veo problema en ello, ni veo cuál es su verdadera preocupación. –dijo James un tanto a la defensiva
-Nuestra preocupación es Eliza. El que ella sepa adaptarse a la situación sin que nadie salga lastimado. Ustedes deberán hacer acuerdos si llegan a formalizar su compromiso. Solo queremos lo mejor para todos. – contestó Albert con la serenidad que lo caracterizaba
-Tía, tú podrías aconsejar a mi hermana. Viviste algo similar y además, educaste con sabiduría a mis primos. Estoy seguro que ella estará infinitamente agradecida y que tú, tienes mucho por compartirle. –comentó Neal con astucia, demostrando porqué era bueno en los negocios. Sabiendo el momento justo para intervenir, dar la dosis perfecta de adulación, y rematar con la estocada final: acorralando sin salida.
-Por supuesto. Que mi experiencia sea útil resultará muy gratificante….
Albert sabía lo que la tía había entendido y no se preocupó en aceptar o desmentir nada. Esa batalla, no era suya. Y si Eliza se consideraba lo suficiente capaz de ser madre, debía serlo para afrontar la responsabilidad de sus actos. Después de todo, James había dejado las cosas claras. Con eso le bastaba. Y sobre la vida privada del chico, no tenía ni influencia, ni deseaba tenerla. A ella le daría el beneficio de la duda. Pero le haría saber que con la tía Elroy, debía ser absolutamente sincera.
Cuando el té llegó, el ambiente informal y relajado empezaba a aflorar en el ambiente. Las damas comenzaron a elogiar la exquisita vajilla de la tía abuela y los caballeros prefirieron tomar un whiskey, dando paso a una larga charla sobre el proceso de destilación y las diferencias entre un scotch y un bourbon. Entonces, la tía abuela, orgullosa de sus antepasados, empezó a darles una cátedra a los jóvenes acerca de la calidad de la bebida escocesa y la vulgaridad de emplear maíz en la bebida norteamericana. Para sorpresa de todos, terminó presionando a las chicas a probar un poco de el líquido ambarino, con fines meramente educativos.
Al poco rato, la conversación se desvió a las anécdotas que el pequeño hijo de James les hacía vivir día a día. A Neal, específicamente, lo había convertido en una especie de compinche, y Karen, no tuvo reparo en contarlo.
Aparentemente el joven, no se salvaba de corretearlo por el corredor que separaba sus departamentos. Compartían la misma afición al helado, por lo que el pequeño era el pretexto perfecto para salir a comprarlos en el sofocante calor de Los Ángeles. James y Eliza iban a la playa y jugaban con él en el agua. Su idea, era enseñarle a nadar si iban a vivir cerca del mar y el hotel además, tendría alberca. No podían arriesgarse a un accidente.
Karen, por supuesto, lo llevaba de compras con Eliza. Si algo tenían en común las dos chicas, era su afición por estas. Y el pequeño, se había convertido en el modelo ideal para vestirlo con diversos estilos.
Y el torbellino, a su regreso, saltaba sobre Neal pidiéndole jugar con él. A su padre simplemente lo adoraba, lo imitaba y buscaba su cobijo ante cualquier incertidumbre; pero con Neal, había forjado un lazo especial, a su parecer, era un camarada fenomenal, siempre gritando, pareciendo enojado y hasta empujándolo. Pero al final, doblegándose y cediendo a sus peticiones.
La tía Karen era quien le contaba cuentos. Con la magistralía oratoria que su profesión le otorgaba, hacía voces y gestos que al niño hipnotizaban.
Eliza, por vez primera, era responsable. La salud del niño era lo primordial. Una dieta balanceada, horario estricto para ir a la cama, baño y aseo de dientes. Ordenarle recoger juguetes y llevarlo a la peluquería. Y a pesar de todo, el pequeño buscaba sus brazos todo el tiempo. Era un sitio para sentirse seguro, para sentirse completo, para ser feliz.
James, ni qué decir. Lo había amado desde el primer momento. Él había decidido cuidarlo y educarlo. Pero en especial, le había entregado su coraazón.
Archie, no pudo evitar sonreír e imaginar a Neal en tal situación, pero supo que él quería lo mismo con su sobrino que ya iba en camino, y ¿Porqué no? En un futuro con un hijo. Albert, imaginó lo mismo, aunque con algo menos de entusiasmo. Afortunadamente nadie podía leer sus pensamientos o se habrían dado cuenta que incluso, una fugaz expresión de verdadero terror, atravesó el rostro del patriarca, al pensar en un heredero.
Decidió que era hora de volver al trabajo.
…
Candy había acordado con Albert , regresar en una fecha específica. Sin embargo, había terminado ya con los pendientes anotados. Por primera vez en su vida, tenía que admitirlo, deseaba irse del Hogar de Pony. La casa que tanta seguridad le confería, las mujeres a quienes amaba como a verdaderas madres, la alegría contagiosa de los niños; estaba resultándole insuficiente. ¡Extrañaba a Bert! Sabía que después de casarse, quizá sus obligaciones le impedirían asistir con la misma frecuencia a su querido Hogar. Pero con seguridad sabía, que su amado rubio, jamás le negaría el placer de visitar un sitio tan querido.
Aquellos días, sin embargo, sabía serían los últimos de calma. Con su boda en puerta, debía llevar a cabo los preparativos casi sola. Albert y ella lo habían decidido así. Y al ver las amplias discusiones entre la señora Cornwell y la señora Britter acerca de trivialidades tales como el diseño en la mantelería de la boda de Annie, sin tomar los gustos de la novia muy en cuenta, confirmaba que la decisión había sido la mejor. Por otra parte, anhelaba poder compartir su sentir con alguien. Con una madre, una suegra, quizá. Y entonces, buscaba consejo en la mujer más cercana a Bert, después de ella: la tía Elroy. La señorita Pony había entablado una conversación como una verdadera mamá, con Candy. Y le había dicho, que con seguridad, haría sentir especial y útil a la tía, si solicitaba su ayuda. Además, su experiencia y refinado gusto, la ayudarían a tomar buenas decisiones. Debido a esto, la rubia era cada vez más cercana a la tía abuela.
En esta visita al Hogar de Pony, la rubia les había contado una buena nueva ¡Tenía listo, el ajuar! Había pasado semanas pensando en el mejor diseño para ella. Para la posición de Albert y al mismo tiempo, acorde a sus gustos. Nunca había sido superficial ¡Pero era su boda! ¡Podía permitírselo! Y sin embargo, no lo hacía. Era un vestido que solo usaría una sola vez. Debía sentirse cómoda con él pues lo llevaría puesto durante horas. Y debía gustarle a Albert. Pero la tradición marcaba, que él, no podía verlo hasta el enlace. ¡La decisión era muy difícil!
Finalmente, un día, en que convenció a la tía abuela de acompañarla a ver algunos modelos, con una costurera recomendada por su mejor amiga, Annie, yendo ésta, junto a Paty, el rompecabezas, encajó.
-Annie, me alegra mucho que pudieras pedir un permiso para ir conmigo a ver vestidos con la costurera.
-Candy, no es una simple costurera. Es una diseñadora. Y la que se alegra soy yo. ¡Al fin pude descansar un poco de los largos debates entre mamá y la señora Cornwell! Pareciera que ellas son las que se van a casar. Y ¿Quién sabe? Quizá encuentre un vestido que me guste.
-Pensé que ya tenías un vestido –comentó desangelada
-Pero podría encontrar uno más lindo. Y esta vez, quizá podría escogerlo yo. A mamá los modelos modernos le parecen escandalosos
-Hay modelos nuevos muy bonitos. Debiste invitarnos, Annie, hubiéramos estado de tu lado –dijo Candy
-Esa era mi intención, pero me llevaron inesperadamente. Apenas y pude opinar.
-Al menos pudiste opinar. –irrumpió la tía Elroy. Quien hasta ese momento, creían dormitando en el camino a la tienda.
-¡Pero casi no pude probarme modelos! ¡Tenían cientos! Y solo me puse algunos. Me hubiese gustado al menos, agregarle detalles al modelo, tía abuela
-Annie ¿Y porqué no lo haces? Podrías visitar a la modista y darle tu opinión. Si le das un pago extra, te guardará el secreto- sugirió su amiga
-¡Paty!
-Ese comentario suena tanto a tu abuela, que casi pensé estarla escuchando.
-Lo siento tía abuela . pidió con educación la ahora señora Cornwell
-No te disculpes. Quizá tengas razón
-¡Tía abuela! –exclamaron las sorprendidas jóvenes por el extraño cambio de actitud de la siempre recatada matriarca Andry
-Yo tuve que usar el vestido de mi suegra. La tradición marcaba usar el vestido de la madre. Pero el de la mía, lo había usado mi hermana Janet, ella se lo legaría a su vez, a su hija Janis.
-¿Así que su vestido de novia lo usó la señora Leagan? –preguntó Candy con interés
-No. Ella alegó que usaría el de su madre. Aunque terminó usando uno nuevo, a su gusto. No me lo confesó sino hasta mucho después. Respeté su opinión, pues creí que ella había tomado elementos del vestido de su madre, pero no fue así. Pensé que algún día ayudaría a Rosemary con su propia boda. Ella era tan apegada a mí, que no sería capaz de alejarme. Pero no tuvo una boda tradicional. Ni siquiera nos invitó. Huyó soltera y volvió casada.
-¡Qué romántico!
-¡Annie!
-¡Lo siento!
En ese instante, al ver la melancolía en los ojos de la anciana, Candy supo que había tomado la mejor decisión al involucrarla en la planeación del evento. Y cuando a Elroy Andry le brillaron los ojos al verle puesto un hermoso vestido con delicadas pero elegantes aplicaciones de lentejuela y canutillo, supo que era el indicado. Sus amigas le sugirieron optara por un corte más moderno, pero la chica no cedió.
Elroy Andry se hallaba muy complacida con la elección de la rubia, que más bien, había sido la suya. Candy pensaba que el día de su boda, sería una fecha tan especial, al unir su vida con la de su gran amor, que solo quería compartirlo con sus seres queridos. No le importaría si vistiera un saco de papas. Pero a la tía abuela, parecía importarle mucho. Y el que la hubiese ayudado, brindándole su tiempo, opinando en base a su buen gusto, y dándole ánimo a no fijarse en los costos, la hacía sentir en verdad importante para ella. ¡La tía, en verdad la empezaba a apreciar!
La señorita Pony y la hermana María, se entusiasmaron con el relato. Después de todo, su niña en verdad se iba a casar. Lucía tan feliz. Atrás habían quedado los tiempos en que la pequeña pecosa de coletas acudía a ellas en busca de consuelo y protección. Ahora, la hermosa señorita en que se había convertido, se había acostumbrado a llevar el peinado recogido como en el hospital, o suelto, sujeto con peinetas. Pero la gran diferencia era, que ahora, ella les brindaba su ayuda con el apoyo de su futuro esposo.
En ocasiones, cuando se iba al pueblo, iba a visitar al doctor Martín. Estaba creando una pequeña fortuna con los millonarios pacientes que tenían casas de campo en Lakewood. Pero su bondad le hacía cobrar solo una simbólica cantidad por sus servicios a la gente del pueblo. Por trabajo no reparaba y en poco tiempo se estaba convirtiendo en un personaje muy querido en la comunidad.
En la última visita, el doctor, luego de una lucha interna, había cedido a decirle a Candy que cuidara de Albert pues lo notaba estresado. No le contó nada acerca de los estudios ni las consultas del rubio. Mucho menos le dijo acerca del peligro que tenía de perder la memoria nuevamente. Pero Candy conocía la razón del fallecimiento de su padre y enseguida se alarmó. ¿Cómo era posible que no lo hubiese notado antes? ¡Era obvio! Albert necesitaba relajarse, descansar y alimentarse mejor. De eso, ella se encargaría.
Cuanto antes, regresó a Chicago, dispuesta a darle de comer en la boca y de llevarlo a la cama de ser necesario. ¡De llevarlo a la cama para obligarlo a descansar! ¡No era posible que sus propios pensamientos la traicionaran! La boda estaba a la vuelta de la esquina, debía ser buena chica hasta entonces… Solo hasta entonces. Después, ya encontraría otras maneras de ayudarlo a relajarse.
Llegando a la mansión, apenas entró y el aroma de las rosas la golpeó de lleno. ¡Cuánto amaba aquel olor! No eran Dulce Candy, pues éstas, solo crecían en Lakewood. Pero las rosas multicolores que se hallaban en el jardín de la casa Andry eran maravillosas. Le habían contado que en todas las propiedades de los Andry había rosas. Ella aún no conocía las otras casas de Albert. Al parecer eran bastantes y por todo el país. Stear y Archie le habían dicho la verdad cuando eran chicos.
Absorta en el delicioso perfume floral, se distrajo pensando en qué tipo de flores serían las más adecuadas para su bouquet nupcial. Siempre había creído que las Dulce Candy harían lo propio en ese día tan especial. Pero ahora que lo razonaba, no le parecían la mejor opción. Siempre serían un recordatorio de la partida de Anthony. Aunque también sería un homenaje a su memoria. Ella y Albert no tenían un flor especial que los representara. Por una parte, había pensado en las florecitas silvestres que él le había regalado, pero eran demasiado pequeñas para un bouquet. Los blue bonnets que también le había obsequiado en un ramo, eran lo opuesto, demasiado grandes. Cuando terminó su curso en N. Y. le había enviado rosas rosa pálido. Pero por alguna extraña razón, tampoco las encontraba acordes a su boda. No eran tan especiales, porque para Albert, las flores, no parecían ser importantes. ¿Porqué tendría rosas multicolores en todas sus casas, entonces? Y de repente, sucedió. La verdad estaba ante sus ojos.
Anthony cuidaba las rosas de su madre, porque las rosas le recordaban a la señora Rosemary. Las cuidó durante años antes e incluso después de haber creado su estirpe de las Dulce Candy. El hermoso rosedal de Lakewood era multicolor. Albert se aseguraba de que hubiese rosas en todas sus propiedades. Albert, le había confesado que consideraba a su hermana Rosemary, como su propia madre, pues ella prácticamente, lo había criado. Bert, su pequeño Bert. Había encontrado las flores perfectas para el bouquet.
Absorta en sus pensamientos, repentinamente, un llanto la distrajo. ¿Un llanto? ¿Quién lloraba? Recorrió el rosedal con la mirada encontrándose con una cabecita rubia cabizbaja
-Hola ¿Porqué lloras? ¿Estás perdido?
-No. –contestó examinando su rostro.
Candy le sonrió y eso pareció demostrarle al niño, que podía confiar en ella.
-Codí y la dosa me atimó
-¿Corriste y la rosa te lastimó? ¡Qué barbaridad! Déjame ver. Yo soy enfermera ¿Sabes?
Al tiempo de afirmar ello, la rubia empezó a tomar al pequeño de los pies. Si algo sabía hacer bien, era ganarse la confianza de sus pacientes. No podía empezar jamás por examinar la cabeza pues podía resultarles agresivo. Pero los pies ¡No fallaba nunca! El pequeño terminó mostrándole con cuidado un rasguño sin importancia pero con la suficiente sangre para asustarlo.
-Vamos a ver. En mi equipaje traigo un pequeño botiquín. Voy a limpiar tu herida, no te dolerá. Sé valiente
Con destreza, la rubia procedió a irrigar y colocar un vendolete. Mientras su diminuto paciente apretaba los ojos
-¡Listo!
-¿Me cudaste?
-¡Claro!
-¿Dosa mala?
-No, la rosa no es mala. Mira, ellas solo tienen unas cuantas espinas. Son flores muy frágiles y delicadas. Pero sus espinas, las protegen del mundo, como unas pequeñas garras. Una rosa se lo contó a El principito. Es un cuento muy lindo. Puedes pedirle a tu mamá te lo lea. Por cierto ¿Dónde están tus papás?
-Adento –respondió con naturalidad
¿Sería el hijo de algún empleado? O quizá de un socio de Albert. Candy se fijó entonces en los enormes ojos azules del rubiecito. Era un caballerito muy tierno. Un niño tan pequeño, regularmente ansiaba ser mimado un poco luego de un accidente por mínimo que fuese.
-¿Te gustaría ir a buscarlos? Podríamos pedir galletas como premio porque fuiste muy valiente
-¡Sí!
Emprendieron el camino a la casa tomados de la mano, mientras Candy seguía conversando con él. Luego, volvería por su maleta.
-¿cuántos años tienes?
-Así –dijo mostrándole dos deditos
-¿Dos? Mmm hablas muy bien. Seguro casi cumples tres
Como respuesta solo recibió una mirada de extrañeza
-Y a todo esto ¿Cómo te llamas?
-Anthony Klaisse…
… … …
*La frase entre comillas, pertenece a Simon de Beauvoir.
Hoy vengo con los ánimos renovados y con más tiempo. Yo sé que me he pasado de incumplida, y lo tedioso que resulta esperar tanto, que se ha perdido el hilo de la historia, así que pondré todo mi empeño en volverles a evitar esta situación.
Por cierto, les dejé un mini navideño de nuestros rubios preferidos y un abrazo por las fiestas, con mis mejores deseos. Se llama "Una cena digna de príncipes". En ella, les dejé mis felicitaciones de año nuevo, pero si no lo leen, por aquí también les digo que les envío un fuerte abrazo, con todo mi cariño, y acompañado de mis mejores deseos para este 2015.
Muchas gracias, porque a pesar del tiempo, siguen le tiempo, siguen leyéndome, de corazón les agradezco, aunque sea repetitiva. Para mí es muy significativo saber que siguen mi historia, que me dejen un comentario, que están allí. Su apoyo es invaluable.
Una pequeña aclaración, que quedó volando el capítulo pasado; respecto a los del papá de Albert, que fallece por estrés, es la misma Misuki quien nos lo cuenta en una de las famosas cartas de CCFS, Albert le cuenta a Candy, que su papá muere joven por "trabajar mucho", así que Albert, a mi parecer, debería evitar caer en la misma situación para evitar la misma terrible consecuencia.
Respecto a las rosas multicolor, hemos visto que se encuentran en las propiedades de los Andrew. Que Anthony las cuidaba por ser las flores de su madre. Igarashi pintó una acuarela de Candy, vestida de novia con rosas multicolores en el tocado y el ramo; la imagen circula en la web, y se encuentra en el Museo de Candy, en Japón. Y para finalizar, en CCFS, Candy nos cuenta que en su casa tiene rosas, que no son Dulce Candy y que ella misma las cuida con esmero, pues no se las confía a los jardineros. Parecen ser muy importantes para ella. Y con seguridad, para anohito, o no las tendría en el jardín de su casa. Mmm, y ¿quién dijimos que tiene rosas en todas sus propiedades y porqué?
…
Rocío Castaneda :Hola, guapa. Muchas gracias por darle una oportunidad a mi fic. Estamos en la fase final, así que pronto conocerás el descenlace.
condeza : ¡Igualmente, preciosa! Te he extrañado todo este tiempo, siempre me dejas tu huella por aquí, y ahora sí te me desapareciste. Este capi, no salió tan cortito, ojalá lo disfruten
ishylinda : Pues seguimos pa' avante, mi querida Ishy. Y digo seguimos, porque somos un equipo y hay que trabajar en él. (tú sabes de qué hablo)
Maryel Tonks: Yo creo que nuestro güerito, necesita superar algunos fantasmas del pasado, incluyendo la muerte de su padre. Y en ese proceso, deberá hacer algo por su propia salud. Y ya dije demasiado…
Stear's Girl : Primero, me parece terrible que hayas encontrado un momento de calma hasta que estuviste en el hospital. Ya te pareces a Albert. Habrá que ponerlos en cama a los dos. Y segundo: me ves con ojos de amiga jijiji. Muy honrada con tus flores, pero mucho más, con tu amistad. Por cierto, no salió la posdata. Me quede con la duda.
Sabrina Cornwell : nuestro querido inventor, ha madurado, pero en el fondo y a pesar de la nobleza que siempre lo caracterizó, demostró su valía cuando fue necesario. Así que por su retoño, no dudes que hará mucho más.
Anait White : Hola, preciosa. A mi también me gusta mucho el poder conocer a tanta gente a través de esta plataforma, y continuarla en fb. Ha resultado una experiencia fascinante, divertida y puedo jactarme de tener amistades de sitios que quizá jamás conozca, pero que han enriquecido mi vida de gran manera. Gracias por ello
Liovana : ¡ah! Estoy nerviosa con el final. Yo lo tengo delineado desde el inicio. Es un punto al que he querido llegar, pero no sé si lo consiga. He leído algunas historias, y no solo fics, sino novelas de autores profesionales, que tardan hojas y hojas para llegar a un punto, pero en la última página nos cuentan mil sucesos distintos y ya no me dejan saborearlos por la premura con que los llevan a cabo. En cambio, he leído fics, de chicas aficionadas, como todas aquí, que me dejan sorprendida del nivel de calidad y lo enriquecedor de los detalles. Yo de verdad, espero hacerlo bien, pero en serio estoy nerviosa por ello
Laila : Mi güero no puede ser invencible. Doña Misuki nos lo delineó perfecto, pero Candy no puede disfrutar ni de su compañía por estar trabajando. Y eso, no me gusta. Debe buscar una manera de hacer las cosas bien y no afectar su vida, su salud.
Clau Ardley : Pues sigo con los guiños, a ver si no me mandan por un tubo por andar exponiendo mis conclusiones. Bueno, ni modo, a eso se expone uno. Fíjate que el regresar a Stear a la vida, ha sido un proceso muy rico. Entiendo un poco esos comentarios acerca de "curar los traumas de la niñez" y espero en un futuro, lograrlo con Anthony. Por supuesto, tendría que ser una historia muy distinta, porque mi corazón es Albertfan, pero la muerte de ese personaje, en definitivo sí me traumó en la niñez. Por lo mientras, me arriesgué con Stear, y agradezco infinitamente, el apoyo que he tenido con esa decisión.
Amigocha : Contrastante la reacción de Stear para con su bebé, y la de Albert al pensar en uno. Yo sé que la reacción no va con la personalidad del güero, pero en este momento tiene sus razones. Habrá que ver si las supera y cómo.
¡Feliz cumpleaños, preciosa!
Magnolia A : Agradezco mucho tu review, a sabiendas del esfuerzo adicional que supone para ti el escribir en el teclado. De corazón, espero que tu recuperación sea rápida y exitosa, para tenerte de vuelta.
Tefa Pea : Lo siento mucho hermosa. Espero que este capítulo cumpla un poco más tus expectativas en cuanto a longitud. Pero respecto a contestar los reviews, pues imagínate el tiempo que se toman en leer, y todavía que me dediquen un comentario ¡es fabuloso! Y lo menos que se merecen, es reciprocidad, o sea, que las lea y les responda. Con los minis no lo puedo hacer, más que de forma privada, pero aquí sí. Ese es mi punto de vista. Pero tomaré en cuenta tu opinión de no permitir que mi chismorreo por aquí, sea más largo que el capítulo.
Angdl : Comparto tu punto de vista. Para mí, entrar al candymundo ha sido una experiencia de total aprendizaje. En un inicio, cuando pensé en escribir un fic, me decidí por este fandom, porque ingenuamente creí que no habría lectores tan exigentes con el tratamiento a los personajes. Pero conforme fui leyendo fics, y empecé a encontrar más información y ¡hasta debates! Me di cuenta cuán errada estaba. He conocido en este medio gente muy inteligente, culta, fuerte. Y todas y cada una de las personas con quienes he tratado en este medio, me han dejado un aprendizaje a manera personal. En mi historia, el crecimiento de los personajes fue algo que me propuse intentar. Y me alegra de sobremanera, ver que les resulta notable.
Lukyta : híjoles, pues yo tampoco quiero sufimiento. Pero es parte de crecer. Y es parte de aprender. Y en mi opinión, es el último empuje que Albert necesita para encontrar su felicidad. Espero no escucharme muy contreras, y espero lograr lo que me propongo. Pero mientras, agradezco su opinión.
Respecto a Impermeable azúl, fíjate que lo estoy pensando. Quizá desarrollar la historia en un par de capítulos, para que sea algo más amplio y exploremos más a fondo las razones y sentimientos de tres personas en una situación así. He leído summary, donde Albert es engañado, donde Candy le es infiel, donde se casa sin amor; y dije: " me parece más factible que si ella se casara con cualquier otro, siguiera enamorada de Albert". Me gustaría hacerlo, pero aún no me decido. Es que es un tema algo escabroso. Fíjate que el autor de la canción, Leonard Cohen, vivió esa situación siendo él, el amante. Y la magistralía de su canción, consiste en que se pone en el papel del esposo. Es una jugada interesante. Pero sería un fic muy sombrío. No sé si me salga escribir algo mpas largo en ese tono.
Paloma : Te aseguro que solo un jalón de orejas. Créeme que lo necesitan
Chiquita Andrew : Neniux, que el güero te acompañe a descansar, así se relajan los dos. (plan con maña). Me alegra que te guste la opinión de Stear. Espero que las historias que conjuntan este fic, no distraigan al lector, de la trama central. El hecho de que te guste, a sabiendas que no lees más que de nuestro amado rubio, hace que tu comentario me emocione más.
Vere Canedo : Pues es algo que Albert se plantea debido a su situación. Yo creo que su sentido común se lo grita. Él, en su nobleza, no quiere comprometer a Candy cuando pierde la memoria, se va del hospital y le deja solo una nota. Creo que si eso hizo cuando no la recordaba, ahora que la ama, no la ataría a su lado sabiéndose enfermo.
Faby Andley : Pues aún lo puedes editar y alargar. O hacer una segunda parte. Recuerdo que una vez leí un fic terminado de Labirynth (otro fandom que me encanta). Y cuando estaba el nudo de la historia en la mejor parte, la autora puso "fin, continúa en la parte 2" Fui al fic, que es la parte 2, y ¡solo tenía un par de capítulos! Esta segunda parte, lleva abandonada años ¡y yo, estoy volviéndome loca por no saber el final! Pero si tú realizas una continuación y la terminas ¡sería grandioso!
Chicuelita99 : Pues eso no lo inventé yo, nena. Como mencioné al inicio, es Misuki quien mata a mi suegris por "trabajar mucho". Creo que el mensaje debería ser claro para Albert. Y sin embargo él, con su pasado clínico, debería cuidarse más. Lo bueno, es que Candy va dispuesta a tenerlo en cama… Y a alimentarlo jijiji
Lady Lyuva Sol : Pues si todo sale según lo planeado, en el próximo capítulo te me pones tus mejores galas, porque se nos casa el gatito. Como ves, Annie se gana un premiesote de suegra, así quizá Paty, no envidie nadita la buena disposición que tiene para la pachanga de esta parejita. En cambio, la tía abuela, empieza a mostrarnos que bajo su fría coraza, hay una mujer que debe ser tan noble, como para educar a los paladines como buenos chicos
Nadia M Andrew : Stear es un personaje hermoso, no sé si su creadora buscaba concientizar sobre lo absurdo de la guerra o qué, pero no merecía morir en absoluto. Me alegra que el desarrollo que le he dado sea convincente y que lo sigan queriendo vivito
Josie :Fíjate que en mi vida personal, diciembre fué un mes de mucho trabajo. Me sentí bendecida por ello, pero sé cuán abandonadas las tuve y lo injusto que es. Yo misma he perdido el hilo de otros fics que tardan meses en actualizar, y cuando leo el capítulo, me siento perdida. No me gustaría que eso les pasara con mi historia, pero de verdad ha habido situaciones fuera de mi alcance. Sin embargo, aquí seguimos. Respecto a que te sumerges en la historia ¡es grandioso! Creo que cualquier escritor, esperaría con ansias que eso suceda. ¡Me encanta conocer tu opinión!
sayuri1707 : Pasó que mi güero abusa. Y no es un superhéroe. Debe tomarse las cosas con calma ¿lo conseguirá?
AnaEdith : ¡exacto, hermosa! Diste en el meollo del asunto. Si Albert trabajaba en Londres, significa, que ellos pueden empezar a hacer ciertas cosas.
Me gusta que hayas descubierto algunas cosas, así que no aceptaré, ni negare nada. Sino todo lo contrario jajajaja.
Tqm y aquí estoy para ti. No lo olvides
mfloresmayes : ¡por supuesto que la lastimaría si no se casa con ella! Pero también la lastimó cuando la dejó en el Magnolia porque creyó que era lo mejor para Candy. Albert siempre ha hecho lo que cree mejor para ella. Y en ese aspecto no cambiará. Aunque por otra parte, hay una promesa que debe cumplir
Elisa : Nena, espero que cuando termine este fic, sigas pensando igual y no me odies. Muchas gracias por las flores, por el apoyo y por tu amistad. Ya no te me desaparezcas
Mi güero ¿hará lo correcto esta vez? O cumplirá su promesa…
Kitten Andrew : Pues parece que Candy quiere seguir tu consejo. Y es que con semejante tentación ¿quién no va a querer? Pero mi güero y su rectitud. Debería salir el trotamundos aventurero y ver qué pasa. Ya por lo menos se le olvidarían un rato los problemas. Ese muchachón, necesita una enfermera particular, que le dé sus masajes, comida en la boquita, y me lo apapache mucho.
Ahora la pregunta es ¿se dejará? O seguirá de necio…
luissid : A partir de ahora, no tardaré en publicar. Es que de verdad estuve muy loca este tiempo. Bueno, con decirte que ya llevaba medio capítulo ¡y se me borró el archivo! Me salía que estaba dañado, pero de chiripa, encontré un respaldo que hizo la misma máquina cuando se dañó el archivo (sigo sin entender porqué), y pude seguir sin ponerme a hacer berrinches por el coraje de perder todo.
skarllet northman : No te preocupes tanto, Hermosa. El fin justifica los medios y nuestro güero necesita un jalón de orejas para dejar de descuidarse, en especial con los antecedentes que tiene, tanto de su propia salud, como la de su padre. Así que, esperemos le caiga el veinte.
