Cuarenta y cinco

Quiero ver esa barriguita crecer

Tras recibir el regalo Quinn se lanzó sobre Rachel olvidándose por completo de sus amigos, necesitaba demostrarle todo lo que la amaba y como siempre digo que mejor que demostrarlo con hechos.

Después de unas cuantas sesiones de mimos, cedieron al sueño a causa del agotamiento físico que llevaban pero está de más decir que lo hicieron con una enorme sonrisa.

A las tres de la mañana Quinn volvió a despertase sobresaltada por las horribles pesadillas que sufría. Cada vez eran más reales.

Una vez se hubo asegurado de que Rachel seguía a su lado vivita y coleando trato de volver a dormir pero no pudo no dejaba de pensar en la horrible pesadilla, tratando de no hacer ruido cogió una bata y se levantó para observar la ciudad dormida.

No podía parar de darle vueltas a todas y cada una de las pesadillas que había tenido y ninguna era parecida, lo único similar era el final con la muerte de Rachel ¿El universo estaba tratando de decirle algo?

Había pensado en ir a hablarlo con algún psicólogo para que le ayudara, necesitaba descansar algo más de dos o tres horas, cada vez sus ojeras se volvían más grandes y moradas, aunque el maquillaje hacía milagros, le era más difícil ocultarlas y si no su madre estaría allí para recordárselo.

Todo empezó tras el casi accidente que sufrió Rachel el cual tuvo la suerte de ser rápida y haberla podido salvarla, pero sabía que algo dentro de ella se había roto y no sabía cómo arreglarlo, hasta ahora había conseguido sobrellevarlo aunque iba durmiéndose por los rincones.

Beth ya estaba de vacaciones y debía estar atenta para poder cuidar de la pequeña que por mucha ayuda de sus amigos y familiares era su hija y era un auténtico trasto, que no paraba quieta.

Al pensar en Beth comenzó a sonreír al recordar el regalo que le había hecho Rachel, era uno de los mejores recuerdos que podía tener en su vida.

-Cariño, ¿te encuentras bien?- dijo suavemente Rachel sacándola de sus pensamientos.

Quinn asintió con una leve sonrisa – ¿Otra pesadilla?- le cuestiono preocupada la castaña.

Al ver la preocupación de su novia decidió mentirle seguro que sería una tontería o algún miedo interior que podría solucionarlo ella misma –No, ya no las tengo desde que tú estás cerca- la abrazo para que evitar que le mirar a los ojos y estos le delataran.

La castaña no muy convencida decidió dejar el tema para después -Vamos a la cama que aquí hace frio- dijo Rachel tirando de ella con una enorme sonrisa.

Empezó una sesión de besos que acabó con ella sobre Quinn –No es que me queje pero creo que deberías descansar mañana tienes que volver a LA y llegaras directa a grabar- dijo mientras volvía a besarle.

-Pues tendré que sobrevivir a base de café – rio Rachel bajando dejando un rastro de besos hasta llegar a la zona intima de Quinn –¿Lo has oído?- dijo Rachel levantando la cabeza.

Quinn con una sonrisa se incorporó sobre sus codos para mirarla con el ceño fruncido -¿El qué?-

Rachel trataba de ocultar la sonrisa pero no pudo –Como claman por mi lengua tu peque…-

-No ni se te ocurra Rach, te lo prohíbo terminantemente, ni se te ocurra ponerle un nombre a mí ese como a los tíos a su esa- reía Quinn.

-A mi ese a su esa, cariño llámalo por su nombre- Rachel subió hasta el oído de la rubia –tu preciosa y jugosa vagina- dijo dándole un beso en los labios –la cual me voy a comer- rio volviendo a bajar.

-Si me llegan a decir en el instituto que la buena de Rachel Berry llega a ser a si en la cama… AHHH- no llego a acabar la frase por culpa de un gemido cuando sintió como Rachel metía sus dedos dentro de ella.

Después de un par de sesiones de sexo, Quinn subía esta vez dejándose caer sobre su espalda al lado de Rachel que seguía recomponiéndose del último orgasmo que acaba de tener.

Rachel observaba en todo su esplendor a su novia -Quinn he estado pensando en lo del bebe- dijo abrazándola por la cintura y apoyando su cabeza en el pecho de Quinn –Quiero que seas tú la madre-

-Rachel somos demasiado jóvenes…- Rachel no la dejó acabar.

-No te estoy hablando de ir mañana a hacerlo solo te digo que cuando decidamos tenerlo quiero que seas tú la madre buscamos a ese gemelo que tengo por ahí perdido en el mundo para que pueda parecerse a mí, pero quiero ver crecer tu barriguita, consentirte todos tus antojos, especialmente los sexuales- rio Rachel alzando las cejas sugerentemente. Quinn no la dejo continuar y le beso de los labios.

-No me digas esas cosas que me enamoro- rio Quinn al separarse.

-Creí que ya lo estabas Fabray- dijo seria Rachel imitando el gesto que solía hacer Quinn cuando se enfadaba.

-Imitándome Berry- dijo Quinn elevando la ceja aguantando la mirada con su cara más perra.

-Yo también quiero que te pongas tan gordita que con lo que pequeña que eres seguro que rodaras- bromeo la rubia abrazando fuerte a Rachel tras recibir un golpe de esta.

-No me digas eso que me desenamoro- bromeo Rachel, haciendo reír a la rubia

-No quiero que te vayas, te necesito a mi lado para ser feliz- dijo en un puchero Quinn.

-Cariño sabes que en una semana estáis allí- dijo besándola.

-Está bien, durmamos un poco pronto amanecerá y mañana tendrás un día agotador- dijo la rubia abrazando a Rachel por la cintura y dejando caer su cabeza en el pecho de la castaña.

Rachel se acomodó estrechando a la rubia entre sus brazos besando su cabeza –te quiero- dijo antes de volver a dormir.

La verdad que estaba agotada y rápidamente dejo vencer a Morfeo en cambio la rubia, no consiguió dormirse con tanta facilidad como la solía hacer antes, dentro de ella tenía un pequeño temor, causado por las horribles pesadillas que sufría cada noche, y ese miedo incrementaba al estar separada por km de la castaña.

Inconscientemente se aferró más fuerte al cuerpo de la castaña, consiguiendo esta vez poder descansar un poco.