NI LOS PERSONAJES, NI LA HISTORIA DE CANDY CANDY ME PERTENECEN, PERO ÉSTE FIC, ES MI PEQUEÑO HOMENAJE A LA MISMA, TOTALMENTE CON FINES DE ESPARCIMIENTO.
41. Cambios inesperados
Albert sabía la verdad acerca del pequeño Anthony. Cuando conoció al niño, supo porqué Elisa había elegido ese nombre. Era imposible que fuera un Andry, y sin embargo, quizá no los rasgos (a pesar de ser rubio y de ojos azules); pero sí la expresión le resultaba muy familiar. Había pasado horas contemplando al hijo de Rosemary cuando nació, de la misma manera que había pasado años, lamentando el accidente que le arrebató la vida.
Anthony Klaisse, tenía ese aire de inocencia que poseen todos los niños, se portaba como un caballerito educado y algo tímido pero había algo en su mirada, una especie de ímpetu reprimido, el carisma de un chico que con amor y cuidado, saldría a flote. Él consideraba que Eliza no sería capaz de sacar lo mejor de sí misma por un tercero, menos, por un pequeño huérfano; su intención al castigar a su sobrina, enviándola a un orfanato, era que valorara el hogar y la familia protectora que tenía, no imaginó jamás el alcance de esa acción.
Apenas unos meses atrás, le hubiera parecido imposible todo lo que James le contaba. Él era la clave en el rompecabezas. Un buen tipo que se cruzó por el camino de su arrogante sobrina y que le enseñaba poco a poco el placer de compartir y cuidar de un ser amado.
Algunas piezas encajaban cada vez mejor en el engrane que suponía la actitud de Eliza. En primera, ella había amado a Anthony Brown realmente, como niños, como primos, como un primer amor quizá, no había duda en ello. Pero la habían educado de forma egoísta. Con sus padres interesados en su propios beneficios y enseñándoles a sus hijos que eso era lo correcto.
Cuando Candy entró de la mano de su recién estrenado paciente, y observó la reacción sinceramente preocupada de Eliza, se sorprendió, ni siquiera hubo una mala cara o actitud hacia la rubia, su mundo en ese instante, giraba en torno al niño. Cuando James agradeció a Candy el auxilio brindado, incluso la pelirroja asintió. No dijo nada, pero el reconocimiento a su ayuda suponía un gran avance. Albert sabía que no serían amigas, pero Eliza mostraba signos de madurez. Había encontrado algo mucho más interesante para emplear su tiempo y energía, por tanto, Candy ya ni siquiera le importaba.
Supo que no había marcha atrás. Los Klaisse eran una familia. Sin boda, sin papeles, sin resquemores. James había tomado una excelente decisión al adoptar. Era su padre, y sucediera lo que fuese en un futuro, seguiría siéndolo. Un padre soltero no era juzgado, la sociedad ni siquiera se cuestionaba el porqué de su situación. La misma tía abuela, había dado por hecho la viudez del joven. Pero James por amistad y confianza, le había contado la verdad a Albert: Cuando había acompañado a Eliza a comunicar su partida del orfanato de Florida, el pequeño Anthony corrió a los brazos de "Liz". Ella claramente lo adoraba y él pudo ser testigo de que no era un capricho. Habían formado un lazo de amistad, de complicidad, de confianza y de cariño. Tan claro que parecía casi tangible y quiso ser parte de esa unión.
Ni siquiera consultó con ella. Cuando Eliza llegó a California, Anthony ya vivía con James. Era demasiado orgullosa para llorar, pero se mostró radiante de felicidad. Poco a poco, iban conformando una familia; una familia que vivía en apartamentos separados por un pasillo.
Candy no pudo hablar con Albert a solas luego de su llegada a causa de la reunión que se llevaba a cabo. Los siguientes cuatro días, las cosas fueron de mal en peor, los rubios solo coincidían en las comidas de la mansión; en apariencia, Albert trabajaba como un obseso, pues casi no se encontraba en casa, y cuando lo hacía, se hallaba encerrado en el despacho con George, Neal y James.
Candy incluso soportó las tardes de té al lado de Elisa y Karen que eran inusualmente similares en cuanto a carácter, o al menos, así lo percibía. Secretamente, disfrutaba el ser testigo de ciertos intercambios de opinión entre las pelirrojas. Karen sabía poner en su lugar a Eliza, pero al mismo tiempo la sobrellevaba bastante bien. Algo que la rubia jamás habría podido hacer. Procuraba escapar luego de permanecer estricto lo suficiente y prefería caminar en el bosque o incluso, pasar el rato charlando con la tía Elroy.
La tarde anterior a la boda de Archie y Annie, se realizó un té en casa de los Britter para celebrar a la inminente novia, todo en un ambiente refinado y elegante. La señora de la casa, no tuvo reparos en los gastos, las porcelanas más finas engalanaban las mesas y los bocadillos más exquisitos, deleitaban los paladares de las damas.
Los consejos brindados a la futura desposada, secretamente eran memorizados por Candy, aunque en el fondo, no se encontraba muy de acuerdo con algunos, sabía que como pareja de Albert, o mejor dicho, del patriarca William Andry, se esperaba esa actitud obediente y recatada que tanto repetían a Annie, para ser una buena esposa. Y sin embargo, al mismo tiempo, por lo bien que conocía a su querido novio, sabía que Albert no desearía una mujer sumisa y callada. Muchas veces él le había afirmado que admiraba su independencia, su fortaleza y respetaba ante todo, su opinión. ¿Cómo lograr el balance perfecto entre lo que la familia y la sociedad esperaba y lo que realmente el Albert que conocía, y amaba de ella? Las divagaciones de Candy terminaron cuando de los labios de Janis Cornwell, algo achispada luego de un par de brindis, declaró ante las risas y asentimientos de la concurrencia:
-Annie, querida, el asunto es fácil, los hombres disfrutan cuando su vanidad es halagada, hazle creer que el punto final es suyo, aunque hayas manipulado las decisiones a tu favor. Si mi hijo es igual a mi esposo ¡Nunca lo notará! Y si eso no funciona, siempre está el chantaje sobre la vida íntima…
Candy, sorprendida, solo atinó a ver a la tía Elroy a punto del soponcio, sobando su sien, por lo que decidió acompañarla de vuelta a la mansión antes que la reunión tomara un tono más pícaro como empezaba a suceder cuando otra señora asintió y empezó a ahondar en el tema.
Cuando regresaron a la casa, los chicos se habían marchado ya. Archie también tenía una reunión para despedirse de su soltería. Por supuesto, había declinado la propuesta de algunos compañeros becarios del Banco acerca de acudir a un prostíbulo. Suficiente con las anécdotas que le habían contado; historias francamente nauseabundas acerca de aquellos sitios. Él mismo, se había librado del famoso "rito de iniciación" a los 14 años en un lugar de dudosa reputación al que su propio padre planeaba enviarlo, siendo tal plan arruinado por la temprana y trágica muerte de Anthony.
¡Cómo si hubiera necesitado tal cosa! Desde mozalbete el Benjamín Cornwell era un pequeño seductor. Coqueto, impetuoso y ¿Porqué no reconocerlo? Guapo. O al menos, intentando cuidar su aspecto para resultar atractivo. Y por supuesto que lo era: con una suave y varonil voz, el cabello rubio cobrizo, las facciones finas y los característicos ojos azules de los Andry. Atrás quedarían esos días en que corría a esconderse con alguna linda muchacha a un rincón del jardín mientras se llevaba a cabo algún baile. No más besos en la mano para ruborizar a las chicas, no más coqueteo insinuante, no más besos ni caricias indecentes a señoritas traviesas. ¿Quién imaginaría que terminaría enamorándose de la más seria y tímida de todas? De la que a pesar de evidentemente estar enamorada se autoimponía límites morales. De la que supo negarse en el momento necesario y apoyarlo en cambio, en los momentos más duros de su vida. La que no dudaba en mentir por él, en luchar por él, y ceder al final, a unirse a él… Archie se hallaba emocionado, feliz y más enamorado de lo que jamás se había sentido. Y pese a lo cursi que le resultaba, contaba las horas para llamar su "esposa" a Annie Britter.
Mientras los caballeros pasaban un rato relajado y ameno, Candy y la tía abuela tendrían en casa una escena muy diferente.
-Me retiro a descansar, este día fue muy agitado
-La acompaño, tía –solicitó Candy al verla agotada y con un deseo legítimo de ayudar
Candy solo había entrado una vez a la habitación de la tía abuela, y en aquella ocasión, debió esconderse luego de atender a la señora Andry. Por vez primera ponía real atención a la decoración. Se dirigió a encender la chimenea para calentar el cuarto y algunas pequeñas pinturas encima, llamaron su atención. Un pequeño retrato hecho a mano, de un hombre muy parecido a Albert, el de una mujer rubia y el de una joven castaña. Se fijó con atención y pudo ver los rasgos de… ¿La tía abuela? Elegante y refinada, al igual que los jóvenes que la acompañaban
-Son mis hermanos, Janet y William –respondió la anciana a la pregunta no formulada
Candy acarició la pintura. Alguna vez los hermanos de la tía fueron jóvenes, seguro habían sido sus compañeros de juegos y aventuras. El papá de Albert falleció apenas entrando a la madurez, la abuela de Stear y Archie, por lo que sabía, un poco antes, puesto que los Cornwell, no la conocieron. "Las mujeres de la familia, en su mayoría, morían jóvenes", le había dicho Albert. Pero lo que verdaderamente llamó su atención, fue el gesto alegre de la tía Elroy. Nunca la había visto así, tan llena de vida y feliz; inevitablemente, la escena provocó una sonrisa en la chica.
-Luce usted muy guapa, tía.
-¡Tonterías! El único retrato donde me gusta mi apariencia es el de mi boda. – exclamó arrepintiéndose al instante, a sabiendas de la actitud que inevitablemente tomaría la rubia
-¿Puedo verla? –preguntó con curiosidad
Lo imaginaba. Quizá en el fondo, hasta lo deseaba. Las inminentes bodas de sus sobrinos, habían tocado las fibras sensibles de la señora Andry. Con un suspiro de resignación, señaló el buró junto a la cama. Sobre el mueble se hallaba el retrato de una jovencísima Elroy Andry y un hombre bastante mayor, que le daba un aire familiar a Sarah. El señor Briand era padre de la señora Leagan, al fin y al cabo, en algo debía parecerse.
-Tía ¡En verdad se ve radiante! –aseguró con sinceridad al verla evidentemente feliz, de pie, con toda la clase y elegancia que la caracterizaba, con una sonrisa que arrugaba los ojos a pesar de su juventud, mostrando con desfachatez todos los dientes, mientras el varón, sentado en una silla, se limitaba a sonreír con los labios apretados.
-Su vestido es hermoso ¿Era bordado? –mencionó al ver el brocado que lo adornaba. En los últimos días había visto tantos vestidos, la prenda llamó su atención. La pintura estaba finamente detallada.
-Sí, bordado a mano.
-¡Es precioso! – la rubia, recordando lo que días atrás habían charlado, intempestiva, como siempre, expresó una idea que le llegó en un ataque de inspiración
-¿Y si yo lo uso?
La señora Elroy se sorprendió. ¡Era la primera vez que alguien le pedía su vestido! ¡Y con tanta emoción. Pero sabía que ella tenía ya uno y sabía que la muchacha que tenía frente a ella, merecía algo nuevo, después de los años de carencias que había vivido en su niñez, William desearía verla en sus mejores galas, no en un vestido viejo y usado.
-Candy, -dijo con afecto- Me siento muy halagada de que me propongas algo así, pero el modelo está pasado de moda, amarillento por encontrarse guardado, y como podrás darte cuenta, tú eres mucho más delgada de lo que yo era en esa época, seguro tardarían mucho en arreglarlo. Además, tú ya tienes un vestido
-Pero tía, no es tan especial como el suyo…
Elroy, cada vez más conmovida por esa chica locuaz, e impulsiva que hacía sin percatarse un leve puchero, decidió mostrarle que su petición era un absurdo.
-Nada perdemos con verlo
Acto seguido, la tía abrió el baúl que se encontraba a los pies de su cama y sacó un gran veliz verde que colocó sobre esta. Lo abrió y Candy pudo ver un atisbo de nostalgia en la mirada de la anciana. Miró hacia el baúl y allí estaba; la imagen de la boda no le hacía justicia, la tela del vestido estaba cubierta de un brocado en hilo de oro delicado y muy bello. Se notaba el cuidado que habían puesto sus realizadoras. Pero al sacarlo, tal como había dicho la tía, era enorme. El diseño holgado con una pretina en la cintura, de la que colgaba tela, lo hacía ver aún más grande, no era el tipo de vestido al que pudieran hacérsele pinzas, era evidente que debían descoserlo, ajustarlo, bordar la unión para que no lucieran dispares las aplicaciones. ¡Demasiado trabajo!
-¿Ves? Tenía razón. Es muy grande para ti, y se ve antiguo. A William le gustaría verte con lo mejor, no con algo viejo. Estoy segura
Cuando estaba a punto de guardarlo, Candy observó el baúl, contenía un encaje brillante, bordado delicadamente, femenino y hermoso. Sin pedir permiso, lo tomó como atraída por un imán. Era la tela más bonita que había visto en su vida.
-Es el velo. La tradición dice que las novias deben ser puras, es decir, que nada del medio ambiente puede tocar y quizá arruinar su aspecto, el velo cubre de toda impureza.
Como por reflejo, la chica lo colocó sobre su cabeza y se miró al espejo. Nunca había sido vanidosa, pero pudo imaginar a Albert con un frac negro a su lado. Y los ojos se le pusieron acuosos al instante. Estaba tan cercano el día de ser su pareja para siempre. De tener una familia. Ella no tenía una madre, casi no sabía nada de la madre de Albert, pero sabía que la tía y Rosemary habían cuidado de su pequeño Bert, "a pesar de lo estricta", según sus propias palabras.
-¡Perdón! Lo lamento, tía, pero es que es tan bonito… No pude resistirme y… Este… Tía ¿Me prestaría su velo para mi boda?
Lucía bien. Candice se había vuelto guapa después de ser una adolescente desgarbada y flaca. Conservaba esa mirada infantil que hacía querer decirle que sí a todo. O quizá la edad empezaba a suavizar el carácter de la anciana. El brillo dorado del bordado resaltaba su cabello rubio. Parecía hecho para ella. Nadie usaría su vestido, pero el velo… El velo lo usaría la futura matriarca del clan.
-Te lo regalaría, pero necesitas algo prestado –afirmó la tía con fingida seriedad, para beneplácito de la rubia, que llena de alegría, exclamó:
-¡Gracias tía abuela! ¡Lo cuidaré mucho!- al tiempo que casi saltaba sobre ella para abrazarla
-Ya, ya. Déjame descansar. Déjalo ahí encima, lo mandaré a lavar. Llama a alguien del servicio para que venga a ayudarme, anda.
-Yo podría…
-Candice, no. Serás la esposa de William, no debes ofrecer tal cosa. No te olvides de cuál será tu lugar en esta casa.
-Sí tía, lo siento. –se disculpó con un leve rubor asomándose por sus mejillas.
Salió de la habitación brincando de alegría. Una felicidad que se empañaba al estar separada por tantos días de su querido Albert. Pero esa noche, no se salvaría.
Luego de conseguir la ayuda para la tía, se dirigió a su la cocina a tomar una bebida caliente. Esperaría al rubio así fuera hasta la madrugada; hasta parecía que se escondía ¿qué rayos le pasaba?
Como supuso, el joven patriarca llegó antes que el resto de los caballeros, acompañado de George y se dirigió directamente a su despacho. ¿Trabajaría a esa hora? Sin perder tiempo, ella lo siguió.
-Buenas noches, Albert
El rubio, sorprendido por su irrupción, extrañamente sin tocar, supo que no podía posponer más el momento de la verdad. La situación no le resultaba nada grata, pero ansiaba pasar tiempo con Candy.
-Hola, pequeña. ¿Te divertiste hoy?
-Sí. Fue… Interesante. La verdad no imaginaba que estas reuniones fueran así. En el hospital he escuchado unas historias, que… -se detuvo antes de hablar de más. Cosas de mujeres eran exclusivo de mujeres. -Pensé que estarías con George
-Está preparando su equipaje
-¿A dónde viaja? -preguntó extrañada -¿No asistirá al enlace de Archie?
-Por supuesto. Se va luego de la fiesta. Viajará en la noche a Nueva York y por la mañana parte a Europa
-¿A Europa?
-Sí. Sabes que tenemos negocios en Francia, por eso mi padre lo conoció en primera instancia. También visitará algunos familiares de los Andry en Reino Unido, aprovecharemos para enviar las invitaciones a nuestro enlace con él. Aunque la tía organice la fiesta en Escocia, algunos parientes podrían considerar un desaire el no ser invitados a la ceremonia religiosa. Dijiste que no te importaba que fuera una boda grande. Tendrá un viaje movidito.
-No me molesta en absoluto. Espero que George regrese a tiempo ¡Es tu padrino!
-Lo hará, no te preocupes. Ahora, cuéntame de tu reunión
-Te contaré después ¿Dónde te has metido, bribón? Llegué hace una semana y casi no te he visto. Ya mañana es la boda de Archie.
-He estado trabajando, Can… ¿Me dijiste bribón? –preguntó con asombro
-Ja, ja, ja. ¡Sí! Pareciera que te escondes de mí –se quejó haciendo un mohín
-Por supuesto que no. Entiende que para nuestra boda debo haber dejado todos mis pendientes resueltos o no podría dedicarte el tiempo que mereces
-Bert, no es una obligación ¿sabes?
-No quise que sonara de esa manera, sabes que no lo pienso así… Lo sabes ¿Verdad?
-Mi corazón ¿Crees que no sé con quién me desposo? No podría apartarte de tus responsabilidades. Y si es necesario que trabajes en nuestra luna de miel, está bien. Pero por favor, no te fuerces ahora. ¡Luces terrible!
-Gracias –contestó alzando las cejas
- No estoy bromeando. Luces tan cansado… No quiero que te presiones tanto. Por favor
Albert lo comprendió. Su peor temor se hacía realidad. Ella lo sabía. Luego de un fuerte suspiro, preguntó:
-¿Cuándo hablaste con el doctor Martin?
-Antes de volver… -respondió haciendo que el chico cerrara los ojos con pesar. Lo sabía.
-Candy, no puedo obligarte a vivir en incertidumbre. Entenderé si deseas posponer la boda… Indefinidamente
-¿Qué? Pero ¿Porqué me dices tal cosa? Yo…
-Porque no quiero atarte a alguien que no te recuerda. No puedo pasar por lo mismo otra vez. Y no puedo hacerte pasar algo tan cruel. Ya me cuidaste una vez, pequeña. Si la amnesia vuelve, no sería justo que…
-La amnesia ¿Puede regresar? –preguntó cubriéndose la boca con la mano para no gritar de frustración. ¿Cómo no lo supuso? Viendo lo lívido que se había puesto, lo confirmó ¡Eso era!
-Diijiste que hablaste con Martín… -afirmó en un susurro
-¡No me dijo eso! – alzó la voz, apesadumbrada- Albert, no voy a dejarte ni a posponer la boda.
-Pero…
-¡No quiero! –exclamó levantando la voz
-¡Qué genio! Nunca me habías hablado así
-Y aunque estés a tiempo de arrepentirte por casarte con una gruñona como yo, tampoco lo voy a permitir.
-¡Candy! – exclamó con una pizca de diversión a pesar de las circunstancias. ¡Pero qué obstinada mujercita!
-Albert, el doctor Martín no mencionó nada de la amnesia, pero tú sabías que esa inquietud estaba latente, en especial por la intempestiva partida de tu padre a temprana edad. Yo no quiero que te suceda lo mismo. Y pensé que tú tampoco
-Por supuesto que no…
-Entonces, piensa en cuáles son tus prioridades. En Florida también laborabas como un loco, hasta que cediste la idea del consorcio a Neal. El dinero de la familia está bien invertido en ese proyecto, pero no estás a cargo, confías en otras personas. ¿Por qué no puedes hacer lo mismo con el banco?
-Neal está aprendiendo, pero James es bueno en lo que hace. Y es honesto. Es difícil encontrar gente de confianza a ese nivel
-Siempre has dicho que George es quien ha manejado siempre las inversiones del sector empresarial ¿Porqué ahora haces todo tú? George es de tu confianza. Podrías delegarle esa responsabilidad. También dijiste que Archie es el futuro del banco
-Archie se va a casar. Y aunque sé lo que dije, y lo confirmo, aún le falta experiencia.
-Pero a George no. Y puede asesorar a Archie de la misma manera que James a Neal. Si es necesario, yo misma entro a la escuela de negocios. Pero no te voy a dejar con toda la carga a ti. Y no soy una mimada egoísta, entenderé si debes trabajar cuando recién nos casemos.
-¡Candy!
-Y respecto a tus otras inversiones ¿Por qué la presión?
-Es normal en el mundo de los negocios vivir con cierta presión. Te lo dije una vez, quiero llevar a cabo con orgullo para lo que fui educado. Viví años escondido por esto ¡Qué valga la pena! Además, George se va de viaje. Él está bastante ocupado, no creas que se sienta a verme trabajar.
-Tú me lo prometiste, dijiste que lo compartiríamos todo. ¡Y no me habías contado nada! –exclamó con desespero lanzándose a sus brazos
-Lo sé, lo siento. Esperaba el momento adecuado. –la consoló acariciando su cabello y pensando cuan afortunado era por contar con ella. Se sentó en el sillón del escritorio colocándola sobre sus piernas, cual niña pequeña.
-Cada vez eres más como la tía Elroy. Y tú me dijiste que preferías la naturaleza a la gloria o a la riqueza…
-¡Hey! Ese fue un golpe bajo.
Candy levantó la mirada hasta entonces escondida en el pecho masculino y viendo su ceño fruncido, con toda sinceridad afirmó:
-No puedo soportar la idea de perderte. No quiero que enfermes por dinero y responsabilidades relacionadas a él. Mucho tiempo fuimos pobres ¿Recuerdas? Y éramos felices…
¡Claro que lo recordaba! Y cuánta razón tenía esa mujer. No podía vislumbrar una vida sin ella. Y tampoco iba a dejarla sola. Pero era un hombre fuerte y no abandonaría sus obligaciones.
-Te amo, Candy. Te prometo que viajaremos con libertad cuando termine. Créeme que todo es por ti, para pasar tiempo contigo cuando…
-¡No! No te voy a dejar solo nunca más, Bert. Si debes viajar, yo iré contigo; si debes instalarte por tiempo indefinido en otra ciudad, yo estaré a tu lado. Solo quiero que te tomes las cosas con calma
-¡No te voy a alejar de tus seres queridos!
-Lo sé. Por eso me vas a permitir ir contigo a donde debas hacerlo. Porque tú eres mi ser no solo querido, sino amado. Porque vas a ser mi esposo y mi familia. Sé que haces muchas cosas para poder estar a mi lado, y que es porque no quieres que me separe de ti. Y lo sé porque es exacto lo que yo deseo. Y es lo que voy a hacer. Si algún día tienes problemas con tu memoria, yo voy a estar junto a ti, y no me vas a olvidar porque mi rostro será lo primero que veas cada mañana y lo último cada noche. Yo sí voy a saber quien eres. No quieres ser egoísta, te conozco. Por eso pensaste en aplazar la boda, pero ¿Sabes? Esta vez yo sí quiero ser egoísta. Porque no quiero que nada me aparte de ti, porque ya me dejaste una vez y mi mundo se derrumbó. No lo soportaría otra vez, pequeño Bert.
Albert tenía un torbellino de ideas en la cabeza. Candy tenía razón, no quería separarse, aunque en el fondo tuviera miedo de lastimarla, de perderse a sí mismo otra vez. ¿Valía la pena en verdad todo lo que hacía cada día? ¿Su salud lo valía? ¿Sus recuerdos? Su padre era un hombre muy inteligente, que había trabajado cada día de su vida adulta, que sacrificó su salud a costa del beneficio económico de la familia. Pero en cambio, había condenado a Rosemary a permanecer alejada de su esposo, cuidando a su pequeño hermano, lo había condenado a él mismo a vivir oculto y solo. Y a pesar de sentirse orgulloso de su padre en el ámbito laboral, de manera íntima estaba seguro que hubiera preferido poseer menos bienes materiales a cambio de una vida familiar común y corriente.
No iba a condenar a la persona más importante de su vida a pasar por lo mismo. Pero ¿Qué hacer?
-¿Te confío un secreto, Albert? El doctor Lennard me prohibió atenderte en el hospital hasta que estuviera diplomada. Recuerdo que puse todo mi empeño en aprobar el examen. ¿Sabes para qué? Para cuidar de ti. Ni siquiera sabía cuan responsable eras de haberme cuidado constantemente en mi vida, solo sabía que era lo que más deseaba en el mundo.
-Candy, perdóname. Sé que debí hablarlo contigo, pero estás tan presionada con los viajes entre el Hogar de Pony y Chicago, con la ampliación de ese lugar tan importante para ti y para mí, apoyando a Annie con los eventos para recaudar fondos. No quise preocuparte. Ya has dejado tu carrera momentáneamente, no puedo pedirte más sacrificios. Solo quiero que seas feliz
-Corazoncito, tenerte en mi vida me hace feliz. Grábatelo y cuida tu salud. Tendré que poner en práctica los consejos de Marie Jane y tratarte como a un paciente difícil. Voy a regañarte, si es necesario. En adelante, vas a descansar más y vigilaré que te alimentes adecuadamente…
-Pequeña, aún no estoy enfermo ¿Sabes? Solo tengo jaquecas ocasionales.
-¡Ni lo estarás! De mi cuenta corre que William Albert Andry, llegue a ser un venerable anciano del que me pueda burlar llamándolo "tío abueeelo". Y cuando te duela algo, por mínimo que sea, házmelo saber ¿No sabes que soy la mejor enfermera de Illinois?
El rubio estalló en carcajadas. La escuchó hablar con tal convicción, que se sintió sobrecogido. Y en un arrebato de amor y pasión, la besó con vehemencia. La besó y la besó hasta quedarse sin aliento, y aún así no fue suficiente. No le importó estar en el despacho, ni que la parentela quizá rondara cerca de la habitación. Las masculinas manos siguieron el camino conocido, acariciando el delicado cuello hasta llegar al cierre en la espalda femenina, deslizándolo con facilidad hacia abajo. Deseaba sentir su piel, conectarse con ella un nivel físico y espiritual. No para un goce físico, sino para sentirla suya, para sentirla parte de sí. Porque todo su ser le pertenecía, y deseaba que ella fuera suya también.
-Prométeme que al menos vas a intentarlo, Albert. Por favor
-Te lo prometo, enfermera. Pero no estoy seguro hasta dónde poder delegar ahora. Dame un tiempo ¿Sí? Para poner todo en orden, para buscar al equipo ideal.
-Confío en ti, pequeño. Siempre…
Acarició la afinada mandíbula y reafirmó lo guapo que era. Cada poro de su piel era perfecto para ella. Desde niña le había parecido apuesto. En cada cambio, en cada corte de cabello, en el cambio de castaño a rubio, con barba o sin ella. Siempre lo había visto hermoso. Con ese perfil afilado que tanto le gustaba y con el que nadie que conociera podía competir. Podía perderse en esa mirada amorosa que le dedicaba solo a ella. Admiró casi con veneración el color de sus ojos, tan azúl que no podía compararse con ninguna piedra preciosa que conociera, solo con el más bello cielo de la mañana.
Mientras ella se hallaba arrobada con la visión del rostro que tanto le gustaba, su vestido yacía sobre la alfombra. Él, no había dejado de mirarla a los ojos, pero sus manos recorrían las formas convexas de la chica con delicadeza. La respiración de ambos se agitaba a cada momento, y al mismo tiempo estaba sincronizada. Como si fuesen amantes desde mucho tiempo atrás, como si sus cuerpos se conocieran a la perfección, y sus corazones quisieran latir a la par. Fue el turno de ella para dejarse llevar y besarlo con ansiedad. Con todo el miedo reprimido por la agonía de enfrentarse a perderlo. Con todo el amor que le profesaba.
Y sin embargo, en un acto desesperado, ella lo frenó
-Creo que deberíamos parar… Ahora
El chico la observó confundido. ¿La había ofendido? O ¿Tan enojada estaba? Ella sabía que él podría contenerse hasta la boda, no era un bruto, ni un animal, entonces ¿qué le sucedía?
-Vamos arriba, a descansar. Si quieres, podemos dormir abrazados. Pero ven conmigo…
Por la dulce sonrisa que ella le dedicó, era capaz de hacerlo todo. Y sin embargo, no podía, justo ese día…
-Pequeña, debo terminar esto. George se llevará estos documentos. Sube y te alcanzo ¿Te parece?
-No
-¿No?
-Te lo has perdido, pequeño Bert. Y hasta que no descanses como debes, te aviso que nada sucederá entre nosotros… -afirmó con calma arreglándose el vestido
-Exactamente ¿Qué es nada? –preguntó nervioso ¿Lo estaba "reprendiendo"?
-Nada de nada. Nos comportaremos como la tía abuela espera que lo hagamos. Lo más atrevido, sería un casto beso en la mejilla
-¡No hablarás en serio! ¿No puedo ni besarte?
-Por supuesto que puedes ¡Eres mi prometido! Es más, ansío que te decidas a hacerlo. Solo debes cumplir mi petición
Y con una pícara sonrisa salió del despacho mientras el anonadado rubio, procesaba la amenaza de su novia
-¡Candy!
-¿Sí? –preguntó asomándose hacia adentro
-Puedo resistirme a las caricias si es lo que deseas. Pero me va a estresar más el no poder besarte… -afirmó en tono de súplica
-¡Pues no te contengas, Bert! Descansa, relájate y estaré disponible para lo que tú quieras…
Candy, su dulce chica, lo chantajeaba ¡Y de qué manera! Albert no podía creer lo que le había dicho. Y sin embargo, vislumbró un atisbo de lo que sería su vida de casados, con la rubia haciéndole seductoras promesas que él cobraría con placer, y, a pesar de sentirse físicamente frustrado, no pudo más que sonreír.
Al día siguiente, la familia no desayunó junta, el novio planeaba reponerse del desvelo para no tener la apariencia de resaca en su boda, sin embargo, contaba con un hermano al que poco le importaba la apariencia del susodicho, por lo que a las 9 en punto llegó a la mansión y acudió a despertarlo. Sin importar las protestas, lo arrastró fuera de la cama y lo instó a subir a la casita del árbol, su idea era tener una charla y asegurarse de que Archie supiera sobre la delicadeza y paciencia que debía mostrar en su luna de miel. Sin embargo, al hallarse en aquel sitio, testigo mudo de tantas aventuras de infancia, el recuerdo de Anthony invadió el tema de conversación.
Anécdotas divertidas sobre el trío de niños que alguna vez fueron, la burla a sí mismos remontando la ocasión de ser amarrados a un árbol por la mismísima la tía abuela en un arranque de exasperación por sus múltiples travesuras, y la admiración que profesaban a su primo por salvarse una y otra vez de los castigos a pesar de afrontar su culpabilidad en los hechos, el considerarlo el "favorito de la tía" a sabiendas que ello se debía a que Anthony pasaba más tiempo con ella que nadie, nunca se saltaba el té por más tedioso que le pareciera siendo solo un niño, probaba sin chistar los bocadillos excéntricos que la tía ordenara; cómo olvidar que mientras ellos brincaban en los charcos, Anthony la acompañaba leyendo en la biblioteca durante las tardes lluviosas.
Anthony se sacrificaba por ellos, o quizá disfrutaba pasar el tiempo con la tía abuela; solo se rebeló alguna vez, por defender a Candy de las injurias de los Leagan.
Candy, la niña de la que los tres paladines se habían enamorado, la chica a la que ambos renunciaron respetando su decisión y la mujer que los conocía tan bien, que no había errado al presentarle a Stear a su mejor amiga; y en insistir a Archie, le diese una oportunidad a su hermana. Paty, era ya la esposa del primero y madre de su futuro hijo, y en ese mismo día, Annie, sería esposa del segundo.
Candy y Paty partieron temprano a casa de los Britter, allí serían arregladas y apoyarían a la familia de la novia en cualquier eventualidad. En el trayecto, Paty contó algunos pormenores sobre la reunión del día anterior, que la rubia se había perdido, incluyendo el cuidado que debió prodigar a su suegra luego de algunos brindis de más. Annie, que se percató de la situación, ofreció una habitación para que se repusiera, y discretamente ambas chicas la llevaron hacia allí. Paty decidió quedarse a su lado, bajo riesgo de que Janis Cornwell regresara a la reunión y cometiera alguna impertinencia. Le sorprendió la actitud de la señora, pero más, la disculpa que su suegra le había pedido cuando se sintió recuperada.
-Me dijo que me había juzgado mal, Candy y me pidió perdón por su actitud inicial hacia mí. ¡Luego me confesó que ella se casó embarazada también! ¡No podía creerlo! Pensé que seguía ebria, pero la verdad estaba lo suficiente lúcida para decir la verdad. ¡Estoy feliz! Stear podrá unirse más a sus padres luego de esta especie de reconciliación conmigo. Casi puedo decir que valió la pena lastimarme la espalda por su causa cuando la ayudé a subir las escaleras
-¿Te lastimaste? ¡Pero Paty, no deberías ser imprudente en tu estado!
-Calma, Candy. Lo reconozco, he intentado ser prudente al expresarme sobre ella, la verdad es que le costaba mantenerse en pie, no podía permitir que la madre de Stear rodara la escalera o tuviese algún accidente. Annie me ayudó, después de todo, a partir de hoy será su suegra también. Solo siento la espalda un poco adolorida, nada que un buen masaje no arregle. Terminando la fiesta, me aprovecharé de Stear y se lo pediré.
-Te sirvieron los consejos de ayer ¿Verdad?
- Ja, ja, ja. Candy, solo diré que presté especial atención cuando las señoras empezaron a soltarse el pelo narrando las artimañas que usan con sus pobres maridos
-Ja, ja, ja. Estoy segura que tú no necesitarás ninguna, Stear te adora
-Lo sé, y yo a él. ¡A veces todavía no puedo creer que seremos padres!
-¡Será fabuloso! Se convertirá en el consentido de todos, deberías ver a la tía Elroy, está encantada con el hijo de James. ¡Imagina cómo actuará con tu bebé! ¡Y la abuela Martha! Aún no nace y ya es un niño amado
-Sí, Candy ¡Soy muy, muy feliz!
Cuando finalmente las chicas llegaron a la mansión Britter, Annie se encontraba irreconocible. La dulce e introvertida chica, alguna vez apodada "la tímida" por cierto estudiante del san Pablo, ordenaba de manera firme, al personal contratado para la ocasión sobre nimiedades como el espacio entre cada mesa, se quejaba sobre el reducido tamaño de las azucenas y la mala fortuna de haberlas elegido para decoración, aconsejaba a los cocineros sobre la forma más adecuada de presentar el postre y despotricaba contra el chofer por su tardanza, pues había partido desde temprano por los licores que se servirían. Afortunadamente, el vino espumoso ya estaba en casa para enfriarlo a la hora requerida.
El haber organizado prácticamente sola las cenas de recaudación para la Fundación Andry, la habían dotado de experiencia y con una aparente calma, inusual en cualquier novia, Annie dirigía el movimiento de la casa.
Las chicas no tardaron en reprenderla, puesto que el día de su boda, debía gozarlo, no sentirse cansada, estaba realizando labores que no correspondían.
-¡Pero Candy, todo debe salir perfecto! Archie es muy perfeccionista…
-¡Entonces que venga él mismo a ordenar las mesas, a rellenar los choux y que haga crecer las azucenas con su perfeccionismo! Tú, jovencita, vete a bañar ¡Ahora! –regañó Paty fingiendo seriedad
-¡Pero Paty! Ponte en mi lugar, yo tengo la experiencia, si las cosas no salen como deberían ¡Me muero!
-¡Dios, Annie, no exageres! Vamos, nosotras te acompañamos. Le diré a tu mamá que la dejas a cargo un rato, seguro se sentirá honrada de organizar la boda de su hija. Anda, no seas egoísta, es un evento soñado para cualquier madre.
Candy no estaba segura de que su elección de palabras hubiese surtido efecto, pero a empujones, dirigieron a la pelinegra a su habitación.
Las chicas se movilizaron para que el ama de llaves y la señora Britter pusieran atención especial a los detalles, e intentaron minimizar los nervios de la novia con bromas y contándole a Candy algunas anécdotas sobre la velada anterior.
La hora del enlace llegó antes de lo imaginado, los señores Britter pidieron a las chicas un tiempo a solas con su hija para desearle lo mejor y reiterar su amor incondicional.
En el altar se encontraba Archie, esperando con evidente emoción a su amada que lucía más bella que nunca. Archie deseó grabar esa imagen para siempre. Amaba a esa mujer, le fascinaba mirarla, hermosa y etérea caminando hacia él para unir su vida a la suya. A su lado, Stear, Albert y Neal fungían como padrinos.
Candy caminó por el pasillo, seguida de Paty y Elisa, a quien Annie le había pedido aparecer como parte del cortejo, por petición de la tía abuela, debido a que Neal sería uno de los padrinos de Archie.
El señor Britter entregó a su hija en el altar y la ceremonia transcurrió en un ambiente cargado de romanticismo en el que los contrayentes no dejaban de sonreír y los asistentes lloraban contagiados de emoción.
La mansión Britter se encontraba resplandeciente, pero los novios, se lo hallaban más aún. A partir de que abrieron el baile, la mayoría de los asistentes se congregaron en la pista divirtiéndose hasta el amanecer.
El nuevo día, traería algunos giros: Annie y Archie partían de luna de miel; George se iba a Europa por negocios, pero al mismo tiempo le haría un favor a Stear; los Leagan partirían en un día más y Albert deberá que cumplir la petición de Candy ¿Podrá resistir?
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A todos mis lectores, deseo pedirles una disculpa por la tardanza en actualizar. En un inicio, subía capítulos cortos una o dos veces por semana, traté de que el fic mantuviera un tono ligero y con pequeño toque de picardía. Quería una historia feliz, puesto que se trataba de mi propia versión sobre "un final esperado". Soy una escritora aficionada, y me cuesta mucho separar mis sentimientos reales de los textos que realizo. Estaba desviándome del proyecto original debido a mi influencia emocional sobre el texto. Intenté seguir desarrollando lo ya esbozado, pero iba muy lenta y en picada. No estaba funcionando. Debía parar.
La serie "Las chicas solo quieren divertirse", inspirada en canciones bailables y alegres, es un intento por salir de ese bache emocional y un ejercicio para poder separar mi intimidad, de la ficción que escribo. Espero me sigan dando la oportunidad de leer y comentar mis historias, pues como afirmé siempre, no voy a dejarles colgados.
También estoy subiendo una serie llamada "Sueños", que inicié en la pasada Guerra Florida. Es un proyecto al que a pesar de estar conformado por textos chiquitos, he invertido mucho tiempo y esfuerzo. Agradeceré mucho su opinión.
Muchas gracias por la paciencia, por seguir al pendiente, y continuar aquí. Y por supuesto, no podía subir un capítulo sin tener a punto de terminar el siguiente, para no volver a alargar la espera.
Guest: A todas las niñas que me regalan un comentario y no ponen su nombre, muchas gracias por su apoyo constante y sus porras, espero que me dejen un Nick, para poder contestar a cada una de manera personalizada, que es algo que disfruto mucho, porque siento que es una forma de acercarme más a mis lectores.
Condeza: Muchas gracias, amiga por seguir al pie del cañón apoyándome y esperando la actualización. Seguimos adelante, sin más pausas
Leihej: seguimos en proceso, muchas gracias por tu apoyo.
Luz: Muchas gracias, estoy muy entusiasmada con terminar la historia, y editar algunos errocillos de los primeros capítulos. Y en eso estoy. Muchas gracias por tu comentario
Clauygc: gracias, de verdad me emocionan mucho comentarios como el tuyo y son un gran estímulo.
Amy: De corazón, agradezco cada palabra que me has escrito, he leído tu review varias veces, me siento muy honrada de generar una opinión tan cálida y sincera. Muy contenta de que te guste mi trabajo en el fic.
Chidamami: Reitero mis disculpas, ya sé que en ocasiones se pierde el hilo al dejar pasar mucho tiempo, pero agradezco mucho su apoyo y comprensión.
libella0877 : ¡Me sucede lo mismo! En serio que se me retuerce la tripa cuando ponen a mi güero con otra. O sea, acepto que si son fics dedicados a otros galanes, me lo dejen solterito, pero es difícil imaginarlo con alguna chica. La misma Misuki, le puso pretendientas a todos los chicos: Annie enamorada de Archie; Patty de Stear; Elisa de Anthony; Susana y Elisa de Terry; Daisy de Neal ¡Pero ella no quería ver a Albert con otra! Ni por error alguien voltea a verlo, y mira que hasta Stear reconoce lo guapo que está, ya no digamos Candy que se lo dice cada que puede y si no, se arroja a sus brazos. Misuki es Albertfan, no hay duda.
Magnolia: Efectivmente, tendrá su importancia en la historia. Mil gracias por tu apoyo
Maryel Tonks: Pues al menos ahora Albert tendrá un incentivo más para cuidarse Muajajaja. Y sí, el pequeño Anthony Klaisse es el mismo bebé que deseaba adoptar Elisa. Muchas gracias por tu apoyo
Chiquita Andrew : muchas gracias por hacer descansar a mi alma. Hay ocasiones que me queda la espinita de si en realidad fui clara o me perdí en mi pachequez, pero comentarios como el tuyo, me ayudan a ver que sigo encaminada. Mal que bien, pero encaminada.
Chicuelita99 : Me hiciste reir mucho con lo del "lado amable". Pues en realidad, creo que más bien es un caprichito que tenemos algunas fans. En CCFS, Misuky nos presenta a los Leagan igual, a Neal, solitario y mostrándose en realidad como un chico con mucho odio, la misma Candy menciona que siempre pensó que él era cómplice de Elisa, pero que en realidad, Elisa solo es caprichosa y él es bastante sombrío. A pesar de todo, da curiosidad ¿qué habría pasado si..? He leído historias muy buenas de él, y pues a pesar de lo patán, en algunos fics, hasta me ha enamoradillo. Solo es una oportunidad
Mfloresmayes: Pues como comenté arriba, me parece interesante darles una oportunidad a los Leagan. Quizá no se la merecían, pero me gusta pensar que podía llegar a suceder algo así en la historia, no se iban a volver buenitos mágicamente, pero podían madurar un poco ¿no?
Vere Canedo : Pues más bien ¡cómo se puso Elisa! Es divertido jugar con ella, es un personaje muy rico en matices y aunque difícil, da para mucho
Clau Ardley : Pues hablando se entiende la gente, mi Clau. Y como dice Candy, prometieron compartirlo todo ¡pues que cumplan! Mi güerito siempre estuvo solo, así que el hablar, me parece una excelente manera de sacar todo el estrés que lleva consigo. Debe bajar su ritmo, sí. Pero también valorar lo que realmente es importante en su vida, y para eso, tiene a la pecas muy puesta para jalarle las orejas.
Isabel : Y yo ¡amo que te guste Anthony! Es muy difícil crear personajes nuevos para una historia tan famosa y querida, pero me he dado cuenta que es mucho más difícil crear niños convincentes, Ya que se suele caer con facilidad en la exageración. Entonces, el que tú me digas que te gusta, es para mí un verdadero halago, grande. Y creo que un personaje puro, y lleno de amor, como lo es un niño, podría obrar milagros en gente tan amargada como Elisa. Y tienes razón "el nada podría romper su felicidad…" nunca es algo seguro
Stear's Girl : yo creo que la nobleza de Candy, bien podría obrar ciertos cambios en la gente. La tía Elroy fue estricta con los chicos, pero algo bueno debía tener donde todos son tan buenitos. El aspecto del vestido, el involucrarla emocionalmente con algo que podría ser importante, creo que es algo que haría Candy. Ella, tan deseosa de una familia, de una madre y tan cercana a la tía Elroy… En algún momento debían al menos tocar el tema. Me gusta la idea de que Candy use algo de la mujer que educó a los Andrew. Porque ella misma es una de ellos. Y porque la tía en algunos casos, fungirá como una suerte de suegra, aunque Albert no la considere su madre, pero sí la considera importante en su vida.
sandra : Preciosa, me has leído el pensamiento. No voy a adelantar mucho, pero es exacto lo que pienso que Candy podría lograr en nuestro rubio. Porque ellos se complementan. Tomé la idea de una de las famosas cartas epílogo de la novela, donde Candy le dice a Albert que está preocupada por su salud, que espera que la amnesia no pueda regresar y que no debe trabajar como su padre. Yo creo que Candy, si se tituló para cuidarlo, no descansaría hasta lograr convencerlo de lo que en realidad vale la pena, como bien dices, y además se dedicaría no solo a cuidar de él, sino lo obligaría a cuidarse a sí mismo.
Amiga, por supuesto que te considero ya una gran amistad. Espero que podamos tener más contacto, te envío un abrazo de vuelta y si quieres buscarme en fb, aparezco como Eva Cruzado y mi foto de perfil es una tortuguita en un corazón.
luissid : ¿Y cómo ves lo del velo? Poco a poco el ajuar se va conformando con detalles de gente importante para los rubios, cuéntame qué te parece
Angdl : Creo que diste en el clavo, a los Leagan les faltó sentirse en verdad queridos, pues ambos chicos eran consentidos pero muy solitarios. Muichas gracias por tu apoyo
liovana : Me alegra poder sonar convincente, con los Leagan resulta difícil, porque estamos acostumbrados a sus villanías y trampas, al final, no cambian mágicamente, pero creo que el amor podría ayudarlos a crecer.
Faby Andley : Espero que sigas mejor, me hace muy feliz que te guste la historia, y seguimos adelante, espero sin más pausas, aunque a veces la vida nos trae algún revés, pero con muchas ganas de darle fin, gracias por seguir aquí
Josie : Vamos conociendo los temores de Albert, y has mencionado uno bien importante, el del heredero, pero aún no llegamos al porqué y faltan un par de capítulos para eso, pero no comas ansias, que estoy escribiendo y seguimos adelante con la historia
RENECIA CONTRERAS : Así es, el mismo que Elisa quería adoptar. Es una prueba difícil, pero se tiene que esforzar por amor. ¿Podrá?
Paloma : Muchas gracias por el apoyo, me alegra mucho, mucho cuando me dicen que les gustó y porqué.
Amigocha : Pues sí, hay un temor por el heredero, pero falta para llegar ahí. Por lo mientras, mi güero se pone las pilas para cuidar su salud y luchar por quien ama que es Candy
carolina azul : Ay, Carito, pues algo tardada, pero ahí voy. Me alegra que te guste el detalle de las rosas, y sobre todo su porqué, al final son por tu suegris
AnaEdith : Mi niña hermosa, muchas gracias por tus palabras, sabes lo importantes que me resultan. Fíjate que varias se dieron cuenta del resquemor de Albert por un hijo, pero no es algo tan grave, sin embargo, saldrá a la luz en el momento adecuado. Por lo mientras, a recargar pilas para la boda. En mi caso, yo recuerdo que los detalles no me parecían importantes, incluso elegí mi vestido porque le gustó a mi mamá, para mí lo importante el hecho de compartir con la gente que amo. Pero sí tengo amigas que se han vuelto unas verdaderas bridezillas, así como Annie jajajaja. Sucede en los fics, sucede en la vida real…
Lady Lyuva Sol: Sí, Lady, lee todas las veces que quieras. Por lo mientras, ya llegamos a la parte que deseabas, George está apunto de irse. Pero la verdad estoy nerviosona, a Marianne nadie la supera, así que tampoco te hagas altas expectativas
Kitten Andrew : Preciosa, ya extrañaba tus reviews, que me encanta leerlos. En la GF, me comentabas con emoticons y no se disfrutan tanto como tus comentarios ricos y amenos, bien sinceros. Muchas gracias, porque has estado desde el inicio apoyándome
Nadia M Andrew : Pues si Candy es lista, no la creas tan ingenua jajajaja. Próximamente habrá un poquito más de los Leagan, así que no desesperes, si ya me aguantaron tanto tiempo, otro poquito y nos vamos. Muchas gracias por tu apoyo.
Ale salinas : Muchas gracias, Hermosa. Espero que no se les vaya a botar y hagan algún berrinche, pero es el proceso de crecer
Lukyta : Poco a poco, Elisa va madurando, y Neal otro tanto. Al menos ahora parecen portarse bien
lady susi : La tía abuela, aunque estricta, creo que nunca fue realmente mala, simplemente se dejaba manipular por los Leagan a quien consideraba su familia directa, y a quienes por supuesto, ella no educó.
Sabrina Weasley : me alegra que pienses eso de los Leagan, la verdad creo que son lo personajes que más trabajo me han costado desarrollar, pues no van a cambiar drásticamente, como por magia, pero si quise darles la oportunidad de madurar y creo que es cuando uno se da cuenta de lo que realmente es importante en la vida
skarllet northman : Exacto, Elisa ahora tiene un estímulo lleno de amor, y un peque que requiere amor desinteresado. Una gran prueba para la pelirroja
sayuri1707 : Híjole, si no estuvo tan largo, al menos déjame te cuento que lo reescribí muchas veces, creo que es el capítulo en que más tiempo he invertido, porque ya andaba volviendo el fic algo depresivo jajajaja. Así que espero te guste el capítulo
