Cuarenta y seis
Terapia
Ya habían pasado casi una semana desde que Rachel y sus amigos se habían ido a LAX, Quinn decidió ir algo más tarde, para quedarse a ayudar a su hermana con el pequeño RJ que ya estaba en casa y que Beth pudiera pasar tiempo con su padre.
Puck tenía una semana de vacaciones las cuales aprovecho para pasar el máximo tiempo posible con su esposa y con Beth, también aprovecharon para visitar a Shelby en la clínica ya que gracias a las mejoras que había hecho ya podía recibir llamadas y visitas.
También Quinn aprovechando esa semana de soledad que tenía decidió ir a un psicólogo para poder resolver las malditas pesadillas aunque iba a escondidas ya que no quería preocupar a nadie, el cual alternaba visitando a Steve en el hospital.
A pesar de ello, todos estaban preocupados ya que las horribles ojeras eran más que notables incluso la falta de sueño la estaba dañando su salud, cada vez comía menos y se le veía más delgada.
-Quinn casi llevamos una semana y todavía no hemos avanzado en casi nada, necesito que te abras a mí para que podamos llegar hasta esos miedos que no te dejan dormir- decía el psicólogo, ante el mutismo de la chica de aquella mañana – ¿ya no te funciona la cafeína verdad?- la rubia se limitó a negar -¿te has tomado alguna pastilla para mantenerte despierta?-
-lo he pensado- dijo seria después de unos minutos en silencio – estoy que me caigo de sueño pero cuando trato de dormir no puedo por culpa de las pesadillas-
-¿Siempre es la misma pesadilla?
-No, pero siempre es el mismo final, con Rachel muerta- dijo degradando su tono de voz hasta que fue inaudible.
-Todo esto empezó cuando Rachel tuvo "el accidente" ¿verdad?- la rubia asintió triste.
-¿Has tenido alguna experiencia cercana a la muerte?- dijo el psicólogo de repente sorprendiendo a la chica.
-Pues he vivido la muerte de alguno de mis abuelos, la de un amigo… Bueno cuando tenía diecisiete años tuve un accidente de coche, supongo que eso fue lo más cercano que he estado a la muerte- dijo escogiéndose de hombros.
-¿Qué recuerdas de tu accidente?-
La rubia frunció el ceño pensativa tratando de recordar aquel día y cerró los ojos tratando de recordar con mayor claridad –Iba de camino a la boda de Rachel y me sonó el móvil y quite la vista unos segundos para contestarle a Rachel que ya estaba de camino que me esperaba y lo siguiente que recuerdos es bastante borroso escuche un gran sonido… - al recordar aquel momento su cuerpo comenzó a temblar - Siento como por los brazos y la cabeza me recorre algo que luego acabe descubriendo que era mi sangre, que trato de levantarme buscando oxígeno pero no puedo moverme no siento las piernas, todavía no era capaz de entender que había tenido un accidente y no podía moverme, la verdad que no entendía nada había algo que me nublaba la vista y eso hace ponerme más nerviosa de lo que estaba haciendo que me faltará más el oxígeno… - abrió los ojos limpiándose las lágrimas que le derramaban ya por las mejillas.
-¿Por qué estabas tan nerviosa si aún no eras consciente de que te estaba pasando?- le interrumpió el psicólogo.
Quinn se quedó callada reflexionando lo que le acaba de decir – ¡el móvil!- exclamó acordándose –recuerdo que después de el gran sonido que escuche de como los dos coches se chocaban solo podía oír el móvil y trataba de acceder a él para poder contestarle a Rachel, pero no podía moverme-
Richard sonrió con satisfacción de haber llegado un punto clave -¿Y después de ello que recuerdas?-
-El hombre del otro coche me dijo que no me moviera que la ambulancia venía de camino, entonces entendí que había tenido un accidente y después cedí al cansancio de mi cuerpo-
-¿Cuál fue tu último pensamiento?-
-Que no pude contestar a los mensajes de Rachel y… que me iba a morir-
-En tus pesadillas la protagonista es Rachel porque las dos experiencias más cercanas que has vivido en primera persona ha sido con ella, estamos hablando de tu accidente de la adolescencia y de cuando salvaste a Rachel de ser atropellada-
-Pero eso no me explica: ¿porque las tengo?-
-¿Alguna vez has plateado el suicidio?-
-¿¡Quéee!? Nooo! Y créeme que he tenido muchísimos motivos- dijo la rubia alarmada.
-Entonces ¿porque te rendiste con tanta facilidad cuando creíste que ibas a morir en vez de luchar por mantenerte despierta?-
Quinn se quedó callada al no tener una respuesta, bajo la cabeza algo avergonzada, ella siempre había sido una luchadora y le habían educado como una ganadora, jamás debía rendirse hasta no ser la mejor en todo, tratar de hallar la perfección.
En ese momento no pudo evitar pensar que su padre se avergonzaría de ella al saber que habría cedido a ello, cuando quiso darse cuenta las lágrimas corrían por sus mejillas sin ningún control.
El psicólogo se levantó y se sentó a su lado en el sillón tendiéndole un pañuelo –Quinn hoy lo has hecho muy bien si quieres lo dejamos por hoy- la rubia asintió.
La verdad que estaba bastante cansada no solo de haberse forzado en tratar de recordar aquel horrible accidente que casi le deja paralítica, sino que llevaba demasiado tiempo sin descansar bien.
-Trata de descansar, algo que suele funcionar bastante es un vaso de leche con cola cao calentito con galletas- rio el chico sacando una sonrisa a la rubia –créeme de pequeño me lo hacía mi abuela y caiga como tronco-
-Muchas gracias Dr. Richards- dijo despidiéndose con un apretón en la mano.
Cogió un taxi hasta casa, nada más legar no pudo evitar desplomarse a llorar la verdad que la sesión de hoy había sido la más dura de todas.
Se dio una ducha y se tumbó sobre la cama esperando coger el sueño que tanto anhelaba.
No había dormido una hora cuando su móvil irrumpió su sueño –si- descolgó dormida.
-mami- se oyó la voz de Beth.
-Hola – hablaba bastante gangosa y estaba tan dormida que no se enteraba con quien estaba hablando.
-Papá y Ashley quieren irse a la playa para disfrutar los últimos dos días que le quedan a papi de vacaciones y van a ir con Rachel y me han dicho que si me quiero ir con ellos, sé que dentro de poco nosotras nos íbamos con Rachel también pero ellos se van hoy… puedo ir yo con ellos- dijo la pequeña esperanzada.
-Si- no dijo más, solo quería silencio necesitaba descansar.
-gracias mami eres la mejor, te quiero- dijo feliz Beth.
-Adiós- colgó sin ser consciente de lo que acaba de conversar con su hija.
No pasaron ni dos minutos cuando volvió a sonar de nuevo su móvil.
Esta vez ni se molestó en contestar, solo se limitó a descolgar el teléfono.
-¿Quinn estás ahí?- se escuchó la voz de Frannie al otro lado.
-Si dijo la rubia tratando de concentrarse en la llamada pero no podía estaba demasiado cansada.
-Quinn he estado hablando con Beth y me ha dicho que se va con Puck a LAX y ya sabes que yo me voy a pasar unos días a Lima con papá y mamá ¿te quieres venir estos cuatro días que te quedan para no quedarte sola en NY?-
-No…- dijo la rubia y sin más colgó, tampoco se había enterado mucho de la conversación lo único que quería era que la dejaran descansar. Necesitaba dormir, su cuerpo ya no podía más.
