Capítulo 03: La Temporada de Reproducción
Harry volvió lentamente a la consciencia y por un momento estuvo completamente confundido en cuanto a dónde estaba y por qué, pero ya se había sentido así varias veces y todas esas ocasiones habían sido después de una luna llena.
Eso le ayudó a centrarse, su cabeza comenzó a doler al recordar y caer en cuenta de que la noche anterior fue luna llena y cambió a su contraparte lobo, pero la diferencia fue que esta vez se sentía tan… normal después de la luna llena.
No tenía ningún tipo de dolor grave, no tenía ningún corte en su cuerpo y las nauseas que sentía normalmente después de consumir algún humano estaban ausentes, sólo había una placentera sensación de satisfacción que venía de una comida increíblemente buena y el cansancio que por lo general seguía a una noche de caza y persecución durante la luna llena. La transformación siempre lo desgastaba un montón y le causaba mucho sufrimiento físico, esto dejaba tras de sí un residuo de dolor en su cuerpo al que se había acostumbrado desde hace mucho tiempo, pero al menos esta vez no tenía ningún músculo desgarrado.
Recordó unos cuantos fragmentos de lo que había hecho y lo que había pasado durante la luna llena, pero su memoria aún se encontraba muy débil cuando quería recordar lo que había hecho en su forma de lobo. No podía meterse dentro de la cabeza del lobo cuando no había luna llena, pero al parecer su lobo nunca lo abandonaba, ni siquiera cuando la luna se marchaba por completo del cielo. Siempre estaba con él.
Recordaba estar con su manada, dormir amontonados y que Fenrir se había acomodado tras él, pero ese era el límite de lo que podía recordar y forzar más su memoria causaba un molesto palpitar, así que dejó de sobre exigirse, nunca recordaba mucho de la luna llena de todas formas, pero al menos ahora estaba mejor que cuando se había transformado por última vez. Cuando se despertó la tarde después de la luna llena y no sabía dónde estaba, qué había hecho o qué había comido, cuando no sabía de dónde venían las heridas en su cuerpo o de hace cuánto tiempo las tenía. No sabía cuán lejos había viajado o en qué dirección, todo a su alrededor era ajeno y desconocido… ¿habría sido visto por la gente que vivía en los alrededores del bosque en el que estaba? ¿Podrían estar intentando cazarlo con armas de fuego? ¿Se habría comido y matado a la hija del alcalde de la ciudad? ¿El hijo del dueño de una tienda? El miedo, la confusión, la culpa, el dolor, el no saber, casi lo habían conducido a la locura.
Ahora estaba mejor, un año después, él sabía cuando comenzaba el cambio, sabía dónde estaba ahora, sabía que su manada estaba rodeándolo dado el hecho de que podía oírlos y olerlos, incluso si no era capaz estar junto a ellos. Sabía que estaba a salvo, sabía que había comido un ciervo la noche anterior y no a otro humano y tenía unas cuantas memorias fragmentadas de la luna llena. Considerándolo todo ahora estaba mucho mejor de lo que lo había estado hace un año atrás, ahora estaba más centrado, quizá no había ganado ningún tipo de control sobre su lobo, pero ahora tenía una manada que lo ayudaba a mantenerse en la línea y lo mantenían distraído. Sólo después de pertenecer a la manada su vida había mejorado. Estaba agradecido con ellos por hacerse cargo de él, o tal vez sólo con Fenrir por aceptarlo, porque como el macho alfa de la manada, había sido su decisión y sólo suya.
Arrastrándose fuera de la pequeña cama de pieles en la que se había despertado, Harry se deslizó fuera de la diminuta y superficial cueva, aproximándose al lobo más cercano, Scott, quien lo saludó alegremente antes de pararse y estirarse.
Scott era un beta fijo, no se acercaba a la jerarquía superior de la manada, pero tampoco pertenecía a la parte inferior. Había dos machos beta con posición fija dentro de la manada, Scott y Stacey y aunque luchaban entre sí y algunas veces intercambiaban posiciones con algún otro, ambos eran dos machos beta en la mitad de la jerarquía y por lo que Harry podía decir, muy raramente hacían ese cambio, no eran lo suficientemente fuertes como para llegar más alto, pero eran lo bastante fuertes como para no acabar en la parte más baja de la manada.
- ¡La Bella Durmiente despertó! – bromeó Bryan y saludó a Harry con entusiasmo, dándole a su culo un disimulado apretón mientras lo hacía.
Harry lo golpeó con la cabeza, lo bastante fuerte como para hacer que el hombre maldijera, pero no tanto como para lastimarlo, sólo lo necesario como para darles a ambos un terrible dolor de cabeza por el resto del día.
- ¿Por qué siempre me atacas? – Murmuró de buen humor.
- ¡Porque tú eres el que me tienta! – Le respondió Harry mientras pateaba un montón de nieve hacia él.
- Sólo estoy consiguiendo algo de diversión.
- Y él sólo está poniéndote devuelta en tu lugar. – El profundo gruñido en la voz de Fenrir flotó hacia ellos.
Harry se giró mirando hacia el lugar favorito de Fenrir, quien desde arriba de su roca los miraba con el ceño fruncido en señal de desaprobación.
- No pretendía ofender, alfa. – Bryan, más alto en la jerarquía que Stacey y Scott, pero por debajo de Jonas y Grant, era uno de los machos beta más poderosos, pero no estaba asustado de empujar sus límites algunas veces, lo cual le provocaba recibir castigos y reprimendas la mayoría de las veces.
- Lo entiendo, mi futura pareja es muy atractiva, ¿necesito recordarte que ya lo he reclamado para mí?
- No alfa. Mis disculpas, no fue mi intención desafiarte. Nunca haría eso.
Fenrir se estiró lánguidamente antes de saltar de su roca y aterrizar en la nieve, se puso de pie en toda su altura y envolvió con firmeza un brazo alrededor de Harry.
- Disculpa aceptada. – Gruñó Fenrir. – Pero estás advertido, si tratas de desafiarme por él, te mataré y colgaré tu cuerpo para que pueda mear en ti cómodamente cuando crea que eres digno de mi olor.
Harry se giró hacia Fenrir como instinto de supervivencia. Fenrir era el macho alfa, y lo era por una razón. Él podía matar a todos en este lugar sin siquiera pestañear y aún así sería capaz de dormir por la noche, y Harry lo sabía, todos lo hacían, así que estaba a salvo con Fenrir y si quería mantenerse con un solo compañero de cría por toda su vida, entonces no sólo tenía que quedarse con Fenrir, sino que él necesitaba mantenerlo a salvo y saludable también.
Ese desfile de pensamientos pasó a través de su mente en meros segundos, lo que hizo que deslizara un brazo alrededor de la cintura de Fenrir apoyando su peso encima de él.
- Mi compañero está hambriento. Uno de ustedes vaya y arregle nuestra próxima comida. – ordenó Fenrir con brusquedad.
Bryan fue tan pronto como Fenrir paró de hablar, obviamente, era lo bastante inteligente como para saber que debía esfumarse por un corto tiempo. La manada los miró con curiosidad, sabían que algo había cambiado y lo había hecho de forma notoria. Harry lo sentía, comenzaba a actuar diferente y hacía las cosas sin pensarlas, contrario al día anterior. ¿Lo que hizo durante la luna llena había cambiado su forma de pensar tan rápido… tan drásticamente?
Remus Lupin estaba cansado. Sus huesos dolían después de la luna llena. Se sentó en su sillón favorito y le agradeció a Sirius cuando le trajo una taza de té. Las cosas no estaban exactamente tensas entre ellos, pero eran diferentes desde que Harry se fue.
A decir verdad no esperaba nada más, Harry era muy querido por los dos, pero era el ahijado oficial de Sirius, nombrado personalmente por James y Lily, y Sirius se había tomado su título muy enserio desde el primer día en el que había sido nombrado. Cuando cuidaba a Harry eran las únicas veces que Sirius actuaba como un adulto y no como un niño grande.
También era bueno en eso. Todos se burlaron de James por nombrar a Sirius como el Padrino del recién nacido, le dijeron que estaba cometiendo un error, que Sirius no podía cuidar ni de sí mismo, mucho menos de un niño indefenso. Pero Sirius había probado que todos estaban equivocados, como James sabía que lo haría. Sirius nunca en su vida fue más cuidadoso con algo de lo que había sido con el bebé Harry.
Había tratado a ese bebé como una delicada pieza hecha de cristal precioso. Siempre poniéndose en segundo lugar y adaptando su presencia sobre el bebé, siempre preguntando si sus brazos estaban en el lugar correcto, siempre consciente de la cabeza y el cuello del bebé, siempre dispuesto a sumergirse y ayudar a los nuevos padres exhaustos con algunas comidas o los cambios de pañal e incluso una hora de baño o dos.
Fue Harry quien emergió al Padre en potencia dentro de Sirius, y Remus sabía que su amigo podría haber sido un padre increíble si no hubiese sido falsamente acusado y encarcelado por trece años en Azkaban. El despreocupado hombre amante de la diversión que había sido antes de Azkaban casi había desaparecido, pero la única cosa que no desapareció fue el amor de Sirius por Harry. Y Remus había lastimado a Harry de una forma terrible, por lo tanto creó un dilema para Sirius quien amaba a su ahijado y jamás quería verlo herido, y él, el único amigo que le quedaba después de veintiséis años.
Quizás no lastimó a Harry de forma física, aunque la mordida que le dio al adolescente fue profunda y había sangrado, la agonía mental de haber matado a ocho personas, seis de ellos tan cercanos como una familia para él, esa era su gran angustia y Remus se arrepentía de eso más que de cualquier otra cosa. No tenía idea por lo que había atravesado Harry, no tenía idea de qué tipo de pensamientos cruzaban por su cabeza o si le estaba haciendo frente a la culpa y al dolor. Remus no lo mordió a propósito y quería que Harry volviera tanto como lo hacía Sirius, lo cual probablemente era la única razón por la que Sirius no lo había maldecido o dejado morir después de todo.
Llegaron tan cerca del olor de Harry la noche anterior en un bosque en particular que les dio la esperanza de que podrían encontrarlo y traerlo a casa, por alguna u otra razón Harry se quedó en este bosque más que en cualquier otro hasta ahora, lo cual había aumentado sus temores de que quizás Harry estuvo lastimado de alguna forma y por ello no pudo dejar ese bosque hasta que sanó, así que naturalmente ellos lo buscaron con más ahínco esta luna llena, pero anduvieron con cuidado, parecía que Harry trazó su camino lenta y cuidadosamente entre los territorios reclamados de dos manadas de lobos diferentes, una de las cuales Remus y Sirius habían corrido con la desafortunada suerte de toparse la noche anterior.
Esperaba que Harry estuviera bien, la única manada con la que se habían topado era perversay numerosa, aunque Harry no estuviera con ellos se les ocurrió la idea de que quizás esta perversa manada de lobos fue la que lastimó a Harry y le impedían salir de la zona tan pronto como él hubiese querido. Desafortunadamente, era difícil decir si la manada había sido de hombres lobo o lobos reales, pero definitivamente no les había gustado tener a Sirius y Remus en su territorio.
La segunda manada de lobos no se había mostrado a pesar de que habían irrumpido con cautela en su territorio mientras cazaban a Harry, cuyo aroma estaba muy presente, pero débil, concentrada alrededor de una cabaña de caza abandonada, particularmente dentro y sobre una manta mohosa, demostrando que a pesar de ser un hombre lobo Harry sentía el frío de este invierno.
Remus esperaba que estuviera a salvo e ileso a pesar de sus miedos, que estuviese usando la mente brillante que sabía que tenía, que estuviera caliente y bien alimentado, aunque los pequeños huesos de animales que encontraron, en su mayoría conejos y aves, sugerían que Harry no estaba comiendo muy bien y esa era otra de las preocupaciones que tenían. El hambre.
- ¿Cómo te estás sintiendo? – Le preguntó Sirius, comprobando el vendaje de un área en particular de las heridas de Remus que le había hecho uno de los lobos de esa manada viciosa la noche anterior. Estaban preocupados de que se infectara.
- Cansado, pero sin duda no es nada comparado con lo que está sintiendo Harry. No hemos encontrado huesos de animales desde hace tiempo.
La expresión preocupada de Sirius se profundizó mientras ponía su propia taza de té de vuelta en la mesa.
- Estaba pensando lo mismo. Necesitamos encontrarlo Remus, ya van cerca de catorce meses desde que huyó y no hemos tenido nada de suerte en alcanzarlo.
- Hay tanto que podríamos hacer durante la noche Sirius. Harry corre con una rapidez increíble en su forma de lobo y tan pronto como capte nuestra esencia o el sonido de alguien aproximándose, huirá. Esta es una tarea imposible; él no quiere ser encontrado.
- ¡No vamos abandonarlo! – Rugió Sirius.
- ¡Nunca dije que lo haríamos! – Negó Remus furiosamente – pero necesitamos más gente para rastrearlo; ¡no podemos hacerlo solos!
Reprendido de manera apropiada, Sirius se desinfló y suspiró profundamente.
- No puedo dormir, no puedo comer. No puedo hacer nada Moony, lo necesito, necesito saber que está a salvo. Quiero envolverlo entre mis brazos y nunca dejarlo ir otra vez, pero estoy tan preocupado de que, cuando por fin lo traigamos de regreso, no sea el mismo Harry.
- Él será diferente Sirius, no podemos ser realistas y esperar que sea el mismo niño que conocimos alguna vez. Ha sido convertido por mí, un adulto en el que confiaba, mató a al menos ocho personas, todos ellos eran sus amigos y su familia a los cuales conoció personalmente, ha estado viviendo por cuenta propia, huyendo a través de los bosques desde hace más de un año en todas las condiciones climáticas. El niño al que conocimos alguna vez se ha ido; necesitamos estar mentalmente preparados para cuidar al niño que encontremos, una vez que por fin lo atrapemos.
Sirius asintió con tristeza. - ¿Crees que todavía me quiera?
- Estoy seguro Padfoot. Soy yo el que está asustado de que ya no me quiera. Me sorprendería si no tratara de matarme en cuanto me vea.
- No es ese tipo de chico Remus. Te perdonó con bastante facilidad después de que lo mordieras.
- Sí lo hizo, antes de saber que lo había convertido en una bestia abominable.
- No hables así de ti, o de Harry, en este caso. Ninguno de los dos son bestias abominables, no te dejaré hablar así a su alrededor.
Remus se quedó en silencio y tomó un sorbo de su té. No era difícil criticarse a sí mismo sobre lo que era, pero el saber que Harry ahora era lo mismo que él ayudaba un poco. No podía ver a ese brillante muchacho como un monstruo o una bestia. No a Harry, el bebé de sus mejores amigos.
Había traicionado la confianza que Lily y James le otorgaron al dejar que un hombre lobo estuviera cerca de su recién nacido, James incluso lo golpeó en la cabeza y le entregó a un arrugado y recién nacido Harry para hacerlo dormir, diciéndole que era un estúpido. Lily había hecho lo mismo, sólo que ella no lo golpeó, sólo le entregó al niño de tal manera que tuvo que envolver sus brazos a su alrededor por miedo a lastimar al minúsculo bebé. Ese nivel de confianza iluminó tanto su corazón que casi pudo olvidar que no era normal, en especial cuando varios meses después Harry se sentaba y lo llamaba, estirando sus brazos con confianza para ser cogido y abrazado cada vez que iba de visita.
Remus apretó sus ojos cerrados y tragó con amargura. Había traicionado la confianza de todos ellos, James una vez le dijo que confiaba en él, no sólo con su propia vida, sino con las vidas de su pequeña familia también, una confianza que fue puesta en el lugar equivocado. Catorce años después, había hecho lo impensable y mordido a Harry, convirtiéndolo en un hombre lobo, una criatura que no era aceptada, no era confiable, no podía mantener ningún tipo de trabajo y sufrían el insoportable dolor de las transformaciones dos veces al ía culpa y un dolor tan abrumador por lo que hizo que, sin embargo, no cambiaba nada. Había mordido a Harry y ahora tenía que vivir con eso por el resto de su vida.
Harry se acostumbró rápidamente a su rol en su nueva manada, llevaba con ellos más de un mes, habían corrido dos lunas llenas juntos, en donde, para su mala fortuna la transformación fue dolorosa, aunque Fenrir le aseguró que para esta época y bajo su tutela, el próximo año la encontraría menos dolorosa.
Enero había sido bastante frío, así que la mayoría de los días los pasó abrigado en el prado con su manada, tratando de mantenerse calientes, alejándose del frío mortal durante las largas y heladas noches mientras luchaban para generar calor corporal.
Fenrir odiaba eso. Hacía demasiado frío para hacer otra cosa, apenas podían cazar, así que sobrevivían con la carne que tenían almacenada en el depósito desde el otoño. No se estaban quedando sin comida, pero Fenrir se quejaba de que tendrían que cazar el doble durante la primavera, normalmente tenían algunas provisiones, pero si seguían de esa manera, no quedaría mucho cuando llegara la primavera y no le gustaba pensar que tal vez no sería capaz proveerle a su pareja y a sus cachorros que podrían ser concebidos en la primavera, lo hacía sentir inadecuado e incluso le empeoraba el mal genio.
- Tranquilo – Le animó Harry mientras veía a Fenrir pasearse de un lado del prado al otro mientras la espesa nieve que rodeaba al prado se amontonaba en sus tobillos – Estoy acostumbrado a estar tres o más semanas sin comida; esto no matará a nadie.
Fenrir sólo le lanzó una mirada y luego fulminó a sus machos beta como si tuvieran la culpa de que no tuvieran la comida suficiente para durar hasta la primavera. Los machos beta estaban demasiado asustados de incitar la ira de Fenrir como para hacer cualquier otra cosa además de sentarse y acurrucarse amontonados para mantener el calor, habían dejado los juegos de pelea, la lucha libre y las bromas… ninguno quería ser el objetivo de la furia y el temperamento del alfa. A Harry le dijeron que cuando la perdía, la perdía a lo grande y a menudo golpeaba tan fuerte a sus betas que éstos estaban inmóviles y en cama por días, incluso a veces, durante una semana o la mitad de ella. Harry aún no veía este comportamiento severo y esperaba no tener que verlo, pero si lo hacía, rogaba no ser a quien Fenrir golpeara con tanta ferocidad.
Ahora estaban en Febrero, se suponía que comenzaba la temporada de reproducción momento en el cual Fenrir lo preñaría, sin embargo aún estaba demasiado frío, por lo cual Harry secretamente estaba muy, muy feliz y ninguno de ellos tenía el "impulso" de reproducirse. Harry nunca antes había sentido el impulso, así que probablemente no lo reconocería cuando lo tuviera, pero Fenrir había estado viviendo con el impulso de reproducirse cada periodo fértil por treinta o más años, él sabría en cuanto lo golpeara este año y aparentemente todavía no sucedía.
Fenrir lo escuchó unos momentos, más tarde vino a sentarse con su manada, tirando a Harry hacia su pecho para sostenerlo contra el calor abrasador. El alfa había hecho lo mismo un montón de veces desde el mes pasado, en parte para mantenerlo caliente, en parte para mantener la conexión fresca y siempre fortalecida, y en parte para mantenerlo cerca. A Harry no le importaba mucho, había estado solo por los últimos trece meses; cualquiera y toda interacción y comunicación era bienvenida y fomentada, como lo hacía ahora al descansar y relajase junto a Fenrir, recostándose en él como muestra de sumisión.
A Fenrir le tomó media hora relajarse y con él, la manada entera se relajó y empezaron a charlar, bromear y luego a luchar y jugar de nuevo.
Fenrir hundió su nariz en la nuca de Harry e inhaló profundamente, deslizó su rostro de rasgos afilados y frotó su mejilla sobre la de Harry. Aún hacía demasiado frío así que lo envolvió más fuerte entre sus brazos y lo sostuvo con firmeza, usando sus manos ásperas y callosas para frotarlas contra los brazos de Harry generando algo de calor a través de la fricción.
- Gracias. – Dijo Harry con suavidad.
Fenrir gruñó, pero secretamente estaba feliz de que Harry le hubiera agradecido por cuidar de él. Los miembros de su manada lo daban todo por sentado, se suponía que debía protegerlos, se esperaba que él los cuidara así que ellos mostraban su agradecimiento por medio de su lealtad hacia su alfa. Harry le agradecía verbalmente y aunque lo hacía sentir ligeramente incomodo, también lo complacía. Había pasado mucho tiempo desde que alguien le agradeció por algo. Se encontró disfrutando de la pequeña dosis que Harry le ofrecía.
- Necesitamos seguir cazando. – Le dijo Fenrir a sus machos beta. – Por ahora tenemos provisiones de sobra, pero cuando lleguen los cachorros, necesitaremos quedarnos cerca de la guarida para protegerlos y no seremos capaces de ir demasiado lejos para cazar. Necesitamos hacer un depósito de comida para los meses de verano, así no necesitaremos alejarnos de los cachorros.
- Ya casi nos quedamos sin sal, alfa; uno de nosotros tendrá que ir al pueblo Muggle. – Dijo Jonas.
Fenrir gruñó con molestia. – Grant, Miles. Pueden ir ustedes dos; ¿tengo que recordarles que vayan unos cuantos pueblos más allá y que deben ser sigilosos?
- No alfa. – Ambos respondieron de inmediato.
- ¿Quiere que vayamos ahora, alfa, para quitarlo de la lista? – Preguntó Miles.
Fenrir gruñó y miró hacia el cielo gris. – No, se acerca una tormenta. Por ahora quédense aquí y vayan cuando haga un poco de calor. A finales de Febrero, o a comienzos de Marzo. Esperar un rato no lastimará a nadie; tenemos algo de sal en las reservas que nos quedan.
- ¿Qué pasa si no hace calor en Marzo? – Preguntó Harry. – En Marzo, el año pasado aún estaba nevando.
Fenrir lo apretó con gentileza. – Unos cuantos copos de nieve no nos harán daño,es esta densa ventisca de nieve la que no me gusta.
- ¿Estaremos bien? – Harry no podía evitar estar preocupado.
- Creo que estaremos mejor retirándonos a esa pequeña cabaña justo al interior de las fronteras de mi territorio, dudo que nos crucemos con algo con lo cual no podamos lidiar. – Dijo Fenrir bruscamente.
- No hemos usado la cabaña en años. – Se quejó Nick, uno de los otros lobos casi omega.
Fenrir le dio un puñetazo tan fuerte que Harry saltó del regazo de Fenrir por el repentino y poderoso movimiento.
- ¡Si digo que necesitamos ir a la cabaña, vamos a la cabaña! – Le gruñó Fenrir.
Nick se arrastró hacia Fenrir, todavía aturdido por el golpe, y cayó ruidosamente junto a la pierna de Fenrir, cerca de su zapato y se quedó ahí.
- ¡Quítate! – Gruñó Fenrir. – Pereciera que tu enorme cabeza está llena de cemento en vez de un cerebro.
- Quizá eso explique algunas cosas. – Se rió Stacey ayudando a su alfa a sacarlo, tirando a Nick de la pierna.
Fenrir acomodó a Harry de nuevo en su regazo, lugar del cual había sido desalojado y lo abrazó contra su pecho. Se dijo a sí mismo que era para calentarlo, que era para darle calor a su futura pareja, pero se encontró disfrutando el sostener un cuerpo suave y cálido contra el suyo.
Sabía que lógicamente quien hablaba era el lobo en su interior, su lobo vio a un compañero de cría, una manera de procrear y tratar de tener cachorros otra vez, al fin después de más de una década. Su carácter era demasiado duro como para estar así de feliz y que le gustaran cosas infantiles como los abrazos, aunque admitía que había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo una buena jodida. Ya ninguna bruja o mago se le acercaba, no desde que el Ministerio lo expulsó colocándolo en la lista negra como un hombre lobo peligroso y degenerado, y los Muggles no parecían ser buenos para otra cosa además de una comida ocasional la mitad de la cual terminaba vomitando más tarde, mientras que el resto le sentaba mal a su estomago. Sus pequeños cuerpos no eran lo suficientemente fuertes para manejar una buena jodida con un poderoso hombre lobo alfa.
- ¿Quiere que nos dirijamos a la cabaña en este momento, alfa? – Preguntó Jonas.
Fenrir asintió.
- ¿Desea que mueva los cueros y las pieles a la cabaña para darle calor extra a la perra alfa?
Harry miró a Jonas, todavía no se acostumbraba a ser llamado perra alfa tan casualmente.
- Sí, necesitamos mantenerlo lo bastante calientepara cuando llegue la temporada de reproducción.
- Oh, ¡es por eso que vamos a la cabaña! – Exclamó Sidney.
Fenrir gruñó irritado mientras lo pateaba con fuerza y un momento después Sid se frotaba contra el mismo pie que lo había pateado como una disculpa.
- Lo lamento alfa, no quise decir nada con ese comentario.
- Ve y ayuda a Jonas a trasladar las pieles a la cabaña. – Fenrir le gruñó, estaba molesto. Los miembros de su manada lo estaban irritando más de lo normal y no le estaba gustando. Tendría que desahogar su profunda frustración en alguien y esperaba que esa liberación estuviera ligada al pequeño cuerpo en su regazo.
Harry alzó un brazo alrededor del cuello de Fenrir y descansó su mejilla contra su alfa, esperando calmarlo un poco. Funcionó y pudo sentir la tensión superficial drenarse lentamente mientras todos los betas huían, trasladando las cosas desde la pequeña cueva hacia la cabaña y su comida a un nuevo depósito más cercano a la cabaña en la cual estarían viviendo por las próximas semanas.
- Odio las casas.
- ¿Lo haces por mi beneficio? – Preguntó Harry. – Puedo manejar este clima Fenrir.
- ¡Tus pies están azules! - Señaló Fenrir despectivamente.
- Es ligero, un azul pálido, antes eran de color azul marino y todavía estoy bien. – Descartó el chico.
- No te morirás de frío bajo mi cuidado, ni perderás algunos dedos o extremidades cuando hay un refugio perfectamente disponible en mi territorio.
- Me gusta esa pequeña cabaña. – Dijo Harry recordando con cariño sus pocas horas dentro de ella, la breve comodidad y el resguardo de la nieve que le brindó.
Fenrir lo miró entrecerrando sus ojos, preguntándole en silencio.
- Es lo que me hizo detenerme en tu territorio en primer lugar. Tenía tanto frío y estaba nevando de nuevo, era de noche cuando encontré la cabaña, estaba tan cansado y débil que ni siquiera me di cuenta de que estaba en un territorio reclamado, no creo que me importara en ese momento, tenía tanto frío, así que me acurruqué en la cabaña con una manta que encontré en el armario, sólo quería un pequeño respiro de la nieve. Unas pocas horas después me desperté sintiéndome afiebrado, aunque ahora sé que estaba entrando en celo; Loren, Scott, Nicko y Stace me encontraron un poco más tarde.
Fenrir resopló. – Ellos desaparecieron del control rutinario de los límites del territorio, se estaban tomando demasiado tiempo, así que fui a buscarlos y para mi sorpresa, encontraron a una linda cosita como tú errante en medio de nuestro territorio. Ese es el mejor regalo que me han dado jamás.
Harry resopló e inclinó su cabeza hacia atrás para mirar a los profundos ojos azules de Fenrir.
- Sólo lo dices porque soy el único sumiso que has visto en décadas. Estás desesperado.
Fenrir se rió y dio vuelta a Harry lo puso sobre su espalda acostándose sobre él.
- ¿Así que eso piensas? No es por falta de perras que se ofrezcan, o por la falta de sumisos desfilando enfrente de mí.
- ¿Entonces qué es? – Preguntó Harry con curiosidad, sus burlas yéndose bajo la seriedad de Fenrir. Entonces el alfa se acercó más, siempre serio.
- Quiero cachorros, pequeño sumiso. Quiero cachorros fuertes y saludables que porten mis genes, que tengan una maldita oportunidad de sobrevivir los infiernos en la naturaleza y soy exigente con respecto a quien debe cargar a mis cachorros. He tenido unas pocas jodidas por aquí o por allá para ver si mi semilla preñaría a una perra, pero ninguna fue lo suficientemente fuerte para llevarlos, los cachorros eran enfermizos e incluso una perra estúpida dejó a los cachorros en la guarida para darse un baño en el arroyo sin decirle a la manada.
- ¿Perdiste a tus cachorros? – Preguntó Harry, horrorizado.
- Perdí a varios cachorros y perras. – Admitió Fenrir. – Tres cachorros enfermizos en un invierno muy duro cuando yo apenas era mayor que tú; perdí a una perra a manos de unos cazadores humanos mientras corríamos en la luna llena, maté a los cuatro cazadores, sin tener en cuenta que yo no tenía sentimientos por esa mujer y perdí a cinco cachorros casi recién nacidos debido a unos zorros escurridizos después de que mi perra alfa los dejara un momento para bañarse. La maté por eso, perra estúpida, no puedo tolerar a la gente estúpida que deja a mis cachorros solos e indefensos mientras se van, y de todas las estúpidas razones, a un maldito baño. Me volví más exigente en cuanto a mis perras después de eso. No he tenido a ningún cachorro que haya vivido más de algunos meses después de su nacimiento y después de eso aprendí a esperar. No he tenido más cachorros y ni siquiera he tomado a otro compañero, eso fue hace dieciocho años y llevó sin joder más de once años.
- ¿Voy a parir cachorros de lobo? – Preguntó Harry un poco preocupado.
Y entonces Fenrir se rió, la tercera vez que Harry oía esa risa en todo el mes que llevaba junto a la manada.
- ¿Acaso eres estúpido? Claro que no lo harás. Hay demasiados genes humanos, en este momento los genes de la licantropía son relativamente pequeños en comparación al total del ADN estructurado en tu cuerpo, ese es el por qué sólo somos lobos durante la luna llena y no todo el tiempo.
- Oh– exclamó Harry en un murmullo. – ¿Qué pasa con las lunas llenas?
- Ellos olerán como nosotros, serán nuestros cachorros así que aun si ellos no tienen todos los genes de la licantropía y no se convierten en lobos, no los atacaremos o les haremos daño, pero ambos somos lobos, espero que el bebé se transforme con la luna llena.
- ¡No! – Estalló Harry en voz alta y luego se cubrió cuando Fenrir le gruñó mostrándole los dientes frente a su rostro. – El cambio duele; ¡no puedo dejar que mi cachorro pase por ese dolor! – Le explicó rápidamente.
En ese momento Fenrir lo miró fijamente y luego sonrió, levantándolo. Se incorporó y sentó a Harry de nuevo en su regazo, esta vez frente a él.
- A veces olvido lo poco que sabes. Los cachorros nacidos como hombres lobo extrañamente no sienten ningún dolor en absoluto durante el cambio, probablemente porque ellos no se tensan esperándolo, se mantienen relajados y receptivos por lo cual no les hace daño, no se tensan en ninguna de las lunas llenas porque saben que no les hacen daño.
- ¿Así que fuiste mordido? – Preguntó Harry con precaución, una vez más le ganaba su curiosidad.
Fenrir dio un corto asentimiento. – Cuando tenía nueve. – Gruñó mientras se rascaba el cuello en donde comenzaba la barbilla.
- ¡Eso debió ser insoportable!
Fenrir se encogió de hombros. – No recuerdo mucho. Desperté en un hospital unas semanas después. Algunos Muggles me encontraron a un lado de la carretera, me faltaba la mitad de un costado. La policía creyó que fui atacado por un animal salvaje.
- ¿Qué pasó con tus padres?
De repente la tensión era lo suficientemente gruesa como para caminar sobre ella y la cara de Fenrir se volvió blanca por la ira. – Me abandonaron tan pronto como fui mordido y no los he visto desde entonces. Huí del hospital y poco después fui recogido por la manada del bastardo que me mordió. Fue asesinado por morderme y yo crecí en su vieja manada. Nunca me dijiste quien te mordió y donde está ahora.
- Oh, fui mordido por un hombre lobo en forma humana. – Dijo Harry.
- ¿Ahí vamos de nuevo? En verdad eres estúpido; un hombre lobo sólo es contagioso en su forma de lobo bajo la luna llena.
- Yo fui mordido, por un humano, el día de la luna llena. – Siseó Harry a través de sus dientes.
Fenrir arrugó su nariz y sus cejas ante ese pensamiento. – Nunca oí que eso hubiera pasado, voy a tener que comprobarlo. ¿Dijiste que fue el día de la luna llena?
Harry asintió bruscamente.
- ¿Así que algún hijo de puta al azar vino y te mordió de la nada?
- Yo lo conocía. – Respondió Harry. – Aunque nunca esperé que me mordiera.
- ¿Sabías que era un hombre lobo? – preguntó Fenrir.
Harry asintió. – Sip, ya lo sabía incluso dos años antes de que sucediera, me enteré casi en el mismo momento en que entró en mi vida.
- ¿Y sin embargo todavía pululabas a su alrededor?
- Por supuesto. Era un hombre muy amable y compasivo.
- ¿Al que lo único que le gustaba era morder a niños de quince años? – Fenrir resopló de risa.
Harry le dio una bofetada con el dorso de su mano, pero escondió una pequeña risa para sí mismo, antes de que cayera el silencio y reflexionara. Se preguntó que estaría haciendo Remus ahora.
- Estaba muy arrepentido de haberme mordido. – Comentó ausente, recordando ese día con claridad. – Estábamos discutiendo y ambos nos salimos de quicio, fue el día de luna llena y su lobo estaba cerca de la superficie. Sabía que no debía provocarlo, pero estaba tan enojado que no me importó, no pensé y pagué por ello. Esa noche no cambié cuando salió la luna llena y todos pensamos que era seguro, que nada había pasado y él y yo hablamos después e hicimos como si nada hubiera pasado. – Explicó Harry suavemente. – Pero la siguiente luna llena, llegó la luna azul y yo cambié. Pensamos que todo estaba bien, ninguno se molestó en tomar precauciones, había pasado la primera luna llena después de ser mordido, estaba en forma humana cuando me mordió, por supuesto que no era un hombre lobo, pero contra toda lógica esa noche cambié. Ataqué a la mitad de mi propia familia y no me detuve hasta que todos estuvieron muertos. Me desperté en la mañana cubierto de su sangre y no podía recordar nada de lo que había hecho, aún no recuerdo esa noche. Estaba tan confundido que entré en pánico, no sabía cómo había conseguido llegar desde mi cama hasta el primer piso, no sabía por qué estaba cubierto de sangre o dónde estaba mi familia. Los encontré a todos en los pisos superiores, despedazados y a medio comer. Ahí fue cuando huí y he estado corriendo desde entonces.
- ¿Por qué demonios no me lo dijiste antes? - Demandó Fenrir.
- No lo sé, yo sólo… sentí que tenía que decírtelo ahora y no antes, ¿acaso importa?
- ¡Claro que importa! La mitad de las malas historias sobre hombres lobo vienen de quienes han tenido malas experiencias o malas transformaciones. Se conducen a sí mismos a la locura debido a los recuerdos de lo que han hecho, lo que han visto o lo que les han hecho a ellos.
Harry pestañeó. - ¿Ese es el por qué de tu venganza hacia los humanos?
Fenrir frunció el ceño. – Eso y que ellos nos cazan a mí y a mi manada. La mayoría de mis objetivos son cazadores y sus familias, o los magos que son lo suficientemente estúpidos al tratar de capturarme por los Galeones que hay por mi cabeza, o algunos quienes se atreven a insultarme a mí o a mi manada.
- ¿Mantendrás a nuestros cachorros a salvo? – Preguntó Harry.
- ¿Qué tipo de pregunta es esa? – Gruñó Fenrir. – ¡Por supuesto que lo haré, son míos!
Harry asintió y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Fenrir, abrazándolo, lo cual sobresaltó al alfa y se quedó inmóvil mientras trataba de averiguar lo que había pasado.
- Nunca volveré a ser quien era. – Dijo Harry, alejándose y mirando a sus profundos ojos azules. – Nunca seré humano de nuevo, y de cualquier manera los miembros de mi familia a los que no maté probablemente me odien y no querrán que vuelva, así que de la manera en que lo veo, puedo huir y vivir aislado de nuevo, apenas sobreviviendo, tan solitario, tan asustado, siempre con dolor, siempre hambriento y siempre viajando; o puedo quedarme aquí, con mi manada, contigo y crear mi propia familia.
- ¿Cuál de ellas vas a elegir? – Gruñó Fenrir, como si Harry tuviera opción en este asunto.
- Prefiero quedarme aquí contigo, con los otros, a pesar de que sean idiotas la mayoría del tiempo, al menos pueden sostener una conversación y alejarme de la soledad.
- ¿Y nosotros? ¿Tú y yo? – Señaló Fenrir.
- No estás tan mal. – Dijo Harry descaradamente. – Gruñón, de corto temperamento, y pateas demasiado a los hombres que me manosean, pero aún así me salvaste. De seguro habría muerto este invierno sin ti y la manada y estoy muy agradecido de que me acogieran. Me gusta estar en una manada. Es diferente y toda la dinámica y las reglas son difíciles de entender algunas veces, pero es un gran alivio no estar constantemente asustado, o viajar todo el tiempo, con un hambre constante y siempre al borde de la inanición. Ahora no puedo imaginar estar sin una manada y sólo ha pasado un mes. Pienso que si los dejo ahora, entonces moriré dentro de una semana.
Fenrir resopló y lo jaló más cerca. - Menos mal que me encariñé contigo, entonces. – Él gruñó y se puso de pie, aún sosteniéndolo. – Esos hijos de puta ya deberían haber terminado.
- Si no lo han hecho puedes golpearlos en la cabeza. Eres su alfa.
- No, podemos, tú también como la pareja alfa. – Le dijo Fenrir con una sonrisa.
Harry le sonrió. Aún estaba nervioso por lo de tener sexo por primera vez y sobre estar embarazado y cargar a los cachorros de Fenrir, pero después de lo que le contó acerca de sus otros cachorros, Harry descubrió que quería tener a sus cachorros y mantenerlos con vida, a diferencia de las otras perras alfa que habían perdido a sus crías en algún punto en medio de la negligencia o la estupidez en menos de un año.
Sabía que obviamente iba a ser mucho más difícil criar a un bebé en el bosque siendo todo lo contrario a una casa, en donde habría más comodidades; aquí afuera tenían que luchar por absolutamente todo, comida, agua, refugio, territorio, calor, supervivencia. Cualquiera y cada uno de los depredadores podrían matar a su bebé, cada invierno, la falta de comida, iba a ser una ardua lucha criar a su bebé hasta la edad adulta, pero quería darle a Fenrir su sueño de tener cachorros y quería ser el único que los portara. Después de oír cómo había sido convertido y como había perdido a tantos compañeros de cría y cachorros, no culpaba al hombre por ser tan gruñón todo el tiempo, aunque Harry no encontraba excusa para los asesinatos por rencor, no importaban las excusas que le daba Fenrir. Sabía que, lógicamente, el hombre nunca iba a ser alguien suave y tierno, pero esperaba que el tener cachorros lo ayudara a ser un poco menos corto de temperamento, rápido al momento de golpear, y un poco más paciente y preocupado por fuera, después de todo, Harry nunca dejaría que nadie golpeara o hiriera a sus hijos, ni siquiera Fenrir.
Kingsley Shacklebolt entró en el ascensor, rezagándose al fondo mientras otros se le unían. Miraba al frente ignorando a los dos hombres, que a su vez pretendieron no darse cuenta de su presencia, esperaba que casualmente Amos Diggory comenzara a hablar con el trabajador de su Departamento.
- Todavía no puedo creer que el Ministerio cancelara por completo nuestras vacaciones. – Gruñó Diggory. – Sólo porque Malfoy está muy emocionado buscando a Potter y a Greyback. No has visto a Malfoy perder su tiempo en esto, no, somos nosotros los humildes trabajadores del Departamento quienes tenemos que rastrillar la mierda de las semillas que sembró.
- ¿Todavía no tenemos noticias sobre Cusson?
- No, él y Duggan aún no se aparecen, envié a Drewson y a Onions a ver si podían encontrar algo. Nunca se sabe, tal vez Greyback al fin desapareció.
- No ha desaparecido en quince años, ¿por qué ahora?
- No importa, siempre y cuando encontremos a la bestia y se la entreguemos. El Ministro quiere que él y Potter vayan ante la justicia por sus crímenes.
- No podemos sentenciar a Potter hasta que cumpla diecisiete.
- Ya lo sé, pero a este ritmo tendrá diecisiete antes de que finalmente lo localicemos. – Gruñó Diggory.
- No puedo pasar la otra mitad del año sin vacaciones, mi esposa va a matarme.
- ¿Aún no tienen pistas, Shacklebolt? – Diggory de repente se dirigió a él alzando más la voz, Kingsley fingió despertarse de sus pensamientos inexistentes y miró a los dos hombres.
- ¿Perdón?
- ¿No son tú y los Aurores los que tienen que localizar a Potter y a Greyback?
- ¿Tienes información que el departamento de Aurores no tiene? – Preguntó cuidadosamente. – No hemos oído que Potter y Greyback estén juntos.
- No, no estamos asumiendo que están juntos, pero es de conocimiento común que los hombres lobo permanecen unidos.
- ¿Piensas que Greyback y Potter están… unidos? – Preguntó Kingsley.
Diggory enrojeció y balbuceó – Bueno… no, pero estamos cazándolos a ambos, mi departamento y el tuyo, incluso el departamento de Aplicación de la Ley Mágica también.
- Ni siquiera hemos encontrado una pista de Potter, pero según nuestro último informe aparentemente Greyback está en Lynton.
- Último informe mi culo. – Se quejó Diggory. – Es como la denuncia anónima de que Black está surfeando en Sidney o descansando en algún lugar de las Maldivas.
- Tenemos que atender todas las denuncias, incluso la que parezca más ridícula.
- Ya lo sé, pero cuando llegan estas estúpidas denuncias de: "¡Oh! ¡Sirius Black estuvo en la ventana de mi habitación la noche anterior!", o "¡Greyback ha sido visto comiéndose a los pingüinos en el zoológico local!". ¡Yo sólo quiero quedarme en mi cama!
Kingsley asintió estando de acuerdo. – La semana pasada denunciaron que Potter había sido visto en un acuario de vida marina. Tuve que levantarme a las tres de la mañana para recorrer todo el camino a Bewdley, hasta dicho acuario sólo porque algún Muggle pensó que había visto a un muchacho parecido por las cámaras de seguridad unas horas antes.
- Se está poniendo peor – Gruñó el hombre junto a Diggory – la gente está saltando ante nada y llamando a la línea de denuncias y nosotros somos los que tenemos que lidiar con este desastre.
- ¿Así que aún no hay noticias sobre Greyback o Potter en tu departamento? – Preguntó Kingsley.
- Nada, ambos se han desprendido del mapa, lo que explica por qué pensamos que están juntos. Aunque desde luego ninguno ha descansado apropiadamente, o dormido ocho horas completas en semanas, podría estar por volverme como Ojo-loco y estar siendo paranoico al respecto.
- ¿Potter sabe quién es Greyback? ¿Alguien siquiera pensó contárselo alguna vez?
Kingsley admiró al hombre, Cousins, creía recordar que era su nombre, por hacer una pregunta tan inteligente. Se aseguraría de repetírsela a Sirius para descubrir la respuesta, si Harry no sabía quién era Greyback, y Greyback no reconocía a Harry o no le importaba quien era, entonces ellos muy bien podrían estar juntos después de todo, aunque Greyback no era conocido por su tolerancia hacia otros.
- Claro que sabía, todos saben quién es Greyback – desestimó Diggory inmediatamente – Es por eso que Shacklebolt es el Auror que te reemplaza cuando tú tienes una crisis de lógica. No puedo creer que lo estaba pensando.
Los dos hombres salieron en el siguiente piso y Kingsley apoyó rápidamente una carta contra la pared del ascensor y se la envió a Remus Lupin, no podía arriesgarse a poner el nombre de Sirius en ella, sólo en caso de que fuera interceptada.
Entró en el departamento de Aurores, lleno de diminutos y estrechos cubículos y gente ocupada. Si Diggory pensaba que su Departamento lo tenía difícil con sus vacaciones canceladas, no era nada comparado con el departamento de Aurores, todavía tenían sus casos originales, pero ahora agregándole que también tenían que encargarse de encontrar y traer a Harry Y a Greyback, tenían una carga de trabajo increíble y todos los Aurores estaban estresados, molestos y cansados. Si Diggory pensaba que tener unas cuantas denuncias estúpidas era el mayor de sus problemas, Kingsley deseaba que intercambiaran de sector. El departamento de Aurores tenía cientos o más denuncias ridículas a diario y cada una debía ser seguida e investigada, sólo por si acaso.
El Ministro estaba volviendo esto terriblemente difícil, la pérdida de Potter por una mordida de un hombre lobo desconocido, la pérdida de ocho miembros de la comunidad mágica, cinco de ellos de la misma familia y uno de familia Muggle la cual estaba tratando de demandarlos por la muerte de su única hija, el escurridizo Fenrir Greyback, quien se había desvanecido bajo la tierra con la caída del Señor Oscuro hace quince años atrás y no salía a la superficie desde entonces, según todo lo que sabía él podría estar muerto, pero estaban a cargo de encontrarlo y traerlo de regreso a pesar de todo, y por supuesto Kingsley todavía era líder del equipo que se encontraba en la búsqueda de Sirius Black, pero podía ignorar eso mientras pareciera que también lo estaba buscando, todo lo que tenía que hacer era enviar a los miembros del equipo que lo ayudaban en el caso en búsqueda de pistas falsas a los confines de la Tierra siguiendo otro supuesto avistamiento o la llegada de una denuncia.
Kingsley no sabía lo que pensaba el Ministro, pero era obvio que estaba fuera de sus cabales y con Lucius Malfoy susurrando quien sabe qué en su oído, no iba a mejorar. Intentaba ir lo más rápido posible en la búsqueda de Harry para la Orden, y de Greyback para el Ministerio, pero la carga de trabajo era demasiada y si el Ministro no era cuidadoso tendría al Ministerio completo con una revuelta entre sus manos. No podían cargar con este ritmo y nivel, no funcionaría. Probablemente nunca encontraran a Greyback y aunque Harry todavía no estaba muerto a juzgar por los hechizos de rastreo todavía tenían señales débiles de la firma mágica que dejó detrás en los lugares en los que había estado recientemente, lo estaría pronto ya que la temperatura había bajado ayer por la noche y según la última información reunida, Harry tenía un mínimo de ropa y aún no tenía zapatos.
Había un límite de lo que las personas podían atravesar, incluso si eran hombres lobo y mientras Kingsley se sentaba en su cubículo, temía que la suerte del joven, que lo miraba entremedio de las parpadeantes fotos de Sirius Black, se desvaneciera rápidamente con cada una de las cruentas heladas de ese invierno.
Harry tenía tanto frío que le daba la bienvenida a los cuerpos a su alrededor. Se apretó enterrándose aún más bajo los brazos de Fenrir, se presionó contra ese cálido pecho, acurrucándose. Desde allí vio cuando Jonas se acercó junto a él, presionándose contra su espalda.
Los once dormían juntos en un enorme montón de cuerpos calientes, los gruesos cueros y pieles que arrojaron en el piso los mantenían aislados del frío suelo, pero aún así no había suficiente para cubrirse y la cabaña sólo tenía unas cuantas mantas mohosas, las cuales ni siquiera servían para quemar.
Harry gimoteó mientras sentía un aire frío pasar por debajo de su cuerpo y Fenrir gruñó moviéndose para lanzar una pierna sobre los muslos de Harry, arrastrándolo firmemente para tenerlo aún más cerca mientras Harry temblaba.
Era temprano en la mañana, pero todavía hacía demasiado frío para moverse y Harry envolvió sus brazos alrededor de sí mismo, gimiendo de nuevo, necesitaba que Fenrir envolviera sus brazos a su alrededor con más fuerza. Ahora estaba seguro de que habría muerto si hubiera continuado por su cuenta; nunca había sentido tanto frío en su vida, y eso que tenía a diez hombres rodeándolo para mantenerlo caliente. Este invierno era crudo y de una frialdad congelante.
Incómodo y helado, ahora también necesitaba mear. Harry gruñó y trató de salir por sí mismo de la pila de cuerpos sin pisar a nadie.
- ¿A dónde vas? – Gruñó Fenrir, con un agarre firme en su tobillo, a pesar de que aún estaba medio dormido.
- Necesito hacer pipí. – Dijo el chico, algo atontado. – Quédate con Jonas en mi lugar.
Harry salió a la nieve y casi chilló por la horrible sensación de tenerla bajo sus pies. No fue demasiado lejos, de hecho ni siquiera fue hasta hilera de arboles, se giró contra la pared de la cabaña, antes de salir corriendo hacia el interior de la cabaña y arrastrarse de vuelta a su lugar, el cual Fenrir mantenía despejado para él dejando sus brazos extendidos, sujetando los hombros de Jonas.
Los pies fríos de Harry despertaron a cada miembro de la manada, todos gruñeron y se alejaron de él, Scott incluso se dio la vuelta para acostarse sobre la parte superior de Grant. Fenrir se sentó y tomó uno de los pequeños pies de Harry frotándolo con sus cálidas manos. Se habían puesto helados y pálidos; si se hubiera quedado afuera un poco más de tiempo se hubiesen vuelto de un azul pálido de nuevo.
Fenrir puso sus pies de un rojo brillante antes de acurrucarse una vez más en el montón junto a sus compañeros de manada, empujó a Bryan hasta que tuvo espacio para acostarse de nuevo y envolver a su pareja firmemente y así dormir unas horas más. Era casi como un estado de semi-hibernación, su contraparte lobo no hibernaba, pero en este frío, su lado humano solo podía acurrucarse y dormir para atravesar el clima austero y frío.
La siguiente vez que Harry se despertó, estaba un poco más caliente, debió haber sido alrededor del mediodía o temprano por la tarde. Se sentó y se estiró, algunos de la manada estaban de pie, otros caminaban todo el recorrido hasta el río en su territorio para conseguir agua y el resto iba hasta su depósito para traer la siguiente comida. Probablemente había sido esto lo que lo despertó ya que su estomago gruñía hambriento. Se acercó para saludar a los miembros de su manada frotando su mejilla contra la de ellos.
- Conocemos esa expresión. – Bromeó Grant, entregándole un puñado de carne.
Harry lo tomó e iba a comerlo, pero su lobo gruñó así que se detuvo y lo olfateó, preguntándose qué estaba mal. Olía bien, pero su lobo se negaba a ponerlo en su boca e incluso lo amenazó con lacerar sus entrañas si es que eso siquiera tocaba sus labios.
Se lo devolvió a Grant sin tocarlo y usó su olfato para buscar un pedazo de carne que su lobo sí comería, sólo para que los miembros de su manada comenzaran a reírse de él. Harry gruñó furiosamente y golpeó a Stacey, quien estaba más cercano a él.
- Era una pequeña prueba Harry, para ver si habías aceptado el reclamo de nuestro alfa, lo hiciste… o al menos tu lobo lo hizo. Bienvenido a la manada, perra.
Harry gruñó golpeando el brazo de Grant y cuando se negó a dejar de reírse, saltó sobre él y comenzaron a luchar hasta que una gran mano lo jaló encontrándose a sí mismo entre los brazos de Fenrir. Un muy irritado y temperamental Fenrir.
- Si alguno de ustedes trata de alimentarlo con las presas que YO cacé, los desafiaré a una pelea a muerte. – Les gruñó.
- No fue una ofensa alfa. – Murmuraron todos.
- Sólo queríamos estar seguros de que había aceptado su reclamo, alfa. – Continuó Grant. – Ninguno quería que pareciera que usted estaba haciendo el ridículo.
- ¿Creen que pueden hacerme ver ridículo? – Demandó Fenrir, sostenía a Harry mientras agitaba a Grant.
- ¡Bájame ahora! – Gritó Harry.
- ¡Voy a hacer lo que quiera contigo! – Gruñó Fenrir. – ¡Todos ustedes vayan a cazar! ¡Ahora!
Los nueve machos beta se pusieron de pie y se fueron, a pesar del clima, y Harry acabó aplastado contra la pared de la cabaña antes de que los betas la hubiesen abandonado por completo.
- ¡¿Cuál es tu problema?! – Siseó Harry a través de sus dientes mientras trataba de alejar a Fenrir.
- Esos hijos de puta están poniendo a prueba mi paciencia. – Gruñó el mayor mientras ponía su cara cerca de la de Harry y se frotaba contra él.
La ausencia de violencia iba acompañada de gruñidos y movimientos agresivos. Harry se relajó y le ofreció su garganta a su alfa, quien lamió un lado de su cuello.
- El impulso llegó esta mañana cuando desperté. – Fenrir gruñó suavemente.
El aliento de Harry se atascó y lo miró con sus ojos abiertos, los latidos de su corazón se estrellaron con fuerza contra su caja torácica. Él no sentía nada diferente desde ayer.
- No te asustes, este será un día para recordar. Hoy podríamos concebir a mis cachorros.
- No puedo dejar de estar nervioso, no sé qué esperar.
- Piensa en el placer más intenso que hayas sentido y triplícalo. – Dijo el alfa con arrogancia.
Harry frunció el ceño. – Creo que nunca he sentido placer físico.
La sonrisa satisfecha de Fenrir flaqueó. – Tienes dieciséis ¿y nunca te has masturbado?
Harry se sonrojó de manera poco atractiva y se retorció.
- ¡No lo has hecho! – Fenrir se rió y Harry lo miró con molestia. – Estás de suerte entonces. En estas condiciones a nuestros betas se tardarán al menos tres horas en cazar algo, eres todo mío por el momento.
- No quiero sentir dolor. – Dijo Harry en un murmullo.
- No voy a lastimarte. – Le aseguró Fenrir mientras caía sobre el montón de pieles, llevando a Harry con él, recostándolo por debajo. – Aquí. – Fenrir tomó la mano de Harry y la colocó en su cabello enmarañado. – Tira si crees que te estoy lastimando.
- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó Harry nerviosamente, incapaz de controlar el temblor en su voz o el estremecimiento de su cuerpo.
- Ahora mismo, algo que he deseado hacer desde que te vi por primera vez, pero también estaba asustado de provocar que huyeras. – Dijo Fenrir antes de jalar a Harry para un profundo y lascivo beso.
Harry miró con los ojos más abiertos hacia Fenrir, demasiado asustado para alejarlo, aunque iba perdiendo ganas de hacerlo a medida que se relajaba en el beso, su primer beso. Era extraño y no estaba seguro de qué se suponía que tenía que hacer, pero hizo un pequeño sonido cuando Fenrir metió su lengua entre sus labios cerrados, lamiendo el interior de su boca, lamiendo sobre su propia lengua y Harry presionó la tentativamente con la suya.
Fenrir se alejó y se rió entre dientes presionando su nariz contra la de Harry.
- Déjame adivinar, ¿tu primer beso?
Harry asintió casi tímidamente. – Sí. Es extraño.
- Entonces quizá deberíamos tratar un poco… más duro. – Siseó Fenrir suavemente, presionándose contra Harry, descansando más de su peso sobre él y deslizando una mano detrás de su cuello ubicando su cabeza para otro beso.
Esta vez Harry cerró sus ojos y trató de imitar un poco a su pareja, tratando de sentirlo, tratando de entenderlo, y tratando de participar del beso. El ángulo era diferente y Fenrir podía lamer sobre su paladar así como sobre su lengua.
Fue cuando el alfa comenzó a desvestirse y tocar su piel desnuda que Harry sintió los primeros indicios de placer. Dejó salir un suave gemido y acarició la cabeza de Fenrir en donde su mano todavía se entrelazaba en su cabello.
Fenrir tocó todo su cuerpo, cada pulgada de sucia piel y Harry descubrió su respiración acelerada, su cuerpo hormigueando con cada nuevo toque, no podía dejar de retorcerse ligeramente.
Fenrir se rió y Harry abrió los ojos, mirándolo, incluso mientras sus mejillas se teñían de rosa por la vergüenza.
- No es divertido. ¡No puedo controlarlo! – Se defendió Harry.
- No quise decir nada con eso; me gusta que seas así de dulce. Es diferente y me encanta. – Le dijo Fenrir, acariciando con una mano un costado de Harry, haciendo que se retorciera de nuevo.
Fenrir besó a Harry otra vez, un poco desilusionado por cuan inexperto era. Pero entonces fue cuando pensó que podría tener un montón de diversión enseñándole a Harry, y esa pequeña decepción se convirtió en excitación mientras terminaba de quitarle a Harry su escasa ropa, registrando cuán delgado estaba tomó una nota mental para hacer que su manada le robara un poco de ropa nueva cuando fueran a buscar algo más de sal.
Deslizó su boca sobre el cuello de Harry y bajó tan lejos como podía antes de que la mano de Harry, aún en su cabeza, tirara de su cuero cabelludo.
- Mueve un poco tu brazo. – Gruñó Fenrir intensamente. – Mantente derecho, así puedo moverme más abajo.
Harry pestañeó, antes de comprender lo que había dicho y aflojar un poco el agarre de su mano, enderezando su brazo doblado.
Fenrir sonrió y usó su nueva libertad para besar alrededor de las huesudas muñecas y el estomago hundido. Odiaba que se viera así de flaco, cuan débil se había vuelto desde que había sido convertido. Era vergonzoso y juró que pondría algo más de carne en los huesos de Harry, pero hasta entonces, tendría que conformarse con el hecho de alimentar a Harry tanto como fuera posible y asegurarse de que comía más que suficiente para mantenerse con vida.
Descendió hasta lamer los huesos que sobresalían de su cadera, Fenrir gruñó cuando se dio cuenta de que no había ganado tanto peso como pensó. Era difícil adivinar lo que había debajo de la ropa, pero pensó que Harry había ganado un poco de peso en el mes y medio que llevaba en su manada.
- ¿Has estado cumpliendo con todas tus comidas?– Preguntó, sólo habían unas cuantas comidas en las que no había estado presente, pero siempre creyó que Harry había estado comiendo.
Harry lo miró divertido, su mente lo alejó del exquisito placer lo suficiente como para entender lo que estaba diciendo. Al final asintió y miró a Fenrir con extrañeza.
- Sí, he estado comiendo muy bien desde que llegué a la manada.
- No has ganado nada de peso; luces como si todavía te estuvieras muriendo de hambre lentamente.
Harry se miró a sí mismo críticamente en donde sobresalían sus huesos, sin embargo, también notó en dónde había ganado peso y sonrió.
- He ganado peso desde que llegué aquí, mira. – Dijo Harry mientras recorría con su mano sus propios brazos y su estomago.
Fenrir hizo una mueca y se preguntó exactamente cuán delgado había estado Harry cuando se unió por primera vez a su manada y se preguntó a sí mismo por qué no había demandado ver cuán peligrosamente famélico estaba uno de los miembros de su manada.
- Ya no veo los huesos en mis brazos y las articulaciones en mis codos, y me es evidente que he ganado peso en mi estomago, antes una comida ni siquiera hubiese hecho hincharse mi vientre, pero ahora, mira, esto siempre está aquí. – Dijo Harry con una sonrisa, ahuecando una mano sobre la ligera redondez de su vientre.
- Necesitas comer más.
- No tenemos suficientes provisiones para que yo coma más. – Argumentó Harry. – Estaré bien por ahora. El peso que perdí debe ser devuelto lenta y gradualmente de todas formas. Todo va a estar bien Fenrir, estoy seguro que con tu ayuda y la de la manada estaré saludable en poco tiempo.
El alfa asintió y bajó su cabeza hasta el vientre de Harry lamiendo alrededor de su ombligo, Harry se rio y se retorció. Fenrir continuó lamiendo por un costado, notando que la mano de Harry se había desvanecido de su cabello y ahora tenía ambas en sus hombros. Apreció el acto de confianza que Harry le demostró, no tomaría ventaja de ella.
Impacientándose, Fenrir bajó acomodándose entre las piernas de Harry, besando sus muslos y mordisqueando la escasa piel y carne que envolvían sus huesos, parecía que las piernas de Harry habían retenido la mayoría de carne en su continuo estado de inanición.
Estuvo agradecido de encontrar a Harry medio erecto, pero planeaba hacerlo estar completamente excitado muy pronto. El muchacho lanzó un pequeño quejido y Fenrir sonrió contra su piel, parecía que los muslos de Harry eran sensibles y sexualmente receptivos. Decidió dedicarle algo más de tiempo a la piel suave y a la mínima porción de carne en los muslos de Harry.
- No es tan doloroso ahora, ¿cierto? – Dijo con una sonrisa.
Harry sacudió su cabeza y tensó ligeramente sus piernas alrededor de su cuello y Fenrir ahogó una carcajada, hundiendo su cabeza de nuevo lamió hacia arriba cerca del pliegue de sus muslos.
El chico gimió un poco más alto y se retorció mientras Fenrir se acercó un poco más, y luego un poco más, hasta que deslizó su boca sobre una de las bolas de Harry y el muchacho dio un pequeño chillido ante la nueva sensación.
Controlando la sonrisa que trataba de escapar, Fenrir se acercó a la otra bola y la chupó. Subió arrastrando su lengua por toda la extensión del pene de Harry antes de meter la cabeza y chupar… fuerte.
Ahora Harry estaba gritando y arqueándose mientras sacudía su cabeza, moviendo la parte superior de su cuerpo para poder enroscarse en la cabeza de Fenrir y aferrarse a su pelo.
Fenrir empujó a Harry fácilmente de vuelta hacia abajo y quitó la polla del muchacho de su boca, limpiando la saliva que se había escapado de entre sus labios y le sonrió a Harry, quien tenía la cara sonrojada y los ojos vidriosos. Se enorgulleció de saber que él era el culpable de esa expresión en el rostro de su pareja.
- ¿Por qué Jonas me dijo que dolía? – Preguntó Harry.
- No menciones a ninguno de ellos de nuevo cuando estés conmigo de esta manera. – Gruñó Fenrir. – Pero te lo dije antes; Jonas no sabe de qué mierda está hablando.
La sonrisa de Harry reemplazó la mirada abatida que había aparecido al pensar que sería castigado por mencionar a Jonas. El muchacho se movió hasta alcanzar la boca de su pareja e inició su primer beso, el cual Fenrir respondió con gusto, con mucho más ímpetu y lascivia.
Separándose para respirar, Fenrir lamió uno de sus dedos y luego distrajo a Harry con otro beso. En verdad parecía que Harry disfrutaba los besos y el mayor iba a tomar total ventaja de eso para distraerlo de la preparación.
Empujando un dedo cuidadosa y lentamente en Harry, Fenrir trató de evitarle tanta incomodidad como podía, pero supo que había fallado cuando éste dio un pequeño respingo e hizo una mueca.
- Estará bien Harry, sólo mantente respirando, apuesto a que sólo es una sensación extraña, eso es todo.
Harry asintió. – Es un poco incómodo, ligeramente doloroso.
- ¿Demasiado? – Preguntó Fenrir.
- No. – Dijo Harry, sacudiendo su cabeza.
Fenrir presionó dentro de Harry tan profundo como podía y acarició su cálido interior. Chupaba la polla de Harry para mantener su mente distraída mientras agregaba un segundo dedo. El chico se retorció en su dedo y dejó salir un sonido angustiante.
- Relájate y mantente respirando. – Gruñó Fenrir. – Esta es la peor parte cuando jodes, pero se volverá mejor después.
Harry asintió con confianza y permanecieron con dos dígitos por un largo tiempo, Fenrir apenas movía sus dedos mientras se besaban por largos minutos, dilatando de a poco, hasta que la mirada aturdida se deslizó en esos ojos verdes otra vez.
Empezó a extender sus dedos tan gentilmente como podía; no sabía por qué, ya que no había hecho eso con ninguno de sus otros compañeros de cría, sin tener en cuenta si es que eran vírgenes o no, o si a ellos les gustaba tanto como a él. Sólo estaban juntos para procrear, para pasar sus genes, el sumiso que le daría hijos fuertes. Pero sus esfuerzos habían menguado a través del tiempo, y Harry era diferente. El chico confiaba en él y eso era algo que valoraba, así que estaba preparado para tomarse su tiempo con él… al menos ahora, siendo ésta su primera vez.
Fenrir metió un tercer dedo en Harry cuidadosamente, acariciando su polla para estimularlo aún más, pero Harry todavía se contraía y dejaba escapar pequeñas exclamaciones de dolor.
- Sólo respira.
- Estoy respirando – espetó Harry, entrecerrando sus ojos y apretando sus dientes.
- Entonces relájate más. – Gruñó Fenrir, masajeando ese estomago hundido con su enorme mano, tratando de lograr que sus músculos interiores relajaran las tensas contracciones alrededor de sus dedos. Eso se sentiría increíble después, cuando hubiera algo más que sus dedos dentro de Harry, pero mientras sus dedos estuvieran allí dentro, era incomodo y doloroso ya que estaban siendo exprimidos y casi triturados.
- Estoy tratando– dijo Harry suavemente. – Todo esto es nuevo.
- Ven aquí. – Gruñó Fenrir y lo jaló para otro beso, añadiendo su lengua fácilmente ya que la boca de Harry estaba abierta. Al parecer le gustaban los besos franceses.
Entre los besos y la mano tirando de su polla, Harry sintió su cuerpo relajarse y volverse más flexible mientras Fenrir añadía un cuarto dedo. Gimió y se mordió el labio, pero la callosa mano en su pene tirando y masajeando más rápido hizo que dolor ardiente quedara casi inmediatamente olvidado bajo el cúmulo de sensaciones hormigueando en sus terminaciones nerviosas.
Cuando consideró que Harry estaba preparado adecuadamente, tanto como era capaz de estarlo, lentamente retiró sus dedos uno por uno así no así no sería un shock tan grande para Harry al eliminar los cuatro dedos a la vez. Harry aún se retorcía y parpadeaba abriendo esos aturdidos ojos para observarlo, pero Fenrir ya había escupido en su propia mano sin que el otro pudiera ver, no quería que todo su duro trabajo fuera deshecho porque Harry lo hubiese visto haciéndolo y entonces entrara en pánico. Mataría su buen estado de ánimo al tratar de calmarlo de nuevo.
Aún sostenía a Harry presionándose a sí mismo contra su abertura, observó como esos ojos se abrían de golpe y el pánico se deslizaba en ellos. Trató de alejarlo, pero Fenrir se deslizó rápida y fácilmente, y estuvo dentro antes de que Harry se diera cuenta de lo que había pasado.
- No fue tan malo, ¿cierto? – Gruñó y lo observó con una sonrisa satisfecha mientras Harry se retorcía alrededor y trataba de acostumbrarse a la nueva sensación.
Harry sacudió su cabeza – No dolió.
- Te dije que no lo haría – se burló, tratando de controlar su propia reacción a la estrechez de del pequeño cuerpo caliente, se mantuvo controlado aún cuando Harry se retorcía acostumbrándose a la nueva intrusión exploratoria y entusiasta.
Cuando Harry rodó sus caderas, fue cuando Fenrir retrocedió y empujó de nuevo lenta y cuidadosamente, regalándole al muchacho nuevas sensaciones y dejándolo acostumbrarse a ellas antes de repetir sus acciones y quedarse quieto una vez más.
No esperó mucho antes de repetir sus acciones una vez más, acortando las pausas hasta que inició un ritmo continuo y lento sin problemas, observando que Harry no estaba mostrando señales de incomodidad o dolor.
Acercó su cuerpo, asegurándose de que Harry no tuviera un solo espacio en el que sentiera algo más que placer. Dejó descansar todo su peso sobre Harry, movió sus manos para sujetar esas delgadas y delicadas muñecas, besándolo profundamente, y empezó embestir de verdad encontrando su propio placer mientras se lo daba a Harry, quien estaba tan abrumado por el nuevo ritmo y las sensaciones que no podía enfocarse en corresponder el beso, permitiéndole a Fenrir hacer lo que deseara, lo cual también le complacía.
Harry trató de mover sus brazos, luchando contra la fuerza de Fenrir antes de darse cuenta de que era un esfuerzo infructuoso, pero luego se dio cuenta de que sus piernas no estaban sujetas y las envolvió firmemente alrededor de la cintura de Fenrir, aunque hubiese querido envolver los brazos alrededor de su cuello.
Aprovechando esa nueva postura, Fenrir se enterró en las profundidades de su interior arrancándole un gemido de placer, que luego se volvió un grito cuando las abruptas sensaciones viraron de agradables y placenteras a una oleada gigantesca de placer. Su espalda se arqueó involuntariamente, los talones de sus pies se enterraron en la espalda de Fenrir y sus brazos trataron de forzar un escape de las pieles en las que se encontraba sujeto.
Fenrir gruñó y sonrió cuando de repente el flexible cuerpo debajo suyo cobró vida y comenzó a empujarse contra él, usando sus piernas para contribuir al sexo, maullando de placer en vez de dolor o sorpresa mientras se retorcía. El joven cuerpo bajo él lo hizo embestir con más fuerza. Le encantaba.
Apuntó a la próstata de Harry tan certero como podía con el muchacho retorciéndose y revolviéndose sobre las mantas, lo cual era suficiente para mantener su orgullo intacto mientras Harry gritaba y se movía sin descanso tratando de conducirlos a los dos al orgasmo.
Harry se tensaba esporádicamente alrededor de la dura carne en su interior mientras giraba su cabeza de lado a lado, jadeando y gritando mientras trataba continuamente de liberar sus manos apresadas en el agarre de Fenrir, el abrumador placer que sentía mientras apretaba sus piernas alrededor de la cintura de Fenrir no era para nada lo que imaginó de esta actividad. Arqueó su espalda de nuevo y una embestida de Fenrir particularmente profunda lo envió sobre el borde y directo a su orgasmo. Gritó cuando su cuerpo se tensó, cada uno de sus músculos se contrajo hasta que la primera oleada de su orgasmo fue sobrepasada y él colapsó, deshecho por completo, dejando a Fenrir terminar.
Fenrir le sonrió satisfecho al cuerpo laxo debajo de él y aceleró sus embestidas para encontrar su propio orgasmo. No le había dicho a Harry sobre una característica en particular que poseían los hombres lobos dominantes, preocupado de que el chico huyera ante la información por lo que resolvió no mencionarlo y "mostrar" lo que sucedería.
Sintiendo el estremecimiento en su bajo vientre alcanzando el punto culminante, Fenrir se dejó llevar en un mar de calor al rojo vivo y sintió el nudo dentro de Harry, quien emitió un suave gemido, pero aparte de eso no reaccionó.
Descansó sobre Harry, descansando la mayor parte de su peso en los brazos y piernas, sabía que el cuerpo del chico aún estaba débil y frágil, no quería lastimarlo al dejar su considerable peso caer por completo sobre él.
Rodó hacia un lado cuidadosamente, llevando a Harry con él, y lo mantuvo cerca mientras el nudo mantenía su semilla dentro del cuerpo del muchacho para aumentar las posibilidades de concebir un hijo. Ahora que la temporada de cría había comenzado, trataría de copular con Harry tan a menudo como fuera posible para asegurarse de tener hijos, quería cachorros y Harry era el primer sumiso con el cual quería criarlos, con todos los demás lo había hecho sin ese deseo, pero quería tener cachorros, sólo por los cachorros. Hasta ahora.
- ¿Por qué todavía estás duro? – Preguntó Harry, su voz sonaba áspera y rasposa.
Fenrir le sonrió con aire de suficiencia y olfateó la frente de Harry. Iba a tener que encontrar la manera de calentar agua para darle un baño al muchacho, su piel casi estaba gris por los meses de suciedad e incluso tenía sangre seca y escamas de barro apelmazado en su pelo. No es que le importara mucho, pero sería agradable poder ver un poco más de piel rosa en lugar del tono fangoso y gris que tenía actualmente.
Su cara, cuello, brazos y pies eran los más urgentes, pero le vendría bien un buen lavado de cuerpo completo, lo que probablemente tendría que esperar hasta la primavera cuando los lagos no tuvieran la superficie congelada e hiciera un poco más de calor.
- Me he anudado en ti, Harry – dijo en voz baja, su garganta también estaba un poco adolorida por la reciente actividad. – Es uno de los atributos que tomamos de nuestra parte lobo. Mantenemos la habilidad de anudarnos en nuestra forma humana como nuestros lobos, probablemente, para asegurar más concepciones, aunque en realidad no me cuestiono cosas que no necesitan una respuesta. Que la gente especule lo que le apetezca, no me importa. Pasa porque sí, sólo déjalo pasar.
Se quedaron donde estaban, juntos hasta que por fin Fenrir se sintió cada vez más pequeños y se deslizó fuera del interior de su pareja con un gruñido de placer. Harry había comenzado a temblar de frío así que jaló la ropa del chico antes de vestirse a sí mismo. Realmente necesitaba conseguirle algunas ropas nuevas.
Una vez que ambos estuvieron vestidos, Fenrir jaló a Harry hasta su regazo, consciente de que tal vez estaba adolorido y un poco lastimado, y comenzó a frotar sus brazos para calentarlo.
- No es tan malo, ¿cierto? – Preguntó Fenrir con una sonrisa satisfecha.
Harry se rió y sacudió su cabeza. – No, no es tan malo, un poco extraño a veces, pero me gustaría volver a hacerlo, si tú quieres.
Fenrir se rió en voz alta y apretó a Harry con fuerza.
- Entonces es algo bueno que no seamos lobos reales que sólo joden durante la temporada de reproducción, podemos joder cuando quieras, o en su defecto, cuando yo quiera – Sonrió socarronamente.
Harry se rió y lo abrazó, ignorando cuan rígido y tenso estaba.
- Eso es perfectamente justo, pero si estoy enfermo, lesionado o durmiendo, te quedaste sin suerte.
Fenrir resopló. – Si estás enfermo o lastimado dudo que quiera hacerlo y si estas durmiendo, fácilmente puedo despertarte.
Harry se rió y se acurrucó con más fuerza contra Fenrir, hundiéndose en la comodidad y el afecto humano.
- Deja de hacer eso. – Gruñó Fenrir, tratando de desenganchar los brazos de Harry de su alrededor. – ¿Qué crees que soy, una maldita almohada? Basta.
- Es un abrazo. – Dijo Harry con un bufido. – No voy a matarte. Me mantiene caliente y te demuestro mi afecto por ti, estúpido.
Fenrir resopló. – Pienso que lo que acabamos de hacer es mucho mejor, una forma más placentera.
- Me gusta abrazar y eres el único a mi alrededor con quien me siento lo bastante cómodo como para hacerlo, así que tienes que ser tú. Aunque si lo prefieres podría buscar a Grant o a Jonas y apegarme a ellos en tu lugar.
Fenrir gruñó y envolvió a Harry entre sus brazos, sujetándolo en su regazo.
- No. Si quieres tus estúpidos abrazos ven y consíguelos de mí, ¡no te involucres con nadie más! – Demandó.
Harry besó su cabeza y luego la punta de su nariz. – Sabía que lo verías a mi modo.
Fenrir resopló y luego lo liberó para poder ahuecar las manos alrededor de su boca y dejó salir un fuerte, largo y desgarrador aullido.
- Sólo me recordaste que la manada está cazando afuera, les estoy haciendo saber que ahora pueden volver. – Se explicó para responder la silenciosa pregunta en la expresión de Harry.
- ¿Ahora mismo están cazando o están dando vueltas alrededor en la nieve esperando a que nosotros terminemos?
- Es mejor que esos idiotas hayan estado cazando. – Gruñó Fenrir. – Es lo que les dije que hicieran después de todo y estar corriendo en los alrededores los mantendría más calientes que sentarse sin hacer una jodida mierda.
- ¡Estuvimos cazando alfa! – Exclamó Loren con alegría, tropezando en la cabaña, casi sacando la puerta de las bisagras por su emoción. – ¡Tenemos dos ciervos! Jonas y Grant están descuartizando uno para guardarlo en nuestro depósito y pensamos que hoy les gustaría una comida fresca después de sus actividades, así que tenemos al otro afuera para nuestra siguiente comida.
- Lo hicieron bien – lo alabó Fenrir y a Loren se le hinchó el pecho sonriendo de felicidad. Con veintiséis años él era el más joven después de Harry. – ¿Algún lesionado o algo digno de ser mencionado?
- No alfa. Todo fue sin problemas. Derribé al primer ciervo después de que Jonas lo persiguiera poniéndolo en mi camino y Scott derribó al otro justo antes de que nos llamara. El más fresco es el que estamos planeando servirle a usted y a nuestra perra alfa.
- Estoy complacido con todos ustedes, lleven este ciervo de nuevo a nuestro depósito, vayan y comiencen a comer, todos se lo han ganado. – Fenrir lo despidió con un gesto. – Nos uniremos en un minuto.
Loren agarró el ciervo del piso y lo arrastró para ponerlo de vuelta en su depósito, cerrando la puerta tras él y fue hacia el pequeño claro alrededor de la cabaña para decirles a los otros que su alfa les había dado permiso para empezar a comer, lo que a Fenrir le permitió tener un abrazo final atrapando a Harry en un beso profundo.
Se separaron y le sonrió a Harry disfrutando de su expresión aturdida.
- Ven, vamos a buscar tu comida. Ahora mismo podrías estar albergando a mis cachorros, necesitamos alimentarte para mantenerlos saludables y fuertes.
Harry sonrió y se puso de pie, girándose para sostener una mano de Fenrir, quien la tomó incluso aunque pensaba que no era necesario, era la intención detrás de la acción la que importaba y le gustaba saber que Harry se sentía así de cómodo con él y podían interactuar como amantes y no como un alfa y alguien más de la manada. Se habían unido como compañeros de cría y estaba determinado a mantenerlo de esa manera. Se ubicaron en su lugar alrededor del ciervo muerto con el resto de los miembros de su manada y comenzaron a comer.
Fenrir acomodó una mano sobre el vientre hundido de Harry e imaginó que dentro estaba sus cachorros. Sonrió salvajemente y arrancó un trozo de carne del ciervo para entregárselo a su pareja, y observó como éste apenas vacilaba antes de quitársela con entusiasmo. Ahora su manada estaba cerca de estar completa, todo lo que necesitaban eran cachorros. Sus cachorros.
Perdón por la demora.
La historia pertenece a Starlight Massacre y esta traducción ha sido realizada bajo la debida autorización.
