Capitulo 04: Los Cachorros
Harry gruñó cuando perdió al ciervo que estaba persiguiendo mientras hacía una curva cerrada la cual no tenía esperanza de recrear cuando estuviera en su forma humana, dudaba haber podido mantenerla incluso si hubiera estado en forma de lobo. Salió corriendo tras él mientras sus compañeros de manada lo bloquearon y condujeron de nuevo en su dirección para que lo matara. Su primera caza oficial con la manada.
Fenrir le estaba enseñando como cazar una presa grande y el entusiasmo inicial de Harry se había convertido en frustración rápidamente, apretó más fuerte la daga en su mano. Era el arma que Fenrir le había confiado a Harry para la cacería.
Él y Fenrir se habían vuelto más cercanos después de otro mes en el que se habían dedicado a estar prácticamente pegados a la cadera. Habían jodido varias veces desde la primera vez y Harry estaba llegando a amar rápidamente los sentimientos y sensaciones que despertaba en él, especialmente ahora que sabía qué esperar, qué sucedería y se había vuelto más fácil y menos doloroso cuanto más se entregaban a ellos mismos.
No tenían absolutamente ninguna manera de saber si estaba embarazado o no, de acuerdo con Fenrir no lo harían hasta que se empezara a mostrar, pero los machos beta definitivamente lo estaban tratando como si los cachorros ya vinieran en camino. Harry supuso que eso era lo que hacía Fenrir, hospedarse en la rústica vivienda y detener la lucha libre como una precaución. Había notado que le dejaban más comida, aunque era más de la que podía comer, pero aún así le dejaban más carne. Eso es lo que lo había llevado a pedir ayuda para derribar a una presa grande, quería saber cómo y quería ayudar a alimentar a su manada también y no sólo aprovecharse de ellos como un parásito, también quería quitarles un peso y ayudarles.
Fenrir aceptó de mala gana, pero la primera semana de su supuesto entrenamiento de caza se lo gastó escuchando a su manada dar un discurso de qué no hacer y cómo cazar sin salir herido. Incluso ahora Fenrir estaba detrás de él, siguiendo sus pasos y listo para saltar a protegerlo si era necesario, pero Harry se aseguraría de que no fuera necesario. Iba a hacerlo bien. Ignoró a Fenrir y a sus otros compañeros de manada mientras arreaban al ciervo hacia él, trató de poner en práctica exactamente lo que le habían dicho que hiciera mientras se agachaba hasta el piso y esperó tensamente, antes de saltar frente al ciervo y clavarlo en el cuello tan fuerte como pudo, enterró la daga hasta rebanar las arterias, venas y carne, cayó hacia atrás en el piso, haciéndose a un lado para evitar ser pisoteado y ser coceado por las enormes cornamentas.
Harry siguió al ciervo que ahora se tambaleaba, le había errado a todas las venas y arterias grandes, estaba enojado y frustrado consigo mismo mientras se deslizaba a un lado del macho que se tropezaba en la dirección opuesta. Loren le cortó el paso y lo guió hasta Harry, quien repitió sus acciones y apuñaló una vez más el cuello del ciervo. Cayó al suelo aturdido y gritando, Harry lo silenció con el cuchillo antes de observar con orgullo su primera presa de gran tamaño. Había sido un trabajo duro y sucio y estaba exhausto, pero lo había hecho y ahora sonreía con orgullo ante su logro.
Fenrir golpeó su hombro y lo tiró en un corto abrazo antes de arrojar un brazo posesivamente alrededor de su cuello.
- Lo hiciste bien para tu primera cacería. Espero que la próxima vez lo derribes de un golpe, pero para tu primer intento, no está mal.
- ¡Vamos, alfa, Sidney todavía no puede derribar a una presa de un golpe! – Señaló Nick. – Al menos está muerto.
- Harry es mi perra alfa, espero que lo haga mejor que los miembros de rango más bajo de mi manada. – Declaró Fenrir con simpleza.
- Ya está haciendo eso. – Respondió Bryan. – Pero llevaremos a Harry hasta sus estándares; las muertes de un solo golpe vendrán con práctica y experiencia. Entre más caces, más acostumbrado estarás.
Harry asintió y se apoyó aún más en Fenrir, como una muestra de sumisión para hacerlo feliz y en parte debido al hecho de que la loca carrera a través del bosque lo había agotado un montón.
Fenrir lo notó y el brazo alrededor de su cuello se deslizó hacia abajo yendo alrededor de su cintura, el alfa sostuvo casi todo su peso mientras ordenaba a sus machos beta que quitaran las piel y preservaran el ciervo con sus últimas reservas de sal mientras ayudaba a Harry que iba cojeando a través del bosque y lo llevaba devuelta al claro.
- Me iban a mostrar como preservar una presa. – Lamentó Harry con poco entusiasmo.
- Y te lo mostrarán, pero esta caza se prolongó durante mucho tiempo, mucho más tiempo de lo normal, necesitas descansar ahora.
Harry no discutió, era un esfuerzo inútil, lo que Fenrir decía se quedaba. Su palabra era la ley dentro de la manada, no ibas en contra del alfa a menos que desearas morir y Harry no lo deseaba, ya no más.
No era el niñito que siempre salía corriendo para salvarlos a todos antes de pensar o esperar refuerzos, no era el joven Gryffindor con el peso de las expectativas presionando sobre sus hombros; no era Harry Potter, el Niño-Que-Vivió. No aquí, no ahora. Sólo era Harry, la perra alfa de su manada, el compañero de cría del macho alfa, su única expectativa ahora era que tuviera a los cachorros del alfa, lo cual ya podría estar haciendo. Era una vida mucho más simple y pacífica y la disfrutaba inmensamente.
Fenrir lo devolvió al claro, Harry fue al prado y se acostó suavemente, aún recordaba su castigo de aquella vez que se dejó caer cuando sintió era un muerto viviente y estaba completamente exhausto. No había pensado antes de actuar, pero Fenrir lo arregló muy, muy rápido. Nunca antes pensó que vería a Fenrir tan enojado con él.
Se acurrucó alrededor de un montón de campanillas salvajes, Harry bostezó y se permitió relajarse. No trataba de dormir, trataba de descansar y a Fenrir, quien había subido a su roca atalaya favorita, realmente no le importaba si Harry estaba durmiendo o no, siempre y cuando estuviera acostado descansando en silencio, aunque lo más normal era que Harry no fuera capaz de manejar el sopor de la luz y tomaba una siesta corta.
Disfrutaba inmensamente tener a alguien que lo cuidara. Se había estado cuidando a sí mismo de todos, incluyendo al mundo mágico completo, lleno de adultos esperando a un chico desorientado para que los salvara, él no podía hacerlo, especialmente ahora, no era un mago, era un hombre lobo y había estado fuera de la escuela por un año y medio, honestamente qué esperanzas tenían, por una vez estaba siendo cuidado y amaba a Fenrir por eso.
Harry salió de sus pensamientos debido a la llegada de los machos beta y los observó mientras se reían y bromeaban, estaban tan felices, tan a gusto y en paz. ¿Por qué todos pensaban que los hombres lobo eran malos? Claro que si se tropezaban con los seres humanos mientras estaban en su forma de hombre lobo los cazaban y se los comían, a veces ni siquiera lo hacían a propósito o se trasformaban demasiado cerca de los humanos, pero durante los meses que Harry llevaba aquí, ni una sola vez habían tenido un encuentro con un ser humano o asesinado a alguien, todavía estaban bien alimentados. Los hombres lobo no necesitaban consumir carne humana para frenar su apetito o antojos; todas eran mentiras salidas de las bocas de los fanáticos.
Harry se acostó tranquilamente en el prado, escuchando a todos los machos beta reír y jugar entre ellos, se volteó lenta y cuidadosamente así Fenrir no se molestaría con él, dormitó varias veces, hasta que por fin Fenrir consideró que habían tenido suficiente descanso y fue hacia él, permitiéndole sentarse en el tronco de un árbol caído uniéndose a las conversaciones y bromas.
Ahora todos los de la manada estaban a su lado, comían juntos, dormían juntos, pasaban los días juntos, cazaban juntos, todo lo hacían juntos y los diez hombres a su alrededor se habían convertido en el centro de su mundo, no podía imaginar su vida sin ellos ahora que estaban clavados tan profundo dentro de su ser, de su corazón, si era honesto, ya no quería vivir una vida sin ellos, no valdría la pena.
- ¿En qué estás pensando? – Fenrir gruñó, tirándolo de su mejilla para que pudiera marcarlo con su olor. Fenrir hacía eso muy a menudo, al menos varias veces al día.
- Estaba pensando en que no valdría la pena vivir mi vida sin mi manada. – Harry sonrió, inclinando su cabeza hacia atrás para mirar a los profundos ojos azules de Fenrir.
- ¡Oh, que tierno! – Bromeó Bryan. – ¡Te amamos perra! ¿Dónde estaríamos nosotros sin nuestra perra alfa?
Harry resopló. Sabían que todavía no estaba acostumbrado a que lo llamaran perra, así que se aseguraban de mencionarlo en exceso, por lo general, él los golpeaba por eso, pero hoy se sentía perezoso y no quería moverse. Detrás suyo, Fenrir estaba caliente y aunque las profundas nevadas ya se habían ido, aún había un frío residual en el aire de la primavera.
- Tendrás que lidiar con un alfa sexualmente frustrado. – Le contestó Harry enseguida. Había oído historias de terror sobre Fenrir golpeando a los miembros de su manada hasta que sangraban porque la temporada de cría había llegado, lo golpeaba el impulso de reproducirse con un sumiso y tener cachorros y él no tenía un sumiso con el cual desahogar su tensión.
- Te estamos agradecidos por ser sexualmente receptivo a nuestro alfa y abrir tus piernas para él. – Le sonrió Sidney. – Creo que podré estar seis meses enteros sin mi nariz rota o mi mandíbula dislocada.
Fenrir resopló. – Con tu historial en joderme la vida, no tendría esa esperanza.
Los betas se rieron y Harry resopló una risa mientras se acurrucaba más en el cuerpo de Fenrir. Aún estaba tratando de que el hombre se acostumbrara a los abrazos y a acurrucarse, pero normalmente no sucedía, Fenrir se levantaba y se iba, pero al menos ahora no lo alejaba, aunque lo más probable es que eso fuera porque él podría estar cargando a sus cachorros… ahora mismo, era más que probable que esa fuera toda la razón por la cual Fenrir había dejado de empujarlo lejos, pero a Harry no le importaba, porque los momentos como éste, dónde Fenrir se sentaba y lo dejaba acurrucarse tranquilamente se estaban volviendo más y más frecuentes.
Draco Malfoy se sentó en su cama en los dormitorios de Slytherin y rastreó sus errantes pensamientos a través del laberinto de su mente. Este año había sido tan diferente debido a la ausencia de Potter, Granger y todos los Weasleys. Todos los de Gryffindor habían llorado la pérdida de sus siete estudiantes, junto con Hufflepuff y Ravenclaw, aunque según entendía, en Octubre tan pronto como se hizo conocido públicamente que Potter se había convertido en un hombre lobo y que esta era la razón de que dos de sus mejores amigos y la mitad de la familia Weasley estuvieran muertos los Griffindors empezaron una petición anti-hombres lobo que fue presentada al Ministerio en verano, nueve meses más tarde ya era casi imposible ser un hombre lobo en Gran Bretaña y las brujas y magos estaban atacando a los presuntos hombres lobo a la vista sin repercusiones. Era una completa locura, personas al azar estaban siendo atacadas por ninguna razón más que el haber sido vistos en una noche de luna llena, y ni siquiera por eso, algunas personas atacaban a sus vecinos o personas con las que no se llevaban bien sólo por no les agradaban y los acusaban de ser hombres lobo para escaparse de las consecuencias.
A Draco casi le asustaba la idea de ir a casa durante cuatro meses porque sabía lo que le esperaba. Miró hacia su antebrazo desnudo, al feo tatuaje que ahora marcaba su pálida piel, volviéndose pálido o rojo vivo por momentos. Lo odiaba. Si hubiese tenido alguna opción en este asunto nunca habría marcado alguna parte de su piel de tal manera, de ninguna manera en realidad, pero con el Señor Oscuro prácticamente viviendo en su casa, no tuvo elección y en un periodo de cuatro meses dejaría Howarts para siempre. Sería considerado legalmente un adulto y se esperaba que se uniera a todas las actividades de los Mortífagos, estaba aterrorizado.
Ahora no tenía otra esperanza, Dumbledore necesitaba a Potter para defenderse del Señor Oscuro, todos lo decían, incluso el mismísimo Señor Oscuro, y Potter aún estaba desaparecido, un año y medio después de ser mordido y de haber atacado a los Weasleys y a Granger hasta la muerte. Nadie podía encontrarlo, ni los Mortífagos, ni Dumbledore, ni siquiera el Ministerio, si Potter todavía no estaba muerto, entonces él no volvería voluntariamente, así que ¿qué otra opción tenía si quería continuar con vida?
Su Madre había llorado durante días después de que él fuera marcado. Odiaba que ella estuviese angustiada sobre esto, pero ¿qué otra opción tenía? El Señor Oscuro estaba viviendo en su casa con la loca hermana de su Madre, Bellatrix, ellos siempre estaba ahí y sentía como si siempre estuviese siendo vigilado, tuvo que compartimentar cada parte de sí mismo. Tenía que censorear sus emociones y pensamientos, tenía que censorear qué decía en su propia casa en caso de ser oído por casualidad, ni siquiera estaba a salvo cuando el Señor Oscuro abandonaba la mansión, lo que sucedía en contadas ocasiones, porque la terrorífica serpiente que mantenía como mascota siempre estaba ahí, deslizándose alrededor de la casa, acurrucándose en lugares extraños y escuchando, siempre escuchando, y retransmitiéndole a su Amo cada cosa que oía.
Su único alivio era la escuela la cual llegaría a su fin en cuatro cortos meses. Toda su educación sería desperdiciada, los exámenes serían inútiles, todas las horas que había puesto en sus estudios para que así pudiera empezar una carrera y llegar a la cima de su profesión a lo largo de su vida iban a ser inservibles, porque tan pronto como terminara sus estudios, se esperaba que se dedicara a los Mortífagos a tiempo completo, sin hacer preguntas, se esperaba de él y esas noches de insomnio en el silencio de su almohada lloraba sin parar por sus planes y aspiraciones arruinadas y su incierto futuro. Un futuro que ni siquiera quería.
Potter todavía no aparecía por ningún lado, su Padre le dijo a su Madre que los Mortífagos lo habían buscado por todos lados, habían pisoteado a través de cada bosque y pequeña rama, y estaban tratando de cazarlo sin ningún resultado, Potter siempre había sido afortunado y Draco pensaba que él también había sido afortunado, hasta que Potter fue mordido y huyó, entonces su suerte cambió, justo cuando Potter lo había hecho. Fue extraño.
Todos estaban buscando a Potter, el Ministerio, Dumbledore y su Orden y el Señor Oscuro con sus Mortífagos, pero ninguno pudo encontrarlo, donde sea que Potter estuviera, estaba bien escondido y hasta ahora había evitado ser capturado y tomado en custodia, ya casi había pasado un año y medio, muy pronto serían dos años, luego cinco. Draco estaba preocupado sobre cuán lejos podía llegar el alcance del Señor Oscuro en esa cantidad de tiempo y si el débil Dumbledore podría soportar su creciente poderío, porque el Señor Oscuro recolectaba más y más seguidores cada semana, no todos ellos estaban dispuestos.
El poder de la Oscuridad estaba creciendo mientras la luz parecía estar completamente enfocada en encontrar a Potter y en nada más. Si Potter estaba muerto, entonces no había esperanza y ellos estaban gastando tiempo valioso y energía que no les serviría lo suficiente cuando el Señor Tenebroso hiciera su movimiento. No quería ser una marioneta del Señor Oscuro como todos los otros Mortífagos; disponible, reemplazable, insignificante, todas esas cosas era lo que eran para el Señor Tenebroso, y esas eran todas las cosas que él no quería ser, pero quería vivir y si Potter no podía ser encontrado, entonces no había esperanza y no tenía otra opción.
Rodó la manga hacia abajo sobre su antebrazo para cubrir la desagradable marca en su brazo y se acostó en su cama, tirando el edredón sobre su cuerpo, aclaró su mente por completo y construyó sus barreras mentales como Severus Snape y su Padre le habían enseñado también.
Empujó sus emociones en lo profundo de su mente y las guardó bajo llave, las cuales no le servirían mucho en este nuevo mundo oscuro y no podía permitirse mostrarlas. El Señor Oscuro podría coger las piezas y se desharía de él completamente antes de destruirlo si demostraba algún desliz, si percibía alguna debilidad. Draco cerró sus ojos, pero el sueño no llegó hasta muy altas las horas de la mañana, después de haber bloqueado la mayoría de sí mismo y apartado su mente, en la profundidad de su interior. No tenía otra opción.
Llegó Abril y Harry estaba incluso más acostumbrado a estar en la manada de lo que jamás hubiese pensado. Ahora que la nieve se había desvanecido, Grant y Miles habían ido a varios pueblos para conseguir provisiones, sólo por si acaso, querían estar absolutamente seguros de que no pondrían en peligro a la manada, especialmente no ahora que habían confirmado que Harry estaba embarazado.
Por primera vez, la predicción de Fenrir estuvo equivocada, no se enteraron de su embarazo cuando comenzó a notarse, lo descubrieron después de varias semanas de vómitos repentinos, esporádicos y prolíficos, y luego Harry estaba completamente hambriento, atiborrándose de comida como si nada hubiera pasado.
La manada se había preocupado al principio pero adivinó de forma correcta a la quinta repetición de este acontecimiento que en realidad eran los malestares matutinos. Empezó a notarse sólo tres semanas después y desde entonces Fenrir no dejaba su lado, Harry ni siquiera podía ir a caminar a través de los arboles sin que Fenrir lo siguiera. No es que le importara mucho, no tenía nada que hacer lejos de su alfa y era un poco agradable tener a alguien que se preocupara tanto por él y por el bebé que esperaba, como para seguirlo a todas partes, pero a veces le hubiese gustado estar por su cuenta, especialmente si estaba tratando de tener un momento de privacidad para atender el llamado de la naturaleza, pero después de lo que le había sucedido a los anteriores cachorros de Fenrir, en realidad no podía culparlo por ser precavido.
Grant y Miles no sólo habían conseguido sacos industriales de sal provenientes del pueblo que visitaron, sino que habían traído una bolsa negra llena de ropa nueva y de marca para él, incluyendo gruesos y suaves abrigos, calientes y lanudas mantas, y un par de nuevas zapatillas resistentes. Harry los abrazó con fuerza entre lágrimas y se negó a dejarlos ir, incluso después de que Grant tratara de empujarlo con suavidad, pero era difícil alejar a alguien cuando aún te estabas aferrando a ella por miedo a que se cayera y perdiera al bebé de su alfa.
- ¡No nos agradezcas! Sólo estábamos siguiendo órdenes. Nuestro alfa nos dijo que te trajéramos ropa nueva y zapatos, agradécele a él. – Miles había estallado, visiblemente incomodo con el arrebato de gratitud físico y emocional de Harry.
Harry se lo agradeció, varias veces, de una manera que a Fenrir definitivamente le gustaba y apreciaba y eso parecía imposible, pero Fenrir había empezado a pasar incluso más tiempo con él después de aquello.
Harry se frotó ligeramente el vientre a través de uno de sus nuevos abrigos, había ganado un poco de peso, pero no estaba cerca de ser suficiente, tal vez porque su bebé ya se estaba mostrando, era demasiado delgado para esconder a un bebé por mucho tiempo.
- ¿Estás bien? – Gruñó Fenrir, registrando el movimiento de su mano.
- Bien, me gusta la sensación de este abrigo contra mi piel. – Dijo Harry con una sonrisa.
- Me sorprende que puedas sentir alguna mierda a través de todas las capas de suciedad que tienes, cuando empiece a hacer calor te lavaré yo mismo.
Harry se rió. – Puedo bañarme yo solo.
- Sí, puedo notarlo. – Resopló Fenrir mirando al lodoso y sucio cabello de Harry, y a su piel teñida de gris.
Harry sonrió aún más. – No puedo bañarme en el agua congelada, no sólo está congelada, sino que está demasiado fría.
Fenrir asintió. – Lo sé, no te quiero en alguna parte cerca del agua hasta que esté un poco más caliente.
- Casi diría que estás preocupado. – Bromeó Harry, Fenrir lo agarró y lo atrajo a su regazo y lo abrazó con fuerza.
- Estoy preocupado, no puedo dejar que te congeles, me gustas más de esta manera, no como una estatua de hielo.
- Oh, apuesto a que te gusto todo sudoroso y caliente. – Dijo Harry con una sonrisa.
- Me gustas más en tu espalda. – Susurró Fenrir con la voz ronca.
- Pensé que te gustaba más en mis manos y rodillas.
Fenrir hizo una mueca y parecía estar en guerra consigo mismo. Miró a su alrededor para comprobar en dónde estaban sus betas y qué estaban haciendo antes de presionar sus labios justo contra el oído de Harry.
- Me gusta ver tus ojos. – Confesó.
La sonrisa de Harry se amplió y luego rió. – Estoy sorprendido de que puedas verlos, la mitad del tiempo me paso la mayoría de nuestras relaciones sexuales apretándolos.
- Me gusta eso también. – Gruñó Fenrir.
Harry besó la esquina de su boca antes de levantarse y estirar sus piernas. Caminó alrededor del claro en el que se reunían, hasta que logró estirar sus músculos y sentir sus piernas de nuevo. Fenrir permaneció sentado hasta que Harry atravesó la línea de arboles del claro, adentrándose más en el bosque, luego se levantó y lo siguió.
Harry serpenteaba por el bosque, Fenrir lo seguía, manteniéndolo a la vista todo el tiempo. Tocó algunos árboles, sabiendo cuales estaban marcados por su olor y el de Fenrir.
- ¿A dónde vas? – Demandó Fenrir con brusquedad.
Harry se giró y le sonrió misteriosamente, antes de darse la vuelta otra vez y salir corriendo. Condujo a Fenrir por el bosque hasta un pequeño claro no demasiado lejos, antes de sentarse en el musgo y la tierra cubierta de hojas.
- ¿Por qué estamos aquí? – Gruñó Fenrir mientras caía en sus rodillas y se acomodaba en el regazo de Harry, una enorme pierna a cada lado de sus caderas, como Harry sabía que lo haría.
Harry estiró la mano y lo alcanzó, tirando la boca de Fenrir hasta su propio cuello.
- Estamos aquí por algo de privacidad, ¿a menos que quieras volver al claro y que todos los machos beta nos observen y vean mi desnudo y embarazado cuerpo?
Ante eso, Fenrir dio un gruñido bajo y besó a Harry con ferocidad.
- Ellos no tienen permitido ver tu cuerpo. – Gruñó Fenrir mientras rompía su beso en busca de aire.
- Lo sé, no quiero que ellos me vean, ese es el por qué nos traje aquí, así podemos follar en paz.
Fenrir le sonrió. – Me gusta la forma en la que piensas.
- A mi también, ahora qué te parece si perdemos la ropa y lo hacemos antes de que vengan y nos molesten porque están aburridos y no pueden decidir qué quieren hacer.
Fenrir resopló y tiró de su camisa, se quitó sus pantalones e hizo lo mismo por Harry, acostándolo sobre él, piel con piel y acariciando el bulto en su vientre. Últimamente hacía mucho ese gesto.
- No va a desaparecer si vienes hasta acá arriba. – Dijo Harry, aunque estaba sonriendo mientras lo hacía.
- Es que me gusta que lleves a este bebé en tu vientre. Saber que esto es mío.
Harry rodó sus ojos. – Sí, es tuyo, pero a mí también gusta la atención y el bebé ni siquiera nos conoce aún.
- ¿Estás celoso de tu propio bebé?
- Es más bien de la atención que recibe mi vientre embarazado cuando yo estoy aquí. Podemos darle al bebé toda la atención que él o ella necesite cuando nazca. – Dijo Harry con firmeza.
Fenrir se rió y arrastró su cuerpo sobre el de Harry hasta la altura de su boca, tomándolo en un beso apasionado que era más una batalla de movimiento de bocas, pequeñas mordidas con los dientes, lenguas húmedas y manos inquietas.
Harry se envolvió firmemente alrededor de Fenrir y se arqueó bajo él, tratando de hacer tanto contacto piel con piel como fuera posible, amaba cuan sensible se había vuelto su cuerpo, parecía como si pudiese sentir cada uno de sus cabellos mientras Fenrir los cepillaba sobre él, calentando su cuerpo hasta el punto en el que ni siquiera podía sentir el ligero frío en el aire.
- Por favor. – Gimió.
- Apenas hemos empezado. – Gruñó Fenrir mientras se alejaba del lugar donde Harry estaba tratando de empujarse sobre él.
- ¡No me importa, por favor!
Fenrir lo miró pensativamente antes de rozar el pezón de Harry con su áspero pulgar viéndolo reaccionar cómo si acabara de empujar contra su próstata. Sonrió y repitió sus acciones, observando cómo Harry echaba su cabeza a un lado y levantaba sus caderas para llamar su atención hacia esa parte de su cuerpo.
Jugó con los pezones de Harry, acariciando la piel suave y prestando especial atención a la suave y rosada piel en el interior de los muslos de Harry, una de las zonas más limpias de su cuerpo sucio, la cual lo hacía estremecerse y temblar bajo sus manos.
- ¡Por favor! – Rogó Harry descaradamente.
- Te has vuelto tan sensible y receptivo.
- No me importa, ¡sólo jódeme ya! – Demandó Harry.
- Que impaciente. – Dijo Fenrir con un profundo gruñido. – Me gusta eso.
- Por favor Fenrir, por favor, por favor sólo jódeme, no puedo pensar con claridad.
- No lo sé, me parece que estás lo suficientemente bien como para encadenar una frase correctamente.
Harry gimió cuando Fenrir acarició el interior de sus muslos un poco más antes de inclinarse y succionar uno de sus pezones dentro de su boca.
- Por favor. Por favor. Quiero que me folles ¡ahora! – Demandó con furia mientras trataba de lograr que Fenrir le diera lo que quería, lo cual divertía lo suficiente a Fenrir como para que se le escapara una extraña risa.
- ¡Deja de reírte! – Se quejó Harry. – Quiero sexo.
- ¿Quién soy yo para negarme a mi embarazada pareja? – Gruñó Fenrir mientras presionaba sus cuerpos juntos, uniendo sus labios en un beso mordaz, otra batalla de dientes, lengua y tirones de pelo.
Normalmente era él quien estaba demasiado impaciente como para realizar las preparaciones, pero hoy, sentía que podía preparar a Harry por horas y era Harry el que rogaba que se acabaran las preparaciones. Las cosas se estaban volviendo muy extrañas y peculiares el día de hoy, casi todo estaba al revés.
- ¡Detente! – Gruñó mientras Fenrir deslizaba otro dedo lentamente en su cuerpo. - ¡Dame lo que quiero!
- Lo haré… cuando haya terminado de preparar tu estrecho cuerpo.
Harry se quejó y trató de moverse, pero Fenrir lo fijó al piso con facilidad mientras deslizaba otro dedo en su interior, la lucha abandonó por completo el cuerpo de Harry y cayó al suelo cubierto de hojas mientras gemía, moviendo sus piernas nerviosamente.
Con una malvada sonrisa, Fenrir extendió sus dedos y estiró a Harry con gentileza, su sangre ardía ante la vista del vientre que contenía a sus cachorros, Harry aún era demasiado delgado, pero durante el tiempo que llevaba con ellos estaba ganando peso a pequeños montones y en realidad, no era tanto tiempo y el esperar que más de un año de hambruna y soledad fueran revertidos sólo en cuatro meses no era realista, pero iba tratar de acelerarlo tanto como estuviera dentro de su alcance y hacer lo posible.
Cuando creyó que se había negado a Harry más que suficiente y su pareja estaba retorciéndose y gimiendo en el suelo, se alineó tras Harry y empujó con cuidado.
- Hora del combate. – Harry lo miró y Fenrir le sonrió.
- No puedo evitar que me guste verte sacar y retorcer mis dedos, es delicioso. – Gruñó Fenrir bruscamente mordisqueando a lo largo de la garganta y la barbilla de Harry.
- Muévete. ¡Por favor! Por favor jódeme.
- Todo lo que desees. – Respondió Fenrir con alegría mientras se salía de Harry y volvía a deslizarse lentamente.
- ¡Ya para!
- ¿Que pare? – Preguntó Fenrir, saliendo y quedándose justo al límite del cuerpo de Harry, sólo la punta de su pene presionando contra la entrada al cuerpo de Harry.
- ¡No! – Gritó Harry. – ¡Ya para de molestarme!
- Creo que el embarazo te sienta bien, estás tan malditamente demandante, las otras perras que tuve eran más dóciles cuando estaban embarazadas, parece que pensaban que me iba a enojar y que les haría algo a los cachorros, como si fuera a dañar lo que es mío.
- ¡No te atrevas a mencionarlas cuando estás conmigo! – Protestó Harry, sus ojos verdes centelleando con furia. – ¡Tú eres mío!
Esta vez Fenrir soltó una risa profunda y se inclinó a para darle un profundo beso a Harry. Cuando hizo falta el aire, se separaron en medio de jadeos.
- Creo que me gusta cuando estás embarazado. Me gusta ser tuyo, porque tú y todo con respecto a ti es mío. Deberíamos ser equitativos, una pareja alfa de verdad.
- No es porque esté embarazado. – Admitió Harry, aún sin aliento.
- Ah, así que te sientes tan cómodo conmigo que ahora mismo estás diciendo lo que sientes. Eso es incluso mejor.
Fenrir se empujó de nuevo dentro de Harry antes de que este pudiera responder y finalmente le dio a su pareja lo que quería estableciendo cortos, rápidos y rudos golpes, y en ese momento dejó ir las manos de Harry, acomodando las suyas alrededor de la caja torácica, cerca de las axilas mientras los brazos de Harry inmediatamente se envolvieron alrededor de su cuello y sus piernas se deslizaron alrededor de sus caderas, apretándolas con fuerza mientras gritaba su nombre.
Perdiendo su poca paciencia y con su orgasmo se aproximándose, Fenrir hizo sus embestidas más profundas, duras y tan rápidas como podía hacerlas mientras empujaba por completo su miembro dentro de Harry. Cambió su ángulo varias veces, frustrado y enojado hasta que Harry deslizó su pierna más arriba de su espalda y de repente sus gritos probablemente pudieron ser oídos por todo el bosque, Fenrir sonrió contra la sucia piel del cuello de Harry.
No podía golpear la próstata con cada empuje, el chico estaba retorciéndose demasiado, pero lo atrapó el tiempo suficiente como para llevar a Harry a su orgasmo repentina y poderosamente, observó con posesividad como la espalda de Harry se arqueaba de una forma hermosa mientras inclinaba su cabeza hacia atrás en las hojas, su garganta y vientre hinchado fueron expuestos ante él mientras sus brazos y piernas se tensaban casi dolorosamente a su alrededor.
Fenrir se perdió a sí mismo sólo unos momentos después, cuando el cuerpo de Harry colapsó hasta el suelo y se quedó ahí como si hubiese caído inconsciente, y llenó el cuerpo caliente de Harry con su semilla, la cual ya estaba en su interior mientras se hinchaba apretándose hasta la imposibilidad dentro del cuerpo de Harry.
Extendió una mano sobre los cachorros dentro del vientre de Harry tratando de sentirlos, pero o ellos no se estaban moviendo o era demasiado pronto para sentirlos. No podía esperar hasta que nacieran. Esta vez, trataría de mantenerlos con vida con su absoluta determinación. Estaba más viejo y ahora tenía más experiencia, sabía lo que necesitaba hacer esta vez. Esos cachorros sobrevivirían.
Fenrir esperó hasta que el nudo desapareció estando lo suficientemente flácido como para deslizarse del cuerpo de Harry antes de vestirse él mismo y a Harry, con cuidado cogió el cuerpo lánguido de su sumiso y lo cargó de vuelta al claro en el que se reunían, lugar en donde deberían estar sus machos beta. Ellos todavía estaban ahí y la mirada en sus caras le dijo de inmediato que habían oído casi todo.
- Borren esas miradas de sus rostros. – Dijo de forma brusca, su voz más profunda de lo que era usualmente.
Las miradas cuidadosamente controladas no le ocultaron en absoluto las sonrisas conocedoras y él bufó.
- Podíamos oírlo desde aquí gritando su placer; debió haber hecho un número con él. – Loren se rió entre dientes.
Fenrir bufó de nuevo mientras ponía a Harry en el largo y afelpado pasto del prado y comenzó a prepararlo, arrancando las ramas hojas, terrones de tierra y el musgo de su cabello con el que había frotado contra el sucio suelo.
- Él realmente necesita un bañó ahora, alfa. No somos los hombres más limpios, nunca lo hemos sido, pero ninguno de nosotros huele ni la mitad de mal como él.
- Tampoco estamos así de sucios. – Añadió Scott. – Al menos puedo ver el color de mi piel.
- Cuando el agua esté más caliente, entonces podrá bañarse.
- ¿Y envenenar los suministros de agua? ¿No sería mejor traer el agua aquí, calentarla en el fuego y lavarlo con eso? – Preguntó Nick.
- Es un río idiota, y de flujo rápido, cualquier mugre será arrastrada río abajo. Te lo he dicho cientos de veces, no puedes beber de agua estancada. Si descubro que estás bebiendo de aguas estancadas de nuevo haré que te sientes por una semana y verás que tan limpio estás después. – Gruñó Fenrir.
- Huele como si se hubiese bañado en agua supurante, estancada y lodosa. – Dijo Stacey, señalando a Harry.
- Suficiente, si él quiere bañarse después, entonces lo hará como lo sugieres, pero dudo que a él le importe mucho.
- A mi me importa; quiero ser capaz de respirar aire fresco de nuevo.
- ¿Quieres aire fresco? Entonces ve y comprueba todos los límites del territorio y asegúrate de que los lobos en el Noroeste se mantienen lejos de nuestro territorio.
Grant hizo una mueca y se quejó casi haciendo un puchero mientras se levantaba y se sacudía.
- Stacey, Sidney. Vayan con él. – Ordenó Fenrir.
- ¿Por qué yo, alfa? – Se quejó Sidney. – ¡No he dicho nada!
- ¡Porque estoy de mal humor y verte siempre hace que mi humor empeore! – Gruñó Fenrir.
Después de eso los tres betas se alejaron trotando rápidamente, dejando a los otros pensando que estaban sentados con una bomba de tiempo y maldiciendo a los tres que habían escapado, incluso si estaban haciendo el trabajo duro y agotador de comprobar todos los límites. Sin embargo, su alfa no les hizo nada, ni siquiera les dirigió una mirada y pronto se relajaron y comenzaron a conversar y a jugar con un paquete de cartas muy gastado.
Su perra alfa se despertó rápidamente y cuando su alfa trató de mantenerlo acostado él sólo se rió mientras lo alejaba. Ellos esperaban un castigo, gritos, pero no golpes, no mientras su perra alfa estuviera esperando a los cachorros de su alfa para la manada, pero Fenrir sólo dejó ir a Harry y lo siguió en silencio.
Ellos compartieron miradas pero se detuvieron cuando Harry se les aproximó y se sentó con cuidado, Jonas automáticamente levantó una mano para ayudarlo y su alfa se sentó tras él, sosteniéndolo cerca y olfateando alrededor de su cuello y pelo. Cómo lo hizo sin toser, estornudar o asfixiarse estaba más allá de su entendimiento.
Harry no quería unirse a su juego, pero los miró ávidamente y Jonas sospechaba que no sabía cómo jugar, así que se aseguró de susurrarle al oído -lo bastante alto como para que su alfa oyera sólo en caso de que pensara que era una lasciva charla sexual, pero no lo bastante alto como para que los otros lo oyeran de manera apropiada- sobre las reglas del juego y cómo jugar, consiguiendo "ayudarle" a Harry y cuando Fenrir se unió para ayudarle a enseñarle a usar su mano de cartas, Jonas sonrió, nadie vencía a su alfa en este juego a menos que tuvieran un golpe de suerte. Nadie.
Entre ellos lograron que Harry jugara y disfrutaron ellos mismos mientras reían suavemente. Jonas se maravilló por cuán lejos había llegado el joven muchacho. Se les había unido asustadizo y aterrorizado, le asustaba hablar, le asustaba mirarlos, incluso le asustaba moverse, pero ahora, cuatro meses después estaba riendo y bromeando como si hubiese nacido en su manada y eso lo hacía sonreír.
Le gustaba que Harry actuara con naturalidad a su alrededor, que hubiese llegado a formar parte de su manada, la mayoría de los forasteros que eran lo bastante afortunados como para ser invitados a unirse a una manada se quedaban fuera y nunca se integraban por completo en la manada, incluso era más difícil integrar a un forastero en una manada más grande, con tantos lobos a su alrededor, era muy, muy fácil pasar por alto a un extraño que trataba constantemente el quedarse en las sombras y no ganar la atención de ningún otro lobo de la manada, pero incluso en las manadas más pequeñas algunos lobos nunca se sentían completamente cómodos con su nueva manada.
Estaba complacido y muy feliz de que Harry de verdad se hubiese vuelto uno de ellos, necesitaban sangre nueva en la manada, había oído varias veces todas las historias que cada miembro de la manada y las había escondido en un rincón de su mente, tal vez Harry tendría algunas nuevas para contarles que no podía recitar palabra por palabra.
Nymphadora Tonks estaba alcanzando lentamente el final de su correa, con el trabajo y su vida en el hogar. Nadie podía encontrar a Harry y el tiempo iba avanzando más y más. Ya estaban en Mayo y las nevadas invernales se habían desvanecido, la débil luz solar se extendía sobre Gran Bretaña, aunque la mayoría del tiempo el clima era dictado por los fuertes vientos y las lluvias que eran aún más fuertes.
Estaba harta de pasar cada segundo de su horario de trabajo buscando a Harry y a Greyback para el Ministerio y cada momento de su tiempo libre buscando a Harry para la Orden y tratando de meterle a Remus en la cabeza que no era culpable de nada.
Nadie habría pensado jamás que una mordida humana en el día de la luna llena convertiría a alguien en hombre lobo, todos los expertos y cada libro decía que un hombre lobo sólo era contagioso en su forma de lobo, lo cual sólo sucedía en las noches de luna llena; no decía algo sobre ser contagioso durante el día de la luna llena también, mientras aún estaban en su forma humana. Remus no era el culpable de lo que había pasado, si alguien era el culpable, ese era Harry, por provocarlo durante un día de luna llena, pero la única vez que dijo esto en voz alta Remus casi le arrancó la cabeza y no le habló por una semana. Ella no volvió a decir que Harry tenía la culpa en voz alta desde entonces, pero eso no le impedía culparlo en su propia mente.
Tratar de que Remus viera su punto de vista era una de sus principales prioridades, pero era difícil ya que estaba tan acostumbrado a culparse por todo que si sucedía algo como esto, entonces se culpaba automáticamente incluso cuando la culpa en realidad no era suya. Ella creía que la culpa estaba del lado de Harry sólo para molestarlo.
Abrió la puerta de Grimmauld Place, esperaba que Sirius se hubiese ido a buscar a Harry, dejando a Remus solo, pero las probabilidades de que Sirius se hubiera ido y Remus no, eran muy escasas y tenía que vigilar lo que decía en frente de Sirius más que en presencia de cualquier otra persona, siempre era muy volátil y se enojaba con facilidad, cualquiera que dijera algo en contra de Harry se reuniría con el extremo de su varita, con mayor razón ahora que Harry estaba desaparecido.
Cuando lo encontró, Remus estaba solo en la cocina y ella le agradeció a su suerte a medida que se sentaba en una silla junto a él, tocando su hombro.
- Tonks, no te escuché entrar. – Dijo sobresaltado.
- ¿Dónde está Sirius? – Le preguntó.
- Está arriba tratando de dormir un poco. Vamos a continuar buscando esta noche.
- Tú también deberías estar durmiendo.
- No puedo dormir, no mientras él todavía esté allí afuera. Es demasiado joven como para estar en los bosques él solo.
Tonks mordió su lengua y no dijo nada. Harry había elegido correr, era lo bastante mayor como para tomar esa decisión y aún seguía vivo un año y medio después. Obviamente ahora había sido acogido en una manada de lobos también, no se había movido en meses, eran cautelosos a la hora de acercarse más al territorio de la manada de lobos, porque si eran hombres lobo, éstos serían increíblemente hostiles y si eran lobos reales, les atacarían, especialmente si tenían cachorros. No sabían si la manada en la que estaba Harry tenía cachorros, pero los lobos reales los tenían y eran muy, muy poco amigables y temperamentales en esos casos, ya no podían arriesgarse a ir entre los dos territorios por el miedo a ser atacados.
Su única opción si querían traer de vuelta a Harry era: o ir todo el camino rodeando el borde del enorme bosque para llegar al otro lado del territorio de los lobos y esperar a que estuvieran más cerca de la hilera de arboles o bien ir directamente a través del territorio hasta encontrarse con los lobos y esperar que Harry estuviera con ellos para prevenir un ataque si podían.
A Moody no le gustaba la segunda opción y a ella no le gustaban mucho ninguna de las dos, así que después del debate de cuánto tiempo se tardaría en rastrear los confines de la selva y luego llegar hasta el límite del territorio de los lobos, comenzaron una larga caminata por el bosque.
Fue agotador y se preocupaban en caso de perder la firma mágica de Harry por sus hechizos de rastreo, tan pronto como perdieron la señal de los hechizos, tuvieron que devolverse sólo para asegurarse de que aún estaba en el área y no se había movido mientras viajaban arduamente por el bosque, así que les tomó el doble del tiempo del que habían estimado, lo cual no les hacía sentir mejor sobre su situación.
Aún cuando llegaron tuvieron el mismo dilema. No querían hacer mucho ruido en el territorio reclamado, pero los lobos no estaban más cerca del límite de su territorio de lo que habían estado al otro lado del bosque, pero al menos de este lado estaban a salvo de la manada de lobos reales.
- Sólo quiero encontrarlo y decirle cuan arrepentido estoy. – Remus interrumpió sus pensamientos.
- No deberías sentirte culpable. No es tu culpa Remus. – Insistió, por lo que le pareció la enésima vez, pero una vez más, como todas las otras veces, cayó en oídos sordos.
- No veo cómo no fue mi culpa. – Le dijo con frialdad. – Lo mordí Nympha…
- ¡Es Tonks! – Le dijo por centésima vez.
- ¡No me importa! – Le gritó. – ¡Sólo quiero encontrar a Harry y así poder asegurarme de que está bien!
La cocina quedó en silencio, no sabía que decir o hacer, no había querido molestar a Remus o hacer que él estuviera enojado con ella, pero era tan difícil decirle algo que lo enfadaría o que haría que se molestara, y una vez más perdía contra Potter, quien ni siquiera estaba aquí. Remus ni siquiera la había llamado por el nombre que ella quería, siempre era todo sobre a Harry, sobre encontrarlo, era inútil e interminable preguntarle acerca de cómo estaba o cómo se veía ahora. Era exasperante.
- ¿Qué está pasando? – Preguntó Sirius sin aliento mientras corría al bajar por las escaleras hasta la cocina, varita en mano lista para estar en la ofensiva, sólo por si acaso. – Podía oírlos gritar desde el piso de arriba.
- De nuevo está tratando de decirme que no es mi culpa. – Dijo Remus malhumorado, respirando agitadamente.
- Déjalo solo Tonks. – Le dijo Sirius con dureza. – A estado todo el día ocupado y no ha sido capaz de dormir, sólo déjalo en paz.
Tonks cerró su boca, pero no estaba feliz.
- ¿Encontraron algo más sobre Harry? – Le preguntó Sirius con esperanzas.
- ¡Eso es lo que oigo todo el día! – Le dijo con molestia. – ¿¡Podemos pasar una hora sin mencionarlo!?
- ¡Estamos tratando de encontrarlo! – Repuso Remus muy enojado.
- Cada día, durante un año y medio se le ha sido dedicado a él. ¡Ya estoy harta!
- ¡Necesitamos encontrarlo y traerlo de vuelta! – Gritó Sirius.
- ¿Quién lo dice? ¡Él no quiere volver!
- Sólo tiene miedo de no ser aceptado, necesitamos demostrarle que todavía lo cuidaremos, ¡que todavía lo queremos!
Tonks no dijo nada, no podía hacerlos ver objetivamente, estaban demasiado enterrados en sus sentimientos y pensamientos sobre este asunto, no podían dividir los asuntos como ella lo hacía. Podía ver la culpa de Harry por provocar a Remus y por huir en primer lugar, pero ellos no podían. Esto era culpa de Harry, y cuando regresara y se hubiera establecido ella iba a decírselo también y hacerlo ver que todo esto era su culpa.
El mal temperamento de Harry iba en aumento a medida que el verano se aproximaba y se lo dejaba saber a sus compañeros de manada a través de gruñidos, bufidos, empujones e incluso los golpeaba. Fenrir parecía increíblemente orgulloso de este comportamiento y no hacía nada para detenerlo cuando él arremetía contra sus machos beta, incluso a veces contra Fenrir, quien lo ignoraba, pero Harry después de enfriarse unas horas más tarde siempre se disculpaba con los miembros de su manada y su amante, así que ellos también toleraban su comportamiento.
Fenrir le había dicho que podría dar a luz de aquí a dentro de un mes y no estaba feliz. Había ganado un montón de peso y se veía mucho más saludable, más parecido a como solía verse, pero la presión puesta en sus delgadas y estrechas caderas era dolorosa.
Podía sentir a su bebé moviéndose en su interior, a veces casi podía verlo mientras el bebé presionaba o pateaba contra su piel, su vientre aún era pequeño, pero había crecido y ahora el esfuerzo quedó marcado de una horrible manera ya que había crecido demasiado rápido.
Trazó las marcas suavemente con la punta de sus dedos y frunció el ceño, pero fue detenido por Fenrir que agarrando su mano se inclinó y lamió cada marca, haciéndolo retorcerse y reírse ligeramente. Harry no lo había visto venir; a Fenrir no le gustaba que fuera consciente sobre sus estrías.
- Deja de hacer eso, me hace cosquillas. – Se quejó, tratando de evitar reírse más fuerte.
- No me importa ver las marcas de mi cachorro creciendo en tu cuerpo. Deja de fruncirles el ceño.
- No puedo evitarlo; necesito ganar un poco más de peso para reducir posibilidad de que aparezcan. Necesito comer más.
- Conseguiré algo para ti. – Dijo Fenrir tranquilamente mientras le arrojaba un conejo despellejado y deshuesado en su regazo.
Harry miró al conejo y luego a Fenrir. No podía dejar de sentir que esta era la manera de Fenrir de darle un regalo, le sonrió y le dio un torpe beso en la mejilla antes de desgarrar al conejo con deleite. Dentro de todos sus pequeños y escasos alimentos en el primer año que había vivido por su cuenta, el conejo había sido su favorito.
Sabía que Fenrir lo estaba observando, pero mantuvo su atención en el conejo, si Fenrir quería hacer algo agradable, no lo haría arrepentirse o lo haría sentir más incomodo por ello.
Le quedaron algunos huesos, así que los quitó a medida que comía, pero probó la carne y los órganos con gozo y cuando hubo terminado, se acostó suspirando con satisfacción y alegría.
- ¿Te sientes mejor? – Gruñó Fenrir, lanzando lejos las sobras desde el lugar donde estaba sentado.
- Sí. Gracias por eso.
- Los conejos están apareciendo de nuevo, así que pensé que te gustaría uno como aperitivo.
- Estoy feliz de que haya llegado el punto en el que puedo manejar tanto los aperitivos como las tres comidas diarias. Me tomó seis meses, pero lo estoy logrando poco a poco.
- Estoy feliz de verte ganar peso, pero necesitas empezar a buscar una guarida dentro de poco. Necesitas una guarida para el momento del parto.
- Bueno, estaba pensando en un lugar cerca del claro a unos minutos de distancia. Está lo bastante seco, lo suficientemente cubierto y hay un árbol ahuecado que mantendrá nuestro cachorro cálido y seguro.
- No nos quedaremos ahí por mucho tiempo. Sólo necesitamos un lugar en el que podamos esconderlos, a ti y a los cachorros, por un corto tiempo, esa no es nuestra guarida principal.
- ¿Estarás conmigo? – Preguntó Harry.
- Por supuesto, estaré acampando cerca de la guarida para protegerlos.
- No me refería a eso, no me gusta estar solo después de tanto tiempo viviendo por cuenta propia y dudo mucho que los recién nacidos puedan manejar una conversación.
Fenrir dejó salir una profunda risa y lanzó un brazo a su alrededor. – Supongo que podría mantener una conversación o dos. Eso sí, no hables sin cesar, es molesto.
- ¿Alguna vez he hablado sin cesar? – Demandó Harry.
- No, gracias a Dios, pero algunos de esos idiotas por allá sí lo hacen.
- No soy como ellos.
Fenrir no dijo más pero sostuvo a Harry más cerca de su pecho, acomodó una mano casi inconscientemente en su vientre y la dejó ahí. A Fenrir le gustaba hacer eso.
- Alfa, ¿tenemos permiso para ir a cazar? – Preguntó Jonas respetuosamente, apartando la mirada enfocándola a un lado, lejos de ellos dos.
- Permiso concedido, derriben a tantos como puedan antes del la puesta de sol, y luego regresen.
Jonas sonrió y salió corriendo para reunirse con los otros betas. Cazar era una de las mejores formas de evitar el aburrimiento, pero su depósito podía preservar mucha comida, así que mantenían un balance al no matar a muchas de sus posibles presas, sino reunir sólo lo que necesitaban y por el momento se estaban asegurando que su depósito estuviese lleno a reventar con los ciervos salados. No valía la pena preservar a los conejos, pero eran una buena elección como un aperitivo, al igual que la trucha que Fenrir le había enseñado a atrapar en el río hace unas semanas, esa había sido una tarde divertida, pero a Harry no le gustó el baño improvisado que Fenrir había tratado de darle y luchó.
Aun había manchas de lodo y suciedad sobre él, pero sus manos, brazos y pies fueron limpiados mientras pescaba, y sus mejillas y cuello fueron limpiadas por Fenrir, sólo quedaba en parte de sus piernas y frente, así como en su cabello. No quería estar aquí el día en que Fenrir descubriera la cicatriz en forma de rayo, él había descubierto que todos los miembros de su manada fueron magos, algunos incluso todavía conservaban sus varitas, como Harry. Los Muggles rara vez sobrevivían a la mordida. Había una pequeña oportunidad de que ellos no hubiesen oído de Harry Potter, casi cada noche soñaba que no les importaría, que habían llegado a quererlo como a un compañero de manada independientemente de quien fuera en su vida anterior, que no sería diferente para ellos, pero también sabía que podía ser de otra manera e incluso podrían tratar de matarlo por mentirles y por quien era, en el mejor de los casos lo convertirían en un paria y el no podía volver a vivir por su cuenta de nuevo, no ahora, no después de conocer lo que era estar en una manada. Sabía que moriría dentro de unas semanas y ahora sus pensamientos se dirigían a su bebé. ¿Fenrir lo mantendría aquí sólo hasta que su bebé naciera antes de matarlo o echarlo de la manada? ¿O incluso dejaría de querer al bebé? No lo sabía, por lo tanto, no les diría y se aseguraría de que sus compañeros de manada no lo descubrieran. Era todo lo que podía hacer.
El mes de Junio trajo un montón de drama para Harry ya que los días soleados eran reducidos a la mitad por las fuertes lluvias, a pesar de que se la había pasado escondido gran parte de las fuertes y continuas lluvias primaverales, ahora estaba tan ansioso con el vientre del tamaño de un barril que no podía quedarse quieto.
- Al menos alcanzaste a lavar tu cabello. – Gruñó Grant. – No somos las personas más limpias, pero, maldición, definitivamente eres el peor; nunca hemos olido nada la mitad de podrido que tú.
Harry se inclinó tan rápida y cuidadosamente como podía, le lanzó una roca y comenzó a pasear de nuevo; ignorando que Grant atrapó la roca con facilidad lanzándosela de vuelta. Era el pensamiento detrás de la acción lo que contaba y Harry había manifestado sus malvados pensamientos con una perfecta claridad.
Hoy era uno de esos raros días en los que Fenrir lo dejaba solo con la mayoría de la manada, él, Jonas y Stacey habían ido a un pueblo cercano por provisiones, dejando a Harry a cargo de aterrorizar a los miembros restantes de su manada mientras se paseaba inquieto.
- Ven y siéntate. – Le sugirió Bryan. – Te cansarás si sigues así.
- ¡No quiero sentarme! – Gruñó Harry mientras se continuaba paseando por la orilla del húmedo prado, cruzando el claro y dirigiéndose a la hilera de arboles, antes de devolverse y repetir su trayecto.
- ¿Quieres comer algo?
- No.
- Fenrir estará bien Harry; estará de regreso para el atardecer de mañana.
Harry gruñó. – ¡Lo necesito aquí ahora!
- ¿Por qué? – Preguntó Miles con curiosidad. – Seguramente no somos tan mala compañía, ¿o quieres tener sexo? No me importa reemplazar a nuestro alfa si es lo que necesitas.
Grant lo golpeó con fuerza y se volteó hacia Harry. – No escuches a Miles, nadie va a tomar el lugar del alfa, él volverá pronto.
- ¡Lo necesito ahora! – Gritó Harry.
- ¿Por qué? – Preguntó Bryan.
- Creo que el cachorro ya viene. – Admitió mientras un dolor agudo atravesaba su espada una vez más.
Se hubiese reído ante los ojos abiertos ampliamente y el silencio que los envolvió, se paseó por otro trayecto cruzando el claro y gruñó en voz baja, sus manos presionando con fuerza contra su ingle, justo debajo de su vientre.
- El alfa es el único que ya ha estado en el parto de los cachorros. – Dijo Nick con un tipo de leve horror.
- Lo sé, ¡ese es el por qué lo necesito! – Espetó Harry.
- Yo… de acuerdo, puedo lidiar con esto. – Dijo Grant mientras se paraba y trataba de aproximarse a Harry, sólo para ser amenazado por el mismo a la vez que lo golpeaba como si tuviera las garras de su contraparte lobo.
- ¿Necesitamos ir a la guarida? – Preguntó Bryan con preocupación. – Ahí estarás menos expuesto.
Harry llegó hasta el prado mojado y se dejó caer en la larga y empapada hierba, acurrucándose alrededor de su lugar favorito junto a las campanillas azules, respirando a través del dolor en su abdomen y espalda el cual iba en aumento y se volvía peor.
- Harry, por favor, necesitamos ir a tu guarida. – Grant casi estaba rogando. – Allí podemos protegerte mejor.
Ahora que estaba acostado y no en un continuo movimiento, Harry no creía ser capaz de levantarse de nuevo, por no hablar de hacer el viaje hasta su guarida. El prado parecía un buen lugar para que naciera su bebé.
Sacudió su cabeza y se acurrucó aún más mientras Bryan se acercaba cuidadosamente hacia él agachándose junto a su hombro, colocó una mano sobre él frotando su dolorida y palpitante espalda para aliviar un poco su malestar. No funcionó.
- Harry, ¿puedo moverte?
Harry sacudió su cabeza. – No puedes moverme. – Dijo a través de sus dientes apretados. – Los cachorros va a nacer ahora, necesito un cuchillo.
Bryan le entregó su propio cuchillo, Harry lo tomó apretando el mango con firmeza entre sus brazos. Fenrir le había dicho que tendría que cortar su propio vientre abriéndolo para que el bebé saliera, que debía tener cuidado de no hundirlo demasiado profundo ya que corría el riesgo de cortar al bebé y matarlo, pero que llegara lo suficientemente profundo como para pasar a través de los músculos, la grasa y la membrana de piel que mantenía seguro al bebé en su interior.
- ¿Puedes soportarlo? – Preguntó Sidney. – Sólo hasta que el alfa regrese.
Harry le dio la nefasta mirada que merecía ese comentario.
- Claro que no puede hacerlo, Sid. Maldición, ¡qué pregunta más estúpida! – Espetó Loren. – Si los cachorros van a nacer, y están naciendo, nada va a detenerlos.
- Es más peligroso intentar que el bebé aún no nazca, si el cachorro quiere salir, entonces es tiempo de que salga rápidamente. – Explicó Grant de una manera más amable. – Podría pasarle cualquier cosa al cachorro si el parto no se lleva a cabo.
- Tengo miedo. – Admitió Harry con amargura mientras su mano se volvía blanca por su agarre sobre mango del cuchillo, estaba tratando de sostenerlo, pero al igual que el resto de su cuerpo su mano temblaba por el miedo y los nervios.
Los siete machos beta se apresuraron a hablarle todos al mismo tiempo en un intento por calmarlo, los comentarios calmantes vinieron de todos los demás mientras estaban tratando de confortarlo un poco.
- ¡Cállense! – Exclamó Grant. – Va a salir bien Harry. – Le dijo suavemente en el silencio siguiente. – Estoy seguro de que el alfa te dijo todo lo que hay que hacer para poder sacar al cachorro.
Harry asintió. – Pero él dijo que estaría aquí para ayudarme, que sostendría mi mano con firmeza y me ayudaría si algo salía mal. No puedo hacer esto yo solo. ¡No puedo hacerlo sin él!
- Vas a tener que hacerlo Harry. Está a un día completo de distancia de aquí, podríamos enviar a dos miembros corriendo tras él, pero aún así no llegaría aquí a tiempo y tendrían menos protección.
Harry asintió mientras se erguía usando el brazo y el hombro de Bryan. Le entregó de nuevo el cuchillo al pálido hombre y sacudió su cabeza.
- No puedo hacérmelo a mí mismo. – Dijo a través de sus dientes apretados. – Mi mano está temblando demasiado; voy a hacer más daño o a matar a los cachorros si lo intento.
Lo cual en realidad era un eufemismo ya que no era sólo su mano; su cuerpo entero estaba temblando como una hoja en medio de un viento tempestuoso.
- ¡No puedo hacerlo! – Se quejó Bryan, retrocediendo con horror. – Si algo le pasa a este cachorro entonces seré el único culpable y no me apetece ser colgado de un árbol por el cuello para ser asfixiado lentamente.
- ¡Sólo hazlo! – Gritó Harry, su voz fragmentándose por el dolor mientras sostenía su vientre, tratando de presionarlo para quitar el dolor. No estaba funcionando.
- Mierda, ¡sal de mi camino! – Demandó Loren mientras tomaba el cuerpo de Harry entre sus propios brazos, tirando de él hasta acomodarlo entre su pecho y su ingle, y le arrebató el cuchillo de Bryan.
- ¡No puedes hacerlo! – Negó Scott fervientemente.
- ¡Soy el único que está dispuesto a hacerlo! – Le dijo. – ¡Prefiero morir por haber tratado de traer al mundo a las crías de mi alfa que decirle cuando vuelva que dejamos que su cachorro y a su pareja murieran en agonía porque estábamos demasiado malditamente asustados para tratar de hacer algo!
Loren se quitó su cinturón de cuero gastado y agrietado doblándolo.
- Ponlo entre tus dientes, no tengas miedo de morderlo si crees que es demasiado, no tenemos analgésicos aquí afuera, es una de las muchas cosas que extraño cuando esos hijos de puta me dan un enorme dolor de cabeza.
Harry aflojó su mandíbula lo suficiente como para que el cinturón quedara entre sus dientes para proteger su lengua tanto como para morder cuando quisiera aliviarse del dolor y luego apretó los dientes. Le sorprendió que le ayudara un poco mientras se enfocaba más en morder, en la sensación de la piel en su boca que en el agonizante dolor en la parte inferior de su cuerpo y espalda.
Loren le despojó de su camiseta y casi le arrancó el botón de sus pantalones mientras exponía por completo su vientre. Harry ni siquiera podía pensar lo suficiente como para avergonzarse porque la mitad de su zona púbica fue expuesta a los machos beta.
- Ustedes tres, necesitamos agua y que sea un jodido montón de ella. Consigan cualquier tazón o balde que tengamos y hiérvanla de inmediato para que así tenga tiempo de enfriarse. Scott, enciende el fuego.
- ¡Vamos a llamar la atención! – Siseó Bryan.
- Eso no importa, los cachorros necesitan agua caliente y Harry necesita limpiarse, el agua hervida previene una infección. ¡También encuentren el kit de sutura que trajimos!
- ¡Los humanos han estado rondando nuestro territorio! – Dijo Grant. – ¡El fuego encendido atraerá su atención a nosotros! ¡Pueden ser los trabajadores del Ministerio o los cazadores de hombres lobo lo que están husmeando en las profundidades del bosque!
- ¡O son unos malditos cazadores de ciervos y no plantean ninguna amenaza para nosotros! – Espetó Loren.
- ¡Aún así tienen armas!
- ¡Están en forma humana! Los Muggles no nos van a disparar de inmediato, ¡van a dudar!
- Sigue siendo una mala idea.
- Necesitamos hervir el agua ¿¡o le quieres explicar a nuestro alfa qué pasó cuando Harry y el cachorro cojan una infección?!
Grant soltó una bocanada de aire con un fuerte suspiro, se volteó y se fue pisoteando a ayudar a Scott a hacer el fuego.
- ¿Por qué Fenrir nos dejó tan cerca de la fecha del parto? – Gimió Harry.
- Fue a buscar mantas y biberones para el cachorro. No tenemos a ninguna hembra para que juegue el papel de nodriza, hay un treinta porciento de posibilidad de que un lobo macho sumiso le crezcan los tejidos mamarios lo suficiente como para amamantar a los cachorros, tu estas en el setenta porciento que no lo tiene, así que necesitamos los biberones y esas cosas en polvo para alimentar al bebé hasta que pueda hacerlo por sí mismo. – Le explicó Bryan pacientemente.
Harry asintió con la cabeza y se preguntó por qué no le había rogado a Fenrir que se quedara y enviara a alguien más, aunque sabía que Fenrir era exigente con ciertas cosas. Parecía que cualquier cosa que tuviera que ver con el cachorro era algo en lo cual sería exigente.
Grant y Scott apilaron algunas ramas secas de los arboles circundantes en una hoguera que habían alineado con grandes piedras y rocas, tenían un puñado de paja seca, un saco que robaron de una granja a unas veinte millas de distancia, para usarla como leña.
Afortunadamente tenían una caja de fósforos en su cueva y les llevó unos pocos intentos y un montón de maldiciones contra los magos para cogerle el truco al golpear los fósforos contra la paja para obtener una flama, pero al final se las arreglaron y pronto el fuego estaba ardiendo, Harry podía sentir el calor llegar hasta donde él estaba sentado, agradecido de que la lluvia hubiese cesado, aunque todavía estaba empapado hasta los huesos.
Sidney, Miles y Nick fueron a llenando los tazones de agua y Bryan había encontrado un enorme cuenco de metal, Scott y Grant mantenían ardiendo el fuego mientras los otros tres llevaban en sus cuencos y baldes el agua del río hasta el cuenco gigante para calentarla en él.
Loren trabajaba tratando de relajar a Harry, intentando evitar que se tensara mientras los otros miembros de su manada cumplían sus tareas, lo reacomodó gentilmente de modo que tenía un mejor acceso y campo de maniobra sin alguna parte del cuerpo de Harry en medio de su camino, pero mientras movía la cabeza de Harry para acomodarla entre su cuello, presionando su barbilla en la parte superior de la cabeza de Harry, fue cuando supo que la hora había llegado, gimió suavemente y se aferró a los músculos tensos de sus piernas. Todavía tenía miedo.
- Está bien dulzura, muerde el cinturón y déjame hacer esto, seré tan rápido y cuidadoso como sea posible y te prometo que todo pasará pronto.
Harry nunca antes se había sentido tan agradecido con Loren, pero de repente, todo se volvió terriblemente mal ya que sus machos beta -sólo tres de ellos estaban en el claro con él en ese momento- olfatearon y gruñeron, Harry estaba confundido, pero no se quedó así por mucho tiempo, alzó la cabeza desde donde estaba escondido bajo la barbilla de Loren. Un costado de su cabeza fue golpeada con algo y su cuerpo dejó de responder mientras caía en una profunda inconsciencia.
Gracias por sus comentarios. No olviden agradecer a Starlight Massacre. Mil besos.
