Capítulo 05: La Consecuencia

La primera cosa de la que Harry se dio cuenta cuando despertó fue que estaba en una absoluta agonía y que estaba gritando. Gritaba en voz alta, sin decir una sola palabra mientras trataba de sacar a su mente de las garras de una niebla espesa y envolvente que había descendido sobre él.

Abrió sus ojos de golpe y el dolor hizo que todo se volviera borroso, era casi como si necesitara sus anteojos de nuevo, pero no los había necesitado desde que fue mordido. Los había dejado en Grimmauld Place la noche en la que huyó.

- ¡Harry! Harry soy Sirius, por favor cálmate.

Harry oyó la voz, pero no entendió lo que decía así que arremetió en su contra y le gruño amenazadoramente.

- ¡Te dije que le dieras a su bebé! – Siseó una voz peligrosamente.

- ¡En ese estado va a matarlo! – Gritó como respuesta la voz de una mujer.

Las voces se estaban volviendo más claras y estaban tomando más sentido, tan pronto como su cerebro captó la palabra "bebé", sus manos volaron a su vientre. Su suave y hundido vientre. Casi rugió cuando trató de enderezarse.

- Harry, estabas siendo mantenido como prisionero, no tienes que tener miedo ahora. Ya no tienes que tener miedo nunca más, estás a salvo.

Volvía a estar confundido y no entendía nada así que arremetió con brusquedad, inhaló profundamente, como hacía en su forma de lobo, pero todo lo que podía oler era sangre. Su mente entró en pánico y casi rompió la muñeca que lo mantenía sujeto, mientras su propietario retrocedía y se alejaba él se sentó tratando de apartar la visión borrosa de sus ojos y la niebla de su mente.

- Dame a mi cachorro. ¡AHORA! – Demandó de forma violenta, su garganta estaba seca y rasposa, se sentía como papel de lija y sonaba peor.

- Una vez que estés más calmado, entonces nosotros… – Alguien trató de aplacarlo, pero se acercó parcialmente cegado debido a su visión borrosa y deslizó sus manos alrededor de su cuello, entrelazando sus dedos y apretándolos con fuerza. Un agarre casi letal en ambos lados del cuello.

- Quiero a mi cachorro ahora. No después. ¡AHORA! – Le gritó en su cara, incluso cuando sentía unas manos ajenas apartándolo, antes de que un rápido hechizo hiciera que sus dedos se separaran del cuello del hombre alejándolo de su control.

- Cuando sintamos que estás más calmado y puedas controlarte a ti mismo, te devolveremos a tu bebé.

- ¡No estamos negociando con esto! – Gritó otro hombre. – No lo harás, mientras esté vivo y respirando, ¡decirle que sólo tuvo un bebé y mantenerlo alejado del otro! ¡No voy a permitir eso!

- Es lo mejor, sería más fácil controlarlo y es justo para ambos lados así evitaremos que ataque, todavía tendrá al otro bebé ante sus ojos, es sólo que no creo…

Harry había oído más que suficiente, escuchó que los hombres habían tratado de engañarlo haciéndolo pensar que sólo tenía un cachorro antes de intentar explicarle algo iban a chantajearlo y controlar su comportamiento con su propio bebé, eso era un puñetazo en el estomago, pateó rápidamente al que hablaba, demasiado rápido para que la otra persona reaccionara, golpeó al hombre mayor antes de tomar la apertura y usar su vista ahora nítida para arrebatar a los bultos envueltos en mantas en una cesta de mimbre al otro extremo de la habitación.

Se apabulló en la esquina de la habitación y sostuvo a sus dos cachorros con fuerza, mirando sin ver realmente que alguien se le aproximaba. Ellos querían quitarle a uno de sus cachorros. Uno de los cachorros de Fenrir.

- Por favor Harry, estabas siendo mantenido como un prisionero, fuiste violado, por favor escucha, nosotros sólo queremos ayudarte. Vamos a cuidar de ti, por favor déjanos ayudarte.

Harry se estremeció y hundió la espalda en la pared tanto como pudo. Nada tenía sentido, no estaba entendiendo nada. Inhaló profundamente el aroma de sus cachorros, pero ellos olían a limpio y fresco, alguien los había bañado. Gruñó de manera amenazante y apartó la mirada de de sus hijos para mirar a las personas en frente de él. Ellos habían tocado a sus cachorros, esas personas, esas personas que rápidamente estaba empezando a reconocer.

Miró al hombre arrodillado más cerca de él y estudió los ojos grises, el rostro desgastado por la preocupación, el alivio casi palpable en su lenguaje corporal.

- ¿Sirius? – Preguntó tentativamente.

El hombre exhaló un suspiro sosegado y sonrió. – Hey Harry, ha pasado un tiempo.

- Yo… yo no entiendo. – Dijo mientras observaba a su alrededor, reconociendo a los otros miembros de la Orden y que estaba en la cocina del número doce de Grimmauld Place. – ¿Por qué estoy aquí?

- Te rescatamos. – Le dijo Sirius con suavidad.

- ¿De qué? – Continuó Harry, completamente desconcertado.

Los miembros de la Orden compartieron una mirada y Sirius tragó sonoramente antes de sentarse en el piso apoyando sus piernas, poniéndose deliberadamente en una posición vulnerable para apaciguar a Harry.

- ¿De qué? De la manada de lobos por supuesto. Había siete hombres lobo que te estaban manteniendo amordazado bajo la punta de un cuchillo cuando por fin te encontramos. Por supuesto que nunca pensaron que recibirían un golpe con el aturdidor.

- ¿Los mataron? – Preguntó Harry, con su corazón en su garganta.

Sirius sacudió su cabeza. – Somos los chicos buenos Harry; no matamos gente por su propio bien. La prioridad de la Orden era encontrarte, así que te tomaron y regresaron de inmediato.

La bilis que había subido hasta su garganta volvió a bajar a su estómago y Harry pudo respirar con un poco más de facilidad, pero ahora sabía que no sería capaz de estar relajado por completo hasta que los volviera a ver a todos, sanos y a salvo, con sus propios ojos. No creía en aquellos que querían tomar como rehén a uno de sus cachorros para controlar su comportamiento.

- ¿Sabes quién es el Padre de los bebés Harry? – Le preguntaron. – Podemos volver encontrar a quien sea que te haya violado y denunciarlo.

Harry parpadeó. – Denunciarlo.

- Sí, por abuso y violación.

Frunció sus labios en un gesto de confusión. – ¿Por qué harían eso?

Todos compartieron una mirada de nuevo y Harry se sintió excluido. No sabía que estaba pasando.

- Tal vez sufra del Síndrome de Estocolmo. – Dijo alguien con amabilidad. – Sus circunstancias no han sido las mejores y en ese momento cualquier tipo de interacción habría sido bienvenida. No es raro en situaciones como estas.

Sirius se acomodó más cerca y Harry sintió la necesidad de retroceder aún más, pero ya estaba tan aplastado contra la pared como le era posible.

- Todo va a estar bien, Harry. – Le dijo de forma gentil. – Vamos a hacer que todo mejore.

El ceño de Harry se profundizó. No era consciente de que algo estuviese mal en primer lugar, pero nunca antes había escuchado del Síndrome de Estocolmo, así que no estaba seguro. ¿Hubo complicaciones en el parto?

- Por qué no me das a los bebés y vas a dormir un poco. – Le sugirió alguien y Harry se enfureció justo ante sus ojos mientras se ponía de pie tan rápido que fueron incapaces de ver el movimiento de sus piernas.

- ¡Te mataré si los tocas! – Juró, sus ojos viendo hacia la mujer que había dado un apresurado paso hacia atrás.

- Les sugiero a todos que salgan. – Le advirtió la sedosa voz de alguien que Harry conocía muy bien.

Harry se giró para mirar a Snape, que estaba de pie en una lejana esquina, pero se le aproximó.

- Vamos Potter, te mostraré una habitación donde puedas familiarizarte con tus… cachorros. – Se burló el hombre.

No supo qué lo había hecho seguir a Snape, especialmente después del sarcástico comentario, quizá era la oferta de alojarse con sus crías, o tal vez era la oportunidad de librarse de la habitación llena de gente, pero él los rodeó y se alejó de todos, siguiendo a su antiguo profesor por las escaleras a la habitación al final del pasillo, a una sala de estar pequeña y ligeramente iluminada.

Lo dejaron solo, pero no se engañaba al pensar que podía huir de nuevo, ni siquiera sabía en donde estaba cuando lo encontró la manada de Fenrir; no sabía en qué bosque estaban o incluso en qué parte del país. Se maldijo a sí mismo por no preguntar jamás, pero no le había parecido importante, nunca hubiera adivinado que alguien lo encontraría, no había manera en que supiera que la Orden lo estaba buscando, aunque quizá debería haberlo hecho. Con Voldemort aún con vida, lo necesitaban, incluso si él ya no quería cumplir con su destino. Además, preguntar en dónde estaba sólo habría servido para que Fenrir sospechara del por qué quería saber, pero ya que no sabía en dónde habían estado, nunca sería capaz de encontrarlo de nuevo, y definitivamente, no con dos bebés a los cuales cuidar también. No había sido capaz de alimentarse a sí mismo cuando estuvo solo, ¿cómo alimentaria a dos recién nacidos también?

Dejó salir unas lágrimas silenciosas mientras pensaba en su manada. Siete de sus compañeros de manada habían estado involucrados en una pelea, Fenrir y otros dos habían estado lejos de la manada en ese momento. No sabía si podía creer en la Orden cuando le decían que habían dejado a sus compañeros con vida, porque seguramente ellos habrían luchado por él y por los cachorros de su alfa, luchado contra los atacantes invasores, y peleado fieramente también. Sólo quería a Fenrir, pero su alfa no sabría qué había pasado o en donde estaban él y sus cachorros, sus lágrimas silenciosas se transformaron en sollozos y trató amortiguarlos. Sólo quería ir a casa. Ya no pertenecía aquí y ciertamente, de entre todos los lugares, no quería regresar a esta casa. Sólo quería a Fenrir, quería a su manada, quería llevar a sus dos cachorros al bosque para poder vivir en paz.


Fenrir gruñó malhumorado mientras llevaba hasta el claro las cosas que habían robado para sus cachorros. Habían ido a varios pueblos a conseguir todo lo que necesitaban y evitar ser atrapados, pero obligó a Jonas y Stacey a mantenerse al día ante su ritmo brutal, los escogió para que fueran con él porque eran los dos miembros más rápidos dentro de su manada y quería abarcar todo el espacio posible y terminar cuanto antes.

No sabía por qué su cachorro necesitaba tantas cosas, pero recordaba vagamente ir a robar mantas y ropa cuando tuvo a su primera manada, a los tres que no habían sobrevivido al invierno de ese año porque nacieron siendo enfermizos, su compañera de cría lo había culpado por no conseguir suficientes mantas a pesar de que sus crías no se encontraban bien desde hace algún tiempo, la mató por culparlo de la muerte de sus cachorros solamente a él, pero no correría ningún riesgo este año, tenía varias mantas para sus cachorros.

Llevaba ropa, gorros, calcetines, pequeños guantes que no tenían dedos y zapatos suaves porque Jonas había insistido. No discutió con él, Jonas había tenido hijos antes de ser mordido, pero su esposa lo echó después de eso diciéndole que no quería ver su cara de nuevo. Debido al amor que sentía por ella y por sus hijos, desde entonces no se les había acercado, le permitió decirle a sus hijos que había muerto mientras él vivía en el bosque con un grupo de nueve hombres inadaptados, diez ahora que Harry se les había unido y pronto serían más después del nacimiento del cachorro.

Fenrir no habría sido ese tipo de hombre, él habría mutilado a la mujer hasta la muerte por decirle tales cosas antes de recuperar a sus hijos y criarlos en el bosque con su manada, pero en el fondo él siempre había querido tener hijos y quería tener a esos hijos a su lado. Había tratado de "hacer algo" al morderlos e intentó criarlos como uno de los suyos, pero ellos siempre recordaban que él no era su padre real; siempre recordaban que los había mordido; siempre recordaban el dolor, el cual se renovaba en sus mentes cada luna llena, así que había dejado de forzar a los niños a ser de los suyos al morderlos y volvió a pensar en tener a sus propios hijos biológicos, sus propios cachorros que serían más fuertes que él, se decía a sí mismo y así lo había hecho cuando su ultima camada fue concebida, los cinco que habían muerto devorados por los zorros por su estúpida perra que en ese momento los dejó desprotegidos y vulnerables para ir a lavarse al río.

Ya no buscaba sin descanso entre los niños para ver cuál podría ser suyo, ahora sólo cazaba humanos como alimento si sus presas eran escasas, había pasado un largo tiempo desde que había convertido o asesinado a alguien por rencor. Ya no iba a los pueblos muy a menudo, así que no había nadie a su alrededor que lo insultara a él o a su manada o a su familia.

Aún recordaba la vez que el Ministerio lo tuvo en sus manos, cuando era mucho más joven y no tenía la fama que ahora tenía, habían tratado de decidir si era algún Muggle vagabundo como él decía que era o si debería estar en el registro de los hombres lobo. Ese día no llevaba su varita, por lo cual estaba agradecido ya que de esta forma confiaban en su palabra y creían aún más que era un vagabundo que un hombre lobo, que con su cabello demasiado largo y desaliñado, la barba y la ropa harapienta. Pero no había engañado a Lyall Lupin.

El hombre había estado tan enojado con sus compañeros de trabajo que perdió los estribos y llamó a todos los hombres lobo criaturas crueles y sin alma y dijo que no merecían nada más que la muerte, justo en frente de él. Por supuesto que Fenrir no tuvo ninguna amabilidad en absoluto. Se habría condenado a sí mismo si hubiese atacado al hombre justo ahí desgarrando su garganta, era un día antes de la luna llena, su control era débil y seguía siendo joven, pero manejó sus propias restricciones, Lupin fue expulsado del comité de interrogación y el Ministerio lo dejó ir, junto a una disculpa y un hechizo desmemoriante en sus labios.

Sin embargo, él era Fenrir Greyback, él era un hombre lobo y tan pronto como el funcionario del Ministerio lo llevó de vuelta al callejón al lado del edificio del Ministerio, e intentó borrar la memoria de un pobre y confundido vagabundo Muggle, Fenrir lo atacó, con los dos miembros de sus anterior manada, Warren y Nathan, quienes lo siguieron cuando fue detenido para una interrogación y habían estado escondidos en las sombras del callejón.

Planeó su venganza cuidadosamente, arrulló a los Lupins en una falsa seguridad al dejarlos solos por dos meses completos tal como lo planeó, aunque los mantenía vigilados, los veía mimando y corriendo junto a su orgullo y alegría, un niño de cuatro años llamado Remus. Era casi demasiado perfecto, en la tercera luna llena se sentó en los arbustos, justo debajo de la ventana cantando las instrucciones con determinación y fuerza una y otra vez para sembrarla en su mente, en su mente de lobo.

Se transformó tan silenciosamente como podía, apretando sus dientes ahogando los gruñidos y resoplidos de dolor que querían salir, cuando se hubo transformado en un enorme lobo negro azabache, que sólo tenía un pensamiento en su mente repitiéndose una y otra vez, "consigue al niño, consigue al niño".

Trepó por un lado de la casa hundiendo sus garras profundamente en los ladrillos, usando el alfeizar de la ventana para hacer que su enorme y pesado cuerpo llegara al piso superior, en donde había olfateado la ventana abierta del niño, encontrándolo en su pequeña cama dentro de su dormitorio, justo bajo la ventana. Era demasiado perfecto.

Lo atrapó en sus gigantescas garras y el pequeño de cuatro años se retorció al despertarse, gritando como nadie lo había hecho, era un alto y lastimero ruido, un continuo sonido de una ciega agonía. Había sido el más joven que Fenrir había mordido y no esperaba que el cachorro sobreviviera a la mordida, por no hablar de la siguiente luna llena cuando cambiara de forma por primera vez. Pero sobrevivió.

El padre del muchacho lo salvó de una muerte segura; él y la gravedad del asunto. Las poderosas maldiciones lo hicieron retroceder lejos de su presa y regresó deslizándose por un costado de la casa, arrancando trozos de ladrillo antes de huir hacia el bosque. El niño vivió y se convirtió en un hombre; Fenrir había conseguido su venganza y rara vez pensaba en el chico al que había mordido. El incidente no le hizo perder el sueño e hizo que Lyall Lupin se replanteara su postura sobre los hombres lobo como seres crueles y sin alma al convertir a su hijo en uno de ellos, así que, en realidad, su plan había funcionado mejor de lo que pensó.

Fue sólo un año después que se volvió demasiado poderoso para su manada y su alfa lo expulsó por el temor a ser desafiado, derrotado y reemplazado con el pretexto de un castigo por aparearse con una hembra y haberla preñado cuando él no era el macho alfa de la manada, a pesar de que el alfa actual no había demostrado ningún interés en alguna de las hembras de la manada durante la temporada de reproducción, así que había estado en su derecho de aparearse con ella y tener cachorros, aunque había sido marginado por sus "transgresiones contra la manada" justo después de que sus tres cachorros enfermos hubieran muerto.

Esos habían sido tiempos oscuros para él, lamentablemente lo hizo deslizarse hasta el camino oscuro y comenzar a cumplir las órdenes de magos oscuros como un perro faldero sólo porque quería a alguien con quien hablar, hasta que un día se encontró como un lacayo del Señor Tenebroso. Al final despertó y se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Él mismo acabó recogiendo a otros marginados, salvándolos del mismo camino que ya había recorrido y forjó su propia manada. Entonces el Señor Oscuro cayó, tomó a su manada y se internaron en las profundidades de los bosques de Gran Bretaña a vivir en una relativa paz lejos de los humanos que no los entendían, del Ministerio que quería encadenarlos y de los magos oscuros que querían usarlos para derramar sangre. No se equivoquen, amaba derramar sangre, había disfrutado de ello, pero nunca había sido bueno siguiendo órdenes de nadie, era un alfa de corazón, siempre lo había sido, ese era el por qué se había vuelto un paria en su antigua manada, y nadie, ni siquiera los Lores Oscuros, le dicen qué hacer a un alfa.

Fenrir supo que algo andaba mal casi tan pronto como entró en su territorio. La manada de lobos vecina estaba en silencio, así como la suya. Era un silencio inquietante en el bosque, se echó a correr mientras se esforzaba por captar cualquier sonido que pudiera, pero ahí no había nada, ningún sonido en absoluto, incluso los pájaros y los roedores estaban en silencio.

Compartió una mirada con Jonas y Stacey, ambos lucían tan intranquilos como se sentían, arrojó las bolsas que había estado sosteniendo y salió corriendo, sus dos machos beta siguieron a su líder y todos corrieron tan rápido como les fue posible hasta llegar al claro, a su hogar, si la tensión que sentían resultaba ser una falsa alarma siempre podían volver por las bolsas después.

Todos llegaron al claro al mismo tiempo… para encontrar a tres miembros de su manada esparcidos por el lugar, pálidos y mojados por la fría lluvia que había caído ayer. No se habían movido desde ayer y lucían mortalmente pálidos.

Fenrir cayó junto a Grant y tocó su cuello con sus dedos torpes y gruesos, omitiendo su propio pulso que palpitaba martilleando en sus oídos, ignorando la falta de sangre y la piel pálida de Grant tanto como podía, los miembros de su manada no estaban muertos, no podían estar muertos.

Dejó salir un sonoro suspiro de alivio cuando encontró el ritmo bajo sus dedos. Su compañero de manada sólo estaba pálido porque estaba muy, muy frio, tenía que calentarlo rápidamente, ya que no sabían cuanto tiempo llevaba de esa manera.

- Todavía están con vida. – Dijo Jonas mientras movía a Sidney más cerca de Scott quitándole la chaqueta para ponerse sobre él y calentarlo.

- ¿Dónde están los otros? – Preguntó Stacey, había cierta pizca de temor en su voz.

- Esto me huele a magos. – Gruñó Fenrir, su mal genio haciendo erupción.

- No pensarás que esos humanos que han estado dando tumbos a nuestro alrededor por semanas tienen algo que ver con esto, ¿o sí alfa?

- Le apostaría mi maldita vida. – Gruñó Fenrir. – Sabía que debí haberlos eliminado antes.

- No podíamos arriesgarnos a exponer a Ha…rry. – Dijo Jonas, su voz acabó desvaneciéndose suavemente.

Fenrir se dio la vuelta y luego gruñó. – Si se atrevieron a lastimar a Harry…

Se interrumpió a sí mismo dejando su amenaza abierta. Ahuecó sus manos alrededor de su boca y aulló, fuerte y alto, su llamada hizo eco a través del bosque. Esperaron, en unos tensos minutos, pero no hubo respuesta inminente a su llamada.

- Vayan y comprueben la guarida para el parto. – Ordenó Fenrir. – Luce como si ellos hubiesen hecho una fogata. – Les dijo mientras pateaba los pedazos de madera carbonizada cerca de los cuales habían encontrado a Grant. Había una olla grande sobre la que había un montón de agua. – La única razón por la que habrían hecho esto sería en caso de que Harry hubiera tenido al cachorro y no responderían a una llamada si tuvieran a las crías con ellos.

- Habrían necesitado demasiada agua, alfa; alguien pudo haberlos atacado río abajo también. – Señaló Jonas.

Fenrir gruñó y se dirigió hacia el río, esperando que los miembros restantes de su manada estuvieran ocultos en la orilla. Hallaron a algunos de ellos, pero no en el estado en el que los hubieran querido encontrar. El nunca quiso ver a los miembros de su manada en tal estado.

Por como lucían las cosas Miles había presentado una tremenda batalla, estaba cubierto de sangre seca, pero ninguna de las heridas lucía fatal, obviamente había resistido después de que Nick fuera noqueado justo antes de comenzar a pelear.

Fenrir los cogió a ambos con cuidado y los cargó de vuelta al claro en el cual se reunían, sólo para encontrar a Jonas cargando contra su pecho a un muy ensangrentado Bryan.

- Él tiene algunas heridas graves, alfa. – Le dijo Jonas con preocupación. – Debió haber dado una batalla increíble, lo encontré una milla más allá de la guarida de parto, me atrajo el olor de su sangre.

- ¿Quién continúa desaparecido?

- Loren y Harry. – Dijo Jonas con cautela.

- ¿Por qué los magos los dejarían con vida? – Preguntó Jonas después de que él y Fenrir hubieron chequeado que las hemorragias de Miles y Bryan no fueran demasiado severas o alguna amenaza para su vida.

- Debieron haber ido tras Harry; no les importaba matarnos, sólo querían atrapar a Harry. – Dijo Stacey mientras volvía al claro, cargando a un Loren severamente golpeado, quien aún sangraba poco a poco. – Su pulso es muy débil. Va a morir, alfa.

Fenrir tomó a Loren y usó el agua en el balde más cercano para lavar el cuerpo de Loren, encontrando varias heridas graves y una que podría haber sido fatal. Traía el kit de sutura que habían conseguido para Harry. Fenrir las usó ahora para salvar la vida de Loren, esperando que fuera suficiente mientras Jonas y Stacey lavaban, secaban y acomodaban a los otros en esa pequeña cueva poco profunda, en un montón de pieles para mantenerlos calientes.

- Dispérsense y vean si pueden encontrar algún rastro de Harry. Ir en la dirección en donde encontraron a Loren es una buena opción, huele bastante a él, debió haber tratado de huir con Harry pero fue atrapado. Tal vez le dio el tiempo suficiente para escapar.

- ¿Se quedará aquí alfa? – Preguntó Jonas, observando a la cueva con preocupación.

Fenrir asintió cortantemente. No dejaría a los miembros de su manada solos y vulnerables, y no tenía esperanzas de que Harry estuviese en algún lugar del bosque, Stacey estaba en lo correcto, los magos habían venido por Harry, lucharon con su manada antes de llevárselo. Necesitaba planear su próximo movimiento y necesitaba hacer el papel de enfermera para los miembros heridos de la manada antes de salir y buscar a Harry y a sus cachorros. Los encontraría, sin importar cuánto tiempo le llevara o a cuanta gente tuviera que asesinar para lograrlo, los encontraría y los traería de vuelta a casa.


Harry se negó a cooperar con la Orden. Cada pregunta fue recibida por un silencio obstinado, un simple no o incluso un gruñido de negación, o los ignoraba completamente. Se negó a bañarse, se negó a que le ayudaran con sus cachorros, se negó a dormir en una cama, se negó a comer los alimentos cocinados y se negó a dejar a sus hijos lejos de sus brazos, por no hablar de su vista.

Hablaba muy poco y sólo a ciertas personas, pasaba la mayoría del tiempo cuidando a sus bebés y haciendo caso omiso a todos los intentos que hacían para quitárselos por cualquier razón.

Incluso habían llamado a un Sanador especializado que lidiaba con asuntos de la mente, juró mantener el secreto y dijo que sufría del Síndrome de Estocolmo, lo cual todavía no sabía qué era. Tampoco había hablado con el Sanador, ni siquiera lo miró cuando le formulaba una multitud de preguntas y se pasaba la hora y media que se quedaba el Sanador ignorándolo muy efectivamente mientras arrullaba y jugaba con sus diminutos cachorros.

Se pasaba la mayor parte de su tiempo mirando hacia afuera por las ventanas de la casa, con la esperanza de ver a Fenrir venir por la calle arrasando con todo sólo para buscarlo. Era un sueño, una mera fantasía. Odiaba haber perdido su casa, su familia, a su amante y eso no lo hacía actuar de una forma muy amigable hacia sus captores, quienes aún clamaban haberlo rescatado.

Incluso habían tratado de envenenarlo, obvia y descaradamente. Les lanzó la copa que le habían entregado la cual contenía la poción Matalobos y demandó furiosamente que la mantuvieran alejada de él, no lo escucharon y por siete días enteros hasta ahora no dejaban de traérsela una y otra vez, alentándolo y persuadiéndolo para que la bebiera, sólo para que lo intentara, tan sólo esta única vez, sólo durante una luna llena. Él se mofó y les gruñó comenzando a arrojarle las copas a sus cabezas tan pronto como la copa humeante era puesta cerca de él. Ni siquiera podía soportar tenerlo cerca. Él era un verdadero hombre lobo, no necesitaba un veneno de magos para ser domado, era un lobo, eso no significaba que estuviera destinado a ser encerrado y domado como un perro doméstico. No pondría ese veneno cerca de sus cachorros.

- Por favor entra en razón Harry. – Rogó Sirius.

- ¿Entrar en razón sobre qué? – Demandó finalmente, su temperamento al final estaba ganándole a su promesa de permanecer en silencio.

- La luna llena es esta noche. No puedes tener a tus bebés a tu alrededor. – Le dijo Sirius con gentileza.

- ¡Sólo estás tratando de alejarlos de mí! – Gruñó.

- Es luna llena Harry, por favor. Sólo déjame vigilarlos durante la noche. Tan sólo una noche, no voy a alejarlos de ti, puedes tenerlos devuelta tan pronto como te despiertes en la mañana. No permitiré que les pase nada y estarán felices y bien alimentados, lo prometo.

- No.

- Vas a lastimarlos. – Le gruñó Tonks con furia. – No has tomado ninguna poción Matalobos.

- Seguro como la mierda que voy a lastimarlos o a tragar esa vil porquería.

- Eres un hombre lobo Harry, ¿Cómo crees que vas a reaccionar cuando veas a dos bebés retorciéndose y gimiendo? ¡Pensarás que son un aperitivo y te los comerás!

- Maldición, son mis hijos, por supuesto que no voy a comérmelos ¡Tú, puta demente!

- No hables de esa forma Harry. – Reprendió Dumbledore.

- ¡Hablo como se me dé la puta gana! ¿Sabían que las posibilidades de que mis hijos hayan heredado mi licantropía se encuentran sobre el ochenta porciento? ¡Viendo que yo y su Padre somos hombres lobo, la posibilidad de que les hayamos pasado esos genes invalida su punto!

- Todavía hay una oportunidad de que no sean hombres lobo. – Le dijo Dumbledore.

- Aún así no me importa. – Dijo Harry mientras acunaba a sus dos cachorritos en su regazo, envolvió las únicas mantas que permitió en sus hijos, se las había dado Sirius, así que no apestaban a magia. Rechazó toda la ropa que le habían dado, pero les puso pañales a sus cachorros, sólo por conveniencia.

- No podemos permitir que atravieses el cambio con dos recién nacidos que…

- ¡¿No pueden permitirme?! – Gritó Harry. – ¡Lo lamento pero no recibo ordenes de ti! ¡No puedes impedirme hacer nada porque no tienes una mierda que ver conmigo!

- Soy tu Director Harry.

Harry bufó. – No sé si te has dado cuenta pero no he estado en la escuela desde hace un año y medio y no voy a volver ahí. No eres nada para mí.

- Soy tu padrino… - Trató Sirius.

- No te necesito. – Le interrumpió Harry mientras acariciaba la mejilla de su cachorro mayor, observando el pequeño labio deslizarse hacia abajo separándose del labio superior mientras olfateaba en sueños.

- No digas eso Harry, claro que necesitas a Sirius. – Dijo Dumbledore con severidad.

- ¿Para qué? – Preguntó Harry, luego resopló cuando no llegó una respuesta inmediata. – Eso pensé.

- Necesitas apoyo, alguien con quien hablar para… - Intentó Sirius.

- ¡Tenía eso con mi manada! – Gritó Harry. – ¡Me alejaron de mi hogar! ¡De la gente por la que me preocupaba! ¡Del Padre de mis cachorros! ¡Los atacaste y me alejaste de ellos que no me habían mostrado más que amabilidad y preocupación! ¡Hasta donde yo sé podrían haberlos matado!

- Estás sufriendo el Síndrome de Estoc… - Comenzó Tonks.

- ¡Deja de decir eso! ¡Ni siquiera sé lo que es, pero no estoy sufriendo nada! – Gritó Harry.

- El Síndrome de Estocolmo es cuando un cautivo expresa simpatía y preocupación hacia sus captores a través de estrés emocional y la necesidad de hacer lo que sus captores digan como medio de auto preservación. – Le dijo Dumbledore.

Harry hizo una mueca y los miró fijamente. - ¿Cómo es que funciona? A mi todavía no me agrada ninguno de ustedes y estoy seguro de que no estoy simpatizando o preocupándome por ustedes a través de estrés emocional o auto-preservación.

- No, tus captores Harry, la manada de lobos que te mantenía atado y amordazado.

El ceño de Harry se profundizó y los miró a todos extrañado.

- Ellos nunca me mantuvieron atado o amordazado.

- Estabas amordazado la primera vez que entramos en el claro. – Dijo Tonks.

- No, estaba mordiendo un cinturón de cuero porque sentía dolor. ¡Había entrado en labor y ustedes idiotas los atacaron mientras me estaban ayudando a dar a luz!

- ¿Qué? – Preguntó Sirius. - ¡Nunca dijiste eso Tonks! Dijiste que estaba amordazado y atado, y que los lobos estaban tratando de huir con él.

- ¡Lo hicieron!

- ¡Puta mentirosa! – Le gruñó Harry.

La mujer se ruborizó horriblemente y su cabello se oscureció junto con su rostro.

- Mentiste. – Dijo Sirius, sonrojándose junto con ella. – No estaba cautivo en absoluto, ¿o sí?

- ¡No! – Respondió Harry. – ¡Estaba realmente feliz! ¡Ellos salvaron mi maldita vida! ¡Hubiese muerto el ultimo invierno sin ellos, hubiera muerto de hambre o de frío si no me hubiesen acogido y cuidado hasta que sanara!

- ¿Nunca te lastimaron o… o te violaron o te ataron? – Preguntó Sirius.

- Por supuesto que no, era su perra alfa. Mi compañero de cría los habría matado incluso si lo hubieran intentado, lo cual nunca hicieron, nos divertíamos mucho juntos, les agradaba demasiado como para lastimarme.

Todos palidecieron a medida que hablaba, pero a Harry no le importó. Quería hacerles ver que su manada no había hecho absolutamente nada malo.

- ¿Perra alfa? – Dijo Sirius, tragando sonoramente.

Harry asintió. – Espero que mi alfa venga a buscarme y no espero que sea muy amigable ni compasivo, no sólo me alejaron de él, también alejaron a sus cachorros. No va descansar hasta encontrarnos. No le gusta que la gente le quite lo que es suyo.

- Pensamos que estabas siendo mantenido cautivo.

- Bien, pues no lo estaba y no creo que a él le importe. Ustedes me alejaron, tomaron a sus cachorros y atacaron a su manada. No va a estar muy feliz.

- Él no estaba ahí el otro día, ¿o sí?... – Comenzó Tonks, pero Harry había oído suficiente.

- Estábamos divididos en tres grupos diferentes, ¡uno de los cuales ni siquiera estaba ahí! Estábamos distraídos con mi parto y mis compañeros de manada entraron en pánico por la repentina llegada de los cachorros tan pronto, ¡como si hubieran podido sorprendernos en un día normal! – Gritó Harry. – Mi alfa los habría alejado a todos y nos hubiera protegido. Los hubiera matado.

- Ningún hombre lobo es tan bueno. – Se burló Tonks. – Especialmente uno sin varita.

- Varios de nosotros tenemos varitas. – Le dijo Harry. – Las mantenemos en un área especial de nuestra guarida así no las perdemos, no las necesitamos para las actividades diarias así que no nos molestamos en mantenerlas con nosotros. ¡Si nuestro alfa hubiera estado ahí no habrían logrado colarse entre nosotros y hubiésemos estado listos para atacarlos!

Nadie dijo nada. Harry acunó a su cachorro más joven mientras los ojos azules pestañearon al abrirse y luego se retorcieron con angustia.

- Oh pequeño, ¿tienes hambre?

Harry los cogió a ambos y se trasladaron a la cocina, deslizó a uno de los bebes en el "pouch" improvisado con la funda del edredón que anudada con firmeza alrededor de su cuerpo mientras alimentaba al menor de sus bebés con la leche en polvo que venía entre las cosas que Sirius le había dado.

Harry rompió el sello él mismo, había esterilizado los biberones y resguardaba la formula en polvo con la varita de Sirius cada vez que no la usaba, varita que le había entregado con confianza para su propio uso hasta que le consiguieran una nueva. Dijeron que era demasiado paranoico, pero les espetó que no quería correr riesgos y Moody le dio un brusco asentimiento de aprobación, incluso cuando no le gustaba esta situación en absoluto.

- ¿Cómo vas a alimentarlos cuando estés en forma de lobo? – Preguntó Sirius. – Sería mejor si me dejas vigilarlos Harry, por favor.

Harry lo miró. – ¡Deja de tratar de llevarte a mis cachorros! Se quedarán conmigo y punto.

- Sería sabio… -

- No pedí tu sabiduría. – Le espetó Harry a Dumbledore. – ¡Sólo déjanos en paz!

Harry acomodó a sus cachorros y alimentó al mayor, los hizo eructar a ambos antes de ir a la habitación que le habían dado y cerrar la puerta de golpe. Empujó la silla bajo la manija y luego se acurrucó en el nido de mantas que había hecho en la esquina más alejada. Una vez trató de salir por la ventana, pero a pesar de que podía abrirla, estaba protegida para evitar que saliera cualquier cosa.

Lo dejaron solo, pero a una hora de la puesta de sol el golpeteo comenzó junto con los hechizos y Harry se apresuró a trancar la puerta con fuerza, usó sus emociones canalizadas a través de la varita de Sirius para mantenerlos afuera. Al menos le compraría tiempo; no entrarían si estaba en forma de lobo. Lo sabía. No podían correr ese riesgo.

- ¡Abre la puerta Harry! – Casi una hora más tarde, cuando el alza de la luna era inminente apareció una voz que no había oído desde que regresó. El hombre que había empezado todo esto. Remus Lupin.

- ¿Te nos unirás esta noche Remus? – Preguntó con un tono feliz y alentador.

- Unirme… ¡Harry esto es una locura! ¡Son bebés inocentes!

- Pensé que entenderías. – Dijo Harry, casi demasiado bajo como para ser escuchado.

- No puedo entenderte Harry, por qué pondrías a tus bebés en tal peligro.

- ¡No podré a mis bebés ante ningún peligro!

- Simplemente abre la puerta Harry, podemos hablar de esto.

- Quedan diez minutos antes de la puesta de sol, ¿qué crees que puedes decirme en esa cantidad de tiempo?

- Ese es el por qué estoy aquí. Ni siquiera has tratado de tomar la poción Matalobos. Te ayudará, Harry. Te prometo que te ayudará.

- No voy a tomar esa porquería. – Gritó Harry enfurecido. – ¡Es veneno!

- Sólo a Fenrir Grayback le he escuchado decir que la poción Matalobos es veneno. – Dijo Remus apaciblemente.

- ¿Quién? – Dijo Harry, con el corazón en la garganta.

Casi podía oír los suspiros de alivio venir desde el otro lado de la puerta.

- Es el hombre lobo más vil y salvaje que haya existido jamás; está en la liga con Voldemort y…

- ¡Mentiroso! – Harry explotó antes de poder controlarse.

El golpeteo en la puerta aumentó y Harry sonrió cuando sintió que la luna alcanzaba la tierra. Empezó a gritar mientras comenzaba la transformación y despertaba a sus cachorros que gritaban con él en medio del llanto. El martilleo en la puerta se volvió más fuerte, pero no detuvo sus gritos cuando cambió de forma dolorosamente sin Fenrir ahí para calmarlo, el pelaje brotó a través de la piel, sus orejas crecieron rectas y puntiagudas y su cola, garras y hocico aparecieron al mismo tiempo.

Se acostó en el piso sobre su vientre, gimiendo de dolor, por lo general su compañero de cría venía a calmarlo inmediatamente después de la transformación, pero no estaba ahí. Inhaló profundamente y gruñó con furia al darse cuenta de que estaba en el interior. ¡Quería estar afuera! Quería la hierba entre sus patas y el aire frío de la noche, la luz de la luna llena bañándolo mientras cazaba y jugaba con su manada o se acurrucaba y dormía con su compañero de cría.

Arremetió contra la pared interna de su prisión y arrastró sus garras por la pared, rasguñando, tratando de salir. Lanzó un aullido sonoro, golpeó su cuerpo contra la pared y aulló de nuevo, antes de darse la vuelta y ver en la oscuridad, unas cosas esponjosas gimiendo en el suelo, ambos tenían sus ojos abiertos y azules, uno gris, uno negro. Fue directo a ellos olfateando a su alrededor con suavidad. Ambos eran suyos, suyos y de su compañero de cría. Aulló intentado llamar a su compañero de cría, necesitaba la protección de su manada, no quería estar encerrado, no tenía nada que cazar, sus cachorros no tenían nada que comer.

Gruñó y se arrojó contra la pared sólo para comenzar a arañarla desesperadamente tratando de salir.

Oyó un gemido detrás de él y abandonó su ataque para atender a sus cachorros inmediatamente, lamiéndolos, brindándoles la tranquilidad de que él aún estaba ahí. Los cogió cuidadosa y delicadamente entre sus dientes frontales para acomodarlos con cuidado en la guarida. Los cubrió con una extraña tierra, escondiéndolos antes de volver a tratar de forjar una ruta de escape atacando los obstáculos de la prisión, tratando de desgarrar otras murallas, tratando de encontrar un punto débil en una de ellas antes de acostarse a descansar junto a sus cachorros mordiendo su propia pierna cuando el instinto de cazar y la necesidad de sangre fue demasiada para ignorarla.

No paró de aullar, gruñir, bufar o gemir durante la noche entera; una vez hubo descansado atacó las paredes, en medio de la rabia utilizó sus fauces para arrancar las piezas débiles de madera alrededor de la habitación. Llamó a su compañero de cría sin parar, a su manada, a su alfa. No entendía qué había pasado, qué estaba pasando, dónde estaba, dónde estaban los otros y esto no le agradaba.

Calmó a sus cachorros cuando se despertaron, intentó huir cuando dormían y cuando descansaba se mordía a sí mismo para frenar el ansia de sangre producido por el olor de los seres humanos en los alrededores. Actuó de esta forma durante toda la noche y cuando llegó la mañana, cuando la luna se desvaneció y el sol se alzó, él estaba golpeado y magullado, cortado, mordido y ensangrentado. Fenrir no lo había encontrado durante la noche.


Fenrir se despertó a millas y millas de su territorio, toda su manada a su alrededor, con una leve idea de por qué habían decidido viajar en esa dirección. Recordó fragmentos de la noche, más de lo que lo haría la mayoría de los miembros de su manada, pero lo pedazos aún carecían de definición y algunos recuerdos habían desaparecido por completo.

Se sentó y despertó a los miembros de su manada en el proceso, se alimentaron bien la noche anterior; era un pequeño consuelo cuando pensaba en lo que habría comido Harry e incluso si es que había comido, su perra alfa estaba muy delgado como para empezar a saltarse los horarios de comida. Eso arruinaría todo el duro trabajo que había realizado para que consiguiera un peso más saludable adaptándolo a algo parecido a una dieta normal.

Durante eso dos días de ausencia se enteró de lo que había pasado y su estado de ánimo no mejoró cuando confirmó sus sospechas. Harry entró en labor de parto la mañana siguiente a la noche que dejó a su manada, por eso se habían dispersado además de que estaban lo suficientemente asustados como para ser tomados por sorpresa. No los culpaba, se culpaba a sí mismo y odiaba sentirse de esa manera.

Nick y Miles fueron los primeros en ser atacados cuando estaban en el río, lo cual puso a sus betas en estado de alerta y con los nervios en vilo; Sidney corrió hacia el claro principal para advertirles, sólo para descubrir que Grant y Scott también habían sido atacados. Un hechizo dirigido a Loren que había golpeado a Harry ya los había puesto en alerta del inminente ataque, Loren corrió con su perra alfa mientras los demás trataban de darles tiempo manteniendo a raya a los atacantes que los habían tomado por sorpresa. Bryan los siguió después para proteger su espalda. Se separó de Loren y Harry para desviar la dirección de los atacantes y por eso salió herido, pero Loren se negó a abandonar a Harry, ni siquiera cuando estaban completamente rodeados así que tuvieron que arrancarlo de los brazos de Loren que se negó a ceder hasta el final aún después de recibir ataques serios hasta quedar inconsciente.

Desde entonces se había quedado más cerca de Loren, pero los elogió a todos por tratar de salvar a Harry y a sus cachorros, incluso si al final fallaron, lo intentaron con todas sus fuerzas y hubiesen dado sus vidas también. No podía pedirles más que eso.

- ¿Dónde estamos? – Preguntó Bryan de forma tosca, todavía medio dormido.

- Creo que estamos en Braintree. – Gruñó recordando haber visto un letrero justo antes de llamar a su manada para reunirse a dormir.

- ¿A dónde vamos? – Preguntó Miles. Fenrir también había sido más amable con él después de enterarse que había defendido al cuerpo inconsciente de Nick recibiendo todos los hechizos cortantes destinados al lobo más débil. Valoraba esos actos de lealtad y valentía provenientes de los miembros de su manada.

- No estoy completamente seguro, pero algo me dice que está en Londres.

- Él venía de Londres. - Dijo Jonas con suavidad. – Huía de ahí, de una calle llamada Grimmauld Place cerca del centro de la ciudad. Si sus captores son los mismos de los que estaba huyendo…

- Lo llevaron de vuelta Grimmauld Place. ¡Idiotas! – Gruñó Fenrir. – Ahí es donde mató a su familia, ¡¿quién podría ser tan soberanamente estúpido como para llevarlo ahí?!

- No sabemos si es que está ahí, alfa. – Dijo Sidney. Fenrir le dio un puñetazo con tanta fuerza que lo tiró al suelo haciendo que brotara un torrente de sangre de su boca, luego Fenrir lo pateó en un ataque de rabia y frustración.

- Si no tienes nada útil que decir, ¡cierra la maldita boca! – Gruñó.

- ¿Nos vamos a Londres, alfa? – Preguntó Jonas tentativamente.

Fenrir asintió. – Todos sabemos cómo Aparecernos, vamos a Aparecernos en el callejón detrás de la estación King's Cross.

- Yo… Alfa. – Interrumpió Loren con suavidad, estremeciéndose y agachándose cuando Fenrir puso sus profundos ojos azules sobre él.

- ¿Qué Loren?

- Fui a la Academia de Salem en Estados Unidos; no sé donde está la estación King's Cross

Fenrir gruñó y lo agarró del brazo. – Tú vienes conmigo. Todos ustedes Aparézcanse ahora.

Los vio desaparecer, Scott sostenía a Sidney, antes de que él mismo sostuviera a Loren contra su pecho girando en el mismo lugar, apareciendo en la asquerosa, sucia, ruidosa y maloliente capital junto a sus compañeros de manada.

- Ahora encontremos a este Grimmauld Place y cacemos a esos hijos de puta. Encontraremos a Harry y a los cachorros.

- Estoy seguro de que lo haremos alfa. – Jonas asintió. – Esa gente es realmente estúpida si es que lo llevaron a Grimmauld Place. Seguramente saben que nos diría de donde viene.

Fenrir salió del callejón dando grandes zancadas, los ojos de una mujer se ensancharon al verlo y acto seguido se apresuraba a cruzar la calle en dirección contraria. Bufó, no podía creer que ella tuviese la audacia de pensar que valía un solo minuto de su tiempo.

Su manada lo siguió. Se preguntó inútilmente si deberían haber lavado su ropa desgarrada, sucia y hecha jirones, pero ahora era demasiado tarde y descubrió que no le importaba, quería que Harry volviera con él y nada más.

Vagó por Londres gruñendo mientras trataba de encontrar un mapa o algo parecido, pero al final se agotó su paciencia. Agarró a un hombre que iba pasando y casi lo zamarreó, pero logró controlarse.

- ¿Dónde queda Grimmauld Place? – Le preguntó con dureza.

- Es… está a diez minutos caminando, ¡por ahí! – Balbuceó el hombre, señalando en la dirección hacia donde ya se dirigían. El hombre casi se orinó de miedo.

Fenrir lo dejó ir adelantándolo si siquiera darle las gracias.

- ¿Qué vamos a hacer cuando lleguemos allí, alfa? – Preguntó Bryan.

- Usar como saco de boxeo a quien sea que se haya llevado a Harry, lo llevaremos a él y a los cachorros de regreso a nuestro claro, haremos las maletas y nos trasladaremos rápidamente, ahora saben en donde vivimos. Necesitamos un nuevo hogar.

Fenrir estaba tan furioso por el hecho de que su pareja y sus cachorros le habían sido arrebatados, porque el que había sido su hogar durante la última década fue expuesto y ahora debía trasladar a su manada, tenían que pasar caminatas sin fin llenas de la incertidumbre de encontrar un nuevo lugar para construir un hogar. Sus enormes manos se cerraron con fuerza y apretó sus dientes. Quería golpear algunos cráneos hasta despedazarlos, quería que Harry estuviese otra vez a salvo en sus brazos, sus cachorros no muy detrás. Juró que si esa gente había llegado a lastimar a Harry o a sus cachorros haría que su final fuera lento, haría que sus mentes se perdieran en la agonía.


Hoy iban a trasladarse, eso le habían dicho después de haberles gritado la mañana después de la luna llena que esta casa le traía tantas pesadillas. Sirius lo miró horrorizado, sólo entonces se dieron cuenta de lo que le hizo esta casa, las memorias que contenía, los horrores, las pesadillas que le causaba por lo que había hecho.

Casi no podía dormir, no entre las pesadillas y el tener que alimentar a sus cachorros cada tres horas. Aún se negaba a cualquier ayuda que quisieran brindarle, a pesar de que siempre había alguien en la cocina, establecieron un horario nocturno para asegurarse de que no empacara sus maletas y huyera en medio de la noche.

Al menos había nombrado a sus cachorros: el mayor era Ulric y el menor era Felan. Ambos niños estaban creciendo sanos y fuertes, pero sólo a Harry le gustaron los nombres, todos los demás trataban de que se los cambiara por algo más "normal", Harry perdía los estribos cada vez que alguien siquiera llegaba a hacer una mueca ante los nombres de sus cachorros.

Algunos eran más severos que otros. Un nuevo miembro de la Orden que fue reclutado cuando él estaba lejos del cual ni siquiera podía recordar el nombre y mucho menos lo había conocido con anterioridad le dijo que Ulric sonaba como una mezcla entre úlcera y polla, así que al mayor comenzó a llamarlo Enfermedad; dijo que Felan sonaba más parecido a penal y empezó a llamarlo Criminal.

Ya no volvió a decir mucho más que eso, no después de que Harry escondió a sus dos hijos en la canasta de mimbre -una de las únicas veces en las que los había puesto abajo en un habitación con más personas,- a puñetazos le arrancó los dientes con los nudillos y el costado de su puño después de otro comentario hacia sus hijos, un comentario que había llegado muy lejos en opinión de Harry, perdió la calma y sacó lo mejor de él. No se detuvo hasta que casi hubo destrozado cada diente y lo hizo sólo entonces porque Remus lo separó a duras penas.

El hombre tuvo que beber una Crece-huesos para regenerar sus dientes, pero se encogía cada vez que pasaba cerca de Harry tragando sonoramente cuando éste se dignaba a dirigirle la mirada. Harry estaba bien, esto había abierto sus ojos ante la persona que era ahora, la persona en la que se había visto forzado a convertirse para sobrevivir, él creía que el cambio les había sorprendido haciéndoles desconfiar de él.

Desde la luna llena Remus siempre estaba tratando de hablar con él, entró a ver la destrucción total de la habitación que él mismo había atrancado una vez que salió el sol, sin mencionar el estado en el que se encontraba: todo magullado, maltratado y ensangrentado, pero se deleitaba restregarles en sus caras a sus dos bebés dormidos y completamente ilesos.

Aunque Remus en serio estaba molesto. Trataba de hacerle entender que ahora era un hombre lobo y las precauciones de debía tomar, pero Harry lo ignoró, simplemente le dijo que sabía lo que era, que lo era desde hace ya un año y medio, por supuesto que sabía que era un hombre lobo, que su manada le había explicado qué significaba ser un hombre lobo real e incluso usó esa oportunidad para restregarle a Remus que él no era más que un hombre con pelaje y que debería comportarse como un lobo de verdad. Eso hizo que Remus se pusiera furioso, lo atacó sin decir nada, Tonks se apresuró a detenerlo.

Nunca mencionaron la clase de comportamiento que se había asomado justo antes de la luna llena, cuando les gritó que mentían acerca de Fenrir. Se coló en el piso inferior y los oyó conversar en la oscuridad de la noche. Ellos esperaban que no estuviera en "la liga" con Fenrir, que no sabía de qué estaba hablando y no eso no había sido nada más que defender a otro hombre lobo, una reacción instintiva de parentesco, pero Harry sí sabía. Fenrir era su pareja y volvería con él tan pronto como fuese posible.

- ¿A dónde vamos? – Preguntó Harry mientras acunaba a sus hijos contra su pecho y hablaba dirigiéndose a Sirius.

- Estábamos pensando en ir a la Madri…

- ¡Absolutamente no! – Gruñó Harry. – ¿Están hablando en serio?

- ¿Cuál es el problema ahora? – Escupió Tonks, algo que hacía casi desde que llegó.

- ¡Maté a la mitad de la familia! – Gritó Harry. – Ese es el problema. ¡No voy a volver ahí!

- Más de la mitad de la familia y ese es tu problema. – Dijo ella despectivamente.

Harry deseaba no haberle devuelto la daga a Bryan en el claro, amaría enterrársela entre los ojos ahora mismo. Gruñó con suavidad sonriendo ante el pensamiento de enterrarle la daga una y otra vez poniéndola nerviosa, sus brazos cruzados de forma obstinada se aflojaron y una de sus manos se flexionó sobre su varita.

- Lo estuvimos pensado, – le interrumpió Sirius, tratando de calmar la situación. – Ahora vas a la casa de un confiable miembro de la Orden.

- Maravilloso, ¿cuándo nos vamos? Esta casa me persigue.

- ¡Eso es TÚ culpa! – Espetó Tonks.

- Cierra… la maldita boca… puta… antes de que le ponga mi pie encima. – Gruñó Harry con los dientes apretados.

- No digas esas cosas, Harry. – Le regañó Remus.

Tonks le sonrió, probablemente por que dio la cara por ella, Harry hizo un visible gesto en el piso y le dio la mirada que se merecía. Efectivamente, Remus se sonrojó, pero Tonks sólo lo miró.

- Mantén esa mirada en tu cara y cuando estés durmiendo voy a apuñalarte entre los ojos con la primera cosa que tenga a la mano. – Amenazó Harry.

Tonks retrocedió. Harry se alejó riéndose mientras murmuraba algo sobre humanos débiles.

- ¿Cuándo te volviste un paria para los hombres lobo? – Preguntó Remus.

- Nunca odié a los hombres lobo, nunca huí de ti, nunca me aparté de tu contacto, yo te admiraba y te respetaba, pero cuando me mordiste me di cuenta de que vivías de una forma completamente diferente a como lo hacían la mayoría de los hombres lobo. No eres tú o los hombres lobo como tú los que necesitan ayuda. Son los hombres lobo que están allá afuera, solos, sin una manada que los cuide o los ayude, luchando por sobrevivir cada día bajo terribles condiciones. Como me pasó a mí. – Dijo con suavidad. – Tal vez no seas capaz de conseguir un trabajo con facilidad, ¿y qué? ¡Casi muero porque no tenía absolutamente nada que comer durante el invierno! No había nada, ni animales, ni vegetación, ni frutas, ¡tenía que irrumpir en los hogares de la gente y asaltar sus cocinas! ¡Habría dado mis brazos por un pedazo de pan mugriento sólo para mantenerme vivo un día más! Estaba demasiado débil, era demasiado joven e inexperto como para ir tras los grandes partidos que rondaban durante el invierno, hacía demasiado frío, la nieve me llegaba hasta las espinillas, no había nada que comer, todo estaba congelado, ¡casi perdí mis pies al frío! Sin mi manada habría muerto.

Hubo silencio y Harry tuvo tiempo para recomponerse enterrando su cara en la pequeña manta de Ulric, limpiando las lágrimas de sus ojos las cuales se habían reunido en las esquinas y humedecido sus pestañas.

- ¿Cuántos miembros tiene tu manada? – Preguntó Remus.

- Trece. – Dijo Harry con suavidad.

- ¿Así que contigo son catorce?

Harry bufó. – Yo y mis cachorros estamos incluidos en esa cantidad, después de todo ellos son parte de mi manada, de mi hogar y nosotros tres somos parte de eso.

- ¡Tu hogar está aquí, con nosotros! – Dijo Sirius apasionadamente.

- Quizás hace tiempo, antes de que fuera mordido Sirius, pero tengo un nuevo hogar ahora. Tengo a mi manada, ellos son mi familia, son como mis hermanos mayores y tengo a mi alfa, el Padre de mis hijos, ¿cómo pudieron alejarme de ellos cuando al fin había logrado forjar mi propia vida? ¿Cómo pudieron separarme de mi familia ahora que por fin tengo una después de tanto tiempo? No está bien que mis hijos deban crecer sin conocer a su Padre. No quiero quedarme aquí.

Sirius tragó, pero parecía como si entendiera y tal vez lo hacía, pensó Harry. Se había sentido tan fuera de lugar dentro de su propia familia que había huido para vivir con los Potter cuando tenía dieciséis. Su verdadera familia como él siempre le había dicho, a pesar de no tener relación consanguínea, su manada era su familia, Sirius no podía alejarlo de ellos, simplemente no podía. No era muy diferente a lo que él mismo había hecho en su juventud, sólo que ahora era Harry quien lo estaba haciendo, además no sólo había ganado una familia, había formado una familia también, a diferencia de Sirius, él tenía a un pretendiente esperándolo y a dos bebés en los cuales pensar también.

- Te extrañé. – Dijo Sirius con suavidad.

- Te extrañé también. Pasé días interminables preguntándome qué estarías haciendo, que estarías sintiendo… si, después de lo que hice aún darías una mierda por mí. – Le confesó Harry tranquilamente.

Entonces, Sirius lo jaló dentro de un abrazo y lo sostuvo, jugando con el cabello de su nuca.

- Jamás debimos haberte traído a esta casa. – Dijo Sirius. – No lo pensé. Estaba tan enfocado en traerte de vuelta, en tenerte aquí ante mis ojos de nuevo que no pensé que significaría o que te haría estar aquí, por eso te pido disculpas, Harry.

- Está bien. Yo pagué mi precio por matarlos como lo hice. Pasé hambre por más de un año, todo giraba alrededor de la comida y comer y conseguir mi próximo alimento, pero las transformaciones me debilitaban, a veces desgarraba tanto mis músculos que no podía moverme por días, no podía cazar, no podía comer nada. Siempre estaba asustado Sirius, siempre temeroso, siempre hambriento, siempre adolorido, fue algo constante durante trece meses y luego encontré a mi manada por casualidad. Ni siquiera iba por ese camino, pero había un campamento de humanos en un claro en los límites del bosque, así que para evitarlos fui en la dirección opuesta y seguí por ese camino hasta encontrar otro bosque, pero para entonces estaba nevando fuerte y yo estaba congelado, pensé que iba a perder mis pies, o al menos mis dedos, en este punto ya había perdido mis zapatillas y mis calcetines casi se pudrieron en mis pies. No me di cuenta de que estaba en un territorio reclamado hasta que fue demasiado tarde, traté de huir pero algunos de mis compañeros de manada me atraparon, el resto es historia. Me alimentaron, me vistieron, me ayudaron y diligentemente me cuidaron hasta que sané. Me enamoré y tengo dos cachorros para demostrarlo, no puedes quitarme eso ahora. Ahora no.

- Podemos y tenemos. – Espetó Tonks. – Eres un hombre lobo, no un lobo de verdad; necesitas estar en una casa y también esos dos bebés, ¡no allá afuera en un estúpido bosque!

- ¡Ese estúpido bosque era mi hogar! – Gruñó Harry.

- No es un lugar para bebés. – Dijo Remus con simpleza.

La nariz de Harry se arrugó en un gesto de disgusto. – Tú no eres un hombre lobo; eres un cordero en piel de lobo. Mis hijos heredaron mi licantropía y la de mi compañero; durante la luna llena ambos cambiaron a las dos bolitas de pelo más adorables, una gris como yo, el otro negro, como él.

Remus tragó con fuerza. – Fenrir Greyback era un lobo negro. Recuerdo la noche en la que entró por mi ventana a medianoche atacándome con salvajismo mientras dormía. Aún faltaban meses para mi quinto cumpleaños.

- Sin embargo, eres un lobo gris, por eso yo soy gris. Me lo dijo uno de mis machos beta.

- Mi padre trató de encontrar todo tipo de pociones y hechizos para acabar con la maldición de hombre lobo que yo poseía, eso me mantuvo con vida el tiempo suficiente para que cada año llegara a mi siguiente cumpleaños o habría muerto por la mordida o por la agonía de las transformaciones. Pero una de las pociones sólo blanqueó mi pelaje cambiando el color de mi genética hasta que ser casi blanco. Progresivamente se ha vuelto más oscuro, todavía soy un lobo gris, así que tú también lo eres, pero no cambies de tema Harry. Los lobos negros son difíciles de encontrar, sin embargo hay algunos cuantos, ¿tu compañero de cría es Fenrir Greyback?

Harry se debatió en decirles, si los lobos negros en verdad eran raros, entonces Fenrir era fácilmente reconocible en su forma de lobo, pero sabía que ya había adivinado, su desliz en la luna llena, que uno de sus cachorros fuera un lobo negro, no había manera en que no lo supieran, no necesitaban que se los confirmara, ya lo sabían con certeza.

- Sabes que lo es. – Dijo Harry.

Todos se quedaron sin aliento como si fuera una sorpresa.

- ¡Harry él es un monstruo! ¡Un bárbaro! ¡Me mordió cuando tenía cuatro! – Remus saltó gritándole lo cual despertó a Ulric.

Harry le dio una fría mirada por insultar a Fenrir y por despertar a su cachorro. Con gentileza Harry acomodó a Felan en sus rodillas calmando a Ulric antes de que su llanto despertara a su hermano menor.

- Lo que Fenrir haya o no haya hecho en el pasado está en el pasado. – Le dijo a Remus rígidamente. – Él me ha mostrado nada más que amabilidad y cuidado, no lo juzgo por su pasado así como él no me juzga por el mío.

- Apuesto a que estaba feliz de oír que habías matado a ocho personas, ¿cierto? – Dijo Remus con una extraña mirada en su rostro, Harry cogió a Felan con rapidez acomodándolo en el "pouch" antes de hacer lo mismo con un calmado Ulric, dejando sus manos libres en caso de que necesitara correr.

- Eran doce en el momento en que lo conocí. – El temperamento de Harry había estallado. – ¡Y sí, estaba feliz y aún así no me importa! Me salvó cuando nadie más lo hizo y siempre le estaré agradecido por eso.

- ¿Mataste seres humanos después de esa noche? – Preguntó Sirius.

Harry dio un corto asentimiento. – Te lo dije, me estaba muriendo de hambre poco a poco, a veces no sabía qué tan cerca estaba de un pueblo o villa y la luna llena me atrapaba desprevenido, no siempre sabía qué día era o cuando iba a ser luna llena, por lo tanto hubieron accidentes, pero los mataba para comer, nunca por el simple placer de hacerlo. Si había ganado me llevaba una oveja o un cerdito, pero en el invierno eso se volvía casi imposible, así que sí, para mantenerme con vida maté, y me comí a otras cuatro personas cuando estaba en forma de lobo durante los meses de invierno.

- Entonces no tengo elección, tengo que arrestarte como un hombre lobo, como indica mi deber como Auror, y llevarte ante el Ministerio, pude haber ignorado los primeros ocho asesinatos por motivo de las circunstancias, pero has asesinado desde entonces. – Dijo Tonks, luciendo demasiado feliz con respecto a la situación.

- ¡Sobre mi cadáver! – Siseó Sirius, poniéndose de pie de un salto enfrente de Harry.

- ¡Eso se puede arreglar ya que todavía eres un convicto buscado!

- ¡Los humanos se comen a otros humanos cuando tienen demasiada hambre! – Le dijo Harry. – Lo que hice no fue diferente. No me ubiqué cerca de los humanos a propósito ni devoré a familias enteras como esa noche. Asesiné por ninguna otra razón además de que me estaba muriendo de hambre; ¡cualquiera hubiese hecho lo mismo en mi lugar!

- Te entiendo Harry. – Dijo Sirius. – De verdad te entiendo. Cuando recién salí de Azkaban vivía de los basureros y de ratas. Tuve que recurrir a las limosnas y a las sobras de la mesa de tus amigos, pero un lobo es más grande que un perro incluso de uno tan grande como Canuto y un sinfín de comidas magras y el conocimiento de que te estabas muriendo de hambre poco a poco te habrían conducido a la desesperación, lo entiendo. Me he sentido de esa manera.

- Ya no pertenezco aquí, no encajo. Por favor, déjame regresar a casa, en donde sí encajo, en donde tengo una familia y un amante, deben estar vueltos locos buscándome.

Harry estaba en lo correcto, él y sus hijos pertenecían con su manada, pero Sirius no podía pasar por alto el hecho de que el amante de Harry, el Padre de sus hijos, era Fenrir Greyback. Por ningún motivo dejaría que Harry saliera lastimado, haría lo mejor para Harry, incluso si al mismo Harry no le gustaba o comenzaba a odiarlo por ello, no podía entregarle a Harry y a sus dos recién nacidos a Fenrir Greyback, no conscientemente. El hombre lobo más famoso de las islas Británicas, conocía sus ataques salvajes hacia los niños, su insaciable sed de sangre y los sombríos restos de las personas a las que agredió por venganza y rencor o incluso por el simple placer de hacerlo.

No, no podía dejar que Harry volviera con Greyback, ni siquiera si Harry así lo quería. Tenía que proteger a Harry; tenía que protegerlo porque James ya no podía proteger a su hijo y ahora a sus dos nietos también. Sonrió, eso habría causado unas cuantas bromas entre ellos, James haciéndose abuelo a los treinta y seis. Su sonrisa flaqueó, deseó que James pudiera ver a Harry, deseó que estuviera aquí para ayudarlo a tomar las decisiones difíciles. Harry iba a estar molesto cuando le impidiera ir tras Greyback, pero no iba a perder a Harry de nuevo, no lo vería lastimado. A él o a los dos bebés que había tenido.

Sirius miró el reloj esperando el momento en que fuera seguro trasladar a Harry a una casa más segura. En ninguna parte estaría tan seguro como en Grimmauld Place, pero no sería tan cruel como para mantenerlo aquí después de haber recordado lo que había sucedido aquí hace un año el diciembre pasado, sin importar si era el lugar más seguro en el mundo entero. Lo había escuchado llorar y sollozar durante la noche. Vio cuan pálido estaba y cuan enfermo parecía después de pasar por el primer y segundo piso y las escaleras entre ellos. Incluso había pillado a Harry parado como una estatua mirando en un punto fijo donde Hermione había sido hallada muerta con su cuello roto. Le tomó tres minuto sacar a Harry de sus pensamientos y cuando lo hubo hecho dos gruesas lagrimas se deslizaron silenciosamente de sus ojos verdes y Harry susurró un suave "lo siento" hacia el piso de madera.

Su corazón casi se rompió por ello y juró proteger a su ahijado y a sacarlo de esta casa, sin importar cuán segura fuera. Miró al reloj, suspiró y se levantó.

- Ven Harry, ya es la hora.

- Cinco minutos más, Felan acaba de mojar su pañal. – Harry hizo una mueca. – De hecho, creo que hizo más que sólo mojarlo. Necesito cambiarlo.

Harry sacó a Felan del "pouch" y se aseguró de que Ulric todavía estuviera a salvo mientras cambiaba a Felan en el suelo con el paquete de pañales que le había conseguido Remus antes de envolverlo de nuevo en su manta y acomodarlo en el "pouch" con sus patitas enredadas con las de su hermano mayor.

- Necesitas el fular adecuado, no puedes seguir cargándolos en la funda del edredón.

- Los fulares adecuados sólo son para un bebé; necesito llevarlos a ambos. – Argumentó Harry mientras Sirius llamaba a Kreacher para que desechara el pañal.

Harry rara vez veía al elfo domestico, pero cada vez que lo hacía una chispa de ira se encendía en su interior. La miserable criatura se había deleitado en su agonía y miseria después de haber matado a sus amigos, no podía perdonarlo por eso e incluso había ido a cazar a la bestia por atacarlo, pero no fue capaz de encontrarlo antes de que alguien se diera cuenta de lo que había hecho poniendo fin a su juego del gato y el ratón.

- Puedes conseguir fulares para gemelos. – Dijo Sirius.

Harry gruñó. – Esto funciona igual de bien.

Sirius sacudió su cabeza y no discutió, si Harry quería usar un viejo cobertor para cargar a sus gemelos pues que lo hiciera, pero iba a conseguirle un "pouch" para gemelos y lo dejaría cerca de Harry, si quería usarlo, que lo usara, si no quería, pues bien, el "pouch" apropiado seguiría ahí por si quería usarlo.

Moody sujetó con fuerza a Harry por el hombro, Sirius se transformó en Canuto y Tonks abrió la puerta para salir.

- ¡No voy a correr con dos recién nacidos! No voy a correr el riesgo de que se quiebren sus cuellos frágiles por el bien de ustedes. – Gruñó Harry al mismo tiempo que era casi sacado a rastras de la casa bajando por las escaleras, sus brazos tensos soportando a sus dos diminutos bebés en el "pouch" acabaron siendo inútiles para ayudarle ya que se negó a moverlos arriesgando así a que sus cachorros se deslizaran por la honda y cayeran al suelo.

- ¡No vamos a perder ninguna oportunidad! – Gruñó Moody.

- ¡Vete a la mierda! – Gritó Harry, luchando tanto como podía sin empujar a sus bebés.

- Cierra la boca niño y sigue caminando. – Gruñó Moody.

Moody agarraba el brazo de Harry tan fuerte que lo estaba pellizcando, gruñó e intentó zafarse del agarre de Moody.

- ¡SUELTAME! – Gritó.

Canuto ladró y empujó contra las piernas de Harry que casi se cayó sobre el gran perro negro. Remus lo estabilizó y Harry dejó escapar un grito sin palabras.

- ¡Si no me sueltan ahora mismo voy a partirlos en pedacitos en la próxima luna llena!

- ¡Amenazar a un humano con la muerte y posible infección de hombre lobo es una ofensa que puede mandarte a Azkaban muchacho! – Le gruñó Moody, quitando su cabello gris y canoso de su rostro mientras sujetaba el brazo de Harry con más fuerza.

- ¡Estás lastimándome! – Le gritó Harry, tratando de tirar su brazo.

- Deja de luchar Harry, sólo vamos a Aparecernos en el nuevo refugio, eso es todo. – Intentó Remus.

- ¡Entonces por qué tienen que arrancarme el brazo!

- Para evitar que corras, ¡ahora quédate quieto, deja de chillar y empieza a moverte! Los Mortífagos pueden andar rondando. – Espetó Tonks.

- ¡SUEL - TAME! – Siseó Harry.

- Tan pronto como hayamos llegado al refugio, luego lo haremos, ¡ahora muévete! – Ordenó Moody.

Arrastraron a Harry hasta cruzar la calle, gruñó cuando casi perdió el equilibrio, sus brazos ubicados debajo de sus bebés para protegerlos de resbalones o caídas, lo cual era difícil cuando uno de sus brazos era halado poniendo a sus cachorros en peligro, este hecho hizo que sus pelos se pusieran de punta cuando gruñó con furia.

- ¡SUELTA MI MALDITO BRAZO! – Gritó tan fuerte como pudo.

Entonces sucedieron dos cosas a la vez: sintió la punta de una varita enterrarse profundamente en su mejilla cuando Tonks perdió la paciencia. La punta de su varita ardía contra su piel cuando trató de cerrar sus mandíbulas sólo para encontrar la varita en el camino, así que no podía cerrar la boca adecuadamente. Emitió un gruñido iracundo, pero antes de poder terminar el ruido, otro, más profundo, sonó al otro lado de la calle ahogando el suyo. El sonido le envió el corazón a la garganta e hizo que le brotaran mariposas en el estómago.

Conocía ese gruñido y lo conocía bien. Fenrir lo había encontrado.


Aclararé algunos términos:

- Braintree: Distrito no metropolitano en el condado de Essex, Inglaterra.

- Harry menciona los insultos hacia los nombres de sus hijos, en cuanto a Ulric, para quienes no sepan polla o pene es Dick en ingles.

-Pouch o fular son dos formas diferentes de cargar bebés, a pesar de que la mecánica es casi la misma por ello decidí usarlos como sinónimos y de paso no abusar del exceso de repeticiones.

Si queda algún otro detalle no duden en preguntar y con gusto lo aclararé. Oh! y gracias por comentar.