Capítulo 06: Las Reuniones
Cuando Harry se dio la vuelta para ver a los diez miembros de su manada de pie moviéndose con facilidad se sintió tan aliviado y regocijado. Los habían dejado con vida y todos habían venido por él y sus cachorros.
- ¡Fenrir! – Gritó antes de que una mano callosa fuera empujada sobre su boca abierta, presionando tan fuertemente sobre ella que su cabeza fue forzada hacia atrás hacia el pecho de Moody y sus propios labios fueron presionados con dureza contra sus dientes. Saboreó la sangre.
- Suéltalo, ahora. – Demandó Fenrir, su voz fue tan brusca y llena de tensión que Harry se estremeció de nuevo.
Harry no fue liberado así que pateó la pierna de palo de Moody, sabiendo que era su punto débil. Moody soltó su boca, pero su brazo lo sostuvo incluso con más fuerza, dejó salir un suave gruñido de dolor. Fenrir lo oyó y comenzó a gruñir persistentemente.
- ¿Estás sordo? – Espetó Fenrir. – Suéltalo, bastardo.
- Veo que le enseñaste a Harry cómo usar ese lenguaje vulgar en cada ocasión. – Estalló Remus. – Morderme no fue suficiente; ¡tenías que profanar a Harry también! ¡Es un niño!
- ¡No me profanó, maldito idiota! ¡Y no soy un niño! – Le gruñó Harry. – ¡Ya le he rogado que tengamos sexo, pero parece que no quiere entender eso!
- ¡Sólo lo hiciste porque tus hormonas estaban por sobre todo el lugar debido a la temporada de cría! – Espetó Remus con furia. – ¡De otra forma jamás hubieras hecho tal cosa!
- Ahora, eso es increíblemente ingenuo. –Se rió Harry. – Resulta que encuentro a Fenrir increíblemente guapo y sexualmente atractivo. Si hubiese estado dispuesto, incluso sin la temporada de cría yo hubiera intentado follarlo… o más bien al revés. Hubiera intentado que me follara.
Las caras de todos se contrajeron, incluso las de los machos beta haciendo que Harry se riera entre dientes, pero la mirada de Fenrir lo compensó por esto ya que se hinchó con arrogancia.
- ¿Estás herido? – Le preguntó Fenrir con brusquedad.
Harry sacudió su cabeza. – No.
- Te escuchamos gritar que te estaban lastimando.
- Este hijo de puta no quiere soltar mi brazo, está pellizcándome y arrastrándome alrededor como una muñeca, pero no estoy herido.
Fenrir asintió y se acercó un paso más, varias varitas lo apuntaron.
- No te acerques ni un paso más. – Gruñó Moody. – Remus, toma a Harry y llévatelo.
- ¡Yo no voy a ningún lado! – Gritó Harry, luchando en la dirección contraria a Remus.
- No importa que tan lejos se lo lleven. Voy a encontrarlo de nuevo. – Amenazó otra vez. – También voy a matarlos a todos y cada uno de ustedes en el camino.
- Necesitamos que derrote al Señor Tenebroso. – Gruñó Moody.
- ¡No soy un arma! – Gritó Harry. – ¡Tengo dieciséis, cómo puedo derrotarlo cuando un Auror entrenado como tú no ha podido! ¡No quiero estar en ningún lugar cerca de él!
- ¡Buena suerte con eso, Greyback es uno de sus más grandes partidarios! – Dijo Tonks con sarcasmo.
- No he estado cerca de ese energúmeno desde antes de su caída hace quince años. Me distancié antes de que cayera y tan pronto como lo hizo pasamos a la clandestinidad para que no nos encontrara otra vez. – Gruñó Fenrir, pero estaba mirando a Harry fijamente y Harry le devolvía la mirada preguntándose que estaba calculando esa curiosa mirada. – Devuélvemelo, ahora.
Tonks zambulló sus manos en el "pouch" para bebés, Harry dejó de sostener a su bebé para darle un puñetazo directo en la cara con toda la fuerza que pudo reunir, el labio cedió bajo sus nudillos y la sangre se vertió por la barbilla, incluso mientras ella volaba hasta el suelo.
- ¡Si tratas de tocar a mi bebé de nuevo te voy a rasgar la maldita garganta!
- ¿El cachorro está bien? – Preguntó Fenrir bajito.
- Tuve dos, están bien. Te los mostraría pero estoy un poco sujeto de manos.
- Eso no fue divertido. – Gruñó Fenrir.
- Lo fue un poco. – Sonrió Harry.
La boca de Fenrir se crispó y bufó un poco antes de voltearse hacia su manada y asentir. Harry se dio cuenta que, en medio de la conmoción, Jonas y Bryan habían logrado escabullirse sin ser notados.
- Si alguno de ustedes se mueve…
- No le vas a hacer nada; ya dijiste que lo necesitabas para sus propósitos. Así que te sugiero que me lo entregues o voy a matarte.
- Lo necesitamos a él, no al engendro que dio a luz, así mantente alejado. Remus, llévatelo. – Moody gruñó la orden.
Remus pareció no oírlo. Estaba respirando sonoramente y su pecho palpitaba mientras miraba a Fenrir. Obviamente, esta era la primera vez que Remus veía a Fenrir desde que fue atacado cuando era niño y no estaba disfrutando la reunión.
Fenrir se percató de la mirada que estaba recibiendo y la correspondió, parecía reconocer a Remus en algún nivel, o tal vez sólo se dio cuenta de que era otro hombre lobo, mientras lo observaba superficialmente se burló de Remus.
- Tu Padre debió haberte dejado morir. Hubiese sido más amable y menos vergonzoso que ver al enano débil en el que te convertiste, sobrevivir tomando ese veneno cada mes. ¿Te forzaron a tomar ese veneno, Harry?
- Como si los hubiera dejado. – Bufó Harry. – Lo intentaron, sin embargo, "sólo durante esta luna llena, sólo una vez, te ayudará, lo hará más fácil." – Dijo usando una voz falsa. – Les dije dónde meterla, soy un hombre lobo real y no necesito ningún veneno para ser capaz de transformarme. ¡Incluso trataron de quitarme a mis cachorros! ¡Lo intentaron diciendo que iba a lastimarlos e incluso que iba a comérmelos durante la luna llena!
Fenrir dejó salir una risotada y sacudió su cabeza. – Te conté de la profunda ignorancia de los magos, Harry. Ellos nos ven como bestias, y por supuesto que las bestias se comerían a unos vulnerables cachorritos, incluso a los suyos.
Fenrir se movió hacia adelante otra vez, luego, con calma dio otro paso de la misma forma. Moody tiró a Harry a un lado, Harry envolvió a sus bebés para evitar que alguien se los quitara, pero Sirius, -como Canuto- le gruñó, estaba de espaldas a Fenrir, pero como arremetió contra algo detrás de ellos los otros reaccionaron demasiado tarde y Moody lo abordó por detrás. Harry casi fue arrojado por el aire, al tratar de girarse para darle la espalda al suelo y no el frente sujetó a sus bebés tan fuertemente que pensó que tal vez pudo haber sido perjudicial para ellos. Ni siquiera golpeó el piso, alguien lo atrapó y corrió con él entregándolo de inmediato a unos brazos familiares.
- ¡Aparézcanse! ¡Todos ustedes! – Gritó Fenrir mientras rayos de luz roja sobrevolaban la zona, fue protegido por los pocos miembros de su manada que tenían varitas y sabían cómo usarlas.
Harry le fue entregado a Loren y la sensación familiar de la Aparición se apoderó de él, casi vomitó cuando dejaron de viajar. Sabía que Fenrir se quedaría tras ellos para asegurarse que todos los miembros de su manada hubiesen escapado a salvo, pero el corazón de Harry estaba en su garganta, ¿y si atrapaban a Fenrir? ¿Y si no regresaba?
- ¡Empaquen! – Gritó Grant por encima del barullo. – ¡Necesitamos salir de aquí, rápido!
Loren no soltó a Harry, lo abrazó con fuerza y de manera protectora, sus piernas abiertas, listas para correr ante cualquier novedad, su cuerpo tenso, pero ligero.
- Ya estuvimos aquí. – Se rió Loren con nerviosismo. – No hicimos un buen trabajo en ese entonces, nos atraparon por sorpresa, fuimos tan estúpidos, sabíamos que había gente rondando y aun así no tomamos precauciones. Te alejaron de mí, pero no esta vez, ni tú ni tus cachorros. Incluso si muero protegiéndote primero lograré que tú y tus cachorros estén a salvo.
- Todos vamos a salir de aquí. – Dijo Harry con firmeza. – ¿Dónde está Fenrir?
- Dándonos el tiempo suficiente para empacar y abandonar el lugar. Esa gente sabe dónde queda este sitio, los está distrayendo para darnos tiempo de empacar e irnos.
- ¿Sabrá en dónde estamos? – Preguntó Harry rápidamente.
Loren asintió. – Sabe a dónde vamos. Él, Jonas y Stacey nos encontraran, pero sólo tenemos unos cuantos minutos para empacar y marcharnos. No pueden quedarse allá para siempre.
- ¿Tenemos todo? – Gritó Grant recibiendo varios asentimientos y gruñidos.
Loren corrió y la manada lo siguió mientras corrían a prisa por el bosque. Encontraron cuatro bolsas negras y las cogieron también antes de que la sensación de Aparición se apoderara de él otra vez, esta vez fue una Aparición demasiado lejana y cuando aterrizaron sus dos hijos lloraron debido al incomodo viaje.
Loren los bajó, Harry excavó dentro del "pouch" improvisado y los acunó.
- Joder se parecen al alfa, especialmente ese.
- Ese es Ulric.
- ¿Ulric? – Bufó Scott. – Vaya forma de marcarlo como un lobo para siempre.
- Él es un lobo, ambos lo son.
- ¿Los mantuviste durante la luna llena? – Preguntó Bryan. – Fenrir estaba cabreado; pensaba que al menos te los habrían quitado durante la luna llena. Humanos ignorantes.
- Querían hacerlo, pero cómo demonios voy a dejar que se lleven a mis bebés.
- ¿Cómo se llama el otro? ¿Conan? ¿Dolph? ¿Louvel? ¿Zev?
- Felan. – Dijo Harry con una sonrisa. – Significa pequeño lobo y él es el más joven y más pequeño.
Loren bufó y palmeó la espalda de Harry. – Hiciste un buen trabajo dándolos a luz, nuestro alfa estará tan orgulloso cuando los vea. Son más sanos y más robustos que la ultima camada que tuvo.
- ¿Los tres que murieron en el invierno?
- No, esos nacieron unos años antes de que me mordieran. Ni siquiera estoy seguro si es que yo había nacido cuando el alfa tuvo a esos tres cachorros. No, tuvo cinco que fueron asesinados por los zorros porque los dejaron sin protección, también eran un poco enfermizos, todos pequeños y delgados, tampoco mamaban. Él había comenzado a pensar que era su semilla la que hacía que sus cachorros fueran de esa manera, pero estos dos lucen mucho más saludables, más grades y más fuertes, así que, tal vez las perras fueron las que fallaron, no él.
Harry sonrió y abrazó a sus tranquilos hijos observando los alrededores del lugar. Era, en definitiva, un claro abandonado; había resquicios de las cosas que dejaron detrás, incluyendo un cuchillo rústico. Este lugar no había sido usado en años.
- ¿Qué es este lugar?
- Este fue nuestro hogar antes de mudarnos, aquí es dónde los cinco cachorros de Fenrir fueron asesinados y en donde golpeó a su perra hasta la muerte. Juró que jamás volvería aquí, no con esos recuerdos, pero ahora no tenemos elección, aunque sólo nos estamos reuniendo aquí para pasar la noche y luego vamos a buscar un nuevo hogar, el área circundante ahora está lleno de seres humanos, han talado la mitad del bosque y construido casas en la zona, así que no podemos estar aquí de forma segura, pero si es sólo pasar la noche debería estar bien. – Explicó Grant mientras pasaba una mano por la cabeza de cada bebé antes de establecer la seguridad del claro.
- Extraño el prado. – Harry suspiró. – Pero la seguridad viene primero.
Fue una tensa espera mientras todos se movían alrededor realizando cosas que debían estar hechas; ninguno dijo lo obvio: que había pasado un rato y los otros tres deberían haber regresado. Pero justo cuando Harry empezaba a entrar en pánico por dentro, debatiéndose a sí mismo las imposibilidades, se oyeron dos estallidos, Fenrir pisoteó al entrar al claro con un noqueado Jonas en sus brazos y Stacey no muy lejos.
Fenrir arrojó a Jonas hacia Grant antes de jalar a Harry y a los cachorros en un fuerte abrazo, sosteniéndolos y olfateándolos.
- Ya estoy bien. – Dijo Harry con suavidad mientras los miembros de su manada se mandaban a cambiar e iban a buscar cosas que les fueran necesarias o exploraban el área.
Fenrir no respondió; dejó que sus brazos hablaran a medida que tocaban cada parte de Harry y lo apretaba con fuerzas contra su pecho. Él sólo lo alejó cuando un bebé se retorció e hizo un suave sonido en los brazos de Harry.
Los miró a ambos, sus enormes manos revoloteando sobre ellos y Harry bufó, arrojando a Ulric hacia él mientras Felan gemía de nuevo así que comprobó al menor, que definitivamente era el bebé más quejumbroso de los dos.
Harry observó a Fenrir con una sonrisa acunando a Ulric en un solo brazo, su otra mano trazando las diminutas facciones de su rostro, incluso cuando Ulric alzó su mano para afianzarse de un grueso dedo sosteniéndose para mayor comodidad.
- Ese es el mayor, Ulric. Este es Felan.
- Les conseguí algunas cosas, en esas bolsas, ropa y mantas y esas cosas. – Gruñó Fenrir.
Harry fue y excavó en ellas, encontrando una repleta únicamente de pañales y toallitas, otra llena de mantas y otra llena de ropa. Vistió a su hijo menor con las cosas adecuadas más cercanas que pudo encontrar. No le importaba que todo fuera robado, nimiedades, sus bebés deberían estar calientes y eso era todo lo que le importaba, todo lo que le preocupaba en realidad.
Harry deslizó a un ahora vestido Felan cerca de un desnudo Ulric y vistió a su hijo mayor mientras Fenrir olfateaba y pinchaba a un quejumbroso Felan.
- ¿Por qué hace ese ruido? – Demandó Fenrir.
- Siempre lo hace. – Respondió Harry. – A menos que esté alimentándolo o esté dormido e incluso entonces a veces hace ruidos entre sueños o alrededor de su biberón.
- ¿Él está bien? – Gruñó Fenrir.
Harry asintió. – Está bien. Es que le gusta que todos sepan que lo está.
Fenrir se sentó y tiró a Harry en su regazo y lo dejó ahí: Harry en un brazo, Felan en el otro, Harry sosteniendo a Ulric.
- Criaré a estos cachorros hasta que sean adultos, lo juro. – Dijo Fenrir con firmeza.
- No. Lo haremos. Lo haremos juntos Fenrir. – le contestó Harry descansando contra su alfa, relajándose mientras la sensación de que Fenrir estaba ahí se hundía en su mente, y lentamente, poco a poco, se daba cuenta de que estaba en casa, que estaba de regreso con Fenrir y su manada, estaba de vuelta a donde pertenecía.
Lucius Malfoy tragó cuando sintió la mirada del Señor Oscuro sobre él. Severus ya había confirmado, no sólo que la Orden tenía a Potter sino que lo había perdido de nuevo con la misma rapidez, pero no sólo eso, Severus le había dicho que no sólo estaba en la liga de Greyback, sino que habían procreado y tenido dos pequeñas bestias también. Ahora sabían que habían perdido a Greyback, habían perdido a los hombres lobo en esta futura guerra que se asomaba en el horizonte.
Lucius controló su respiración y miró a los brillantes ojos rojos. Vio la creciente furia, la decepción, su respiración se aceleró sin desearlo demasiado, el miedo devorando su control.
- Me has fallado, Lucius. – Dijo el Señor Tenebroso respirando con suavidad.
- Mi Señor. No oí ni un susurro de esto, ni una pista de que Potter estaba con Greyback. – Trató de explicar.
El Señor oscuro se mofó y Lucius ni siquiera vio su varita moverse antes de que estuviera rodando en el piso, gritando mientras la maldición Cruciatus rasgaba sus terminaciones nerviosas, contrayendo sus músculos tan rápida y poderosamente que empezó a acalambrarse, añadiendo otro nivel de dolor que apenas se sentía bajo las aflicciones psicológicas de la maldición haciéndole sentir como si su cuerpo ardiera y su mente se deshilachara.
Tan sólo un puñado de minutos después la maldición fue levantada, pero Lucius no podía moverse, sus nervios estaban en llamas y sus músculos se sacudían saltando fuera de control. Estaba feliz de no haber perdido el control de su vejiga o de sus intestinos como los hacían algunos de aquellos puestos bajo la maldición Cruciatus, nunca habría sido capaz de vivir con la vergüenza.
Se forzó a sentarse en el asiento entre su Esposa y su hijo, quienes tenían los ojos abiertos y la piel gris. Golpeó la rodilla de Draco con la suya dándole una mirada mordaz, a pesar de estar un poco débil debido a la tortura.
Se sentó lo más quieto posible, pero su cuerpo aún saltaba y se retorcía, oyó risitas disimuladas viniendo de debajo de la mesa. Encontraría a quien quiera que fuese poniéndolo bajo la maldición Cruciatus y vería como queda después.
- Quiero que cacen a Greyback. Quiero que traigan a su inútil manada para que sea interrogada; quiero a Potter y a los cachorros. Yo mismo mataré al muchacho, las pequeñas bestias serán usadas para controlar a Greyback y a su manada para que se unan a nuestra causa, darme la espalda no va a quedar impune. – Juró el Señor Oscuro, palpando su varita, lo cual hizo que Lucius se estremeciera incontrolablemente.
- Mi Señor, si se me permite, ¿cómo encontraremos a Greyback? – Preguntó Severus de manera cuidadosa. – Hemos estado buscándolo por dos años y no hemos encontrado rastro de él. Será incluso más precavido ahora que Potter y los cachorros han regresado después de haberle sido arrebatados.
- Dumbledore logró encontrarlos. – Se mofó Rookwood. – Estoy seguro de que los encontraremos ahora, ¡fácilmente!
Severus suspiró. – ¿Te estás ofreciendo de voluntario para el trabajo, Rookwood? Dumbledore y la Orden del Fénix encontraron a Greyback por pura casualidad, rastreaban a Potter desde el primer día que desapareció y sólo lo atraparon cuando dejó de moverse, presumiblemente cuando se unió a la manada de Greyback. No teníamos idea de donde se había ido o a donde iría, incluso podrían haber abandonado el país, Greyback tiene conexiones con la comunidad de hombres lobo de todo el mundo, podría estar en cualquier parte, Rookwood; y ahora que su… pareja y cachorros han sido amenazados, ¿cómo crees que se va a quedar en este país para que ellos vuelvan a convertirse en un objetivo?
Rookwood se ruborizó y bramó mirando a otro lado. El Señor Oscuro dejó salir una risa sedosa.
- ¿Qué sugieres entonces, Severus? ¿Dejarlos tener su pacífica vida familiar?
- Nada de eso Mi Lord. No supongo darle órdenes, pero sugeriría sacar al muchacho, no es el mismo niño tonto que solía ser, los genes de hombre lobo lo han cambiado, se enfurece con facilidad, arremete con rapidez, es muy vulgar y violento, obviamente es influencia de su apareamiento con Greyback junto con sus genes de hombre lobo, pero una cosa no ha cambiado. Ama a ese perro callejero de Black, es el único al que Potter le permitió tocarlo, al único al que le dio el placer de dirigirle la palabra. Necesitamos atraer al chico con Black y si podemos destruir a la mayoría de la Orden en el proceso, mejor.
La sonrisa del Señor Oscuro era amplia y aterradora, Lucius contuvo el estremecimiento con una voluntad de acero, junto a él, Draco falló al suprimir su sacudida, como advertencia Lucius golpeó su rodilla una vez más.
- Ese es el por qué te sientas a mi lado Severus, eres invaluable para mí. – Alabó el Señor Oscuro. – No carezco de misericordia. Le daré a Potter la oportunidad de entregarse y dejaré ir al perro callejero de su padrino sin ningún daño adicional.
- Somos afortunados de que Greyback haya dejado al chucho con vida. – Dijo Severus. – Yo no estaba el día en que trataron de trasladar a Potter, pero Greyback los encontró de alguna manera y por lo que he entendido, los Aurores Moody y Tonks fueron particularmente… rudos con el muchacho y las pequeñas bestias, eso enfureció a Greyback. Recuperaron a Potter y se Aparecieron inmediatamente después dejando a Greyback y a otros dos para atacar a los dos Aurores, Lupin el hombre lobo y Black, que estaba en su forma de animago. A Lupin lo dejaron maltratado, pero vivo. Black fue noqueado.
- Estoy feliz de verle la espalda a ese molesto Auror Moody. – Siseó el Señor Oscuro. – Nos ponía en un montón de problemas, quizá como recompensa deje que Greyback mantenga a uno de sus cachorros y que lo entrene para mantener su lugar. Toda esa vida al aire libre no puede ser buena para un hombre a finales de sus cuarenta.
Eso trajo una ronda de risas nerviosas alrededor de la mesa. Lucius no se les unió. Ni Snape.
- Quiero que lo busquen en cada pulgada de esta tierra y luego se extiendan sobre los mares si es necesario. Quiero que encuentren a esas bestias y luego los traigan aquí. Espero que no dejen que Potter permanezca con vida, no dejaré que Greyback se aleje y abandone la causa. Quiero que los encuentren rápidamente, antes de que la Orden continúe adonde lo dejaron después de haber superado esta enorme pérdida para sus filas.
Hubo murmullos de acuerdo alrededor de la mesa, pero nadie se movió.
- ¿Qué están esperando? ¡VAYAN! – Espetó el Señor Oscuro, haciendo que todos se apresuraran para salir. – Tú no Draco, tengo una tarea especial para ti.
Draco se puso verde y Lucius le dio una mirada preocupada, antes de sacar a su Esposa casi a rastras. Que se quedaran empeoraría las cosas para su familia. Hablaría después con Draco, pero por ahora, tenían que irse, tenían que dejar a su hijo con el Señor Oscuro, su preocupación empeoraba a medida que cerraban la puerta de forma ruidosa, dejándolos en el silencioso pasillo a las afueras de la habitación en donde el Señor Oscuro podría estar haciendo cualquier cosa con su hijo.
Fenrir se negó a dejar solo a Harry. Esto no era nada nuevo ya que Fenrir no solía dejarlo solo a menudo, pero ahora la diferencia era que Harry tampoco dejaba solo a Fenrir. Si Harry no estaba a cinco pies de Fenrir en todo momento, entraba en pánico.
Para la manada era tan común ver a Fenrir con Harry escondido bajo su brazo que ya ni se inmutaban, pero Harry no podía hacer otra cosa. Él de verdad creía que si Fenrir hubiese estado con ellos al momento del ataque, nunca se lo habrían llevado, así que no querían que Fenrir saliera de su vista.
Habían reconectado físicamente varias veces desde la primera noche en la que se habían reunido, sus hijos dormían junto a ellos y la manada a todo su alrededor. Harry descubrió que tener sexo entre sus dormidos compañeros de manada no le molestaba en absoluto, ya no más, no desde que había sido dejado inconsciente y mantenido cautivo. Sin embargo, los machos beta no disfrutaban del show ni la mitad de lo que habían dicho que los apoyarían en su antiguo claro y gemían y se quejaban durante toda la noche, hasta que al final, Jonas se agitaba lo suficiente como para pedir que ya terminaran y durmieran un poco.
Lo hacían y después de ese round se quedaban acurrucados cada uno en los brazos del otro, con Fenrir todavía atado a él, el sudor en sus cuerpos aún caliente, pero enfriándose, la manada se relajaba y sólo empezaban a dormirse de nuevo… cuando Ulric empezaba a llorar, despertándolos y haciendo que todos gimieran y se quejaran.
- ¡Son bebés! – Dijo Harry con cansancio. – Quieren sus biberones.
La manada estaba despierta ordenando a los bebés mientras Brian cogía su varita y preparaba dos biberones de leche con la fórmula para bebés que había robado Fenrir, agregándole agua a la botella antes de que un rápido hechizo la hirviera, lo sacudió exhaustivamente mezclando el agua hervida y la leche en polvo antes de aplicar un simple hechizo para enfriar volviéndola a una temperatura bebible, le entregó los dos biberones a Harry, quien los probó automáticamente antes de alimentar a Ulric, que había terminado llorando a todo pulmón. El silencio hizo que la manada lanzara suspiros de alivio.
- Disfruten el silencio como si fuera el último. Estarán despiertos en otras tres horas para alimentarse de nuevo. – Advirtió Harry, riendo ante los gemidos dramáticos y las maldiciones que consiguió.
- ¿Podemos meterlo en su propia guarida? Estoy seguro de que esta es la razón por la que tenemos cuevas de nacimiento y no dejamos que salgan hasta que los cachorros sean mayores. No está permitido volver al claro principal hasta que los cachorros duerman durante toda la noche. – Se quejó Scott.
Fenrir dejó salir un bufido mientras alimentaba a Felan, imitando a Harry cuidadosamente. A pesar de que sus otras perras no le habían permitido tocar a los cachorros, le habían dicho que él sería demasiado bruto con ellos hasta que fueran mayores y más fuertes, y tan frágiles y débiles como se habían visto sus cachorros, nunca discutió; pero Harry había arrojado a los cachorros en sus brazos desde el momento en que entró en el claro, antes de que pudiera decirle que no, sin embargo Harry parecía totalmente despreocupado cuando alimentaba a Ulric, luego lo hacía eructar sobre su hombro, antes de comprobar su pañal y ponerlo de regreso en su cama de mantas.
Fenrir miraba a su hijo más joven de forma obsesiva, Felan, mamando lenta y calmadamente mientras Harry lo dejaba sostenerlo y se acostaba a dormir de nuevo con la manada a su alrededor. Fenrir casi entró en pánico cuando se dio cuenta de que él solo tendría que hacer eructar al bebé. Estuvo a punto de despertar a Harry, pero se calmó y respiró, poniendo a Felan sobre su hombro como vio que Harry lo había hecho y palmeó la diminuta espalda tan fuerte como se atrevió. Le tomó varios minutos antes de que su hijo dejara salir un sonido suave, Fenrir lo chequeó comprobando su pañal antes de poner al pequeñito cuidadosamente en su propio nido de mantas y cubrirlo con ellas. Sonrió cuando se dio cuenta de que acababa de alimentar y hacer eructar a su hijo por cuenta propia sin ayuda o instrucción. Se recostó de costado y tiró a Harry entre sus brazos; su pareja estaba sonriendo y mirándolo a través de sus somnolientos ojos.
- Sabía que podías hacerlo, Papi. – Dijo con una sonrisa mientras bostezaba y se acurrucaba aún más.
La sonrisa de Fenrir se amplió, enseñando sus dientes sujetó a Harry con más fuerzas contra su pecho, comenzando a dormirse se sintió realizado y amado, descubrió que en realidad disfrutaba del sentimiento.
Durante toda la noche, casi cada tres horas en punto, los gemelos se despertaban gritando su hambre al cielo y la manada se despertaría de un tirón para atenderlos y alimentarlos, cambiarlos si lo necesitaban y luego acomodarlos de nuevo para volver a dormir. Como resultado era casi medio día antes de que estuviesen completamente despiertos y comenzaran su día, todos aún estaban cansados y gruñones debido al sueño interrumpido.
- Me encanta tenerte de vuelta, pero maldición, esos pequeños hacen que me desangre con sus llantos. – Se quejó Jonas mientras arrastraba un cervatillo muerto detrás de él.
- Eso no va a ser suficiente para alimentarnos. – Gruñó Fenrir, mirando al pequeño cervatillo.
- Es todo lo que pude atrapar, lo lamento alfa, estoy tan cansado. Sólo pude atrapar esto porque estoy distraído y confundido.
Nada fue la mitad de difícil que haber tenido que dejar tras ellos el depósito lleno de comida la cual habían pasado meses y meses recolectando para cuando tuviesen a los cachorros. Ahora todos estaban preocupados por la falta de comida, tenían que comer lo que atrapaban y si no podían atrapar nada o sólo podían conseguir algo magro como un pequeño cervatillo, entonces estarían hambrientos y si eso continuaba, comenzarían a morirse de hambre.
- De acuerdo. Jonas, Loren, quédense aquí. El resto de ustedes, vámonos a cazar, tenemos que re-establecer la cacería como manada o no tendremos comida suficiente para llegar al final de la semana. No quiero que pasemos hambre por causa de los magos.
- Podemos Aparecernos en nuestra antigua guarida y conseguir parte de la comida que dejamos allá. – Sugirió Nick.
- ¡Es demasiado peligroso! – Gruñó Grant.
- Esos magos estarán vigilando el lugar. – Asintió Fenrir. – Si están esperando a que alguno de nosotros regrese, podrían seguirnos hasta este claro, no voy a tomar ese riesgo. Prepárense para cazar.
Fenrir sujetó la cabeza de Harry entre sus enormes manos y lo besó. – Quédate aquí y mantén a nuestros cachorros a salvo. No tardaré.
A Harry no le gustaba, pero se tragó sus orgullosos pensamientos y palabras, y asintió. Sin embargo estaba preocupado, eso era fácil de ver.
- Estaré bien, sólo vamos a cazar en esta zona. No vamos a acercarnos a los humanos ni a alejarnos demasiado de aquí. Estaré de regreso tan pronto como pueda, por ahora quiero que tú, Jonas y Loren se coman a ese cervatillo flacuchento mientras está fresco.
Harry asintió y besó a Fenrir, alzando a sus cachorros para que también obtuvieran un beso, lo cual Fenrir consintió besando sus fruncidas boquitas antes de pararse, organizó a la manada para ir a cazar tanto como pudieran. Harry rezó para que derribaran algo; si él, Loren y Jonas compartían al cervatillo no quedaría nada, era demasiado pequeño, así que el resto de la manada tendría hambre y sabía de primera mano que no todas las cacerías resultaban exitosas, algunas veces se pasaban todo el día cazando y al final no tenían nada para demostrar que lo habían hecho, pero en ese entonces podían recurrir a su depósito. Aquí no tenían nada. Nunca antes había odiado tanto a la Orden.
Se forzó a comer la carne y pudo ver que Loren y Jonas hicieron lo mismo. A ninguno le gustaba comer sabiendo que los otros miembros de su manada tal vez no tendrían nada, pero Fenrir casi les había ordenado que se lo repartieran entre ellos, así que lo hicieron, pero fue a regañadientes. Harry casi estaba aliviado cuando Felan gimió y se apresuró a ver lo que necesitaba. No necesitaba mucho, quería algo de atención y Harry estaba listo para dársela, lo que fuera por no tener que comerse la única comida que, quizá, conseguiría la manada.
- Ven y come más. – Ordenó Jonas, Harry suspiró. Jonas, como el beta de mayor rango actuaba como alfa cuando el verdadero estaba lejos, pero Harry era la perra alfa eso hacía que lo superara en rango, sin embargo Jonas felizmente le diría a Fenrir que Harry no había comido y luego Harry tendría problemas con Fenrir. Así que volvió después de acomodar a Felan y comió un poco más.
No les fue necesario seguir preocupándose ya que Fenrir llegó unas horas después, manchado de sangre y con una sonrisa de satisfacción que sólo usaba después de una cacería exitosa o después de una sesión de sexo la cual había hecho que Harry gritara y se retorciera, dejándolo tan cansado que no podía moverse sin ayuda.
La manada había cazado tres ciervos, dos machos y otro cervatillo. Pusieron los tres cadáveres en el piso y Fenrir les ordenó que comieran inmediatamente.
- Coman hasta hartarse. – Ordenó. – No sabemos cuándo será nuestra próxima comida y no nos quedaremos aquí para tomar ventaja preservando alguno de ellos. Ustedes tres, coman. – Le gruñó a Harry, Loren y Jonas. – Un solo cervatillo no los mantendrá llenos todo el día, por no hablar de los que siguen.
Harry se obligó a comer hasta que su vientre estuvo hinchado e incomodo. Estaba tan distendido que se veía como si estuviese embarazado de nuevo, pero la mitad de los demás se veían igual y nadie podía moverse después de una comida tan buena, así que se acurrucaron para tomar una siesta que duró tarde y noche. Harry sólo se movió para atender a sus hijitos, quienes se acomodaron entre él y Fenrir, Ulric en el pecho de Fenrir y Felan escondido en la curva del cuello de Harry. El mismo Harry estaba acostado contra Fenrir con un enorme brazo alrededor de su cuello y sujetando la manito de Felan entre su dedo y pulgar.
Pasaron una noche más aquí y luego comenzaron a moverse, pero Harry sabía por qué Fenrir se quedó aquí más tiempo del que quería. Los fantasmas y los recuerdos también vivían aquí. Esa tarde, antes de ir de cacería, Harry había perdido de vista a su pareja y había entrado en pánico, recogió a sus cachorros y fue en busca de su alfa perdido.
Fenrir había estado en un claro no demasiado lejos colocando una solitaria flor silvestre en cinco pilas de rocas diferentes. Harry supo inmediatamente quienes eran. Hundió sus rodillas junto a Fenrir y se acomodó bajo su brazo.
- ¿Me contarás acerca de ellos? – Le había preguntado con suavidad.
- No creo que quieras saber. – Gruñó como respuesta. – Ninguna de mis otras perras quiso, ellas querían pretender que nunca antes había tenido cachorros.
- No soy como ellas. – Dijo Harry con firmeza. – Cuéntame sobre tus cachorros.
- Esos cinco fueron mi única esperanza. Después de la tercera muerte, ya no quise más. No podía manejar las emociones que sentía; no soy bueno con las emociones ni los sentimientos. Sin embargo, en ese entonces había sido expulsado de mi manada porque el alfa tenía miedo de que yo fuera a matarlo y tomara su lugar, me fui por un muy mal camino después de eso. Podía cazar, así que no me iba tan mal como a ti cuando te encontramos, pero la soledad era aplastante. Yo era un lobo de manada desde el corazón y quería otra manada, así que formé la mía. Mi manada y yo excavamos nuestra salida debajo del pulgar del Señor Oscuro, cuando cayó, fue el descanso que había estado esperando y logré quedar en la clandestinidad. Cuatro años después encontré a otra perra, tuve a esos cinco: tres niñas y dos niños. Después de mis primeros tres, me aseguré de mantenerlos calientes, los protegía noche y día, pero tenía que abandonarlos para ir a cazar, nuestro depósito estaba disminuyendo y necesitábamos carne fresca, por esa razón reuní a los machos beta y fuimos a cazar. En aquel momento todos teníamos que cazar, hemos mejorado desde entonces, nos hemos hecho más inteligentes, pero creí que estarían bien… ese fue mi error. Ellos eran menos enfermizos que los tres primeros, así que no sentí pánico al dejarlos con mi perra, todo estaba bien. Cacé más y todo parecía bien, incluso perfecto, pero cuando volví de la cacería unas cuantas semanas después de su nacimiento olí la sangre, corrí hacia ellos pero era demasiado tarde. Seis zorros estaban despedazándolos, la única cosa buena fue que ya estaban muertos, no oí sus llantos o sus gritos, pero vi lo que quedó de ellos, vi la sangre y a los zorros, la sangre los cubría y se tragaban los trozos de mis cachorros. Una comida fácil para ellos, cinco indefensos y vulnerables bebés. Maté a aquellos zorros, hasta el último, luego fui y perseguí a mi perra y yo… yo la golpeé hasta la muerte cuando la encontré bañándose en el río. Cuando me di cuenta de que había dejado a mis cachorros solos y desprotegidos para que así ella pudiese lavar la mugre de su piel indigna.
- Tú no hiciste nada mal. – Le dijo Harry, su corazón en su garganta, nunca había oído a Fenrir tan derrotado, tan perdido. – Ella los dejó solos, no tú. Yo hubiera hecho algo peor que golpearla hasta la muerte si esos hubiesen sido mis bebés. – Él la habría despedazado si hubiera tenido que volver a casa sólo para ver a unos carroñeros desgarrando y comiéndose a sus pequeños cachorros. Los cachorros que ella, de forma tonta y egoísta había dejado solos.
- No era la primera vez que los dejaba solos. – Dijo Fenrir con amargura. – Todas las señales de advertencia estuvieron allí. Debí haber dejado a alguien, pero no lo hice… a sabiendas de que ella nunca los dejaría solos cuando no había otro miembro de la manada ahí, sólo cuando uno de los betas estaba con ella se levantaba e iba, pero debería haber dejado a alguien más.
- Necesitaban cazar, necesitaban comer. – Dijo Harry.
- Si sólo hubiera dejado a un miembro de mi manada. - Trataba de encontrar algo por lo cual culparse.
- Los necesitabas para cazar. Tú mismo dijiste necesitaban a todos para cazar algo y todos nosotros sabemos que hoy no habrías atrapado nada si no te hubieras llevado a muchos miembros de la manada tal como lo hiciste, necesitábamos la comida, estoy seguro que lo necesitabas tanto como entonces.
Fenrir suspiró y sostuvo a Harry contra él, mirando hacia las cinco pilas de rocas. Harry lo dejó solo por unos largos minutos, permitiéndole pensar, pero no demasiado, antes de romper el silencio con otra pregunta.
- ¿Qué pasó con los primeros tres? – Intentó.
- Tres pequeños niños, eran tan enfermizos que estoy sorprendido de que sobrevivieran al nacimiento. Murieron unas semanas después. Noviembre nos golpeó duro y frío. Maté a esa perra cuando me atacó culpándome por no robar suficientes mantas para ellos.
- ¿Ese es el por qué estamos desbordados de mantas? – Preguntó Harry. – Una de esas bolsas negras estaba llena únicamente de mantas.
- Quería estar seguro. – Dijo Fenrir un poco avergonzado.
- Ellos estarán bien. – Dijo Harry, empujando a Felan hacia Fenrir. – Esos dos son mi orgullo y alegría. No voy a dejar que les pase nada.
- Ustedes me han cambiado la vida. No creo que pueda soportar perder otro cachorro, u otra perra.
- Bien, porque no iremos a ninguna parte. – Harry sonrió, inclinándose hacia adelante y picoteando los labios de Fenrir.
Fenrir casi lo aplastó contra su pecho y hundió su cabeza en el cabello de Harry.
- No quiero que vayan a ninguna parte. – Ronroneó Fenrir profundamente. – Te protegeré; no quiero dejarlos solos como lo hice antes, sólo para cazar y entonces dejaré a la manada detrás para ti y los cachorros. No voy a dejar que se los lleven de nuevo.
- No estoy en trabajo de parto en esta ocasión. – Bromeó Harry. – Y ahora tengo una varita, odio que te vayas lejos y sé por qué lo haces, pero no me gusta que estés lejos de mí.
Fenrir lo escondió entre sus brazos, diminutos gemelos y todo. Se paró, cargándolos de vuelta a la manada.
No quiero dejarte de nuevo, voy a protegerte de todo, especialmente de los magos, no pondrán sus sucias manos en ti de nuevo. No mientras siga respirando.
Harry sonrió cuando recordó que hablaba con Fenrir, la manada se fue a cazar no mucho después de eso. Ahora dormía con esa conversación aún en su mente y sujetaba a Fenrir con fuerzas. No dejaría que nadie lastimara a Fenrir, ni siquiera sus propios recuerdos del pasado y los fantasmas.
El Ministro de Magia, Cornelius Fudge, apretó los dientes mientras uno de sus mejores Aurores jubilados, pero aún activo, Alastor Moody, y su protegida, Nimphadora Tonks habían muerto persiguiendo una pista falsa sobre Black.
Las noticias se volvían peor ya que parecía que nadie sabía cuánto tiempo habían pasado tirados en medio de Londres antes de ser identificados, habían tomado varias declaraciones de testigos y un hombre describió vagamente a Fenrir Greyback el cual fue identificado como atacante.
- ¡Fenrir Greyback escondiéndose en el centro de Londres! – Rugió al mismo tiempo que se paseaba por la oficina. – ¡Hemos revisado la basura en la esquina más lejana de la Tierra y él estuvo en Londres todo este tiempo!
- Nadie pensó que estaría en Londres, Ministro. – Dijo Shacklebolt baja y profundamente.
- ¡Pues lo estaba! – Le gritó al Auror. – ¿Dónde está ahora?
- No sabemos.
- ¿Qué quiere decir con que no sabes? ¡Ha matado a dos de nuestros mejores Aurores!
- Fueron llamados por otra alerta de Black, este resultó ser otro callejón sin salida y Black no apareció en la ventana de alguna mujer ni estaba revisando su basura, sino que este era Greyback y los testigos dicen que Moody lo enfrentó, trató de someterlo, pero Greyback no estaba preparado para venir tranquilamente y los atacó de forma física despedazándolos.
- ¡¿Cómo permitieron que esto pasara?! – Le gritó al Auror.
- Al parecer, Greyback se volvió más fuerte y perverso a medida que envejecía. También se tornó más resentido y prejuicioso contra las brujas y magos.
- ¡Quiero que encuentren a esa bestia y la traigan ante el Ministerio para su juicio! ¡Quiero que quede encerrado en Azkaban!
- Se Apareció lejos de aquí, no tenemos idea de a donde fue o a donde podría estar escondiéndose ahora.
- ¡No quiero oír excusas! ¡Quiero que encuentren a esa bestia! ¡Quiero que encuentren a Black! ¡Quiero que encuentren a ese niño Potter y lo traigan para que reciba su juicio! ¡Estoy perdiendo la confianza del público día tras maldito día! ¡Tan pronto como se enteren de que Greyback está en el centro de Londres, matando a dos de nuestros mejores Aurores, eso es todo! ¡Mi trabajo se esfumó! ¡Quiero que encuentren a esa gente y si no pueden hacerlo encontraré a alguien que sí pueda! ¡Ahora vete! Ve y has tu trabajo.
El Ministro se echó en su silla y sujetó su rostro entre sus manos. Estas noticias iban a arruinarlo. Tonks y Moody estaban muertos, asesinados por Greyback, el vil hombre lobo, uno de los criminales más buscados, en mitad del centro del Londres Muggle. Black continuaba evadiéndolo y ahora tenían que encontrar a la pequeña bestia Potter, y por si eso fuera poco, todavía seguía vivo después de casi dos años viviendo en lo salvaje.
Ya no sabía qué hacer. Tenía a todo el Ministerio buscando a tres personas, sólo tres personas y hasta ahora, nadie le había traído buenas noticias, ni siquiera habían llegado con un caso de error de identidad. Había miles de avistamientos y alertas, pero ninguno le había dado siquiera una pista semi-sólida sobre el trabajo y lo que es más, una de esas alertas falsas había conducido a Moody y Tonks a sus muertes a manos de uno de los hombres que estaban cazando. No podía creer que Alastor Moody fuese derrotado tan fácilmente por Greyback, Moody era un Auror legendario que nunca se rendía sin una pelea. De hecho, parecía que Moody ni siquiera había lanzado una maldición o un hechizo siquiera- al hombre lobo antes de morir. Era vergonzoso para el Ministerio, vergonzoso para él como Ministro.
Frotando su rostro se preparó para la presión de la conferencia que demandarían que hiciera en unas cuantas horas cuando El Profeta se apoderara de esta historia, necesitaba una excusa sólida al por qué Greyback había sido capaz de matar a dos Aurores entrenados y salir sin un solo rasguño. Su tiempo en la oficina estaba contado y temía que esa cuenta se fuera en un rápido declive. Tenía que hacer algo para salvar esta situación y salvar su trabajo en la oficina sin tener que resignarse o atravesar la humillación de que votaran para que saliera de la oficina.
Ahora recibía Howlers la mayoría de los días. La gente espetaba su nombre porque Potter todavía estaba huyendo, la gente lo condenaba por enviar una partida de caza tras un niño de quince años a pesar de lo que le había hecho a ocho personas inocentes. ¡Este era el por qué había creado el registro de hombres lobo! ¡Para controlar a esos asquerosos híbridos y vigilar a donde estaban así el Ministerio podía alertar a aquellos que vivían en los alrededores cercanos a los hombres lobo! Sin embargo, había varios nombres en el registro desde el momento de su creación y ninguno de ellos había sido ofrecido voluntariamente.
Aflojando sus manos respiró profundamente, jaló hacia él una hoja de pergamino y sumergió su pluma en el tintero puesto a su derecha. Respirando a través de su nariz, pensando acerca de lo que quería decir, como podía reducir la culpa que yacía sobre él y como podía hacer que estas noticias parecieran más favorables hacia sí mismo para así poder hacer frente a la reacción que estaba seguro que vendría tras perder a dos Aurores a manos de Greyback. De cualquier forma en la que él luciera ante esto, sería difícil dar esta noticia y al público no iba a gustarle, iban a entrar en un estado de pánico ya que Greyback había sido encontrado en el centro de Londres.
Ya sabía que iba a ser bombardeado con preocupaciones sobre los niños, debido a que Greyback era un famoso asesino de niños. Ahora cada reporte de niño perdido en Londres iba a ser relacionado a que Greyback estaba en la zona, eso recaería en sus hombros porque el público se aseguraría de que ese peso estuviera allí y que él lo sintiera. Nunca iba a poder vivir con esto.
Quitó el sudor de su frente con un pañuelo y dejó escapar el aliento. No había manera de hacer que esta situación luciera mejor, habían perdido a dos Aurores y Greyback había aparecido justo debajo de sus narices. Él estaba arruinado.
Habían estado caminando por días, esto llevó a Harry de regreso a cuando había abandonado Grimmauld Place, la primera vez, justo después de haber sido mordido.
Recordaba correr de principio a fin, tratando de evitar a los humanos, esto era ambos: más fácil y más difícil de hacer junto con una manada. Se habían Aparecido en sus alrededores varias veces y Harry no tenía idea de donde estaban. Se Aparecía con Fenrir, ya que cuando fue mordido era demasiado joven para haber aprendido como Aparecerse y a pesar de que ahora tenía diecisiete, de todos modos no era probable que pudiera dirigirse al Ministerio para tomar las lecciones, pero Fenrir le había dicho que le enseñaría una vez que se hubiesen instalado.
La manada dormía lo mínimo debido a que siempre estaban viajando, brindándole sólo unas cuantas horas de sueño entre la continua cacería de los alimentos, un nuevo hogar y entre los gemelos llorando cada cuatro o cinco horas pidiendo comida, después de cada Aparición o con cada pañal mojado. Más de la mayoría tenía punzantes dolores de cabeza.
- Nos detendremos aquí durante la noche. – Gruñó Fenrir y la manada simplemente colapsó en el área boscosa, cayendo uno sobre otro se acurrucaron para dormir.
Harry se sentó y con suavidad acunó a uno de sus infelices hijos. Ambos tenían el pelo negro azabache y los ojos azul claro, pero definitivamente, Ulric era el bebé más grande mientras Felan era más pequeño y más ligero. Ulric tomó las características más afiladas y llamativas de Fenrir, pero el rostro de Felan era más suave, más sutil como el suyo, pero definitivamente, ambos tenían la fuerte barbilla de Fenrir, sin embargo los dos tenían sus ojos almendrados.
- Duerme un poco. – Le dijo Fenrir.
- Ellos necesitan alimentarse en diez minutos; prefiero esperar, alimentarlos de forma rápida en vez de despertar a alguien de la manada y luego dormir.
Fenrir gruñó y se sentó junto a él, sus piernas a ambos lados de su cuerpo, envolviendo sus enormes brazos alrededor de su cintura descansó su fuerte barbilla en su hombro.
- No necesitas esperar, yo lo hago. – Le dijo Harry. – Necesitas dormir.
- Has caminado tanto como yo y además cargas a los cachorros.
- Recuerdo que caminaba… a veces corría cuando era descubierto. Era todo lo que hacía. Ni una sola vez me instalé, sólo eran días sin fin y semanas de caminatas, nunca me detenía. Caminé hasta que mis zapatos y mis calcetines se cayeron de mis pies. Justo a un mes antes de que te encontrara irrumpí en una casa para conseguir comida. Estaba tan hambriento y sabía que la luna llena se acercaba, no podía comerme a otro humano, tenían tan mal sabor y a mi estomago le sentaban peor: durante unas cuantas semanas después de eso me sentía constantemente enfermo, necesitaba cada cosa que pudiese comer. Así que entré en esta casa y agarré cualquier cosa que pude, pero casi me atraparon. Corrí y corrí hasta que mis piernas no pudieron soportarme más tiempo y simplemente colapsé. Me atiborré con la comida que había robado y me acurruqué en la base de un árbol, justo ahí en el piso congelado, y esa era mi vida hasta hace un año y medio. Huyendo, siempre huyendo, tan asustado de quedarme en cualquier parte, siempre asustado de todo, así que corrí. Comía lo que podía cuando podía, pero estaba tan solo.
- Nos tienes a nosotros. Me tienes a mí. – Le dijo Fenrir, tirándolo de regreso a su regazo y pecho. – No necesitas estar asustado, no deberías sentirte solo con nosotros, y este traslado se detendrá una vez que tengamos un nuevo territorio. Aunque me preocupan los cachorros por todo este ir y venir.
- Están bien. No creo que sepan qué está pasando en este momento, pero estoy obsesionado con sus cabezas y sus cuellos todo el tiempo, no quiero que se lastimen por mi culpa.
Fenrir olfateó alrededor de su cuello dándole un corto beso. El silencio se instaló entre ellos mientras los sonidos de la manada dormida sólo a unos pies de distancia llenaban el aire nocturno.
- Sé quién eres. – Dijo Fenrir con suavidad, rompiendo el silencio y Harry se tensó enroscándose.
- ¿Quién soy? – Preguntó Harry apenas por encima de un susurro, la tensión zumbaba por medio de su voz y su cuerpo.
- Harry Potter. Ellos estaban hablando acerca de cómo eras la única esperanza que podía salvarlos del Señor Oscuro y que el mismo Señor Oscuro dijo que la única persona que podía derrotarlo en este mismo instante era Harry Potter, el niño que vivió ya lo había derrotado una vez. Les gritaste que no tú no eras su arma; te trataban como una mera arma para derrotar al Señor Oscuro. No soy estúpido, no importa cuanta gente te haya dicho lo contrario, no soy un perro estúpido al que pueden patear, ese es el por qué mantienes tu cicatriz cubierta con lodo y suciedad, ¿no es cierto? A pesar de que me dejaste lavarte casi todas las otras partes de tu cuerpo, no me dejaste acercarme a tu frente. Es porque ese pequeño relámpago está debajo de ese lodo seco, ¿verdad?
Harry lamió sus labios y tragó con fuerza girándose para ver a Fenrir sobre su hombro.
- Sí. Odio ser él, odio ser sólo un arma para ellos; quiero ser sólo Harry.
- Te presentaste como "sólo Harry" cuando te pregunté tu nombre, ese segundo día que estuviste con nosotros.
- No quiero ser un arma, ni siquiera sabía lo suficiente sobre la magia antes de ser un hombre lobo y ahora he estado afuera sin educación durante casi dos años, si hubiese estado en la escuela tendría que haberme graduado el mes pasado, pero no estoy allá. En vez de ello, estoy aquí, donde pertenezco ¡maldita sea!
Entonces, Harry se acobardó y miró hacia arriba a través de unos ojos muy abiertos y preocupados.
- A menos… a menos que ya no me quieras más.
- Si ya no te quisiera, ¿por qué habría arriesgado a mi manada para salvarte? Cuando ellos empezaron a decirte que eras el único que podía derrotar al Señor Oscuro y mencionaste que no serías un arma, justó entonces las cosas encajaron en su lugar, no puedo creer que no lo viera antes, pero simplemente no me importaba y aún no lo hace. Eres mío y no voy a dejar que te vayas a ninguna parte.
Harry se volteó para mirar a Fenrir y sonrió ante la sinceridad ardiendo en aquellos ojos azul cobalto.
- ¿Quieres decir eso?
Fenrir asintió. – Por supuesto que sí. Eres mi perra y esos son mis cachorros, no vas a alejarte de mí ahora.
- No quiero hacerlo. Estaba tan preocupado de que me odiaras si lo descubrías. – Harry casi se derrumbó sobre ese gran pecho y sintió las lagrimas de alivio agolparse en sus ojos.
- ¿Estás… estás llorando? – Demandó Fenrir con incredulidad. – ¿Por mierda estás llorando?
Unos enormes pulgares barrieron las lágrimas con aspereza, Harry rió.
- Es que estoy tan aliviado. – Dijo con una sonrisa, incluso cuando más lágrimas caían de sus ojos. – Estaba tan preocupado de decirte todo, porque dijiste que todos los magos eran iguales y después dijiste que habías estado con el Señor Oscuro y yo estaba tan preocupado de que a pesar de que ya no estuvieras con él aún así me odiaras por ser Harry Potter.
- Eres estúpido. – Bufó Fenrir y casi lo partió dentro del abrazo. – Eres un hombre lobo, que ha sido salvado de ser entregado a alguien, pero no eres sólo un hombre lobo, eres de la manada, eres mi perra alfa, por supuesto que no voy a entregarte a esos magos dementes. Eres mío.
Harry lo habría abrazado con fuerza si sus brazos no hubiesen estado llenos de unos cachorros retorciéndose y cuando el primer pequeño gemido sonó pidiendo comida, ambos se separaron prepararon las botellas para ellos alimentándolos antes de que lloraran de verdad y despertaran a todos los dormidos y exhaustos miembros de la manada.
Los hicieron eructar y después los acomodaron en la cuna de mantas muy en el centro de la pila de la manada, para extra calor y protección. Fenrir lo llevó al borde del claro y reafirmó exactamente a quien le pertenecía Harry. Harry dejó marcas de mordidas sobre esos anchos y gruesos hombros y los músculos del cuello, tratando de detener sus gritos y gemidos, hundiendo profundamente las uñas de sus dedos en la espalda de Fenrir pateándolos con sus piernas que se sacudían espasmódicamente.
Fenrir dejó salir un profundo gruñido mientras se derramaba dentro de su cuerpo hinchándose en el interior de Harry lo cual los unía por la próxima media hora. Cogió a Harry con cuidado y se puso de pie con las piernas temblorosas, llevándolo de vuelta a la manada abriéndose paso entre las mantas que acunaban a los gemelos hasta que estaban en medio ellos y el pesado cuerpo de un Jonas dormido.
- Ahora duerme un poco. – Retumbó Fenrir de forma profunda.
- Voy a dormir durante la próxima semana después de eso. – Susurró Harry, acurrucándose en el cuerpo de Fenrir mientras bostezaba. Ahora estaba tan cansado y exhausto que se quedó dormido en unos instantes.
Tardaron otro mes en encontrar una zona decente en la cual tratar de asentarse. No había nada en este bosque salvo por una amplia gama de animales de presa, ningún otro depredador, y la manada completa estaba empezando a sentir los efectos de la escasez de alimentos debido al recorrido ininterrumpido desde un extremo de Inglaterra al otro, así que estos bosques eran perfectos ya que ahí habían varios rebaños de ciervos en los alrededores y muy en el centro del bosque daba paso a un campo en donde a menudo pastaban las presas.
Había un río y dos pequeñas corrientes, así tendrían amplias fuentes de agua. Fenrir había registrado la mayor parte de la cubierta del claro cercano al centro del bosque, los arboles circundantes al centro del claro eran tan frondosos y se hallaban ubicados tan cerca uno del otro que las copas estaban entrelazadas, lo cual proveía de una buena cubierta para la lluvia, pero aquí no habían cuevas, no habían puntos de ventaja o refugio.
- Este es nuestro nuevo hogar hasta el momento en que seamos amenazados de nuevo, sin importar cuánto tiempo pase. – Le dijo a los hombres cuando se reunieron a su alrededor. – Siempre habrán al menos cuatro miembros de la manada en este claro en cualquier momento, mis cachorros siempre estarán en el claro a menos que yo o Harry nos los llevemos, nadie más tiene permitido sacarlos de este claro sin nuestro expreso permiso. ¡Marcaremos lo limites y quiero que los chequeen, ninguna señal de humanos, los revisaremos y mataremos. No dejaremos oportunidades, ni riesgos, no nos gustan los magos arrogantes, necesitamos proteger a nuestra manada y necesitamos defender a nuestra manada!
Hubo un grito de aprobación proveniente de los irritados betas y Harry se rió entre dientes mientras se sentaba en el piso. Cambió a Ulric desde la bolsa negra llena de cosas que habían estado llevando con un montón de otras cosas desde su hogar.
- Jonas, yo y tú vamos a marcar los parámetros del territorio, el resto de ustedes acomódense y descansen un poco, vamos a cazar tan pronto como volvamos.
- Alfa, ¿deberíamos excavar un bunker a modo de depósito? – Preguntó Grant.
Fenrir miró alrededor y señaló a un montón de lodo que formaba una pequeñísima colina en el paisaje. Asintió hacia ella.
- Caven ahí; estará más caliente que en el fondo de la cueva, por lo que tendrán que cavar para hacerla más fría.
Fue hacia Harry y encorvándose frente a él lo besó con rudeza.
- Estaré de regreso en unas cuantas horas. – Dijo con una voz ronca. – Descansa un poco, estaremos haciendo el recorrido por un largo tiempo.
Harry asintió. – Se cuidadoso y vuelve pronto.
Fenrir bufó y atrajo su cabeza para darle otro beso, antes de besar a sus dos cachorros y levantarse de nuevo, estirándose hasta que su espalda sonó.
- Volveré pronto y mañana te llevaré a que pongas tu marca de olor sobre las mías, después de que hayamos comido.
- ¿Así que cazaremos hasta que tengamos suficiente para hoy y mañana? – Preguntó Harry.
- Nosotros lo haremos, tú vas a quedarte aquí hoy día. No quiero que andes corriendo por los alrededores de este bosque cuando todavía no hemos trazado un mapa, ¿de acuerdo?
Harry suspiró, pero asintió. Ya sabía que no sería parte del grupo de caza, pero no podía evitar mantener la esperanza. No es que no estuviese dispuesto a quedarse en el claro con sus dos hijos, sólo quería probar que no era ningún debilucho que necesitaba protección, incluso si nunca alcanzaba la altura o carecía de la masa muscular que tenía el resto de los miembros de la manada.
- Podrás cazar cuando sea lo bastante seguro para ti, no quiero que pongas tu vida en riesgo por una mera cacería, sin embargo, una vez que estemos asentados por completo espero que derribes a unos cuantos ciervos para la manada.
Harry bufó y sonrió después, de un humor mucho mejor. – ¡Derribaré más que unos cuantos! – Se jactó felizmente.
Fenrir jaló su cabeza. – Eso espero, joder, eres mi perra alfa, no conseguirás más que yo, pero al menos quiero que derribes más que Sidney.
Harry sonrió con satisfacción. – Te daré una buena persecución, estarás luchando por sobrepasar mis proezas de caza.
Eso hizo que Fenrir riera de forma genuina, se inclinó para chocar sus cabezas, lamiendo la boca de Harry de forma superficial.
- Veremos eso cuando llegue el momento, pero por ahora, vigila a esos dos y descansa un poco.
Harry observó cómo Fenrir se marchaba con Jonas para realizar las marcas de olor en su territorio y registrar las áreas principales del bosque, completar un mapa de todo el bosque les tomaría algunos meses y unas cuantas lunas llenas, revisar desde los puntos conocidos hasta donde abarcar todo lo que era, pero Harry no estaba preocupado, después de todo, ¿quién esperaría que estuviesen en una zona rural del Suroeste?
Loren se acercó a él y se sentó, exhausto y decaído, pero llegado a este punto todos estaban exhaustos y decaídos, sin embargo las cosas pronto iban a mejorar. Tenían que hacerlo.
- ¿Cómo están los pequeños monstruos? – Le preguntó mientras cogía a Felan oliéndolo antes de acunarlo. No los sostendría si estuvieran sucios.
- Cansados, como el resto de nosotros. Todo este recorrido ha perturbado sus sueños.
- Eso apuesto. ¿Quieres que saque sus mantas?
Harry asintió. – Iba a hacerlo justo ahora.
- Yo las traigo. – Dijo Loren mientras le devolvía a Felan, excavó en el montón de mantas y la única piel de ciervo que tenían la estaban usando actualmente para mantener alejado sus mantas del suelo del bosque.
Loren acomodó las mantas como una cuna justo en el centro del claro, en donde Grant y Scott estaban colocando grandes troncos de árboles caídos para usarlos como asientos.
Harry fue hacia allá y puso a sus hijos en sus cunas tapándolos, arropándolos mientras lo hacía. Ellos se merecían un sueño reparador que no fuera que no fuera interrumpido haciéndolos rebotar de un lado a otro mientras huían. Afortunadamente, podían conseguir eso ahora que se estaban instalando aquí.
- Son jodidamente adorables. – Dijo Stacey mientras venía a golpear a Harry en el hombro. – Le diste a la manada unos cachorros increíbles de los cuales estar orgullosos. Pero siendo sincero, ¿no pudiste darnos una niña?
Harry lo miró, a todos ellos cuando empezaron a reír y silbar.
- Habla con Fenrir sobre eso, él es el que determina el sexo de los cachorros, yo sólo los proveo de todo lo demás y sólo para que quede claro: si alguno de ustedes toca a cualquiera de mis hijos, hombre o mujer, no vivirán el tiempo suficiente para lamentarlo. – Amenazó.
Eso hizo que rieran más fuerte, Harry resopló sentándose en el tronco de árbol, viendo como dormían sus cachorros, uno permanecía todo envuelto tal cual como lo había dejado Harry, el otro sacó su pequeño puño para poder chupar sus propios nudillos. Su expresión se suavizó y les sonrió. Los de su manada tenían la razón en una cosa: eran jodidamente adorables, estaba orgulloso de ellos y siempre lo estaría, nada podía hacer que amara menos a esas dos pequeñas bolas esponjosas.
Perdón por la tardanza.
La historia original pertenece a StarLight Massacre cuyo enlace encontrarán en el primer capítulo, úsenlo bien y déjenle sus comentarios. ¡Qué importa si están en español! La intención es lo que cuenta.
Esta humilde y poco puntual servidora solo se encarga de la traducción.
Gracias por leer, comentar y apoyar.
