Historia original: The Tribulation of the Blue Moon por StarLight Massacre
Gracias a 19'Mika-chan'91 por betear este capítulo.
Capítulo 11: El único
Harry se aseguró de darle una buena patada a su amante, Fenrir, "accidentalmente" mientras pasaba por su lado en dirección al río para enfriarse. Ya estaba acostumbrado a este tipo de bromas, las risas y jugarretas a expensa suya, pero se había olvidado cómo era lidiar con ellas cuando su cuerpo estaba lleno de hormonas y cargaba tanto peso extra.
Harry colocó una mano bajo su embarazado estómago y gruñó cuando el dolor volvió a aparecer en su espalda baja. Recientemente, había llegado al punto en que sólo hacían falta unos cuantos pasos para que su espalda baja comenzara a protestar por el movimiento.
Se inclinó y apoyó sus antebrazos contra sus rodillas dobladas y respiró en medio de una puñalada de dolor, un dolor el cual sabía que se pondría mucho peor tan pronto como entrara en labor, pero ahora mismo sólo estaba en su tercer mes de embarazo, casi a medio camino.
Estaba tan fuera de práctica que había olvidado cuan incómodo y doloroso era el embarazo, habían pasado cuatro años desde la última vez que tuvo cachorros, sin embargo, no era a falta de intentos por parte de Fenrir, -añadió una sonrisa traviesa mentalmente- pero no había resultado en las últimas tres temporadas de cría, lo cual le había dado un muy necesitado descanso después de dar a luz dos veces consecutivas y le dio más tiempo, energía y habilidad para correr detrás de los cinco enérgicos hijos que ya tenía.
Sus gemelos de cuatro años, Ulric y Felan, habían crecido tanto que el verlos luchar el uno con el otro o con los machos beta traía lágrimas a sus ojos, comían con la manada, dormían con la manada y podían pronunciar oraciones casi completas y se pasaban la mayor parte del tiempo con su padre, Fenrir, quien les estaba enseñando Dios sabe qué cosa.
Sus trillizos de tres años, Ferus, Lorcan y Garvan, también habían crecido, también les gustaban las luchas y los juegos de pelea, aunque siempre lo hacían pensando que pronto tendría que lidiar con las mordidas de Lorcan, no había un solo miembro de su manada que no hubiese sentido sus dientecitos hundiéndose profundamente en su brazo o pierna o en cualquier otro lugar que Lorcan decidiera morderles. Todos sabían caminar; podían hablar, aunque las preguntas diarias de "¿qué es eso?" y "¿Por qué?" proveniente de los tres eran más que suficientes como para querer golpear su cabeza contra una roca.
Felan y Lorcan todavía eran un par de quejumbrosos, Ulric todavía arremetía contra la gente con su "vena alfa", tal como Fenrir aclamaba con orgullo, Garvan seguía siendo un niño muy serio y a menudo se sentaba junto a Harry tranquilamente o jugaba solo, y Ferus había decidido jugar al doctor y parchar a la gente, el único problema era que no entendía que no se suponía que debería lastimar a sus pacientes en primer lugar, con el fin convertirse en un doctor real, pero a Harry no le importaba demasiado, un poco de sangre era un pequeño precio a pagar por la felicidad de su hijo.
Harry se sentó al borde del río quitándose sus zapatos y calcetines, y metió sus pies en el agua tibia. También había sido un invierno cálido y la primavera llegó antes de tiempo, todo se calentó más pronto de lo normal. Era agradable, por ahora, pero eso significaba que se aproximaba un largo verano, lo cual, en su actual condición, iba a conducirlo directo a la locura.
Harry posó una mano sobre su vientre y sintió los suaves movimientos bajo ella. No podía sentir los movimientos por fuera, no todavía. Sonrió, no estaba muy seguro, pero pensaba que este embarazo podría ser de un solo cachorro. Fenrir iba a estar decepcionado. Todavía no había olvidado que Harry le había prometido que podría nombrar a toda la próxima camada, esa promesa había sido hecha poco después del nacimiento de los trillizos, lo cual había sucedido hace casi cuatro años, pero Fenrir aún lo recordaba y le gustaba señalarle a Harry que él estaba evitando quedar embarazado con la esperanza de que lo olvidara.
Harry sonrió para sí mismo mientras recordaba a Fenrir demandando acaloradamente que le mostrara alguna prueba de que no estaba haciendo algo para evitar quedar embarazado. Fenrir había sonreído y lo tiró sobre su regazo, susurrándole en el oído que no estaban "practicando" lo suficiente. Harry todavía se reía ante los recuerdos de aquel día.
Definitivamente, Fenrir iba a estar decepcionado de que este embarazo fuera de un único cachorro, si en realidad no estaba embarazado de un solo cachorro tal como pensaba, el otro muy bien podría estar inactivo o su compañero de camada podría estar empujándolo contra su columna vertebral, aunque no podía imaginar que este embarazo fuera de más de dos cachorros. Pero el que naciera un solo cachorro no sería la causa de la decepción de Fenrir, lo que pasa es que quería nombrar a un montón de cachorros. Harry se rio entre dientes y sacudió su cabeza mientras recordaba afectuosamente cuán emocionado había estado Fenrir cuando Harry acordó dejarle nombrar a sus cachorros y luego, cuando confirmó que estaba embarazado, cuán emocionado había estado Fenrir cuando Harry reiteró su promesa dejándole nombrar a toda la camada.
Ahora tenía veinte años, tendría veintiuno en dos meses, Harry se sentía más adulto en relación a todo lo que estaba haciendo y en cuanto a lo que le había sucedido en el pasado. Nunca se había arrepentido de llegar a la vida de Fenrir, ni de permitir que su Alfa lo reclamara y lo preñara. Sin duda era lo mejor que le pudiese haber llegado a suceder, incluso cuando superó la sorpresa de descubrir que era un mago, porque eso lo había arrojado directo al peligro y a una guerra de la cual no tenía conocimiento. Fenrir le había brindado amor, una familia y paz, y en realidad, eso era todo lo que siempre quiso. Por supuesto que hubo discusiones, peleas y corazones rotos en el camino, pero a veces así era la vida. Hace años habían perdido a nueve buenos miembros de la manada y nada les quitaría ese dolor, ni siquiera el tiempo, aunque el punzante y agonizante dolor de la pérdida se había mitigado y apagado con cada año que pasaba, las risas y el amor regresaron, reemplazando el dolor, pero siempre estaría en sus mentes y nunca se irían de ahí.
―¿Estás bien?
Harry se echó hacia atrás y reclinó su cabeza para ver a Fenrir parado detrás de él, tenía a Garvan entre sus brazos. Harry sonrió.
―Estoy bien. Sólo necesito enfriarme antes de dejarle otro ojo morado a Bryan.
Fenrir bufó con diversión y se sentó junto a él, entregándole a Garvan quien no dejaba de retorcerse, pateando y arremetiendo contra Fenrir para alcanzar a su mami.
―Puede que hubiese sido mejor si le hubieras dejado un ojo morado ―gruñó Fenrir.
―Lo consideraré para la próxima vez. Siempre hay una próxima vez con Bryan ―dijo Harry cariñosamente.
―Mamá, ¿qué ez ezo? ―preguntó Garvan, señalando con su dedo hacia una brizna de hierba.
Harry frunció el ceño; Garvan ya sabía lo que era el pasto, así que no podría ser lo obvio. Harry miró más de cerca hacia una hoja de césped particularmente larga la cual estaba señalando su hijo y suspiró, viendo al pequeño escarabajo caminando por el dorso de la hoja. Harry arrancó la hoja y se la enseñó a Garvan, quien pinchó y empujó al pequeño escarabajo rojo.
―Esa es una vaquita de san Antonio, Garvan.
―No ze pareze a una vaca* ―Garvan frunció el ceño, pinchando con más fuerza a la mariquita.
―No es una vaca, es un insecto, pero lo llaman vaquita de san Antonio, o mariquita si lo prefieres, aunque no es un bicho, sino un escarabajo.
―Ma'quita ―repitió Garvan con un asentimiento.
Garvan continuó jugando con el escarabajo mientras Harry se apoyaba en Fenrir hablándole suavemente antes de quedarse tranquilo, observando a Garvan mientras éste le reía a la pequeña mariquita.
―¿Estás listo para regresar al claro?
Harry asintió y se puso de pie con su hijo menor entre sus brazos, permitiendo que Fenrir le ayudara a pararse y lo escoltara de vuelta al claro, recogiendo sus zapatos y calcetines en el camino.
―¡Ahí están! ¡Íbamos a enviar a un grupo de búsqueda! ―dijo Oscar con una sonrisa, su cabeza se mantuvo en el regazo de Bryan quien le acariciaba el cabello.
Harry lo acalló, se sentó con un gemido y una mano apoyada en su vientre, la otra sostenía el trasero de Garvan, pero su hijo se retorció tan pronto como llegaron al nivel del piso y se fue con sus hermanos para mostrarles su mariquita.
Vigilar a cinco niños era casi una locura algunas veces, pero los amaba un montón y jamás desearía cambiar alguna cosa concerniente a ellos, a pesar de que poco a poco estaban emergiendo los comportamientos peligrosos y destructivos, como las mordidas y los momentos en donde se desarrollaban verdaderas peleas de hermanos.
Pasó tan rápido que Harry ni siquiera tuvo tiempo para prepararse. Un minuto estaba sentado contra un tronco, con la cabeza reclinada, recibiendo los cálidos rayos del sol en su rostro, lo siguiente que supo fue que sentía dolor y gritaba, enroscándose sobre su vientre, sólo para encontrar a Ulric, y mientras se esforzaba por respirar, se dio cuenta de que, o bien, Ulric había pateado su vientre o había corrido y saltado sobre él.
Ulric le fue quitado de encima brutalmente y los instintos protectores de Harry hicieron su aparición inmediatamente cuando oyó el grito de dolor y sorpresa de Ulric, oyó el ruido del brusco movimiento de su cuello al ser apartado bruscamente y Harry quería chillar y gritar diciendo que dejaran a su bebé en paz, pero se había quedado sin aliento y no podía reunir el aire que necesitaba en sus pulmones contraídos.
Tomó la comodidad en el hecho de que Fenrir estaba tratando de ayudarle a quitar el peso de encima para que pudiera respirar, los machos beta no se atreverían a golpear a uno de los cachorros del alfa, pero podía oír a Ulric luchando y gritando, llorando, rogando por su mami y Harry lo odiaba.
Trató de forzarse a sentarse, pero cuando eso causó que jadeara de dolor e hizo que se mareara, primero respiró y se enfocó en respirar, ignorando las preguntas rápidas y aceleradas de Fenrir y su tono lleno de pánico.
Cuando pudo respirar de nuevo, Harry se sentó y permitió que los brazos de Fenrir le ayudaran a enderezarse. Mantuvo sus manos en su vientre acariciándolo gentil y suavemente.
―¿Estás bien? ―preguntó Fenrir bruscamente.
Harry asintió, ya que seguía demasiado adolorido para hablar, pero vio a Ulric siendo agarrado por Warren, luchando por alcanzarlo, llorando ríos de lágrimas y moviendo sus manitos hacia él, empujó todo lo demás, todo su dolor y el temor por su nueva camada y extendió sus brazos, ignorando lo mucho que temblaban.
―Déjalo ir ―Harry jadeó por la falta de aliento.
Warren asintió y en vez de soltarlo tal como le había pedido, le entregó a Ulric directamente y abrazó a su molesto y angustiado cachorro mientras Ulric lloraba en su cuello.
Harry palmeó su trasero con gentileza apartándose un poco para hacer contacto visual.
―Nunca debes golpearme cuando estoy embarazado, Ulric. Tengo un bebé aquí adentro ―Harry se lo explicó tomando una de las manos de Ulric para que tocara su vientre ―. Sé que eres demasiado joven como para recordar cuando nacieron tus hermanos menores y en ese entonces no eras lo bastante fuerte como para lastimarme, pero ahora eres más grande y más fuerte, podrías lastimarme a mí y a los cachorros que tengo aquí, no quieres eso, ¿verdad?
Ulric sacudió su cabeza, seguía llorando desconsoladamente. Harry sacó un suave trozo de tela de su bolsillo y secó la cara de su hijo menor. Hace mucho tiempo había aprendido a llevar siempre un pedazo de tela en su bolsillo.
―¡Lo siento mami! Te amo ―sollozó a través de las lágrimas y lloriqueos.
Harry suspiró, le acercó para que descanses contra su pecho, colocando su cabecita en el hueco de su cuello mientras arrullaba y calmaba a su hijo menor, con sus dedos cepillaba a través de su suave cabello en la nuca de Ulric, su otra mano palmeaba su espalda baja rítmicamente.
―¿Estás seguro de que estás bien? ―volvió a preguntar Fenrir.
―Estoy bien, me cuesta respirar un poco, pero nada más. La camada también está bien, puedo sentir movimiento.
―¿Los cachorros se están moviendo? ―preguntó Fenrir.
Harry asintió. ―No lo suficiente como para sentirlos por fuera, pero están dentro de mi cuerpo después de todo, puedo sentir cuando se reacomodan.
―¿Cómo se siente? ―preguntó Tackett con curiosidad.
Harry frunció el ceño mientras consideraba la sensación. ―Como si tuviera hormigas arrastrándose en mi interior, o mariposas. Suaves cepilladas de movimiento contra mi interior. Los cachorros no tendrán la fuerza suficiente para moverse y que se sienta desde afuera al menos hasta dentro de otro par de semanas.
Ulric se echó hacia atrás para acariciar tiernamente el vientre de Harry con una de sus manos. ―No quiero lastimar a los bebés ―insistió ―. Sólo quería jugar.
―Lo sé, amor, pero necesitas jugar con tus hermanos, tu padre o los betas, yo no puedo jugar todavía, los bebés son demasiado pequeños y demasiado delicados.
―Como Felan ―Ulric asintió.
Harry rodó los ojos y miró a Bryan, quien le había dicho a Ulric que Felan era un lobo sumiso y que tenía que tratarlo con amabilidad y delicadeza.
―No, no como Felan. Los cachorros van a ser mucho más delicados que tu hermano, necesitarás ser cuidadoso y gentil con ellos, Ulric.
―Como una flor ―dijo Ulric confundido.
Harry se rió entre dientes. ―He visto lo que le haces a las flores, si veo que le haces eso a alguno de tus hermanos voy a castigarte.
Ulric hizo un puchero y miró al piso. Harry metió dos dedos bajo su barbilla para volver a hacer contacto visual.
―Te amo, Ulric, y te enseñaré cómo ser suave y gentil con los nuevos cachorros. Todo saldrá bien. Lo prometo.
Ulric asintió con confianza, Harry lo mandó a jugar con un besito en la boca. Miró a su alrededor comprobando a sus cachorros, Ulric corrió y se unió a Ferus y Lorcan quienes peleaban con dos palos, Felan y Garvan estaban encorvados mirando a la mariquita corriendo por el suelo, la tocaban y pinchaban todo el tiempo para detener sus movimientos. Esa pobre, pobre mariquita.
Había sido una gran sorpresa cuando Ulric sobrepasó a Felan en altura, peso y tamaño. Sin mencionar la ferocidad. Tal como Fenrir lo señalaba a menudo, Ulric tenía una vena alfa y Felan no, de hecho, Felan era similar a Harry de muchas maneras, no sólo por ser un lobo sumiso, sino que era más tranquilo, más amable, pero no menos temperamental e impulsivo. Felan era el único sumiso y Ulric era el único alfa, al menos por ahora. Harry pensó esto mientras presionaba sus manos en su vientre y lo acariciaba con suavidad, no podía esperar a que naciera esta nueva camada de cachorros.
Habían pocas cosas que a Fenrir le gustaran más que descansar bajo el sol, toda su manada lo rodeaba, sus cachorros gritaban, chillaban y se reían mientras jugaban sobre él y su perra alfa, quien por su embarazo, descansaba apoyado entre sus brazos.
De hecho, una de las pocas cosas que lo superaba era decir que su perra alfa estaba en cinta, y la práctica a lo largo del año para poder lograrlo. Sonrió y olfateó el cabello de Harry, su pareja estaba durmiendo, pero seguía murmurando suavemente mientras Fenrir trazaba con su lengua la vena en su cuello.
Puso una mano en el gran vientre de Harry y sintió el movimiento de su interior. Estaba tan emocionado por el nacimiento de esta camada, los nombraría a todos. El que Harry les permitiera nombrarlos era algo que jamás podría terminar de retribuirle. Nunca antes había tenido la oportunidad de nombrar a sus propios cachorros, sus perras habían hecho todo eso por él, pero si Harry hubiese dicho que no inclusos después de preguntarle, al menos estaría feliz sabiendo que estos cachorros seguían con vida, que tenía cinco grandes, saludables y bulliciosos hijos; dos de cuatro años y tres de tres años e incluso venían más en camino.
Los amaba tanto, ahora podía admitírselo a sí mismo y estaba trabajando para poder decirlo en voz alta, pero para él seguía siendo difícil dejar ir el pasado, todo el dolor y el tormento que había atravesado, pero Harry lo hacía tan fácil. Sabía que Harry lo amaba, no sólo porque su pareja se lo decía varias veces al día, sino que Fenrir podía verlo escrito en su rostro claramente, en sus ojos cuando lo miraba, cuando atrapaba a Fenrir mirándolo y le sonreía suavemente, por el brillo de sus ojos. Sabía sin duda alguna que Harry lo amaba, que sus hijos lo amaban y sus betas lo admiraban, respetaban y les importaba. Estar rodeado de tanto amor y cariño fue un shock para él, pero se estaba acostumbrando más y más. Podía ver en su futuro cuando sus cachorros lo saludaban con un beso en los labios y un abrazo al despertar, clamando su amor antes de que se sentaran a comer una de las presas que él mismo había cazado. Cuando Harry se le acercara, sus ojos brillando con picardía mientras imitaba a sus hijos y se burlaba descaradamente balbuceando "te amo, papá".
Fenrir acercaría a Harry a su cuerpo y palmearía su culo respingón, acariciaría su rostro y le gruñiría diciéndole cuán descarado era, pero sabía que había llegado a amar las mañanas, y nunca cambiaría ni una maldita cosa sobre Harry, quien se reiría y luego lo saludaría apropiadamente con un beso profundo, efusivo y apasionado y una sonrisa cariñosa.
Fenrir se deslizó de abajo del cuerpo de Harry y lo acomodó con gentileza, odiaba las profundas y negras bolsas bajo sus ojos. Este embarazo estaba afectando sus horas de sueño más que cualquier otra cosa. Su embarazo con Ulric y Felan lo hacía vomitar violentamente; su segundo embarazo con Ferus, Lorcan y Garvan había afectado tanto su humor que pasaba de un extremo al otro, usualmente desde tristeza a rabia, pero este embarazo estaba afectando sus horas de sueño, sólo había vomitado unas cuantas veces durante los primeros dos meses, pero no fue tan terrible como en su primer embarazo, pero la falta de sueño afectando gravemente a Harry, ya que se negaba a desquitar su mal humor a causa de la falta de sueño con otras personas, a pesar de que a veces eran un poco abruptos.
Fenrir se estiró y se puso de pie, pasando los dedos por los desordenados mechones en la cabeza de Ferus cuando pasó junto al hijo que fue nombrado en su honor.
―Dada ―Ferus se volteó hacia él, alzando los brazos, Fenrir le sonrió ligeramente mientras sostenía entre sus brazos al cachorro de tres años.
Sus hijos amaban estar en la altura y como era la persona más alta del lugar, les encantaba que los tomara en brazos y era incluso mejor cuando los ponía sobre sus hombros, pero tenía que ser cuidadoso al hacerlo, Harry le había enseñado a ser cuidadoso, especialmente cuando se trataba de sus hijos.
Fenrir se sentó con sus machos beta y se unió a su conversación con facilidad, aunque a menudo su atención se escapaba fácilmente hacia el dormido Harry.
Felan corrió y se sentó junto a Fenrir, tenía una dulce sonrisa en su rostro. El sentido de protección que sentía por su dulce hijo sólo había aumentado con el pasar de los años y no había forma de detenerlo mientras ahuecaba el rostro de Felan y lo besaba. Fue obligado a quedarse en esa posición inclinada ya que Felan insistió en que besara a su hermanito, Ferus, antes de permitir que Fenrir volviera a sentarse.
―¿Cómo estás, Felan? ―preguntó Fenrir.
―Estoy bien, papi ―respondió Felan enseñando sus dientes en una sonrisa. Sus diminutos dientecitos de bebé se veían demasiado delicados y pequeños como para atravesar la carne gruesa y cruda de la que subsistían, incluso para la tierna carne de los cervatillos que Fenrir cazaba únicamente para sus hijos, pero podían arreglárselas para comer si su carne estaba cortada en pequeños pedazos del tamaño de un bocado, además de que Harry tomaba un excesivo cuidado cortando la comida de sus hijos.
―Pa, 'Orcan dijo que zoy un bebé. ¡No zoy un bebé! ―se quejó Garvan frunciéndole el ceño a su hermano.
―Lorcan, deja de decir que tu hermano es un bebé ―gruñó mientras trataba de evitar que Ferus pateara sus bolas, debido a que su tercer hijo no dejaba de retorcerse en su regazo.
―No dije que eda un bebé. Dije que es el bebé. Uldic dijo que es el bebé podque es el meno'.
―¡No lo soy! ―Garvan casi gruñó. Fenrir escondió su sonrisa orgullosa.
―Eres el menor, Garvan, pero no eres el bebé. Tu mami está llevando al bebé dentro de él –Fenrir trató de explicarle mientras sus betas le sonreían al verlo tratar de reñirle a sus cinco hijos… Parpadeó. Frunció el ceño y los contó. Cuatro hijos.
Miró a su alrededor y vio a Ulric trepando un árbol. Su corazón saltó hasta su garganta y luego se desplomó a sus pies, arrojó a Ferus al regazo de Bryan, ignorando que la cabeza de Oscar también estaba en el regazo de Bryan.
Colocó sus enormes manos debajo de las axilas de Ulric, sujetando su pequeña caja torácica.
―¡Papi! ¡Sin ayuda! ―ordenó Ulric, tratando de empujar las manos de Fenrir.
―No tienes permiso para subirte a los árboles. Eres demasiado pequeño.
―¡No lo soy! ―gritó Ulric.
―Silencio, vas a despertar a tu mamá ―siseó Fenrir mientras arrancaba a Ulric del árbol, quien se aferraba como un mono y lo levantó sobre su hombro mientras pataleaba y daba puñetazos.
―¡Quiero subir!
Fenrir palmeó el trasero de Ulric y se sentó de nuevo, sujetando a su hijo inquieto mientras éste trataba de saltar, se volvió cada vez más difícil cuando Lorcan empezó a lloriquear en su oído y Ferus volvió a subirse a su regazo. Estaba rodeado de sus hijos, ¿por qué había pensado que tener más hijos era buena idea?
―¿Necesitas respaldo? ―preguntó Harry con cansancio mientras le daba una pequeña sonrisa, su piel pálida hacía que los círculos de color negro y purpura se destacaran más, los hacían lucir muchísimo peor.
―¡Mamá!
―¡Mami!
Harry se sentó y, como era previsible, inmediatamente fue asaltado por sus hijos, sentó a Felan en su vientre mientras abrazaba a Garvan y le sonreía a Lorcan quien, presionado contra su espalda, tenía envueltos sus brazos desnudos alrededor de su cuello, su cabecita se asomó por encima de su hombro para poder besarlo.
―¿Cómo están mis niños favoritos? ―preguntó Harry juguetonamente.
Sus cinco hijos trataron de hablar a la vez, incluso Ulric, mientras intentaba apartarse de Fenrir, él gruñó y volvió a tirar a Ulric hacia su regazo, sujetándolo con firmeza.
Harry les habló a sus hijos uno por uno, viendo cuánto habían avanzado sus días y qué habían hecho.
―¿Ulric? Cómo estuvo tu mañana, amor ―preguntó Harry después de que hubo terminado con sus hijos más jóvenes.
―Papi no me deja subirme al árbol ―Ulric hizo un puchero.
―Me di la vuelta y ya estaba a medio camino de ese maldito árbol al que le gusta subirse, te lo dije, necesitamos cortar las ramas más bajas.
Harry suspiró y lucía tan preocupado que Fenrir deseó no haber abierto la boca, pero no hubiese habido forma de callar a Ulric.
―Sabes que no se te permite subir a los árboles, Ulric, no hasta que seas mayor ―dijo Harry con firmeza.
―¡Pero puedo hacerlo ahora, mami!
―No, Ulric ―dijo Harry firmemente, con una pizca de enojo en su voz. Suspiró y se frotó los ojos cansados ―. No, amor. Por favor, si te caes de verdad vas a lastimarte. Te lo dije, necesitas esperar hasta que tengas ocho años y entonces, sólo si un adulto está contigo.
―¡Pero ya casi tengo cinco! ―sollozó Ulric.
―Entonces tienes que esperar tres años más ―dijo Harry severamente.
―¿Cuándo tendré cinco, mami? ―preguntó Felan con dulzura desde el pecho de Harry.
―El mismo día que Ulric cumpla cinco, amor. No tienes que esperar mucho.
―¿Y yo mamá? ―preguntó Lorcan.
―Tú, Ferus y Garvan cumplirán cuatro unas cuantas semanas después de Ulric y Felan, amor. Tampoco falta mucho tiempo.
―¿Cuándo nacerá el bebé?
―No falta mucho ―dijo Harry con una sonrisa ―. Creo que esta camada podría durar hasta finales de Junio, tal vez incluso hasta Julio.
―¿Eso crees? ―preguntó Fenrir pensativamente.
―Es un buen embarazo. Sé que todo puede cambiar en un instante, pero está camada está muy feliz de quedarse a donde está, son muy perezosos –. Harry sonrió.
―Lo heredaron de ti, entonces ―bromeó Tackett con gentileza.
Harry se rió. ―¡Eso espero! Parece que no funcionó con todos estos niños ruidosos; necesitamos algunas niñas calmadas o al menos a un niño relajado y tranquilo.
―No creo que nuestro Alfa pueda tener algún niño calmado ―se quejó Loren con una sonrisa ―. Ni siquiera niñas. Serían tan salvajes y ruidosas como los niños.
―¡No los maldigas! ―se quejó Harry―. ¡Esta camada de cachorros es calmada y tranquila si los maldices ahora eso podría cambiar!
Eso hizo que todos comenzaran a reír y Harry rodó sus ojos. Warren entró al claro, húmedo debido al baño que acababa de darse en el río, y bostezó mientras se rascaba el vello de su vientre desnudo.
―¡Eww! Ponte algo ―se quejó Harry―, Me siento bien esta mañana y no quiero empezar a tener nauseas.
Warren se volteó con una sonrisa y le agitó el cabello mientras pasaba junto a él, se sentó apoyándose contra un tronco.
―¿No te gustan los hombres velludos? ―preguntó Oscar.
―No, eso es horrible ―Harry se estremeció.
―¿Entonces nuestro Alfa es lampiño? ―Loren parpadeó.
Harry frunció el ceño cuando tuvo la sensación de que estaban tomándole el pelo.
―No es completamente lampiño, pero puedes trenzar ese maldito pelo ―señaló Harry―. Si les dejas cicatrices mentales a mis hijos voy a ahorcarte con el pelo de tu propio estómago.
Eso los hizo reír a carcajadas e incluso Fenrir resopló mientras hacía rebotar a Ulric en su rodilla, su hijo mayor había olvidado su cólera y su necesidad de subirse a los árboles. Fenrir lo hizo rebotar más, sus manos le ayudaban a hacer que Ulric llegara más alto y más rápido mientras su pequeño se reía sin parar y pedía más a gritos.
―¿Cuándo va a volver a visitarnos tu padrino? ―preguntó Worrick―. Dile que si vuelve a traer más golosinas para perro voy a obligarlo a comérselos hasta que vomite y luego voy a obligarlo a lamer su desastre.
Harry rodó los ojos y se frotó su enorme vientre. ―¡Esa es una gran manera de hacer que regresen las náuseas matutinas, Worrick! Además, te agrada Sirius.
―Trató de cepillarme… ¡como a un perro!
―Si te ves como tu hermano debajo de la ropa vas a necesitar más que un cepillado ―dijo Harry inexpresivo.
―¿Necesita algo para beber, Alfa? ―preguntó Burne, notando que la mano de Harry no había dejado de acariciar su estómago.
Harry frunció el ceño y luego se encogió de hombros. ―Tal vez, puede que ayude.
Burne llenó un recipiente y se lo entregó.
―Gracias, Burne. ¿Cómo te sientes esta mañana?
Harry bebió ávidamente, se sintió mejor instantáneamente a causa del té caliente. Sirius había sido indispensable a la hora de traer bolsas de té así que ahora tenían una selección de bebidas además de la usual opción de agua, agua, más agua y sangre de animal.
Sirius había tratado de traerles un montón de cosas, pero Fenrir le había puesto un alto a ello, además de que a Harry tampoco le había gustado mucho. Ellos no necesitaban muchas cosas para vivir y no querían o necesitaban el claro tan abarrotado de cosas. Aceptaron cosas pequeñas que quizá no necesitaban, pero eran apreciadas, como las bolsas de té, mantas extra, cepillos, rasuradoras, cuerdas para poder armar trampas, ropa para sus niños en crecimiento, ya que no podían robar fácilmente todo lo que necesitaban los niños en las tallas adecuadas y aceptaron felizmente las pociones que Sirius les conseguía, pero eso era todo. No necesitaban o querían nada más; Harry respetaba y confiaba en Fenrir, como su macho alfa, para que consiguiera todo lo que necesitaban sus hijos o su manada. Encargarse de las necesidades de su manada era parte del rol de Fenrir debido a que era el macho alfa y Harry no le quitaría eso y tampoco permitiría que Sirius lo hiciera.
No dejaría que Sirius molestara, le faltara el respeto o alguna otra manera de importunara Fenrir, simplemente no lo toleraría, por lo que llevó a su padrino a un lado y se lo explicó todo haciéndole ver que no estaba ayudando tanto como él pensaba, sino que más bien fastidiaba a su alfa y causaba conflictos y tensiones innecesarias dentro de su manada. Obtener todo aquello que necesitaban era el deber de Fenrir, no de Sirius y la insinuación de que el hogar, -el territorio por el cual había luchado, por el cual habían muerto miembros de su manada- no era suficiente, era un insulto que ni siquiera Harry podía ignorar cuando Sirius les ofreció traerles tiendas e incluso una casa. Así que puso un tope firme y una vez más, las cosas se asentaron de forma agradable.
―Estoy bien, gracias alfa. Dormí bien y he comido bien esta mañana. ¿Cómo te estás sintiendo? ¿Los cachorros están bien?
―Estoy bien, sólo estoy un poco cansado ―Harry suspiró. Le decía lo mismo cada mañana―. Los cachorros también están bien.
―Es bueno saberlo ―Burne le dio una pequeña sonrisa y se fue.
Últimamente Burne había estado mucho mejor, tenía la sensación de que tenía más que ver con los vergonzosos y casi dolorosos intentos de seducción por parte de Loren, pero al principio, tras los eventos de la confrontación con Voldemort, Harry había estado aterrado de que Burne fuera a romperse por completo y tratara de matarse o escogiera irse de la manada continuando su vida como un lobo solitario.
Perder a su madre, su último pariente de sangre, había sido duro, ser apuñalado casi fatalmente por las manos de Liang mientras seguía órdenes de la pareja alfa sobre proteger a sus cachorros casi fue la gota que colmó el vaso.
Sin embargo, se habían reunido en torno a él confortándolo diciéndole que todavía lo aceptaban, incluso Tackett, con el tiempo, se había descongelado lo suficiente como para dejar de ignorar a Burne, pero Harry seguía preocupado. En realidad, de verdad creía que si no fuera por sus cinco hijos, Burne se hubiese matado o los hubiera abandonado, pero se había vuelto muy unido a los niños, lo suficiente como para quedarse con ellos. Había amado a Ulric y Felan, lo suficiente como para pararse frente a ellos incluso cuando era confrontado con una daga. Les había informado de todo lo que había pasado en la cueva, cómo Liang le había dado un montón de tiempo para apartarse del camino e incluso cómo lo había apuñalado cuando se negó, dejándole saber cuán doloroso se sentía el ser apuñalado y aun así se negó, lo cual había hecho que ella entrara en una rabia frenética, pero aun así Burne había protegido a Ulric y Felan.
El nacimiento de los trillizos y el rol de Burne confortando a Harry, además de ser el único que manejó a los trillizos la primera vez también habían ayudado a la recuperación de Burne, Harry se aseguraba de recordarle cada día que todavía tenía una familia, una manada y que no iban a abandonarlo. Aunque, oficialmente seguía siendo el omega de la manada, no había sido golpeado, pateado, lastimado o usado como saco de boxeo o un juguete sexual en más de tres años, convirtiéndolo más en un beta que un omega.
Ahora parecía que Loren era quien estaba ayudando a que Burne se recuperara y se sintiera mejor, todos podían notar cómo es que las atenciones de Loren estaban sacando a Burne de su caparazón y eso le dio esperanza a Harry: por fin podría encontrar su propia felicidad, sólo si se permitía tener esa felicidad, ya que al parecer Burne seguía manteniendo a Loren alejado, incluso cuando el viejo amigo de Harry y su compañero de manada trataba torpemente de hacer que Burne lo notara y correspondiera sus sentimientos. Eran tan tiernos juntos que Harry quería acariciarles la cabeza, pero Fenrir lo detuvo gruñéndoles que ya se estaban avergonzando bastante ellos mismo sin que Harry los molestara.
―Necesitas comer algo ―dijo Fenrir meditabundo mientras observaba a su pareja jugando con su vientre embarazado―. ¿De verdad te sientes tan enfermo?
Harry le sonrió y Fenrir sintió que su corazón dio un salto. ―Estoy bien, pero en este mismo minuto no creo que sea capaz de comer algo.
Fenrir asintió y tiró de Harry entre sus brazos, sus hijos corrían, gritaban y saltaban sobre todo y todos, Fenrir mantuvo un ojo sobre Ulric y el árbol que insistía en trepar. Harry estaba en lo cierto, puede que creyera que podía subirlo, de hecho, probablemente podía subirse, pero si se caía tendrían que llevarlo a un Sanador y como se supone que él y Harry estaban muertos no serían capaces de ir con él, eso los desgarraría a ambos mientras esperaban ansiosos algún tipo de noticia, sin saber lo que le estaba pasando a su propio hijo. Eso incluso podía empujar a Harry a un parto prematuro y es más que probable que perdiera a los cachorros si eso ocurría.
Fenrir apretó a Harry con más firmeza entre sus brazos y entre sus piernas, tirando a su pareja al ras de su ingle, lo sujetó con fuerza extendiendo sus manos sobre su vientre, sintiendo los leves golpes de sus cachorros.
Amaba tanto a Harry y amaba tanto a los cachorros que le había dado e incluso a aquellos que aún no le había dado. Frotó con firmeza, pero cuidadosamente, el vientre de Harry. Amaba tanto a esos cachorros y saber que iba a nombrarlos a todos lo ponía tan feliz y emocionado que quería que llegaran, incluso cuando observaba a sus hijos corriendo alborotados con las mejillas sonrosadas por el esfuerzo, Ulric y Ferus peleaban con palos, Lorcan y Felan rodaban en el piso mientras luchaban y se gruñían el uno al otro. Aplastó la urgencia de sacar a Lorcan de encima de Felan para asegurarse de que su segundo hijo estaba bien. Harry había estado tratando de meterle en la cabeza que tal vez Felan fuera más pequeño y más dulce que sus hermanos, puede que fuese un hombre lobo sumiso, pero seguía siendo un niño normal y tal como Harry había probado su fiereza a pesar de ser un sumiso, Felan también quería jugar, pelear y luchar y actuar como un niño normal con sus hermanos.
Miró a su alrededor buscando a su quinto hijo, el menor, y encontró a Garvan frunciéndole el ceño todo. Vio tanto de sí mismo en Garvan que ese pequeño ceño fruncido trajo una sonrisa a su rostro. Lorcan chillo de alegría y Garvan frunció más el ceño hasta que su frente tenía esas marcas que tanto amaba Harry, se lanzaba sobre él y lo arrullaba cada vez que Garvan ponía esa cara ceñuda, lo cual sólo hacía que Garvan frunciera más el ceño.
Fenrir se volteó para decirle a Harry lo del ceño fruncido de Garvan, pero encontró a su pareja dormida, reposando sobre su regazo, su cabeza escondida firmemente contra su pecho mientras las manos de Fenrir seguían frotando ligeros patrones sobre su vientre.
Sonrió y acarició a Harry gentilmente, asegurándose de no mover un musculo para no perturbar el sueño de Harry. Harry necesitaba dormir, por lo que se aseguraría de seguir pasando sus manos sobre el vientre de Harry para mantenerlo relajado y dormido.
Volvió a alzar su mirada, mantuvo medio ojo en sus hijos y medio oído en sus betas mientras vagaba en sus pensamientos, sus manos nunca detuvieron sus movimientos sobre su nueva camada de cachorros para que Harry pudiera dormir otro rato, incluso si sólo era una hora extra o dos.
Harry se acurrucó más y así se quedó, incluso mientras un cuerpecito se retorcía y lloriqueaba tratando de arrastrarse sobre él. Aun así, abrió sus ojos de golpe sólo para ver que todavía no amanecía. Gimió y trató de quitarse a su hijo de encima gentilmente mientras apretaba con más fuerza al recién nacido contra su pecho, tratando de proteger al bebé.
―Ten cuidado, Felan ―Harry escuchó el gruñido de Fenrir cuando aquel pequeño cuerpo le fue quitado de encima.
―Quiero acurrucarme con mi mami ―se quejó Felan.
―Acaba de tener un bebé y ambos necesitan dormir. Tienes que tener cuidado ―le regañó Fenrir. Harry supo lo que iba a pasar antes de que sucediera.
Efectivamente, Felan reaccionó al regaño y empezó a hacer pucheros, luego a gimotear y por ultimo comenzó a llorar mientras Fenrir trataba de calmarlo sin disculparse ni mimarlo para así no arruinar su reprimenda.
―Felan, necesitas tener cuidado ―dijo Harry con todo su cuerpo tenso, en su rostro se dibujó una mueca producida por el esfuerzo mientras rodaba sobre su espalda lenta y cuidadosamente.
―¡Mami! ―sollozó Felan, extendiendo sus brazos.
―No puedes abrazarme amor. Lo siento. Estoy demasiado adolorido ahora mismo.
―No quería lastimarte, mami ―Felan lloró con más fuerza.
―No me lastimaste, Felan, pero anoche tuve un bebé, ¿recuerdas?
Felan asintió con un puchero en su boca.
―Sigo muy adolorido por tener al nuevo bebé, no voy a mejorar hasta dentro de una semana ―explicó tan cuidadosa y pacientemente como podía, ya que estaba en medio de esa ardiente agonía que desgarraba su estómago, espalda y caderas.
―¿Y después voy a poder abrazarte, mami?
Harry asintió. ―Por supuesto. ¿Te gustaría venir y darle un beso de buenos días a tu nuevo hermanito?
Felan asintió y se secó los ojos húmedos con el dorso de su mano.
―Necesitas ser gentil y muy silencioso, no le gustan los ruidos fuertes, lo asustan.
Felan asintió y rodeó a Harry para acercarse al montón de mantas que se hallaba envuelto por su cuerpo. Fenrir se inclinó sobre Harry y apartó la manta del rostro de su hijo, mirando con orgullo cómo olfateaba su nuevo cachorro. Felan se arrodilló para reunirse con él, dándole un suave beso a su nuevo hermano.
―Dile a Tavarus que lo amas ―le dijo Jonas a Felan, desde donde se encontraba acostado al otro lado de la cuna hecha de mantas, sus ojos se abrieron de golpe y sonrió mientras Harry hacía una mueca al oír el nombre.
―Te amo ―obedientemente, Felan se lo dijo al recién nacido acariciando sus rizos húmedos.
Fenrir tiró de Harry y su pareja siseó, brindándole una mirada que prometía un montón de dolor y retribución, hasta que agitó la botella de poción para el dolor y entonces Harry trató de levantar su cuerpo para poder alcanzarlo.
―Cálmate. Todo estará bien, yo me encargo ―Fenrir lo calmó bruscamente mientras quitaba el tapón con sus dientes. Acercó la botella a los labios de Harry y luego la inclinó, dejando que Harry tragara ávidamente la poción para el dolor.
―Oh, eso es increíble ―Harry gimió mientras se dejaba caer con su cuerpo lánguido ―. ¿Pero estabas hablando en serio cuando lo nombraste Tavarus? ¿No hay ninguna posibilidad de hacerte cambiar de opinión?
Fenrir sacudió su cabeza. ―Es un nombre fuerte y adecuado. Le queda bien ―respondió con obstinación.
Harry suspiró. ―Bien. Será el pequeño Tavarus, pero la próxima vez que nombres algún cachorro, voy a tener que aprobarlo primero, ¡y no puedes preguntarme cuando esté drogado con pociones para el dolor!
Fenrir sonrió. ―¿Así que voy a poder nombrar más en el futuro?
―No exactamente, la próxima vez los nombraremos juntos.
La sonrisa de Fenrir se amplió y acomodó su cuerpo junto al de Harry haciendo que éste se reclinara en medio de un abrazo.
―Gracias ―susurró Fenrir.
Harry simplemente resopló y se acomodó mejor entre sus brazos, cerrando sus ojos una vez más se dejó arrastrar por el sueño. Todavía no amanecía y quería alcanzar a dormir otro par de horas, al menos.
La siguiente vez que se despertó fue porque estaba de nuevo atrapado por la agonía, casi se mordió la punta de la lengua cuando se apresuró a apretar sus dientes para contener el grito de dolor. No quería alarmar a sus hijos.
Salió arrastrándose de su nido de mantas, travesó el claro hasta desplomarse en el regazo de Fenrir.
―¿Más poción? ―preguntó Fenrir, Harry tan solo asintió mientras trataba de controlar su respiración a través de los dientes apretados.
Fenrir lo enderezó y Harry no pudo evitar el maullido de dolor que escapó de él.
―Ya está, te tengo ―susurró Fenrir suavemente mientras sacaba esa, ya familiar, botella de poción para el dolor, Harry la agarró con desesperación, tragándolo todo de dos grandes y dolorosos sorbos, pero eso no le importó. Hicieron falta varios segundos antes de que el dolor desapareciera.
―Amo tanto las pociones ―gimió ―. Gracias, Burne.
Harry tomó un sorbo del té caliente que acababa de entregarle el tímido hombre lobo y dejó que Fenrir le ayudará a sentarse, Burne se esfumó y fue a sentarse junto a Loren una vez más.
―¿Dónde está Tavarus? ―graznó.
―Está acostado en la camisa de Tackett, le gusta estar piel contra piel así que se lo entregué hace unos diez minutos, sabía que ibas a despertarte pronto y que me necesitarías ―explicó Fenrir.
―Te necesito todo el tiempo ―dijo Harry con una sonrisa.
―Yo… ―Fenrir tragó y Harry lo miró. Le dio toda su atención, sintiendo como si la Tierra fuera a desmoronarse por lo que, potencialmente, le iba a decir Fenrir.
Fenrir suspiró y acarició el cabello de Harry, mirando a sus hijos y sus betas, antes de volver a mirar a Harry, quien seguía mirándolo con una sonrisa, no lo presionó, no lo empujó. Harry le dejaba hacer las cosas a su propio tiempo, nunca le había exigido que le contara la historia de su vida con sus otras perras, nunca le había exigido algo que él no quisiera darle, sólo le dejaba hacer todo a su propio ritmo y amaba a Harry por eso. Simplemente amaba a Harry y con la aparición de un nuevo cachorro, uno que él mismo había nombrado, sabía que nada podría separarlos, nunca haría nada para lastimar a Harry o para ahuyentarlo, y al final, eso fue lo que lo llevó a contarle a Harry acerca de su pasado doloroso y sus condenadas experiencias.
―Te amo ―le dijo con tal suavidad que estaba seguro de que Harry no alcanzó a escucharlo y que tendría que repetirlo, pero la sonrisa que iluminó el rostro de Harry, el brillo de felicidad en su rostro, el amor que podía ver en ellos negó la posibilidad de que Harry no lo hubiese escuchado.
―Y yo también te amo ―le dijo Harry igual de suave y con una amplia sonrisa.
Harry apartó su mirada y miró a sus hijos. Fenrir estuvo tan agradecido de que Harry no hiciera un gran alboroto por su confesión, pero se sintió mucho mejor después de decir aquellas palabras. Le tomó seis años ser capaz de decirle a Harry que lo amaba. Seis años era demasiado tiempo para decirle a un hombre a quien amaba tanto cuánto significaba para él, pero Harry lo había entendido, Harry siempre lo entendía y Fenrir lo amaba por todo eso y más.
Harry se sintió listo para estallar cuando oyó que esas palabras salían de la boca de Fenrir, pero se mantuvo en calma y respondió en consecuencia antes de apartar su atención de Fenrir. Llegado a este punto, sabía cómo pensaba y actuaba su macho alfa y sabía que si causaba algún tipo de alboroto o atraía la atención hacia lo que Fenrir había hecho, él nunca lo haría de nuevo, así que se esforzó en demostrarle cuanto significaban esas palabras para él antes de darse la vuelta y rastrear a sus hijos, a los gemelos de cinco años, y a los trillizos de cuatro. Había estado en lo cierto en una cosa, o al menos dos. Uno, que el embarazo duró hasta inicios de Julio; y dos, que era una camada de un solo cachorro.
Harry alzó la mirada al cielo y ofreció una oración en gratitud por ello. Si Fenrir había nombrado Tavarus a un bebé, ¿cómo diablos hubiese llamado a los otros? Tenía miedo de preguntar.
Esperó varios minutos para asegurarse de que la poción para el dolor había funcionado, y sólo porque le gustaba reposar sobre el cuerpo de Fenrir, Harry finalmente se movió cuando empezó a llorar pidiendo un biberón insistentemente.
Cuidadosa y gentilmente, Tackett sacó a Tavarus de su camisa mientras Jonas le entregaba a Harry el biberón que acababa de preparar y gimió.
―Esto es algo que no extrañaba ―se quejó mientras recibía a su cachorro casi desnudo y metía el chupón de la botella en su boca, observando que su diminuta boca se extendía alrededor del chupón y bebía la leche.
―Ahora descubrirás un montón de cosas que no extrañabas sobre los cachorros recién nacidos —le dijo Oscar—. Yo no extraño las comidas nocturnas, pero ahora están de vuelta.
―Cada tres horas —gruñó Fenrir.
―¿Tú te encargaste de alimentarlo anoche? ―preguntó Harry con el ceño fruncido. No recordaba haberse levantado la noche anterior.
Fenrir asintió.―Yo me encargué del bebé, Jonas preparó la leche.
―Gracias, pero yo debería haberlo hecho.
―Estabas dopado por las pociones para el dolor y te estabas recuperando después de dar a luz en medio de la oscuridad ―gruñó Fenrir―. Yo no hubiese querido te despertaras.
Harry se rio ante eso. ―Muchísimas gracias. También te amo.
Se volteó hacia Tavarus y lo acarició mientras éste se alimentaba, tenía sus ojos cerrados con fuerza, sus pestañas largas y oscuras revolotearon contra sus suaves mejillas. Harry frunció el ceño cuando vio algunos parches de la piel del recién nacido las cuales se estaban desprendiendo, particularmente en una de sus manos.
―¿Por qué se está descascarando? ―preguntó Harry.
―¿Qué? ―contestó Fenrir, acercándose para mirar más de cerca.
Harry pellizcó la piel escamosa en sus muñecas y le mostró a su pareja que la piel de su hijo se estaba descascarando.
―¿Necesita un Sanador?
―No lo creo, Alfa ―dijo Jonas mientras miraba por sobre el hombro de Harry y como había vivido este tipo de cosas, ambos escucharon a Jonas―. Es cosa de tiempo, la mayoría de los bebés de hombres lobo naces al quinto mes, el embarazo de Harry duró seis meses así que Tavarus se está poniendo al día, a la mayoría de los bebés que tardan más en nacer se les desprende un poco de piel. Se limpiará, lo prometo, pero si aun así quieren que lo chequeen, lo llevaré yo mismo a la clínica.
Harry sacudió la cabeza. ―No parece que sea demasiado grave, pero si empeora puedes llevarlo a la clínica, sólo para estar seguros. No perece que le cause dolor o incomodidad.
―Posiblemente sea porque ese no es el caso ―concordó Jonas―. Sólo ha estado en el líquido amniótico más tiempo que los otros cinco niños, por lo que su piel a estado sumergida demasiado tiempo. Se le va a quitar.
―Mami, ¿el bebé está despierto? ―preguntó Lorcan, estaba manchado con lodo y la única parte limpia de su rostro era una pulgada de piel alrededor de su ojo. Lucía como si estuviera usando una máscara facial.
Harry se rio mientras le entregaba a Tavarus a Fenrir para que lo hiciera eructar, tomó a Lorcan en su regazo y le hizo cosquillas.
―Mírate eres un pequeño monstruo de lodo, ¿qué has estado haciendo?
―Jugando, mami. Por favor, ¿el bebé puede jugar también?
―No, Lorcan. Tavarus todavía no puede sostener su cabeza por sí mismo ―le explicó Harry con gentileza.
―Oh. ¿Por qué no?
―Porque es demasiado pequeño, hubo un tiempo en donde tú tampoco podías hacerlo.
Los ojos azules de Lorcan se ampliaron. ―¿Yo?
―Sí, tú ―Harry se rió― De hecho, eras más pequeño que Tavarus.
Lorcan lo miró con tanta incredulidad que Harry se rio a carcajadas.
―Así es, y Garvan era incluso más pequeño que tú.
―Garvan todavía es pequeño ―dijo Ulric mientras empujaba a su hermano menor.
Garvan gruñó y le dio una firme patada a Ulric.
―¡Ustedes dos deténganse! ―dijo Harry severamente―. No quiero peleas ni juegos bruscos cerca de Tavarus, ¿entendido?
Ambos fruncieron el ceño, pero asintieron reticentemente. Harry tiró a Garvan sobre su regazo y Fenrir atrajo la atención de Ulric y con esa facilidad los separaron a ambos.
Felan saltó sobre él y se apoderó de la parte sobrante en el regazo de Harry, Garvany Ferus se apresuraron también, sin querer quedar fuera.
―¿El bebé está despierto? ―preguntó mientras trataba de mirar a Tavarus, quien se hallaba en los brazos de Fenrir.
―Ahora va a volver a dormir ―gruñó Fenrir.
―Pero durmió hace poco ―Ulric frunció el ceño.
―Durante la primera y quizá la segunda semana de su vida lo único que hará será comer y dormir ―explicó Harry.
―Y mojar pañales ―dijo Bryan desde atrás de él. Harry casi podía oír la sonrisa que tenía en el rostro.
―Eso es aburrido ―se quejó Lorcan.
―Los bebés son aburridos y también son ruidosos ―les dijo Harry―. Pero crecen muy rápido, y muy pronto andará corriendo detrás de ustedes.
―¡No puedo esperar! ―Dijo Felan con una risita―. Pero tenemos que ayudarle a aprender a hablar y caminar, ¿verdad?
―Así es ―Harry dijo con una sonrisa―. Pero hasta entonces, su padre y yo tenemos que hacer absolutamente todo por él y no podemos dejarlo solo.
―No quiero dejarlo solo. Necesita que lo protejan ―dijo Ulric decisivamente mientras asentía.
Harry compartió una mirada orgullosa con Fenrir, quien estaba sonriendo. Fenrir revolvió su cabello con brusquedad.
―No necesitas quedarte con él, todavía no. Eres joven y necesitas divertirte, pero si necesito ayuda, te la pediré ―Fenrir le dijo a Ulric, quien no lucía feliz, pero asintió a regañadientes.
―Okay, pero sólo si prometes pedirme ayuda si lo necesitas, papi.
―Por supuesto que lo haré ―Fenrir asintió con una amplia sonrisa.
Ulric asintió y luego arrastró a Lorcan y Ferus para que fueran a jugar lejos del bebé, diciéndoles que necesitaban ser cuidadosos y no debían jugar cerca del nuevo bebé.
―Tenemos hijos tan buenos ―dijo Harry con una sonrisa.
―¡Yo soy el más bueno, mami! ―dijo Felan con una dulce sonrisa.
Harry le respondió con una sonrisa y le besó su carita. ―Eres el más dulce, eso es seguro.
―¿Qué soy yo? ―preguntó Garvan con un puchero.
―Eres el más lindo ―dijo Harry y cuando Garvan frunció el ceño se rio y lo besó con dulzura―. Eres mi niño feroz.
Garvan pareció más feliz con eso y asintió. La sonrisa de Harry se amplió.
―Los amo niños, ahora vayan a jugar; tienen una hora antes de que Warren les enseñe los números.
―No. No, mami, no me gustan los números, ―se quejó Felan.
―Aun así necesitas aprenderlos, amor –dijo Harry con firmeza―. Ahora vayan a jugar.
Harry suspiró cuando salieron corriendo, se dejó caer en el regazo de Fenrir y se acurrucó en sus piernas.
―¿Crees que pueda escaparme de otro cambio de pañales? ―le preguntó Harry a Fenrir.
―Duerme tanto como lo necesites ―le dijo Fenrir, acariciando su cabeza amablemente, desenredándolo suavemente.
―Oh, genial ―dijo Harry con suavidad―. Asegúrate de que esos niños tengan sus lecciones, incluso si Felan te pone ojos de cachorro.
―Lo haré ―Fenrir asintió―. De verdad aprendí mi lección la última vez que se escaquearon de sus lecciones.
―Bien ―Harry asintió mientras se acurrucaba en la rodilla de Fenrir―. ¿No te incomoda? ―preguntó meditabundo.
―No ―respondió Fenrir con suavidad mientras comenzaba a jugar con su nuca, haciendo que Harry se relajara más y manteniéndolo donde estaba―. Me gusta que duermas sobre mí.
Harry asintió, pero no se movió. ―Si hay algún problema, sólo llámame.
―Duerme un poco y deja de preocuparte ―gruñó Fenrir―. Tengo todo bajo control.
Harry sonrió y bostezó, relajándose y envolviendo un brazo alrededor de la espinilla de Fenrir, casi tocando su ingle, no para fastidiarlo, sino para sentirse tranquilo. En diez minutos ya estaba durmiendo.
El mundo Mágico había sido reconstruido y purgado de todos los Mortífagos y de quienes se sospechaba que eran Mortífagos. Los juicios fueron cerrados al público, pero se efectuaron de manera justa y el Wizengamot había invitado a individuos selectos de los medios de comunicación. Todos los Mortífagos y quienes los apoyaban habían sido sentenciados de por vida en Azkaban, la cual había sido reconstruida.
Hogwarts seguía siendo visto como un refugio para la gente, en su mayoría había evitado el daño y cualquier tipo de contaminación gracias a los profesores y sus jóvenes estudiantes quienes lo resguardaban de los Mortífagos y el mismísimo Voldemort.
El Ministerio, sin embargo, había sufrido daños considerables incluyendo las estatuas destruidas que quedaron en ruinas, los retratos y los departamentos que habían sido erradicados por completo estaban siendo reconstruidos una vez más y los "nuevos" departamentos que Voldemort y los Mortífagos habían añadido habían sido abolidos junto con todas y cada una de las leyes que habían aprobado.
La población había vuelto a sumergirse en una rutina familiar, ahora la gente estaba más que feliz de salir de sus casas, una vez más habían regresado los visitantes regulares a Gringotts y al Callejón Diagon y otra vez había una afluencia normal de personas. La vida continuó con normalidad y en sus libros de historia se señalaba que el hombre lobo, Harry James Potter, había sido el único quien por fin pudo matar a Voldemort, antes de que colapsara y muriera debido a la gran cantidad de hechizos cortantes que casi lo rasgaron a la mitad de la cintura.
En donde una vez estuvo la Fuente de los Hermanos Mágicos se había erigido un gran monumento en el Ministerio en honor a su corta vida y el sacrificio que hizo por el mundo Mágico, la gente apenas recordaba que había matado a varias personas. La estatua era muy parecida a la apariencia de Harry durante su cuarto año y las donaciones fueron a una caridad para comprender mejor a todas las criaturas, algo en lo que el Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, había insistido.
En los últimos cuatro años, la familia Weasley había vuelto a crecer, Percy se había casado con su novia, Audrey y habían tenido una niñita a la cual llamaron Molly, posteriormente tuvieron una segunda hija, Lucy.
Bill se había ganado a Fleur tras dos largos años de citas, Bill le propuso matrimonio y los dos estaban esperando a su primer bebé, una tercera niña. La familia Weasley estaba teniendo una afluencia de niñas, algo por lo cual Arthur Weasley estaba muy feliz y sus tres hijos estaban tan orgullosos y extáticos como su padre quien, poco a poco, salía de su caparazón.
Sirius se había llevado a Arthur para que viera a Harry y eso había ayudado mucho más de lo que cualquiera hubiese pensado. Bill, Charlie e incluso Percy fueron con ellos y fueron presentados al nuevo hombre en el que se había convertido Harry, al igual que al hombre con quien había decidido compartir el resto de su vida.
Por supuesto que ver a Fenrir Greyback y a varios hombres grandes corriendo detrás de cincos niños bulliciosos había erradicado muchos de los miedos que persistían debido a las historias de terror que les habían contado cuando niños, además ver cómo Harry les daba órdenes como si fuera el amo y señor también había ayudado. Arthur finalmente logró decirle a Harry que no lo culpaba por lo que había pasado, que una vez que se hubo calmado y pensó racionalmente ya no lo culpaba por lo que había sucedido. Ese había sido un gran paso para que ambos hombres sanaran.
Oficialmente, Sirius Black había sido absuelto por el Ministerio y a pesar de que ya no vivía encarcelado en su propia casa, tampoco se aventuraba al exterior muy a menudo. Las personas todavía le temían, aun cuando había recalcado que no había hecho nada malo y no había sido responsable de los asesinatos que se le inculpaban e incluso que había sido encarcelado injustamente, pero la gente era lenta a la hora de perdonar y aún más lenta a la hora de olvidar.
Pero la vida había continuado casi con normalidad; lentamente, las cosas iban volviendo a los tiempo pacíficos tal como eran antes del renacimiento de Voldemort y la gente se sentía a salvo y más segura. Era casi como si nada hubiese pasado, pero si había sucedido y algunas personas aún lo recordaban, algunas personas vivían con el dolor de la pérdida y algunas otras no vivían en absoluto, pero el tiempo ayudaba a aliviar el dolor que trajo la muerte e incluso aquellos que luchaban por volver a vivir después de la guerra habían sido capaces de reír y sonreír de nuevo. Habían aprendido a volver a vivir de nuevo después de cuatro largos años.
Nunca podrían olvidar la guerra, las vidas que perdieron jamás serían olvidadas, pero la vida, como siempre, continuaba y nada podría cambiar eso. Hubo una guerra, pero también había terminado, el Señor Oscuro estaba muerto y sus seguidores estaban encarcelados por el resto de sus vidas. Aunque algunos no eran tan estúpidos como para pensar que no había más gente mala en el mundo, otra persona que fácilmente podría convertirse en el próximo Señor Oscuro, pero por ahora había acabado y todo estaba en paz, el mundo avanzaba con normalidad, las personas vivían con normalidad, indiferentes de todo aquello ajeno a sus propias vidas. Todos tenían sus propios problemas y contiendas, pero sus vidas eran relativamente pacíficas y con suerte, seguiría así por muchos, muchos años más.
Harry corrió a la orilla del río mientras se reía en voz alta cuando, consiguió una cubeta de agua para arrojársela a Ulric.
Ya estaban en Septiembre y las noches frescas recién empezaban a hacer su aparición, pero los días seguían siendo cálidos. Lo bastante cálidos como para que él y su manada jugaran en el río con la nueva carga de cubetas de plástico y palas que Sirius le había traído a los niños durante su última visita, sólo que los machos beta parecían divertirse más con ellas que los niños.
Loren pasó corriendo junto a Harry, en sus manos llevaba una cubeta llena de agua del río, entonces atrapó a Bryan quien se reía tan fuerte que apenas podía caminar, mucho menos correr, y la vació sobre su cabeza haciéndolo gritar, se volteó hacia Loren con su propia cubeta en sus manos.
Harry vació su cubeta sobre Garvan quien le otorgó el ceño fruncido más grande del mundo y eso sólo hizo que Harry se riera aún más fuerte.
―Vamos, amor. Ve a buscar una cubeta ―le animó Harry.
―¡No es divertido! ―dijo Garvan con un feroz ceño fruncido, incluso cruzó sus brazos sobre su pecho.
―Es divertido, Garvan; sólo necesitas permitirte disfrutar.
Garvan resopló y se dio la vuelta. Harry rodó sus ojos ante la seriedad de su hijo y miró a Fenrir, quien casi tenía el mismo ceño fruncido en su rostro mientras sostenía a Tavarus entre sus brazos, casi como si su pecho fuera un escudo que evitara que alguien le arrojara agua encima.
Harry sonrió mientras regresaba al río y llenaba su cubeta. Fue mojado varias veces en el camino de ida y vuelta, se río mientras huía de Worrick quien lo perseguía, pero Harry se aseguró de no perder su agua, dio la vuelta alrededor de Fenrir y le dio un beso en la mejilla.
―¡No te atre…! ―Eso fue todo lo que Fenrir pudo decir antes de que Harry volcara su cubeta con agua por su espalda y huyó gritando entre carcajadas mientras Fenrir maldecía y lo amenazaba con dañarlo gravemente.
Harry trastabilló desplomándose casi a la orilla del río y cayó dentro de él. Inhaló una bocanada de agua y volvió a la superficie salpicando y tosiendo.
Lo sacaron y aterrizó sobre en la orilla del río. Fenrir llegó a su lado, cerniéndose sobre él.
―¡Estoy bien! ―insistió, incluso se atragantó un poco, chorreando agua por su barbilla.
―¿Estás sangrando? ―preguntó Fenrir con preocupación.
Harry comprobó sus piernas, su estómago y su pecho, luego sus brazos. Sacudió su cabeza.
―No. Estoy bien, ¿quién me salvó esta vez? ―preguntó Harry con una sonrisa.
―Adivina ―dijo Loren con una sonrisa engreída.
―Bien hecho, Loren. Aunque todavía voy a lanzarte un balde de agua.
―¿Estás bien, mami? ―preguntó Ferus.
―Por supuesto, amor. No te preocupes por mí, pero ese es el por qué siempre debes ser cuidadoso cuando estés cerca del río y por qué nunca deberías estar aquí solo, podrías lastimarte mucho y tragar mucha agua asquerosa.
―Creo que esta es la señal para volver al claro y preparar la cena ―les dijo Fenrir y naturalmente, no lo tomaron como una sugerencia sino como una orden ya que inmediatamente empezaron a empacar.
Harry discutió con sus hijos, sujetando cuidadosamente a Tavarus mientras agarraba la mano de Garvan.
―Te dije que era una mala idea, mami ―dijo Garvan.
Harry rodó sus ojos. ―Creo que voy a tener que empezar a llamarte mi pequeño viejo ―bromeó Harry suavemente.
Garvan le frunció el ceño y Harry se rio, tirando de Garvan para que se apoyara contra sus piernas.
―Te amo ―le dijo Harry―. Nunca te cambiaría.
―Te amo ―respondió Garvan, apretando la pierna de Harry.
Regresaron al claro donde los betas ya se estaban secando con mantas y preparaban la cena. Hoy no habían cazado, así que tendrían que preparar un ciervo del depósito, pero a Harry no le importaba, prefería pasar un día divirtiéndose junto al río que tener una comida fresca. Eso no les haría olvidar los detalles más intrincados de la vida.
―Todavía me la debes por ese balde en mi espalda. ―Fenrir gruñó en su oído mientras sus brazos lo envolvían por la cintura.
Harry sonrió y reclinó su cabeza para mirar esos ojos azul oscuro.
―Creo que me he castigado lo suficiente ―señaló.
―Oh, lo hiciste, ¿no? No estoy de acuerdo. ―Fenrir mordió el lóbulo de su oreja y Harry dejó escapar un ruido suave mientras movía su cabeza a un lado para que Fenrir tuviera más acceso.
―¡Mami! ¡El bebé no necesita ver eso! ―le dijo Ulric severamente.
Harry parpadeó mirando a su hijo, estaba un poco perplejo por su comportamiento.
―Tavarus no está despierto, amor ―le explicó Harry.
―¡Podría despertarse por su biberón en cualquier minuto, mami! Tú y papi tienen que parar ―insistió Ulric.
―¿Puedes decirme de nuevo por qué fue buena idea enseñarles a hablar? ―Fenrir gimió en su oreja.
―Querías escucharlos decirte papá ―señaló Harry entre risas.
Fenrir gruñó y se puso de pie, apartándose del cuerpo de Harry.
―Reprimido sexualmente por mi propio hijo. ―Sacudió su cabeza.
―¿Por qué te sorprende? Llevan haciendo eso desde que nacieron ¡y tú quieres más! ―dijo Harry con una carcajada.
―De todas formas ya estamos reprimidos sexualmente, por qué no tener más. ―Fenrir sonrió.
―Porque cuando sean mayores andarán por su cuenta, pero si tenemos más, siempre tendremos pequeñines cerca ―dijo Harry.
Fenrir parpadeó y luego gruñó. Miró a Tavarus y después a Harry.
―¿He de suponer que ya es demasiado tarde para devolver a ese?
Harry se rio, pero Ulric jadeó.
―¡Papi! ¡No! ¡No vamos a devolver a Tavi, es nuestro!
―Tu padre está bromeando, Ulric, Tavarus no irá a ningún lado, lo amamos tanto como a ti y tus hermanos.
―Yo los amaría más si dejaran de reprimirnos sexualmente ―gruñó Fenrir, sólo para los oídos de Harry.
Harry trató de contener su risa para que Ulric no exigiera que le dijeran qué era tan divertido; sabía que Fenrir no lo decía en serio. Los amaba a todos y moriría por ellos si tenía que hacerlo, pero las bolas azules se estaban estableciendo permanentemente sin importar que Ulric no pareciera impresionado con sus muestras de afecto y amor.
―¡Vamos a cenar! ―ordenó Ulric.
―Creo que él piensa que es el macho alfa ―resopló Fenrir mientras se dirigían hacia los betas.
―Sin embargo, somos nosotros los que seguimos sus órdenes y demandas como unos omegas ―bromeó Harry.
―Ya te lo dije; pronto tendré a ese niño sobre mi rodilla.
―Siempre haces la misma amenaza, pero nunca lo haces de verdad.
―¿Qué pasa si lo golpeo demasiado fuerte o él me odia por eso? ―preguntó Fenrir furiosamente.
―No vas a golpearlo demasiado fuerte ni va a odiarte, incluso si dice que te odia, no lo hará, no de verdad.
―No creo que siquiera pudiera llegar a soportar escuchar esas palabras, aunque no quiera decirlas ―dijo Fenrir con calma.
―Entonces necesitas empezar a prepararte para escucharlas, porque en algún momento lo dirá, todos lo harán, ya sea a ti, a mí, a uno de sus hermanos e incluso a uno de los machos beta, se lo dirán a alguien ―dijo Harry con firmeza.
―No quiero que se sientan tan negativos sobre nuestro hogar o sobre alguien en él.
―Lo dirán para herirnos ―explicó Harry―. No porque en realidad se sientan de esa manera.
Fenrir suspiró y miró a sus cinco hijos, trepándose unos sobre otros y sobre los betas sólo para comer su comida. ―Estaré listo cuando eso pase.
―Sólo asegúrate de nunca responderles lo mismo, incluso si tampoco es de verdad. Los niños tienen muy buena memoria para las cosas malas y si se los dices una vez, tendrán esa pequeña duda murmurando en el fondo de su mente.
―Nunca digo algo que no quiero decir, ni siquiera si estoy enojado o molesto, como macho alfa tengo más control que eso. Pensé que lo sabías.
Harry sonrió. ―Lo sé, sólo estaba recordándotelo.
―Mocoso impertinente. Todavía te debo un castigo por el agua que me lanzaste en la espalda, no hagas que sean dos ―le advirtió Fenrir.
―Pero me encantan tus castigos, Fenrir ―dijo Harry con una sonrisa.
Fenrir resopló y compartieron un casto beso.
―¡Mami! ¡Papi! ¡¿Qué dije sobre hacer esas cosas cerca del bebé?! ―dijo Ulric furiosamente, sus pequeñas mejillas se pusieron rojas.
Harry no podía contener la risa, pero decidió cortar la falta de respeto del pequeñín. ―Recuerdas que somos tus padres, ¿cierto Ulric? Como tal, podemos mandarte a la cama justo después de cenar mientras tus hermanos juegan y les cuentan una historia.
Ulric parecía tan confundido que Harry compartió una mirada con Fenrir.
―¿Este es el típico comportamiento de un alfa o es falta de respeto?
―Un poco de ambos ―dijo Warren, evitando el contacto visual ya que no había sido invitado a la conversación.
―¿Qué parte? ―le preguntó Fenrir.
―Querer mandar a la gente es un comportamiento clásico de los lobos alfa, él espera que todos hagan lo que dice. Hacerlo con sus propios padres, eso es falta de respeto, sea o no un futuro lobo alfa.
Harry asintió. ―Tavarus está bien, ¿por qué estás tan preocupado por él?
―No quiero que salga herido o esté triste ―sollozó Ulric.
―Bueno, ese es un extraño rasgo de lobo alfa, preocuparse por los otros y querer protegerlos ―añadió Worrick―. Nuestro Alfa es igual, probablemente esa es la razón por la cual ha aprendido a ser un alfa tan bueno y afectuoso.
Harry sintió más que vio a Fenrir tensarse y endurecerse, odiaba que alguien condujera la atención hacia él y ser alabado tan abiertamente le hacía sentirse incomodo, así que Harry hizo lo que haría una buena pareja y apartó la atención enfocada en Fenrir hasta que él recuperara el control.
―Quien es un buen alfa en entrenamiento. ―Se cernió sobre Ulric, colocando una mano en su vientre y lo hizo reír.
―¡Mami! ¡Estás arruinando resupation! ―le dijo Ulric entre risitas.
―Oh, ¿has estado escuchando a Bryan de nuevo? Y es reputación, amor.
―¿Cómo sabes que fui yo? ―exigió Bryan.
―Eres el único que va por ahí hablando sobre su reputación ―le dijo Oscar con un empujón.
Bryan le respondió con un empujón antes de darle un beso y pronto, ninguno siguió hablando, debido a que seguían rodando juntos por el piso.
―Si van a llegar más lejos, abandonen la vecindad inmediatamente y aléjense lo suficiente como para que no podamos oírlos ―les dijo Fenrir―. Mis hijos no necesitan ni quieren verlos actuar como perras en celo.
―Sabe todo sobre perras en celo, ¿verdad, Alfa? ―dijo Bryan descaradamente antes de salir corriendo del claro mientras se reía, se llevó a Oscar con él.
Fenrir hizo crujir sus nudillos. ―Recuérdame que debo encadenarlo a ese árbol por una semana, Harry.
―Sólo si puedo mearle una pierna ―gruñó Harry.
―Ni soñaría impedírtelo.
Harry comió hasta saciarse antes de darle su biberón a un Tavarus de dos meses de edad, hacerlo eructar y meterlo en su cuna de mantas, escondiéndolo del aire nocturno el cual se enfriaba rápidamente y fue a luchar contra sus otros cinco hijos para ponerles unos pijamas gruesos, y así pudiera contarles una historia, con suerte, una más apropiada que la que Tackett les había contado anoche.
Estaba cansado. Había sido un día activo y divertido, pero tenía que ver a sus hijos arropados bajo sus mantas y profundamente dormidos antes de unírseles.
A las siete de la tarde vio a sus seis hijos arropados y dormidos. Harry fue a sentarse en el regazo de Fenrir, al menos podría forzarse a quedarse despierto durante media hora y le gustaba acurrucarse con Fenrir lo suficiente como para hacer ese esfuerzo, además sin que Ulric les gritara y los regañara por besarse y acurrucarse. Sonrió y miró a su pequeño alfa, sería un increíble alfa algún día, pero por ahora, seguía siendo un pequeño de cinco años que todavía corría hacia él con la rodilla llena de pasto.
Se acurrucó más junto a Fenrir mientras caía la noche y la brisa suave se volvía más agresiva y cuando Fenrir se quitó su sweater para colocárselo por la cabeza, sólo para mantenerlo un poco más caliente, Harry no podría haber hecho otra cosa más que besarlo gentilmente, incluso si Fenrir hubiese estado a mitad de una frase.
Suspiró y se acomodó más mientras miraba a su alrededor con cariño, encontró el lugar al cual pertenecía, un lugar en el cual encajaba y era solo Harry. Aquí no era El-Niño-Que-Vivió, no era El Elegido, no era Potter el traidor, el ex Gryffindor hombre lobo. Aquí era solo Harry y era amado y respetado por las cosas que había hecho, por quien era y estaba con gente que lo amaba, lo respetaba y lo adoraba. Había encontrado su lugar en la vida. Puede que esté claro no fuera mucho, pero era su hogar, el único que quería y todo lo que necesitaba. Amaba este lugar, amaba a las personas y por sobre todo, amaba a su familia. Su pareja y amante y a sus seis hijos.
Acarició el pecho desnudo de Fenrir, la brisa fría hacía que sus pezones estuvieran erectos y Harry los lamió juguetonamente, mordisqueando el que estaba más cerca de su boca, rodándolo entre sus labios. Fenrir golpeó su culo y Harry se rio antes de acomodarse. Fenrir era el amor de su vida, su alma gemela, el único. El único a quien querría y lucharía por él, como lo había probado una y otra vez. Amaba a Fenrir e incluso si el escenario cambiaba ahora y entonces, siempre y cuando tuviera a Fenrir, no importaba nada más. Fenrir era la única persona con la que siempre contaría y confiaría, lo había amado y le había dado todo lo que jamás quiso: un amante, un hogar y una familia, un lugar al cual pertenecer, un lugar en el cual era amado. Fenrir era el único para él y nada ni nadie cambiaría eso. Jamás.
*Para seguir el juego de palabras de Garvan, usé Vaquita de San Antonio, así es como se les llama en Argentina a las mariquitas.
Bien, por fin, este es el último capítulo. Para despedirme tengo una serie de informaciones:
1. Ya tengo permiso para la siguiente traducción, para los que mencionaron que les había gustado esta pareja, sé que es difícil encontrar algo de ellos y aún más en español mi siguiente proyecto será...(redoble de tambores) Fragmented Soul y Fragmented Soul: Furry Bits de StrawberryGirl co-escrito con BickyMonster. Para quienes no conocen esta serie, la cual es un Fenrir/Harry principalmente, no está completa, no se preocupen, sacando cuentas tengo traducción hasta dentro de tres años. ¿Por qué? Porque las historia principal tiene más de 90 caps y los extras son más de 20 caps cortos.
2. Encontré un tesoro por ahí en AO3, esta es Auribus Teneo Lupum originalmente escrita por Shigure-san, un Fenrir/Harry que está siendo traducido por Khalan, y es una maravilla de traducción. Así que los invito a darse una vuelta por ahí.
3. Para los que preguntaron si continuaré La Noche del Dr. Frankenstain, sí, lo haré, pero pronto cambiaré el titulo por "El Jardín de las Bestias", (por si no lo encuentran por el nombre anterior) y haré unas correcciones en los capítulos ya publicados antes de continuar.
4. Tengo planes de meter mis manos en la traducción de un Crossover, también de StrawberryGirl, el cual está divino; de esto confirmaré después.
...mmmm... Estoy segura de que algo se me queda en el tintero...
5. Fecha. Planeaba comenzar a publicar Fragmented Soul en la quincena de Dic, pero me choca con los semestrales, así que probablemente comience algo así como e de Enero.
No me extrañen mucho. Mil Besos. (Todavía creo que olvidé mencionar algo más)
6. EL NOMBRE! Voy a cambiar el nombre de The Tribulation of the Blue Moon al español, para que después no lo busquen por el titulo en inglés.
