Notas de Yunnie: Segundo capi. Espero que os guste. Voy a intentar subir un capi nuevo cada semana, a ver si puedo ser constante con las actualizaciones hasta el final del fic.

Advertencias: yaoi/slash, lemon

Disclaimer: Haven no me pertenece, o posiblemente el final hubiera sido muy distinto y Audrey, Nathan y Duke vivieran los tres juntos como una familia feliz.

Segundas oportunidades

Su cuerpo se movió sólo, antes incluso de que él tuviera tiempo de pensar. Avanzó lentamente hasta el lugar donde antes estaba la fábrica, que ahora parecía ser un claro yermo y vacío en aquella zona arbolada. Durante lo que le pareció una eternidad sus pies fueron avanzando, ahora uno, luego el otro, acercándole irremediablemente hasta él. Duke permanecía inmóvil en aquel lugar, la mirada desorbitada, perdida, llena de temor. Por un instante creyó que tal vez no recordaba nada, pero igualmente llegó hasta él y le abrazó.

En cuanto sus brazos le envolvieron la cintura, Duke pareció reaccionar.

-Nathan- murmuró, devolviéndole el abrazo con los ojos llenos de lágrimas contenidas.

Nathan lo estrechó con fuerza entre los brazos, hundió el rostro en la curvatura de su cuello. No podía sentirlo pero sabía que estaba allí, y temía que si lo soltaba dejara de ser real. Así que permaneció así, inmóvil, confuso y expectante, durante tanto rato que debió resultar incómodo.

-Vale ya Nathan, estás empezando a darme escalofríos- protestó Duke, aunque lo cierto es que no había hecho ni el más mínimo intento de apartarse de él. Sus manos seguían suavemente apoyadas en la cadera del policía, su corazón continuaba latiendo con violencia contra aquel otro pecho que le apresaba contra él.

Nathan carraspeó y se alejó con su expresión más digna.

-Sólo... sólo quería asegurarme de que no eres un fantasma- se justificó Nathan, recuperando la compostura.

-Pues ya ves que no lo soy. Creo que no lo soy- añadió, algo menos convencido esta vez.

-Duke- la voz de Audrey llegó prácticamente al mismo tiempo que su caluroso abrazo. Lloraba sin ningún reparo, sollozando sonoramente contra él-. No puedo creer que estés aquí- el llanto volvió a ahogarle la voz mientras se aferraba a su camisa con ambas manos. Finalmente consiguió controlarse y se apartó un poco para dirigirle una sonrisa.

-Nunca pensé que diría esto, pero... Me alegro de verte, Crocker- le saludó Dwight, quien también se sumó a la tanda de achuchones. Le apretó con fuerza y le levantó unos centímetros del suelo con un abrazo de oso, aunque en seguida le volvió a soltar.

-Yo también me alegro de estar de vuelta. Creo. ¿Alguien me explica que está pasan...?- reparó entonces en el avanzado estado de embarazo de Audrey y se interrumpió a medias- Vaya, oh vaya. Felicidades Audrey, Nathan- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Los otros tres se miraron entre ellos de una manera de lo más significativa, y Duke supo que algo iba mal.

-No yo... yo no soy el padre. Es Dwight.

El silencio que siguió a la aclaración de Nathan fue de lo más incómodo. Duke les miraba a uno y a otro sin ser capaz de comprenderlo. Justo cuando iba a preguntarles si se habían vuelto todos locos reparó en la herida en el brazo de la mujer.

-Audrey, ¿estás bien?- inquirió.

Ella se llevó una mano al brazo dolorido.

-No es nada, Duke. Me he dado un pequeño golpe con la explosión.

Ni a Dwight ni a Nathan les pasó por alto que había respondido a su antiguo nombre sin dudar.

-Deberías ir al hospital. Hay que asegurarse que tanto tú como el bebé estáis bien- sugirió Nathan, sacando su lado pragmático.

-Sí, deberías ir- concordó Dwight-. ¿Quieres...?- cerró los ojos con una mueca de pesar- ¿Prefieres que te lleve él?- preguntó, con la mirada fija en el suelo, incapaz de enfrentarla. No era necesario decir que se refería a Nathan, todos le habían entendido.

-Dwight... No soy Audrey. Aunque ahora tampoco soy Paige. O quizás sea más correcto decir que soy ambas. No los recuerdos de una o de otra, simplemente las dos. Sé lo que te preocupa y sí, quiero a Nathan- hizo una pausa y espero hasta asegurarse de que su marido la miraba a los ojos- Todo lo que se puede querer a un viejo amor- miró a Nathan y le sonrió. Él le devolvió la sonrisa. Con cariño, con tristeza, con esa complicidad que sólo ellos eran capaces de lograr-. Pero soy tu esposa, te amo a ti y si alguien va a tener que aguantarme gruñendo en el hospital, vas a ser tú. ¿Entendido grandullón?

-Sí señora- afirmó Dwight, tieso como una vara. Se volvió hacia Nathan mientras murmuraba en silencio "definitivamente es Paige". Se detuvo tras un par de pasos- Quizás deberíamos llevar también a Nathan.

-Yo estoy bien. He parado de sangrar- dijo, ladeando la cabeza para que comprobara que era cierto. No podía notarlo pero no se había desmayado por la pérdida de sangre así que parecía lo más lógico.

-Él está bien. Ve arrancando el coche, ¿quieres, cariño?- pidió Audrey.

Dwight se alejó para comprobar que el coche aún funcionaba y Audrey hizo señas a Nathan para que se acercara. Duke había metido las manos en los bolsillos y permanecía con la vista perdida en algún punto alejado del bosque, perdido en sus pensamientos. Audrey cogió la mano de Nathan entre las suyas.

-¿Puedes notarme?- preguntó.

-Sí.

-Yo no he sido Nathan. No tengo ni idea de qué está pasando. Oh, quizás haya...- sollozó-. Lo siento tanto, Nathan.

Entendió que no se refería solamente a la vuelta de los problemas y su pérdida de sensibilidad.

-Parker. Esto no es culpa tuya. Lo sé- se llevó la mano de la chica a los labios y la besó con infinita ternura-. Puedo ver en tus ojos que eres Audrey, pero también puedo ver que le amas a él.

-De verdad lo siento tanto...

-Parker... Nunca lamentes el ser feliz. ¿Entendido?

Asintió con la cabeza y se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Luego desvió la mirada hacia Duke.

-No sé cómo o porqué está aquí. Creo que es nuestro Duke. De verdad quiero creerlo, pero... ¿Podrías vigilarle?- pidió. Nathan suspiró con fastidio pero hizo un gesto afirmativo-. No le quites ojo de encima, al menos hasta que sepamos qué está pasando.

Nathan cerró los ojos, como si estuviera teniendo una terrible lucha consigo mismo, debatiéndose entre acceder o dejar salir su antiguo resquemor contra él.

-Me lo llevaré a mi casa. Así podré tenerlo vigilado. Además... tampoco tiene ningún otro sitio al que ir.

El Gray Gull había quedado destrozado durante los días que Haven estuvo encerrada en la niebla. El Cape Rouge se había hundido durante la tormenta de éter. Y Duke Crocker llevaba más de dos años muerto para todo el mundo. No quedaba en el pueblo nada que pudiera considerar de su propiedad.

Audrey le sonrió, le apretó la mano una última vez y se dirigió al coche. Sólo cuando se quedaron a solas Duke se giró para encararle. Estaba aparentemente impasible, pero la tirantez en los músculos de su mandíbula le hizo saber que estaba enfadado. Terriblemente enfadado.

-¿En qué diablos estabas pensando Nathan?- cuestionó Duke, haciendo un esfuerzo para contener el volumen de su voz-. Se suponía que debíais estar juntos. Para eso me sacrifiqué. Sí, para salvar Haven, pero también para que vosotros pudierais tener vuestro maldito final feliz.

-Es complicado- replicó Nathan.

-¿Qué coño va a ser complicado?- esta vez sí, Duke perdió los estribos- Tú la quieres. Ella te quiere. ¿Qué puede ser más simple que eso?

-Lo intenté, ¿vale? Lo intenté con todas mis fuerzas, pero no pudo ser- a duras penas pudo contener el dolor en su voz. Una parte de sí mismo había muerto con Duke, y cada vez que estaba con ella sentía la culpabilidad de todo lo que se había tenido que sacrificar para que ellos pudieran estar juntos. ¿Cómo podía amar Audrey a un hombre así? -Yo... tuve que escoger entre retenerla a mi lado egoístamente o dejarla ser feliz. Escogí su felicidad, aunque a veces duela tanto que creo que no lo podré soportar.

-Nathan...

Se le había pasado ya todo el enfado ante aquel súbito estallido de sentimientos y sinceridad. Le entendía. Le entendía muy bien porque él había tomado la misma decisión. Por ella. Por él. Por los dos. Se acercó a él y le pasó el brazo tras el cuello, a medio camino entre un abrazo y un par de palmaditas en el hombro, pero a Nathan ya se le debía haber pasado el inusual momento sentimental porque le apartó con uno de sus hirientes manotazos. Entonces lo sintió. Allí donde la mano de Nathan había tocado la suya, un calor abrasador y un dolor atroz que se extendía hasta sus entrañas. Y un segundo después la sangre, fluyendo espesa por sus venas, cargada de una vitalidad desbordante. La mano de Nathan estaba aún ensangrentada y él había absorbido su sangre.

-Nathan...- volvió a repetir, esta vez con urgencia en su voz-. Mis ojos... ¿de qué color son?- preguntó con los dientes apretados, intentando contener la mezcla de euforia y dolor.

-Blancos. Plateados. No sé, son claros- repuso, mirándole con algo de preocupación- ¿Estás bien?

-Menos mal- cerró los ojos y se concentró en absorber los efectos de la sangre sobre su cuerpo. Lo cierto era que le resultaba más fácil controlar aquel impulso cuantas más veces lo sentía. Al principio creyó que sería al revés. Como una adicción, que cada vez te arrastraba más y más. Y durante un tiempo había sido algo así. Pero entonces su mente pareció ganar la batalla. Él controlaba el problema. Había mirado al corazón de aquellas monstruosas maldiciones demasiadas veces, había visto con tanta claridad todo el mal que podían causar que jamás volvería a dejar que el problema le controlara a él. Respiró hondo y casi pudo sentir como sus ojos volvían a su castaño habitual. Nathan le miraba con clara desconfianza-. Es decir, no me alegro de tener mi problema, pero prefiero la maldición original a tener los ojos negros y acabar controlado por alguna extraña abominación del vacío- aclaró.

-Bien. Vamos.

-Sí, vámonos. Este lugar me da escalofríos. Espero que hayas mantenido en condiciones mi barco- Nathan le dedicó una mirada impávida y supo que su respuesta no le iba a gustar- Oh, venga, ¿en serio? ¿No lo habrás vendido, no?- le acusó.

-El Cape Rouge se hundió junto a medio embarcadero durante la tormenta de éter.

Duke le contempló durante varios segundos sin parpadear.

-Estás de broma, ¿no?- inquirió. Pero supo la respuesta en cuanto las palabras salieron de su boca. Mister Impasibilidad era incapaz de bromear- Oh, no me fastidies- dijo caminando desanimado hacia el Ford bronco azul del que aún no se había deshecho-. Vas a tener que pagarme el hotel- advirtió-. No llevo un duro encima- se llevó las manos a los bolsillos para comprobarlo, pero nada. Ni cartera, ni dinero, ni ninguna clase de identificación- No, nada de nada.

Nathan puso en marcha el motor antes de responder.

-Te quedarás en mi casa hasta... hasta que vuelvas a tener la documentación en orden- improvisó. No podía decirle que sería hasta que estuvieran seguros que no era un peligro para nadie.

-Bien, lo que siempre he querido, fiesta de pijamas en casa de Nathan Wuornos- bromeó. Su compañero se limitó a enarcar una ceja, al parecer sin apreciar la gracia-. Se me había olvidado tu chispeante sentido del humor- ironizó, hundiéndose en el asiento del copiloto.

El viaje hasta casa de Nathan se produjo en silencio. Duke estaba enfurruñado por la pérdida de su barco y Nathan no era el más animado de los conversadores. Finalmente aparcó el coche a pocos metros del porche.

-Dios, quien sea que me ha traído de vuelta ya podría haberlo hecho en verano- se quejó Duke, frotándose los brazos al notal el aire frío del exterior-. Sobre todo si pensaba dejarme aquí solamente con una camisa encima- clamó al cielo, como si el causante pudiera escucharle.

-Puedes usar mi abrigo hasta que te compremos uno- ofreció mientras abría la puerta de su casa. Total, yo ya no lo necesitaré más, pensó con cierta amargura.

-Esto es muy raro- afirmó, mientras seguía a Nathan por el pasillo-. Mi regreso, los problemas, yo durmiendo en tu casa... nada de esto debería estar pasando.

El policía parecía más centrado en resolver asuntos prácticos, como darle un pijama azul claro y sacar sábanas y mantas del altillo del armario, que en darle conversación, así que finalmente desistió y le dejó ir a su aire en silencio.

-Sólo tengo una cama. Las otras habitaciones son un despacho y un pequeño gimnasio- Nathan ladeó la cabeza, sopesando si debía ofrecer la habitación a su invitado o, tratándose de Duke, limitarse a enviarlo al sofá.

-Oh, no te preocupes- Duke le quitó la almohada y las mantas de las manos-. Dormiré en el sofá.

Una cosa era pensarlo él y otra que Duke lo dijera con aquella soltura. Le hacía parecer totalmente descortés.

-¿Quieres que sea yo...? Debería ir yo...

-Eh, soy yo el duro pirata, ¿recuerdas? He dormido en sitios mucho peores- aseguró con una sonrisa ladeada. Se despidió con un gesto de la mano y sin darle opción a réplica se fue al sofá.

Nathan se cambió y se dejó caer agotado sobre la cama. Realmente había sido un día de lo más extraño. Estaba seguro que mañana estaría preocupado por el regreso de los problemas, molesto por su pérdida de tacto, asustado por los peligros que todo aquello entrañaba. Pero ahora lo único que tenía en mente y que casi- CASI- le dibujaba una sonrisa en el rostro era pensar que Duke estaba de regreso. Entre los vivos. Con él. Con esa idea rondando en su mente, no tardó en dejarse arrastrar por el sueño.

oOoOo

No sabía cuánto tiempo llevaba dando vueltas, helado de frío en el sofá. Le pesaban más la pereza y el cansancio, al menos hasta que la noche fue avanzando y la temperatura disminuyendo en la habitación. Finalmente se puso en pie, se golpeó en le espinilla con algo que debía ser la mesita de noche, maldijo por lo bajo y avanzó a tientas hasta dar con el interruptor de la luz. Aguardó unos segundos pero no parecía que Nathan se hubiese despertado así que, medio aturdido y soñoliento, empezó a vagar por la casa en busca del maldito aparato de la calefacción.

Estaba junto a la puerta de la cocina, y Duke se pasó varios minutos toqueteando botones y girando la ruedecita de la temperatura hasta convencerse de que el cacharro estaba fuera de juego. Quizás había que abrir alguna válvula, o purgar los radiadores, o a saber cómo diablos tenía montado aquello Nathan. Tenía demasiado sueño y frío como pare seguir intentando averiguarlo por sus propios medios, así que recurría a la solución rápida: despertarle. Se movió a oscuras por el pasillo, se golpeó con el marco de la puerta al entrar y refunfuñó una vez más antes de llegar hasta la cama.

-Nathan- le llamó en voz baja, zarandeándolo con suavidad-. Nathan- insistió un poco más enérgico esta vez. Nunca se había parado a pensar lo difícil que podía resultar despertar con delicadeza a alguien que no tenía sentido del tacto- ¡Nathan!- gritó sin reparos esta vez.

El interpelado levantó la cabeza de la almohada y le miró con un enfurruñado puchero que le pareció de lo más gracioso. Duke carraspeó para contener la risa, porque no quería hacer enfadar más a Mister Mal Genio.

-No consigo arrancar la calefacción.

Nathan soltó un sonido a medio camino entre un gruñido y un lamento y se dejó caer de nuevo contra el colchón.

-Está estropeada. Dejó de funcionar hace un par de días y no he tenido tiempo de llamar al técnico- murmuró desde la profundidad de la almohada-. Además- se colocó de medio lado y se destapó un poco para comprobarlo-, no hace tanto frío.

-Ya, claro. Pues resulta que los niños de verdad podemos morir congelados en invierno, ¿sabes? De hecho... tú también podrías, sólo que no te darías ni cuenta- protestó, subiendo el tono de voz.

Nathan resopló y tomó nota mental de que el sueño y el frío volvían a Duke irritable. Levantó las sábanas y le hizo un gesto con la cabeza.

-¿Qué?- preguntó Duke, confundido.

-Puede que no tenga sensibilidad pero mi cuerpo aún desprende calor. Así que métete en la cama y cállate o vuelve al maldito sofá.

Duke entrecerró los ojos, no demasiado convencido.

-No estoy seguro de que sea buena idea.

-¿Que te sucede Duke Crocker? ¿Tienes miedo de que este corderito muerda al león mientras duerme?- se burló. Suponía que era por la situación, que le habían venido a la mente las palabras del reverendo Driscoll aleccionándoles de que un cordero y un león jamás podrían acostarse juntos. También las de Duke horas después queriendo dejar bien claro que él era el león.

-Ni en tus mejores sueños tendría miedo de ti- aseguró Duke, metiéndose rápidamente bajo las sábanas y acurrucándose al otro extremo de la cama. Nathan tenía razón, puede que él no lo notara pero desprendía una calor de lo más agradable en aquel ambiente helado que le hizo rotar sobre el colchón y acurrucarse junto a él.

Apretó los labios con fuerza esperando su protesta pero ésta parecía no llegar así que se incorporó un poco para mirarle y se dio cuenta de que se había quedado dormido, con una indiferencia absoluta por la situación.

-¿En serio?- murmuró- De verdad Nathan, alguna vez podrías mostrar conmigo alguna emoción- protestó, antes de volver a acomodarse a su lado y dejarse vencer por el cansancio.