Notas de Yunnie: Tercer capi, y la historia avanzando pasito a pasito. Espero que os guste.

Advertencias: yaoi/slash, lemon

Disclaimer: Haven no me pertenece, o posiblemente el final hubiera sido muy distinto y Audrey, Nathan y Duke vivieran los tres juntos como una familia feliz.

De vuelta a los problemas

El despertador sonó, y como de costumbre se le fue lo más pesado del sueño al primer toque. Podía remolonear unos cinco minutos aunque para ello debería apagar aquel molesto e insistente sonido. Nathan hizo el intento de acercarse a la mesita para apagarlo pero algo le retuvo allí, en el centro del colchón. Frunció el ceño sin comprender, hasta que un balbuceo soñoliento a sus espaldas le hizo recordar todo lo acontecido el día anterior. Su falta del sentido del tacto posiblemente explicara que no se hubiera dado cuenta de qué era lo que le retenía en la cama. Llevo la mano a su pecho, tanteó su vientre y bajó por la cadera, donde finalmente dio con la mano de Duke, que mantenía una fuerte tenaza contra él.

No sabía exactamente cómo operaba su problema pero le permitía ser de lo más funcional. No podía notar su propio cuerpo ni el contacto de Duke sobre su piel, pero de alguna manera su cerebro sabía que estaba allí, aunque no lo pudiera sentir. No tenía percepción de estar haciendo un movimiento, pero aún y así sabía exactamente que gestos tenía que hacer para deshacerse de aquel agarre. A veces fallaba un poco y ejercía demasiada o muy poca presión, pero a efectos prácticos no le daba mucho más problema.

-Duke... tengo que ir al trabajo. Es más, tú me tienes que acompañar.

Logró levantar unos centímetros la mano antes de que Duke cambiara de posición para envolverle con los dos brazos y apretarle contra él.

-Sólo un ratito más- le escuchó susurrar arrastrando pesadamente las palabras.

Estaba seguro de que estaba completamente dormido, pero no tenía la suficiente paciencia con él como para andarse con sutilezas. Así que llevó bruscamente la cabeza hacia atrás y le dio un golpe en plena frente.

-Ay, maldita sea Nathan- Duke se incorporó casi al momento, sentándose sobre la cama y contemplándole con clara desconfianza- ¿Qué haces en mi cama?- se dio cuenta de que aquel no era su camarote-. Ah espera, ya recuerdo. Tu cama. La calefacción- dijo de manera un tanto incoherente. Se llevó la mano a la frente y se frotó allí donde le había dado el cabezazo-. Dime, ¿siempre te despiertas de tan mal humor?

-Sólo cuando me despierto a tu lado.

Como siempre, su respuesta fue directa, cortante, despiadada. Duke estaba tan acostumbrado a despertar en él aquel odio inexplicable que ni se molestó en contestar. Cogió al vuelo la ropa que le lanzaba Nathan y la dejó a un lado mientras se terminaba de desperezar.

-¡Mientras lleves mis pantalones usa ropa interior!- exigió Nathan desde el otro lado de la puerta del baño.

Duke puso los ojos en blanco y esperó su turno para asearse. Un rato más tarde entraba por la puerta de la comisaría. Tenía bastante buen aspecto, teniendo en cuenta como la había dejado él un par de años atrás. La mayoría de los presentes se le quedaron mirando como si estuvieran viendo un fantasma. Cosa que técnicamente era verdad.

-Crocker, maldito cabrón- uno de los policías le sujetó de la camisa y lo estampó contra la pared-. ¿Te atreves a venir aquí después de traer de vuelta los problemas? Debería haber imaginado que esto era cosa tuya- dijo, destilando veneno a cada palabra.

-Calma Graham- Nathan le puso una mano encima, tranquilizadora pero firme. El hombre finalmente accedió a soltarle aunque el odio en su mirada no disminuyó un ápice-. Lo que sea que ha traído de vuelta a los problemas le ha traído también a él. No son cosa de Audrey ni de Duke, ¿de acuerdo?- alzó lo suficiente la voz como para que todos pudieran oírle.

-Pues no entiendo porque diablos tiene que estar él de vuelta- terció Graham.

-Me han enviado para deshacerme de los idiotas como tú- contestó Duke con una sonrisa de irónica superioridad y pasándose un dedo por el cuello en una clara amenaza de degüello.

-¡Duke!- le reprendió Nathan. Aunque lo hubiera empezado el otro no podía decirse que estuviera poniendo de su parte para suavizar la tensión. Al contrario, parecía que Duke siempre disfrutaba cabreando al personal.

Tras unos segundos de mirada desafiante Duke finalmente alzó las dos manos en señal de rendición.

-Tranquilos, no voy a matar a nadie a menos que me intente matar primero a mí- aseguró.

Nathan torció levemente el gesto. No era la respuesta más políticamente correcta, pero suponía que no podía esperar mucho más tratándose de Duke. También Graham destensó los hombros y levantó una mano para indicar que daba por zanjado el asunto, aunque cuando Duke pasó por su lado escupió a sus pies, para dejar bien claro su desagrado.

-Joseph Graham, recoge eso ahora mismo o no saldrás del edificio hasta que lo hayas fregado todo de ro-di-llas- advirtió Laverne. Por si quedaba alguna duda la mujer cerró de golpe la puerta de la entrada. Puede que no estuviera mimetizada con el edificio pero parecía sentirlo y controlarlo como cualquier órgano más. Se giró hacía Duke con una sonrisa maternal-. Me alegra verte tesoro. Mientras no intentes matarnos ni atravieses mis paredes, estoy segura de que nos llevaremos bien.

Duke se llevó una mano a la cabeza en una especie de saludo militar para indicar que había captado el mensaje. La mujer le dio un par de palmaditas en el hombro y prosiguió su camino. Apenas habían llegado al despacho de Nathan que Stan ya se encontraba llamando a la puerta.

-Nathan- se interrumpió y dirigió una significativa mirada a Duke- ¿Está aquí detenido, o como colaborador?- preguntó.

-Aún no lo he decidido- respondió Nathan.

-¡Oye!- la previsible protesta de Duke no tardó en llegar, arrancando una sonrisa contenida al policía.

-Pero puedes hablar- le tranquilizó Nathan.

-Bien. Han aparecido dos personas con los ojos totalmente sellados y sin memoria en los alrededores del parque Harson. Y Dwight me ha dicho que si le necesitas te pases por el hospital, que se quedará hasta después de comer cuando le den el alta a Paige. A Audrey. No tengo claro que nombre debería utilizar- rezongó confundido mientras se alejaba.

-Adiós a los gatitos en los árboles y a la tranquilidad- suspiró Nathan con resignada aceptación.

Primero se dirigieron al parque. Algunos de sus agentes ya habían acordonado la zona y estaban interrogando a los testigos. Una ambulancia estaba recogiendo a uno de los afectados, y Duke se dirigió hacia allá mientras Nathan hablaba con sus compañeros.

-¿Está consciente?- preguntó al médico, quien asintió con la cabeza- Bien. ¿Puedes decirme que es lo que sientes?- preguntó al afectado. Quizás hubiera algo en el diario de los Crocker que le diera una pista de a que se enfrentaban.

-Es... es como un dolor horrible que quiere desprenderse de mis entrañas y escapar. Como una fuerza bruta que golpea contra mis párpados con violencia cada vez es más fuerte. Creo que al final lo logrará- dijo con un sollozo.

Duke hizo memoria pero no recordaba nada que se pareciera a lo que ese hombre describía. Parecía ser nuevo, pero no le quedó ninguna duda de que era algo relacionado con los problemas cuando la nariz del hombre empezó a sangrar y, mezclado con la sangre, se veía un líquido negro y viscoso.

-Nathan, creo que tenemos un problema- dijo alzando la voz.

El hombre empezó a retorcerse sobre la camilla y a gritar. Tras unos segundos de agonía insoportable, sus párpados se abrieron, sus globos oculares explotaron y un chorro de líquido negro y viscoso salió despedido de ellos. Se elevó varios metros y formó cuatro bolas perfectas que partieron en cuatro direcciones. El hombre gimió una última vez y se quedó inmóvil.

El médico y Duke, que se habían agachado de forma instintiva con la explosión, se miraron con expresión horrorizada. El especialista le tomó el pulso en el cuello y negó con la cabeza.

-Está muerto- anunció justo en el momento en que Nathan llegaba.

-¿Qué diablos has hecho, Crocker?- preguntó uno de los policías, sacando el arma y apuntándole.

-No he sido yo- se defendió, y supo en ese momento que iba a repetir infinidad de veces aquellas palabras. Miró a Nathan buscando apoyo pero también este le miraba con desconfianza- Nathan- le llamó en tono suplicante. Le importaba una mierda lo que pensara aquel otro policía o Haven entero, pero le daba la sensación de que algo moría dentro suyo cada vez que Nathan estaba dispuesto a creer lo peor de él.

-Claro, te crees que somos gilipollas. Como si fuera coincidencia tu presencia y la muerte de inocentes- acusó el hombre, quitando el seguro del arma.

-Vamos a calmarnos, todos- pidió Nathan-. Hasta que aclaremos que ha pasado, Duke es tan inocente como todos los demás.

Pero tú ya me has condenado, pensó Duke. Lo veía en sus ojos, en la tensión de su cuerpo, en la forzada calma de sus palabras. Siempre era lo mismo, Nathan acusándole sin palabras y él tragándose lo mucho que dolía su desconfianza para fingir que nada le importaba.

-No ha sido Crocker. Lo que fuera que ha pasado ya estaba dentro de este hombre antes de que él llegara- explicó el doctor, que estaba examinando el cadáver.

-Gracias- clamó Duke, haciendo un gesto exagerado hacia él.

-El examen forense lo confirmará, pero estoy seguro que encontraréis restos de éter dentro de él- añadió. Se dio cuenta de que todos le miraban con curiosidad-. Ah, recibí uno de los problemas de Crocker durante el caos en el Gray Gull, justo antes de la niebla. Sé un poco de que va la cosa.

-Bueno, al menos parece que esta vez estamos más preparados para enfrentarnos a... lo que sea esto- hizo notar Nathan-. Mandadle el cadáver a Gloria. Ella sabrá que hacer- dijo a sus agentes-. ¿Te importa acompañar a la segunda paciente? Sé que puede ser peligroso, pero si vamos a tener una epidemia de éter me gustaría conocer los síntomas y el tiempo que tenemos para evitar que se libere- indicó al doctor. Si es que era posible evitarlo, aunque prefirió guardarse el pesimismo para él.

De allí fueron al hostal del pueblo, donde habían alojado a sus viajeros del tiempo hasta que consiguieran averiguar cómo devolverlos. Dwight los había dejado a cargo de la vieja Guardia, que había hecho bien su trabajo interrogando tanto a los que habían llegado desde 1907 como a los trabajadores de su época. Al parecer el único punto común era que todos ellos habían visto al viejo Stuart antes de que los dos momentos temporales se fusionaran, así que suponían que era cosa del viejo conserje. La Guardia ya le estaba buscando y Nathan no creía que aquello pudiera deshacerse sin él, así que les dejó a cargo de aquel problema y fueron al hospital.

Audrey estaba en pleno arranque de personalidad Paige cuando llegaron, asegurando que iba a patear el culo del médico si no le daba el alta de una buena vez. Y le había parecido tímida cuando la conoció, como cambiaba alguna gente cuando tomaba confianza...

-Oh, chicos- sonrió al verles y pareció que su genio se aplacaba, dejando paso a la más sosegada Audrey.

Dwight pareció infinitamente agradecido de que su presencia actuara como un bálsamo de calma sobre su esposa y dejó en el suelo al pequeño James, que mordisqueaba distraído alguna clase de juguete.

-Tío Nathan- rió el pequeño en cuanto le vio, corriendo hacia él.

-Hola hombrecito- le tomó en brazos y le dio un par de vueltas en el aire, como sabía que le gustaba.

-Oh Nathan, Dios mío, Nathan- susurró Audrey. La sonrisa se le había borrado totalmente del rostro, sustituida por una mueca de horror-. Deberíamos decirle que eres... "su padre"- las dos últimas palabras se limitó a vocalizarlas sin voz para evitar que el pequeño lo oyera.

Nathan negó con la cabeza, todavía jugueteando con James entre sus brazos.

-Ahora eso sólo le confundiría. Ya habrá tiempo más adelante.

Todos los adultos pudieron notar la tristeza en su voz y el momento de incomodidad se alargó hasta que Duke optó por romperlo con la pregunta de rigor.

-Bueno, ¿Cómo te encuentras, Audrey?

Por el ambiente relajado de la habitación y lo animada que estaba ella cuando habían llegado era obvio que en perfectas condiciones, pero todos agradecieron el cambio de tema.

-Sólo tengo una contusión en el hombro. Pero como estoy embarazada han insistido en que pase la noche en observación.

La conversación que siguió fue tan relajada entre los cuatro que parecía que todo hubiera vuelto a la normalidad de los viejos tiempos. La única diferencia estaba en que era la mano de Dwight la que Audrey sostenía entre las suyas, y que el pequeño James reclamaba de vez en cuando atención. Cuando rato después la doctora pasó para dar el alta a Audrey, Nathan y Duke optaron por dejar sola a la familia.

-Necesito ropa- indicó Duke mientras salían del hospital. Aunque Nathan le había dejado sus pantalones más anchos, le apretaban un poco en la cadera. No era muy molesto al principio, pero conforme pasaban las horas empezaba a ser incómodo.

Nathan puso su mejor cara de eres un maldito fastidio pero al final asintió con la cabeza. No podía ir por el mundo con ropa prestada, sobre todo si era él quien se la debía prestar.

-Pararemos en el centro comercial.

-No te preocupes, puedes dejarme allí y así seguir haciendo tus cosas de poli- su compañero le miró impertérrito-. Eh, soy capaz de vestirme solo. De hecho, tengo mejor gusto que otros- aprovechó para soltar.

-¿Y cómo piensas pagar?- inquirió Nathan, sin cambiar un ápice el gesto.

Duke levantó una mano para replicar, pero tenía razón. Había aparecido sin dinero, sin casa, sin tarjetas y obviamente su cuenta corriente ya no existía en el banco después de dos años muerto. Pero eso no hacía que le fastidiara menos darle la razón.

-Puedes dejarme tu tarjeta de crédito- sugirió.

-Buen intento. Sube al coche. Te acompaño.

Al menos lo había intentado, pensó Duke. Pues pensaba fundirle la tarjeta de crédito. O la paciencia, lo que posiblemente ocurriría primero. Por suerte para Nathan Gloria le llamó un par de horas después diciendo que tenía noticias que debían comentar en persona, así que Duke sólo había conseguido tres pantalones, dos camisetas, un par de camisas, unas botas y un abrigo. Y naturalmente varios gruñidos de protesta. Por supuesto, nada de ropa interior. A veces la llevaba, pero valía la pena obviar ese hecho sólo por verle refunfuñar.

En cuanto entraron al depósito Gloria le dio un pescozón a Nathan.

-Sé que no te ha dolido físicamente, pero espero que haya atacado tu orgullo Nathan Wuornos. Al primer sitio al que deberías haberle traído es aquí- rezongó la vieja forense. Dicho lo cual se puso de puntillas para abrazar a Duke-. Muchacho, ¿de verdad eres tú? No tienes idea de cuánto te he echado de menos.

-Debes ser la única- Duke le devolvió con gusto el abrazo.

-No digas tonterías. Ese poli gruñón de ahí te ha llorado como el que más, aunque le guste ir de tipo duro- aseguró la mujer-. Bueno, un día de estos os invitaré a todos a cenar a mi casa y podrás ponernos al día sobre dónde has estado todo este tiempo- no le pasó desapercibido como Duke se tensaba y estremecía ante la idea-. O nos limitaremos a tomar comida basura y beber alcohol- rectificó-. Pero ahora tenemos que hablar de esto- destapó la mitad superior del cadáver que tenía en la camilla de operaciones-, y lo que os voy a decir no os va a gustar.

Sin mucho preámbulo, Gloria les explicó que la sangre de aquel hombre tenía restos de un líquido viscoso que parecía ser éter. Su temperatura interna era más elevada de lo normal y entre la garganta y la cavidad ocular había encontrado una bolsa de tejido con un aspecto bastante repulsivo que parecía haber contenido gran cantidad de éter. Había estado hablando con los dos otros afectados- los chicos del departamento de policía habían encontrado un tercer caso- y todo empezaba con lo que parecía una repentina fiebre y sensación de nauseas. En pocas horas los ojos quedaban sellados y los enfermos sufrían un dolor de cabeza tan atroz que les habían tenido que sedar. En el primer hombre todo el proceso había sido rápido pero en los dos que seguían con vida parecía estar tardando mucho más. Quizás debido a los narcóticos.

-Una bolsa de acumulación de éter. ¿Quieres decir que Haven está lleno de personas que están fabricando éter en su cabeza como si fueran una maldita incubadora viviente?- preguntó Duke.

-Esa sería una buena descripción, sí- confirmó la mujer.

-Genial- ironizó.

No podían hacer mucho más allí así que pasaron por la comisaría a recoger los informes sobre los afectados y fueron a casa de Nathan. El sol empezaba a desaparecer por el horizonte cuando llegaron, llevándose los pocos restos de calor que habían tenido aquel día. Se sentaron alrededor de la mesita del salón para intentar encontrar una relación entre los afectados, y Duke bromeó acerca de prender fuego al sofá para calentarse si Nathan no hacía arreglar la calefacción.

-Mira- Duke señaló el puesto de trabajo de los dos últimos afectados- los dos trabajan en la misma manzana. Aunque el primero lo hace en la crepería de Franny. No tiene nada que ver.

-Eso es. La crepería se trasladó el año pasado. Ahora está también en la calle Halley. Es donde hubo la explosión ayer, unas horas antes que en la conservera.

-Oh por dios Nathan, dime que no vamos a convertirnos nosotros también en una incubadora ambulante- rezongó.

-No, los síntomas ya habrían empezado en los trabajadores o en cualquiera de nosotros. Además, nuestra explosión tenía viaje en el tiempo y muertos que resucitan. No creo que sea lo mismo.

Duke suspiró aliviado y Nathan decidió que al día siguiente pondría a los agentes a localizar a todos los trabajadores de la calle Halley, sólo por si acaso.

-Y ahora me voy... nos vamos a correr- se corrigió Nathan. Duke enarcó una ceja y le miró como si hubiera dicho algo totalmente carente de sentido- ¿Por qué te crees que soy el más rápido de la comisaría? No he dejado de correr desde el instituto.

Duke ladeó la cabeza. De algún modo aquello le pegaba, sí. Lo que estaba totalmente fuera de lugar es que le propusiera ir con él.

-Tengo una norma. Sólo corro cuando me persigue un agente de la ley. O tipos armados- añadió.

-Puedo perseguirte con el arma en la mano- ofreció Nathan.

-No, no puedes. Ni si quiera quieres que vaya contigo en realidad... Ah, ya entiendo. Estoy bajo arresto domiciliario. No os fiáis de mí.

Ahora encajaba todo. Audrey hablando a solas con Nathan cuando él había aparecido. Dwight cuchicheando con Nathan por lo bajo cuando estaba distraído en el hospital. Y sobre todo, Nathan pasando tanto tiempo con él.

El policía mantuvo su mejor cara de póker, que más o menos equivalía a un "tienes razón pero no lo pienso admitir" y Duke cruzó los brazos sobre el pecho en señal de desagrado. Se miraron durante rato en silencio, obstinados en mostrar su disgusto con la situación, y finalmente fue Duke el que cedió.

-Vale, puedes ir a correr tranquilo. No voy a tramar planes malignos ni a marcharme de aquí- le aseguró. Nathan no se movió un ápice-. Te lo prometo.

No demasiado convencido, Nathan accedió. Se puso ropa deportiva y con una última mirada de advertencia a Duke, salió a correr. Era una hora para sí mismo que le encantaba, porque no tenía que pensar en nada ni en nadie. Se limitaba a moverse, el mundo danzando a velocidad a su alrededor.

Lo primero que notó al regresar fue que las luces parecían apagadas. Entró a toda prisa, llamando a Duke, pero no hubo respuesta. Soltó una maldición. Ya sabía que no se podía confiar en él. Dejó las llaves sobre el mueble, cogió el teléfono e iba a dar orden de búsqueda cuando un sonido apagado llamó su atención. Venía de la planta inferior así que abrió la puerta que daba al garaje. La luz estaba encendida y al bajar se encontró a Duke con varias herramientas esparcidas por el suelo, concentrado en desmontar algo.

-Ah, Nathan- le sonrió brevemente al verle-. Estaba intentando arreglar la calefacción, pero creo que tu caldera ha muerto definitivamente. Vas a tener que comprar otra- dijo, girándose hacia él- Ugh, apestas Nathan Wuornos. Ya te puedes ir a la ducha- exigió, señalándole con la llave ingresa que tenía en la mano-. Inmediatamente- recalcó.

Nathan no parecía tener muy claro que pensar de la situación pero finalmente se limitó a asentir con la cabeza e irse, Duke supuso que a la ducha. Así que recogió por encima el desorden que había organizado y subió a preparar la cena. No es que hubiera mucho en la nevera para escoger así que se limitó a preparar unas tortillas con un poco de puré de patatas. Nathan tendría que incluir la compra en sus actividades supervisadas de mañana.

-¿Nathan?- le llamó dubitativo, porque estaba tardando más de lo esperado. Siempre había creído que era de esos que se duchan en cinco minutos, pero la cena se estaba enfriando y aún no había regresado. Abrió indeciso la puerta del cuarto de baño. Nathan estaba junto a la ducha, todavía mojado y vestido solo con la ropa interior. La barba de un par de días que lucía había desaparecido, así que posiblemente estaba tardando tanto porque se había afeitado antes- ¿Por qué estás temblando?- se dio cuenta.

Nathan frunció levemente el ceño y se miró. Sí que temblaba levemente, supuso que a causa del frío.

-Ah, no noto la temperatura del agua y alguna vez me he quemado sin darme cuenta, así que para evitarlo siempre la dejo totalmente fría- intentó no darle importancia, pero como siempre que hablaba de su problema, Duke pudo notar su incomodidad.

Tantos años y Duke todavía no se hacía una idea de la cantidad de pequeñas cosas cotidianas que suponían un problema para él. Antes de darse cuenta ya había cogido la toalla y se la había puesto por los hombros.

-Entonces deberías secarte enseguida- dijo, recogiendo con cuidado las pocas gotas de agua que se le escurrían por la nuca-. Estás helado- murmuró con preocupación, acomodándole la toalla y frotando sus brazos con suavidad.

Durante varios segundos ninguno se movió y la cercanía entre ambos se hizo más que evidente.

-¿Por qué haces esto, Duke?

-Bueno...- apartó las manos de su cuerpo, aunque seguía tan cerca que podía notar la calidez de su respiración, incapaz de alejarse de él- mientras tu calefacción esté estropeada y tenga que dormir en tu cama, no quiero un compañero cargado de virus que me pueda contagiar- replicó.

Ni si quiera al propio Duke le había parecido creíble aquella excusa improvisada por lo que el desconfiado resoplido de Nathan le pareció de lo más normal.

-En serio Duke, ¿qué es lo que esperas conseguir?

-Sólo estaba intentado ser amable. ¿Por qué siempre tengo que esperar algo?

Nathan cogió el pijama y pasó a su lado dirección a la puerta.

-Porque eres Duke Crocker. Nunca has hecho nada por mí sin esperar algún beneficio a cambio- replicó justo antes de salir.

Duke cerró los ojos y exhaló con pesadez. Así de sencillo. Así de cruel. Puede que en alguna ocasión fuera cierto, pero se había pasado la vida cuidando desde la distancia de él. Aún y así, Nathan realmente creía que lo único que había por su parte era egoísta interés. Estaba claro que había hecho algo terriblemente mal con aquella relación, y no tenía la menor idea de cómo lo podía arreglar.