Notas de Yunnie: En este capi tenemos un poco de acción con los problemas. Y es que no vamos a perder la esencia de Haven, ¿verdad?

Advertencias: yaoi/slash, lemon

Disclaimer: Haven no me pertenece, o posiblemente el final hubiera sido muy distinto y Audrey, Nathan y Duke vivieran los tres juntos como una familia feliz.

Confusión

De buena mañana la comisaría ya era un hervidero de actividad. Dwight estaba al teléfono, al parecer discutiendo con alguien sobre la necesidad de que su hija llevara chaleco a todas horas. Incluso en la escuela, se aseguró de recalcar. Audrey, que estaba repasando algunos informes tras la mesa, se acercó como un autómata hasta Duke en cuanto olisqueó el café.

-¿Todavía lo tomas solo?- preguntó- Entonces este- le pasó el que llevaba en la mano derecha cuando asintió-. Descafeinado. Nathan lo ha recalcado como... veinte veces.

Audrey les fulminó con la mirada, primero a uno y luego al otro, pero igualmente cogió el vaso y se lo llevó sujeto entre ambas manos como si fuera un tesoro. Dwight había colgado al fin y por la expresión que lucía Nathan supo que pasaba algo. Se sentó recostado en la mesa del comisario en aquella vieja costumbre que tanto molestaba a su padre.

-¿Queréis las buenas o las malas?- preguntó Dwight.

-Ah, ¿pero tenemos buenas noticias en Haven?- ironizó Duke, intentado coger sin éxito una galleta de la caja. Y es que Audrey las protegía como si le fuera la vida.

-La buena es que al parecer podemos evitar que los afectados de la calle Halley exploten. Gloria los mantiene atiborrados a sedantes en la sala que hay junto a la morgue y están estables. Están trabajando en algún modo de sacar el éter del interior sin que mueran y sin que se convierta en un nuevo problema.

Eso definitivamente era algo bueno, porque en los últimos cuatro días el total de afectados había ascendido a siete. Muchas muertes que se evitarían, tanto de los enfermos como de los problemas que surgían de ellos.

-Suelta la mala Big Foot- le instó Duke, tras lo cual casi se atragantó porque Audrey aprovechó su momento de despiste para intentar recuperar la galleta que previamente le había robado.

Duke se la metió de golpe en la boca, tragando tan de prisa que no tuvo tiempo de masticar. Dwight suspiró con paciencia y le golpeó la espalda hasta que se recuperó.

-Pues esas son las que no le gustan- advirtió el grandullón-. La mala es que nuestra explosión tampoco estuvo exenta de efectos secundarios. Al parecer todos llevamos un problema latente dentro... Cada día alguno de los que estuvo en Hersen e Hijos ha exteriorizado un problema, se ha pasado todo el día con él y al anochecer ha volado de su interior.

-¿Problemas itinerantes?- preguntó Audrey- Eso es nuevo.

-No exactamente. Los chicos de la guardia los están siguiendo para ver a qué familias van a parar, porque una vez salen del portador parecen quedarse de manera definitiva en su nuevo huésped- explicó Dwight.

-Así que sí estamos siendo incubadoras de problemas, después de todo. Genial. Como si no fueran suficiente todos los que llevo dentro- se quejó Duke.

-Nathan, ¿le has pegado de buena mañana?- bromeó Audrey- Hoy está de lo más gruñón.

-Vale chicos, la Guardia ha encontrado a Stuart- anunció Dwight tras leer el mensaje que acababa de recibir-. En marcha. Si tenemos suerte podremos devolver diecisiete problemas a 1907 antes de que se liberen por aquí.

Nathan cogió las llaves del coche y Duke le siguió mientras se preguntaba porque diablos siempre daban por supuesto que quería ayudar.

-¿Dónde crees que vas, Audrey?- inquirió Dwight al ver que también ella cogía su abrigo.

-A ayudaros con el problema de Stuart.

-De eso nada, puede ser peligroso. Te quedarás aquí y así podrás coordinar nuestros movimientos.

-Cielo, te recuerdo que soy la única inmune al problema de Stuart. Y aunque no lo fuera, iba a hacer falta algo más grande que tú para impedirme ayudar- afirmó, tomándole la delantera.

Poco después llegaban en dos coches al lugar indicado. McHugh y otra muchacha de la guardia estaban esperando en la puerta de una casa de dos pisos bastante descuidada.

-Ha aparcado ese viejo jeep ahí- decir aparcar era muy generoso por parte de McHugh porque estaba medio subido en la acera de cualquier manera- y se ha metido en la casa a toda velocidad. Os estábamos esperando para entrar.

Apenas había terminado de pronunciar las palabras cuando vieron un fogonazo de luz en el interior de la casa.

-Oh, oh- murmuró Dwight con cara de preocupación.

-¿Oh, oh? No me gusta cómo suena- afirmó Audrey.

-Vi esa luz justo antes de que 1907 apareciera en la conservera- explicó, recolocándose el chaleco antibalas en un acto reflejo-. Vamos.

-¿Qué diablos es ese ruido?- inquirió Duke cuando llegaron al porche.

Desde el interior de la casa se escuchaban gritos, resoplidos y un preocupante chirrido metálico.

-Suena como... ¿un caballo?- aventuró Nathan mientras giraba el pomo de la puerta de entrada. Esta cedió con facilidad así que abrió con cautela... y de repente salió despedido hacia atrás.

La mujer de la guardia que le seguía a pocos pasos fue suficiente rápida para apartarse a un lado, y fue una suerte porque de repente salió un hombre montado a caballo del interior de la casa, con una lanza en la mano. El resto del grupo tuvo el tiempo justo de apartarse de su camino antes de que el caballo bajara las escaleras del porche de un salto, y animal y jinete se perdieran calle abajo.

-¿Pero qué mierda...?- McHugh no tuvo tiempo de acabar su pregunta porque por el pasillo apareció una figura vestida con armadura medieval blandiendo una espada de dos manos. Duke se apresuró a rotar sobre sí mismo y proteger a Audrey con su cuerpo mientras Dwight y los miembros de la guardia le salían al paso. Nathan ya se había recuperado del impacto y se acercaba hasta ellos moviendo en círculos el hombro que se había golpeado para asegurarse que no estaba roto.

-Estoy bien, deberías ir a ayudarles- indicó Audrey.

-Ah no, de eso nada. No pienso acercarme a un montón de gente con problemas cuando hay una espada cerca- objetó Duke.

-Duke... están intentando reducir a un tío con armadura. Hace falta algo más que un hombre normal para lograrlo- dijo, mirándole de manera significativa.

La entendió perfectamente. Empápate de sangre problemática y serás más fuerte que el metal que le cubre, decían los ojos de la chica. Pero ella no entendía lo que le estaba pidiendo. Podía controlarlo, sabía que podía. Pero ya había sucumbido una vez a su macabro destino y aunque creía que era más fuerte, no estaba dispuesto a tentar a la suerte. O eso pensaba hasta que el hombre de la armadura consiguió salir del pasillo y, con espacio para maniobrar, empezó a causar estragos en sus compañeros.

Primero fue la mujer, que se llevó un tremendo corte en la espalda y se quedó inmóvil en el suelo, seguramente inconsciente. Luego fue Dwight, que consiguió agacharse a tiempo y no perder la cabeza por centímetros, aunque el guerrero le dio una patada con aquellas pesadas botas de metal que le hizo soltar un alarido de dolor. Y por último fue Nathan, quien se interpuso en medio para evitar que le diera el golpe final al Big Foot. Le había empujado a tiempo y ambos habían rodado por el suelo fuera del golpe mortal, pero Nathan lo había pagado llevándose un buen corte en la cadera. Duke se había movido sin pensarlo y ayudó a su amigo de la infancia a ponerse de nuevo en pie.

-¿Estáis bien?- inquirió.

Nathan asintió, insensible al dolor. Dwight se limitó a gruñir mientras comprobaba el estado de su sangrante nariz. Por suerte no parecía rota.

-Lo siento chicos- se disculpó Duke, y antes de que cualquiera de ellos entendiera porque lo hacía tocó la sangre de ambos, uno con cada mano.

Sintió el leve temblor que sacudía su cuerpo, el molesto dolor en las entrañas y sobretodo el enorme subidón de energía y adrenalina que le dejaba con aquella sensación de ser invencible. El tío de la armadura estaba otra vez frente a ellos pero cuando intentó dar un nuevo mandoble Duke se apartó unos centímetros a un lado, a una velocidad de vértigo, interceptando el golpe con sus brazos. Posiblemente luego le dolería horrores porque había notado claramente el impacto contra el metal de los brazaletes, pero en esos momentos lo único que sintió fue la satisfacción de haber podido parar la embestida sin perder un centímetro de su posición. A aquello le siguieron unos segundos de pelea desordenada en la que Duke consiguió que el tipo soltara su espada. Nathan y McHugh se incorporaron a la refriega y por fin consiguieron reducirle. Duke le quitó el yelmo y ante ellos apareció un tipo de pelo desgreñado con la cara sucia y expresión de odio.

-Los infieles deben morir- gritó el desconocido.

-Sí, los infieles deben morir- se escuchó la voz de Stuart, repitiendo sus palabras como si fuera un autómata.

Sólo entonces se dieron cuenta de que en el centro del comedor había una pila de leños alrededor de un palo. Una aterrorizada adolescente estaba atada a él, y Stuart continuaba apilando madera a sus pies.

-¿Pero qué diablos?- Duke ni siquiera supo como terminar la frase cuando vio que el viejo conserje encendía una cerilla con intenciones más que claras de prender fuego a la muchacha.

Hubo un poco de caos con todo el mundo corriendo a un tiempo pero consiguieron evitar el desastre.

-Ha perdido definitivamente la cabeza- dijo Nathan.

-No chicos, creo que sólo está confundido- Audrey acababa de llegar hasta ellos y tenía la mirada fija en la pantalla de televisión que estaba olvidada al fondo de la pared-. Mirad.

Cuando se fijaron en la tele vieron que se reproducía una película de ambientación medieval. El tribunal de la inquisición estaba ajusticiando a una muchacha, posiblemente por bruja. Seguramente allí habría visto también el hombre a caballo y el guerrero de la armadura.

-El día que empezaron los problemas recuerdo que estaban dando una película sobre el auge de la industria a principios del siglo pasado. Y hace dos días emitieron la película del hombre de las nieves, lo que posiblemente explicaría la cantidad de llamadas que recibimos informando que había osos blancos gigantes y humanoides extraños- siguió explicando Audrey. Stuart la miró con expresión culpable-. Estás reproduciendo lo que ves en la televisión. Pero, ¿por qué?- preguntó, llegando hasta él y tocándole el hombro con aire tranquilizador.

Stuart adoptó un profundo aire de tristeza antes de recoger el mando de la televisión del sofá y poner un video. Era una boda, y en ella aparecía Stuart en una de las mesas, junto a una mujer.

-Mi esposa estaba viva entonces. Mi familia siempre ha tenido esta maldición. Vemos algo en la televisión y aparece en la realidad. Por eso siempre nos deshacemos de ellas cuando empiezan los problemas. Pero entonces pensé- hizo una pausa, como si necesitara coger fuerzas para continuar-, pensé que si tenía esta habilidad, quizás pudiera traer de vuelta a mi mujer. Ella no debería haber muerto en aquel accidente. No debería- sollozó.

-Hacer real lo que aparece en la tele... Supongo que debemos estar agradecidos de que la programación de esta semana no incluyera Godzilla o Jurasic Park- masculló Duke.

Audrey le dirigió una mirada asesina antes de seguir hablando con el hombre.

-Stuart... sé que la echas de menos, pero tienes que parar. Así solo vas a conseguir que la gente acabe herida, y ella...

-Lo sé. Sé que no puedo traerla de vuelta. Sólo puedo hacer aparecer la ficción, lo que nunca ha sido real- se lamentó.

-Entonces tienes que parar, Stuart. Tienes que hacer desaparecer todo esto- insistió Audrey.

El hombre asintió con la cabeza y, con los ojos anegados en lágrimas, apagó el televisor. Al instante la muchacha de la hoguera desapareció, igual que el hombre de la armadura y suponían que todo lo demás.

-Dios, la necesito tanto- se lamentó el hombre, y cayó al suelo como si ya no pudiera soportar más su propio peso a causa de tanto dolor-. Yo iba conduciendo. Debería haber muerto yo- se lamentó.

Todos permanecieron en el más absoluto silencio mientras Audrey le dedicaba palabras de consuelo. Un rato más tarde, y con la promesa de que Stuart acudiría al psicólogo del hospital para ayudarle a superar su pérdida, abandonaron finalmente el lugar.

-Cielos- el dolor había aparecido tan repentino y tan fuerte que Duke apenas tuvo tiempo de sujetarse a la barandilla de las escaleras para no caer. Tenía la sensación de que le habían roto un brazo. Sabía que no era así porque podía mover los dedos de la mano, pero el dolor era tan insoportable que se le estaba nublando la visión. El costado y el pie derecho no tenían un aspecto mucho mejor-. Sabía que pasaría esto. Maldita sea, lo sabía- gruñó. No sabía en qué momento había aparecido Nathan a su lado. No le dijo una palabra pero le pasó un brazo por la cintura y le ayudó a caminar en dirección al coche-. Deberíais pagarme por esto, ¿sabéis? El trabajo sucio siempre lo acabo haciendo yo.

-Oye, esa no es tan mala idea- se sorprendió Audrey. El resto la miró sin seguirla-. Quiero decir, que Duke siempre nos ayuda. A la policía de Haven. Debería recibir un sueldo como asesor. Sobre todo ahora que no tiene nada más.

-¿Estás de broma, no, Audrey? Yo, recibiendo un sueldo de la policía. Por si esta nueva personalidad tuya no lo tiene claro, soy Duke Crocker. Contrabandista de mucha honra.

-Será solo temporal. Hasta que ahorres lo suficiente para que puedas comprar un nuevo barco y puedas... ya sabes. Volver a ser un pirata- ofreció con una sonrisa.

-No es mala idea- coincidió Dwight-. Lo cierto es que nos ayudas más que la mayoría de los agentes y quién sabe, igual le acabas pillando el gustillo a esto de ser buen ciudadano. Mañana arreglaremos el papeleo- decidió-. Pero ahora mismo, vosotros dos os vais al hospital- ordenó.

Duke tenía un aspecto claramente horrible. Nathan estaba impasible, pero teniendo en cuenta que no sentía el dolor, no era indicativo de que se encontrara bien. Tras una pequeña discusión, los dos acabaron por acceder, y Dwight tuvo la sensación que era más por que se callara que porque creyeran que había una necesidad. Una hora después llegaban a casa de Nathan, con antibióticos para evitar problemas con la herida del policía y varios analgésicos para Duke.

-¿En serio vas a correr?- preguntó Duke cuando le vio aparecer con la ropa de deporte.

-Nada de alcohol mientras estés tomando medicamentos- le reprendió Nathan, quitándole la cerveza recién abierta que tenía en la mano-. Claro. No me han tenido que dar puntos así que estoy bien- arguyó.

Duke dudaba mucho que ese razonamiento fuera lógico pero tampoco iba a conseguir que cambiara de opinión.

-Vale, pues aquí estaré cuando vuelvas. Sobrio y aburrido porque alguien no me deja beber- añadió de manera punzante.

Nathan se limitó a ignorarle y salir a correr. Duke ya le había pillado más o menos el tiempo que tardaba, así que cuando faltaban unos diez minutos se dirigió al cuarto de baño. Había sido un día duro para los dos, y aunque Nathan se empeñara en negarlo estaba seguro de que su cuerpo se resentía de los estragos de aquella pelea tanto como el que más. Abrió el agua y cuando estuvo tibia puso el tapón y dejó que la bañera se llenara. No tardó en escuchar la puerta de entrada.

-Nathan, en el lavabo- indicó, alzando la voz para que le pudiera escuchar.

El policía entró con cierta desconfianza, expresión que acentuó cuando vio la situación. La bañera estaba llena y sobre el mármol de la pica había un par de velas junto a un mechero.

-Te he preparado el baño- explicó Duke al ver que le miraba desde la entrada con clara suspicacia-. El agua está a la temperatura ideal, no te quedarás congelado ni te vas a quemar- añadió al ver que no reaccionaba. Por si le quedaba alguna duda metió la mano casi hasta el codo en el agua- ¿Ves?

Nathan pareció ceder un poco y entró, dejando el teléfono en una estantería de cristal.

-Mientras iré a preparar la cena. Tú quédate aquí y relájate- le indicó.

-¿Por qué?

-Porque ha sido un día de mierda. Tu mente quizás no se da cuenta pero estoy seguro que tu cuerpo está tan hecho polvo como el mío.

-No. Quiero decir que por qué...

Dejó la frase en el aire pero Duke le entendió a la perfección.

-¿Que por qué Duke Crocker es tan amable?- inquirió. Nathan se limitó a asentir levemente con la cabeza. Porque siempre lo he sido Nathan. Tú eres tan tozudo que no te das ni cuenta pero siempre me he preocupado por ti, mucho más que por nadie, pensó. Pero no podía decir esas palabras que siempre tenía atascadas en la garganta. Eso traería muchas preguntas que no quería contestar- Ya sabes- dijo con un indiferente encogimiento de hombros-, estoy viviendo en tu casa, comiendo tu comida y, espero que dentro de poco, disfrutando de tu dichosa calefacción. No me gusta deberle favores a nadie y ahora que soy un honrado ciudadano lo justo es que te lo pague de alguna manera. Y con dinero no va a ser- se aseguró de recalcar.

Nathan ladeó levemente la cabeza y finalmente asintió.

-Gracias- murmuró de manera casi inaudible.

Duke sonrió. Había estado a punto de atragantarse con la palabra, era más que evidente, pero la había dicho de todas maneras. Algo era algo.

-¿Te apetece carne o pescado para cenar?

-Tacos- respondió de inmediato.

-¿Tacos? Eso no es nada sano, Nathan Wuornos- el interpelado enarcó las cejas y le miró con algo de decepción-. Ah, está bien- tuvo que acceder. Era imposible negarle algo cuando ponía esa cara de corderito degollado.

Duke se lo tomó con calma, dejándole algo de tiempo para disfrutar del baño mientras preparaba varios tipos de carnes y verduras para los tacos. Y su salsa especial, que solía hacer las delicias de los clientes del Gray Gull. Esperó más de cinco minutos después de acabar, pero Nathan no aparecía y no escuchaba ningún ruido desde el final de la casa.

-¿Nathan?- le llamó, acercándose al cuarto de baño. No le contestó nada así que llegó y entreabrió la puerta- Va a quedarse la cena helada...

Se lo encontró todavía metido en la bañera. Estaba recostado contra la pared del fondo y se había quedado completamente dormido. Por fin había dejado salir todo el cansancio del día, así que tenía un aspecto completamente relajado. No quería despertarle bruscamente así que se agachó a su lado y le tocó el hombro con suavidad.

-Nathan...

Estaba totalmente fuera de juego, resultaba obvio por la tranquilidad con la que su pecho subía y bajaba. Rodó los ojos y se sentó en el suelo, a su lado, de manera que quedaba cara a cara frente a él. Le contempló en silencio varios segundos antes de volverlo a intentar.

-Nathan- insistió a media voz, tocándole la mejilla con suavidad.

Nathan sonrió en su sueño, pero aparte de eso no hubo más reacción. Sólo él sabía con que estaría soñando, pero la expresión satisfecha se quedó fijada en su rostro, dándole un aspecto mucho más suave y juvenil que el que solía mostrar.

-¿Sabes? Algún día podrías sonreírme así a mí- susurró, acomodándose en el suelo para contemplarle mejor.

oOoOoOoO

-Duke...

Alguien repetía su nombre, estaba seguro de ello. Pero tenía la certeza que si abría los ojos aquel horrible martilleo volvería a golpear dentro de su cabeza, por no mencionar el irritante dolor de espalda. Y el brazo... era como si alguien se lo estuviera intentando partir en dos.

-Duke.

Esta vez pronunciaron su nombre de manera más firme, así que no le quedó más remedio que despertar.

-¿Qué haces ahí?- preguntó Nathan, señalando con la cabeza para recalcar su incómoda postura en el suelo.

Todavía un poco desubicado, contempló a su alrededor. ¿Se había quedado dormido mientras miraba dormir a Nathan? Algo estaba terriblemente mal en aquella ecuación.

-Vine a decirte que estaba la cena preparada y... no sé. Estabas durmiendo y parecías tan relajado que no te quería despertar. Luego supongo que fui yo el que me quedé dormido... no lo recuerdo, creo que los analgésicos no me han sentado bien- se excusó, llevándose una mano a la frente en un intento de calmar el dolor. No sólo era una excusa de lo más creíble, es que además era verdad.

Nathan se levantó de la bañera y le rozó cuando se inclinó para coger la toalla. Duke suponía que se estaba secando pero todavía le costaba horrores centrarse.

-Vete a la cama, Duke- le instó al ver la mueca de dolor que componía.

-No puedo, la cena... Seguro que se ha enfriado. La tengo que calentar.

Nathan negó con la cabeza. Le hablaba con bastante lógica pero daba la impresión de estar totalmente ausente. Seguramente el cóctel de medicamentos le había sentado mal.

-Ya lo haré yo- le tranquilizó mientras se ponía el pijama.

-Pero...

-Ve a la cama Duke. Puedo encargarme yo- le aseguró.

Duke cerró con fuerza los ojos y se cubrió el rostro con las manos. Cielos, como le dolía todo. Sintió que Nathan tiraba de su brazo para ponerlo en pie y él siguió el movimiento por pura inercia.

-¿Serás capaz de llegar a la habitación tú solo?- preguntó. Duke hizo un asentimiento así que Nathan le guió hasta la puerta y le dio un suave empujoncito para que se pusiera en marcha.

Duke avanzó algunos pasos por el camino y se detuvo, dubitativo.

-¿Nathan? No tardes mucho en venir. No me gusta dormir sin ti...- murmuró sin tan solo volverse antes de proseguir.

Mientras le miraba alejarse por el pasillo Nathan pensó que, sin lugar a dudas, los medicamentos le habían sentado fatal.